Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,
sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.
Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.
Entrando en la recta final de esta Historia... Gracias mil a los lectores. Un beso!
Capítulo 43
Ichigo
Llego a casa cerca del amanecer. Me quito la chaqueta y subo hacia mi cuarto
intuyendo que Rukia está dormida, pues hace una hora que no sé nada de ella. Se ha
pasado casi toda la noche escribiéndome, preguntándome si estaba bien. No puedo
ignorar su miedo. Y que mi forma de vida no le gusta. La entiendo, pues cada vez que
ha estado en peligro creí que me moría. Sobre todo ayer por la tarde. Cuando Rukia
fue llamada a declarar, Ikkaku me informó que estaba en la comisaría. Le dije que iba
hacia allí, no entendía por qué Aizen la llamaba a declarar cuando yo le había pedido
que no lo hiciera hasta que yo estuviera delante, teniendo en cuenta que lo que Rukia
iba a descubrir de su familia la iba a impactar.
Me prometió que no haría nada, por eso me mosqueó que la llamara, seguí mi
instinto y dejé lo que estaba haciendo para venir a ver qué pasaba y para estar a su
lado cuando supiera la verdad de su familia. Cundo supe quién era su madre y que era
posible que llegaran a ella de alguna forma los de la banda de ''Arrancar'' cogí el collar
que había comprado para ella y lo manipulé con un amigo joyero para que le instalara
el GPS y un micro sin que nadie se diera cuenta. Las fotos que se hizo Rukia para esa
joyería seguían mosqueándome porque era innegable el parecido de Rukia y su madre
y me daba miedo que antes de ser retiradas alguien que no debía en las hubiera visto y
atado cabos. No he escuchado nada de Rukia a menos que Ikkaku pensara que corriera
peligro, cosa que en este tiempo no ha sido así. Llegué cuando Ikkaku ya iba tras el
coche de Aizen y se iban. Sólo me dio tiempo a dejar el mío en doble fila y correr al
lado de Ikkaku para seguirlos. Había estado llamando a Rukia y no me lo cogía. Conecté el
micrófono de Rukia usando mi móvil y entonces escuchamos la conversación. Al
principio no decían nada, pero el camino elegido era tan raro que eso no me dejaba
más tranquilo. Pero no tenía por qué desconfiar de Aizen, era mi jefe. Un hombre
tranquilo, tal vez había encontrado algo importante de la familia de Rukia y quería
mostrárselo y, por si no fuera ese el caso, era mejor no dar un paso en falso hasta
estar seguro de que Rukia no corría peligró. Así me lo decía mi instinto. Y entonces
hablaron de nuevo y escuché como le decía que quería matarla, vimos
como la apuntaba con un arma y la golpeaba. Y supimos que si hacíamos un mal
movimiento Rukia podría resultar muerta. Ikkaku es muy bueno en lo que hace y los
siguió con prudencia sin que nos vieran, sin dar las luces del coche y sin ir muy
rápido para que no se percatada de nuestra presencia. Más cuando entró en ese
camino de tierra. Estaba aterrado y cuando escuché la historia que, por supuesto,
estaba grabando creí que me moría de preocupación. Me quedé bloqueado, no sabía
cómo salvarla, temiendo escuchar el disparo en cualquier momento. Rukia estaba
haciéndole muchas preguntas para ganar tiempo, o para encontrar la forma de huir.
Pero Aizen lo tenía bien planeado. Cuando se pararon, lo hicimos igual, y salimos del
coche para sumergimos entre la espesura del bosque y usarlo a nuestro favor. Sólo
teníamos una oportunidad para salvarla e Ikkaku propuso que si disparaba él, que
llevaba el chaleco, se tiraría para protegerla y yo para atrapar a Aizen. Era arriesgado
pero las opciones eran pocas. Todo era cuestión de un segundo. En un instante podría
salvarla o podría ver cómo la mataban ante mis propios ojos. Juro que nunca en mi
vida he sentido tanto miedo. Bueno, cuando la vi con Kugo, pero éste quería jugar con
ella y tenía la opción de llegar a ella antes de que se fueran. En la voz de Aizen había
notado que la quería muerta costara lo que costara para salir indemne una vez más de
todo aquello. Y entonces disparó antes de que tuviera opción de pensarlo más y
Ikkaku se tiró hacia Rukia y yo hacía Aizen. Y, por suerte, salió bien, pues la vi viva
mientras peleaba con Aizen. Mi suerte ya no importaba, pero tampoco pensaba dejar
que ese cabrón me hiciera nada. Pensaba hacer que pagara por todo lo que había
hecho, en especial por tratar de matar a la mujer que amo.
Me cuesta creer que todo haya acabado y que Aizen nos haya estado engañando
todo este tiempo. Pero si soy sincero, prefiero que sea él a Byakuya, ya me costaba
aceptar que fuera el culpable y mi instinto me decía que, pese a las pruebas, una parte
de mi seguía creyendo en su inocencia. No pensaba dejar de investigar para saber si
estaba en lo cierto. Y entonces me di cuenta de que hacía tiempo que había dejado de
temer que la gente me engañara de nuevo por lo que me hizo mi padre. Pues con Rukia
nunca había dudado de que no fuera de los suyos y con Byakuya seguía pensando que
había más cosas que las que eran evidentes.
Fue entonces cuando sentí que el peso que había llevado sobre los hombros desde
hace tanto tiempo no estaba. Era libre de nuevo, y era yo. Sin dejar que un ser
miserable me quitara más años de vida, amargado, pensando en que todo el mundo
puede hacerte daño. Pues la gente puede herirte pero no todo el mundo es igual. Y si
hubiera seguido llevando una vida a medias nunca hubiera sentido lo que siento por
Rukia.
Entro en el cuarto y la veo dormida sobre mi ordenador portátil, con el móvil en la
mano y la luz encendida. Es evidente que ha tratado de esperarme. Y la preocupación,
pese a estar dormida, es visible en su bello rostro. Pero ya no más. Hoy me he dado
cuenta de muchas cosas. Le quito el portátil el móvil y, por último, el collar que le
regalé.
—Ichigo —Rukia abre sus somnolientos ojos violetas y pone su mano sobre la mía
—. ¿Por qué me lo quitas? ¿Sólo era para seguirme?
—Sigue durmiendo, Rukia —los ojos le pesan y los cierra, tal vez para que no vea el
pesar cruzar su mirada.
—¿Te vas a volver a ir? —me pregunta con temor.
—No, he vuelto para quedarme.
Rukia se queda en silencio y noto como tiembla.
—Tengo frío... el frío no se va.
—Ahora vengo —asiente, más dormida que despierta.
Salgo del cuarto sabiendo que el frío que Rukia siente en el pecho es el mismo que yo
he sentido cuando creí que la perdía y que por mucho que la abrace esta noche ese
helor no desaparecerá.
Es hora de tomar decisiones.
