Lena estaba esperando a Kara a la mañana siguiente cuando bajó de su ala. Se sorprendió viendo como Levi atacaba a la rubia con una espada de madera y esta le cogía el objeto y lo lanzaba lejos sin prestar demasiado atención a que alguien acababa de intentar golpearla.

- Quiero hablar contigo. - la llamó Lena antes de que la rubia pudiera irse.

- No tengo tiempo, Lena. Tengo una reunión. - le respondió Kara sin ni siquiera hacer un ademán de pararse.

- Kara, esto no puede esperar. - insistió Lena agarrándole el brazo. Kara frenó en seco.

La rubia se la quedó mirando fijamente unos segundos.

- Está bien. – suspiró negando con la cabeza.

Lena la guio hasta un pequeño despacho del palacio. Hizo pasar primero a Kara. Una vez dentro las dos, cerró la puerta apoyándose en ella con su espalda.

- Después de tratarme como me traste, me ignoraste durante todo el día siguiente. - empezó Lena mirándola triste.

Kara no entendía el problema.

- ¿Cómo te traté? Ni que no te corrieras. - se quejó Kara. - Lena, solo fue un polvo. Supéralo. - bufó negando con la cabeza.

Lena se acercó a Kara para cruzarle la cara de una bofetada. Sentía como los ojos le ardían por las lágrimas cargadas de rabia.

- Das asco. - gruñó entre dientes. - Bien, si quieres hablar de otra cosa, ¿qué piensas hacer con la traidora? - preguntó Lena recuperando la compostura. Se cruzó de brazos delante de Kara.

- Déjame que me encargue yo del tema, Lena. - dijo ganando distancia otra vez. - Si esto es todo, me voy a ir. - dijo la rubia emprendiendo a andar. Intentó esquivar a la morena, pero esta le cerró el paso.

- No, Kara. Es la vida de mi hijo. Quiero saber qué está pasando y quiero saberlo todo. ¿Qué le dijiste en verdad?

Kara suspiró. ¿Por qué Lena no podía aceptar las órdenes si más?

- ¿Por qué?

- ¿No te parece que, como madre, tengo derecho a saberlo?

- Solo si me prometes que dejarás que me encargue yo de todo. - avisó Kara y Lena asintió como respuesta. - Bien, Vartox, esa mujer y más gente se me acercaron hará unos días para conspirar contra Lars y colocarme a mí en el trono. Acepté para poder controlarlos de cerca. Ella decidió atacarlo por su cuenta.

- ¿Quieres ser reina?

- Ya te he dicho que no tengo ninguna intención de quedarme en el trono.

- Entonces, ¿pusiste en juego la vida de mi hijo, un niño, para otra de tus maquinaciones? - gruñó Lena enfadada.

- Tranquila, voy a encargarme de todo. No volverá a pasar. - respondió la rubia despreocupada.

- Dime qué piensas hacer. - insistió Lena. - Es la vida de mi hijo la que está en juego.

- ¿Por qué no me dejas que me ocupe yo y después te lo cuento todo? - se quejó Kara. Tenía ganas de irse de allí. No tenía intención de pasar ni un minuto más a solas con la morena.

- Porque no me fio de ti. ¿Por qué no quieres el trono?

- Ya te dije que estoy aquí para ayudar a Thera. Por mucho que tenga comprado a Edge, el norte nunca me aceptará como reina si he pasado por encima del cadáver de un medio Luthor. Así que no, no quiero el trono.

- Dime cuál es tu plan, Kara.

- ¿Por qué me lo pones tan difícil? - se quejó la rubia.

- ¿Por qué no me lo dices?

- Porque cuanta menos gente sepa el plan, mejor saldrá.

- No me sirve.

Kara suspiró mientras se rascaba la frente. Lena la sacaba de sus casillas.

- Eres imposible. Está bien. Si detengo ahora todos los conspiradores, con el poder que tienen, solo conseguiré poner en contra de la Corona a los sureños. Quiero arruinar su reputación, arruinarles cualquier cosa que tengan y, cuando estén rodeados de miseria, los detendré por traidores. Para el resto de Thera, solo serán unos locos que, en medio de la desesperación, intentaron conspirar contra Lars. Nadie los va a apoyar. Va a ser un corte limpio. Y la traición a Lars quedará como algo solo reservado a los tontos. Pero para hacer esto, necesito que se piensen que estoy de su lado.

- ¿Y cómo piensas conseguir todo eso? - preguntó Lena todavía dudando de la rubia.

- No te voy a contar mis métodos, Lena.

- ¿Por qué?

- Porque entonces no me vas a dejar hacerlo. Y, ahora, me voy que llego tarde. - dijo Kara emprendiendo la marcha.

Lena intentó volver a cerrarle el paso, pero no fue lo suficientemente rápida. Golpeó contra su hombro y notó como la Luthor trastabillaba a su lado.

Se fue cerrando la puerta de un golpe.

*/*/*/*

Por lo menos, después del encontronazo con Lena, recibió una buena noticia. La verdad es que, en realidad, no tenía ninguna reunión, se lo había inventado para que la morena la dejara en paz, cosa que no funcionó. Pero, por lo menos, había recibido esa carta de Cat Grant. Kara la miraba feliz. Todavía no la había abierto. La estaba escondiendo en un cajón cuando Nyssa apareció sin llamar a la puerta. Quizá debería colocar un cartel en la puerta indicando que antes de entrar se tenía que llamar.

- ¿Qué quieres? - le preguntó arisca Kara.

- Vaya humor de perros tienes, chica. - se rio Nyssa.

- Nyssa… - la advirtió.

- Quiero comentarte mi fecha de vuelta para Krypton. - anunció la otra.

- ¿Ya has acabado con el ejército? - preguntó Kara sorprendida.

- He tenido a tu hermana haciendo horas extras. Espero que no te importe. Supongo que no. - sonrió Nyssa. Kara negaba con la cabeza mientras se le escapaba la risa. - Calculo que al ritmo que está trabajando, podré irme en una semana.

- Nyssa, entiendo que tienes ganas de volver a Krypton, pero no te precipites. Además, tienes otras misiones aquí.

- Kara, las he estado vigilando como ordenaste. No he visto nada raro aparte de que te odian. Y eso no es raro. Lena y Alex son inofensivas. Tienes el norte atado, el sur come de tu mano. No es que me quede mucho por hacer.

- Como veas. Es para evitarte un viaje de vuelta. - sonrió Kara.

- Voy a asegurarme de que dejo todo bien atado para que no tenga que volver a pisar este maldito reino. - dijo con desprecio.

*/*/*/*

Lena había querido hablar con Kara la noche anterior. Habían pasado unos días desde que la rubia le había contado sus planes sobre los conspiradores y quería saber cómo iban. Quería saber si su hijo iba a estar seguro, aunque tuviera que lidiar con Kara.

Pero la noche anterior, a pesar de volver temprano de trabajar, Kara había ido directa a su ala y prohibió tajantemente que nadie la molestara para nada.

Viendo el humor con el que lo había dicho, Lena prefirió esperar al día siguiente. Las mañanas después de volver temprano, Kara solía estar de mejor humor.

Lo que también solía pasar esas mañanas es que Kara salía tarde de su habitación. Ese día se estaba haciendo especialmente tarde. Prácticamente, era la hora de la reunión del consejo. Lena decidió subir a buscarla. Quizá se había quedado dormida.

Recordaba vagamente cómo llegar hasta la habitación principal.

Dentro, le pareció oír voces. Confundida, abrió la puerta sin llamar. Lo primero que notó fue el olor dulzón que Kara desprendía a veces, pero muchísimo más intenso. Kara estaba de pie a medio vestir mirándola sorprendida. Había dos muchachas desnudas sobre la cama charlando con ella animadamente y dos sacos de monedas encima de una mesa.

Lena sintió como su corazón había dejado de latir un instante rompiéndose.

- Chicas, ¿por qué no cogéis el dinero y os vais? ¿Sabéis cómo salir? - dijo Kara retomando la tarea de vestirse.

- Claro, majestad. - rieron.

Las chicas usaban como ropa una especie de vestido ligero que tardaron cinco segundos en ponerse. Al contrario que Kara que se estaba peleando con la ropa kryptoniana.

Las chicas cogieron las monedas y se fueron pasando rápido por el lado de Lena riendo y dejando un rastro de perfume dulzón a su paso. Las dejaron solas. Lena todavía no había dicho nada. Estaba asimilando la escena que acababa de presenciar.

Sintió para variar como una bola de furia se instalaba en su estómago. ¿Cómo se atrevía a meter a las putas en el palacio real?

- ¿Sabes? Ni Alex ni yo nos queríamos creer los rumores que llegaron de Daxam. Pensábamos inocentes que tú nunca te convertirías en una putera. - dijo Lena mirando con rabia a la rubia.

- A estas alturas, Lena, no me ofende que me llamen eso. - sonrió confiada Kara que ya se estaba poniendo los zapatos.

La morena se fue sin esperar a que Kara la siguiera. Tenían una reunión a la que asistir y llegaban tarde.

*/*/*/*

Lena sabía que eran las únicas dos que quedaban en el edificio de las oficinas en la fortaleza. William se había ido hacía rato, igual que Nyssa. Alex fue la última. Salió arrastrando los pies claramente agotada.

Aprovechando eso, Lena entró en el despacho de Kara. Se la encontró sentada trabajando en unos documentos con la ayuda de algunas lámparas. Era una noche muy oscura, casi era luna nueva.

Kara levantó los ojos del papel. No parecía sorprendida de verla.

Lena se recostó contra la puerta después de cerrarla mirándola mortalmente seria. Kara pareció captar el mensaje. Asintió y empezó a recoger todos los papeles que tenía repartidos encima de la mesa. Mientras tanto, Lena ocupó un lugar en una de las sillas en frente de su escritorio. Kara se levantó a buscar la jarra de vino. Sirvió un vaso para Lena y uno para ella.

Lena rechazó el suyo y lo dejó olvidado encima de la mesa.

- Supongo que estás aquí por lo de esta mañana. - empezó Kara.

- Así es. Iré al grano. Kara, no volverán a entrar tus putas en la fortaleza.

- Voy a hacer lo que me dé la gana. - rio Kara.

- Mis hijos no van a compartir techo con ellas. ¿Cómo has tenido las narices de meterlas en el palacio real?

- Ni que hoy haya sido la primera vez. - se burló Kara.

- ¿Cada vez que llegabas temprano al palacio era porque las tenía allí dentro? - preguntó Lena dolida.

- Si no quieres saber la respuesta, no preguntes.

- Hoy ha sido la última vez, ¿me oyes?

- Como te he dicho muchísimas veces, aquí mando yo. Y voy a seguir haciéndolo tanto como me plazca.

- No, Kara. Te he soportado muchas cosas, pero esto no lo voy a tolerar. - insistió Lena empezando a ponerse nerviosa.

- ¿Y qué quieres que haga, Lena? Tengo necesidades que satisfacer. - rio Kara. - ¿O es que te estás ofreciendo voluntaria? ¿No tuviste suficiente con lo del último día?

- Eso es un error que no volverá a pasar. - se defendió Lena.

- De eso, puedes estar segura. - contestó Kara pedante. - Solo me acosté contigo porque los del burdel habían cerrado para celebrar el solsticio y no había otras putas disponibles. El próximo día me encargaré de haber hecho una buena reserva para no tener que usarte a ti.

Lena se quedó en silencio intentando asimilar el golpe. Así que para Kara solo había sido una puta más. Se sentía tan humillada que no sabía si sentir pena por ella misma o por Kara.

- ¿Cómo has acabado así, Kara? - preguntó Lena destrozada mirándola con lástima.

Esto era lo último que le faltaba a Kara. Lena no tenía ningún derecho a sentir pena por ella. No necesitaba la compasión de nadie, todavía menos la de ella.

- ¿Tú me lo preguntas? - explotó Kara irguiéndose en su sitio. – ¿Tú, que me abandonaste para casarte con mi primo, el rey, después de esconderme lo que había hecho Jor-El con mis padres? Eso sí, la jugada te salió redonda. Has acabado siendo reina. - acabó Kara prácticamente de pie. Cerraba las manos con fuerza en los brazos de la silla para evitar golpear nada.

- ¿Qué querías que hiciera, Kara? - se defendió Lena.

- Había otras opciones. - dijo la rubia recuperando la calma y volviéndose a sentar relajada en su sitio.

- Ah, ¿sí? ¿Cuáles? Ahora que sabes tanto, dímelo. Dime cuál era la opción correcta, Kara. ¿Entrar en guerra contra el norte otra vez? ¿Qué Kara?

- ¿Te das cuenta que al final te convertiste en el trozo de carne que tus padres y tu hermano siempre habían planeado usar? Lex al final ha conseguido más poder en el sur del que jamás tuvo Lionel gracias a ti. - se burló Kara otra vez con rabia. - "Por Thera" me dijiste. Y una mierda, Lena, me abandonaste porque tu hermano te lo ordenó.

- No, Kara. Lo hice porque fui la única de las dos que era capaz de ver más allá de sí misma. No iba a provocar otra guerra. Te repito, ¿qué otra opción había?

- ¡Suficiente, Lena! - gritó golpeando con su puño la superficie de la mesa. - Seguro que la habríamos encontrado. Pero tengo que darte las gracias. Gracias por abrirme al mundo. Ha sido de gran provecho.

- Eres una cínica.

- Y tú eres una zorra. - le respondió Kara con una sonrisa.

La morena no lo soportó más. Vació el contenido de su copa en el rostro de Kara. Se levantó y se fue dando un portazo.

- Buenas noches, Lena. - sonrió Kara limpiándose los restos de vino.

*/*/*/*

Al final, Kara había acabado la noche en la taberna desfogándose de la discusión con Lena. Había vuelto muy tarde y muy borracha. La mañana siguiente, el mundo todavía daba vueltas. Calculaba que como mucho había dormido dos o tres horas.

No quería malgastar tiempo en la cama sabiendo que no iba a poder dormir más. Se vistió con las malditas ropas kryptonianas y bajó al comedor a desayunar. Como cada mañana, Levi la recibió intentando golpearla con la espada de madera. Como siempre, Kara había agarrado la espada antes de que la golpeara.

- Así solo lograras perder la espada cada vez. Tienes que colocar tus manos así y así. - le indicó Kara mientras colocaba correctamente el cuerpo del pequeño.

Eran los únicos despiertos a esas horas. La rubia decidió irse al despacho para evitar ver a Lena. No estaba de humor.

Lena tampoco había dormido esa noche. No después de sentirse tan humillada, tan insultada. A la hora de comer fue directa al despacho de Alex rezando a todos los dioses para que estuviera sola. Afortunadamente, así era. Por lo visto, Nyssa tenía una reunión con Kara.

Lena le explicó lo que había descubierto la mañana anterior y la discusión entera. Alex se subía por las paredes. Aseguró que Kelly y ella se iban a encargar personalmente de evitar que Kara entrara sus putas.

*/*/*/*

Llegó el ansiado día en que Nyssa se marchó de vuelta a Krypton. La rubia se había pasado toda la despedida soltando lágrimas de alegría. Alex casi las soltó también de alivio.

Efectivamente, Kara había logrado arruinar a todos los conspiradores en un abrir y cerrar de ojos. Lena prefería no saber cómo lo había hecho. Tampoco quería cruzar una sola palabra con ella. No lo había hecho desde la discusión de la semana anterior cuando Kara le había dicho que la había usado como a una puta cualquiera.

Kara era consciente de que su hermana llevaba días intentando reunirse a solas con ella, pero había conseguido evitarla lo más elegantemente posible hasta ese día. Alex la había acorralado después de una reunión con ella y otros miembros importantes del ejército.

- Espero que lleves bien tu abstinencia. - sonrió Alex confiada.

La mayor estaba de pie, en frente de la mesa de Kara que estaba sentada como siempre en su silla.

- ¿De qué me hablas, Alex? - bufó Kara cansada de tener que soportar estas charlas.

- De la falta de putas en la fortaleza.

- Así que has sido tú quien se ha encargado de boicotearlo. - gruñó la rubia.

- Sí, Kelly y yo. - afirmó Alex orgullosa hinchando el pecho.

- ¿Por qué no os metéis en vuestros asuntos en vez de en los ajenos? - le echó en cara.

- Ese era el plan hasta que me he hartado de ver a Lena destrozada por tu culpa. Primero, le arrebatas a sus hijos y después juegas con ella.

- Tú también, no. Solo fue un polvo. - suplicó Kara.

- No fue solo un polvo cuando la miraste tan poco que no te diste de cuenta de que está embarazada.

Kara se quedó callada unos segundos.

- Lena no está embarazada. -aseguró la rubia.

- Lena llevaba un mes embarazada cuando tú llegaste. - anunció la mayor.

- No. - negó Kara.

- Negarlo no lo va a cambiar.

*/*/*/*

Kara estaba de brazos cruzados apoyada en el marco de la puerta que conducía a los jardines del palacio real. Tenía la casaca kryptoniana abierta dejando ver perfectamente la camisa blanca de debajo. Observaba a Lena jugar con Levi. Todavía ninguno de los dos se había dado cuenta de que ella estaba allí. El niño feliz le contaba a Lena como su tía Kara se había dedicado a hacerle pequeñas correcciones cada mañana los últimos días. La rubia pudo notar como un gesto de tristeza cruzó el rostro de la morena mientras escuchaba al pequeño.

¿De verdad estaba embarazada?

Fue entonces cuando él la vio y corrió directo hacia ella abrazándola por las piernas. Lena los observaba reticente a acercarse. Kara intentaba sacárselo de encima. Lo agarró de la camisa y tiró con fuerza. Al final, el pequeño se soltó, pero intentó forcejear para volverla a abrazar. Cuando vio que no podía, decepcionado, se fue a jugar por los jardines.

- Tu kryptoniano no se ha presentado a darle clases. - explicó Lena.

- Lo sé. Ha dejado una carta de renuncia esta mañana. Venía a avisarte que a partir de ahora se suspenden todas las clases que tenían con él. - dijo señalando a Levi.

- Levi dice que tenía tarea para enseñarle hoy. ¿No es un poco raro? - sospechó la morena.

- No sé qué pasa por la cabeza de ese hombre, Lena. - respondió Kara encogiéndose de hombros.

- ¿No vas a traer a alguien más? - insistió la Luthor.

- No lo tenía previsto. ¿Quieres que traiga a alguien? - preguntó divertida la rubia.

- No, gracias. Ahora que Thera está libre de tu sequito de kryptonianos, no hace falta que vengan más. Krypton podría pensarse que lo hemos matado o algo por el estilo. - se quejó Lena.

Kara ignoró el último comentario.

- Quiero reunirme contigo y con Alex esta noche a solas aquí. ¿Crees que es posible? - dijo la rubia cambiando de tema radicalmente.

- ¿Para qué? - preguntó sorprendida Lena.

- Tengo que hablar con vosotras. ¿Puede ser? - insistió Kara.

- Hablaré con Alex. ¿A qué hora llegarás de trabajar?

- No pensaba volver. Voy a quedarme por el palacio. - volvió a encogerse de hombros la rubia.

- ¿Has vuelto a traerlas? - gruñó Lena.

- No, tu perrito guardián ha hecho bien su trabajo manteniéndolas fuera. - se burló Kara.

*/*/*/*

Esa fue la primera noche en muchos meses en los que Lena consiguió cenar en paz con sus hijos. Ellos estaban felices por tener menos clases. Tenían una enorme lista de cosas que querían hacer. Sobre todo, porque era verano y podrían ir al mar a bañarse sin preocuparse por el frío o el mal tiempo. Se morían de ganas de volver a hacerlo. A veces, a Lena, le hacía gracia lo poco que se parecían a ella en ciertos aspectos.

Los chicos se fueron a dormir y Alex llegó al palacio tal y como Lena le había pedido. Ambas fueron al ala de Kara. La rubia estaba tumbada en su sala de estar encima de un colchón colocado a un lado. Parecía jugar a hacer malabares con un cuchillo. Se incorporó cuando las vio llegar y se sentó con las piernas cruzadas. Abandonó el cuchillo a un lado. Seguía vestida con el uniforme de Krypton con la casaca abierta, pero la impecable trenza que siempre llevaba había desaparecido. Les pidió que se sentaran en otro colchón en el lado opuesto de la habitación.

- ¿Os habéis leído los documentos que os envié? - preguntó Kara.

- Sí, lo hemos hecho. - contestó Alex.

- ¿Para qué nos has mandado estudiar un montón de tratados y máquinas kryptonianos? - preguntó Lena enfadada. Seguía sin querer saber nada de ella.

- ¿Creéis que es posible ponerlas en práctica aquí?

Alex y Lena se miraron confundidas.

- Hay cosas que sí, cosas que no. - explicó Alex. - Pero el mayor problema es de donde sacarlas, Kara. No tienen pinta de ser baratas.

- Las primeras unidades las podría comprar. Después necesitaría que encontrarais la forma de fabricarlos. - explicó la rubia.

- ¿Para qué, Kara? - preguntó desconfiada Alex.

- Solo quiero que Thera crezca sana. - se defendió Kara.

- ¿Y para eso tanto secretismo? ¿O nos tenemos que creer que ha sido casualidad que hayas aprovechado el primer día en que no queda uno solo de tus kryptonianos? - le echó en cara Alex.

- Estaría bien que por una vez nos contaras que estás planeando antes de encontrarnos de frente con los resultados. - se quejó Lena.

- ¿Quién es Cat Grant? - preguntó Alex directamente.

Kara parecía que las había estado ignorando hasta que oyó las últimas palabras de Alex.

- ¿Cómo conocéis ese nombre? - preguntó Kara sorprendida.

- Había una nota para ti entre los papeles firmada por ella. - explicó la Danvers.

Kara suspiró y bajó la cabeza mirando al suelo. Estaba pensando. Tardó unos instantes antes de volver la vista al frente.

- No sé por qué creía que no ibais a preguntar de más. - murmuró Kara rascándose la nuca. - Cat Grant fue la mujer que me acogió en Krypton. Las cosas allí son bastantes distintas de lo que os pensáis. La mayoría de gente no sabe qué es lo que están haciendo aquí. Para ellos, los esclavos que llegan de Thera solo son trabajadores. Los aíslan para que no cuenten nada. Cat es una periodista allí. Es muy importante y rica de hecho. Ella se dedica a desenmascarar al gobierno de Krypton. Pero su influenza es limitada. Me enseñó todo lo que sé. Me instruyó y tramamos un plan para liberar a Thera de Krypton. Esos inventos tienen que servir para darle a Thera la suficiente capacidad para soportar una posible guerra contra ellos.

- ¿Por eso querías engordar nuestro ejército tan rápido? - preguntó Alex.

- Sí, si nuestro plan funciona correctamente, en un año o dos podríamos librarnos de ellos para siempre. - continuó explicando Kara.

- ¿Y Nyssa qué pinta en todo esto? - insistió la Danvers.

- Con Cat, fingimos una gran discusión hace años. Que una therana como yo y ella fuéramos amigas era sospechoso. Yo me dediqué a pasearme por Krypton alabándolos, despreciando Thera. Todo el mundo creyó que yo estaba a favor de Krypton y en contra de Cat y Thera. Tienen un ego muy grande. No costó que se lo creyeran. Pero no se acababan de fiar de mí. Por eso, mandaron a Nyssa. Se suponía que venía a ayudarme, pero su verdadera función era asegurarse que yo era fiel a Krypton y cumplía sus órdenes.

- ¿Cuáles son? - insistió Alex.

- Engordar a la vaca para que dé más carne. - contestó Kara con media sonrisa.

- Lo sabía. - celebró la Danvers.

- Os dije que mi única intención era cuidar de Thera. - se defendió la rubia.

- Era difícil de creer mientras ibas disfrazada y rodeada de kryptonianos. - dijo Alex.

- ¿Cuándo podréis poneros con los documentos? Hay algunos que tienen prioridad por encima de otros. Sobre todo, los que están relacionados con alimentos y maquinaria y equipamiento de combate. Os pasaré una lista.

- Lena es la que sabe más de estas cosas. - respondió Alex mirando a la aludida.

Lena suspiró. Todavía estaba procesando la información que la rubia acababa de soltar de golpe como si nada hubiera pasado estos últimos casi cuatro meses. Intentó focalizarse en las máquinas en vez de la mujer que tenía en frente.

- Depende de tus prioridades, Kara. Pero un año es un tiempo justo para ponerlo todo en práctica, aunque los compres. Hay algunos que no los podremos construir por nosotros mismos hasta de aquí mínimo un par de años. - explicó Lena.

- Ya veo. - respondió pensativa Kara. - Puedo hablar con Cat para ver si ella podría suministrarlos durante tanto tiempo.

- Podrías haberlo dicho antes. - le recriminó Alex.

- No teníais ni que saber todo esto, Alex. No sé por qué os lo estoy contando.

- A ver si lo adivino, cuánta menos gente lo sepa, mejor. - intervino Lena.

- Exactamente. - asintió Kara. - Esto tiene que ser un secreto entre las tres. No puede salir de aquí. Ni siquiera Kelly.

- ¿Y William? - preguntó la Luthor.

- Déjame a William a mí. Y, bueno, supongo que ya no tiene sentido que lleve esta ropa tan incómoda. -rio Kara quitándose la maldita casaca.

*/*/*/*

Al día siguiente, Alex apareció por sorpresa en su despacho. Le pidió una cena de hermanas sin nadie más. Solo para ponerse al día. Kara no estaba muy segura de aceptar, pero, por los viejos tiempos, acabó cediendo. Que no fuera su enemiga no significaba que fuera a ser su amiga.

Así que cuando acabó de trabajar ya entrada la noche se fue directamente a la residencia de los Danvers donde la recibió Alex. Le contó que Kelly y James ya habían cenado y que se habían ido a dormir. Kara pidió disculpas por llegar tan tarde.

Tenían la cena lista en el patio exterior donde solían cenar antes de que Kara se fuera. Había echado de menos ese rincón. Se sentaron cada una en el extremo opuesto de la mesa. Era una mesa cuadra de apenas un metro y medio de largo así que no estaban muy separadas. Empezaron a comer en silencio.

Kara estaba incómoda. Todavía no sabía qué hacía allí. No quería estar allí con su hermana. Quizá debería comer rápido e irse lo más pronto posible.

- ¿Y qué ha sido de tu vida fuera, Kara? - empezó Alex.

- Ya lo sabes. Unos años en Krypton y unos años en Daxam. No tiene mucho más. - respondió Kara encogiéndose de hombros.

- ¿Por qué elegiste irte a Krypton? - continuó interrogándola Alex.

A Kara no le gustaba el tema de conversación y deducía que su hermana iba a seguir preguntando hasta que no tuviera las respuestas que quería. Ella no tenía ninguna intención de contar detalles sobre su vida lejos de Thera.

Tenía que lograr escapar.

- Daron-Vex me dijo que allí el apellido Zor-El me abriría puertas. La verdad es que no se equivocaba. - contestó simplificando la realidad.

- ¿Conociste a mucha gente?

- Sí.

- ¿Cómo son los kryptonianos?

- Pues como nosotras. No entiendo tu pregunta.

- Me refiero de carácter.

- No sabría qué decirte. Hay un poco de todo. Por decirlo de alguna manera, son más parecido a los raoistas que a los norteños. Son bastante fríos y distantes al principio. Pero te acostumbras.

- ¿Allí también tienen su Voz?

- Sí, pero no se toman tan en serio la religión como los raoistas de aquí. Apenas realizan ritos y da gracias si van a rezar una vez al mes. - rio Kara feliz por haber desviado el tema hacia una cosa que no fuera su vida allí.

- Ya veo. ¿Es por eso que acabaste con tatuajes de los antiguos dioses? - volvió Alex a preguntarle por su vida. Se le había acabado la suerte. Era evidente que la comunicación entre ella y Lena era grande si había llegado a contarle lo de sus tatuajes. Estaba segura de que Lena y las putas eran las únicas theranas que los habían visto.

- No, eso fue una apuesta que perdí en Daxam. - contestó simplemente.

- ¿Qué tipo de apuesta?

- Estoy empezando a hartarme de este interrogatorio, Alex. - se encaró Kara.

- Solo intento entender en qué momento mi hermana cambio tanto hasta convertirse en una putera manipuladora. - le reprochó la Danvers.

Kara había tenido suficiente. Alex era de las que menos derecho tenía a reprocharle nada después de todo lo que le había hecho.

- ¿Quieres saber cuándo? Cuando me enteré que mi hermana y mi primo se habían pasado años mintiéndome y manipulándome durante la guerra. Encima, después, me escondieron lo que le había pasado a mi novia. Y para acabar escondieron que mis padres fueron asesinados por mi tío para quedarse el trono de Thera. ¿Me he dejado algo? Oh, sí. Mi novia me dejó tirada para casarse con mi primo porque él ocupaba el trono que debía ser mío.

- Nunca hicimos nada de eso con mala intención. - murmuró Alex.

- Me da igual vuestra intención, pero son marcas difíciles de borrar. Nunca confiasteis en mí. Yo ya no confío en vosotras. Si os he dado esos documentos es porque no tenía mejores candidatas, Alex. - contestó sincera Kara.

- ¿Así que somos unos monstruos para ti? - preguntó dolida Alex.

- Solo sois gente que prefiero tener lo más lejos de mí posible. - respondió seria Kara.

- ¿Lo dices en serio? ¿Qué haces aquí entonces?

- Ni yo misma lo sé. Solo intento tener una convivencia pacífica con quien se supone que van a ser mis aliadas.

- Así que ahora somos aliadas. - bufó Alex. Kara podía ver como su hermana empezaba a acumular lágrimas al borde de los ojos.

- ¿Cómo quieres llamarlo?

- ¿Y tratas a tus aliados tan mal como has tratado a Lena?

- Volvemos al tema. ¿Qué quieres que te diga, Alex? No debería haber ido a esa habitación. Lo sé.

- ¿Y por qué fuiste?

- Porque necesitaba echar un polvo y Lena era la que tenía más a mano.

- ¿Te estás escuchando? ¿Cómo puedes tratarla así de mal después de todo? - se enfadó Alex.

- Precisamente por eso, Alex. Lena es con diferencia la persona que más daño me ha hecho nunca en mi vida.

-Deberías haber leído las cartas que te envió.

- Alex, me abandonó por Kal. No hay carta que remedie eso.

- Si hubieras leído las cartas, sabrías que Lena nunca tuvo la intención de abandonarte. Pero te fuiste demasiado rápido para enterarte. Así que ella se pasó catorce años enviándote cartas para que volvieras.

- ¿De qué estás hablando, Alex? - preguntó Kara confundida.

- Kal y ella hicieron un trato. Fingirían estar casados, convivir juntos, pero cada uno tenía el derecho de montar su propia vida con quien eligieran. Se tocaban lo justo y necesario para que ella se quedara embarazada. ¡Hasta Lena diseñó un sistema para calcular el día óptimo y que se tuvieran que acostar el mínimo de veces necesarias! ¿Por qué te piensas que tenían alas separadas del palacio? Kal estaba con Lois y Lena te esperaba a ti. ¿Por qué te crees que murieron juntos, Kara? Durante catorce años, Lena ha esperado a que volvieras.

- ¿Y me tengo que creer que Lena ha estado sola durante catorce años? ¿Te piensas que soy estúpida? - se rio la rubia. - ¿No crees que se dieron mucha prisa en tener a Lars entonces?

- Lex dijo que el único seguro que tenía de que el trato se estaba cumpliendo es que Lena se quedara embarazada. ¿Sabes lo que fueron esos meses para Lena? Lex estaba acumulando el ejército del norte preparándose para atacar y ella estaba teniendo que forzarse a acostarse con Kal mientras lloraba cada noche porque te habías ido. Lo peor de todo esto es que, desde que nos llegó la noticia de que volvías, Lena parecía inmensamente feliz. ¿Para qué? ¿Para que ahora la trates así? Ojalá no hubieras vuelto nunca.

- ¿Y tú que pintas aquí? ¿Qué eres su perrito guardián? Si tanto me ha echado de menos, ¿por qué no viene y me lo dice a la cara?

- Literalmente todo lo que has hecho desde que has llegado ha sido atacarla. ¿De verdad crees que Lena está por la labor de contarte nada?

- Tonterías.

- No vuelvas a poner una mano encima de ella. - la advirtió su hermana.

- ¿O qué, Alex?

La Danvers no dijo nada. Solo se levantó de la mesa mirando al suelo y negando con la cabeza.

- Sabes dónde está la puerta. - se despidió la mayor. - Y, Kara, deja en paz a los niños. Ellos no tienen la culpa de nada.

*/*/*/*

Levi estaba emocionado. Esa mañana, después de intentar golpear a Kara, ella le había dicho que avisara a su hermano porque, cuando acabaran las clases, iba a entrenarlos.

La que no estaba para nada contenta era Lena. No le apetecía darle permiso a la rubia para que pegara libremente a sus hijos bajo la excusa del entrenamiento. No le extrañaría que los golpeara más fuerte de lo necesario. Todavía no se creía lo que les había dicho hacía dos días sobre Krypton. Si se dedicaba a mentir y manipular a todo el mundo, ¿por qué Alex y ella precisamente iban a ser la excepción?

Cuando llegó la hora del final de las clases de sus hijos, cogió algunos documentos de su despacho y se fue a buscarlos. Kara ya estaba allí cargada con material de entrenamiento.

- ¿Qué haces aquí? - gruñó Kara.

- No te voy a dejar a solas con mis hijos.

- No les voy a hacer daño.

- Porque yo voy a estar delante vigilándote.

- ¿No tienes trabajo que hacer? - le preguntó Kara.

Lena enseñó el pliego de papeles que llevaba. La rubia bufó como respuesta.

Una vez los dos chicos estuvieron fuera, Kara los llevó hasta los jardines del palacio real. Mandó a los chicos vestirse con ropa adecuada para entrenar. Levi se fue corriendo ilusionado, mientras Lars se fue enfurruñado por tener que entrenar con ella.

La rubia ya se había cambiado los pantalones por unos más cómodos, pero seguía llevando una camisa de manga larga que no iba a ser muy cómoda para entrenar. Desde que se había hecho los tatuajes, siempre iba tapada para evitar que nadie los viera. Pero, total, la única que se podría escandalizar allí, ya los había visto. Así que cogió una camiseta de tirantes de entre el material de entrenamiento y se cambió de ropa allí mismo. Fue cuando notó el aire fresco sobre sus brazos y sus hombros cuando se dio cuenta de lo mucho que había echado de menos ir vestida así de ligera en un sitio tan cálido como Thera. Ahora que no tenía que llevar el estúpido uniforme kryptoniano tendría que revisar su armario.

Lena estaba sentada en un banco cerca de su posición concentrada en los papeles. Kara se preguntaba si ella habría aprovechado el cambio de ropa para echar un vistazo.

Mala línea de pensamiento.

Los críos no tardaron mucho en llegar. Levi, el primero de los dos.

La decepción que se llevó cuando se dio cuenta que apenas tenían las bases del combate cuerpo a cuerpo fue grande. Hasta le dolió en el orgullo.

- ¿Es que nadie los ha entrenado? - Kara se quejó hablando con Lena.

- ¿Para qué, Kara? Se supone que vivimos en paz. - respondió tranquilamente la morena.

- Pero necesitan unos mínimos. ¿Cómo se van a defender si alguien les ataca?

- El punto de vivir en paz, Kara, es que nadie les ataque.

- Mucha fe teníais Kal y tú. A partir de ahora, cada día después de clases vais a venir aquí a entrenar conmigo.

Fue curioso el contraste de reacciones de los chicos. Levi saltaba por todas partes de felicidad, mientras Lars dejaba caer los hombros con expresión de sufrimiento.

- ¿Y no me puede entrenar la tía Alex? - suplicó el mayor.

- La tía Alex no tiene sangre kryptoniana. Yo soy la mejor para adiestraros a los dos. ¿O es que ya no quieres matarme? - sonrió divertida. - Nunca vas a poder si te entrena alguien que no me puede vencer.

- Hay otras formas de matar a alguien que no incluyen la fuerza bruta. Existen los venenos. ¿Siempre ha sido tan creída? - preguntó Lars a su madre ignorando a Kara por completo.

- Es lo único que no ha cambiado. - respondió Lena encogiéndose de hombros.

- Pues no sé cómo la aguantabas.

- Con mucha paciencia.

- Tú tienes trabajo y tú tienes que entrenar. - los interrumpió Kara. - Ya me podréis criticar todo lo que queráis cuando acabemos.

Levi se colocó rápidamente a su lado cuando Kara empezó a explicar. Lars se intentó resistir todo lo posible, pero no tuvo más remedio que obedecer a la rubia.

Mientras que con Levi solo estuvo enseñando algunos movimientos y posturas, con Lars se dedicó a entretenerse mandándolo al suelo una vez tras otra. Lena podía ver como crecía la frustración dentro de su hijo mayor. Y si en algo se parecía a Kal y Kara es que cuando algo lo frustraba, lo intentaba con el doble de ganas. Así que lo que quedaba de tarde pasó rápidamente. Estaba anocheciendo cuando Lena tuvo que interrumpirlos para mandarlos a todos a limpiarse. Hacía rato que estaban moviéndose casi a tientas.

Sus hijos estaban tan hambrientos de tanto ejercicio que tardaron apenas unos minutos en estar listos para cenar. La sorpresa se la llevó cuando se encontró a Kara, ya limpia, sentada en la mesa esperándolos para empezar a comer.

Lena se quedó parada en el umbral de la puerta. ¿Era demasiado tarde para pedir que les subieran la cena a su ala? Levi pasó corriendo por su lado y se sentó ilusionado al lado de Kara que lo miraba incómoda por la atención del pequeño. Lena sabía que nadie iba a sacarlo de ahí. La Luthor suspiró. Qué remedio. Solo le quedaba rezar a los dioses para que Kara decidiera que solo cenaría ese día con ellos y no lo repitiera cada vez que entrenaran.

Lars parecía tan ilusionado con la presencia de la rubia como ella. Ellos dos se sentaron tan alejados de Kara como pudieron.

Levi estuvo todo el rato hablando con Kara. Bueno, sería mejor decir que estuvo todo el rato hablándole a ella. Prácticamente le había hecho un resumen de sus cinco largos años de vida. La rubia no parecía para nada interesada en escucharle o contestarle a nada de lo que le contaba. Lars y Lena prefirieron centrarse en su comida e ignorar el espectáculo.

Al acabar la cena, los dos chicos se estaban durmiendo prácticamente encima de la mesa. Lena cogió con cuidado de no hacer un mal gesto a Levi en brazos y se fue de la habitación seguida de Lars. Los tres le desearon las buenas noches a Kara. La rubia solo se quedó sentada viendo cómo se iban.

Lars se metió solo en su habitación, pero Levi se despertó lo suficiente para pedir volver con Kara. Meterlo en la cama fue todo un logro para la humanidad. Prácticamente se quedó dormido pronunciando el nombre de la rubia.

Por fin, Lena podría irse a dormir en paz.

A no ser que Kara decidiera darle otra alegría. Se la encontró delante de la puerta de su habitación esperándola apoyada contra la pared.

- ¿Qué haces aquí? - ladró Lena enfadada. Ese era su lugar privado, Kara no tenía ningún derecho de ir hasta allí otra vez. ¿Para qué? ¿Volver a usarla como su puta?

- Creo que lo sabes perfectamente. - dijo Kara acercándose con una sonrisa en los labios.

- Lárgate de aquí, Kara. - le contestó Lena. Pero la rubia no le hizo caso. Llegó hasta ella e hizo ademán de colocar sus manos en las caderas de la Luthor, pero ella la rechazó. - No me toques.

- Vamos, Lena. Me has dejado sin putas. Es lo mínimo que puedes hacer.

- Yo no soy una puta a la que puedas usar cuando te plazca.

- Pues el día del solsticio no me lo pareció. Y tú y yo sabemos que no me puedes negar nada.

Lena le soltó la bofetada más fuerte que pudo. Kara la agarró del brazo que la había golpeado y tiró de ella hasta besarla.