Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Capítulo 42

Rukia

—No te entiendo —le digo al tiempo que pienso en cómo salir de aquí...viva.

—No, no lo haces porque eres tan pava y buena como tu padre. ¿Sabes el tiempo

que llevo tras de ti? Investigándote, buscando en ti algo que me hiciera encontrar una

señal, que me hiciera cogerte bajo mi abrigo y hacer de ti alguien de provecho.

—Espera, alguien de provecho. ¿De qué estás hablando?

—No creo que importe que te lo cuente, como último deseo antes de matarte.

—¿De matarme? ¿Pero por qué?

—Es sencillo. Ichigo ha demostrado no ser como yo pensaba, no ser tan oscuro como

su padre y si te mato, estará tan centrado buscando a tu asesino que aceptará sin más

que Byakuya es ''Arrancar'' y no seguirá investigando. Cerrará el caso obviando ciertas

cosas porque sólo podrá pensar en quién te mató. Para que yo pueda ser libre,

necesito que se dé por hecho que Byakuya es "Arrancar". Y mientras yo me limpiaré

las manos y a vivir la vida.

—¿Entonces Byakuya es inocente?

—Sí. Empezaré por el principio. Que menos, al fin y al cabo eres mi sobrina, que no

se diga que soy un buen tío.

—Claro, que no se diga —ironizo, pensando cómo salir de aquí, aunque lo veo

difícil pues ha cerrado el coche con llave. Trato de tener la mente fría pero la pistola

me tiene paralizada y por la mirada de Aizen sé que lo sabe.

—No trates de huir. Te recuerdo que soy el jefe de policía y llevo toda la noche

planeando como atraparte. No las tenía todas conmigo, si la falsa llamada avisando de

que Ichigo estaba en peligro ayudaría, pero en tus ojos he visto que sigues amándolo y

las mujeres enamoradas cometéis los más grandes errores, el amor os ciega y evita

que estéis pendiente de lo que os rodea. ¿De verdad piensas que Ichigo iba a dejar

que te interrogara sin estar él presente? Anoche hablé con él y me hizo jurar que nadie

te diría nada hasta que él no estuviera presente. Lo que me hizo pensar que mi plan de

usarlo era perfecto —de repente, me mira de una forma que me hiela la sangre—.

Eres igual a ella. Pero tan buena, tan fiel, tan... tonta. Eres como tu padre, fiel a la

gente que quiere, legal y no tienes ni un ápice de la codicia que ella tenía. Seguro que

se debe de estar retorciendo en su tumba de saber que su hija es como Byakuya.

—¿No lo quería?

—¿Quererlo? No, sólo lo usó para tener la tapadera perfecta, casada con alguien del

cuerpo de policía como ella y tan íntegro como él. Al que no se le escapaba nada. O

eso creía él. Se casaron, se quedó embarazada mientras a escondidas, delante de lacara de todos,

ella y yo dirigíamos nuestra pequeña banda. Bueno, ella, yo y mi buen

amigo Ichigo Kurosaki... ¿te suena ese nombre? Y como has imaginado no era tu

novio, si no su padre.

—Pero yo pensé... —pienso en voz alta.

—Que nos investigaba. Pues no, se hizo pasar por secreta para investigarlo y así

que no mandaran a otro. Pero su obsesión por no ver feliz a su exnovia lo llevó a casi

ponerlo todo en peligro. Por suerte, supimos lo que pensaba hacer y yo llevé a cabo el

registro de su casa para ocultar las posibles pruebas que hubieran que nos delatara o

lo delataran, sólo dejamos las de su investigación porque la policía estaba al tanto de

ello. Era nuestro pacto. Si uno caía nunca delataría a los otros. Y si lo hacía, lo

mataría, y te aseguro que puedo matarlo en la cárcel en la que está con sólo hacer una

llamada. No ha hablado en todo este tiempo y nunca lo hará. Aprecia mucho su vida.

—¿Y por qué yo no estaba con Byakuya? ¿Cómo acabé viviendo con mis padres?

Bueno, con los que me adoptaron...

—Con los que te robaron tras asesinar a tu madre —trato de asimilarlo todo mientras

me muevo hacia la puerta para probar una vez más si hay alguna forma de escapa,

Aizen se da cuenta y me golpea en la cara con la culata de la pistola. Noto la sangre

salir de mi labio y como la cara se me hincha por el impacto, no grito de dolor para

no darle el gusto pero me duele a rabiar—. Quieta o te disparo, lo mismo me da

matarte ya que dentro de unos minutos.

Asiento y sigo dándole vueltas a cómo salir de ésta mientras me seco la sangre de

la boca con la mano.

—Como te iba diciendo, querida sobrina, tus padres adoptivos nos debían mucho

dinero. Eran unos integrantes de la banda y no habían conseguido dinero para pagar la

deuda. Fueron a pedir más tiempo a mi hermana y ésta no se lo dio. Los apuntó con su

arma para acabar con eso y no darle más vueltas, forcejearon y ella acabó muerta.

Cogieron el arma y a ti y te se marcharon, queriendo usarte como cambio por su vida

si un día dábamos con ellos. Por eso vivías escondida en una aldea de mierda. Eras su

seguro de vida, pues creían que el amor que sentía por mi hermana lo sentiría por ti,

al llevar su sangre.

—Cosa que no es cierta pues me quieres matar.

—No es que no te quiera, es que me molestas —asiento.

—¿Y los encontrasteis? Yo vi como matan a alguien...

—Era Byakuya —lo miro impactada—. Él estaba tras tu pista desde que

desapareciste, cosa que vino bien porque así nos dejaba en paz y dejaba de ir tras ''Arrancar''.

Yo lo sabía porque le seguía la pista, pues él ignora que con quién se casó es

mi hermana, divide y vencerás, si la gente pillaba a uno ataría cabos, era mejor que

pensaran que no teníamos nada que ver para poder salvar al otro —me impresiona la forma

en que lo dice, como quien se admira a sí mismo por su astucia, lo tiene todo

tan bien pensado que no sé cómo saldré de esta—. Cuando por fin te encontró, no

pensó mucho en lo que hacía y se presentó en la casa pensando que estabas sola

cuando, tras vigilar a tus padres, supo que se habían ido, pero no fue así. Tus padres

regresaron y, al verlo, tu padre le disparó creyendo que como era el marido de Sakura

estaba metido en todo y los había encontrado, y que ya no podían usarte como moneda

de cambio. Por eso le dispararon y te quisieron matar. Ya no les servías. Mira, como

a mí, que me sirves más muerta —se ríe y su risa me da escalofríos. Se aclara la

garganta y sigue con esta impactante historia—. Y para borrar pruebas quemaron la

casa con Byakuya dentro. No sé cómo consiguió salir con vida. Ese jodido hombre

tiene más vidas que un gato —ser ríe —. La televisión fue a la aldea, entonces

entrevistaron a tus supuestos padres y la gente dio por sentado que tú

estabas dentro y a ellos los venía bien para poder alejarse sin esa carga. Y entonces

fue cuando los encontré y los maté con la misma arma con la que mataron a tu madre.

Esa que robaron pues sabían que sería con la que yo les querría dar muerte como hago

siempre para sellar una vendetta. Ojo por ojo.

—¿La tenías tú?

—No, el muy imbécil fue a buscarla a un banco usando a una niña que se parecía a

ti para recogerla pues no querían dejar pistas sobre ellos, ignorando que ya estábamos

tras su pista. En el banco también tenían dinero, carnés falsos y tu partida de

nacimiento. Se marcharon con todo eso creyendo que podrían escapar de mí... pero

no —se ríe.

—Dudo mucho que tú te mancharas las manos.

—Ves, por eso no nos parecemos, porque tú no entiendes que algunas cosas se

hacen porque sí, sin explicación. Yo mato por placer y porque me viene bien a mis

fines como ahora haré contigo.

—¿Y por qué has esperado tanto? Porque me has estado siguiendo y si no te servía

para tus fines bien podías haberme matado antes.

—Si al final vas a ser lista y todo —se ríe, lo odio—. No hice nada porque antes me

eras indiferente. Te seguí y como no veía en ti nada importante, te tenía localiza por si

era necesario. Hasta que llegaste a este pueblo y te liaste con Ichigo. Algo me decía

que tu forma de ser podría dar luz a la oscuridad de Ichigo y yo quería esa oscuridad

para mí. Veía en él cosas de su padre. De mi amigo, y lo quería bajo mi ala.

—¿Por eso dejaste que se infiltrara?

—Claro, por qué si no. Yo de verdad ignoraba que era una secreta. Creía que su

alma estaba tan corrompida como la de su padre. Y entonces apareciste tú y vi cosas

en Ichigo lejos de la persona que quería. Por eso recurrí a un buen cliente.

—Kugo.

—Exacto. Uno de os míos le dijo que si iba tras de ti y te hacia una serie de cosas

para presionarte y hacer que huyeras de nuevo tendría droga gratis. De ahí los

mensajes, el perseguirte o el robo. Pero tú te resistías a irte. Ni tan siquiera cuando

disparó a Ichigo. Siento decirte que no fuiste tú quien lo salvaste. El disparo no iba al

corazón. Sólo lo necesitábamos fuera de juego para que le dieran la baja. Y mi

esperanza era que tú te fueras lejos. Como no huiste, tuve que llevármelo a él y

separaros.

Me recorre un escalofrío por lo bien planeado que lo tenía todo y por saber que

alguien que ha planteado esto no deja nada al azar y va a ser difícil encontrar una

escapatoria.

—¿Y por qué culpar a Byakuya? —le digo, cuando afloja la marcha y me saca del

coche, apuntándome y tirando de mí para que salga.

Siento la pistola en mi nuca. Su frío me paraliza, y más al saber que me puede

disparar en cualquier momento.

—Ichigo estaba investigando a Byakuya porque yo dejé caer que tú te parecías a

mi hermana, se me escapó y oye, al final me salió bien la cosa porque Ichigo lo

investigaba, me guardé esa información para mí y decidí poner un micro en el

despacho de Byakuya. No había encontrado nada interesante hasta que ayer Ichigo le

contó todo. Lo hizo para probar si Byakuya estaba detrás. Pero yo sabía que era

cuestión de tiempo que me cogieran. Y que tenía que usar la desconfianza de Ichigo y

el pasado de Byakuya para librarme de todo esto y que dejaran de buscarme y vivir

con el dinero que aquí ya tenía. Por eso lo planeé todo y mandé que sacaran las cosas

de esa casa sabiendo que Ichigo hacia patrulla por allí. Por eso ayudé a Byakuya

cuando huyó, estaba claro que huiría para probar su inocencia, llevamos muchos años

trabajando juntos. Y lo hice para que no quedaran dudas y para así poder matarlo —

se ríe cuando me detengo—. ¿Qué esperabas? Muerto el perro se acabó la rabia. Ya

no podrá decir que es inocente, todo quedará acabado e Ichigo pasará porque estará

buscando al que te mató a ti, de ahí que tenga que matarte para desviar su atención. Lo

tengo todo pensando, Rukia. Todo. Por eso yo llevo una vez más a cabo el registro de

la casa de Byakuya y dejé todas las pruebas que en verdad me inculpan a mí en su

casa. Y ahora, niña, da unos pasos y no te gires.

—¿Por qué?

—Porque no puedo matarte si te veo en tus ojos —me quedo quieta y me empuja

con rabia—. ¡He dicho que andes!

Lo hago temblando y me giro a pocos pasos para mirarlo de frente.

—¡He dicho que no me mires! —me quedo mirándolo, sintiendo que esa es mi

única salvación.—No pienso dejar de hacerlo. Si quieres matarme, hazlo.

Respira agitado y apunta con su arma hacia mí. Lo veo temblar y espero que

dispare sin dejar de pensar en Ichigo, sin querer que lo último en lo que piense sea

otra cosa salvo él. Joder, esto no me puede estar pasando.

—Tú lo has querido —dice, y me apunta.

Y entonces, al tiempo que dispara, alguien se tira sobre mí, derribándome. Caigo al

suelo protegida, protegiéndome con su cuerpo. Abro los ojos y veo a Ikkaku que me

sonríe. ¿De dónde ha salido?

—¡Vamos! —se levanta y me protege con su pecho, miro tras él y veo a Ichigo

forcejando con Aizen.

—No pienso irme sin él.

Ikkaku trata de tirar de mí pero se lo impido. Mientras observo cómo Ichigo se

pelea con Aizen. Se tira sobre él tratado de quitarle el arma y caen al suelo. Entonces

escuchamos un disparo que congela el aire. Juro que ahora mismo no se escucha nada,

como si el mismo bosque sintiera que lo que acaba de romper su silencio no ha sido

bueno. Tiemblo tanto que Ikkaku me tiene que sostener. Miro a Ichigo que no parece

moverse.

—Ichigo... no. ¡Ichigo! No.

Corro hacia Ichigo, escapando de Ikkaku, que reacciona antes de que dé dos pasos

y me protege. Lo golpeo con fuerza en el pecho duro por el chaleco antibalas. Miro

hacia donde está Ichigo y lo veo moverse y separarse de Aizen. Tiene sangre en las

manos.

—No... no. No, no... —Ichigo se separa yo lo veo borroso por las lágrimas. Se gira

hacia Aizen y saca unas esposas y se las pone en las manos.

—No está herido —me dice Ikkaku, al tiempo que el claro del bosque se llena de

coches negros que nos dan más luz aparte de la de esta luna llena. Por un instante creo

que son los de la banda de "Arrancar" hasta que veo salir de ellos a varios policías.

No me creeré que Ichigo está bien hasta que no lo toque y lo compruebe yo misma.

Hasta que de verdad vea que esa sangre no es suya. Me separo de Ikkaku cuando

Ichigo deja que sus compañeros se lleven a Aizen, que se queja de dolor.

—¡Os estáis equivocando! ¡Ella es de los suyos! —grita de manera desesperada

para inculparme.

—Lo hemos oído todo —dice Ichigo, viniendo hacia mí—. No eres tan listo como

te piensas. Tenía las pruebas pero mi instinto me decía que me equivocaba. Y siempre

hago caso a mi instinto. Y mi instinto me hizo protegerla y ponerle un escolta.

Miro a Ikkaku y todo me cuadra ahora, que estuviera en el supermercado y en la

playa tras el ataque. No me gusta la idea de haber sido observada pero gracias a ello

estoy viva. Llego a Ichigo y lo abrazo con fuerza.

—¿Estás bien?

—Estoy bien, esta sangre no es mía —me coge la cara entre las manos y me

acaricia la cara lastimada—. Cuando vi que te apuntaba con un arma y luego... —me

besa de forma desesperada, tratando de no hacerme daño. Apoya su frente sobre la

mía—. Casi me muero de preocupación cuando escuché que quería matarte.

—¿Y cómo lo escuchaste? ¿Y Byakuya? Ha dicho que lo había mandado matar...—

Casi lo mata, pero está fuera de peligro. Por suerte andábamos cerca cuando lo

dejaron abandonado, ignorando que no lo habían rematado y que Byakuya llevaba el

móvil en el bolsillo. Estaban tan asustados porque los cogiéramos que han cometido

errores garrafales que, sinceramente, agradezco.

—¿Y dónde estaba el micro?

—¿Detective Kurosaki? —Ichigo se separa pero pasa su mano por mi cintura sin

querer perderme de vista—. Le necesitamos.

Me mira y luego mira a Ikkaku.

—Sigue cuidando de ella.

—Claro, para eso me pagas —Ikkaku tira de mí al ver que me niego a soltar a

Ichigo.

—¿Desde cuándo me sigues?

—Te protejo. Desde que le contaste a Ichigo tu pasado. Él quería cuidar de ti. Y ya

lo has oído, siempre hace caso a su instinto. Y su instinto te ha salvado la vida.

Sí, eso cierto ahora mismo le debo mi vida.

Los minutos pasan lentos. Miro a Ichigo, que va de un lado a otro. No deja de

mirarme. Para saber que estoy bien, me han curado la herida, no era grave sólo me

mordí el labio por dentro, pero nada más. Aparte de eso, no sé cómo estoy. No dejo

de temblar y con todo esto me había olvidado de lo de la regla, pero ahora ese temor

ha regresado y cada vez que Ichigo me observa preocupado pienso si todo acabará

entre los dos y no por un loco que quería matarme, si no por un inocente niño que

viene a la vida deseoso de ser amado.

—Tengo que irme con ellos... Rukia, vete con Ikkaku, pondría mi vida en sus

manos. Confía en él. Asiento y lo abrazo con fuerza.

—Regresa a mí.

—Siempre —Ojalá, pienso mientras me marcho.

Llego a su casa y no me extraña ver a su familia. Agradezco como nunca su cariño.

Pues, aunque no nos una la sangre, ya son parte de mi familia. Y pase lo que pase, me

gustará estar siempre cerca de ellos. Y más si, como siento, estoy esperando un hijo

de Ichigo. Es cierto eso que dicen que las cosas no suceden cuando quieres, sino

cuando están destinadas a pasar.