Derechos de autor: EL MANGA, EL ANIME Y LOS PERSONAJES DE ESTA SON DE RUMIKO TAKAHASHI (y algunos inventados XD) LA HISTORIA ES DE MI AUTORÍA

ALGUNOS CAPÍTULOS CONTIENEN LEMON, LEER A CONCIENCIA

- blablabla -= diálogo en voz alta

"blabla" = pensamiento del personaje

-x-x-x-x = cambio de escena

AVISO: capítulo extra extra largo / último capítulo

Capítulo 42

Ya casi se iban a cumplir 6 semanas desde la batalla contra Naraku e Inuyasha lucía cada día más demacrado. A penas si comía algo, pasaba gran parte del día en el bosque dentro de la propiedad de los Taisho, culpándose por el resultado de aquella vez. Nuevamente, en aquel lugar donde la sacerdotisa había luchado contra el medio demonio, se maldijo por no haber podido ver la verdad de sus planes, por no haberse percatado de todo cuando ella junto a los otros agentes llegaron a la mansión y, sobre todo, por no haberse percatado de la verdad con respecto al lobo sarnoso.

Uno de esos días en que la desolación en su corazón lo tenían al borde de la desesperación, fue que decidió ir hacia donde se encontraba la habitación donde la joven se había alojado tiempo atrás. Ahí pudo percatarse que no solo la marca del lobo había sido mentira, sino que la supuesta relación entre ellos también. En la pieza se encontraban dos camas individuales, separadas por un velador entre ellas. Para estar seguro, se acercó a la que estaba a la izquierda e inspiró lo más profundo que pudo. La mueca de asco que se produjo en su cara fue resultante al sentir el olor de Koga, no había ningún resto de la joven azabache. Repitió la acción en la otra cama, esta vez solo el olor de Kagome estaba impregnada en ella, lo que permitió que su corazón latiera acelerado por reencontrarse con aquella esencia, pero con la pena invadiéndolo por el daño que le causó creyendo que ella estaba con el lobo sarnoso, y peor aún, porque llevaba días sin verla.

Casi 6 semanas habían trascurrido desde que había vencido a Bankotsu justo cuando una luz púrpura se elevó desde los adentros del bosque hacia el cielo. Un escalofrío lo recorrió, su cuerpo rogaba que saliera corriendo en dirección opuesta de esa energía tan pura. Extrañamente se quedó paralizado, su mente estaba en blanco y su cuerpo no reaccionaba. Escuchó a lo lejos como Ryoga llamaba a Koga, pero no fue capaz de percibir lo que decían, para luego verlos correr a metros de él.

Quién sabe cuánto tiempo pasó hasta que volvió a tener razón de lo que ocurría en su alrededor. El sol ya estaba bastante alto en el cielo, quizás eran las 9 o 10 de la mañana… no estaba seguro. James fue quien lo sacó de su ensoñación, mientras lo zamarreaba y lo llamaba por su nombre.

INICIO FLASHBACK

- ¡INUYASHA! – volvió a gritar desesperado el agente

- ¿Qué? – musitó desconcertado el peliplateado

- ¿Estás bien? –

- ¿Estar bien? … ¿a qué te refieres? – su mente aún seguía confundida

- ¿Estás lastimado? –

- No… creo que no – guardó silencio un momento - ¿qué pasó? – preguntó aún sin comprender nada

- Por el momento es necesario que te lleve de vuelta a la mansión, debemos resguardarnos ahí hasta que estemos seguros que Naraku fue destruido – informó el agente

- ¿Naraku? –

- Vamos Inuyasha, allá te explicaré todo, pero por favor sígueme – lo tomó del brazo y lo jaló fuertemente. Recién ahí parece ser que su sangre volvió a recorrer su cuerpo, sus pies se movían inconscientemente.

FIN FLASHBACK

Casi seis semanas habían transcurrido cuando su mundo se vino abajo. Cuando llegaron a la mansión, pudo encontrarse con su madre, su padre y su medio hermano. Solo James los acompañaba, trató de decir algo, pero no lograba articular palabra. Ya habían transcurrido algunos minutos cuando pudo comprender lo que el agente le explicaba una y otra vez… creían que la luz púrpura que había visto más temprano fue producto de Kagome purificando a Naraku, pero mientras no tuvieran la confirmación tendrían que esperar dentro de la casa. Cuando escuchó el nombre de la sacerdotisa, todo lo que había ocurrido en el último tiempo vino rápidamente a su mente, sintió que la vida volvía a su cuerpo medio inerte hasta ese entonces, desesperado preguntó por ella. Quería verla, necesitaba tenerla entre sus brazos… un frío recorrió todo su ser, como si anticipara la respuesta de aquel hombre.

INICIO FLASHBACK

- Solo sé que Koga y Ryoga se la llevaron de urgencia – musitó cabizbajo James

- ¿Está…. viva? – preguntó Inuyasha sintiendo una presión en su pecho

- No sé – respondió acongojado

- ¡No me mientas James! – exigió furibundo

- ¡No lo hago!, ¡¿acaso crees que quiero estar acá sin saber cómo está ella?! – la respuesta dejó atónito al menor de los Taisho – Por ahora mi deber es protegerlos hasta estar seguros que el peligro desapareció… - guardó silencio unos segundos – por ella, por respeto a ella debo hacerlo – explicó como si alguien se lo hubiera exigido, aunque lo hacía más para él que para otros.

Extrañamente en ese momento Sesshomaru se acercó a su medio hermano y posó una mano sobre su hombro – Está viva – afirmó tan seguro que tanto James como Inuyasha lo miraron perplejos – aunque su campo de energía desapareció, su esencia sigue presente… también deberías sentirla – instó al menor a que se percatara de aquel hecho – aunque es muy débil – finalizó, dando a entender que la mujer no estaba en las mejores condiciones.

FIN FLASHBACK

Su puño fue a dar fuertemente contra el suelo lleno de tierra y pasto que se encontraba bajo él. La impotencia de no poder hacer nada lo invadía nuevamente. Casi seis semanas habían pasado, a las horas después de la conversación con su medio hermano se enteraron de lo que realmente había ocurrido. Ryoga fue el que había vuelto a la mansión para informar lo acontecido. Ella le relató todo en el trayecto al cuartel central antes de perder el conocimiento.

Se había dejado absorber por Naraku para purificarlo desde su interior, lo cual lo había logrado. Lo que ella no pudo prevenir fue que la sangre del medio demonio era un veneno potente, y que mientras estaba en su interior, ésta se había colado entre las heridas que tenía la sacerdotisa invadiendo su cuerpo. Los médicos habían logrado estabilizarla, pero se encontraba en estado de coma debido a la poca energía que le quedaba y al veneno que hacía estragos en su cuerpo. Por órdenes del señor Higurashi, nadie más que él, Koga, Ryoga y James podrían estar a su lado, y que desde ese preciso instante el contrato quedaba finiquitado, por lo que esa sería la última información que recibiría Inuyasha sobre la mujer que amaba. Trató de luchar contra ambos agentes, exigiendo que le informaran donde estaba el cuartel central, que no podían alejarlo pues ella era su hembra, era su derecho estar a su lado, era su deber protegerla. Jamás pensó que tras la puerta del despacho se encontraba el sr. Higurashi, quien entró molesto al escuchar esto último. Un aura azulina lo rodeaba, dejando ver de inmediato que él era tan poderoso como su hija, e incluso mucho más. Lo amenazó, le dijo que Kagome jamás sería su hembra, que su deber como sacerdotisa se lo impedía y que él no lo permitiría, que si intentaba acercarse remotamente a ella lo mataría junto con su familia, que los Taisho desaparecerían para siempre de la faz de la tierra. Su poder era tal que ni su medio hermano ni su padre eran capaces de moverse debido al terror que les produjo.

Y así fue como habían pasado seis semanas, los agentes junto con el sacerdote se retiraron de la mansión y no supo más de ellos. Por días buscó el olor de la dueña de su corazón por toda la ciudad, pero parecía que se la había tragado la tierra. Su esencia desapareció en el mismo instante que el sr. Higurashi hizo presencia en aquella habitación. No tenía más pistas, resignado ante la desesperación y frustración, se quedó en la mansión en su forma de medio demonio esperando en el bosque donde ella habría librado una batalla que quizás le costó la vida… todo por salvarlo a él y a su familia… si solo hubiese acabado más rápido con Bankotsu, si se hubiese percatado de los planes de ella podría haberla detenido, acompañado, luchado a su lado… pero fue ciego y ahora no sabía nada de ella. ¿Estaba viva?, ¿pensaba en él? …. Millones de preguntas surgían en su mente en cada instante. Frustrado, nuevamente golpeó el suelo bajo él mientras las lágrimas caían rebeldemente por sus mejillas, la desesperación lo estaba matando, ya casi no comía… su estado era deplorable, pero nada le importaba, quería morir pero no sin antes saber de ella. No se percató que dos pares de pie se habían acercado lo suficiente a donde se encontraba.

- Inuyasha – escuchó como lo llamaban, pero no reaccionó.

"Ya estoy delirando" pensó, por lo que otro puño fue a dar contra el piso.

-El suelo no tiene la culpa – otra vez esa cálida voz que podía devolverle el alma al cuerpo, pero se negó a levantar la vista y girar su cuerpo, sabía que si lo hacía ella desaparecería como tantas veces su mente le había jugado una mala pasada.

- Oye pulgoso, te están hablando – frunció el ceño… ¿desde cuándo Koga era parte de sus delirios?... y al pensar eso, por fin reaccionó.

- ¿Kagome? – preguntó aún manteniendo su postura, el temor y la ansiedad lo invadían haciendo que su torrente sanguíneo viajara como si fuera una carrera de fórmula 1.

- Inuyasha – volvió a llamarlo dulcemente. Escuchar nuevamente su nombre salir de esos labios le dio la fuerza que hasta ahora le había faltado. Se levantó de casi un salto, se giró y la miró. Fue en ese instante que pudo ver en sus hermosos ojos un dejo de tristeza - ¿Qué te ha pasado? – preguntó acercándose lentamente, quizás temerosa a su reacción.

Él solo atinó a correr la pequeña distancia que los separaba y abrazarla con todo su ser, quería que ese pequeño gesto tradujera todas aquellas emociones que por seis semanas había tenido que soportar solo. La pena, la frustración, la desesperación… pero sobre todo, el amor que siente por ella.

- Oye, no seas animal, ten más cuidado – le llamó Koga sin moverse de su lugar inicial. Al percatarse de lo brusco que había sido, la soltó levemente.

- ¿Estás bien? – le preguntó ella, tontamente se recriminó porque él debería haber hecho esa interrogante.

- Lo siento – fue lo único que salió de su boca antes de que las lágrimas nuevamente invadieran su rostro.

- Tranquilo, ya estoy acá – respondió ella mientras le acariciaba suavemente la espalda. El calor de sus caricias le dieron la fuerza para separarse lo suficiente para ver sus ojos… ella le sonrió, y sin poder evitarlo, él la besó suave y dulcemente, como si fuera a romperla. Ella acarició su rostro mientras se separaban - ¿Qué te ha pasado? – volvió a preguntar

- Lo siento – volvió a repetir – Yo… creo que no he estado comiendo bien – informó reconociendo el precario estado en el que se encontraba.

- Kagome – escuchó como el demonio lobo la llamaba, levantó la vista furioso hacia donde se encontraba aquel sujeto.

- Lo sé – respondió ella. Inuyasha la miró confundido, recién se percataba que sus vestimentas no eran las que solía usar como agente. Solo era un jeans de color azul y una blusa blanca con escote en v, esto permitió una vista de su cuello y donde iniciaba sus hombros… no habían marcas, eso calmó su corazón. Por un segundo temió que ahora ellos estaban juntos y que si estaban allí era para informarle.

- Inuyasha – volvió a llamarlo para que centrara su vista en esos hermosos orbes chocolates - No tengo mucho tiempo, así que necesito que me escuches – el asintió sin comprender aún qué ocurría – Ayer me dieron de alta, y créeme que quería venir a verte, pero mi padre ha dispuesto varios agentes para evitarlo. Koga se ofreció a ayudarme – el medio lobo desvió su rostro a un costado, su orgullo no permitía asumir frente al perro pulgoso la verdad – Debo irme por dos semanas fuera del país… -

El peliplateado escuchó esto e instantáneamente la volvió a abrazar con premura y fuerza. No, esta vez no la separarían de él, se lo dejaría en claro – No te dejaré ir, no te perderé de nuevo – informó seguro sin soltar su agarre.

- Escúchame por favor – suplicó ella – solo serán dos semanas, Koga me protegerá ese tiempo. Te prometo que al volver podremos estar juntos, pero ahora debo irme – acariciaba su espalda mientras le decía eso.

- ¿Por qué ese lobo sarnoso va contigo y no yo? – reclamó soltando el abrazo furioso – Es MI deber protegerte, no el de él – los celos se adueñaban de su ser rápidamente.

- Por favor entiende, debo aclarar unos asuntos con mi padre antes de poder estar contigo, de lo contrario, cumplirá con su amenaza – esto sorprendió al ojidorado, nunca pensó que ella estaría al tanto de lo ocurrido en la mansión aquel día.

- ¿Prometes que volverás? – preguntó resignado

- Con una condición – esto hizo que arqueara una ceja – Solo si tu prometes que volverás a ser el Inuyasha de siempre, volverás a comer, retomarás tu trabajo… no me gusta verte así – el dejo de tristeza que se coló por aquellas palabras le hizo comprender que en ese momento, hasta el idiota de lobo que tenía en frente podría acabar con él y eso no podría permitirlo, su hembra había vuelto y debía velar por su seguridad.

- ¿Dos semanas? – preguntó tratando de asegurar el tiempo en que debería volver a separarse de ella.

- Sí, en catorce días estaré al atardecer tocando la puerta de tu departamento. Pero solo si cumples con tu parte – finalizó con una cálida sonrisa en su rostro.

- Catorce días – repitió él – en catorce días serás mía y ya nadie podrá separarnos. Esa será una promesa – informó seguro de sí mismo, mientras daba una rápida mirada al demonio lobo frente a él – Pobre de ti que le pase algo o que intentes algo – amenazó.

- Ya cállate pulgoso, en ese estado das más pena que otra cosa – refutó gustoso Koga

- Inuyasha – lo llamó para atraer nuevamente su atención – Dos semanas, ¿lo prometes? –

- Lo prometo. Catorce días, ¿lo prometes? –

- Lo prometo – respondió para luego depositar un casto beso en sus labios – Debo irme – informó, pero él fue más rápido y la abrazó, necesitaba que la calidez del cuerpo de su mujer quedara impregnada en sí para soportar otras dos semanas alejados.

- Kagome – la llamó Koga. Los amantes volvieron a unir sus labios en un casto beso antes de separarse. Él la vio como era tomada en brazos por el demonio lobo para luego desaparecer rápidamente de su vista. Decidido a cumplir con su promesa, corrió hasta la mansión, se daría un baño, comería y volvería a su apartamento. Era momento de retomar su vida, pues ya tenía un motivo para ello… su hembra, a la que desesperadamente creyó haber perdido, había vuelto y le había prometido poder estar juntos dentro de catorce días. Ahora dependía de él cumplir con su parte del trato, rogando que las horas volaran para poder por fin hacer suya a aquella mujer que lo traía loco desde el primer momento en que la vio.

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Ese día el sol brillaba más que de costumbre, el aire estaba más fresco y puro a su criterio. Ese día era el que tanto había anhelado, despertó con más energía que nunca. Se metió a la ducha con la sonrisa en su rostro, por fin escucharía el golpear en su puerta… aquel sonido que daría inicio a una vida llena de alegrías y amor puro junto a su hembra.

Había logrado recuperar algo de peso y masa muscular, aunque aún estaba delgado a consecuencia de su descuido por tanto tiempo. A pesar de eso, su rostro ya no lucía demacrado, sus orbes doradas habían recuperado el brillo perdido en su momento. Se vistió tratando de repasar su agenda: un desayuno con su padre, una reunión de directorio, almuerzo con los accionistas para finalizar la tarde con una reunión con el asesor financiero de la empresa: Kohaku. Cada vez que se habían visto durante los últimos días apenas intercambiaban mayores palabras que no fueran exclusivas de la empresa. Esa sería la última reunión entre ellos, su relación laboral había perdurado exclusivamente por el contrato firmado por su padre junto al joven un poco antes del plan de vivir en la mansión por parte de los agentes. Pero éste había llegado a su fin, hoy le entregarían los resultados y ya nada los ataría. El miedo lo invadió por un segundo, pensando que eso significaría perder a Kagome… pero luego se calmó, ella prometió estar en la tarde allí.

Su día estaba yendo de maravilla… hasta la hora de almuerzo. Los accionistas decidieron discutir reiteradamente lo propuesto por el departamento de marketing, por lo que la reunión se alargó por cuatro horas más. En un momento le solicitó a su secretaria que le informara de esto a Kohaku, para posponer su reunión para más tarde. Todo esto incrementó lentamente su mal humor, ya eran casi las 6 de la tarde cuando pudo comenzar sus temas pendientes con el asesor financiero. Con resignación, debió forzarse a prestar atención a todo lo informado. No solo porque estaba presente su padre y su medio hermano, sino porque era algo relevante para la compañía y requería de su aprobación junto al resto del equipo directivo. La ansiedad le recorría el cuerpo de manera intensa, a veces lo hacía sudar, otras le causaban temblores en sus manos y la peor era que le secaba la boca, lo que provocó que tomara demasiada agua durante la junta.

Ya eran las 21:30 hrs cuando se bajaba enfurecido de su auto en el estacionamiento de su edificio. Aunque intentó varias veces llamar a Kagome por teléfono, siempre le salía el mensaje de que ese número estaba dado de baja. Su cerebro jugaba en su contra, le hacía imaginarse que ella no querría volver a verlo, que lo despreciaría por no estar en su hogar a la hora acordada, que debería darla por perdida… negó con la cabeza mientras esperaba el lento subir de su ascensor. Su corazón corría desbocado en su pecho, la ansiedad y el nerviosismo carcomían todo su ser, se sentía desesperado y no sabía cómo poder calmarse. Su mundo se vino abajo cuando se percató que el pasillo estaba vacío. Sin pensarlo, golpeó la pared lateral frustrado… caminó furibundo hasta su puerta, cuando colocó las llaves y giró el pomo de ésta para abrirla lentamente, sus ojos se posaron sobre un papel que descansaba en el piso de la entrada.

"Vine, toqué pero no respondió nadie. Espero que esté todo bien.

En caso de que aún te quieras juntar, estaré en mi departamento.

K.H."

Su mundo se detuvo en un tiempo que se sintió eterno, todo su enfado desapareció antes de siquiera percatarse de esto. Su ansiedad se transformaba de tal manera, que se sentía como un adolescente camino a su primera cita. Recorrió el camino recientemente hecho, para poder volver a su carro y dirigirse lo más rápido posible hacia aquel apartamento en donde se encontraba la mujer que era dueña de su corazón, y que si todo salía como él lo deseaba, se convertiría en su hembra, lo que aseguraba su vida llena de felicidad y amor. Sí, definitivamente su comportamiento estaba siendo un tanto infantil. Se rio de sí mismo, extrañamente pensar en eso lo ayudó a calmarse, mal que mal, no podía llegar hecho un atado de nervios frente a ella. Debía mostrarse en todo su esplendor para no ser rechazado… sacó rápidamente ese pensamiento de su cabeza, si le dejó una nota fue porque quería verlo, de lo contrario no se hubiera tomado tantas molestias.

Realizó varias respiraciones profundas antes de dar dos golpes a la puerta. Su mente le rogaba que siguiera tocando hasta asegurarse que le abrirían, el miedo a ser rechazado se había apoderado de él como nunca antes le había pasado. Los segundos en que se demoró en abrir la puerta fueron una eternidad comparado con un viaje directo al sol…. Sentía su cara arder de los nervios, sus manos sudaban y por poco sus piernas flaqueaban en sus fuerzas. Lo que jamás imaginó era ver aquel rostro para recibirlo en ese lugar.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó claramente molesto mientras dejaba escapar un gruñido

-Vaya, yo ya te hacía muerto en algún callejón perro pulgoso – respondió burlón Koga

- Deja de molestar, ¿dónde está Kagome? – su ánimo no era el mejor para lidiar con el odioso lobo en ese momento

- ¿Qué pasaría si te digo que no quiere verte? – preguntó con una gran sonrisa en su cara. Inuyasha sintió como todo su torrente sanguíneo se detenía, al punto de quedar completamente helado – Jajaja, deberías ver la cara que pusiste – comentó entre risas el demonio lobo, mientras que el peliplateado recuperaba el aliento e intentaba por todos los medios no darle una buena paliza al idiota ese.

- Koga, déjalo pasar por favor – se escuchó aquella dulce voz femenina tras el chico

- Claro – respondió inmediatamente - ¿Segura que no quieres que me quede? – consultó mirando tras su hombro. Pudo ver como ella asentía, por lo que le guiñó el ojo y volvió su mirada hacia el medio demonio – Pobre de ti que le hagas algo bestia, o desearás no haber nacido – le dijo amenazante.

- Vete ya – fue la escueta respuesta que dio el ambarino, para posteriormente escuchar el ruido que se produce cuando alguien cierra una puerta. Sin estar seguro de cómo actuar, se quedó quieto en su lugar como un niño entrando a un lugar desconocido.

- ¿Quieres tomar algo? – preguntó dulcemente la azabache - ¿Té, café? –

- Té estaría bien, gracias – el ojidorado se sentía un poco desconcertado. Durante los 14 días que esperó, jamás se imaginó que se desarrollaría de esa forma. Él lo visualizó como algo más romántico y pasional, pero sentía que ella había colocado una muralla invisible entre los dos.

- Toma asiento, vuelvo en seguida – sí, definitivamente algo no estaba cuadrando con lo que el joven esperaba. Demasiada formalidad y frialdad lo estaban poniendo nervioso. "Quizás ya no quiere estar conmigo, ya no quiere ser mi hembra…. No, no puede haberse enamorado de ese lobo sarnoso", su mente hacía conjeturas de manera acelerada al igual que su corazón corría una carrera en la que, al parecer, sentía que iba pendiendo.

Al volver de la cocina, la chica traía una bandeja con las tazas de té. Las colocó en la mesa frente al sofá de 3 cuerpos en donde se encontraba sentado su visita, ella se ubicó en el sillón que se encontraba paralelamente al joven.

Por un momento, que para Inuyasha fue eterno, reinó el silencio por todo el apartamento. Ni los ruidos propios de la calle se colaban en su interior. Esto provocó que el peliplateado se pusiera más nervioso, ya haciéndose la idea de que esa conversación no sería ni remotamente parecida a como la imaginó, y que lo más probable, es que saliera de allí solo y sin su hembra.

- Asumo que tienes muchas preguntas – fue ella quien rompió el incómodo silencio, pero esta frase descolocó al peliplata…. ¿preguntas?, claro que las tenía, ¿por qué estaba tan fría con él?, ¿o acaso ya no lo amaba?... no, no podía decir eso, su orgullo no lo dejaba.

- Quiero que me expliques qué pasó –

- ¿A qué te refieres? – contra preguntó ella, pues la pregunta era demasiado amplia.

- A Naraku, a tu trabajo… a todo – sí, él quería detalles, quería comprender lo ocurrido durante los últimos meses.

- Bien, me parece justo. A pesar de que no supimos su verdadera naturaleza en un principio, ya en el primer enfrentamiento sospeché. Debido a eso, comenzamos a suponer que ustedes tampoco eran humanos comunes y corrientes; por lo mismo, solicitamos una investigación profunda de tu familia y revisamos en nuestras bases de datos aquellos demonios que podrían asociarse con Naraku. Por eso fue que pudimos evitar una tragedia mayor cuando los atacaron en aquel pasaje – realizó una pequeña pausa para tomar un poco de su té – Eso nos permitió confirmar las sospechas sobre su naturaleza y la de ustedes. Pero lo que ocurrió en ese edificio abandonado… - detuvo su hablar, parecía que aún le causaba dolor recordar ese día. Suspiró profundamente, para luego continuar con su discurso – eso nos tomó por sorpresa, y a pesar de que teníamos un plan que pudimos adaptar para la instancia, nos obligó a cambiar la estrategia. Fue por esto que, al despertar del coma, decidí que debía presionar a Naraku, al punto de que nosotros manejáramos los espacios y tiempos del próximo encuentro. De ahí nace el centralizar todo en la mansión de tus padres –

- ¿Y Koga? – la interrumpió Inuyasha, a pesar que sabía que nada había ocurrido entre ellos durante ese periodo, necesitaba comprender el porqué.

- Eso fue por dos razones – ella sabía que esto podría ocurrir, temía cuál podría ser el resultado al decir toda la verdad, pero era necesario para ambos – La primera, porque estaba dolida contigo – posó su vista en la taza de té que tenía entre sus manos – lo que me dijiste ese día me afectó demasiado, y si íbamos a estar viviendo bajo el mismo techo, necesitaba tener la excusa perfecta para alejarte – su voz demostrada el dolor y la vergüenza que sentía al confesar esto – Por otro lado, no podía permitir que Naraku usara mis sentimientos hacia ti, ya que te pondría en peligro y no quería eso. Por lo mismo le pedí a Koga que se hiciera pasar por mi compañero, además de ser mi guardaespaldas durante la misión… pero nunca pasó nada – complementó antes de callar.

Luego de esta declaración, el silencio reinó nuevamente en el apartamento. Mientras ella seguía con la vista pegada en la taza, Inuyasha la miraba asimilando lo que recién había escuchado. Por alguna extraña razón, se sentía demasiado culpable de todo lo que habían vivido siendo que era un tema ya conversado entre ellos.

- Espero puedas disculparme por mentirte, pero estaba dolida y preocupada de que no te pasara nada – ella rompió el silencio, al decir esto, posó su vista en aquellas orbes doradas que amaba.

Esa última frase fue la determinante de lo que vendría después. Ya todo estaba claro entre ellos, cada uno había pedido disculpas, había expuesto su punto de vista ante las distintas situaciones vividas y había confesado su amor por el otro. Aunque todo ocurrió en dos instancias distintas, y bastantes alejadas la una de la otra, permitió cerrar aquel ciclo para ambos.

Inuyasha no lo dudó, no perdería más el tiempo hablando, ya todo estaba dicho… era momento de demostrarle cuánto la amaba y que no permitiría que nada ni nadie los separara. Se iba a levantar, su deseo de abrazarla y besarla estaba adueñándose de su cuerpo, pero algo en su mente lo detuvo: la imagen del padre de Kagome amenazando a su familia, eso era un tema que no podía ser tomado a la ligera.

- Kagome… ¿qué pasa con tu padre? – ella lo miró sorprendida, había olvidado por completo ese tema.

- Lo siento, lo olvidé por completo – dejó la taza sobre la mesa – Aún no te he contado lo que ocurrió estas dos semanas. Estuve fuera del país porque, después de lo ocurrido con Naraku, era necesario una reestructuración en la empresa, debía hacerle ver eso a mi padre y a la junta directiva. Fue un proceso complejo, estuve tres días tratando de convencerlos de aceptar mi nueva propuesta… debo confesar que el tener a Koga a mi lado me benefició para lograrlo – su invitado frunció el ceño al escuchar esto, no podía evitar sentir celos de ese idiota – En fin, el tema es el siguiente: logré que mi padre aceptara contratar en nuestra empresa a demonios y hanyou, de ahí que los siguientes días estuve en la búsqueda de los prospectos que ya tenía en mente para ofrecerles el trabajo – al escuchar esto, Inuyasha no pudo evitar mirarla con sorpresa – y no solo eso… - esas orbes cafés cambiaban su expresión a una llena de amor – logré que aprobara que yo…. Bueno, que tú y yo…. – no terminó la frase, fue interrumpida.

- ¿Eso quiere decir que aceptas? –

- Sí – respondió tímidamente – solo si tú aún quieres –

El ambiente que reinaba en ese lugar era el mismo que podría verse cuando dos adolescentes se confesaban su amor y no se atrevían a dar el primer paso. Solo miradas llenas de amor, deseo e ilusión de un futuro juntos era lo que se podía "escuchar", nada de palabras, nada de caricias, solo esa conexión entre almas a través de sus ojos… mirarse intensamente, con los nervios a flor de piel y las manos picando por sentir al otro. Ninguno se atrevía a romper el magnetismo del momento, pero sus cuerpos pedían sentir el calor del ser amado.

Inuyasha fue el primero en ponerse de pie, se acercó hasta donde la joven estaba sentada y le tendió su mano. En cuanto ella la aceptó, él aplicó la fuerza suficiente para hacer que se levantara atrayéndola hacia sí, para luego abrazarla y apoyar su cabeza en su hombro izquierdo.

- Me hiciste mucha falta – le confesó sin despegarse de ella – creí que te perdería para siempre – la abrazó con fuerza, tratando de traspasar todas sus emociones con ese gesto.

Si alguien pudiera describir ese abrazo, lo resumiría en un intercambio continuo de energías. Extrañamente se podía sentir cómo el amor que se profesaban fluía en sus cuerpos. El tiempo se detuvo, ni éste se atrevía a interrumpir aquel reencuentro entre los amantes. Quizás esta historia podría llegar a su fin acá…

… pero no lo crean, pues nuestro peliplateado no se conformaría con un solo abrazo. Al tiempo se separó lo suficiente de ella para poder mirarla, la llamó suavemente por su nombre, se perdió como tantas veces en esas orbes cafés, para luego posar sus labios sobre los de ella. La besó como si el mañana no existiera, como si el mundo se fuese a acabar en un par de segundos. La joven le correspondió instantáneamente, ambos se perdieron en la conexión de sus bocas, sus lenguas danzaban de manera fluida y armónica… sus cuerpos se acercaban e iban encajando como si hubiesen sido creados en moldes complementarios. Poco a poco la temperatura fue aumentando, debido a que la pasión se iba apoderando de los gestos que ambos expresaban con sus bocas, sus manos comenzaron a ser partícipes activos, recorriendo al otro en un tacto cálido y deseoso de sentir la piel que se encontraba bajos sus ropas.

La falta de oxígeno en sus pulmones les reclamó tan intensamente que debieron detenerse y separarse. Fue allí que sus ojos gritaban el deseo que recorría por cada fibra de los amantes.

- Kagome – su voz era ronca - ¿quieres ser mi hembra? – volvió a preguntar, su corazón rogaba por volver a escuchar la confirmación.

- Sí Inuyasha, quiero ser tu hembra – respondió con sus mejillas sonrojadas por la vergüenza y el deseo que sentía.

Solo esa frase lo hizo tocar el cielo y volver. Por primera vez sintió que todos los años vividos en su existencia (que muchas veces consideró como miserable) habían valido la pena por poder haber llegado a disfrutar de ese momento. Volvió a besarla con ímpetu, mientras se iban dirigiendo a la habitación de la azabache sin romper su contacto. Cuando lograron su cometido, sus manos comenzaron a recorrer sus cuerpos buscando deshacerse de aquellas telas que impedían un contacto aún más cercano.

Su boca lentamente fue descendiendo por aquel níveo cuello que tanto rogaba por él. Cuando se toparon con el borde lateral de la cama, se miraron profundamente… era increíble, se decían demasiadas cosas sin que una sola palabra fuera dicha por sus labios. Él se aferró a su espalda para acomodarla sobre el colchón con la delicadeza de quien toma un pétalo de una flor. Se ubicó encima de ella, para retomar su tarea con suavidad, pero cargada de pasión. Ninguno de los dos se percató en el momento en que quedaron desnudos, el deseo y el amor nublaba sus sentidos y su conciencia. Ya no pensaban, solo se permitían sentir como no lo pudieron hacer en mucho tiempo. Ya nada importaba, ni los errores ni las mentiras… todo había sido dicho, solo sus cuerpos faltaban por expresar aquello que fue reprimido. Antes de continuar, Inuyasha se sacó su anillo… cuando finalizó su transformación volviendo a ser hanyou, se detuvo para mirar aquellas orbes cafés

- Kagome – la llamó con una voz ronca y llena de sensualidad - ¿estás segura? – volvió a preguntar, era un paso tan grande como el matrimonio en el mundo humano, aunque a diferencia de éste, la unión de ellos no podría deshacerse con firmar un papel.

- Sí Inuyasha – le respondió acariciando suavemente su rostro – quiero ser tu hembra.

Pronto se percató que los ojos dorados de su amado eran rodeados por un color rojo como la sangre, sus pómulos fueron surcados por las franjas moradas… ella no pudo evitar sentir temor, la última vez que se transformó en demonio casi la mata.

- Tranquila – le susurró – no me convertiré en demonio, pero para hacer el ritual deben estar presentes mis dos mitades – le explicó traspasando su tranquilidad a ella, por lo que la azabache asintió aún temerosa, pero tratando de controlar sus emociones. Él la besó lento, con delicadeza, parecía que con cada movimiento de su boca le decía cuánto la amaba, lo que le permitió relajarse.

Cuando lo sintió dentro separó sus labios de los de él, la incomodidad de aquel intruso de un tamaño mayor al esperado le provocó un leve gemido cargado de placer y dolor. Él se quedó quieto, esperando que el cuerpo de su amada pudiera adaptarse al de él. Cuando ella movió sus caderas en señal de que ya estaba lista, ambos creyeron estar entrando al mismísimo edén. Sus cuerpos se amoldaban perfectamente, los movimientos eran sincrónicos y perfectamente placenteros, cada vaivén les permitía tocar el cielo y volver, cada gemido que escapaba de sus bocas era una declaración de profundo amor, nombrar a su ser amado era la expresión máxima de aquella unión. El clímax se encontraba cerca, ambos lo podían percibir, por lo que Inuyasha se detuvo un momento recibiendo un leve gruñido de la que pronto sería su hembra.

- No te asustes – le dijo con todo el amor del mundo. Ella asintió con la cabeza, aunque quizás no procesaba realmente las palabras dichas por el peliplateado, estaba a punto de alcanzar el ansiado orgasmo… pero trató de no dejarse llevar por aquellas emociones, pues lo que estaba por ocurrir era un hecho importante para ambos.

Inuyasha retomó las estocadas con cada vez más vehemencia, pidiéndole entre gemidos que lo esperara, que debían llegar juntos o no se concretaría el ritual. Ella trató de aguantarlo hasta casi sentir que desfallecería, por lo que cuando ya ninguno podía retener más lo inevitable, él la penetró con vehemencia y rapidez, mientras mordía la unión de su cuello y hombro derecho. Ella gritó del placer que sintió por esa acción y del orgasmo alcanzado, el gruñó satisfecho mientras lamía sus marcas. Pronto pudo visualizar aquella luna morada rodeada de las marcas de sus colmillos en el cuerpo de la sacerdotisa.

- Te amo Kagome – musitó agitado tratando de calmar su respiración, volviendo lentamente a su estado de hanyou natural

- Te amo Inuyasha- ella lo besó suavemente en sus labios - ¿Te gustaría ser parte de nuestra empresa? - dijo mientras iba calmando su agitado cuerpo

- Creí que jamás lo preguntarías – respondió él con una sonrisa en su rostro. No solo estaría al lado de su hembra (ahora con todas las de la ley), sino que sería él quien la protegiera en sus misiones y no ese lobo sarnoso.

FIN


Hooola!

Gracias a cada persona que llegó hasta el final de esta historia, espero de todo corazón no haberlos defraudado con éste. Me costó mucho escribirlo, por el temor de no dar con sus expectativas… odio amar una historia y que el final me defraude, por eso es que estoy tan nerviosa en publicarlo.

Quiero pedir disculpas por lo largo que resultó este proyecto… no fue mi intención que eso pasara, pero a medida que redactaba, me daba cuenta que para plasmar bien la idea tenía que detallarla y eso alargaba los capítulos.

También pido disculpas a quienes se fueron decantando con la historia (quizás ni lean esto), pero aún así, siento haberlos defraudado a mitad de camino.

De nuevo, muchas muchas gracias a quienes me acompañaron hasta el final. También agradecer a quienes me dejaron sus reviews, eso me animó e impulsó a continuar con este proyecto.

Fue mi primera historia publicada, gracias a quienes la disfrutaron y disculpen a quienes no.

Les agradecería de corazón si me dejaran sus reviews con su opinión, ¿les gustó el final?, ¿quedaron con dudas?, ¿los defraudó?... de verdad que me sirven sus opiniones para mejorar, sobre todo ahora que estoy en proceso con la historia "The Bartender".

Saludos a todos y mil gracias por haberme acompañado en esta travesía!