MATRIMONIO
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NARUTO
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Hina pide espacio esta tarde, así que me ocupé de mis plantas y de ejercitarme. Ella pasa su tiempo en el dormitorio y sospecho que trabaja en su historia. Tengo curiosidad de qué se trata, pero Hina me dirá si desea que yo lo sepa. Cenamos juntos, y aunque no es del todo cómodo, tampoco está mal. Después de la cena, Hina me enseña un nuevo juego de cartas llamado "pescar" con reglas más complicadas. Prefiero Slapjack, pero Hina no quiere jugar.
Creo que es porque si pongo mis patas sobre ella, no estará tan decidida a mantener esta distancia entre nosotros, y quiere ser fuerte.
La dejaré ser fuerte, por ahora. Pero soy astuto. Puedo desgastar sus defensas nuevamente, hacer que se dé cuenta de que soy bueno para ella. Que ella puede confiar en mí.
No protesto cuando ella duerme sola. Duermo en el piso de mi sala de ejercicios, y cuando me levanto temprano a la mañana siguiente y preparo el desayuno, estoy perversamente complacido de ver que mi Hina parece no haber dormido bien.
—¿Cansada? —Pregunto inocentemente
—De ningún modo. —Ella arruina estas palabras con un bostezo que hace crujir su mandíbula.
—Dormirías mejor si yo estuviera allí. —la engatusé, sirviendo un plato de fideos.
Ella gruñe algo por lo bajo y yo sonrío.
Comemos nuestras comidas, y cuando Hina se da vuelta para retirarse a la habitación, la detengo.
—¿Te has olvidado? Es hora de nuestras lecciones.
Hina hace una mueca.
— Naruto, estoy cansada y adolorida…
—Todos los que comienzan están cansados y adoloridos. Pronto desarrollarás músculo. —Hago un gesto hacia la sala de guerra. — Ven. Practicaremos tu espada.
Ella gime.
—No quiero.
—No te pregunté si querías. —bromeé. —Dije que lo haremos.
Mi compañera pisa adorablemente fuerte con sus pies, como una niña, pero se da vuelta y se dirige a la sala de guerra. Ella protesta aún más cuando insisto en que practiquemos desnudos, pero estoy decidido. Así es como se hace con cada joven, explico, y no veo la necesidad de romper la tradición.
Además, me gusta ver la parte trasera redondeada de Hina sacudirse mientras práctica. De esta forma, el entrenamiento es mucho más agradable para el profesor que para la alumna.
Cuando mi pequeña compañera jadea de cansancio y su piel se empapa de sudor, sus brazos tiemblan con cada golpe de su espada, lo considero lo suficiente para el día.
—Lo has hecho bien. —le digo.
—Lo haremos de nuevo mañana.
Ella arruga la nariz y me hace una mueca.
—¿Estás seguro de que no puedes enseñarme a usar un desintegrador o algo así?
—Lo haré. También te enseñaré cómo pelear con las manos desnudas. Te enseñaré cómo usar un arco. Y un escudo. Y una espada de dos manos. Pero por ahora, aprenderás esto. —Le doy unas palmaditas en la espalda cuando se dirige hacia mí, hacia las duchas. —Me lo agradecerás más tarde.
—Estoy bastante segura de que no lo haré. —responde ella.
Esa noche, jugamos a las cartas y le muestro a Hina los videos de batalla de algunas de las peleas de arena más famosas para que pueda ver sus técnicas. Deliberadamente evito mostrarle mis peleas, porque ella ya desconfía. También evito a los gladiadores lrulti, y me establezco en una lucha feroz con un guerrero drakoni. Es una raza rara con la que solo he peleado una vez en la arena, pero recuerdo el partido con cariño. Me encanta ver la cara de Hina cuando el blanco da vueltas y vueltas, y cuando el collar del drakoni suena y cae de su cuello, veo la gloria impía en la cara del macho un segundo antes de que cambie a su feroz forma de dragón. Hina jadea sorprendida, aferrándose a mi brazo, su mirada fija en la pantalla.
—¡Él cambió de forma!
—Lo sé. La mayoría de los propietarios mantienen a sus drakoni con collar en todo momento porque una vez que cambian, son casi invulnerables. —Gruño cuando el dragón cae sobre su oponente y lo rompe en pedazos, y Hina pone una mano sobre su boca.
—Oh Dios mío.
El video debería terminar, pero en cambio, el dragón se sube a las gradas, respira fuego y usa sus garras contra el público que lo observa. Esta es mi parte favorita, porque ¿cuántas veces me arrojaron comida podrida de una audiencia hosca? ¿Cuántas veces dijeron cosas groseras en mi dirección cuando una pelea dio un mal giro? Aquellos que pagan para ver de cerca tales peleas están allí simplemente por el rocío de sangre y obtienen todo lo que se merecen.
Pero la reacción de Hina no es de placer. La expresión de horror crece en su rostro, y cuando se vuelve hacia mí en estado de shock, decido que esta fue una mala decisión. Apago el video, haciendo una mueca.
—Lo siento, Hina. No me di cuenta de que eso sería desagradable para ti.
—¿Te gustó? ¡Él... atacó a todos en las gradas!
—Lo hizo. —estoy de acuerdo. —Debe haberse sentido bien. He estado en su lugar muchas veces antes y quería atacar a aquellos que disfrutan de ver a dos machos pelear por sus vidas.
Su expresión se suaviza un poco.
—Supongo que eso sería horrible. Pero... ¿no somos igual de malos viendo los videos?
—No lo sé. —le respondí honestamente. —No puedo decir sí o no porque la mayor parte de mi vida ha estado involucrada en la arena de alguna manera. Veo muchas peleas para apreciar la destreza de los luchadores y aprender sus movimientos. Aquellos que miran en las gradas están allí por la sangre, y apuestan por quién ganará. No me importa si mueren.
Ella hace un ruido suave.
—En otras palabras, es complicado.
—Como todo lo demás. —estoy de acuerdo.
—Está bien. —ella respira y luego me da un firme asentimiento. — Voy a decirme que todos son malos y no dejar que me moleste demasiado. Es solo que... es muy diferente. Incluso ahora, cuando creo que he visto las profundidades de depravación que el universo puede ofrecer, siempre me sorprendo de nuevo.
¿Cree que ha visto todos los males que esta galaxia tiene para ofrecer? ¿Mi inocente, dulce Hina? Espero nunca demostrarle que está equivocada. Quiero proteger su inocencia y optimismo siempre.
—Probablemente deberíamos ir a la cama. Es tarde y tienes entrenamiento por la mañana.
—Cierto. — Hina se ve pensativa.
Me acerco y le acaricio la mano.
—No te preocupes. No estoy pidiendo dormir contigo. Dormiré en mi sala de ejercicios.
—Claro. Por supuesto. — Hina me ofrece una sonrisa a medias y se pone de pie. —Dulces sueños, entonces. Te veré en la mañana.
—Hasta entonces.
Quizás sea solo mi imaginación, pero parecía que Hina no deseaba dormir sola. Voy a mi cama dura y solitaria, complacido. No será mi cama solitaria por mucho más tiempo.
Continuará...
