Capítulo 69: Una verdad sobrecogedora
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Si dijese que el dibujo que su exnovia le regaló no le gustaba, mentiría. Ella era bastante talentosa en cuanto se tratase de dibujar, y tener a una Kyoko con el bikini blanco en una pose sensual plasmado en una simple hoja, era…extraordinario.
Sus ojos no podían apartarse del papel. Y aunque en secreto, tenía la revista en donde esa foto de la temporada de verano ella había salido; ese simple, aunque no tan simple dibujo, podría hacer competencia. Era solo por la pose. Demasiado sensual e insinuante. Su cuerpo, su rostro, sus ojos dorados mirando directo hacia el espectador. Kaori debió haber visto un buen rato la foto de Kyoko para que lo dibujase con tanta precisión y soltura. Después de todo, ella era una gran fan.
Yukihito alzó la hoja, y Kyoko aún seguía mirándolo desde arriba. Era impresionante.
Sus mejillas se arrebolaron, y carraspeó para disimular el embeleso por el que quedó atrapado. Puso con cuidado el dibujo en la mesa y miró a su alrededor. Kaori estaba preparando té en algunos metros. Ver un lado compresivo de ella, luego de tanto tiempo, debía ser una falacia. Estaba seguro que solo le había picado la curiosidad, tanto como para invitarlo a pasar a su departamento. A pesar de saberlo, contar a alguien sus dudas y preocupaciones alivianó una partecita del peso que acongojaba a su corazón.
Miró los libros y cuadernos apilados en el suelo. El lugar estaba completamente desordenado, pero a ella eso no parecía darle ni la mínima importancia.
Hizo una mueca de desaprobación, y se prometió que después del té se iría de inmediato. Estar a solas con una mujer no era para nada una buena idea, y aunque ninguno de los dos sintiese algo del uno por el otro, sabía que las paredes podían oír, y que las malas lenguas lo recriminarían severamente.
—Kyoko, no me mires tanto —pensó mirando a la Kyoko, quien le observaba desde la mesa—, solo eres tú quien atormenta a mi adolorido corazón. Ninguna mujer puede apropiarse del corazón y del cuerpo que ya te pertenece, ¿entiendes?
Lanzó un suspiro, y alejó con cierta dificultad la mirada de Kyoko. Se fijó en los cuadernos apilados en una esquina cerca de él, y entonces sus ojos se agrandaron. Ahí estaba, un cuaderno violeta lleno de brillantinas. ¡Lo conocía! Era el cuaderno que había visto cuando se fue en el hospital para visitar a Hitomi Hirakawa. Kaori lo tenía en su mano, y en él anotaba…
¡Que los cielos lo perdonen por ser un vulgar fisgón!
Giró un poco el rostro y atisbó a Kaori.
Tragó en seco.
Los cielos podrían perdonarlo, pero si Kaori notase que estaba leyendo ese cuaderno, de ahí no saldría vivo.
Aunque así fuese se arriesgaría. Tenía una sospecha. Entre Hitomi e Ichiro había ocurrido algo la noche en que se fue con Kyoko para visitarla en el hospital. ¿Por qué de repente ella dejó de pedir por su ayuda? Y además, estaba la novia de Ichiro, Sayuri. Ella había hablado con él el día en que Kyoko y ese mal amigo habían hecho el comercial.
—Sé que no tiene nada que ver con usted, Yashiro-san…Sé que tal vez me estoy viendo ridícula ahora…, pero…él, Ichiro, tenía guardado el número de una mujer con tu nombre…Ha estado actuando extraño desde hace unos días…Aunque quiera confiar en él, solo puedo pensar que tiene una amante…Yo, pienso que si ha puesto tu nombre en ese número, debe ser porque eres su amigo. Así que, Yashiro-san, usted tal vez sabe algo de ello, por favor podrías…
Bien, no podía aun creer que Ichiro Thompson haya utilizado su nombre para esconder a una mujer. Tal vez lo hizo al azar. Su nombre debió de ser sorteado. En ese entonces, lo que Sayuri-san le había dicho, le entró por una oreja y le salió por la otra. Estaba realmente enojado, consternado y triste por todo lo que estaba sucediendo con Kyoko, que lo que le decía no le importaba para nada. Pero ahora que lo pensaba de nuevo, creía haber escuchado algo sobre trasladar cierta cantidad de dinero. Y aunque su sospecha era solo una historia creada en su imaginación, ese dinero que trasladó, podía significar que se lo dio a Hitomi por su situación y embarazo.
Todo cobraba sentido. Y la única e insólita deducción que quitaba de todo ello era que él, Ichiro Thompson, era el padre.
Eso debía ser. ¿Pero por qué no podía aceptarlo? Sentía como si detrás de todo hubiese mucho más.
Ojeó algunas páginas, y leyó algunas líneas antes de pasar a las siguientes hojas.
—¿Por qué todo es hentai? —pensó ruborizado.
Estaba dándose por vencido en la búsqueda de una página que no sabía si existía, hasta que de repente encontró algo que llamó su atención.
Ella estaba enamorada de alguien que solo tenía ojos para otra mujer…
Pasó varias líneas, intentando encontrar alguna palabra que se relacione al embarazo, pero a la vez que leía algunas oraciones, sus cejas se iban uniendo cada vez más hasta fruncirlas.
—¿Q-Qué demonios es esto?
—YASHIRO YUKIHITO —Una voz bramó tan alto que su mirada se despegó de la hoja y fueron hacia la mujer, que con fuerza golpeó las tazas en la mesa, casi rompiéndolas—. Suelta ese maldito cuaderno, antes de que te maté.
Sus ojos se abrieron grandes por el sobresalto, pero no soltó el cuaderno.
—Primero dime, ¿qué demonios es esto? —interrogó incrédulo y perplejo a lo que había leído —. Él…Él es…
—¡Ahora sí te mato!
El cuerpo menudo de Kaori saltó hacia el hombre que con facilidad intercedió en su objetivo extendiendo arriba el cuaderno.
—Dame ese maldito cuaderno —gruñó dando grandes saltos.
—¿Esto es verdad? —Yukihito la esquivó una vez más, mientras se adelantaba con el brazo extendido—. ¿El padre es él?...Ella no puede hacer esto…Él es…—Entornó la mirada al no poder seguir con la frase.
—¡Dame mi maldito cuaderno! ¡Ahora! —Kaori saltó sobre él y enredó sus piernas sobre su cintura. Extendió su brazo y pudo coger la punta del cuaderno.
—¡Kyoko! ¡No es lo que piensas! ¡Kyoko! ¡Kyoko está en la puerta! —gritó mirando hacia atrás.
Kaori empalideció. Bajó sus pies al piso, miró hacia atrás, pero no había nadie. Sus ojos se oscurecieron de la rabia.
—Oh…No era ella —Yukihito se adelantó hacia la puerta, pero una mano veloz agarró del cuaderno que en un descuido había bajado a una altura alcanzable.
—Dame mi cuaderno, maldito mentiroso.
Una feroz lucha comenzó, con ambos tirando del cuaderno de un lado a otro.
—Entonces dime si él es el padre —repuso, jalando una vez más con fuerza. Estaba por conseguirlo, no sabía de dónde ella obtenía tanta fuerza.
—No hay padre, no hay embarazo. Es ficción —respondió entre gruñidos.
—¡Es Ichiro Thompson! ¡Es él! ¿Verdad? —gritó entre jalones, hasta que ella de repente soltó el cuaderno.
—¿Qué? Pero él no es…—trastabilló al darse cuenta de su error, y mirándole a los ojos, que ahora refulgían enojo, percató que él lo había hecho a propósito para que se delate por sí misma— Eso…no…¡dame ese cuaderno! —rugió, cogió el cuaderno y lo impelió con fuerza hacia adelante, golpeándole sin querer el rostro.
Yukihito soltó una palabrota, y se quitó los lentes que quedaron maltrechos en su rostro.
—No…No sabía que ibas a soltarlo —dijo Kaori, nerviosa, tragando saliva—. Lo…Lo siento…
Él dio vuelta y se dirigió hacia la puerta.
—¡Yu! ¡Espera! ¡Por favor! ¡Él no debe enterarse de esto! —exclamó atajándole del brazo.
—¿Qué? —La miró con incredulidad—. Él debe saberlo…Él es el padre…Él…Él es…mi amigo.
—Hace unos minutos Tsuruga Ren era tu enemigo —manifestó en desacuerdo.
—Estuviste equivocada.
Fue hacia la puerta, y se puso rápidamente los zapatos.
—¿De verdad eres su amigo? Él no quiere ese hijo. ¡Él no lo querrá!
—¡Él tiene el derecho de saber que será padre! —gritó furibundo, empuñando con tanta fuerza sus lentes que rompió las varillas—. Y no digas que no lo querrá —advirtió con una mirada fría.
Kaori se congeló, pero cuando lo vio de espaldas, girando la perilla de la puerta, habló.
—¿De verdad crees que quiere un hijo de una mujer que no ama?…Él está siendo cada vez más reconocido en el extranjero, tiene grandes proyectos cerca de comenzar… ¡Un hijo arruinará su carrera!
Un silencio sepulcral reinó durante un largo rato.
—Ten un poco de empatía…—dijo Kaori rompiendo el silencio— ¿Crees que él será feliz de saber que tendrá un hijo? Él ama a Kyoko-san…Él aun es joven, ¡sabes lo que ocurrirá cuando todo el mundo lo sepa! Que tengan un romance hace que su fama descienda. Tener una familia será aun peor. ¿Crees que alguien con tanta fama querrá formar una familia, siendo joven y con tanto camino por recorrer? Yu, él no es como tú.
—Un hijo no arruina la vida —refunfuñó en voz alta—, lo hace esa gente que cree que personas famosas como Tsuruga Ren no tiene el derecho a vivir su vida como lo hace cualquier ser humano —concluyó con tono frío.
—Yu…por favor…No lo hagas...
Un portazo fue la respuesta final a su súplica.
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N/A: Cuando escribo esta fanfic siempre terminó adentrándome tanto, que incluso lloro con los personajes. Escribirlo fue sentir un gran nudo en la garganta XD
Espero que les haya gustado este capítulo! Siempre gracias :D
