Este Fic es una adaptación de la novela "Déjame amarte" de Maruena Estríngana la cual les comparto sin fines de lucro,

sino para dar vida a mis personajes favoritos de Bleach pertenecientes al "Trol mayor" Tite Kubo. Espero lo disfruten.

Dentro de esta adaptación se han realizado algunos cambios para que se ajusten a los personajes de Bleach.

Último capítulo de esta Historia ... Gracias mil a los lectores. Un beso! Falta el Epílogo...

Capitulo 44

Rukia

La mujer de Byakuya entra en la sala de espera con un café y algo para comer.

Hace una semana que dispararon a Byakuya y yo fui secuestrada. Parece mentira

cómo han pasado los días y cómo sigo sintiendo el mismo miedo que sentí ese día.

Tal vez porque desde entonces Ichigo está de viaje ayudando a coger a todos los

integrantes de la banda y desalojando todos los pisos donde se llevaban a cabo las

ventas. Y si a esto le añadimos que nuestra despedida fue fría e inexistente, peor me

siento.

Cuando desperté, Ichigo ya no estaba y en su lugar había una nota que sólo decía que

regresaría a mí. En el fondo sentí que se alejaba porque había sabido ver en mis ojos

que no podía seguir a su lado sabiendo que se juega la vida cada día. Y que tampoco

puedo pedirle que deje su trabajo. Ahora mismo no sé qué camino debo tomar. Pero

no soporto esta angustia de estar todo el rato mirando el móvil, temerosa de que le

pase algo mientras dan caza a los componentes de la banda. Estoy cansada de sentir

este frío que me hace temblar y esta angustia que me tiene todo el día el corazón en

vilo. Cada vez que suena el teléfono respondo temblando y me tengo que sentar pues,

aunque no sean malas noticias, mis piernas me fallan por los nervios. No puedo seguir

así.

Al día siguiente de lo sucedido, la familia de Ichigo volvió para estar a mi lado,

todos se deshicieron en mimos una vez más. Lo agradecí, pero en mi mente estaba

Byakuya. Necesitaba estar a su lado, ahora que sabía que es mi padre y que llevaba

toda la vida buscándome y que no era malo, no quería estar lejos de él. Kaien y Masaki

me dieron unos días libres para que me recuperara, me costó aceptarlo y si lo hice fue

sólo para poder estar cerca de Byakuya. Desde entonces no me he despegado casi de

su cama o de su mujer, que cuando me vio aparecer me abrazó dejando claro que

sabía de mí y que se alegraba mucho de que estuviera aquí y que entendiera por lo que

estaba pasando. Y claro que lo entiendo. He pasado por mi casa lo justo y siempre

seguida por Ikkaku o uno de los suyos. Ahora que no se esconden voy directamente en

su coche. Ikkaku me contó todo y que si seguía velando por mí era porque no querían

que los componentes de la banda la tomaran conmigo. Habían evitado que la foto de

mi madre circulara por ahí, pero no se sabe si ellos ya conocían de mi existencia. No

me gusta saber que comparto sangre con personas así, por eso evito pensar en ello.

Para mí ahora mismo mi única familia es Byakuya, su mujer y la familia de Ichigo y

Miyako, la cual no sabe nada de todo esto pues está a punto de casarse y lo que menos

necesita es tener más quebraderos de cabeza. Hisana, que así es como se llama

la mujer de Byakuya, me ha contado muchas cosas de él mientras esperamos que despierte

del coma y que una vez más luche por su vida.

Me ha contado que lo conoce de toda la vida y que lleva enamorada de él muchos

años. Pero que la diferencia de edad, se llevan catorce años, y el que Byakuya no

quisiera arriesgarse de nuevo, hicieron que los años pasaran y solo fueran amigos.

Hisana ha estado siempre cerca de Byakuya y por eso cuando me hirieron de gravedad

tras encontrarme y luego darme por muerta y Byakuya creer que el disparo de verdad

me mató, ella no se separó de su cama.

Por lo que me dijo, Byakuya, aún estando herido, me buscó por la casa sin

encontrarme, hasta que una explosión de gas lo hizo salir por los aires y, despedido.

Salvó la vida de milagro y pudo huir sintiéndose un inútil por no haber podido sacar a

su hija. Ignorando que yo, herida y asustada, había huido antes de que él recuperara la

conciencia y prendieran fuego a la casa. Cuando me contó esto, pude ver el dolor que

ha sufrido mi padre y su angustia por estar tan lejos de mí y creer que me había

perdido. Hisana siempre ha estado a su lado y al fin Byakuya se dio cuenta de que se

aferraba a la luz que le trasmitía Hisana y no se quiso separar de ella más, aunque le

costó algunos años pedirle que fueran algo más y que se casara con él.

Se casaron hace siete años y, desde entonces, están buscando tener un bebé pero

hasta ahora no ha habido suerte. Pero nunca se sabe. Hisana tiene la esperanza de que un

día tendrán un hijo. Una noche me confesó que si no lo consiguen, quieren creer que

yo soy también parte de ella y que no la veré como a una madrastra mala. Sus ojos se

llenaron de lágrimas cuando visualizó su vida sin Byakuya y se dio cuenta de que se

quedaría sola, ya que sus padres viven lejos y tienen su vida hecha. Tal vez eso nos

unió más y le dije que no estaba sola, ni yo tampoco. Lo entendió y el tiempo que

hemos pasado aquí velando a mi padre nos ha unido más.

—¿Sabes algo de Ichigo? —me pregunta, sentándose a mi lado.

—No, llevo casi un día sin saber de él —miro el móvil en mi mano, una vez más

observo en el WassApp a qué hora se ha conectado y dice que hace poco. Lo que me

alivia y a la vez me enfurece porque no se digne a decirme nada.

—Estos hombres, cómo nos hacen padecer —trata de sonreír pero hace días que su

sonrisa no alcanza su mirada pues teme que cada hora que pase Byakuya esté más

lejos de despertar.

—Va a despertar, lo sé. No puedo poderlo ahora que lo acabo de encontrar.

Hisana toma mis manos y me da un apretón. En este tiempo he pensado muchas veces

en cómo hubiera sido mi vida si esa noche en la que Byakuya me encontró me

hubiera podido llevar con él. Por lo que he sabido, cuando se cercioró de que era yo

pensaba en secuestrarme y llevarme con él. Hacerme una prueba de sangre que

probara que era su hija, la que le robaron, pero mis padres regresaron antes de tiempo

y, asustados porque pudiera ser uno de la banda, por su relación con mi madre, le

dispararon. Si ellos no hubiera aparecido, esa noche mi vida hubiera sido

completamente diferente y mi destino hubiera sido venir a ese pueblo pero mucho

antes. Es increíble cómo hubiera acabado tomando este camino antes o después. Pero

tenía que ser después.

Hisana se pone de pie y miro hacia la puerta. En ella está el doctor que ha llevado el

caso de Byakuya. Nos mira sonriente y, por su mirada, sé que por fin va a decir lo

que tantos días llevamos esperando.

—Ha despertado.

Hisana no espera más y sale corriendo hacia el cuarto de su marido. Yo la sigo y el

doctor me pide que espere en la puerta pues sólo podemos entrar de una en una. Lo

hago, nerviosa, mientras escucho la voz dura de Byakuya y los llantos de Hisana que le

pide por favor que no le haga pasar más por esto. Me seco las lágrimas mientras

siento un nudo en la garganta. La puerta se abre y aparece Hisana, que me abraza con

fuerza aún temblando.

—Por fin, rukia, por fin está de vuelta —asiento—. Quiere que entres, te espera.

Asiento y abro la puerta. Veo a Byakuya con media cabeza vendada y no muy

buena cara. Lo miro a los ojos y dejo de ver a Byakuya el policía y veo a mi padre.

Me tiende una mano y me acerco hacia él para entrelazar sus dedos con los míos.

—Por fin estás a mi lado.

—Por fin —le respondo con la voz rota.

—Esta vez no dejaré que nos separen, estamos juntos al fin —me dice, con la voz

muy dura y aún adormilada.

Me mira con los ojos llenos de lágrimas. No nos parecemos en nada, no al menos

físicamente, pero he sabido lo suficiente de él como persona para saber que tengo

muchas cosas suyas y, al fin y al cabo, un físico no sirve de nada si lo de dentro no es

bueno, y me gusta saber que lo que comparto con mi padre va más allá de su aspecto.

Byakuya cierra los ojos, cansado.

—Tiene que descansar —nos informa el médico.

—No te vayas muy lejos.

—No lo haré.

Asiente con una sonrisa y deja que el sueño lo atrape de nuevo. Ya nos han dicho

que el sueño es reparador y que le viene bien descansar para sanar sus heridas.

Escribo a Ichigo para informarle de que Byakuya ha despertado y me dice que lo

sabe. Voy hacia donde está Ikkaku leyendo una revista.

—Eres un chivato —sonríe de medio lado.

—¿Estás bien?

—Rara, pero feliz. Y cabreada con tu jefe, se lo puedes decir también.

—No es tonto y lo sabe.

No digo nada pero que Ichigo sepa que estoy enfadada y no haga nada por

remediarlo me hace pensar si este distanciamiento no sólo se debe que está trabajando

si no a que tras lo sucedido se dio cuenta de que yo no le importaba tanto como creía.

Y con ese miedo paso los días, mientras Byakuya cada vez está mejor, Ichigo más

desaparecido y yo más triste porque siento que tendré que dejarlo ir. Lo único que me

hace sonreír es cuidar de Byakuya. Es un enfermo tan malo como Ichigo, y no deja

que lo atendamos. Quiere irse a su casa y por si esto fuera poco quiere ayudar a cazar

a todos los integrantes de la banda. ¿Acaso no ha tenido suficiente? Yo creo que estas

personas están hechas de otra pasta. No es normal su capacidad de recuperación tras

casi perder la vida. Yuzu se ha pasado a ver cómo estaba casi todos los días, ahora

mismo estamos tomando algo en la cafetería del hospital. No tiene buena cara.

—¿Me vas a decir ya qué te pasa? —me mira y al final asiente.

—Lo he visto, a Jinta —añade al ver que no entendía a quien se refería—, nos hemos

saludado con frialdad y cada uno a su trabajo... ha sido raro volver a verlo.

—¿Y qué sientes por él?

—No conozco a la persona que es ahora, es un amor de pasado y es hora de pasar

página —la miro sin saber muy bien si hará eso—. No he sentido nada.

Aparta la mirada y no puedo evaluar si dice la verdad o me miente. Asiento, pues

tal vez sea mejor que lo deje ir ya que Jinta, por lo que sé, tiene novia desde hace

varios años y les va muy bien la cosa. Es mejor dejarlo todo estar. Yuzu se merece

a alguien que la quiera y la entienda y no trate de cambiarla. Así como es, es perfecta.

Regresamos arriba y Yuzu se despide. Ha pasado una semana desde que Byakuya

se despertó, he entrado al cuarto y es entonces cuando Hisana nos da la noticia a ambos

de que está esperando un bebé. Que temía que con todo lo que estaba pasando lo

acabara perdiendo y por eso no me dijo nada, pues está de poco tiempo. Y es

entonces cuando veo en los ojos de Byakuya auténtico miedo.

—¿Acaso no te alegras?

Asiente, sin poder responder a su esposa. Yo he llevado mi mano al estómago donde

tengo casi la certeza de que está creciendo el sobrino de mi hermano. Tengo

una falta de dos semanas, y sé que debería haberme hecho una prueba de embarazo,

pero hacérmela es confirmar que espero un hijo de Ichigo y tengo miedo que, tras

saberlo, tenga que aceptar que si ya estamos separados esto lo hará más. Que Ichigo

no querrá saber nada de este pequeño y le tendré que decir adiós para siempre.

Mientras no haga esa prueba, no tengo que plantearme en decírselo pues aún no lo sé

con certeza. Si lo hubiera visto en estos días tal vez hubiera sido valiente para

hacerlo, pero su ausencia y sus escasos mensajes me han ido llevando a aceptar que

cuando nos veamos la próxima vez será para poner fin a lo nuestro.

—Sí, me alegro mucho —los ojos de mi padre se llenan de lágrimas—. Pero no

creo que hubiera podido perdonarme que le pasara algo por mi culpa...

—No ha sido tu culpa... —le dice su esposa, abrazándolo.

—No, ha sido de la banda que me privó ver creer a mi hija —Byakuya me mira—.

Todo ha acabado, Hisana. Esta ha sido mi última guerra. Ahora mi lucha está con mi

familia.—¿De verdad?

—De verdad. Además, no creo que esté tan mal ayudarte en tu tienda —Hisana se ríe, tal

vez imaginando a Byakuya en su tienda de ropa para mujeres.

No puedo evitar sonreír por su felicidad, aunque me alivia parte de este frío que

siento, no hace que mi pesar se aleje.

Voy a la cafetería a por otro café para dejarles intimidad y una vez que lo tengo

escribo a Ichigo para contarle que voy a tener un hermano. En el fondo, lo que quiero

es ver qué reacción tiene y si esto me da fuerzas para hacerme el dichoso test y no

temer una despedida.

Me alegro. ¿Puedes venir a la librería de mi madre? Quiero hablar contigo.

¿Ya? Miro el mensaje y le respondo con un frío OK. Con un gran miedo latiendo

dentro de mí a que ésta sea nuestra despedida. Busco a Ikkaku, que no anda lejos, y le

pido que me lleve a la librería y que lo haga rápido. Cuanto antes acabemos con esto,

mejor. Ikkaku me hace caso y me deja cerca de librería en tiempo récord. Esta semana

no he venido a trabajar, sólo he trabajado con Kaien, que me ha vuelto loca, pero esto

ya lo sabía. Espero que pronto encuentre secretaria. Giro la esquina y me mosquea al

ver que la libraría está recubierta de andamios y frente a ella hay un contenedor de

escombros lleno de cosas. No sabía que Masaki hubiera decidido hacer reformas y eso

explica por qué no me necesita, porque la librería está cerrada. No entiendo por qué

no me ha comentado esto. Paso bajo el andamio y toco la puerta, que está cerrada y

tiene un plástico que impide que vea el interior. La puerta se abre y alguien maldice

desde dentro. Es Ichigo. Empujo y lo veo a pocos pasos de mí. Tan guapo como siempre,

o tal vez más, pues el temor a su partida hace que aprecie más lo mucho que me gusta.

O lo atractivo que es. Tal vez porque temo no volver a verme reflejada en sus ojos ámbar

o acariciar esa barba incipiente que le da un aspecto más rudo o refugiarme en su cuello

para busca su calor. Me trago el nudo que siento en la garganta y miro a mi alrededor.

Compruebo que las estanterías están cubiertas por plásticos y que todo está patas

arriba. Ichigo se aparta y veo que hay unas cuantas velas encendidas en el suelo. Y

varias sin encender.

—En tus dichosos libros todo esto era diferente.

—¿De qué hablas, Ichigo? ¿Acaso has encendido velas para que recuerde de manera

romántica el momento en que me dices que lo nuestro no puede ser? O que no soy yo,

eres tú... cosas típicas de libros...

—Estás mucho más enfadada de lo que temía —dice, yendo hacia donde estaba

antes el mostrador. Ahora hay una mesa de trabajo llena de papeles. Ichigo se pasa la

mano por el pelo—. No podía regresar hasta saber y tener la certeza de que no corrías

peligro alguno. Hasta meter yo mismo a cada uno de los cabrones que han arruinado la

vida de tanta gente. No he podido regresar antes. Y si he estado ausente, es sólo por

mis ganas de poner fin a todo esto y cerrar al fin esa puerta.

Ichigo se gira y juega con algo que tiene entre las manos.

—En mi mente todo era jodidamente más fácil y mucho más romántico, como te

gusta ti... mucho más todo. Pero, joder, no sé ser de otra manera.

—Ichigo, dilo de una vez, prefiero que acabes con esto cuanto antes.

—Ese es el problema, Rukia, que tú crees que yo quiero acabar con lo nuestro para

siempre y yo lo que quiero es proponerte que seas mi esposa para toda mi vida —

Ichigo abre la mano y de ésta cae el collar que me regaló y me quitó el otro día—, no

era sólo un regalo, era un collar de compromiso como es tradición en mi familia,

pero no sabía cómo decírtelo y luego descubrí lo de "Arrancar'' y te lo regalé como si

fuera un regalo más, porque no sabía cómo pedirte que fueras mi esposa y que

aceptaras que me jugaba la vida con la misión.

—Si aceptara, eso entra en el paquete. Es tu vida...

—No, mi vida eres tú. Y eso era sólo mi forma de demostrarme a mí mismo que no

era como él. Que yo era diferente, y ahora que lo he demostrado, me he dado cuenta

de que no hacía falta demostrar nada. Yo nunca he sido, ni seré como él. Y es hora de

que al fin deje ir esa parte de mi vida y pienso en lo que siempre he querido hacer. En

mis sueños —lo miro, expectante—. ¿Sabes? En mi cabeza cando te decía todas estas

cosas, tus ojos no estaban llenos de pesar, Rukia. Si es por mi maldito trabajo por lo

que dudas, te diré que voy aceptar lo que siempre he querido hacer. Y es estar en esta

librería, rodeado de libros y buen olor a café, como era tu idea, lo vi en las notas queme

diste de tus padres. Al final estaba tu sueño detallado y hace tiempo que sin yo ser

consciente de ello lo hice mío. Quiero que este lugar sea nuestro nuevo comienzo,

pues hace años que es mío y me negaba a aceptar que éste era mi hogar.

—¿No es de tu madre? —niega con la cabeza, yo me debato entre la felicidad de sus

palabras y el pesar que tal vez dejen las mías cuando abra la boca y le diga lo que ya

tengo casi confirmado.

—No, es mío, siempre has trabajado para mí —sonríe de medio lado hasta que se

da cuenta de que su comentario no me ha sacado una sonrisa—. Lo siento, Rukia.

Siento no ser mejor diciendo estas cosas. O haberlo estropeado todo...

—No es eso, Ichigo. No querría otra propuesta de matrimonio más que ésta. Me

encanta cómo eres, no me gustaría que forzaras no que lo eres. Me gustan las cosas

reales. Pero hay algo que tengo que decirte y que posiblemente haga que todo se vaya

a la mierda...

—Como me digas que hay otro no sé si seré capaz de verte marchar a su lado sin que

sienta deseos de matarlo por tenerte...

—No, eres un celoso, Ichigo —sonrío antes de tomar aire y soltarle lo que empañará

este bello sueño—. Existe una gran posibilidad de que esté embarazada, de que

estemos esperando un bebé —miro a Ichigo, que se ha quedado pálido.

—¿No tomas la píldora?

—Por si estás insinuando que te he engañado, te diré que no, que sí la tomo, y que la

noche que viniste al hotel, me había tomado una aspirina para el dolor de cabeza

ignorando que tú vendrías —me miro las manos, incapaz de mirar sus ojos serios—.

Y se me olvidó que éstas disminuyen los efectos de la píldora. No reparé en ello hasta

que no me vino la regla, hace dos semanas. Lo siento, Ichigo. Sé que tú necesitabas

más tiempo... siento no haberme acordado. Y entenderé que esto lo cambie todo y que

el que yo te hubiera respondido que sí me casaría contigo no cambie nada...

No puedo acabar de hablar ya que Ichigo me coge entre sus brazos y me besa con

pasión. Me pierdo entre sus labios sin saber si este beso es de felicidad o de

despedida. Lo abrazo mientras siento sus fuertes brazos rodeándome y noto el sabor

salado de mis lágrimas entre nuestros besos.

—No llores, Rukia —Ichigo se aparta lo justo para poder secarme las lágrimas.

—Son las hormonas y el no entender qué significa este beso.

—Me has dicho que sí, estaba sellando nuestro compromiso con un beso —Ichigo se

separa y me pone el collar.

—Pero...

—Nada me haría más feliz que tener un hijo. Creí que nunca diría esto —sonrío de

felicidad—, pero cuando lo has dicho, he pensado que ojalá sea que sí. Te he visto

con un pequeño entre tus brazos, un hijo mío y he sentido una felicidad tan grande que

hacía tiempo que no sentía. Tú me has devuelto la vida, Rukia. Tú eres mi vida entera

y querré cada parte de ti, lo que incluye a ese pequeño.

—¿Y si sólo es un retraso?

—Te juro que la idea de hacer otro no me desagrada —me rio, feliz entre sus brazos y

noto como su calor poco a poco me traspasa haciendo que mi frío desaparezca para

siempre.

—Ya no tengo frío. Se ha ido.

—Lo sé. Y no dejaré que nada haga que regrese. Se ha acabado esa etapa de mi

vida, ahora empieza otra más emocionante.

—Ser librero tal vez no lo sea...

—Me refería a conquistarte cada día para que me quieras un poco más y nunca

encuentres motivos para dejarme.

—Nunca lo haré. Te quiero, Ichigo.

—Te quiero, Rukia.

Ichigo me besa aún con sus dulces palabras entre sus labios. Hacía un tiempo que

este futuro que se planea ante mí con Ichigo era impensable. Que la herida que dejó

abierta su padre seguía sin estar cerrada. Pero ahora ha sanado y aunque siempre

quede la cicatriz, aunque lo sucedido siempre sea parte de la vida de Ichigo y de

cómo es ahora. Ahora sé que nunca más volverá a sangrar.

Que al fin el pasado está donde debe estar. Y que ante nosotros tenemos, al fin, un

futuro lejos de oscuridad y de las huidas.

Que al fin he encontrado mi hogar. Ya no tengo que huir más, sólo caminar en su

misma dirección.