De misión
Saga iba manejando con tranquilidad por las carreteras francesas. Ya no les faltaba mucho para llegar a Ginebra y el plan era recorrer todos los pueblos y villas que se encontraban alrededor del lago, para luego continuar su camino dentro de Suiza. Hasta el momento nada les había llamado la atención, sencillamente las personas de esos lugares que recorrieron vivían en completa calma y tranquilidad, sin que nada fuera de lo común ocurriera. Alfa hasta estaba aprendiendo un poco de francés y, a pesar de que para muchos ese era el idioma del amor, a ella le causaba un poco de gracia escuchar al de Géminis hablarlo, con su acento griego que disimulaba bastante bien, pero no podía evitar del todo. Ahora le daba un poco de curiosidad el escuchar a Camus hablando en su idioma natal.
La rutina de sus días estaba comenzando a agradarles. El bache más difícil, o sea, los silencios incómodos y las discusiones parecían haber terminado por el momento y hasta se animaron a pasear por las ciudades tomados de la mano. Saga se notaba ya más tranquilo con todo y aceptando su vida pasada y dando pasos para mejorar la de ahora.
Ya eran las 7 de la noche cuando llegaron, así que Alfa se detuvo en el hotel que el hombre le indicó, en donde pasarían la noche. Una vez que se instalaron, salieron a recorrer las calles a ver qué encontraban. El plan era quedarse todo el día siguiente ahí, porque la ciudad era relativamente grande. No tardaron en encontrar algún lugar para cenar y, mientras esperaban su comida, se pusieron a revisar los mensajes del chat de Dorados.
Shion estaba terriblemente molesto porque, a la fecha, seguían sin tener información sobre Roberto y Terje, al igual que los Dorados, porque no habían visto esto venir pero ni de lejos. No pocos salieron en la búsqueda de los aprendices, pero no tenían pistas, y si jugaron bien sus cartas, probablemente a esas fechas ya habrían salido de Grecia de manera perfectamente legal, porque ambos llevaban sus papeles y tenían mil millones de lugares por los cuales podrían salir del país. Así que dar con el registro no les iba a ser para nada sencillo, aunque ya estaban en ello. Su mejor suposición era que se irían también a Suiza o a Noruega, con el resto de los renegados, porque les quedaban pocas dudas de que se iban a reunir con ellos. Ahora todos y cada uno de los aprendices y Santos eran registrados diariamente, básicamente les tomaban lista, y los ánimos en el Santuario estaban decayendo.
Alfa terminó de leer la conversación casi al mismo tiempo que Saga y ambos dejaron sus celulares sobre la mesa, luego se miraron. Ahora no nada más tendrían que buscar a los renegados principales, o sea, Otis y secuaces, si no que deberían estar atentos a ver si encontraban a Roberto y a Terje.
—Al final tú y Vivien tuvieron razón sobre Terje —dijo Saga.
—No nos hace felices, pero si es así, entonces todo, desde su entrada al Santuario no fue coincidencia. Aldebarán está apostado en el campo de entrenamiento de Noruega, pero la verdad es que dudo que se vayan a acercar a ese lugar.
—Sí, yo también lo dudo. Pero ahí empezó esto, así que hay buenas probabilidades de que se dirijan a algún lugar de Noruega.
—Desgraciadamente ese no es un país especialmente pequeño. ¿Crees que nosotros terminemos ahí también, eventualmente?
—Si no encontramos nada por acá, sí, creo que el siguiente paso sería volar a Noruega y comenzar una búsqueda similar allá.
—¿Estás preocupado?
—Sí. Tanto por Helena como por el hecho de que esos dos han estado en el Santuario por el suficiente tiempo como para tener información de nosotros que nadie del exterior debería saber. Como por ejemplo: los Santos que están dentro y los que estamos fuera, la cantidad de aprendices, las relaciones entre nosotros. Todo eso le va a ser útil a quien esté conspirando contra la diosa.
—Hay algo en lo que he estado pensando, pero no sé qué tantas bases tenga.
—¿De qué se trata?
—De encarnaciones pasadas. Tú lo sabes, Shion también. Otis se me hizo familiar cuando lo conocí y estoy bastante segura de que él sintió lo mismo, de ahí las miradas que me aventó en su momento. Luego está Jivika, a quien no vi muchas veces, pero también pensé que no me era del todo desconocida, y finalmente Helena, a quien también estoy segura de haber visto antes. Tú no lo sabes, pero Dicro y yo hemos tenido varias pláticas que tienen que ver con nuestros pasados. Ella también vivió en los tiempos de Antheia, aunque no tiene recuerdos tan fuertes como los míos, pero el caso es que las dos estamos de acuerdo en que hay muchas personas reencarnadas en esta generación de Santos. Creemos que la mayoría no tienen ni idea, como Jivika y Helena, pero se nos hace mucha coincidencia que sean precisamente ellas a las que secuestraron.
—Creen que quieren reunir a los reencarnados. Pero, somos muchos de nosotros, ¿por qué no yo o Kanon por ejemplo?
—Una porque son Dorados y no iba a ser fácil someterlos, y otra porque, la forma más sencilla de llegar a ustedes, de en verdad pegarles donde les duele, es llevándose a aquellos que son importantes para ustedes. En otras palabras, no dudo que Jivika les pueda ser útil, pero la usaron a ella para llegar a Helena y a Helena para llegar a Aldebarán.
—¿Y quién comenzó todo esto? Terje. Él fue el primer señuelo.
—Así es. Yo creo que todo esto es un plan para llegar a ustedes, y así derrumbar el frente principal de la diosa. Y mientras más veo la foto de Alessandro en ese archivo, más me he convencido de que él es parte de esto. Dicro también está de acuerdo.
—Quizá entonces no fue una muy buena idea que hayas salido del Santuario.
—Quizá no, pero al menos aquí estoy contigo. La decisión fue tomada hace mucho tiempo, Saga, y para este momento no va a ser más seguro para mi ir de regreso o que me acompañes de regreso y luego continúes tú solo. Además ya casi llegamos a Suiza.
En realidad Saga no tuvo mucho qué protestar a eso. Era verdad que prefería tenerla a la vista que en Grecia, en donde no podría comunicarse con ella mas que por medios comunes. Por el momento esperaba que todo fuera bien y tranquilo. Si algo sucedía ya se le ocurriría algo.
Luego de la comida se fueron a recorrer las calles, pero la verdad es que ya era tarde y estaban cansados, así que regresaron al hotel relativamente temprano para irse a dormir.
Alfa despertó en el medio de la madrugada sin estar muy segura del porqué. Abrió los ojos y miró al techo que apenas era iluminado por la luz de la calle que se colaba levemente por la ventana. Luego sintió movimiento no lejos de ella. Se giró a mirar a Saga quien estaba dormido, pero agitado, le parecía que estaba teniendo otro de esos sueños sobre Aspros. No era la primera vez que le sucedía durante el viaje, pero sí era la que más había durado. La chica se le quedó viendo un rato, decidiendo si intervenir o si el Santo se tranquilizaría. Cuando se dio cuenta de que él no iba a despertar por sí mismo se incorporó a medias en la cama y encendió la luz de la mesa de noche. Luego se acercó al hombre, le puso una mano sobre el pecho y lo movió un poco para después llamarlo por su nombre. Él tardó algunos segundos en reaccionar, pero cuando lo hizo la miró, un poco deslumbrado por la súbita luz de la habitación.
—Fue un sueño. ¿Estás bien?
—Sí, creo que sí.
—¿Fue sobre Aspros?
—Al inicio sí, pero luego fue diferente. Ya no era sobre él, sino sobre nosotros.
—¿Qué de nosotros?
—Te llevaban a ti también y yo no podía hacer nada para evitarlo.
—Creo que te afectó nuestra plática de hace rato.
—No me gustaría que te pasara algo, lo sabes, porque eres importante para mí, pero además, no me gustaría que pasara algo sin que nosotros hayamos resuelto... esto.
—¿Crees que nos faltan cosas por resolver?
—No hemos vuelto a como estábamos antes. Y no sé cómo arreglarlo.
—Con tiempo.
—Eso es lo que me temo, no quiero que esto sea algo que no puedo arreglar, que no puedo hacer nada al respecto y que lo único que puedo hacer es ser paciente y esperar a que las cosas mejoren. Quiero hacer algo aquí y ahora.
—Entonces vamos a hacer justo eso. Pongamos los dos de nuestra parte para mejorar la relación. Vaya, ya estamos en el medio de parajes idílicos de Europa, alejados de todos y haciendo algo que, al final, nos gusta. No me puedes negar que te gusta cazar renegados conmigo.
—¿Crees que funcione?
—No veo por qué no. Ahora vamos a dormir, que tenemos una "horrorosa" ciudad qué recorrer por la mañana —y luego de decir eso, Alfa apagó la luz de la lámpara de noche y se fue a acurrucar junto al hombre, quien la recibió con gusto.
La rutina se volvió a repetir al día siguiente, mientras recorrían las calles de esa ciudad del amanecer al anochecer. Y durante los siguientes dos días atravesaron de lado a lado los pueblos alrededor del lago. De nuevo no encontraron nada y eso se estaba empezando a tornar frustrante, pero al menos ya habían llegado a su objetivo principal: Suiza, y esperaban con todas sus fuerzas que tarde o temprano encontrarían algo ahí.
Saga iba manejando, Alfa miraba por la ventana, jugaba a cambiar de canciones y se entretenía viendo a Saga. Llevaban un buen rato en silencio. La buena noticia es que al menos no decidieron llenar el vacío con peleas o discusiones tontas, pero no estaban muy seguros de qué decir.
—Además de griego, obviamente, inglés, español, francés y alemán, ¿sabes algún otro idioma? —terminó por preguntar Alfa para romper el hielo, y volteó a verlo.
—Como tres palabras en ruso, veinte insultos en italiano cortesía de Deathmask, otras tres palabras en portugués y en turco. ¿Tú?
—No. Como te dije: español, mal español, inglés, mal inglés, griego y mal griego. Me considero incapaz de hablar francés. Vivien ya intentó enseñarme algo de alemán, pero ha fallado vilmente. Y Alde intentó enseñarme portugués, pero aunque lo medio entiendo, eso de pronunciarlo no se me da.
Entonces Saga volteó a verla, abrió la boca para decir algo, pero se abstuvo. Volvió a mirar al frente.
—¿Qué ibas a preguntar? —le dijo Alfa, porque lo había notado.
—En realidad no es importante, es nada más alimentar los chismes del Santuario.
—¿Chismes sobre mi? —volvió a preguntar.
—Sí.
—Ya picaste mi curiosidad, así que ahora me dices cuál es el chisme del que te enteraste.
—Es... sobre cuando estuve fuera del Santuario. Dicen que pasabas mucho tiempo con Milo.
Alfa se quedó callada y miró al frente. Nope, no le había contado el pequeño gran detalle de la amistad con "beneficios" que mantuvo con Milo cuando Saga se fue del Santuario. Saga volteó a verla de nuevo al notar la falta de respuesta y enarcó una ceja.
—Milo es amigo mío, desde antes de que te fueras del Santuario ya pasaba mucho tiempo con él —dijo al fin. Saga permaneció en silencio, ocasionalmente volteando a verla. —De hecho mis amigas me dijeron hace ya mucho que ellas pensaban que me estaba acostando con él.
—Milo siempre ha tenido esa reputación, y no es como que a él le importe demasiado.
—No le pone atención a lo que dicen los demás de él, los que lo conocemos sabemos cómo es y con eso le basta. Y sí, pasé mucho tiempo en Escorpión luego de que te fuiste.
Silencio. Nadie dijo nada por los siguientes minutos. Alfa suspiró. Saga volteó a verla. Alfa lo miró.
—Me acosté con Milo cuando tú estuviste fuera —soltó de pronto. Saga volteó al camino, luego a Alfa y luego al camino de nuevo. —¿Te molesta?
—No... pero no me lo esperaba, para nada. ¿Una vez?
Alfa negó con la cabeza.
—¿Dos?
Alfa volvió a negar. Saga enarcó ambas cejas.
—Friends with benefits?
La mujer asintió.
—Evidentemente se terminó en el momento en el que me fui. Y si te lo preguntas, Milo fue de los primeros en echarme porras contigo. Nos acostamos algunas veces y punto, nada más éramos amigos y todavía lo somos.
—No tienes que justificarlo, está bien. Te lo repito, no me lo esperaba, pero eso es todo. —Hubo un par de minutos de silencio en los que ambos se concentraron en el camino. —Si se diera la oportunidad, ¿te volverías a acostar con él?
—Estoy contigo.
—Eso en realidad no contesta la pregunta. —Y la miró.
—¿Me estás preguntando si te pondría el cuerno?
—No, te estoy preguntando si te volverías a acostar con él, imagina que yo no soy un factor.
—O sea, no me molestaría, tampoco es que me muera de ganas de ir a acostarme con él justo ahora o algo así, pero... pues sí, sí lo haría de nuevo.
Saga asintió.
—No creo que me molestaría en sí que te acostaras con él, siempre y cuando me dijeras antes... o después.
—¿Me estás dando "permiso" de acostarme con Milo?
Saga se encogió de hombros.
—Si es lo que quieres.
—¿Tú quieres acostarte con alguien que no sea yo?
—No realmente, no.
—Más te vale.
Saga volteó a verla y sonrió.
—¿Más me vale? ¿En serio te molestaría si me acostara con alguien más, aunque te avisara?
—Por supuesto que claro que sí.
—¿Pero no te opondrías a acostarte con alguien más?
—No, y ya sé que es doble moral y que con qué cara, pero al menos te lo estoy diciendo. Y no es que quiera ir corriendo a acostarme con alguien, tampoco es que me interese mucho, pero soy Tauro, Saga. No sé si has escuchado que lo que es mío es mío y lo que es tuyo es mío. Eres mío, punto, y no, no te comparto. Bastante trabajo me costaste.
Saga rió.
—No te preocupes, no voy a ir a acostarme con nadie que no seas tú. Pero si tú quieres hacerlo, avísame antes. O después, no importa, pero avísame. Y de preferencia no te enamores de esa persona.
—No me voy a enamorar de Milo.
—Al menos ya quedó claro que sería con él.
—¿Con quién más? Mu no es mi tipo, Alde es como mi hermano, Masky está tomado, Aioria también, Shaka va que vuela, Dohko... ya ni sé cómo lo veo, si como ex compañero de armas o abuelito, Aioros también va que vuela, Shura no es mi tipo, Camus tampoco y aunque lo fuera, Vivien me mata, y Afro...
—¿Afro?
—Algo de morbosa curiosidad sí me da, lo admito, pero no. No creo.
—Te saltaste a Kanon.
—Mi encarnación pasada ya se acostó con él.
—¿Y algo de morbosa curiosidad no te da? Por compararlo con Déuteros, digo.
—Bueno... sí, supongo que sería otra posibilidad.
Volvieron a quedarse en silencio, ya estaban muy cerca del siguiente pueblo, en donde se quedarían a pasar la noche, así que entraron, dieron una vuelta rápida y luego Saga estacionó el auto, volteó a verla y sonrió.
—Al menos ya aclaramos que soy tuyo.
Alfa negó con la cabeza, pero terminó por sonreír también, luego lo tomó del cuello y lo atrajo hacia sí para besarlo.
—Qué bueno que te quedó claro —le dijo cuando se separaron.
En cuanto a poner de su parte para mejorar la relación, la verdad es que ambos en serio se esforzaban. Sin ponerse de acuerdo sobre lo que harían de ahora en adelante, lo estaban haciendo. Al principio con algo de nervios y sintiéndose medio torpes, como si fueran un par de adolescentes con su primer relación formal, pero eso no les duró mucho tiempo. Lo que hicieron, si se lo preguntan, es darse esas muestras de afecto que les fueron tan comunes al principio: caminar tomados de la mano, abrazarse de vez en cuando, sentarse del mismo lado de la mesa, poner las manos en las piernas del otro al estar sentados. Se sonreían casi sin notarlo y empezaron a bromear como antes.
El plan ahora era ir de Ginebra a Berna y de regreso al menos tres veces siguiendo caminos principales y secundarios y recorriendo todos los pueblos de por medio. Al menos en auto. Se estaban dando unas buenas vacaciones en Suiza. El lugar era bello, la naturaleza estaba siempre presente y eso era lo que les daba un aire de calma y tranquilidad que les estaba ayudando bastante.
Habían decidido detenerse ahí por al menos ese día para poder trazar una ruta para seguir durante los siguientes. Alfa estaba sentada en la cama, revisando mensajes mientras Saga se encontraba en un sillón, frente a ella, revisando mapas. Se le veía preocupado. Por los pasados días no se detuvieron mucho tiempo en los lugares a los que llegaban porque lo único que encontraban era silencio. No había ni rastro de los renegados por esos pueblos, y eso era cada vez más frustrante. Alfa lo escuchó suspirar y luego pasarse la mano por el cabello antes de continuar mirando el mapa en la pantalla de su iPad. Alfa terminó de contestar el mensaje, luego dejó el celular en el buró junto a la cama y se levantó.
Fue a la ventana que no estaba muy lejos de Saga y se asomó. Los parajes que se extendían eran preciosos y a ella le hubiera encantado salir a disfrutar del día, y quizá podría convencer a Saga de que hicieran justo eso más tarde, cuando salieran a comer o cenar. Lo escuchó suspirar otra vez y volteó a verlo. De nuevo tenía ese gesto con el índice pegado a sus labios mientras sostenía el iPad con la otra mano. Fue a sentarse junto a él en el sillón y miró el mapa.
—¿Encontraste una ruta o es justo eso lo que te ha hecho suspirar dos veces?
—Hay varios caminos que podemos tomar, el problema es que muchos nos llevan a dar círculos y no es necesario que pasemos tantas veces cerca de los mismos lugares. Nos va a llevar un buen rato recorrer esta parte.
—Generalmente eso pasa cuando uno tiene que recorrer montañas.
—Sí, pero no estoy seguro de por dónde seguir, por un lado me gustaría ir a esos pueblos alejados, porque son escondites perfectos, pero por el otro, no es como que haya muchas posibilidades de que encontremos renegados ahí, y son muchos pueblos. Pero como son tan remotos, entonces quizá valga la pena acercarse, pero entonces regresamos al problema de que son muchos y hay que dar muchos rodeos.
—Suena a que te estás mareando nada más de ver el mapa.
—Así es.
—¿Por qué no te tomas un respiro?
—Porque soy Géminis.
—Puedo ayudarte con eso —le dijo la chica con una sonrisa.
Saga enarcó una ceja mientras la veía quitarle el iPad de las manos y dejarlo en la mesita cercana. Luego le puso ambas piernas a ambos lados del cuerpo y le rodeó el cuello con los brazos, Saga no tardó en abrazarla.
—¿Qué significa esa sonrisa? —le preguntó, pero la mujer no contestó, nada más comenzó a besarlo.
Saga no dudó un segundo en responderle. Ella llevaba puesto un vestidito veraniego y mientras intensificaba el beso comenzó también a mover sutilmente la cadera contra la de él. Él no tardó en ponerle las manos en la cintura y guiar sus movimientos. Alfa sonrió cuando lo sintió levantarse apenas un poco del sillón para sentir mejor el roce. Entonces ella se detuvo, sin dejar de besarlo bajó las piernas del sillón. Cuando lo logró dejó sus labios, luego le sonrió de nuevo y fue a arrodillarse entre las piernas del de Géminis.
Los movimientos de él entonces se volvieron más lentos, más suaves y fue así como la trajo de regreso a la realidad. Sintió que el agarre en su mano se aflojaba y que su respiración comenzaba a calmarse. Sólo entonces dejó de tocarla y le besó los muslos antes de levantarse. Ella le rodeó la cintura con las piernas mientras él iba al encuentro de su boca. Se besaron. Él, nuevamente, la levantó del sillón para luego hacer que ambos quedaran acostados en este.
—Deberíamos estar trabajando —murmuró ella.
—Todo esto fue tu idea, a mi ni me veas.
Una semana después de dejar Ginebra, de nuevo, ya se sentían mucho más cómodos con el otro y esa fricción que se propusieron eliminar, había desaparecido, cualquiera que los viera diría que eran una pareja en su Luna de Miel. Y eso ellos lo usaban a su favor porque pasaban perfectamente desapercibidos.
Y fue por esas fechas también que Roberto y Terje llegaron a Suiza. Roberto no estaba para nada seguro que luego de todo ese tiempo Alessandro siguiera por ahí, pero no le quedaba más remedio que intentarlo. Se había asegurado de mantener dinero guardado para el último viaje entre Suiza y Noruega, pero el resto lo usó casi por completo porque dio muchos rodeos para llegar hasta allá. No quería arriesgarse a viajar en avión y que esos reportes llegaran eventualmente al Santuario, ellos tenían maneras de obtener las listas de pasajeros, así que decidió moverse en camiones y trenes por media Europa para evitar ser rastreados.
Ahora estaban a punto de llegar a Lucerna, le pareció que ahí tendría más probabilidades de dar con él, dado que las otras eran ciudades más grandes y Alessandro le había mencionado ese lugar. Como siempre, se quedaron en un hostal pequeño y Roberto dejó a Terje ahí mientras él se dedicaba a buscar en los alrededores. De vez en cuando robaba algo de dinero de cualquier incauto, porque los ahorros se le iban a acabar demasiado pronto si no lo hacía. A veces se preguntaba por qué llevaba al mocoso con él, sería más sencillo dejarlo abandonado por ahí, o mejor aún, nunca haberlo traído, pero ya era muy tarde para arrepentirse y no estaba muy seguro de que a Alessandro le gustara la idea de que se deshiciera del chico.
Caminó por las calles a paso acelerado, encendiendo un poco de su cosmo de vez en cuando, para ver si encontraba a Alessandro, pero no dio con él. Sin embargo sí sintió otros cosmos en las cercanías. Eran cosmos mal entrenados en su mayoría, pero entre ellos logró sentir algo más; uno que no estaba mal entrenado. Se acercó como no queriendo la cosa a ese bar, entró y se sentó en la barra. A sus espaldas había un grupo de unos cinco hombres. No entendió la conversación porque hablaban en Alemán y de eso él no entendía un carajo. Sin embargo les puso bastante atención hasta que cuatro de los hombres se levantaron y se fueron, dejando al quinto ahí en la mesa. Entonces Roberto se levantó de la barra y fue a sentarse frente a él. El hombre lo miró con una ceja enarcada ante el atrevimiento.
—¿Deseas algo? —le preguntó en alemán.
—¿Conoces a Alessandro? —le respondió en griego.
El hombre enarcó de nuevo la ceja y se le quedó mirando. El sujeto tenía cara de no haberse afeitado en un mes y no se veía especialmente limpio, aunque tampoco podría decir que estaba sucio.
—¿Quién pregunta? —le contestó ahora en griego.
—Roberto y Terje. —Cara de sorpresa. —Eres Otis, ¿no es así?
—Lo soy. No esperaba encontrarte aquí. Alessandro me dijo que te envió a Noruega.
—Eso hizo, pero no he podido llegar todavía. ¿Sabes lo complicado que es viajar con un niño a cuestas?
—A decir verdad, lo sé. Salgamos de aquí, este no es buen lugar para que me cuentes tus desventuras.
—¿Está Alessandro aquí?
—Aquí en Lucerna, no, pero no ha salido de Suiza —dicho eso ambos hombres se levantaron y fueron caminando al hostal en el que estaba Terje para recogerlo.
Al menos ya tenían a alguien conocido y podrían dejar de moverse como pordioseros.
Alfa y Saga se encontraban desayunando tranquilamente en un café en Seengen, su más reciente parada técnica. Desde el Santuario les llegaron mensajes de que los aprendices fugitivos efectivamente salieron de Grecia, por medio de ferrys, luego entraron de nuevo al continente vía Italia así que muy probablemente, para ese momento, ya estarían en Suiza, si es que en verdad se dirigían para allá.
Alfa suspiró un tanto hastiada. Entendía que Roberto hubiera decidido revelarse, al final era un adulto y podía hacer lo que le viniera en gana. Pero al chico nada más lo estaban usando y quién sabe qué sería de él cuando se terminara su utilidad. Dicro estaba bastante colérica por toda la situación y eso era perfectamente entendible, dado que tenía dos niños. Dejó el celular sobre la mesa y levantó la mirada. Saga llevaba un buen rato observándola. Ella le lanzó una mirada interrogante, pero sonrió.
—¿Sucede algo? —le preguntó antes de darle un trago a su café.
—Deberíamos casarnos —fue la respuesta.
Y la chica casi escupe el café, aunque logró taparse la boca a tiempo y nada más lo miró como si le estuvieran saliendo antenas.
—¿Así no más? ¿Ahorita ya?
—Podemos terminar de desayunar primero, claro. ¿Tienes alguna objeción? ¿Quieres una pedida de mano romántica en el medio de parajes idílicos Suizos?
—Un anillo estaría padre, ahora que lo mencionas. Pero, ¿sí sabes que a Shion le va a dar un yeyo si se entera de que nos casamos sin su consentimiento, y mucho muy importante, sin darle la oportunidad de oficiar la ceremonia?
—Podemos casarnos por el civil de este lado del continente y dejar que Shion haga el ritual que considere necesario cuando regresemos y, mucho muy importante, cuando haya ánimos para una fiesta de ese tipo.
—Esta no es una de esas veces en que la relación está mal y la muy mala solución que se le ocurre a la pareja es casarse, ¿verdad?
—No. Y nuestra relación no está mal. En especial considerando los últimos días. O anoche, o la noche anterior. ¿Qué dices? ¿Te casas conmigo? —Y la tomó de la mano. Ella sonrió y asintió.
—Eloping no era una cosa que alguna vez me hubiera imaginado, pero dadas las circunstancias, no veo por qué no. ¿En dónde quieres que firmemos los papeles?
—¿Berna? Hacia allá vamos de todos modos. Y sospecho que encontraremos más joyerías por allá. O Zurich, cualquiera está bien por mí.
—You got yourself a bride.
—I'm glad —Y la besó.
No pasaron mucho tiempo más ahí, solamente estaban de pasada antes de irse a Berna y luego seguirían hasta Zurich para después volver a dar rodeos hasta regresar a Berna y probablemente a Lucerna. No tenían un plan fijo, nada más seguían los caminos como se les presentaban.
De regreso a Lucerna, Otis le consiguió dinero y una ruta a Roberto para que se fuera a las cavernas de Longyearbyen y se llevara a Terje y luego le daría más instrucciones. Para ese momento Roberto le había contado ya todas las novedades del Santuario, incluido el nombre de aquellos que los estaban buscando y que, probablemente, Saga y Alfa estaban en algún lugar de ese país investigando, pero no tenía ni idea de exactamente dónde.
Otis entonces decidió ir a encontrarse con Alessandro en Berna para darle los detalles, pero Alessandro le dijo que por el momento él estaba en Interlaken dándole instrucciones a algunos de sus renegados. Sin embargo, dado que ahora sabía que probablemente tenían a un Santo Dorado y una Plateada a la siga, tendrían que apresurar un tanto sus planes. Mandó a Otis a Zurich a que se reuniera con otro grupo de renegados para que les diera instrucciones.
Ni modo, a Otis le tocó desplazarse hasta Zurich para comenzar lo que le parecía la parte número "mil millones" del plan. Se contactó rápidamente con los renegados que estaban ahí y decidieron reunirse por la noche en un bar. Como no tenía mucho más qué hacer de momento, se puso a dar la vuelta por la ciudad. Uno de sus negocios consistía en estar en el mundo de las joyerías, dado que tenía contactos. Aquello de las drogas era demasiado sucio para sus pulgas.
Así que se fue a dar la vuelta por aquellos lugares con los que hacía negocios. Estaba a punto de entrar a una de dichas boutiques cuando casi se le sale el corazón del pecho, porque dentro vio a Saga y Alfa eligiendo... algo. Inmediatamente se dio la media vuelta, por suerte mantenía bastante bien disimulado su cosmo, en especial luego de la advertencia, pero no podía estar seguro de que no lo habrían notado, así que echó a correr por las calles hasta que se sintió a salvo.
Pasaron varias horas antes de que se animara a salir de su escondite y regresara a aquella joyería. Al dueño le preguntó qué carajos estaba haciendo ahí el Santo Dorado y el dueño le dijo que fueron a comprar anillos de matrimonio para ellos. Si Otis hubiera estado bebiendo algo, se habría atragantado. Enarcó una ceja. ¿O sea que aquellos dos resolvieron los problemas de sus encarnaciones pasadas y ahora se iban a casar? Esas sí que eran noticias y algo que seguro a Alessandro le interesaría saber. De todas maneras decidió mejor contactarse con los renegados de ahí por medio de llamadas telefónicas, para cancelar la reunión, y salió de la ciudad lo más rápido que pudo.
Él no lo sabía pero Alfa y Saga sí repararon en su presencia, nada más que lo disimularon. Desde que entraran a la ciudad supieron que había renegados por ahí, y les estaban siguiendo la pista. No estaba dentro de sus planes encontrarse con alguien justo cuando iban a comprar los anillos, pero ni modo, cosas que pasan. Ambos notaron que era Otis, sin embargo decidieron no salir en ese instante a buscarlo, porque querían que los llevara a su líder si es que él no lo era y tenían buenos motivos para pensar que no era así. Lo dejaron ir, pero apenas salieron de la tienda se pusieron a buscar a los renegados que sintieron inicialmente.
Los mantuvieron en la mira durante la mayor parte de la tarde, tenían toda la intención de capturarlos, pero dado que no podían usar cosmo, iban a tener que trazar un plan para lograrlo. Eran las 7 de la noche cuando los vieron entrar a un bar.
—Quédate aquí y vigila sus movimientos, tengo una idea. Si se mueven, llámame —le dijo Saga.
—¿A dónde vas?
—Por refuerzos. No tardaré —dicho eso, Saga la besó rápidamente, antes de irse caminado por las calles de la ciudad.
Alfa miró al par de renegados, se preguntó por un momento si debería quedarse en la calle o mejor entraba al bar. Volteó al cielo, estaba nublado y comenzaba a refrescar, así que entró, fue a sentarse a la barra y pidió una cerveza. El par de hombres no se encontraba lejos, y le parecía que estaban completamente despreocupados, por lo tanto sencillamente se dedicó a observarlos.
Saga se fue a paso rápido a la estación de policía más cercana. En cuanto entró pidió hablar de inmediato con el oficial de mayor rango que se encontrara en ese lugar. Por supuesto lo vieron con cara de que le habían salido antenas, hasta que Saga elevó sutilmente su cosmo, y les informó con quién estaban hablando.
Y el corazón se le fue al piso al pobre policía que estaba frente a él. Por supuesto que sabían del Santuario de Atenea y en su país, la relación que mantenían con ellos era importante, así que no tardó ni medio segundo en llamar a su superior para informarle de las visitas "reales" que tenían.
Un hombre de unos 50 años salió de su oficina, miró al joven de arriba a abajo y tragó saliva. Se acercó con pasos decididos a él y le tendió la mano.
—Mi nombre es Adam, acompáñeme, por favor —le dijo.
Saga asintió luego de saludarlo y lo siguió a la oficina de la cual había salido. Una vez ahí, Adam se sentó detrás del escritorio y Saga lo imitó, frente a él.
—Dígame, ¿en qué le podemos ser de utilidad?
—Mi nombre es Saga de Géminis y he llegado a su país en una misión. Estamos siguiendo la pista de un par de hombres que nos han estado causando problemas en Grecia. He podido localizar a dos renegados no muy lejos de aquí, sin embargo, mi misión requiere que me mantenga encubierto, dado que podrían haber más de ellos en las cercanías y no queremos dar la alarma y que se den cuenta de que estamos siguiéndolos. Esos hombres son peligrosos, tienen conceptos y uso básico de cosmo, por lo tanto debo llevarlos de regreso a Grecia lo más pronto posible. Necesito de su ayuda para capturarlos.
—Puede disponer de mis hombres como mejor le parezca, sin embargo, si ellos son capaces de usar cosmo, ¿cómo podríamos nosotros detenerlos?
—Voy a tener que atraparlos usando los mismos métodos que ellos han usado para capturar a personas del Santuario: usando sedantes. Estoy seguro de que tendrá contactos en algún hospital cercano que nos puedan facilitar ese tipo de drogas.
El hombre mayor dudó un momento, lo que le decía ese Santo sonaba descabellado pero, ¿quién era él para negarle su ayuda? La verdad es que sí tenía contacto con doctores de un hospital cercano, y sabía también que no iban a dudar en prestar su ayuda, en especial si se trataba del Santuario. Además estaba seguro de que un Santo Dorado no aceptaría un "no" como respuesta.
—Permítame hacer unas llamadas. ¿Necesitará algo más?
—Algunos cuantos de sus hombres y una celda para mantener a los renegados mientras mis compañeros puedan venir por ellos.
—En seguida.
Adam levantó el teléfono y comenzó a hacer llamadas. Mientras tanto Saga le preguntó a Alfa si todo continuaba tranquilo, y la chica le contestó que los hombres seguían en el bar y no parecía que tuvieran planes de irse en algún futuro cercano. Saga entonces se comunicó con el Santuario para avisarles que estaban a punto de capturar renegados y que necesitaba que alguien fuera por ellos.
Adam terminó sus llamadas, Saga también, y lo condujo fuera, en donde el Santo eligió a algunos oficiales para que lo ayudaran. También llegó con ellos una mujer, Elina, quien era doctora y accedió a darle un par de jeringas con sedantes al Santo. Por supuesto ella se mantendría cerca, junto con un par de paramédicos para asegurarse de que nada le sucediera a los renegados.
Saga les dio instrucciones para que se acercaran hasta que él y Alfa tuvieran a los renegados noqueados, pero que se mantuvieran listos y atentos. Les dijo en dónde estaba el bar, y ellos podrían decidir los lugares para ocultarse. Cuando se aseguró de que todos entendieron las instrucciones, Saga salió de la estación en dirección al bar. Alfa le dijo que estaba dentro, así que él no tardó en encontrarla e ir a sentarse junto a ella.
Pasaron un par de horas ahí. Saga le contó el plan a la mujer, y ella sonrió, le hubiera encantado ver la cara de los pobres policías al tener a un Santo Dorado frente a ellos, dándoles órdenes. Finalmente ambos hombres, ya bastante borrachos, pagaron su cuenta y salieron del bar. Alfa y Saga también pagaron la suya y los siguieron.
Una vez afuera ambos renegados comenzaron a caminar quizá a su guarida, sin darse cuenta de que eran seguidos de cerca por dos Santos. Alfa y Saga iban juntos, ocultándose detrás de autos, árboles y cercas. Las calles cercanas al bar estaban llenas de actividad, pero mientras más se alejaban, menos personas se encontraban fuera, hasta que dieron con una calle perfectamente vacía.
Entonces Alfa y Saga corrieron hacia ellos y los derrumbaron al piso, inmovilizándolos por completo y de paso inyectándoles sedantes. Ninguno tuvo que forcejear, los renegados ni siquiera se dieron cuenta de que estaban siendo seguidos, y para cuando lo notaron, era ya muy tarde. Ni tiempo les dio de elevar sus cosmos.
Las autoridades no tardaron en llegar junto con Elina y los paramédicos para asegurarse de que los hombres estuvieran bien. Saga no les hubiera dado tantos cuidados, pero bueno, una concesión que tuvo que hacer para que les prestaran una celda en la cual encerrar a los renegados hasta que alguien del Santuario llegara por ellos.
Saga cerró la puerta de la ambulancia en la cual subieron a los renegados, luego ambos los miraron alejarse. Sabían que era bastante improbable que hubiera más de ellos cerca, pero de todos modos decidieron recorrer los alrededores, para estar seguros.
—¿Algo? —preguntó Saga una vez que dio la vuelta en la calle en la que se encontraba Alfa.
—No. ¿Quieres dar otra vuelta?
—No creo que sea necesario, me parece que todos los renegados que están aquí son ellos. Milo va a venir con Camus. La policía también ya me confirmó que los tiene encerrados. Lo único que queda por hacer es ir a vigilarlos hasta que lleguen por ellos.
—Al fin atrapamos renegados —le dijo Alfa mientras se acercaba a abrazarlo. Saga la rodeó con sus brazos y poco después comenzó a besarla. Luego la empujó contra la pared.
—Estamos en el medio de una calle —le dijo ella con una sonrisa.
Saga volteó a mirar a su alrededor. Estaban en una intersección de callejones de esos que los pueblos Europeos suelen tener y llamar "calles", había poca luz, sin luna y los edificios cercanos se veían perfectamente apagados. O sea, si alguien se acercaba, él lo iba a poder notar a tiempo. Miró a la chica que todavía sonreía. La tomó de la mano y la condujo a un rincón entre dos edificios. Una vez ahí volvió a apresarla contra la pared y regresó a besarla. La mujer le rodeó el cuello con los brazos, atrayéndolo más hacia sí.
—Vamos al hotel —le dijo Saga en un murmullo luego de separarse de ella.
—Tenemos que ir a la policía, no al hotel, y ya empezaste esto, ahora lo terminas.
Ella le dio una palmada en el brazo y negó con la cabeza. Él la acercó hacia sí de nuevo y volvió a besarla.
—Vamos, ya nos deben estar esperando —le dijo cuando se separaron.
—¿Quién lo hubiera dicho de ti?
—¿De mi? De mi esperarían cualquier cosa.
—Yo no, pero no me voy a quejar si se te ocurre algo similar otro día de estos.
Alfa lo tomó de la mano y ambos salieron de su escondite para ir caminando con tranquilidad a la estación de policía.
Milo y Camus se subieron en el primer avión que iba hacia allá y para cuando llegaron, los renegados estaban plácidamente dormidos en una prisión. Saga y Alfa les contaron las últimas noticias y a los recién llegados no les quedó de otra mas que volver a subirse a un avión con la carga. Todo sería más fácil si Saga hubiera podido mandarlos con un portal, eso de usar medios normales no les hacía mucha gracia. La buena noticia es que, efectivamente, Otis no se enteró de que sus aliados fueron capturados.
Durante los siguientes días Alfa y Saga siguieron recorriendo pueblos en los alrededores de Zurich. Evidentemente Otis había salido de ahí pero eso no les preocupaba por el momento, ya volverían a dar con él.
En los calabozos del Santuario, varios Santos Dorados no perdieron la oportunidad de ir a interrogar a ese par de sujetos, ambos de más o menos 25 años. No les pudieron dar mucha información, ellos estaban en Suiza porque les pidieron quedarse ahí a aguardar más instrucciones. Lo siguiente que supieron fue que Otis les dijo que su reunión quedaba cancelada, que era necesario que en los próximos días se cuidaran de Santos que probablemente llegarían a buscarlos y que debían salir del país en dirección a Noruega, a Trondheim, y aguardar más instrucciones. Esa última información se la pasaron a Aldebarán, quien no tardó en moverse a la ciudad indicada. Sobre Helena no les dieron información, porque no tenían ni idea. Sin embargo, sí les confirmaron que el nombre del líder era Alessandro, pero ellos apenas lo habían visto en algún par de ocasiones.
