Mi Girasol


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Toneri

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Durante veintiséis años he intentado ser un buen padre, siempre había sido solo yo contra todos; entonces llegó Fûka y Sarà; y ambas abrieron su corazón a mí, permitieron que este hombre, con un pasado de mierda, empezara a plantearse un futuro.

Me convertí en esposo y padre de una niña que adoraba a pesar de que no estábamos ligados por sangre. Luego cuando Fûka me dijo que estaba embarazada, pensé que mentía, me enojé, me asusté y, en medio de mi oscuridad, llegué hasta ella, que abrió sus brazos hacia mí y me dejó ser yo... Simplemente yo.

Cuando Mitsuki llegó a este mundo estaba paralizado. Lo estuve por sus primeros meses de vida, podía hacerlo con Sarà, pero Mitsuki era distinto, era un niño, uno como yo y, aunque intentaba alzarlo y no recordar mi pasado, me era imposible. No, yo no rechazaba a mi hijo, yo rechazaba lo que podría hacerle.

A medida que mi hijo iba creciendo, intenté involucrarme más en su vida. Asistía a todos los campeonatos, reuniones de padres, intentaba mantenerlo cerca, aunque no lo pareciera. Mitsuki era callado, mas no tímido, tenía la sonrisa de su madre y era intrépido y sagaz, le encantaba construir y cada día se parecía más físicamente a mí.

Y mientras mi relación con Sarà surgía como una cascada con Mitsuki era como un río furioso que se estrellaba contra las rocas, paredes invisibles que había creado para que mi hijo se mantuviese a un paso de distancia. Hasta el día que Fûka dijo basta.

Él día que me hizo ver lo estúpido que estaba siendo. Mi hijo tenía seis años, pero yo no lo conocía y mientras estaba sentado en mi oficina jugando con mi alianza y recordando las palabras de mi esposa, me juré a mí mismo hacer algo que derribara las murallas. Llamé a mi buen amigo Riley, mi chofer y le pedí que fuese a casa por Mitsuki y lo trajera a la oficina.

Si cierro los ojos puedo recordar su rostro cuando entró a la oficina y lo invité a ver los planos del edificio que Õtsutsuki Building construía en Australia. Con el paso de los años fue involucrándose en la empresa, le permití asistir a reuniones importantes, se convirtió en mi cómplice...

Mi heredero y, solo cuando tuvo la edad suficiente para comprender por qué actuaba como lo hacía, me senté junto a él y sostuvimos la primera charla como padre e hijo. Cuando mi hijo puso sus brazos alrededor de mi cuerpo sin preguntar supe que a pesar de todo tenía un chico extraordinario.

Hasta que Uzumaki envió su hija por un fin de semana a Milán...

Lo supe en la mirada de mi hijo al verla, fue la misma mirada que me dio el espejo la primera vez que vi a ex-esposa, la primera vez que vi a Fûka.

Mi hijo estaba hechizado y no había nada que yo pudiera hacer para romper ese hechizo. No es que me disgustara que mi hijo de veinte años estuviese detrás de una niña de dieciocho; no, lo que me disgustaba era que esa niña fuese la hija del maldito Naruto Senju Uzumaki.

Continuará...