Queridos lectores:

lo prometido es deuda y este cap, el 50, es el epílogo de la historia, cortito porque creo que no se necesitan mas palabras.

Espero esta historia haya ganado un espacio en su corazoncito, y si es asi por favor no duden en compartirlo. Dentro de los próximos días publicaré el primer cap de mi segundo fanfic, asi que junten ganas de leer jiji.

¡Gracias totales por acompañarme hasta el final! el apoyo a mi intento de escribir me ha motivado a seguir en ello, sus reviews siempre fueron mi motor de energía infinita.

Un abrazo virtual

Frani.


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Capítulo 50 .- Epílogo.

Agosto, 2021 - 3 años después.

(Perspectiva de Inuyasha)

Luego de solucionar algunos problemas de la empresa que requerían de mi presencia por el día, llegué a casa pasadas las seis de la tarde. Abrí la puerta con delicadeza y me sorprendió encontrar silencio.

Di unos pasos por el lugar… ni siquiera Aki salió a recibirme.

– Entonces… ¿De qué color es esta manzana? – La voz de Kagome hizo eco desde algún lugar.

– Hmm… - La voz suave y un poco más aguda de Moroha hizo su aparición

– Es del color de la sangre… y la sangre es…

– ¿Verde? – Aguanté una risa desde la planta baja.

– No cariño, esta manzana y la sangre son rojas.

Subí la escalera con rapidez y las encontré ahí sentadas sobre la alfombra peluda en tono pastel de la habitación de Moroha. Aki estaba cumpliendo muy bien su función de almohada para la pequeña, quien tenía su cabeza apoyada sobre el lomo del can que dormía plácidamente.

Kagome levantó su rostro hacia mí y me sonrió.

– Mira quien ha llegado. – exclamó a nuestra hija.

La pequeña giró levemente su cabeza para mirarme y apenas me vio una sonrisa enorme apareció en su rostro.

– ¡Papi!

– Hola pulguita. – se puso de pie y caminó hacia mí con pasos torpes clásicos en niños de 3 años y estiró sus brazos para que la tomara. – ¿Cómo estuvo tu día?

– Lindo. Mami hizo pastel.

– ¿La ayudaste? – asintió y me sonrió.

– Es de furtillas. – me reí ante su equivocación.

– Genial, justo yo tengo mucha hambre.

Kag se puso de pie y se acercó a nosotros. Se estiró de puntillas en un gesto que yo adoraba y me besó con cariño.

– ¿Cómo te ha ido?

– Bien, sólo agotador, solucionar problemas siempre lo es.

– Me imagino que si… El pastel era una sorpresa, pero ALGUIEN no se ha aguantado. – Moroha llevó sus manos a la boca, como si hubiera dicho algo prohibido.

Bajamos al primer piso para comer, sólo en ese instante Aki se dignó a levantarse, moviendo la cola mientras pedía comida. Moroha se sentó como siempre entre los dos, me dediqué a darle pequeños trozos de pastel.

– ¿Tuviste pacientes hoy?

– Sólo algunos durante la mañana.

– ¿Casos muy complicados?

– No realmente, además Moroha me ha ayudado con la cariñoterapia. – me reí, aquel término inventado por Kag para referirse a darles amor y cariño a los pacientes no dejaba de causarme ternura.

– Pero que niña más buena. – Me sonrió orgullosa mientras masticaba el trocito de comida, Kagome acomodó su moñito sobre la cabeza.

– ¿Cómo has visto a Miroku? - preguntó Kag con cara de preocupación.

– Con unas ojeras bestiales… incluso siendo youkai lo veo bastante colapsado.

– Su bebé ha sido más trabajo para ellos que la nuestra.

– Asi parece… Hisui despierta más durante la noche, y requiere de más atención, pero dentro de todo… jamás lo había visto más feliz.

– Esperaron mucho por un bebé.

Cuando terminamos de comer bajé a Moroha de su silla y ella tomó mi mano para guiarme hacia las escaleras.

– ¿Quieres dormir?

– No. Cuento.

– Pero es tarde… tienes que descansar. – una pequeña arruguita surcó su entrecejo, idéntico al gesto de Kag. – Si te leo un cuento, ¿prometes dormir luego? – asintió y apretó el dedo de mi mano del que se sujetaba.

La cargué en brazos y mientras Kag le ponía pijama yo me dediqué a buscar uno de los tantos libros para niños que habíamos comprado para ella.

– Creo que necesitamos comprar más libros, ya se los he leído todos. – Kag se rió.

– Inuyasha, algunos de ellos se los leíste cuando tenía un año, a estas alturas ni siquiera debe recordarlos. Además, puedes leerle su cuento favorito, ese de la chica que viaja en el tiempo a través de un pozo.

– Pero siempre le leemos ese…

– No te aceptará otro.

Efectivamente, intenté leerle otro par de cuentos y sólo me ignoró hasta que volví a leer ese cuento en específico. Poco a poco sus ojos se fueron cerrando y Kag se dedicó a arroparla.

– Bien pulguita, hora de dormir… Descansa.

Ambos besamos su frente y en ese mismo instante pareció caer en un sueño profundo.

– Te amamos mucho pequeña, no te imaginas cuánto. – musitó Kag y Moroha sonrió mientras se acurrucaba más contra su mantita.

Sonreí ante la ternura de ambas, convivir con dos mujeres asi de adorables era vivir constantemente con ganas de abrazarlas a todo momento.


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Caminamos juntos a nuestra habitación, Kag se duchó primero y luego yo. Nos recostamos sobre la cama y de pronto ella se sentó con las manos sobre sus muslos.

– Oye Inu…

– Dime.

– Tengo algo para ti.

– Un beso espero. – La tomé por la cintura para dejarla sobre mí y ella se acercó a mi rostro para besarme lentamente.

El toque de su lengua con la mía arrancó un jadeo leve de mi garganta.

– Si, también un beso, pero además… – Se estiró un poco – Tienes que cerrar los ojos.

– Vaya… es de esa clase de sorpresas…

– Ajá.

Cerré mis párpados obedientemente, la escuché rebuscar algo en el cajón del velador al lado de nuestra cama sin salirse de encima de mi cuerpo.

– Listo, puedes abrirlos.

Entreabrí los ojos con lentitud, sobre mi seguía Kag, dio un pequeño beso sobre mis labios y puso algo entre mis manos, lo acerqué a mi rostro para mirarlo con atención; aquel objeto me trajo recuerdos del pasado: un aparatito pequeño con dos rayitas verticales en una pantalla central, idéntico al que Kag me había mostrado hace 3 años atrás.

– ¿Recuerdas su significado? – Si, yo lo recordaba.

– ¿Estás embarazada? – Mi corazón latió con más fuerza. Llevábamos meses planificando tener otro bebé, si bien pasábamos bastante tiempo con Moroha, sentíamos que de algún modo un hermano o hermana menor le hacía falta.

– Sip, después de 7 meses intentándolo.

La abracé contra mi cuerpo y hundí mi rostro en su cuello, disfruté de su aroma y me sentí el hombre más afortunado del mundo, tanto asi que el nudo en mi garganta se hizo difícil de tragar.

– Pero no llores… – musitó sintiendo el aroma de la sal en mis lágrimas.

– Es que me haces inmensamente feliz. – Tomé su rostro entre mis manos y besé su frente, sus mejillas, su nariz y por último su boca. – No puedes imaginar cuanto. ¿Cuánto tendrás?

– Hoy por la mañana me hice el test, pero yo creo que entre uno o dos meses, quiero comprobarlo con el médico, sólo quería contártelo antes. – asentí.

– Podemos ir mañana a primera hora.

Me sonrió y dos lágrimas rebeldes abandonaron sus ojos. Esta era la reacción que debí haber tenido antes con su primer embarazo, sin embargo en aquel entonces tenía tanto miedo… Ahora que llevaba 3 años siendo papá sabía que era capaz y que no había nada más importante que mi familia

– Tendrás que soportarme con pancita otra vez.

– Me encantas con pancita. – besé su mejilla y ella sonrió.

– Sólo espero no volver a tener nauseas como con Moroha. Aunque aquella vez comencé de inmediato, quizás este embarazo sea menos caótico.

– Ojalá. Ahora… realmente quiero celebrar esto. – Pasé mis garras por su espalda y las aferré a sus caderas, ella me sonrió coqueta.

– Dame ideas… ¿Qué clase de celebración?

Me giré para dejarla bajo mi cuerpo y lamí el surco de su yugular, ella rio bajito.

– Tenemos ideas similares. - Mientras cerraba sus ojos y disfrutaba de mis caricias suspiró. – ¿por qué no puedo resistirme a ti?

Acerqué mi rostro al suyo y la besé, intentando demostrarle todo el amor que sentía por ella. Se aferró con sus garras a mi espalda y sentí mi miembro reaccionar al instante.

Bajé por su cuerpo dando besos cortos, acaricié sus pechos por sobre la tela y disfruté de sus sonidos que poco a poco se hacían mas intensos mientras más lograba encenderla.

Estábamos en eso cuando el sonido de la puerta nos distrajo a ambos, me moví de encima en milisegundos y nos tapé a ambos con las mantas. Miré hacia la puerta, era Moroha con su mantita en una de sus manos, a su lado también venía Aki, ambos con cara de suplica y manipulación emocional.

– ¿Qué haces despierta pequeña? Van a ser las 3 de la madrugada.

– Tuve una pesadilla, Aki dice que hay un monstruo abajo.

– ¿Abajo? ¿Dónde abajo?

– Cuna

– ¿y cómo saliste de tu cuna? – pregunté

– Aki ayuda.

Kagome me miró de reojo, aún seguía un poco ruborizada. Se sentó en la cama de inmediato.

– Ven aquí. – exclamó, por suerte ninguno de los dos se había quitado siquiera una prenda de ropa. Moroha casi corrió a los brazos de Kag. – ¿Quieres dormir con nosotros? – La pequeña asintió de inmediato. – Bien… papi se correrá un poco y te haremos un espacio aquí a mi lado.

Asi pasamos de ser dos a cuatro sobre la cama, cinco si contábamos al pequeño que crecía dentro de la pancita de Kag. Ella acunó a Moroha de forma protectora entre sus brazos. Agradecí internamente que no colocara a la niña entre nosotros, asi podía abrazarla por la espalda como era habitual todas las noches. Las cubrí a ambas con las mantas mientras Aki se acomodaba a nuestros pies y se dormía de inmediato.

– Oye pulguita. – Moroha me miró desde los brazos de mamá. – Me acabo de enterar de un secreto fantástico… ¿Quieres oírlo?

– ¡Si! – Incluso en la oscuridad sus ojos dorados brillaban con emoción.

– Dentro de unos meses vas a tener un hermanito. – me miró extrañada.

– ¿Van a comprar uno? – Kagome se rio.

– No… esta justo aquí. – Acarició su vientre aun plano y Moroha la imitó, llevando una de sus manitos al lugar.

– ¡Iiih mami! ¿Te lo comiste? – okey, con ese comentario no pude evitar una carcajada, a la que Kag se unió.

– No… está creciendo aquí.

– ¿Cómo una sandía?

– Algo asi…

Era bastante difícil explicarle algo asi a un niño, pero pareció quedarse tranquila con la respuesta.

– ¿Cuándo saldrá de ahí?

– Aun falta mucho, pero cuando nazca podrás jugar con él y enseñarle todo lo que sabes.

Moroha sonrió feliz ante la idea y se acomodó entre los brazos de Kag, aferrándose siempre a su mantita.

– Gracias por el secreto papi.

– No hay de qué.

Apenas nuestra pequeña cerró los ojos besé los cabellos de Kag y disfruté de tenerla entre mis brazos.

– Buenas noches. – musité.

– Buenas noches. – La voz de Kag me relajó.

– Buenas noches papi. – y la voz de Moroha nos hizo reír a ambos.

– Buenas noches pequeña, descansa.

De pronto todos los planes de la noche habían cambiado, pero no me importó… Incluso asi la noche lucía perfecta. Ya habría tiempo de retomar, teníamos la eternidad para ello.

– Inu… - La voz de Kagome sonó en un susurro.

– Dime gatita.

– Te amo mucho. – sonreí y la abracé más fuerte contra mí.

– Te amo más.

– Me debes una celebración. – aguanté una risa.

– Por supuesto, no lo olvido.

Giró su cabeza levemente para besarme y se acurrucó contra mi... Que afortunado me sentía en estos momentos.