El Red Sky no era el primer club que regentaban Becca Pramheda y Russell Lightbourne en Scranton Crow, pero si el primero que compartían con alguien tan peligroso e importante como Paxton McCreary.

De hecho cuando Becca inició las negociaciones con él y le propuso a Russell ampliar el negocio, a este no se le pasaba por la cabeza que alguien como McCreary quisiese entrar entrar a formar parte de sus negocios.

Tanto Becca como Russell eran propietarios de algunos pequeños locales y negocios por toda la ciudad, algunos de ellos pubs nocturnos y clubs parecidos al Red Sky aunque quizás con clientela algo menos selecta.

Solía haber cola para entrar en la puerta principal del Red Sky casi cada noche y un par de gorilas custodiaban la entrada encargándose de que nadie diese demasiado problemas a las chicas.

Becca dirigía el lugar con mano de hierro y de forma inflexible. Era ordenada, metódica y productiva y eso era lo que hacía que el negocio funcionase para ella y para sus socios tan bien.

Charmaine Diyoza era la jefa de seguridad del lugar y sus chicos como a ella le gustaba llamarles trabajaban bien, eran eficientes, le obedecían y le eran leales cosa realmente importante para ella.

Las chicas que trabajaban allí ya fuese bailando, en los reservados o fuera del club se llevaban una buena pasta a la semana, las condiciones no eran tan malas como muchas sabían que podrían ser y la seguridad era relativamente buena desde que Diyoza había abandonado el Imperium, otro de los clubs de Russell y se había instalado como su mano derecha allí.

Todos sabían que Russell Lightbourne era un mal tipo capaz de cualquier cosa con tal de sacar beneficio pero la verdadera tirana y quien manejaba los hilos como cabeza pensante era Becca Pramheda.

Ella era la cabeza pensante de todas y cada una de las actividades que se llevaban a cabo relacionadas con el club y Russell era uno de esos viejos chicos malos que había adquirido fama y dinero traficando en las calles y que había llegado a algo más de lo imaginado por distintos golpes de suerte que la vida le había destinado. Entre ellos su asociación con Becca.

Poco tiempo después de conocerla y que ella comenzase a proponer y a tener voz y voto en sus asuntos, sus ingresos se dispararon sobremanera y Russell supo que había encontrado la horma de su zapato.

Un autentico diamante en bruto.

El asunto era que el negocio del sexo, las drogas y las carreras ilegales eran negocios arriesgados y sustanciosos pero incluir a McCreary en esa mezcla hacía que las cosas tomasen otro nivel.

Era un tipo ambicioso, duro y peligroso al que todos incluido ellos sabían que no debía intentar joder. Al menos no, si no querían aparecer muertos en cualquier vertedero de las afueras de la ciudad rodeados de toda clase de mierda y basura.

McCreary llegaría a la ciudad en unos días queriendo ver los resultados de su fructífera inversión, y con un cargamento de drogas mayor del que nadie había visto en Scranton Crow desde hacía ya mucho tiempo.

Desde hacía más de dos décadas, Russell se había hecho con un nombre y una reputación en las calles, derrocando a su predecesor en el negocio de la droga e introduciendo poco a poco el mundo de las carreras ilegales en Scranton Crow, pero ahora que McCreary planeaba llegar para quedarse en la ciudad, Russell se conformaba con un porcentaje sustancioso y que McCreary dominase el negocio de la droga evitándole algunos quebraderos de cabeza a él que seguiría sacando tajada del asunto después de todo.

Becca y Russell tenían a buena parte del Departamento de Policía de Scranton Crow comprada, y Becca y él sabían que hilos tocar para que nadie reparase en sus asuntos pero algo había salido mal hacía unos meses atrás.

Alguien importante había resultado herido, y alguien más había muerto haciendo que la prensa local destapase algunos jirones de aquella trama de corrupción y decadencia haciendo que Asuntos Internos pusiesen directamente los ojos en ellos trayendo su propio equipo de fuera de la ciudad para que no hubiesen dudas de su eficiencia ni de la corrupta implicación policial que sospechaban que existía.

Russell estaba informado de ello y había estrechado su circulo aún más junto a Becca de quien entraba y salía de su local. Ahora solo la clientela habitual podía pisarlo y salvo previa invitación de confianza ya fuese de ellos o de alguien del personal, el Red Sky estaba dispuesto a mantenerse apartado de miradas ajenas.

Por ello Clarke sabía lo importante de su trabajo allí, y entendía que su conexión con Lexa la vinculaba no solo directamente al club y a la gente que iba a él sino que además le abría las puertas a un mundo que para ellos era del todo ajeno.

Raven Reyes que estaba sentada frente a ella en el sofá de la pequeña casa que desde hacía meses le había sido designada como parte de su tapadera en la ciudad, no daba crédito a lo que oía salir de la boca de la otra rubia agente.

—Me... me tomas el pelo, ¿verdad? —le preguntó Raven sin dejar de mirarla con los ojos como platos con una taza de café entre las manos.

—Lo tengo muy jodido, ¿no? —dijo Clarke sin atreverse del todo a mirarla hundiéndose en el otro sillón frente a ella.

Raven que enmudeció al darse cuenta de que todo lo que le había contado iba en serio, la escruto con la mirada en profundidad y tras unos segundos dejo la taza sobre la mesa y se puso en pie dirigiéndose a la ventana.

Clarke que la siguió con la mirada por el salón supo que estaba metida en un buen lío.

—Raven, di... dime algo... —se atrevió a decir Clarke tremulamente viendo a su amiga darle la espalda apoyandose del marco de la ventana.

Raven que apoyó las manos del blanco dintel sintió su cuerpo temblar ligeramente tenso, tratando de controlar las emociones y las sensaciones que la abordaban en aquellos instantes presa de algo más que de impotencia.

—Raven... —murmuró la rubia tragando lentamente sabiendo que aquel silencio no presagiaba nada bueno.

La aparente mecánica se volvió tras unos segundos y en cuanto sus ojos recayeron sobre los de Clarke, esta supo que había hecho mal en siquiera plantear el tema con ella.

—¿Tú... —comenzó diciendo Raven con dureza en la mirada realmente afectada por lo que ella le había contado acerca de dejar el caso y contarle a Lexa la verdad sobre quien era ella—. ...tú te haces siquiera una idea, una sola idea, Clarke de lo mucho que algunos de nosotros hemos sacrificado para venir aquí y destapar este caso?

—Ya, ya lo sé... —musito Clarke con actitud vencida dejando caer la cabeza hacia delante apoyándola sobre sus manos.

—¡Pues no lo parece, Clarke! ¡En absoluto lo parece! —le espetó Raven de lo más afectada, seria y acusadora —. ¡No puedes decirle quien eres a Lexa Woodward, ¿me oyes? ¡No puedes hacer eso!

Clarke meneo la cabeza enterada en sus manos soportando estoicamente sus gritos, y en el fondo supo que su amiga llevaba toda la razón.

Raven lejos de mostrar su comprensión, estaba realmente dolida y enfadada, desbordada y nerviosa por la situación.

—¡Tú... tú perderías tu trabajo y probablemente la confianza de todo el puto departamento de Asuntos Internos, Asuntos Internos, Clarke! ¡No estamos hablando de ninguna broma! ¡Y de nada valdría todo lo que yo he hecho! ¡Y créeme, no te haces una idea de la mitad de lo que he tenido que hacer para que ese capullo de Russell confiase en mi! —le recordó ella inflexible temblando de pura impotencia sabiendo en la clase de situaciones comprometidas en las que se había visto abocada en los últimos meses, muchos más que Clarke para conseguir infiltrarse en el taller y en el mundillo de Sinclair y poder obtener así toda clase de información—. ¿Sabes lo difícil que es que le ofrezcan a alguien como nosotras la oportunidad de pertenecer a un departamento así nada más salir de la Academia? ¿no teniendo recomendación alguna y viniendo de la puta nada?

Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Raven lentamente mientras la rabia se apoderaba de ella señalando a su amiga.

—¿Lo mucho que las dos hemos trabajado para demostrarle a la mayoría de esos cerdos misógenos que estamos a la altura de lo que se espera de nosotras porque somos algo más que solo unas caras bonitas?

Clarke cerro sus ojos aguantando el chaparrón que estaba cayéndole por parte de su compañera sabiendo que llevaba razón en todo lo que le decía y recordando todos los sacrificios que ambas habían hecho para conseguir llegar hasta allí, especialmente Raven que llevaba infiltrada en el caso muchísimos más meses que ella trabajándose la confianza de Sinclair y sobretodo de Russell.

Raven que estaba más allá del enfado se volvió llevándose el dorso de la mano bajo la nariz para reprimir las lágrimas y trató de respirar hondo para calmarse.

Clarke que trago lentamente al verla así se levantó del sillón yendo a dar con ella.

—No puedo dejarte joder esta oportunidad Clarke —dijo Raven temblando al volverse lentamente para ver a su amiga a los ojos—. No puedo dejar que ese cabrón se salga con la suya sabiendo todo lo que sé ahora, por favor no lo fastidies.

Clarke que se acercó a Raven la abrazó sabiendo que en todo esto ella era quien más había tenido que perder, Lexa era agradable, accesible, divertida y espontanea, Russell por su parte era peligroso, irascible y duro y Raven había sido la encargada de acercarse a él en lugar de ella.

Entendía su reacción, de verdad que la entendía y sabía que McCreary al igual que Russell y Becca merecían estar entre rejas por todos los delitos que habían cometido y seguían cometiendo impunemente.

—Yo también deseo dejar este caso Clarke, créeme que lo deseo mucho más que ninguno de nosotros —le dijo Raven sorbiendo un poco sus lágrimas haciendo por separarse y mirarla a los ojos—. Aguanta un poco más, en cuanto McCreary este aquí, Anders dice que todo será diferente. Que irá todo más rápido y le trincaremos, esta vez esos hijos de puta no se saldrán con la suya —le imploró Raven viéndola a los ojos afectada—. Además, ¿qué... qué pasa con Niylah? ¿qué le vas a decir?

Clarke que bajo la mirada con pesar trago despacio sintiendo una punzada en el corazón.

—La verdad —respondió la rubia sincera—. Que ahora me gusta otra persona, y que hace tiempo que pienso que nuestra relación no conduce a nada para ninguna de las dos.

—¿De verdad tanto te gusta esa chica que estás dispuesta a sacrificar tu trabajo y tu relación de tres años por ella? —acabo preguntando Raven quedandosela viendo a los ojos algo vencida retirándose las lágrimas antes de respirar hondo para obligarse a calmarse.

Clarke lo tuvo claro y asintió con la cabeza a las palabras de su amiga.

—Nunca he sentido nada como lo que siento cuando estoy con ella.

Raven que se la quedo viendo largos segundos supo bien a lo que se refería y quiso ponerse por un segundo en su piel, y aunque le costó un poco hacerlo bajo la mirada asintiendo despacio apartándose de Clarke para ir a sentarse en el sofa. Necesitaba asimilar todo aquello y calmarse antes de poder acudir esa mañana a trabajar al taller.

—Entonces será mejor que encontremos la forma de terminar cuanto antes con todo esto —murmuro Raven finalmente con actitud algo vencida sabiendo en el embrollo que estaba metida su amiga y en el que pronto por querer ayudarla se iba a ver metida ella.

No sabía como iban a hacerlo sin perjudicar el caso, y sin fallar en su misión, pero alguna forma encontrarían la manera de hacerlo y de ayudar a su amiga en el proceso, decidió Raven no muy convencida del todo de poder hacerlo.

Continuara...