MATRIMONIO

.

NARUTO

.

.

Ha sido un día muy largo y aún no es mediodía.

Miro a Hina, mi compañera, mi todo, y estoy cansado. Muy cansado.

No es solo por la tormenta noli que resistimos anoche. Es saber que he estado muy cerca de perderla. Todavía podría perderla. Ella me está hablando ahora, sus manos son gentiles mientras me guía en la ducha, pero estoy completamente consciente de que somos frágiles en este momento.

Un movimiento en falso y ella se alejará de mí para siempre.

Me hace contener la lengua. Tengo miedo de decir algo incorrecto, así que quizás no debería decir nada en absoluto. Ella tiene razón al enojarse conmigo. He ocultado grandes secretos porque sabía que a ella no le gustaría. Que ella se enterara por Karui en vez de mí la ha herido. Es solo por su espíritu amable y amoroso que ella está conmigo ahora.

La observo mientras enjabona un paño, sus movimientos son rápidos y determinados. Aunque estaba recién bañada y vestida, se quitó la ropa y se unió a mí en la ducha. Cuando ella se estira para restregarme el pecho, me quedo quieto por sus atenciones.

—Sé que dije algunas cosas muy duras, Naruto. Fue un poco impactante escuchar todo lo que me estabas diciendo. Lo siento si herí tus sentimientos. —La tela jabonosa se mueve sobre mi pecho y mis brazos, y sus movimientos son rápidos, no sexuales. Ella me lava con feroz determinación, como si concentrarse en limpiarme de alguna manera le diera fuerzas. —Es solo... aquí está la cosa. Me has estado presionando para que confiara en ti, y luego descubrí que había un cuerpo enterrado en el patio trasero. Ponte en mi lugar. No importa cuán horrible sea una persona. Eso no es algo de lo que se pueda avanzar rápidamente.

—Entiendo.

Hinata levanta una de mis manos y frota la suciedad que se encuentra alrededor de mis garras.

—Ahora que he tenido tiempo de pensarlo, quería agradecerte. —Ella hace una pausa y me mira. —Por protegerme, incluso cuando no me di cuenta de que necesitaba protección.

No es lo que esperaba escuchar.

—¿Entiendo?

Sus dedos se mueven ligeramente sobre los míos, resbaladizos y húmedos, y aunque estoy tratando de tener pensamientos puros, mi polla se levanta con su toque.

—Sé que estabas actuando para salvarme. Gracias. Y solo quiero que sepas que no estoy enojada por todo lo de "matar a tu dueño". Si alguien me hubiera entregado un cuchillo y una oportunidad, yo también habría matado al mío. Eso lo entiendo muy bien. —Aprieta la boca y luego sacude la cabeza y vuelve a fregarme. Ella deja caer mi mano y cambia a la otra. —No estoy enojada.

—Tú... no estás enojada. —repito, porque sus palabras dicen eso, pero sus acciones enérgicas no son las gentiles y amorosas de la Hina de ayer.

—No estoy enojada, pero estoy en conflicto. —aclara, frotando mi otro brazo.

El agua caliente se derrama por su piel, haciéndola brillar, y no quiero nada más que molestar uno de esos pezones rosados con mi lengua y sentirla retorcerse. Mi polla está subiendo dolorosamente a pesar de la larga batalla de anoche, y Hina también se da cuenta de esto. Se aclara la garganta y hace gestos.

—Gira, por favor.

Me giro. Sospecho que lo estoy haciendo para apaciguar su sensibilidad. No es como si mi espalda estuviera cubierta de tierra.

Pero me giro porque Hina me lo ha pedido, y haré cualquier cosa por ella.

—Si bien no estoy enojada contigo. —continúa Hina. —Siento que estamos de vuelta al punto de partida. Ya no confío en ti. Tomará algún tiempo volver a donde estábamos antes. —Sus manos se deslizan por mi espalda lentamente, prácticamente una caricia.

Quiero señalar que cuando estaba aterrorizada de mí, no me tocaba, y ciertamente no se quedaba desnuda en la ducha conmigo y deslizaba sus manos húmedas y suaves por todo mi trasero. Hinata está herida, me doy cuenta, pero está equivocada. No hemos vuelto al "punto de partida". Pero no señalo eso, porque entonces ella dejará de tocarme.

—¿Qué quieres que haga?

—Gana mi confianza de nuevo. —dice simplemente mientras me lava. —Demuéstrame que puedo confiar en ti otra vez. —Hace una pausa y su voz se vuelve suave. —Quiero confiar en ti, Naruto. Yo solo... tengo miedo. Lo que más necesito es alguien en quien confiar, y si ese no eres tú...

Me giro y la enfrento, ignorando el latido de mi polla. Su cabeza está inclinada y se ve tan triste, tan sola. Tomo sus manos en las mías.

—Lo siento. Eran grandes secretos y no sabía cómo contarlos sin hacerte huir. Necesito darme cuenta de que ya no estoy solo.

Hina me aprieta las manos.

—Creo que podemos volver de esto.

—Sé que podemos. —le digo con confianza. Ya confía en mí mucho más de lo que piensa. Simplemente tengo que cortejarla de nuevo.

Ella asiente y sale de la ducha. La veo irse, lleno de anhelo.

—Puedes lavarte el resto.

—¿No me lavarás la polla? —No puedo evitar bromear. —¿Qué pasa si está terriblemente sucia?

—Entonces me preguntare qué demonios estabas haciendo en ese campo. —dice Hina con acritud.

Suelto una carcajada, y debido a que ella todavía me está mirando, me acaricio con mi mano jabonosa de arriba abajo. Se siente bien, pero lo que se siente mejor es que la mirada de Hina se clava en ese movimiento y sus labios se separan.

—No estaba cavando con mi polla, si eso es lo que estás preguntando. —Repito el movimiento, girando mi mano mientras alcanzo la punta para trabajar la corona, y ella se sonroja y se da la vuelta.

Tanto para nada. Contengo un suspiro. Aunque soy paciente. No voy a renunciar.

—Necesito que hagas algunas cosas por mí, Naruto —dice Hina, dándome la espalda.

—Cualquier cosa. Tú lo sabes.

—Si hago comida que no te gusta, necesito que me lo digas. No solo la comas porque trabajé en ello. Somos de diferentes especies. Yo haré lo mismo por ti.

—Entiendo.

—Y creo que quiero que duermas en otra habitación por unos días. No porque esté enojada, sino porque tener espacio me ayuda a pensar.

—También entiendo eso. —Más o menos. Pero si Hina necesita espacio, le daré espacio.

—Además, quiero que uses ropa alrededor de esa cazarrecompensas.

Mis cejas se fruncen. Esa parece una solicitud extraña. Deslizo mis manos jabonosas sobre mi estómago.

—Los gladiadores a menudo están desnudos. Es así para que el enemigo no tenga nada a lo que aferrarse...

—Sí, pero ella no es un enemigo. Ella es Karui... y no me gusto. No me gusto que estuvieras desnudo a su alrededor. —Hay una nota curiosa en la voz de Hina que casi suena como... ¿irritación?

¿Está celosa?

La esperanza florece en mi pecho. No tardare mucho en recuperar mi Hina.

—Si me pides que cubra a mi guerrero para que ella no se sienta abrumada por la magnitud, entonces estoy de acuerdo. Eso es sabio.

—Gracias. —dice Hina.

—No quiero que se enamore de mí. —agrego jactanciosamente.

Mi compañera me lanza una mirada irritada sobre su hombro que me hace reír.

Ah, sí. Ahí está mi Hina.

Y ella está celosa.

Continuará...

Perdón!! los dejé solitos unos días...

Veamos cómo sigue esto...