El calor en el sur ya era abrasante. Estaban a una semana del solsticio de verano y cada vez más le sobraban las ropas de Krypton. Kara sentía tanta envidia de Lena y sus hijos cuando los veía pasearse por casa con ropas ligeras mientras ella iba cargada con esas mantas. Y solo era temprano por la mañana. Al mediodía, iba a caer desmayada por el calor.
Esa mañana se le había vuelto a hacer tarde y tuvo que desayunar con los tres. Tenía que ir con más cuidado y no distraerse tanto por las mañanas. Era la quinta vez que tenía que comer con ellos y era tan incómodo como la primera. Aunque Levi había dejado de temblar cuando pasaba cerca y Lars no agarraba el cuchillo como si fuera a apuñalarla en cualquier momento. En cambio, Lena seguía igual o peor. No sabía cuántas veces había discutido con ella por las horas de las clases de sus hijos. Se había convertido en su conversación rutinaria. Hubo un momento en el que se pensó seriamente la idea de William de mandarla a la capital al antiguo palacio.
De todas maneras, desayunar con los tres siempre era una ruptura en la rutina. De alguna manera, pasaba algo con lo que entretenerse.
Por su parte, Lena maldecía cada vez que Kara aparecía por el palacio. Aunque fuera para ir directa a su ala sin ni siquiera saludar. Llevaba casi tres meses sin poder pasar tiempo con sus hijos. No había podido volver a sacarlos de clase porque Kara se había asegurado de tapar cualquier salida. Y sí, había conseguido entretenerse con Kelly y el problema del burdel, pero no quitaba que tenía la rubia metida en casa. Hasta empezaba a estar harta del olor dulzón que desprendía Kara días como ese.
Podría ser un buen tema para meterse con ella. Discutir con ella era la única manera de llamar su atención.
- ¿Cada cuánto te lavas, Kara? ¿Has vuelto a tus costumbres kryptonianas? - se burló Lena.
- ¿Huelo mal? - preguntó Kara sorprendida.
- Hueles raro, como muchas veces. - dijo indiferente Lena concentrándose en su plato.
- ¿En serio? - preguntó Kara todavía más sorprendida.
- Sí.
Kara se levantó maldiciendo algunas cosas en voz baja y dejando la comida a medias. Desde luego eso no era lo que Lena esperaba. No la volvieron a ver durante el resto del desayuno.
De hecho, cuando Lena la volvió a ver, Kara tenía el pelo mojado como si acabara de limpiarse. Vaya, sí que le había afectado lo que le había dicho. Se sintió orgullosa por esa pequeña victoria.
Ese día, Kara les comunicó otro de sus flamantes proyectos. Una vez calculados y asignados todos los nuevos reclutas, quería concentrarlos en una base militar que quería construir cerca de la capital, todo pagado con su dinero. Lena estaba desesperada por las locuras que Kara estaba haciendo. Además, ¿de dónde demonios sacaba tanto dinero la rubia?
Kara aseguró que la misión de esa base era poder proteger la capital mejor de cualquier ataque de las mafias. Todos los miembros sureños, es decir, la gran mayoría del consejo, estaban encantados con la idea. Lena ya se había dado cuenta de que ellos, que en un principio habían rechazado la idea de Kara al mando de Thera, ahora estaban encantados. Al final, la rubia estaba consiguiendo todo lo que se proponía. Y la mayoría de lo que se había propuesto iba contra los norteños y a favor de los sureños. Todavía no se creía que el pequeño traidor de Edge hubiera aceptado el trato de Kara.
Por lo menos, pensaba Lena inocente, todavía no se había metido con las religiones. Hasta que anunció la segunda gran idea de la reunión. Quería celebrar el solsticio de ambas religiones de forma conjunta en el templo principal de la capital. Un templo que había sido de los antiguos dioses hasta que la Casa de El lo convirtió en raoista y nunca jamás volvió a los antiguos dioses. Lena no pudo evitar interrumpir a Kara echándose a reír a carcajadas.
La rubia se quedó seria mirándola fijamente callada.
- ¿Hay algo que te haga gracia, Lena? - contestó Kara haciendo ver que estaba calmada, pero la morena podía ver perfectamente como se tensaba su mandíbula y se cuadraba. Quizá a los otros los podía engañar con su aspecto impecable, pero ella podía darse cuenta de que Kara estaba a punto de explotar.
- Tus ideas, Kara. Vamos, has estado en la celebración de ambos solsticios. ¿Cómo quieres combinarlos?
- Precisamente, Lena. Celebré ambos solsticios el mismo día. Tú y William os coordinareis para los rituales. Visto el contexto, hay que mostrar que la corona no tiene preferencias. Tus hijos, tú y yo estaremos en la primera línea.
- ¿Estás de broma no?
- ¿Vas a aportar algo interesante a la reunión? ¿Podemos continuar trabajando? - gruñó Kara.
Lena no volvió a abrir la boca. Kara ordenó que William y ella se reunieran para preparar el gran día. Cada vez pintaba peor el día.
*/*/*/*
Kara volvía satisfecha a su despacho después de la reunión.
Uno de los hombres sureños del consejo, Vartox, se le acercó por los pasillos y le pidió hablar en privado. Ella le indicó ir a su despacho. Él insistió en que lo siguiera a otro sito donde había gente que quería hablar con ella. Kara lo miró desconfiada. Era un hombre mayor. No parecía llevar armas encima. Parecía inofensivo. Así que seguramente podía descartar de momento el intento de asesinato.
Asintió y lo siguió. La llevó hasta debajo del patio de la fortaleza donde estaban los calabozos y almacenes. Escondido en una pequeña sala donde almacenaban algún tipo de telas había un grupo de gente esperándolos. Kara los reconoció como gente rica o gobernadores en el sur.
Todos se inclinaron cuando la vieron llegar.
- Majestad. - habló una mujer que se adelantó al grupo. - Mi nombre es Leslie Willis, aunque supongo que eso usted ya lo sabe.
Kara se la quedó mirando fijamente analizándola. Desvió su miranda al resto y volvió a mirarla.
- Sí, por supuesto. Os reconozco a todos. - contestó Kara cruzándose de brazos. - ¿Podéis explicarme de que se trata todo esto? Tengo trabajo que hacer.
- Es por vuestro trabajo que estamos aquí. - respondió Leslie otra vez. - En los pocos meses que lleva aquí, usted está solucionando todo el caos que el rey Kal, que con Rao descanse, dejó atrás. Su trabajo al mando de Thera es todo lo que se podría esperar de una reina de verdad. Alguien que no se acobarda ni obedece a los Luthor. Thera necesita el gobierno de alguien fuerte como usted. - decía Lesli orgullosa.
Kara sonrió confiada.
- Por fin, alguien por aquí valora mi trabajo. Pero, ve al punto.
- El príncipe Lars, el heredero al trono, va a ser un rey igual o peor a su padre. Con esa sangre Luthor corriendo por sus venas, no tardará en entregar el trono a Lex. Queríamos proponeros que vos lo tomarais.
- ¿Cómo queréis que lo haga? Estoy bastante abajo en la línea de sucesión actualmente.
- Si es necesario, tomadlo de forma legítima.
- Para que fuera legítimo, mis sobrinos deberían morir. ¿Estáis proponiendo asesinarlos? - los interrogó Kara tranquilos.
- Es un sacrificio necesario para Thera.
- Lex sería el primero en empezar una guerra contra el sur. - expuso Kara.
- ¿No estáis construyendo un gran ejército para eso?
- ¿Estaríais dispuestos a entrar en guerra por mí? ¿Sabéis todo lo que eso con lleva? ¿Os mantendríais leales hasta el final?
- Haríamos lo que fuera necesario para acabar con cualquier rastro de los norteños, majestad.
Kara se quedó pensativa unos instantes.
- No os voy a negar que es una oferta interesante. Es verdad que Kal, por desgracia, dejó el reino casi destruido y que Lars no va por mejor camino. Dejádmelo pensar.
- Acataremos cualquier orden que nos dé.
- Perfecto. - sonrió Kara.
*/*/*/*
Ya habían pasado unos días de la reunión con los conspiradores.
William y Lena habían conseguido dar con la clave para poder celebrar el solsticio de forma conjunta. Todas las reuniones las habían realizado en el despacho real. Sí, en la mesa secundaria de su despacho. Kara se divertía viendo como no se soportaban. Le parecía gracioso. ¿Lena estaría molesta con él por qué William fue el único que le contó la verdad?
Ahora había vuelto a haber paz en el lugar. Los dos se habían ido para reorganizar a su gente para los rituales, mientras Kara revisaba como colocar a los guardias en el templo. No era tan idiota como para mandar a celebrar el solsticio uniendo las dos religiones y no colocar los suficientes soldados para evitar revueltas. Sobre todo, teniendo en cuenta que ellos iban a estar en medio de la multitud.
Fue entonces cuando Vartox entró sin llamar a la puerta.
- ¿No tienes los modales para llamar a la puerta? - gruñó Kara.
- Lo siento, majestad. Es que es urgente. Quieren saber su respuesta. - dijo el nervioso.
- Sois un poco impacientes. - protestó Kara.
- Quieren realizar el cambio cuanto antes posible. - se defendió él.
Kara se quedó pensativa unos instantes hasta que una sonrisa adornó su rostro.
- Está bien. Acepto.
- ¿De verdad? - contestó él sorprendido.
- Por supuesto, ¿por qué debería negarme? Soy mejor gobernante que lo que Lars jamás podrá ser. Sobre todo, si tenemos en cuenta quienes son sus padres.
- ¿Y cuál es el plan, majestad? - preguntó ahora atento.
- Déjame valorarlo, Vartox. No podemos simplemente matar a la familia real. Se nos tiraría todo el norte encima. Quiero el trono, pero lo quiero de la forma más pacífica posible.
- ¿Y eso os va a tomar mucho?
- Va a tomar el tiempo necesario.
- Hay algunos que están impacientes. - explicó preocupado. - Se sienten muy amenazados por los norteños.
- Diles que yo daré las órdenes qué quiera y cuándo quiera. Si tanto me quieren como reina, deberán empezar a obedecerme ya.
- Así se lo haré llegar. - asintió él haciendo una reverencia.
- Y que sea la última vez que tenemos una conversación como ésta aquí. Solo faltaría que alguien estuviera escuchando detrás de la puerta. - lo riñó Kara.
- Lo siento, majestad. Tenéis razón. No volverá a ocurrir.
*/*/*/*
Kara se despertó feliz ese día. El día anterior había vuelto temprano del despacho y había tenido una muy buena noche. Tenía que prepararse para el día. Por fin, había llegado el solsticio.
Para ese día, el consejo entero le había rogado a Kara que, por lo menos, vistiera con la ropa que la Casa de El usaba para los grandes eventos en vez de la ropa de Krypton. Ella fingió no tener más remedio que aceptar. También lo agradecería porque esa ropa estaba más preparada para el calor que el uniforme kryptoniano.
Allí estaba la prenda negra y dorada colocada sobre un mueble en su habitación. Kara recordaba cuando fue la última vez que vistió algo parecido. Fue cuando se enfrentó a la Voz de Rao por primera vez y este la mandó azotar. Evidentemente, esa ropa quedó destruida ese día. Pero la rubia no podía evitar sentir algo de nostalgia. Acarició la ligera tela negra decorada con vetas doradas que llevaban hasta el escudo de la Casa de El dorado y grande encima del pecho.
Empezaba a hacerse tarde. Se vistió rápido. Mucho más rápido que cuando se tenía que vestir de kryptoniana. Se recogió el pelo en una larga trenza y bajó desde su ala hasta el comedor. Lena y sus hijos ya estaban vestidos sentados alrededor de la mesa. Los pequeños llevaban trajes parecidos al suyo, pero con colores diferentes, más claros. El pequeño Levi vestía con tonos rojizos, mientras Lars, azulados. Lena, en cambio, vestía un vestido verde con los símbolos de la diosa Iza dibujados en negro sobre la parte baja. Esas no eran las ropas de los sacerdotes de Iza que debería estar llevando ese día.
- ¿Hoy no vas a participar en los ritos? - preguntó Kara sorprendida sentándose en el que ya era su sitio.
- Cuando me casé, dejé de hacerlo, Kara. - respondió Lena sin levantar su vista de su vaso. Si algo en común tenían las dos religiones es que, hasta la noche, nadie tenía permitido comer. - Es para evitar conflictos de intereses entre la Corona y las religiones. Kal y yo decidimos no mostrarnos más participes de una religión que de la otra. La Corona debe ser neutral.
La rubia se la quedó mirando con sorpresa.
- ¿Ahora rezas a Rao? - rio Kara a lo que Lena le respondió con una mirada asesina. - Solo es curiosidad.
- Si la ocasión lo requiere, sí. Lo hago. - afirmó Lena poniéndose extremadamente seria.
Kara pensaba en lo humillante que debía ser para Lena hacer eso después de todo.
- No veo dónde está el problema. - intervino Lars.
- Eso lo dices porque no conociste a tu madre hace unos años. Si esa Lena supiera que iba a acabar rezando a Rao… - continuaba riendo Kara.
- Catorce años cambian mucho a una persona, Kara. - se defendió Lena.
- Eso no te lo voy a negar. - asintió la rubia acercándose un vaso lleno de zumo a la boca del que empezó a beber.
- ¿Es verdad que mamá te robó un caballo y después de dejó inconsciente de un golpe? - preguntó Lars de repente.
Kara se atragantó con el líquido y estuvo cerca de mojarse entera. Consiguió evitarlo. Lo miró sorprendida y se lo encontró con media sonrisa desafiante.
- Sí, me robó un caballo y, sí, también me dejó tumbada de un golpe por la espalda. - contestó Kara con los ojos entrecerrados. - Pero nunca tuvo el valor de enfrentarse a mí en igualdad de condiciones.
- Si con igualdad de condiciones te refieres a que luchara contra ti cuerpo a cuerpo sin nada más, contando que tú eres kryptoniana, siempre habrías acabado teniendo ventaja. Es decir, mi madre solo equilibraba la balanza. Que tu no fueras capaz de pensar un poco más allá de tus puños no es culpa suya. - respondió Lars encogiéndose los hombros.
Kara se echó a reír otra vez.
- Los tienes bien enseñados, ¿no? - la rubia preguntó a Lena.
- He intentado evitar que hereden la cabeza hueca que os caracteriza, kryptoniana. - respondió la morena con media sonrisa.
Kara rio.
- Me alegra saber que por lo menos les estás enseñando algo útil.
Empezaba a hacerse tarde. El transporte que los tenía que llevar a la capital no tardaría en zarpar.
- ¿Estáis todos listos? - les preguntó. Lena y los pequeños asintieron. - Bien, pues vámonos.
- ¿Tenemos que ir con ella? - preguntó asustado Levi mirando a su madre. - Yo no quiero ir con la mujer mala.
- Tranquilo, hoy no puedo comer niños hasta la noche. - bromeó Kara. Se levantó y se agachó justo en frente del niño. - Quizá mañana serás un buen tentempié. A tu hermano lo dejaré como plato principal.
El pequeño se lanzó a abrazarse con fuerza a Lena.
- Kara, no estás ayudando. - la riñó la morena.
- Dejaos de tonterías y vámonos. No estaría bien que la familia real llegara tarde. - respondió Kara incorporándose y saliendo de la sala sin mirar atrás.
Lena consiguió, con ayuda de Lars, que el pequeño dejara de agarrarse a ella como si la vida le fuera en ello. El mayor fue el primero en salir detrás de Kara, luego fueron ella y Levi. El camino hasta el muelle y hasta la ciudad fue en silencio y en tensión. Estaba convencida que era el rato más largo que Kara y sus hijos habían compartido juntos hasta la fecha.
Ya allí, en la capital, Alex y Kelly se unieron a ellos. La rubia se había dado cuenta de que parecía que Lena y las otras dos se habían hecho grandes amigas durante esos años. Al contrario que con ella, a la morena la recibieron con un abrazo. Ella apenas tuvo un triste saludo. Tampoco quería o esperaba más de su hermana.
Emprendieron el camino de subida hasta el templo principal de la capital, el que estaba situado sobre un turón rodeado de jardines. El pequeño Levi no dejaba de quejarse por la subida. Le recordaba a su madre la primera vez que subió allí con ella. Kara mentiría si dijera que podía subir aquella cuesta con la misma facilidad que años atrás. Pero intentó disimularlo con la máxima dignidad posible.
La multitud empezaba a acumularse en la cima. Inteligentemente, había la distancia suficiente entre los altares de los antiguos dioses y el de Rao. Estaban todos repartidos en el exterior, en los jardines del templo. Era imposible meter a toda la ciudad en el edificio. Kara estaba satisfecha viendo como los diferentes grupos de soldados estaban repartidos por el lugar.
Se dirigieron ante el altar de los antiguos dioses. Ellos cuatro se colocaron al frente de la multitud a un lado del altar. Era una posición similar a la que la familia Luthor, Lex, Lionel y Lllian, había tomado años atrás la primera vez que Kara había participado en el solsticio de los antiguos dioses. En un principio, la rubia hizo ademán de colocarse sola un paso al frente de los tres, pero Lars se colocó en primera línea, a la misma altura, a su izquierda. Kara sonrió satisfecha. Parecía que el muchacho sabía sacar las garras. Lena y Levi se colocaron medio metro detrás de ellos, al lado de Lars.
Como aquella vez en el escondite de los dioses, empezaron con los rituales a Nezia y a Iza. La mayoría de los presentes eran practicantes de la antigua religión. No se sorprendió cuando detectó algunos miembros del consejo, aunque obviamente faltaban Vartox y el resto de conspiradores sureños.
Kara detectó a algunos curiosos raoistas que se acercaban al lugar. Era fácil identificar que eran raoistas por las arcadas que tenían al ver el espectáculo de los sacrificios a Nezia, pero no causaron ningún problema.
Cuando acabaron con todos los animales, se dio pasa al siguiente ritual, el de Iza. Kara pudo notar lo intranquila que estaba Lena todo el rato que duró. Dedujo que a la morena todavía debía costarle no participar en ellos.
Las ceremonias acabaron al medio día, momento de los rituales raoistas. Se limpiaron la sangre que habían dejado los sacerdotes de Iza en sus rostros y se dirigieron hasta el altar a Rao. Realmente la distancia de separación entre los sitios no era muy grande. Simplemente había un pequeño conjunto de árboles que separaban los dos lugares y hacían de barrera.
La tradición raoista mandaba que ellos debían formar parte de la multitud, en vez de separarse de ella. Eso no evitó que se colocaran a primera línea.
Esta vez sí, Kara detectó a los conspiradores cerca de ellos. Los saludó disimuladamente y ellos devolvieron el gesto.
Se sentaron en el suelo de piernas cruzadas y empezó el ritual de meditación. Mientras William iba murmurando oraciones de vez en cuando, ellos cerraban los ojos y se mantenían en silencio rezando a Rao. Se suponía que debían pasarse cerca de dos horas así. La mayoría de niños no solían participar en esos rituales porque era difícil tenerlos así durante tanto tiempo, pero parecía que el pequeño Levi era completamente capaz de hacerlo.
Fue cuando el silencio por fin invadió el lugar cuando Kara pudo oírlo por primera vez. Un leve tintineo cerca de ellos. Le prestó atención. Era el mismo sonido que hacía un arma pequeña enfundada como un cuchillo. Nadie debería llevar un arma mientras durara la ceremonia. ¿Habría alguien que quería sabotearlo?
Pasaron quince minutos y el tintineo no había cambiado. Hasta que Kara oyó perfectamente como el propietario del arma la desenfundaba. Se levantó rápidamente alerta y se encontró a Leslie abalanzándose contra Lars cuchillo en mano. Kara se lanzó contra ella empujándola fuera de la multitud que hasta ese momento no se había dado cuenta de nada. Leslie se levantó confundida mirando a Lars y después, a Kara. La familia real ya se estaba levantando asustada. La rubia se colocó entre Leslie y ellos. La otra mujer se abalanzó sobre ella con el cuchillo por delante. No luchaba mal. Kara tuvo que hacer algún esfuerzo para esquivar sus ataques. Finalmente, consiguió agarrarle el brazo armado. Le quitó el arma y la mandó contra el suelo inmovilizándola. Por fin, llegaron los soldados.
Kara retorció los brazos de Leslie para que no pudiera moverlos y la obligó a levantarse.
- Lleváosla. - les ordenó Kara entregando a la mujer. Se acercó levemente a ella. - Luego hablaremos tú y yo. - le susurró antes de que la alejaran del sitio.
Lena agarraba a Levi contra su costado. El niño estaba temblando. No estaba siendo un buen día para él. Primero, Kara y, luego, esta mujer. Intentó calmarlo, pero claramente no estaba funcionando.
La rubia se acercó a ellos analizando si estaban bien. Y lo estaban.
William se acercó hasta ellos alarmado también.
- ¿Creéis que podemos continuar con el ritual? - preguntó claramente preocupado por su salud, pensó Lena en tono irónico.
- William. - lo riñó Kara.
Lena los ignoró y se arrodilló delante de Levi quien ya estaba siendo consolado por Lars. El pequeño gimoteaba abrazado al mayor. Al final, pareció que el pequeño pudo calmarse lo suficiente como para continuar.
Volvieron a sus posiciones y nada más grave volvió a pasar.
Pero, por precaución, Lena propuso que la familia real se refugiara en el antiguo palacio hasta los rituales a Amate al anochecer. A Kara le había parecido una buena idea y se había unido a ellos también.
Se situaron cerca de la fuente donde la rubia se había escondido una vez de pequeña. Levi se entretenía mirando los peces que había en el pequeño estanque donde desembocaba el agua de la cascada y preguntándole a su hermano mayor cual eran los diferentes tipos. Lena los miraba embelesada a su lado.
Kara estaba apoyada en un árbol observándolos de brazos cruzados a unos metros de distancia. La morena se separó de los niños y se acercó a ella seria.
- ¿Debería darte las gracias? - preguntó una vez estuvo a su lado mirando en dirección a los otros dos.
- Haz lo que quieras. - contestó Kara sin mirarla.
- ¿Qué le has dicho? - la interrogó Lena.
- ¿A quién? - preguntó confundida.
- A esa mujer.
- Nada importante. Solo que acababa de cometer traición. - respondió Kara encogiéndose de hombros.
- Cuando enciendan las hogueras de Amate, volveremos a la fortaleza. Ya nos traerán la carne bendecida. No quiero arriesgarme a exponerlos a más peligro.
- Me parece bien. -asintió Kara. Se hizo un instante de silencio entre las dos. - Parece que Levi ya está mejor.
- De momento, sí. Pero no me extrañaría que se lo estuviera guardando. En cualquier momento, podría echarse a llorar. Supongo que lo hará cuando volvamos a casa. - suspiró Lena.
Kara volvió a asentir pensativa comprendiendo lo que le decía la morena.
- Voy a buscar algo para beber. ¿Queréis algo? - le preguntó Kara enderezándose y separándose del árbol.
- ¿Puedes traer algún zumo para ellos? - le pidió la morena.
- ¿Vino para ti?
- No, zumo también.
Con la lista ya hecha, Kara se alejó hasta las cocinas del hospital donde llenó tres vasos con zumos y uno con vino. Los colocó sobre una bandeja de madera y volvió tras sus pasos. Lena había vuelto al lado de los niños. La rubia les entregó sus vasos. Agarró el suyo y volvió a separarse de ellos colocándose bajo el mismo árbol donde estaba antes. Apoyó la espalda contra él y se dejó caer. Se concentró en su vaso de vino del que iba bebiendo pequeños sorbos de vez en cuanto mientras se sumía en sus pensamientos. De pronto, algo impactó contra su costado casi derribándola contra el suelo. Afortunadamente, consiguió equilibrarse y evitar que, del golpe, cayera todo el líquido del vaso.
- Gracias. - oyó la voz le pequeño Levi encima de ella.
Kara lo agarró de la parte de detrás de la camisa, lo separó de ella y lo empujó suavemente lejos.
- Solo era un poco de zumo. - murmuró Kara sin mirarlo y volviendo a su posición original.
Pero el pequeño no entendió el gesto y se le volvió a echar encima.
- Gracias por salvar a mi hermano. - dijo el pequeño con la cabeza enterrada en su cuello. Kara pudo notar como se humedecía su cuello. Genial, el niño estaba llorando encima de ella. La rubia no podía estar más incómoda.
Miró en dirección a Lena y Lars. Se encontró a Lena sonriendo, mientras Lars los miraba enfadado y serio de brazos cruzados.
- Está bien, chaval. Solo hacía mi trabajo. - dijo Kara golpeando suavemente la espalda del niño. - Creo que Lars quiere decirte algo. - mintió. - ¿Por qué no vuelves con él?
El niño salió rápido de su escondite frotándose los ojos y volvió corriendo junto a su hermano.
Kara solo bufó por fin liberada de su abrazo.
*/*/*/*
Tal y como había dicho, Lena y los niños se fueron nada más encendieron el fuego de Amate. Kara organizó a los soldados para que los protegieran durante la vuelta y cuidaran del palacio real en la fortaleza. Ella se iba a quedar para acabar el día del solsticio.
A pesar de ser un ritual a Amate, un dios antiguo, el sitio estaba lleno de raoistas. No había nada como vino y carne acabada de cocinar para atraerles, pensó divertida Kara. Había diferentes grupos de hogueras repartidas por todo el sitio que rodeaban a la hoguera principal de Amate que ya estaba encendida. También había diferentes mesas con gente bebiendo y comiendo. Kara calculaba que no quedaba mucho para que empezara la fiesta de verdad.
Se había sentado en una mesa junto a Alex, Kelly y el pequeño James. Prácticamente la estaban ignorando. La rubia tampoco se sentía ofendida. No tenía ningún interés en relacionarse con ellos tres. También estaba Nyssa junto a ella.
- ¿Así que esto hacen los theranos los días sagrados? ¿Emborracharse y comer? - preguntó con algo de repulsión una vez hubieron acabado de cenar. La gente empezaba a levantarse y a bailar alrededor del fuego.
- Más o menos. - sonrió Kara.
- Ahora entiendo muchas cosas sobre ti. - se burló la otra rubia.
- No me juzgues. Una vez has probado la buena vida, no puedes dejarla. - rio Kara dando un sorbo de su vino.
- Si a esto lo llamas buena vida… - se mofó Nyssa. - Yo también me voy a ir. No comparto tu interés por este espectáculo.
- Qué descanses. - se despidió Kara cuando la otra se levantó.
- Igualmente, aunque realmente dudo que vayas a dormir mucho esta noche. - rio Nyssa.
- Quizá Rao me sonría. - la acompañó Kara.
Nyssa se fue dejándola sola. Se aburría, así que se acabó su vino y se levantó a dar vueltas por el lugar. La fiesta no tardó en llegar a su punto álgido. La gente ya estaba empezando a buscar con quien pasar el resto de la noche.
Cuando volvió a su mesa se encontró, como esperaba, con que Alex y el resto ya no estaba allí. Así que literalmente no le quedaba ningún motivo para quedarse allí. Volvió a dar vueltas por el lugar. Había echado el ojo a un par de personas ya.
Mientras paseaba sola, eligiendo a quién acercarse primero, una chica unos años más joven se le acercó y empezó a hablar con ella. Le resultaba familiar.
- Buenas noches, majestad. - sonrió coqueta.
- Buenos noches. ¿Tengo el placer de conocerte? - sonrió Kara confiada.
- Hace muchos años ya. Fue antes de que os fuerais a Krypton. - explicaba ella. - ¿Recordáis la noche en la que detuvisteis a la antigua voz de Rao? Mi padre es el gobernador de Koron.
Un flash cruzó por su mente ya algo nublada por el vino. Recordó al hombre intentando convencerla para que se casara con su hija, la que tenía ahora en frente de ella. Vaya, viendo como había crecido la cría, quizás debería haber aceptado la propuesta.
- ¡Cierto! Ahora os recuerdo. Siobhan, ¿no? - sonrió Kara. La chica asintió.
- ¿Queréis vino? - le preguntó la chica sonriendo.
Kara asintió. Siobhan la agarró del brazo y la arrastró hasta una mesa vacía con una jarra de vino y unas copas. Se sentó a su lado, pegada a ella. Quizá Rao sí que le iba a sonreír esa noche.
Estuvieron un rato hablando y bebiendo vino. Cuando el alcohol ya dominaba sus cabezas, se unieron al resto de la gente que bailaba alrededor del fuego.
Kara perdió la noción del tiempo allí con la chica. Ella no se movía mal. De hecho, se movía extremadamente bien pegada a ella, con sus manos acariciando su cuerpo. Sus caderas se rozaban continuamente. Las manos rozaban los sitios adecuados jugando, provocándola, pero sin llegar a hacer nada. La rubia no veía el momento de buscar un lugar lo suficientemente privado.
La temperatura en su cuerpo subía. La tensión se estaba empezando a acumular en su vientre bajo. Después de más y más baile, llegó un momento en que realmente lo necesitaba ya. Agarró a Siobhan del brazo y la arrastró hasta los árboles a un lugar oscuro. Se lanzó contra sus labios. La otra la recibió encantada. Kara empezó a meter las manos por debajo de la camisa de Siobhan cuando ella le agarró las manos.
- ¿Qué pasa? - preguntó Kara confundida.
- Lo siento, majestad. Yo soy raoista y esto… Esto es demasiado pronto para mí. - respondió la chica mirando al suelo avergonzada.
Kara se separó de ella gruñendo.
- ¿De verdad vas a hacerme esto? - preguntó enfadada.
La chica asintió sin mirarla y se fue corriendo dejándola sola.
Perfecto, Rao se acababa de reír en su cara. Debía ser una venganza o algo por el estilo. Volvió a la fiesta para ver si podría encontrar allí a alguien que le ayudara con la tensión acumulada en su entrepierna, pero parecía que allí todos estaban servidos. Tampoco era cuestión que corriera la voz por la capital que la reina regente se paseaba desesperada por encontrar a alguien con quien pasar la noche.
Se le acababan las opciones esa noche. Tendría que ocuparse ella misma del asunto. Así que emprendió su vuelta a la fortaleza. Consiguió que unos soldados la llevaran con un bote. No estaba en condiciones de dirigir ninguna embarcación con el alcohol corriendo por sus venas y su cerebro centrado en otras cosas.
Dando tumbos, llegó hasta el palacio real donde había los guardias apostados. La dejaron pasar y emprendió el camino de subida hasta su ala. Llegó al rellano donde el edificio se dividía. A su derecha se subía hasta su zona, mientras a la izquierda era el camino al ala de Lena. ¿Estaría todavía despierta? No, Lena era un lugar donde no debería volver a caer. Pero, ¿de verdad iba a acabar esa noche sola?
Cogió el camino a su izquierda. No tenía ni idea de dónde estaba la habitación de la morena. Fue abriendo puerta por puerta. Como agradeció que los niños tuvieran sus habitaciones en otra parte del edificio. ¿Cómo les iba a explicar que por la noche iba dando tumbos abriendo puertas por el palacio?
Finalmente, dio con la adecuada. Lena todavía tenía las luces encendidas. Estaba tumbada en su cama en una habitación que no era extremadamente grande. Se levantó nada más ver a la rubia allí. Se acercó a ella preguntándole qué hacía allí, pero la rubia se abalanzó sobre ella besándola.
*/*/*/*
Lena estaba tumbada boca arriba con Kara escondida todavía entre sus piernas limpiando los restos de su reciente orgasmo. La morena todavía estaba intentando volver a conectar sus neuronas. ¿De verdad, después de tanto tiempo, por fin había vuelto a estar con Kara? A pesar del contexto, no podía evitar hacerse ilusiones. ¿Por qué había aparecido la rubia en su habitación? ¿La habría echado de menos también?
Kara se apartó de ella satisfecha y se tumbó boca arriba unos instantes a su lado. Miraba fijamente el techo. Fue entonces cuando Lena pudo observar perfectamente los tatuajes que tenía por el cuerpo. Eran símbolos de los antiguos dioses. ¿Desde cuándo Kara había empezado a rezarlos tanto como para tatuárselos? Encima de su pecho, en el lugar del corazón, tenía tatuados los símbolos de Eram, diosa del mar. En su hombro derecho se entrelazaban los símbolos de Tire, dios de la paz, y Erit, dios de la guerra.
Lena se inclinó levemente dirigiendo su mano hacia los que tenía más cercanos, queriéndolos acariciar. Todavía estaba sumida en las sensaciones del orgasmo. Pero apenas tuvo unos segundos más para observar esos tatuajes. Kara se levantó de la cama y empezó a vestirse dándole la espalda.
- ¿Dónde vas? - le preguntó Lena confundida.
- A dormir, ¿dónde quieres que vaya? - se burló.
Lena se quedó en silencio sintiéndose abandonada. Allí estaba ella tumbada en su cama desnuda y Kara se estaba marchando nada más había conseguido lo que quería. Se estaba vistiendo haciendo esfuerzos para que Lena no se cruzara en su campo visual. Tenía prisa para irse. Era casi humillante.
Kara acabó de vestirse en silencio y se fue hasta la puerta de la habitación que abrió.
- ¿De dónde has sacado esos tatuajes? - preguntó antes de que la rubia se fuera. Todavía no la había ni mirado una vez desde que se había levantado de la cama.
- Perdí una apuesta. No pienses cosas que no son. - respondió seria de espaldas a ella. Despareció sin decir nada más cerrándola de un golpe seco.
*/*/*/*
Kara estaba de mal humor la mañana siguiente. Se había despertado temprano porque había dormido muy mal. Estaba a punto de cruzar la puerta del comedor cuando una pequeña espada de madera intentó golpearla en el estómago. A pesar de estar medio dormida, consiguió agarrar el objecto antes de que impactara.
El pequeño Levi era el que la estaba empuñando.
- ¿Qué haces? - gruñó Kara tirando del objecto y arrancándoselo de las manos. Lo lanzó a algún lugar de la sala.
- Quiero que me entrenes. - contestó el pequeño decidido.
- ¿Cómo? - preguntó Kara sorprendida.
- Quiero ser tan fuerte como tú para proteger a mi hermano.
Kara se echó a reír y se fue del palacio sin contestar al pequeño.
*/*/*/*
Kelly y Lena estaba reunidas en la residencia de las Danvers al día siguiente. Estaba trabajando en diferentes estrategias para cerrar el burdel. Era plena noche. Los niños estaban todos durmiendo después de la vuelta a la rutina.
Alex llegó quejándose. Por lo visto, Nyssa llevaba unos días obligándola a quedarse trabajando hasta tarde. La acompañaron mientras cenaba.
- Creo que hay algo que tienes que contarnos, Lena. - dijo Kelly en algún punto de la cena.
- No sé a qué te refieres. - intentó disimular ella el estado mental que arrastraba desde el día anterior.
- Llevabas todo el día que parece que te tengas a poner a llorar en cualquier momento. - insistió Kelly. - ¿Es por lo que le pasó a Lars ayer?
No, no era solo eso. Kara la había ignorado todo el día. En la reunión, ni la miró. Intentó perseguirla para hablar con ella, pero le dio esquinazo.
- Sí. - dijo la Luthor sollozando.
- ¿Seguro que es eso todo? - le volvió a preguntar ella.
- No. - respondió Lena echándose a llorar esta vez.
- ¿Qué ha pasado? - la abrazó preocupada Kelly.
- Kara llegó ayer a mi habitación borracha y me besó. Y yo no puede negarme. Sabéis lo mucho que la he echado de menos estos años, todo lo que me ha dolido tenerla lejos. Nos acabamos acostando. No os podéis imaginar lo ridícula que me sentí. Kara ni me miraba. No creo que ni se diera cuenta de… de… - dijo Lena echándose a llorar todavía con más intensidad.
Alex y Kelly la rodearon con sus brazos consolándola.
- ¿Quieres que hable con ella? - gruñó Alex una vez Lena les hubo acabado de contar todo.
- No, Alex. Esto es entre ella y yo. - pidió Lena.
- Si es lo que quieres… - respondió seria Alex. - Pero quizás le deberías contar todo.
- ¿Para qué, Alex?
