[~Selket~]

El viento soplaba suavemente, revolviendo mi cabello suelto. Me quedé un rato más pataleando en el aire sentada en el risco. Me metí a la boca la última galleta de kourabiedes y me acosté en la tierra árida, complacida. Las nubes tapaban casi todo el cielo, pues comenzaba a entrar con fuerza el invierno, a pesar de que hoy era un día muy bonito. El frío hacía que las noches fueran cómodas para dormir y las mañanas frescas para entrenar. En las tardes el viento soplaba con mayor fuerza, así que era un buen momento para entrenar al aire libre y mitigar el calor.

Me levanté y fui a refrescarme al río un rato. Nadé y me divertí un rato en el agua hasta que el sol estuvo en su cénit. Era casi hora de mi cita: habían pasado dos semanas enteras desde mi pequeño roce con la muerte y estaba recuperada totalmente. Durante estos últimos días me había prometido no meterme en problemas. También me había prometido no involucrar a Milo en ningún problema y estaba resuelta a cumplirlo. No lo había visto desde entonces, aunque tampoco a los demás. Me había mantenido alejada de todos, mayormente quedándome quieta en mi casa, mientras los multivitamínicos hacían efecto y mi aguante y resistencia volvían a ser los de antes.

En vez de tomar el camino habitual hacia la Calzada, me desvié por un camino alterno y llegué a un claro. Allí me esperaba el Santo de Piscis, jugueteando con una rosa en su mano.

-Me alegra verte mejor, Kära- me dijo, viéndome de arriba para abajo.

-Dos semanas de suplementos de hierro y vitaminas- le respondí, alzando las mano, en señal de rendición.

Sonrió de medio lado con un gesto soberbio y se quitó los mechones de la frente. Luego clavó sus ojos turquesa .

-Tu sangre es muy interesante, Selket. Gracias a ella pude desarrollar un suero que, si bien, no reemplaza la atención médica y no es un antídoto propiamente, sí permite contrarrestar y tratar los síntomas para no tener un resultado letal- me dijo, orgulloso.

Sonreí ampliamente, complacida y dichosa de contribuir a mejorar las condiciones de los aldeanos en las villas aledañas.

-Quiero que enciendas tu Cosmos y manipules una llama en tu mano- me indicó.

Hice lo que me dijo y concentré la Cosmoenergía en mi palma, cuidando de mantenerla controlada, pues sino se convertiría en electricidad pura. Era algo que había descubierto durante mi combate en Abu Simbel: podía crear fuego o una descarga eléctrica según la intensidad con la que hiciera arder mi Cosmos y el control que tuviera de éste. Del mismo modo que cuando cae un rayo puede generar una chispa y prender fuego.

-Dale forma, intenta transmutarlo- me ordenó.

-Maestro, ¿pero qué más puedo hacer? No puedo controlar las plantas como usted- le dije, quejándome.

Él subió las cejas con verdadera sorpresa y entonces paré.

-No me digas que creías que mis rosas eran plantas reales- me preguntó como si le hubiera dicho la cosa más ridícula del universo.

Y probablemente lo había hecho.

-Pues…- no tenía una respuesta clara.

A todas luces él era un misterio para mí y el resto del universo.

-¿Crees que aro la tierra y riego flores todo el día? ¿Así crees que me hice un Santo Dorado?- me preguntó conteniendo la indignación.

Negué con la cabeza de manera enfática, apretando los labios y mirándolo con expresión de pánico.

-Las rosas son hechas de Cosmoenergía. Materializadas a partir de mi Cosmos en la forma que yo elija… como tu fuego y tu Aguijón- su tono se fue suavizando.

Seguramente sabía que mis respuestas estúpidas se debían a mi ignorancia y no a mi insolencia.

-Tú de por sí no produces veneno, Selket. Eso lo tienes bastante claro, ¿no? Has manipulado tu Cosmos hasta asemejarse a la picadura de un escorpión. Y eso sólo has podido hacerlo conociendo todo acerca del veneno y su funcionamiento. Eres inmune a la Aguja Escarlata porque ya lo eres al veneno real. Nuestro Cosmos imita casi totalmente la esencia, pero no es el objeto per se- me explicó con paciencia. -Yo soy inmune a mis rosas porque antes he estudiado a fondo todas las toxinas vegetales, así que ninguna planta puede hacerme daño.

Yo lo miraba sin saber qué decir.

-Tú vas un paso más adelante, Selket. La dualidad en tu Cosmoenergía te permite también transformarlo en electricidad pura. Ya debes haber adivinado también que puedes tanto envenenar como curar con tu Cosmos- me dijo, tomándome por sorpresa.

-¿Cómo?- pregunté de un brinco.

Él me miró con una mezcla de incredulidad y exasperación.

-Responde esto, Selket: ¿Cómo se neutraliza un veneno a nivel molecular?

-Se debe romper su estructura desnaturalizado los enlaces proteicos- respondí en un segundo.

Había devorado cientos de libros de anatomía y Cosmoenergía, sin mencionar todo lo que tuve que leer de sus libros de botánica y toxicología para poder tener chance de sobrevivir a sus experimentos.

-Bien, no eres tan tonta, después de todo… ¿Cuál es la forma más fácil de hacerlo?- preguntó con escarnio.

-El calor por encima de 60 grados desnaturaliza las proteínas, pero maestro… el cuerpo humano no soporta una fiebre por encima de los cuarenta y un grados por mucho. Se cocería internamente…- le expliqué mi razonamiento.

-¿Cuánta energía puedes transmitir con una sola descarga de tu Cosmos?- me preguntó, ignorando lo que acababa de decir.

-Veinte a cincuenta amperios. Suficientes para matar. Podría detener el corazón de un humano con tan solo diez o menos- dije, recordando los primeros auxilios.

Si quisiera utilizar mi Cosmos como desfibrilador, tendría que aplicar una descarga directa al corazón de máximo un amperio. Un rayo tiene en promedio treinta amperios, así que mi rango estaba más o menos cerca de las fuerzas de la naturaleza.

-y cuánto te tomaría lanzar una descarga eléctrica con una temperatura de, digamos, 60 grados Celsius?- me siguió cuestionando.

-No lo sé, quizás si voy por Aiori-

-Ni siquiera lo pienses. El cachorro de León no aprueba lo que vamos a hacer- me interrumpió.

¿Y qué íbamos a hacer que otro compañero suyo no aprobara? Afrodita hacía que un escalofrío me recorriera la espalda cuando lo miraba tratando de adivinar qué maquiavélico plan comenzaba a gestarse en su cabeza. Por eso Milo había hecho todo lo que estaba a su alcance para evitar que me involucrara de alguna manera con el Santo de Piscis, pero ni él ni yo teníamos poder de elección. No me quedaba más remedio que obedecerle y dar por terminado mi castigo, eso, claro, si lograba sobrevivir a la experiencia.

-Supongo que las matemáticas no son lo tuyo, ¿no?- me dijo con algo de exasperación. -Hay fórmulas para calcular el amperaje y su límite de temperatura óptima sobre las conexiones conductoras. En tu caso, necesitas que el máximo de temperatura sean sesenta grados. Eso equivale a cuarenta amperios.

-¿Así que necesito aplicar una descarga de casi la potencia entera de un rayo para poder lograrlo?- lo sopesé.

-No sólo eso, deberás hacerlo en el menor tiempo posible y sólo replicándolo dos veces como máximo. Sino, dejarás secuelas permanentes, pero si no lo haces con suficiente potencia podrías no desnaturalizar completamente el veneno- me explicó.

No lo sé, no me convencía. Por cualquier lado parecía una mala idea: si aplicaba muy poca energía, no serviría de nada, pero si aplicaba mucha terminaría por freír a alguien o dejarlo con serias secuelas. Tenía que ser en extremo precisa y eso me ponía en extremo nerviosa. Recordé cuando me asusté al sentir las manos del contrabandista de Sudán en mi cuello y cómo lo había freído hasta dejarlo amoratado y ampollado. Era una imagen aterradora que intentaba por todos los medios olvidar para siempre.

Suspiré con pesadez, no creía que esta lección fuera para mí.

[~Seline~]

Yo estaba escondida, alejada de la vista de todos, observando pacientemente la lección. La noche anterior había vuelto a Piscis, dejando Géminis por fin. Había tenido una pequeña charla con mi maestro y habíamos acordado un plan que yo esperaba ejecutar dentro de un rato.

-¿Y cómo se supone que hagamos eso? No pretenderá que yo misma me envenene y me salve por mi cuenta…- preguntó con sorna, como era de esperarse en ella en cuanto mi maestro le explicó la lección.

Ahora veía que ella en realidad no tenía ningún reparo en hablarle a ninguno de los Santos de más alto rango de manera casual y altanera. Era hora de hacer mi aparición.

-Ah, en eso creo que puedo ayudarte- intervine, saliendo de mi escondite y llegando al lado de mi maestro de un salto.

La cara de Selket era épica. Tenía la boca abierta, pero no salía ningún sonido de ella. Intentó decir algo, pero no lograba ordenar sus pensamientos. La había dejado anonadada. Él sacó un pequeño frasco y lo agitó.

-¿Y eso qué es?- preguntó Selket, nerviosa.

-Víbora de Cascabel de Diamantes- exclamó Afrodita, admirando el frasquito entre sus dedos. -Su veneno está compuesto en más de un 90% por proteínas, así que no tendrás problema en romper su estructura molecular y neutralizar el veneno.

-¿Se ha vuelto loco? ¡No pretenderá envenenar a Seline!- gritó Selket, casi histérica.

-Fue su idea- exclamó, volteando los ojos y luego en una fracción de segundo, me pinchó en antebrazo.

Selket chilló al tiempo que llegó en un segundo hasta donde estaba.

-¿¡Acaso eres estúpida!?- me tomó del brazo y examinó la herida, que era un pequeño agujero del tamaño de una aguja.

-Tienes tres horas antes de que su piel se necrotice y pierda los dedos- exclamó el Santo de la última casa con tono de suficiencia.

Mierda, no había pensado en eso. Si Selket dudaba mucho, podría dejarme alguna lesión permanente.

-Ppero maestro…- balbuceó.

-Tic… Toc…- dijo con sorna imitando el sonido de un reloj contando los segundos, mientras ella miraba sin atreverse a hacer nada.

-No puedo hacerlo- lloriqueó.

-Selket, luego discutes las implicaciones éticas de la experimentación en humanos, ¿¡podrías darte prisa para yo poder conservar mis dedos!?- le dije, exasperada.

Ella me miró con el ceño fruncido y una mueca de frustración.

-¡Nunca lo he hecho! No sin freír a alguien, literalmente- le confesé.

Mi sangre se heló. Miré a Afrodita, pero lucía impávido. No iba a obtener ninguna clase de ayuda.

-¡Selket, escúchame! Si no lo intentas, voy a morir de todos modos, así que contrólate y hazlo de una maldita vez- le dije, iracunda.

-Te va a doler como un infierno- me dijo con pesar. -Intentaré que te desmayes con el primer choque.

Un escalofrío me recorrió la espalda. Tenía miedo y no podía controlarlo. Estaba temblando y no creía que se debiera al veneno de la cascabel, aunque comenzaba a sentir entumecido el brazo, con un ligero cosquilleo. La zona donde me había pinchado comenzaba a hincharse y un hilito de sangre bajaba por mi brazo. Mi respiración era más pesada, como si estuviera recuperando el aliento luego de haber corrido. Sin embargo, podía estar de pie sin mayor problema.

Selket encendió su Cosmos, envolviéndose en un aura azul muy potente. De su índice izquierdo salió un aguijón del color de la sangre y una corriente eléctrica comenzó a ondear por su brazo. Tragué en seco y me preparé para recibir su ataque.

-¡Aguijón Escozul!- gritó al tiempo que se lanzaba contra mí.

En cuanto me tocó, sentí el voltaje haciendo contacto con mi piel caliente. El cuerpo me ardía, pero todo acabó en un segundo. Tuve que hacer un esfuerzo para no caer de rodillas. No me había desmayado como hubiera querido, pero sabía que era apenas el comienzo. Tendría que padecer al menos dos veces más que, literal, me partiera un rayo. Ella me miró con pesar y encendió su Cosmos de nuevo, esta vez golpeándome unos centímetros más arriba. Ahora sí, podía sentir que mi cuerpo se entumecía completamente, dejándome casi inmovilizada. De hacerlo por completo mi diafragma se detendría y tendría un paro cardiorespiratorio. Sin embargo, Selket no dejaba que la corriente circulara por mi cuerpo entero, sino que concentraba la corriente para hacerla fluir como un circuito por mi brazo.

-Una última vez, Pecesito. Resiste- me dijo, con voz entrecortada.

Desperté con la sensación de haber sido aplastada por un Pilar de Atlantis. El cuerpo me dolía y mi brazo ardía como si lo hubieran quemado. Así había sido, Selket lo había prácticamente freído. Cuando se dio cuenta que había despertado se movió de inmediato y me examinó el brazo.

-¡Ouch! Selket…- la regañé por haberme tocado con brusquedad.

-Lo siento- se disculpó. -¿Cómo te sientes?

-Mejor que con Kanon- repuse.

Ella sonrió con lágrimas en los ojos y salió a buscar algo fuera del cuarto. Volvió un segundo después con Afrodita.

-Bien, no te mató, después de todo- exclamó al verme, utilizando el mismo tono que llevaba utilizando con Selket.

Debía confesar que conmigo era menos condescendiente que con ella… o cualquiera que no viviera con él. Llevabamos viviendo juntos casi dos años, así que nos entendíamos y podía ver que su actitud era más una fachada para que lo dejaran en paz. Yo, por supuesto, había aprendido casi todas sus mañas y, sabiendo lo melindroso que era, no daba oportunidad para fastidiarlo.

Me revisó los reflejos y examinó mi brazo con minucia, comprobando que la movilidad no se hubiera comprometido. Asintió y salió de la habitación sin más. Selket fue directo donde mi maestro a pedirle explicaciones.

-Maestro Afrodita, pudo haberle pedido a Shaina o a Käarme que usaran sus Cosmos venenosos. Al igual que el mío del escorpión, el suyo imita el veneno de las víboras- le reclamó, visiblemente molesta.

Podía oírlos perfectamente desde el pasillo. Él bufó con suficiencia y soltó una sonora y cantarina carcajada.

-¿No acabamos de tener esta lección? No aprendiste nada, Selket- le dijo con mordacidad. -No puedo crear un antídoto a partir de algo parecido al veneno. La gente normal no tiene Cosmos.

Tenía que aguantar la risa. Al fin Selket había encontrado a alguien que le respondiera con la misma ironía.

-¿Y no podía usar a otra persona que no fuera la hermana de Milo?- respondió con el mismo sarcasmo la escorpiana.

-Verás, Selket, no escojo a los sujetos de prueba con base en su árbol genealógico- respondió mi maestro.

-Milo y el Patriarca van a matarme cuando se enteren- se quejó.

-Te recuerdo que esto es parte de tu castigo y cuenta como entrenamiento. Milo no tiene por qué enterarse a menos que ustedes dos decidan contar lo sucedido- finalizó.

Bueno, era cierto… aunque yo no sabía ni cómo había llegado aquí, si nadie nos había visto, podría ser nuestro secreto. Yo tampoco quería un sermón de hermano mayor. Me levanté y llegué donde ellos.

-Oye, yo no diré nada- le guiñé el ojo.

Ella sonrió y asintió. Mi maestro bufó y se adentró en su laboratorio, dejándonos solas.

-¿Te duele mucho?- me preguntó. -Lo siento, yo quería ir con Aioria que domina su voltaje mejor que yo, per-

-Está bien, Ket- le dije, tomándola de las manos. -No quisiera que hubiera intervenido. Ni él ni nadie más.

-Entiendo- me abrazó.

-Quisiera dormir un poco más. No te preocupes por mí- le dije, despidiéndola.

Ella asintió y se dispuso a salir de Piscis, pero mi maestro le impidió el paso.

-¿Qué eres?- le preguntó.

-¿Para qué necesito un nombre?- sonrió, subiendo una ceja.

Supongo que era una referencia que sólo ellos entendían.

-Realmente eres algo extraño, Selket… Veremos qué pasa contigo- le dijo, mientras ella se alejaba.

[~]

Seline y Lexie habían llegado temprano a cumplir la cita con Selket y Leyja, reuniéndose en la casa de la Santa de Orión para una tarde de chicas. Habían decidido tomar el té en la tarde al igual que en días pasados. Últimamente no había mucho para hacer en el Santuario, así que el tiempo libre ahora se les antojaba infinito y tedioso. Selket las recibió en su pequeña cabaña y les ofreció alguna bebida, pero Seline se había adelantado, trayendo una mezcla especial que había adquirido en días pasados en el mercadillo de Rodorio. Leyja llegó a los pocos minutos y todas conversaban animosamente. Seline había preparado algunos canapés y galletas, haciendo uso de su increíble don culinario que tanto le hacía falta a la escorpiana. De no ser por ella, Selket hubiera muerto de inanición hacía meses. Pronto llegó con la tetera hirviendo y les sirvió aquella preparación especial. Selket la había probado en días anteriores, y aunque llevaba días sintiéndose no del todo bien, recibió la taza con gusto, pues no quería parecer grosera con la atención que estaba teniendo su amiga.. Tomó unos pocos sorbos y de inmediato salió disparada para el baño, ante la mirada atónita de las tres chicas.

-Seline…- la alertó Lexie.

-Ya lo sé, Lex, estoy pensando lo mismo que tú- contestó en voz baja la pisciana.

-Necesitaremos ayuda- repuso Leyja.

Mu llegó a los pocos minutos, algo preocupado por la urgencia y el hermetismo de las Amazonas, que lo habían llamado.

-Selket ha estado sintiéndose… Emmm…. No muy bien últimamente. Constantemente sale disparada al baño a vomitar cuando tomamos el té- dijo Seline, bajando la mirada y con su propia teoría en mente.

El ariano la adivinó enseguida. Mu se quedó meditándolo unos segundos, pensando qué hacer. A decir verdad, le incomodaba un poco todo el asunto, pero sabía que las chicas habían acudido a él por ser no sólo el más versado del Santuario en temas de salud y remedios, sino por ser el amigo incondicional de Selket.

Se acercó a la puerta del baño y llamó a Selket.

-Kēṭī, ¿estás bien?- le preguntó desde afuera.

-¿Mu? ¿Qué haces aquí? Vete- le dijo alarmada.

Era obvio que ya se había dado cuenta que estaba devolviendo todo el contenido de su estómago.

-Quiero asegurarme de que estás bien- le dijo.

-Estoy bien, puedes irte- alcanzó a decir, antes de seguir llenando la taza.

Él se alejó de la puerta del baño y se sentó en la mesa a esperar. Las chicas estaban inquietas, pero calladas esperando alrededor de la mesa.

-Oye Mu, ¿crees que Selket esté…?- preguntó Seline, insinuando la última parte.

Él la miró con expresión neutra, pero no dijo nada.

-Creo que podemos manejarlo nosotras, chicas- intervino Leyja, consciente de lo incómodo que debía ser para el Santo de Aries y para Selket misma.

Se levantó y puso en la mesa la taza que tenía en su mano, pero derramó un poco, haciendo que el olor del té se dispersara por la sala. Mu abrió los ojos de golpe y con el dedo índice tocó el pequeño charco antes de que Leyja lo limpiara. Olisqueó el líquido y luego se sirvió un poco de té en una taza. Bebió un sorbo ante la mirada atenta de las chicas.

-No es lo que piensan. Es el té- dijo mientras señalaba la taza de la que había bebido Selket.

-Mu, todas tomamos el mismo té y estamos bien…- lo contradijo la Amazona de Piscis.

Mu tomó la taza y la olió nuevamente. Luego se la dio a Seline para que la oliera ella.

-No percibo nada extraño- negó la chica, confundida.

-¿Qué tipo de preparación es?- preguntó el ariano.

-Masala Chai, su favorito. Tiene canela, cardamomo, clavo, anís…- dijo, enlistando los aromas que le llegaban y los cuales delataban los ingredientes del brebaje.

-Exacto, anís: Selket es alérgica al anís puro y le produce una reacción de rechazo. Por eso se lo preparo siempre por aparte sin esa especia- explicó Mu.

-Mu, todos sabemos que Selket le gana a cualquier otro Saint bebiendo Ouzo, no tiene sentido- intervino Lexie.

Seline y Leyja rieron por lo bajo.

-Bueno, el anís del Ouzo es fermentado. Quizás por eso no le hace efecto, pero si lo consume fresco o así le causará alergia- analizó Mu.

-Vaya, así que era eso…- suspiró con alivio Seline.

-Bueno, las dejaré antes de que salga y las asesine- sonrió el Carnero Dorado, levantándose.

Las tres le agradecieron y él salió de vuelta a su Templo. En cuanto cerraron la puerta Seline soltó una carcajada. Leyja y Lexie la miraron conteniéndose igual. Habían armado un pequeño drama por nada y sabían que este momento era la calma antes de la tormenta. Selket salió del baño sintiéndose fatal. Ignoró a todos y se sirvió un vaso de agua que bebió con lentitud.

-Oye, Ket, ya no tenemos que ir a Rodorio- le informó la pisciana.

-¿Por qué íbamos a ir a Rodorio?- preguntó fastidiada.

-Ya sabes, pensamos que estabas…- hizo un gesto diciente, lo que enfureció a Selket.

-De la Armadura, tal vez- respondió con mordacidad.

-Bueno, es que…- intentó defenderse Seline, pero no sabía ni en dónde meterse.

-¡Ya les dije que no estoy preñada!- contestó, molesta y fastidiada.

-Sí, ya Mu nos lo explicó…- contestó, apenada.

-¿Qué hicieron qué? ¿Por eso estaba él aquí? No fue casualidad- su expresión cambió a una de alarma y mortificación.

-Oye, estábamos preocupadas y necesitábamos ayuda… Pensamos que era mejor que llamar a Milo- sonrió con remordimiento.

-Tienes que estar bromeando… Si no estuviera tan mareada, te sacaba los ojos con mi Aguijón- masculló entre dientes.

Seline la abrazó y Selket se relajó en poco tiempo. Las otras dos se quedaron al lado, observándolas. Se recostaron todas en la cama de Selket y siguieron conversando como en la época en que, años atrás, recién habían llegado al Santuario.

[~Selket~]

El agua helada me golpeaba como si fueran navajas. No había entrenado así desde mis primeros meses en el Santuario. Trabajaba en mantener mi concentración al mismo tiempo que controlaba mi respiración bajo el chorro gélido de la cascada en el límite norte del Santuario. Comenzaba a llevar una vida completamente tranquila. Habían pasado cinco meses desde que había cumplido mi condena en Piscis y me había mantenido alejada de los problemas. Recién había cumplido veinte años y disfrutaba el verano de los primeros días de enero. Me la pasaba entrenando, meditando y leyendo. Mi vida ahora era aburrida, pero tranquila y estaba segura que todos en el Santuario lo agradecían. A poco más de dos años de haber llegado, era la primera vez que pasaba tanto tiempo sin meterme en problemas. Las Marinas también se habían calmado, por así decirlo. Mientras que la asgardiana jamás había dado problemas. De vez en cuando la visitaba en el Templo de Camus, pues Leyja había sido muy cercana en momentos no tan buenos y la apreciaba mucho a pesar de que no habíamos podido compartir mucho tiempo durante el tiempo de entrenamos antes de que yo me convirtiera en una Santa de Athena.

Salí del chorro helado tiritando. Me metí en una de las cavernas y me vestí con ropa limpia. Tenía que ir a cumplir mi cita con Marin. La verdad no sabía para qué me necesitaba, pues tenía a Aitana y a Raido ayudándole todo el tiempo. Ya no tenía aprendices a los cuales cuidar y el trabajo en el Santuario era poco. Sin embargo, me vendría bien una sesión de entrenamiento cuerpo a cuerpo con otra Amazona.

Llegué al Coliseo como me había pedido y la encontré sola. Vestía la trusa usual con los protectores del pecho y las hombreras. Seguía usando la máscara a pesar de los años. La única forma en que lograba entenderlo era la costumbre, pues de cualquier otro modo me resultaba absurdo. De todas formas, no era de mi incumbencia.

-¡Hola, Marin!- la saludé animosamente.

-¡Selket! Qué gusto verte, has estado bastante alejada últimamente- rió.

-Sí, bueno… quería una vida más tranquila- repuse, sonriendo.

-Tal vez no debas acostumbrarte mucho- repuso del mismo modo.

-¿A qué te refieres?- reí, ahora con algo de nerviosismo.

Marin se enderezó y miró en dirección sur, sin decir palabra. Yo me volteé a ver y encontré a Raido viniendo con dos pequeñas de la mano.

-Awww, ¿son tus nuevas aprendizas?- sonreí al verlas.

Eran un par de pequeñas de unos ocho años, con cabello castaño y rubio cenizo, además de preciosos ojos: una los tenía hazel y la otra de un azul pálido. Me miraban con interés, así que les sonreí y miré a Marin. Era literalmente imposible leer sus expresiones, así que esperé a que hablara.

-En realidad, son tuyas- me contestó.

-¿Qué?- respondí por reflejo. -Ya, claro…

Reí con nerviosismo y miré a Raido. Él me miraba apretando los labios con una sonrisa de culpa.

-No, no, no…- exclamé, negando enfáticamente. -Yo no…. Yo no me enlisté para tener aprendices.

-No hizo falta. Dohko de Libra lo decidió y el Patriarca estuvo muy de acuerdo- me dijo el Águila.

Casi lo vi reír en mi mente al planear esto. Suspiré y me pasé las manos por el cabello, nerviosa.

-Lo harás bien, además, yo te estaré ayudando- me animó Raido.

Bueno, era obvio que no me estaban preguntando. Las miré y entonces tuve el primer contacto con mis nuevas alumnas.

-¿Cuáles son sus nombres?- les pregunté.

-Arya- respondió la pequeña de cabello más oscuro y ojos del color del cielo.

Luego se dio cuenta de que se había precipitado y se corrigió a sí misma.

-Disculpe, maestra. Mi nombre es Arya- dijo, apenada.

-No tienes por qué disculparte- le dije, con dulzura. -¿Y tú?

-Mi nombre es Cynara, maestra- me contestó con calma.

-Gusto en conocerlas, mi nombre es Selket y soy la Santa de Plata de Orión- me presenté.

Ambas me sonrieron de vuelta y entonces suspiré con pesadez. ¿Qué iba a hacer con dos pequeñas en mi minúscula y poco dotada cabaña? Afortunadamente Marin ya tenía todo cubierto, aparentemente.

-Niñas, su Kyrios será la Santa de Orión. Desde hoy estarán bajo su tutela- oí a Marin.

"Kyrios"... Aquella palabra me hacía bajar un escalofrío por la espalda. Había sido la razón de la mitad de las discusiones con Milo y mi mayor desgracia. Yo no me sentía en posición de decidir sobre la vida de ellas ni de nadie. Eran demasiado pequeñas para decidir y tomar sus propias decisiones, pero yo no era nadie para ocupar el puesto.

-Selket, ellas vivirán junto a otros aprendices de su edad al cuidado de Aitana de Lepus, mi discípula. Ella se encargará de todo y tú tendrás como única misión su entrenamiento. Serás su Kyrios, pero puedes relegar la mayor parte de las funciones a Lepus.

Mucho mejor. Asentí y me puse en movimiento. Tendría que mostrarles lo que podían hacer y lo que no a ese nuevo par de chiquillas que serían, si yo hacía mi trabajo bien, la próxima generación de Saints del Santuario. Las siguientes semanas pasaron en un abrir y cerrar de ojos, bueno, eso cuando tienes a tu cuidado pequeños seres incansables. Y tenía mucho por aprender.

Era todavía una novata en el tema de enseñar… Realmente no tenía idea por qué el Patriarca había decidido que estaba lista para ser maestra, y no sólo de una, sino de dos pequeñas aprendizas. La responsabilidad que tenía sobre mis hombros me agobiaba a ratos cuando pensaba en ello con detenimiento. Sin embargo, estaba decidido así que no tenía más remedio que dar lo mejor de mí misma y entrenar a esta nueva generación de guerreras que portarían una Cloth algún día. Con suerte y paciencia, confiaba (y rezaba en secreto a Athena) que yo pudiera llegar a se una buena maestra, la que merecían estas pequeñas e incansables chiquillas.

Las había llevado a entrenar al claro, lejos de otros aprendices y cerca al río para que luego pudieran disfrutar de él cuando acabara la lección. El día era soleado y fresco, los últimos vestigios del invierno que comenzaba a dar paso a la primavera. Les estaba hablando del Cosmos y de cómo era la fuente de energía del universo y la naturaleza. Ellas me miraban extasiadas y atentas… al menos hasta que algo más captó su atención. Iba a voltearme cuando lo reconocí.

-Tienen como maestra a la mejor Amazona del Santuario...- oí la inconfundible voz aterciopelada de Milo tras de mí.

Él llegó en un momento a mi lado, portando su brillante Cloth, que destellaba imponente con los cálidos rayos del sol. Parecía una escultura griega de oro macizo. Lo miré de reojo brevemente y sonreí, mientras él volcaba su atención sobre mis dos pequeñas aprendizas.

Arya y Cynara lo miraban con los ojos llenos de curiosidad y asombro desmedido, juraría que sus quijadas iban a caer al piso en cualquier momento. Milo sonrió y acarició mi cabello, apartando algunos mechones de mi cara. Me quedé de piedra, sin respirar. Luego siguió su camino sin detenerse.

-¿Quién era él, maestra Selket?- preguntaron al unísono, llenas de curiosidad en cuanto Milo salió de su vista.

-Ese es Milo de Escorpio, un Caballero Dorado… y también mi maestro- dije con una sonrisa, recordando el primer día que había llegado al Santuario.

Sus ojos se abrieron como platos al oír esto último, podía ver perfectamente que sus ojos estaban llenos de preguntas. La lección había cambiado por un tema, al parecer, más interesante.

Más tarde, cuando di por terminada la lección, las dejé ir a explorar un poco los alrededores del Santuario, mientras yo volvía a mi cabaña dispuesta a dormir dieciséis horas seguidas, pues estaba exhausta. Para mi fortuna, las pequeñas estarían bajo la custodia de Aitana todo el tiempo, encargándome yo sólo de su entrenamiento formal.

-Te estás volviendo buena en esto de enseñar- aquella voz hipnotizante de nuevo

-Sólo espero poder dar la talla, esas pequeñas tienen demasiada energía- dije mientras suspiraba.

-Recuerdo una aprendiza bastante inquieta y revoltosa… Aunque ahora que lo mencionas, eso parece no mejorar con el tiempo- me respondió con aquella voz burlona que tanto me gustaba.

Sonreí aunque con un dejo de amargura. Él lo notó de inmediato.

-¿Te pasa algo?- me preguntó con la dulzura que siempre había tenido conmigo.

-Estoy bien, Milo. Solo… intento vivir un día a la vez- le respondí, sonriendo.

Él asintió y le guiñé el ojo. Seguí hasta mi cabaña y miré alrededor: todo estaba en calma, detenido en el tiempo. Como yo.

[~]

Este fic sostuvo mi 2020 jajaja

De nuevo mil gracias por leerme, ya hace un año comencé a reescribir este fic y no he parado desde entonces. Me alegra haber encontrado las palabras para seguir escribiendo. Me vi de nuevo Saintia Sho y, quizás porque ya mis expectativas no eran las mismas, me gustó más. Incluiré algunas cositas que me inspiraron (además de la actitud de Afrodita que ya había desarrollado basado en Saintia Sho y Soul of Gold). Aquí ya comienza una etapa (la final) de Senda Dorada, así que es un poquito duro saber que el final está cerca, pero confío en que será digno de Selket.

Por último les quiero compartir una fuente de inspiración de Senda Dorada y es la música de Versailles. Conocí esta banda japonesa al mismo tiempo que comencé a escribir y me inspiró mucho, ambientando la escritura, así que creo que oyéndola tiene cierta vibra jaja. La canción que me inspiraba más con la relación de Milo y Selket es Remember Forever. También Serenade y Faith & Decision. Seline en cambio está más inspirada con Destiny-The Lovers (pero no diré con quién).

[~]

Natalita07: Esa boquita seguirá expulsando veneno del bueno (lo prometo). Pronto habrán más respuestas de lo que pasó en Egipto y más ^u^

Gabriela León: Primero que nada: 3. Gracias infinitas por tu comentario. Bueno, no afirmaré (o sí) que esto definitivamente está en mis planes (sí, sí, sí) pero justo detrás del #TEAMMILO está el #TEAMCAMUS, así que se vienen cositas para el frío (aparentemente) Caballero del Hielo :D

Ana Nari: Linda, como siempre, gracias por tu comentario y fiel lectura. La verdad, luego de Saintia Sho y Soul of Gold cambió mi percepción de Afrodita. Siempre me había sentido mal porque yo soy Piscis… ¡y encima mi hermano es Virgo y no era justo que le tocara Shaka! Pero ha sabido ganarse mi respeto (obvio no al nivel de Albafica que es OMG) pero sí tuvo su momento de gloria y entendimos mejor sus intenciones y modo de pensar más profundo de lo que creíamos, así que intento plasmar eso mismo en su relación con Seline.