La habitación se materializó a su alrededor con aquel fantasmal efecto que el joven conocía de las simulaciones en la Academia. Las cortinas estaban cerradas y por la ventana apenas se colaba un poco de luz de las farolas en la calle. La noche había caído en Calypso.

Dante hizo un pequeño ejercicio de estiramiento y se palpó los músculos de ambos brazos; su personaje había comenzado a aumentar la masa muscular a medida que sus habilidades de luchador habían mejorado. El joven se preguntó si eventualmente se convertiría en una mole de carne y acero como el Capitán DiMarco.

Levantó la vista hacia el techo y tras fijar la vista en la lámpara que colgaba en el centro del mismo, la interfaz de Calypso le presentó una serie de opciones. Dante eligió la de «Encender lámpara» y echó un vistazo a su alrededor para examinar la habitación en donde la noche anterior se había desconectado del juego. Silvana y Mirna habían hecho un trabajo maravilloso redecorando la misma; era notable lo que el "toque femenino" podía lograr en un espacio tan pequeño. Dante se acercó a un pequeño florero ubicado sobre un mueble con amplios cajones y trató de oler el perfume de las flores que una de las chicas-gato habían colocado allí. No se sorprendió al no oler absolutamente nada. —«Mañana podré hacerlo». —pensó.

No había muchos muebles en su habitación. Aquel guardarropas con las flores encima, su cofre del inventario y la cama junto a una de las paredes. Frente a la misma estaba la ventana con las cortinas cerradas y justo enfrente de la misma reconoció la espada que había estado usando en sus aventuras de la jornada anterior. Aparentemente Rita la había colgado en un hermoso soporte de madera tras darle un poco de mantenimiento. Dante abrió el cofre y encontró su armadura de malla de guerrero limpia y arreglada. Las anillas que formaban la misma habían sido deformadas y en algunos casos arrancadas por los golpes y caídas que había sufrido durante su aventura, pero Rita la había reparado con gran habilidad y parecía ser una prenda completamente nueva.

Recordó su combate contra el oso-zombie y le pareció que aquello había sucedido en otro tiempo ¿Realmente habían pasado veinticuatro horas?

Con el cofre aún abierto el joven meditó seriamente el volver a vestir esa armadura. —¿Realmente la necesitaba? Karina podría protegerlo durante todo el trayecto hasta el avión y si ella no podía, el propio Dante no tendría mejores chances de hacerlo. Tras pensarlo detenidamente tomó su equipo de aventurero y se vistió cuidadosamente mientras silbaba una melodía de Fire Bomber.

Al finalizar de vestirse tomó la espada de su lugar en la pared y la examinó a la luz de la lámpara.

No había marcas en el metal; la espada seguía siendo tan perfecta como cuando Alex la había desenvainado frente a él la jornada anterior. El acero era brillante y hermoso, perfectamente afilado y con un detalle exquisito. Sin pensarlo dos veces la colocó en la funda de su espalda y pronto su equipo de aventurero estuvo completo.

Salió al pasillo y apagó las luces de su habitación. Escuchó voces que venían del piso inferior y el resplandor de la chimenea se colaba por el hueco de las escaleras. Tras cerrar un par de ventanas del inventario que habían quedado abiertas, Dante bajó por las escaleras y entró a la pequeña sala de estar cerca de la puerta principal.

Diógenes y Karina estaban de pié junto a la chimenea y se volvieron hacia el en cuento los pasos del guerrero sonaron en la escalera. Dante vió que había otra persona mas con ellos sentada en uno de los sillones.

—Perdón por la demora. —dijo Dante levantando una mano. —Tuve que empacar algunas cosas en mi Ex-Departamento.

El joven observó un par de orejas moverse desde el sillón y supo de inmediato quién era aquella jugadora. —Hola Mirna. —saludo.

—Nya. —respondió el saludo la chica-gato.

—¿Estamos listos? —preguntó Karina poniendose la capucha. —Me gustaria salir lo mas pronto posible.

—Pensé que querrías esperar a que haya algo más de oscuridad. —dijo Dante. —Tenemos una salida secreta que podemos utilizar para…

—Eso no será necesario. —dijo Diógenes.

—¿Eh?

—Ha habido… una serie de eventos en la ciudad y te aseguro que tanto el imperio como el Enjambre están bastante distraído con eso. —afirmó el Archivista.

Dante miró al jugador confundido. —Espero que sea lo que sea, no lo hayamos causado nosotros. —dijo. —Duval nos va a asesinar.

—Eh… algo así. —dijo el jugador. —Pero esta vez no es enteramente nuestra culpa. —afirmó haciendo un gesto con la mano.

—¿Enteramente…?

—He sido yo. —dijo una voz proveniente de la puerta que daba al fondo del edificio. Los jugadores voltearon las cabezas y vieron a la Driada apoyada en el marco. —Las flechas que utilizo parecen tener un valor excepcional para los habitantes de esta ciudad.

—Nelly. —dijo Dante acercándose. —¿A que te refieres?

—La aventurera llamada Rita aprendió a fabricar las puntas de flecha de ámbar que nosotras las Driadas usamos en el bosque. —explicó. —Los demás han llevado un puñado de ellas al mercado esta tarde y por lo que he escuchado, se ha desatado una especie de histeria allí.

—La magia de Silvana aplicada a la materia prima da como resultado una flecha especial de un valor exorbitante. —explicó el jugador. —La Orden ha resuelto sus problemas financieros por el futuro cercano al menos. —aseguró.

—Me alegra saber que al menos el grupo podrá permanecer unido por el momento. —dijo aliviado Dante. —¿Entonces esta distracción podría ayudarnos a salir de la ciudad?

—Los guardias en la puerta se han ido. —informó Mirna moviendo las orejas. —Desde hace algunas horas.

La Driada miró al joven intrigada. —¿Vas a irte? —preguntó.

—Si. —respondió Dante. —Debemos regresar al… eh…

—Golem-Kun. —lo ayudó Diógenes.

—Golem-Kun. —repitió el joven. —Tengo que volver con mis Jefes por un tiempo para continuar con la investigación.

Nelly se incorporó y caminó hacia el joven. —Si vuelven al bosque entonces será mejor que vaya con ustedes. —dijo pero Dante levantó una mano. —No. —dijo. —No es necesario que te arriesgues.

—Pero…

—Karina me protegerá de los peligros hasta llegar al claro en donde está Golem-Kun… si tu vienes con nosotros, correrás peligro de ida y de vuelta.

La Driada lo miró con una expresión de duda en el rostro. —Soy capaz de arreglarme sola. —afirmó orgullosa.

—No lo dudo. —respondió Diógenes. —Pero Dante tiene razón… tendrás que regresar sola y eso va en contra de las reglas de este Clan.

—¿En contra… de las reglas? —preguntó confundida la Exploradora.

—Siempre debemos trabajar en parejas. —respondió Mirna. —No está permitido ir solos. Muy peligroso.

Karina se había mantenido en silencio y se acercó a la pequeña ventana que daba a la calle para echar un vistazo. —No hay moros en la costa, pero los informantes podrían volver en cualquier momento. —dijo. —Será mejor ponernos en marcha de inmediato.

—Crearé una Party para el viaje. —dijo el joven mientras desplegaba su interfaz. —Listo.

La Teniente O'Higgins aceptó la invitación y la información de su personaje apareció frente a los ojos de su compañero.

La chica-Gato se incorporó del sillón y se acercó al joven estratega. —¿Realmente te iras? —preguntó.

—Tengo que volver con mi jefe, es una orden. —respondió el joven cruzándose de brazos. —Por favor dile a Silvana y los demás que volveré en cuanto las cosas estén más calmadas.

—Aún no confias en mi. —dijo la joven en voz baja.

—Eso no es cierto. —respondió Dante. —Confío en tí y se que protegerás a Silvana mucho mejor de lo que yo podría hacerlo. —afirmó. —Tu también Nelly. —añadió señalando a la Driada. —Trataré de hacer lo posible por resolver este misterio que amenaza a Calypso… y eso requiere que por el momento abandone la vida de aventurero.

—¿Pero volverás? —preguntó Nelly.

—Por supuesto. —prometió el joven. —Pero hasta entonces, necesito que ustedes dos mantengan a nuestra Druida a salvo de esos matones del Enjambre. —rogó.

—Ejem. —carraspeó Karina desde la puerta, instando a que Dante se apresurara.

—Enviaré mensajes en la medida que esté al tanto de la situación. Si creo que hay peligro inminente, me comunicaré de inmediato con Alex. —aseguró el joven estratega.

—Entendido. —respondió Diógenes. —Yo terminaré mis tareas de recopilación de material de la zona e investigaré la biblioteca y NPC's locales.

—Excelente… bueno, es hora de despedirnos. —Dijo dando la mano a cada uno de sus compañeros. —Cuidense mucho.

Karina abrió la puerta y tras mirar a ambos lados de la calle hizo una seña con la mano para que Dante la siguiera. El joven asintió en silencio y rápidamente atravesó la puerta del ClanHall tras los pasos de su compañera.

No había nadie en las calles de Jenne. Avanzaron rápidamente por las callejuelas laterales y evitaron las avenidas principales lo mas que podían. —En uno de los cruces de una de esas avenidas pudieron ver las luces del mercado de la ciudad y la aglomeración de gente que causaba un verdadero alboroto con gritos y maldiciones que llegaban apagados por los ecos de los edificios circundantes. Los dos compañeros cruzaron la calle rápidamente y se dirigieron directamente a los establos de la salida Sur.

Allí tampoco había guardias ni NPC's, pero al acercarse al edificio escucharon el relincho de un caballo que hizo temblar el establo.

—¡Valkyria! —exclamó Dante al ver a la yegua asomar la cabeza desde.

El animal sacudió la cabeza y dejó que Dante acariciara el poderoso cuello mientras Karina abría las puertas. —Montaremos desde aquí. —dijo mientras revisaba las hebillas y correas de la silla. —Prepárate.

—¿Crees que nos sigan? —preguntó Dante mirando con inquietud las sombras de la ciudad. —Ya nos pasó una vez.

—Partiremos a galope tendido a campo traviesa. —respondió la Teniente subiéndose a la silla de un solo salto. —Si nos persiguen, no podrán competir con Valkyria en terreno llano.

Dante subió a la grupa del animal y se ubicó tras Karina. —Listo. —dijo sujetándose de la cintura de la joven.

Valkyria relinchó y se lanzó a galope tendido por la calle que desembocaba en los enormes portones de la salida sur. Había dos guardias apostados a cada lado de las enormes puertas pero si eran soldados del Imperio o NPCs, Dante no tuvo tiempo de verificarlo; la yegua pasó frente a ellos a una velocidad tan elevada que cuando reaccionaron ya los dos compañeros habían desaparecido en las tinieblas.

Era todavía temprano para que las dos lunas se levantaran por sobre las montañas y la oscuridad en las planicies cerca de la ciudad era casi completa. Karina se desvió un poco del camino mas recto hacia el bosque para galopar por las tierras bajas, aprovechando la niebla que comenzaba a formar velos por sobre la hierba. Valkyria galopaba a toda velocidad por aquel terreno y la niebla se cerraba tras ellos, ocultandolos efectivamente de cualquier perseguidor que osara competir con la yegua.

Continuaron a esa velocidad por media hora seguida y luego Karina viró en dirección al bosque. Pronto el terreno comenzó a elevarse y dejaron atrás las zonas mas húmedas y fértiles de las llanuras. Un viento fresco soplaba de las montañas pero ninguno de los dos sentía ninguna fragancia.

De haber estado dentro de una de las vainas, ambos podrían haber sentido el aroma de la tierra mojada que venía desde el este.

—Estás muy callado. —dijo de pronto Karina. —¿Sucede algo? —preguntó.

—Disculpa estaba… pensando. —respondió el joven.

—¿Fué muy severo Duval contigo?

—Al menos no tenía el martillo en el mundo real. —respondió Dante. —Pero hablamos de otras cosas y ahora estoy más intranquilo que nunca.

—Ya veo. —respondió Karina. —Al menos estamos ganando. ¿Verdad?

—¿Ganando? —preguntó confundido Dante.

—Osea tenemos la iniciativa… y hemos resuelto la primera parte de la profecía.

—Los pilares de la Creación. —recitó Dante. —Todavía no tenemos evidencia concreta que es La Horda Escarlata era la que estaba provocando la disrupción de la magia en Calypso… solo con los análisis de sangre de los jugadores podremos confirmarlo.

—¿Qué hay de los otros dos pilares? —preguntó la teniente. —La música y…

—El amor. —respondió el joven. —Esos son los otros dos pilares amenazados por la profecía.

Karina meditó aquello unos instantes. —¿Cómo crees que pueda afectar la música a este mundo? —preguntó. —¿Crees que los músicos comiencen a enfermarse… o tal vez los instrumentos musicales dejen de sonar o algo por el estilo?

—No tengo ni idea. —reconoció Dante. —Supongo que tendré que pedirle a Willy algo de información sobre cómo funciona la música en este mundo.

—Comprendo. —respondió la joven.

—Ahora con respecto al tercer pilar… el amor.

—¿Tienes alguna idea?

Dante guardó silencio unos segundos. —Yo… es decir… no soy muy experimentado en ese tema. —dijo sintiéndose aliviado que Karina no pudiera verle el rostro sonrojado en aquel momento. —Es decir…

—Yo… yo tampoco. —respondió nerviosa la joven. —Nunca… nunca tuve tiempo para esas cosas.

Los dos guardaron silencio de forma incómoda y Dante se sintió culpable de haber traído ese tema justo cuando se encontraba abrazando la cintura de la joven y sentía el calor de su cuerpo tan cerca del suyo. —Me pregunto si Diógenes tendrá más experiencia con ese tema… digo, con novelas románticas y todo eso. —exclamó inmediatamente pero una llamada de su Jefe le dió la oportunidad perfecta para cambiar el tema de conversación. —Es Duval. —dijo.

La interfaz de comunicación se abrió y una ventana con el nombre y avatar de Duval apareció en modo voz. —¿Cómo va eso? —preguntó el Zentradi.

—Estamos en ruta hacia la LZ. —respondió el joven. —No parece haber nadie tras nosotros, pero espero que ustedes puedan confirmarlo desde allá.

—No estamos en el puente de la Macross. —informó Duval. —Así que no podremos darte información sobre la zona usando los satélites.

—Rayos… esa información nos hubiera venido de diez.

—No creo que El Imperio intente perseguirlos a estas horas. —respondió Duval.—Aparentemente hay cierta… conmoción en Jenne en estos momentos.

—Algo de eso vimos cuando salíamos. —informó Dante. —No nos cruzamos con otros jugadores por suerte.

El Zentran guardó silencio unos segundos. —¿Ustedes no tuvieron nada que ver con eso… ¿Verdad?

—Eh… creo… creo que esta vez no. —respondió nervioso el joven.

—Eso espero. Tengo informes de cierto ítem de gran valor que ha aparecido en el mercado de la ciudad y los clanes de allí están verdaderamente agitados.

Dante no respondió y dejó que Duval continuara hablando.

—Sea quien sea que haya decidido vender esos ítems, ha utilizado uno de los gremios de NPC's como intermediario para la venta. Es probable que la identidad del vendedor no sea conocida por el momento.

—¿Cree que eso sirva para mejorar la economía de la ciudad? —preguntó el joven.

—Ya veremos… es aún demasiado pronto para sacar conclusiones. Bien, no se desvíen de la ruta y vuelvan a la base lo más pronto que puedan. Es una orden.

—Entendido. Joyner fuera.

La comunicación se cortó y Dante cerró la interfaz con un gesto de la mano. —Dejame adivinar. —dijo Karina sin voltear la cabeza. —¿Nos pidió que nos apresuremos?

—El jefe está deseoso de verme allá arriba. —dijo el joven. —En realidad no lo culpo… para dedicarnos a operaciones de bajo perfil, hemos causado más problemas que otra cosa. —dijo.

Los primeros árboles aparecieron frente a ellos; los restos de los que antes fueran los "Dedos" del Bosque Viejo. Aquí y allá podían verse los tocones podridos de los enormes árboles que habían sido talados por los jugadores para alimentar las chimeneas y hogueras de los miles y miles de aventureros que aparecieron repentinamente en Calypso y comenzaron a depredar los recursos del planeta. Dante pensó en Nelly y en como la Driada se sentiría al ver toda esa destrucción sin sentido. Al menos ahora que estaba junto a Silvana de seguro ambas jóvenes podrían sumar esfuerzos para sanar al bosque.

Todavía faltaba un buen trecho de camino hasta el claro asi que Dante desplegó una nueva ventana en su interfaz y comenzó a leer el informe que Diógenes le había suministrado sobre el misterioso Líder del Imperio.

El Dossier era muy detallado y contenia incluso una línea temporal con todos los juegos que ese tal "Victor" había jugado en su vida. Los títulos de esos juegos no le decían nada al joven, quien pasaba las hojas tratando de comprender que clase de jugador era aquel, pero poco a poco una imagen mental de la personalidad de aquel personaje comenzó a formarse en la cabeza del joven estratega; era evidente que Victor era un Líder natural, una persona acostumbrada a ocupar una posición de poder y disponer de una gran cantidad de seguidores a sus órdenes. Dante encontró fascinantes los informes sobre su forma de estructurar los denominados "Clanes" que construía alrededor de su figura. Cada juego poseia sus propias reglas y sistemas que los jugadores debian aprender para sacar el máximo beneficio de cada mundo, pero el joven no tuvo problemas en ver el patrón que se repetía en cada una de las organizaciones creadas por ese jugador.

—Vuelves a estar muy callado. —dijo Karina de pronto mientras Valkyria cabalgaba junto a una profunda barranca y el sonido de aguas rápidas se escuchaba por sobre el golpear de los cascos sobre la tierra. —¿Qué estás leyendo?

—Sobre el Jefe de DiMarco. —respondió Dante.

—Ah… ese tipo. —recordó la joven. —¿Qué sucede con él? —preguntó.

—Duval cree que podría representar un estorbo en nuestros planes. —explicó el joven. —Quiere que aprenda algo sobre él por si tenemos que tomar alguna medida concreta.

—¿Por que querría enfrentarse a los que manejan el juego? —volvió a preguntar la Teniente. —¿Por diversión?

—A decir verdad y por lo que dice su informe…. es una posibilidad. —respondió Dante. —Una especie de rebeldía adolescente… pero en un tipo de sesenta años.

—¿Osea que le gusta romper las reglas?

—No, justamente lo que hace no es romper las reglas… sinó jugar con ellas. —razonó el joven. —Victor tiene una larga tradición de aprovecharse de los agujeros legales y ambigüedades del reglamente para construir su estructura de poder. —explicó Dante.

—¿Victor? —preguntó Karina. —¿Así se llama?

—Aparentemente… ¿Te suena?

—Ese es la designación en clave que se le dió a los Vajra antes que tuvieran un nombre oficial. —respondió la joven. —«Código Victor»

Dante se golpeó la cabeza con la palma de la mano. —Con razón me sonaba ese nombre de algún lado. —exclamó. —Tienes razón… el código «Victor» fué la designación temporal que dió la NUNS a esa forma de vida… que interesante casualidad escuchar hablar de esos seres dos veces en un mismo día. ¿No crees?

Karina se encogió de hombros. —Pronto llegaremos. —informó —La parte mas larga del viaje ya ha quedado atrás… solo nos queda llegar al claro y a mi aeronave… estaremos en la SDF-1 en menos de una hora.

—¿Crees que Duval me permita volar uno de los VF's de la Macross? —preguntó mientras Valkyria se internaba entre los árboles del bosque que se extendía ante ellos como una gran sombra negra.

—¿Tienes licencia de vuelo? —preguntó la Teniente O'Higgins.

—No. —respondió el joven cerrando la ventana con el Dossier de Victor. —¿Necesito una aquí también?

—Las reglas de la milicia se aplican también a la Simulación. —respondió Karina. —Esas son las órdenes que recibí al comenzar este trabajo.

—Podría tomar lecciones de vuelo en un simulador si es que hay alguno en la Macross. —pensó Dante. —Un Simulador dentro de una Simulación… ¿No suena loco?

La joven se rió con aquella ocurrencia. —Yo te daré unas clases si quieres. —dijo. —Pero solo cuando las cosas se calmen un poco.

—¿En serio? ¡Me encantaría! —respondió Dante entusiasmado

Valkyria apenas disminuyó el paso aún entre la densa arboleda. El animal parecía poder ver en la oscuridad y escogía los senderos con pericia y seguridad, siempre en dirección al interior de la floresta, hacia donde se encontraba oculto el VF-4.

—Rayos. —exclamó Karina de pronto. Dante estiró el cuello por sobre los hombros de la chica y vió que se encontraba examinando la interfaz del mapa. —¿Sucede algo?

—No… no es nada… solo que había colocado un marcador en la posición del claro en dónde está mi nave, pero ha desaparecido del mapa.

—Uh… ¿Recuerdas donde…?

—Si, por supuesto. —respondió la joven. —El claro puede verse si hago "zoom" al mapa. —explicó mientras la ventana del mapa se acercaba a una región en particular entre las estribaciones de dos macizos montañosos. —Es justo aquí. —dijo volviendo a insertar una marca.

El punto de ruta se compartió en la "Party" y Dante vió el mismo marcador aparecer en su interfaz.

El terreno comenzó a descender nuevamente y pronto llegaron a un arroyo que bajaba de las montañas. Valkyria entró al mismo sin disminuir la velocidad mientras sus poderosos cascos levantaban chorros de espuma en las agitadas aguas oscuras. Galoparon por el lecho del arroyo un tiempo y finalmente cruzaron al otro lado subiendo por unas abruptas barrancas al llegar a una zona con demasiadas piedras. —Al menos eso borrará nuestras huellas. —explicó la joven.

Volvieron a internarse entre los árboles y se dirigieron en línea recta hacia su destino, apenas unos pocos kilómetros más adelante.

—Tendrás que viajar algo apretado detrás de mi asiento. —explicó Karina. —Tal vez deberías quitarte la armadura y la espada.

—De todas formas en un viaje corto. —respondió el joven. —Mira esas nubes allá a la distancia… veo destellos de luz ¿Crees que…?

—Definitivamente son nubes de lluvia. —observó la Teniente agudizando la vista en dirección a las montañas.

—Está aún demasiado lejos para cubrir nuestro despegue, llegaremos primero nosotros al claro.

Los minutos transcurrieron sin novedad mientras Valkyria avanzaba entre los árboles. No tardaron mucho en recorrer el último trecho y llegaron al claro casi al mismo tiempo que las lunas de Calypso se asomaban sobre las montañas.

Los primeros rayos pálidos de la Hermana Mayor iluminaron el claro donde la solitaria piedra con las runas de la Protocultura se erguía hacia el cielo estrellado.

No había rastros del avión por ninguna parte.

—No… no otra vez. —exclamó Dante saltando a la hierba. —Dime que es una maldita broma.

Karina observaba el claro en silencio. Sea lo que sea que pasaba por su mente en ese momento, la joven al menos sabía guardar la compostura.

—No… no ¡No! —gritó Dante dando una fuerte patada a la piedra. —¿Justo AHORA? ¿Es que nunca podremos salir de este planeta?

—Calma. —dijo la Teniente descendiendo de su cabalgadura. —No lograremos nada perdiendo la cabeza en este momento.

—Pero…

—Sea quien sea el que se lo ha llevado, debe haber dejado huellas. —dijo calmadamente la joven. —Ayudame a buscar.

Dejaron a Valkyria pastando a un lado de la enorme piedra y examinaron el sitio en donde Karina había aterrizado su VF-4 Por suerte la luz de ambas lunas ayudaba un poco a su tarea. Al cabo de varios minutos se dieron por vencidos —No hay rastros de las enredaderas que esa… Driada usó para ocultar mi aeronave. —dijo Karina mientras tocaba la hierba en cuclillas.

—Y tampoco hay huellas ni marcas en el terreno. —observó Dante. —Ni pisadas gigantes, ni huellas de neumáticos o ruedas… nada.

—Es como si mi nave jamás hubiera estado en este sitio y sin embargo…

—No hay duda de que estuvimos aquí ayer por la noche. —respondió Dante. —¿Qué hacemos? ¿Llamar a Duval?

—Se pondrá furioso. —advirtió la joven.

—No te quepa la menor duda… pero no es nuestra culpa. —se excusó Dante. —No esta vez.

Karina se incorporó y llamó a Valkyria. La yegua relinchó y llegó a su lado rápidamente ante la mirada confundida que Dante. —¿Qué vas a hacer? —preguntó.

—Saldré a reconocer el terreno. —respondió la joven subiendo de un salto a la silla de montar. —Tal vez me cruce con alguna pista.

—A Duval no le gustaría que no separemos. —observó el joven. —Deberíamos esperar a que los satélites de la Macross estén en línea y puedan guiarnos desde allí.

—No hay tiempo. —respondió Karina. —Tu tienes que volver esta noche o arriesgarte a dejar tu avatar en el bosque mientras te metes en la Vaina de viaje… el procedimiento lleva varias horas por lo que he escuchado.

—Aún así…

—Llama a Duval e inform la situación, pero no te alejes de este sitio. —ordenó la Teniente mientras se colocaba sus gafas de visión nocturna. —Si encuentro algun rastro de mi aeronave vendré a recogerte.

No muy convencido, Dante asintió con la cabeza.

—Volveré pronto. —exclamó Karina mientras sacudia las riendas. La Yegua relinchó y partió al galope desapareciendo rápidamente entre la frondosa vegetación.

Dante quedó solo en el medio del claro bañado por la luz de las lunas.

Sin tener otra cosa que hacer se sentó contra la roca y desplegó la interfaz de comunicaciones. Willy respondió a los pocos segundos.

—¿Aún no están en la Macross? —preguntó al ver que el programador no estaba con su avatar de Amazona.

—No, todavía tenemos asuntos pendientes que resolver aquí fuera. —respondió. —¿Pasa algo? Oh dios, el tono de tu voz… definitivamente pasó algo ¿Verdad?

—El VF-4 ha desaparecido. —dijo Dante.

—¿Que….? ¿OTRA VEZ?

—Esta vez no ha sido una inundación. —respondió el joven. —Creemos que alguien o algo se lo ha llevado.

Si Willy hubiese tenido cabello, definitivamente se los estaría arrancando en ese preciso momento. —Esto… esto no puede ser. —dijo con voz tensa. —Cuando el Jefe se entere…

—¿Cuando yo me entere, que? —preguntó Duval mientras su Avatar se unía a la conversación.

—Han perdido también el VF-4. —respondió el Programador.

—¿Otra vez? —preguntó el Zentradi mientras Dante se imaginaba lo peor.

—Karina ha salido a explorar el terreno en busca de pistas. —respondió nervioso el joven. —Pero necesitamos los satélites de observación en línea si queremos descubrir donde se lo han llevado… La Teniente es buena, pero este bosque es demasiado grande, sería como buscar una aguja en un pajar.

—Los satélites no te servirán. —dijo Duval. —Enviaré a Willy en un Ojo de Gato a sobrevolar la zona. El Datalink del VF-4 continua activo incluso si el caza está apagado; en cuanto captemos un ping de su computadora sabremos su localización exacta.

—Es una buena idea… espera ¿Sabes tu volar esas cosas? —preguntó el joven al programador.

—¿Yo? Claro que no. —respondió Willy. —Yo voy a operar el radar, quien vuele el avión será un NPC.

Aquello confundió al joven, pero Duval lo interrumpió antes que pudiera hacer más preguntas. —Esto no podría haber pasado en un peor momento. —dijo el Zentradi. —Iremos de inmediato a preparar la aeronave, será mejor que te quedes ahí y esperes a la Teniente.

—Entendido. —dijo Dante. —¿Alguna idea de quien o que pudo haberse llevado el VF-4?

—Solo una criatura de tamaño gigante o colosal podría haber hecho algo semejante. —respondió Willy. —Sabemos que El Enjambre tiene gigantes en el área, pero no creo que ellos se atrevan a robarse un avión de los militares… las consecuencias serían terribles.

—Además si se hubieran robado un VF-4, ya estarían alardeando de eso en las redes. —aseguró Duval. —Y yo tendria que estar aguantando a Malkovich tratando de cortarme el cuello.

—De acuerdo, me quedaré aquí hasta que vuelva Karina.

—Bien, nosotros iremos de inmediato al Puente de Mando, nos pondremos en contacto contigo una vez que Willy despegue desde el Prometheus… no hagas nada estúpido. ¿Está bien?

—Si Señor. —respondió Dante. —Ah por cierto… una cosa más.

—Dime.

—¿Qué pasará si no podemos recuperarlo…? —preguntó preocupado el joven.

—Entonces Willy detonará sus reactores remotamente. —respondió el Zentradi. —Hemos aprendido del último "Incidente" de ustedes y no podemos dejar una de esas cosas en Calypso sin supervisión… el UniEngine podría intentar hacer algo con ella.

—Ah… entiendo.

La comunicación se cortó y Dante volvió a quedar en silencio en el claro. Como no sabía cuánto tiempo debía esperar, desplegó una de las ventanas de interfaz y volvió a leer las notas sobre el Líder del Imperio.

La lectura lo absorbió por completo y al cabo de varios minutos comenzó a tomar notas en una libreta de la interfaz que servía para llevar el registro de las Misiones y Quest del mundo. Estaba tan concentrado en su tarea que no vió al guerrero hasta que la armadura reflejó el brillo de las lunas y la luz se filtró por entre las ventanas de la interfaz. Dante cerró la misma con un movimiento rápido de la mano y vió a DiMarco parado frente a él, a unos escasos dos metros de distancia.

—¡Pero que….! —exclamó incorporándose de golpe.

—Al fin te encuentro. —dijo el enorme guerrero desenvainando el enorme espadón.

La espalda del joven se pegó a la fría y oscura roca del menhir. Dante comprendió que debía salir de allí a toda costa o estaría al alcance de la espada del guerrero. Dió un salto al costado y se irguió desafiante ante la enorme figura de acero brillante. —¿DiMarco..? ¿Que rayos…? ¿Como…?

—Te hemos seguido por supuesto. —dijo una voz de mujer desconocida. Dante se volvió y vió a una mujer encapuchada que avanzaba lentamente por el claro hasta detenerse junto al poderoso Capitán. —Pensamos que no llegaríamos a tiempo, pero veo que nos equivocamos.

—¿Quien…?

—Mi nombre es Elektra. —dijo la desconocida bajandose la capucha de modo que Dante pudo ver el rostro de la joven. —Soy la jefa de Espías del Imperio.

—Mu-mucho gusto. —respondió confundido el joven mientras su cabeza trataba de analizar toda la situación. —Mi nombre es Dante.

—Ya lo sabemos. —respondió la mujer. —Sabemos muchas cosas sobre ti y la Teniente Karina O'Higgins, también sobre tu trabajo con Alpha Corporation.

Dante no respondió y se limitó a permanecer de pié sin cambiar de postura.

—Veo que no puedes hablar. —dijo la mujer. —No te preocupes, comprendo a la perfección tu posición, no es necesario que nos reveles nada.

—No tengo intención de interactuar con ningún jugador en este momento, por favor me gustaría que me dejaran en paz. —pidió el joven extendiendo la mano. —Así que agradezco su comprensión.

—Eso… no va a ser posible. —dijo DiMarco con voz grave. —Tenemos asuntos pendientes que arreglar.

Dante se puso en guardia. ¿Ese jugador era la joven bibliotecaria de la Flota 41? ¿Cuál era su nombre? ¿Ayumi? El aspecto del enorme guerrero todo cubierto de acero era impresionante y hacia menos creible la imagen mental que Dante tenía de la joven bibliotecaria.

No, allí no existía Ayumi, allí solo estaba DiMarco y era con el guerrero con quien debía tratar, no había otra salida. —No tengo nada contra ustedes ni contra El imperio. —respondió en cambio. —Ni estoy en condiciones de hablar ahora… pero puedo comprometerme a encontrarme con ustedes en otro momento y aclarar las cosas… este no es el lugar y el momento para hacerlo.

La joven que se había dado a conocer como la Jefa de los Espías del Imperio sacudió la cabeza. —Esta es una zona PvP. —dijo. —No necesitamos tu permiso para hacer lo que queramos. —dijo desenvainando una fina espada de duelo como la que usaba Matilda.

Dante tragó saliva y su personaje separó las piernas adoptando una pose previa al combate; era evidente que el avatar de Elektra habia fijado su persona como oponente y el combate era inevitable.

—Espera. —dijo DiMarco interponiendo la enorme espada frente a Elektra. —Déjame a mí luchar con él. —dijo.

La joven sonrió y volvió a envainar la espada. —Como quiera, Capitán. —dijo.

Dante volvió a levantar la mano. —Espera un momento. ¿Luchar? ¿Es realmente necesario eso?

—¿Entonces vendrás con nosotros? —preguntó el guerrero.

—No. —respondió el joven. —No puedo ir con ustedes.

—En guardia. —dijo DiMarco levantando la espada.

El joven retrocedió unos pasos y con un gesto de su mano desplegó la interfaz de comunicación. Rápidamente seleccionó el nombre de Karina y su avatar, pero para su desconcierto el botón de iniciar la llamada estaba desactivado.

—¿Pero que…?

Un resplandor hizo que levantara la mirada. La mujer llamada Elektra tenia algo brillante en una de sus manos, una especie de gema o cristal de color escarlata.

—Estás… ¿Estás interfiriendo las comunicaciones? —preguntó cerrando la ventana.

—Es solo una precaución extra. —respondió la mujer con una sonrisa.

DiMarco atacó entonces. Lanzó un tajo transversal con su espada de forma tan violenta que Dante apenas tuvo tiempo de saltar hacia atrás. La terrible arma cortó el aire en el sitio en donde antes estuviera el torso del joven y el ruido hizo que se le helara la sangre.

—Será mejor que te tomes esto en serio. —dijo el guerrero lanzando una mirada penetrante al confundido Estratega. —No estoy jugando.

—Yo creía que todos estamos jugando. —respondió Dante retrocediendo aún más para ponerse a salvo..

El Capitán clavó la enorme espada en el suelo y pareció brillar momentáneamente. Dante reconoció de inmediato que el guerrero estaba usando aquella habilidad de intimidación que lo había hecho temblar como una hoja la primera vez que se enfrentaron. Separó las piernas y apretó sus puños en cuanto sintió la ola de poder llegar hasta su cuerpo. El aire pareció temblar a su alrededor, pero no sintió nada más.

—Haz crecido. —dijo DiMarco al ver como el joven resistió el poder de su presencia. —Ya no eres el novato que una vez se me escurrió de las manos… ahora posees una fuerza propia.

—He tenido un par de aventuras en Calypso desde la última vez que nos vimos. —reconoció Dante. —Se podría decir que tengo algo más de experiencia ahora.

—Basta de charla, muestrame tu acero. —ordenó el guerrero vestido de acero.

¿Qué hacer? Dante no tenía ninguna chance contra aquel monstruo. Lo único que podía hacer era ganar tiempo. Lentamente llevó la mano por encima de su hombro y tomó el pomo de la espada que tenía colgada en la espalda. Vió como una sonrisa se formaba en el rostro de DiMarco.

—Sabes muy bien que no puedo derrotarte. —dijo Dante sosteniendo su espada con ambas manos. —Deberías darme la oportunidad de negociar una salida sin violencia a esto.

Para su sorpresa, el guerrero no respondió y en cambio bajó el escudo que tenía en su mano izquierda, que quedó clavado en la tierra junto a la enorme espada. —Esa espada. —dijo señalando con el dedo el arma que tenía Dante. —¿Quién te ha dado esa espada? —preguntó.

El joven lo miró confundido. —¿Eh..? ¿Mi espada?

—¿Cómo es que alguien como tú tiene un arma así? ¡Responde!

—Mis amigos me la dieron. —respondió Dante. —Mis camaradas de La Orden. Ellos confían en mí, en mi misión de proteger a Calypso y es por eso que me han brindado su ayuda.

El Capitán DiMarco dió un paso al frente, abandonando su arma y escudo tras de sí ante la mirada confundida de Elektra. —Puedo… ¿Puedo ver esa espada? —preguntó el hombre extendiendo la mano.

Dante tragó saliva. Su contrincante estaba completamente desarmado y al alcance de su espada ¿Era un simple truco? ¿Acaso lo creia tan estúpido como para entregar su unica arma a quien hacia solo unos instantes habia intentado partirlo al medio de un solo golpe? No, eso no podía ser posible. Había algo más en todo aquello. Miró a DiMarco a los ojos y supo la respuesta de inmediato. —Si, claro.—respondió el joven mientras bajaba el arma y la ofrecía con la empuñadura hacia delante.

El musculoso caballero tomó respetuosamente la espada por la empuñadura y la examinó minuciosamente a la luz de las lunas, tras lo cual la mostró a su compañera. —¿Sabes que es esta espada? —preguntó.

Los ojos de la mujer brillaron mientras la magia que había en ellos recogía toda la información necesaria del objeto. —Si. —dijo. —La conozco. Es la espada que dieron como premio en el primer torneo de jugadores de Calypso, en el festival de la cosecha de Milanis.

DiMarco asintió. —El ganador de ese torneo recibió esta espada luego de vencerme en una pelea justa. —explicó el hombre volviéndose hacia Dante. —Fué un gran combate y fuí derrotado por un oponente que me superó en habilidad y astucia. Tu eres apenas un recién llegado… ¿Cómo es que tienes tú esta espada? ¿Qué relación tienes con ese jugador?

—Solo se que era un gran espadachín, tal vez el mejor de todo Calypso, pero que se cansó de los abusos del juego. —respondió Dante. —No lo conocí en persona, pero al parecer era alguien muy querido para mis compañeros de Clan.

El Capitán devolvió el arma a Dante, quien continuaba mirándolo confundido. —¿Sabes el nombre de ese jugador? —preguntó.

—Creo que Lucas o algo así... —respondió Dante.

Elektra asintió en silencio, confirmando a DiMarco que el joven decía la verdad.

—Era un espadachín de primera, con habilidades innatas. —suspiró el enorme guerrero. —Pero no aceptó mi invitación de unirse a nosotros. —agregó mientras volvía caminando hacia donde había quedado su espada y escudo. Para la desesperación de Dante, el guerrero volvió a tomar sus armas y asumió la posición de ataque. —Esa hoja no está hecha para ser blandida por cualquiera. —dijo señalando al joven con su propia espada. —Demuéstrame que te la mereces.

—¿Que me la…?

DiMarco dió un salto hacia delante y se lanzó al ataque con una velocidad increíble. Fué tal la rapidez del ataque que Dante no pudo esquivarlo a tiempo. Levantó la espada con ambas manos y paró el terrible golpe del Capitán que amenazaba con partirlo al medio.

El impacto fué terrible. La espada de Dante recibió el golpe del enorme espadón y una cascada de chispas surgió del choque de metales. La fuerza del ataque hizo que el joven tuviera que apoyar una rodilla en el suelo para evitar ser aplastado por la enorme fuerza que DiMarco aplicaba sobre el arma. Era tal la fortaleza del poderoso guerrero que las botas de Dante comenzaron a hundirse en el blando suelo del bosque.

—Haz parado mi golpe. —dijo su contrincante con voz grave. —Tienes potencial para convertirte en un buen guerrero.

—Gra- gracias. —respondió Dante apenas con las fuerzas suficientes para articular las palabras. —Si...las cosas fueran diferentes… hubiese sido genial aprender de usted.

—Si, es una lástima. —respondió el guerrero soltando el escudo.

Dante comprendió alarmado que DiMarco estaba aplastandolo contra el suelo usando solo la fuerza de la mano de su espada; la mano izquierda que sujetaba el enorme escudo de torre ahora estaba libre y vió con terror como se cerraba en un enorme puño enguantado en placas de acero.

—Lo siento. —se disculpó el enorme Capitán mientras se preparaba para lanzar el devastador golpe con su mano libre. —Pero voy a tener que incapacitarse por un tiempo; podrás salir del juego y volver mañana, entonces podremos charlar más tranquilos.

—Mierda.

DiMarco lanzó el golpe directamente a la cara de Dante, quien cerró los ojos sin poder hacer otra cosa.

Sintió la sangre salpicar su rostro pero no el golpe, así que abrió uno de sus ojos.

El gigantesco puño de DiMarco se había detenido a unos pocos centímetros de su nariz y la sangre roja goteaba entre la malla metálica que formaba aquel guantelete de acero. Cuando abrió ambos ojos pudo ver, a la pálida luz de las lunas, la flecha de plumaje gris que asomaba clavada en la mano de su contrincante.

—¿Pero que…? —comenzó a decir.

El Capitán DiMarco levantó su espada y Dante pudo caer arrodillado sobre la hierba aplastada. El hombre clavó el enorme espadón en el suelo y miró confundido su mano izquierda. —¿Una flecha? ¿Qué demonios?

—¡Capitán, mire allí! —exclamó Elektra con su espada en la mano.

Tanto Dante como DiMarco miraron en la dirección que indicaba la Jefa de Espías y entonces vieron a la Driada, apenas una figura gris casi oculta entre los árboles del linde del claro.

—¡Nelly! —exclamó Dante. —¡Alejate! ¡Estos enemigos son demasiado para ti!

La joven ignoró las advertencias de Dante y caminó hacia ellos con el arco desplegado y una flecha lista en la cuerda. La mirada de la arquera era brillante y decidida.

—¡Alto! —gritó Elektra interponiendose entre la Driada y DiMarco. —¡No des un paso más, seas quien seas!

Nelly se detuvo a un par de metros de ella y con un movimiento fugaz apuntó su arco hacia la cabeza de la mujer encapuchada. —Apártate o disparo. —dijo con voz decidida.

—Una simple flecha no me asusta, no creas que…

—Elektra. —dijo DiMarco. —Espera… algo está mal. —dijo mientras levantaba la mano ensangrentada. —Mira.

—¿Qué sucede?

El Capitán tomó la flecha clavada y con cuidado la extrajo de su mano herida. Un chorro de sangre brotó del orificio en cuanto la punta de la misma salió de entre la malla metálica. —Esta flecha…

Los ojos de la Espía volvieron a brillar. —Oh por todos los dioses… ¡Es una de esas flechas de Ámbar!

DiMarco sostuvo la flecha a la luz de la luna y aplastó la punta de la misma, ya desprovista de la magia de endurecimiento y transformada ahora en una sustancia frágil como el cristal. —Si te clava una de estas, te matará de inmediato. —dijo. —Penetró mi armadura mágica como si no existiera

La joven encapuchada tragó saliva y se apartó a un lado. Nelly bajó el arco pero lo mantuvo listo para disparar mientras caminaba hacia donde se encontraban los dos guerreros.

Dimarco se volvió hacia la recién llegada dando la espalda a Dante, quien seguía arrodillado en el suelo sin poder reaccionar. —¿Quién eres tú? ¿Por que interrumpes nuestro combate?

—Ese hombre tiene la protección del Bosque. —dijo Nelly señalando a Dante con el arco. —Cualquiera que levante un arma contra el será considerado un enemigo de las Guardianas de la Floresta.

—¿Guardianas de la…?

—Es una Driada. —dijo Elektra acercándose. —Por todos los santos… ella no es un Personaje Jugador.

—¿Que? —preguntó DiMarco, que había recogido su espada y miró en forma incrédula a su compañera. —¿Qué rayos estás diciendo? Eso no es…

—Es la verdad. —dijo Dante mientras usaba su espada para apoyarse y ponerse de pie con dificultad. —Ella es Nelly; una de las Dríadas del Bosque Viejo y está ayudando a mi y a mis amigos en nuestra misión. —dijo.

Nelly corrió hacia Dante y lo ayudó a levantarse. —¿Te encuentras bien? —preguntó.

—Si, solo un poco aturdido por la sacudida. —respondió el joven. —¿Pero que haces tú aquí? ¿Por qué no estás en el Clan Hall?

La Driada sacudió la cabeza. —Estaba preocupada… y vi movimiento en la calle cuando ustedes se fueron; estos tipos los siguieron apenas ustedes abandonaron la ciudad y no había nadie más a quien pedir ayuda.

—Gracias. —dijo Dante agradecido. —Gracias por arriesgar tu vida para salvarme.

Nelly miró al joven preocupada—¿Dónde está Karina? ¿Dónde está Golem-Kun? ¿Cuando…? Dante levantó una mano para interrumpir las preguntas de la joven. —Te explicaré todo, pero primero tenemos que salir vivos de esta.

La Driada asintió y tomó posición junto a Dante. Ambos compañeros tenían sus armas preparadas y miraron desafiantes a los hombres del Imperio que los miraban indecisos.

—Te lo pediré una vez más. —dijo Dante elevando la voz. —Dejanos marcharnos en libertad; no queremos luchar contra el Imperio.

—No creas que… —comenzó a decir Elektra dando un paso al frente pero DiMarco extendió la mano y la detuvo. —Creo… creo que dice la verdad. —dijo.

—¿Eh? —exclamó la espía volviéndose confundida hacia su compañero. —¿Qué estás diciendo?

—Yo… estoy confundido. —dijo el enorme guerrero llevándose una mano al rostro. —No dudo ni por un segundo del honor de este hombre. —afirmó señalando a Dante. —Pero ahora… ahora no puedo pasar por alto a ella. —exclamó señalando a Nelly. —¿Por qué estás recibiendo la ayuda de un NPC? ¿Es esto parte de tus privilegios con los administradores?

Dante levantó la mano. —Cuidado, no incurras en Metagaming. —advirtió —Ella no lo comprenderá.

—¿Metagaming? —preguntó Elektra. —¿Que?

—Nelly es una Dríada del bosque, dirígete hacia ella tal y como se presentó. Ella es parte de Calypso. —exigió el joven.

El Capitán DiMarco comprendió de inmediato. —¿Es verdad eso? —preguntó mirando a la joven Driada. —¿Tu y tu gente están ayudando a este hombre por su propia voluntad?

—Nuestra madre asi lo ha ordenado. —respondió Nelly. —Dante y sus amigos de La Orden tienen nuestra protección.

Elektra chasqueó la lengua. —Pamplinas… está programada para decir eso, esta criatura es solo un..

—¡Silencio! —rugió DiMarco. —¡Déjala hablar!

La mujer cerró la boca y guardó silencio de inmediato, pero sus ojos brillaron con intensidad mientras examinaba a Nelly con todo detalle.

—Las Driadas del Bosque han ofrecido su ayuda de forma voluntaria. —explicó Dante. —También fué algo inesperado para mi y mis jefes… pero es la verdad.

—Te creo. —Afirmó DiMarco. —Por los veinte infiernos, te creo. —dijo mientras, para alivio de Dante, enfundaba su enorme espada.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó confundida Elektra.

—Apaga el cristal. Tengo que comunicarme con su Excelencia.

La mujer sacó el cristal brillante del bolsillo y lo metió dentro de una cajita de metal gris que había sacado de debajo las ropas. Un indicador en la interfaz de Dante indicó que las opciones de mensajeria volvian a estar habilitadas.

Vieron que DiMarco hacia varios gestos con su mano mientras manipulaba las ventanas de su propia interfaz.

Dante aprovechó la pequeña pausa y se volvió hacia Nelly. —Tienes que encontrar a Karina y alejarte de este sitio. ¿Entiendes?

La joven lo miró confundida. —Claro que no… ¿Por qué habría de hacer eso? ¡No voy a dejarte…!

—Escucha. —dijo Dante tomando a la Driada por los hombros. —Ahora mismo la situación es crítica, pero creo que podemos llegar a una solución pacífica…necesito que tu y Karina estén a salvo primero. ¿Puedes encontrarla en el bosque? ¿Puedes seguir el rastro de Valkyria?

—Si… si claro. —respondió la joven. —Pero…

—Ve ahora. —ordenó Dante. —Encuentrala y vayan a un lugar seguro.

—Pero…

—Si Karina entabla un combate con estos hombres, todo se escalará a una guerra total… tenemos que evitar a toda cosa que haya más derramamiento de sangre y la única forma es que yo hable con ellos. Dile a Karina que necesito negociar con El imperio, que es imperativo que ni ella ni Golem-Kun vuelvan a este sitio ¿Entiendes?

La Driada no estaba muy segura y miró con preocupación al joven. —Tengo un mal presentimiento. —dijo. —No puedo dejarte solo con estos tipos.

—DiMarco me protegerá. —aseguró Dante.

—¿Di… DiMarco? ¿El mismo que estaba a punto de…?

—Ese hombre tiene más honor que músculos. —dijo Dante. —Ya ha guardado su espada, no volverá a atacarme. —aseguro. —Por favor Nelly, eres mi última esperanza.

La joven apretó los dientes, como si luchara en su interior contra la idea de abandonar a su amigo. —Yo…. yo no se que hacer. —dijo.

—Confía en mi, te prometo que resolveré todo esto. —aseguró Dante.

—Es… es una promesa. —dijo Nelly decidiendose de pronto. —Encontraré a Karina y le contaré todo.

—Sé que yo también puedo confiar en tí. —dijo Dante mientras acariciaba el rostro de la joven. —Gracias Nelly.

La joven arquera asintió y con un rápido salto se arrojó a toda velocidad siguiendo el visible rastro que Valkyria había dejado en la hierba verde. Elektra dió un grito de alarma pero la joven Driada desapareció entre las sombras grises en un abrir y cerrar de ojos.

—Se ha ido. —dijo Dante mientras se volvia hacia la Jefa de espías.

La mujer suspiró y guardó su espada. —No se que mierda pasa en este mundo. —dijo echando una mirada sombría al joven guerrero. —Pero pase lo que pase esta noche, te aseguro que cambiará la historia de este juego para siempre.

—No le quepa ninguna duda, Capitana Elektra. —dijo una voz desconocida.

Dante se volvió al oir aquella voz y vió a un hombre mayor que avanzaba solo en dirección a DiMarco. De inmediato los dos Capitanes del Imperio se arrodillaron en la hierba y bajaron las cabezas.

—Oh por todos los… —comenzó a decir Dante en cuanto comprendió lo que sucedía. —No me digas que…

El Líder del imperio no estaba armado y solo vestía ropas de noble de exquisita hechura, pero que definitivamente no eran una armadura de combate o similar. En cuanto estuvo frente al Capitán DiMarco, hizo un gesto con la mano e invitó al caballero a ponerse de pie. —Veo que ha tomado la decisión correcta. —dijo mirando el rostro del guerrero. —Gracias por su trabajo, Capitán, a partir de aquí me encargaré yo de este asunto.

Elektra levantó también la cabeza. —Tenga cuidado, su Excelencia. —advirtió. —Ese jugador está armado.

—Joyner no me hará daño, en eso estoy completamente seguro. —dijo el hombre con una sonrisa. —¿Verdad?

Dante no respondió pero guardó su espada en la funda que tenía colgada en la espalda. El gesto de alivio en el rostro de DiMarco fué evidente para el joven.

—Necesito hablar con este joven a solas. —dijo el extraño haciendo un gesto con la mano. —Denme un perímetro de doscientos metros para mantener algo de privacidad, es posible que la compañera de Joyner llegue pronto o sus jefes usen alguno de sus juguetes si saben que estamos aquí, pero en todo caso ustedes no interfieran; es una orden.

—Si su Excelencia. —respondió DiMarco.

—Entendido. —exclamó Elektra.

Los dos Capitanes del imperio se incorporaron y tras lanzar un par de miradas sombrías a Dante se alejaron rápidamente. Pronto solo quedaron ellos dos en el claro bañando por la luz de las dos lunas. Dante se cruzó de brazos y fué el primero en romper el silencio. —¿Era necesario tanto despliegue para hablar conmigo? ¿No podía simplemente enviarme un mensaje? —preguntó algo molesto.

—¿Asi tan directo? ¿Y las presentaciones? —preguntó el hombre extendiendo los brazos. —Admiro su predisposición a ir al grano, Joyner, pero me gustaría al menos cumplir con las formalidades.

Dante lo miró directamente a los ojos. —Ya sabe quien soy y yo también se algo sobre usted… ¿No cree que es suficiente?

—Me imagino que Máximo Duval le ha suministrado información sobre mi. —afirmó el jugador. —Espero que no se haya hecho una mala impresión con lo que sea que Alpha Corporation haya escrito sobre mi persona. En fin, en Calypso mi nombre es Victorius y soy el Líder del Clan más poderoso de todo el juego; El Imperio.

—Soy Dante, mucho gusto. —respondió resignado el joven. —¿Podríamos ir al grano? Se me está haciendo algo tarde.

El hombre lo miró divertido. —Oh si… usted debe entrar a su vaina mañana mismo, por supuesto. —dijo. —Lo comprendo perfectamente… de hecho yo también me encuentro en su misma posición.

Aquello sorprendió al joven. —¿Usted también está fuera de su vaina? —preguntó.

—Así es… digamos que aunque la inmersión total de Calypso solo puede conseguirse dentro de una vaina de viaje, ciertos compromisos requieren ser atendidos en el mundo "real".

Dante se encogió de hombros. —Más razón para terminar con esto de una vez. —dijo. —¿Qué es lo que quieren de mi? ¿Molestarme? Porque si es así, lo están logrando…

Victorius lo miró con curiosidad. —Responderé a esa pregunta con gusto, pero primero me gustaría saber si me consideras tu enemigo. —inquirió el hombre.

—Su Capitán ha estado tratando de partirme al medio desde que nos conocimos. —dijo señalando hacia la dirección en la que se había alejado el enorme guerrero. —También ha intentado pisarme con un caballo y aplastarme contra el piso… ¿Eso responde a su pregunta?

El jugador hizo un gesto de resignación. —Al menos puedo asegurarte que esas no fueron exactamente mis órdenes. —respondió. —Pero no guarde resentimiento contra el Capitán DiMarco; es un hombre de un Honor incalculable, con principios mas fuertes que su armadura, de hecho, usted no estaría aqui hablando conmigo de no ser por él.

—¿Ah sí?

—Las órdenes que dí eran de evitar que usted y su compañera abandonaran Calypso. —afirmó el hombre. —Incluso si había que matarlo y enviarlo de regreso a la Catedral de Jenne.

—Supongo que su hombre no siguió las órdenes al pie de la letra. —respondió Dante.

—Oh si que lo hizo… lo que sucede es que le pedí al Capitán que evaluara la situación y si realmente tenía dudas sobre usted y el papel que juega en Calypso, entonces que postergue la ejecución o captura y en cambio me permita a mi hablar con usted.

Dante se sorprendió con aquello. —¿A que se refiere?

—Me refiero claro, a su papel en esta crisis que se ha desatado en Calypso. —respondió el hombre. —A la forma en que Máximo Duval lo ha posicionado a usted en el tablero y el rol que su personaje ha tomado.

—Soy solo un consultor. —dijo Dante. —Solo vine a Calypso para familiarizarme con el juego. —aseguró el joven. —Nada más que eso.

Victorius dió unos pasos hacia la roca y miró hacia arriba, donde la punta redondeada del monumento se fundía con la noche estrellada —Este mundo todavía tiene muchos secretos. —dijo acariciando la textura rugosa. —Como los de esta piedra.

—Son parte del juego. —respondió el joven. —Solo un decorado.

—En eso se equivoca. —lo corrigió el hombre dándose la vuelta. —En Calypso no hay decorado, es todo un gran escenario lleno de objetos reales que el UniEngine usa para darnos a nosotros, los actores, las chances de ser lo que queremos ser.

—Y sin embargo, con sus acciones solo ha contribuido para traer un fin a toda esta… obra de teatro. —dijo Dante mirando con curiosidad como el jugador realizaba algunos gestos en el aire. ¿Utilizando su interfaz de juego?

—Vaya. —exclamó Victorius volviéndose hacia Dante. —¿Así que ahora me está acusando de haber creado esta situación?

Dante se encogió de hombros. —¿Y quién sinó? —preguntó. —Revisé la última media docena de juegos que usted jugó… todas versiones de mundos de fantasía con diferentes historias, razas y magias, pero todos con un factor en común.

—¿Y eso es…?

El joven suspiró. —Que en todos ellos usted abandonó el juego por aburrimiento. —afirmó.

El jugador se rió con ganas. —Bueno, eso si que no es una sorpresa. —dijo. —Los MMORPG's suelen tener una vida dictada por el contenido que ofrecen a sus jugadores y la regularidad con la que renuevan esa experiencia… pero tarde o temprano, uno llega a la cima, al "EndGame".

—Y entonces cambia de juego. —afirmó Dante. —Pero eso es solo una pequeña parte de la verdad… ¿No?

—Usted dígame.

—En todos los juegos que usted asumió el papel de líder de una facción, en todos ellos logró la supremacía absoluta, el dominio completo del mundo tanto militar como económicamente… y eso crea un desbalance.

Los ojos del jugador brillaron al escuchar eso.—Muy bien dicho. —dijo aplaudiendo con lentitud. —No esperaba menos de un verdadero cerebrito de los militares. —dijo con voz divertida.

Dante ignoró el insulto y volvió a cruzarse de brazos. —Usted odia el desbalance; la hegemonía absoluta y el dominio total solo acorta la vida del juego… por eso abandonó todos esos mundos anteriores a Calypso. ¿Verdad?

—Correcto.

—Y sin embargo aquí… aquí ha hecho una cosa completamente diferente. En calypso usted ha tratado de crear un balance artificialmente… ¿Es eso? —preguntó Dante mirando el rostro de su interlocutor. —¿Es por eso que también controla al Enjambre? ¿Solo para garantizar el balance de Calypso?

Victorius asintió con la cabeza. —¿Te decepciona saberlo? —preguntó. ¿O realmente esperabas otra cosa?

—No sabía que esperar realmente. —respondió el joven. —Pero sigo sin comprender el motivo que le lleva a querer sabotear el juego en pos de este "Balance" que usted quiere… ¿No cree que es algo egoísta de su parte? ¿Controlar el juego por su cuenta?

El rostro del jugador se ensombreció. —Usted no comprende, Joyner. —dijo. —Calypso no puede ser controlado por nosotros los actores, nuestras improvisaciones en el escenario solo es material que el UniEngine utiliza para su Narrativa.

—Y sin embargo, sus acciones…

—Mi accionar solo tiene un propósito… y no tiene nada que ver con la historia que Calypso nos tiene reservada. —explicó el jugador.

Ahora Dante estaba completamente confundido. Miró al hombre ricamente vestido sin creer lo que escuchaba. —¿Pero por qué ha hecho eso? ¿Cuál es su verdadero objetivo entonces?

—¿No lo ha adivinado todavía? Es muy simple… mi objetivo es liberar a Calypso.

—¿Liberarlo?

—Del yugo de los militares. —respondió el jugador suspirando. —Esto está tardando demasiado. —dijo haciendo un gesto con la mano frente a sus ojos. —Pero supongo que es mi tarea el dilatar esta conversación… Si Joyner, Liberarlo… ¿O no conoce la historia de Waltz y el origen del UniEngine?

—La conozco. —respondió el joven. —¿Osea que usted quiere sabotear el Proyecto mismo, la razón por la cual esta flota existe?

El líder del Imperio volvió a sonreír. —El fracaso de la Flota 41 con seguridad acelerará el proceso. —aseguró el jugador. —Cuando los altos mandos comprendan que el UniEngine no se adapta a sus deseos, lo abandonarán y los Espectros volveremos a tomar el control.

Los Espectros. La mención de aquel nombre por parte del Líder del Imperio hizo saltar todas las alarmas en el cerebro de Dante. —Usted… usted no puede ser uno de los Espectros. —dijo señalando al jugador. —Esa no me lo creo.

—¿Y por qué no? —preguntó Victorius alejándose de la roca. —¿O acaso usted si conoce su verdadera identidad?

—Los Espectros son programadores, no jugadores. —respondió Dante. —Y en lo que respecta al UniEngine… hay evidencias que apuntan a que los Espectros mismos trabajan desde dentro de la Milicia para continuar con el proyecto.

—La NUNS robó el código y lo adaptó a sus designios. —respondió Victorius, visiblemente furioso. —Aplicaciones militares, armas inteligentes, simulaciones aplicadas al combate… cosas completamente alejadas de la visión original de Waltz.

—Y sin embargo todas esas cosas crearon a Calypso. —respondió Dante. —Hay todo un planeta vivo, creado exclusivamente para que la gente viva aventuras y disfrute de sus desafíos. Un planeta que usted está activamente tratando de sabotear con sus acciones.

—Joyner. —dijo Victorius con voz extraña. —El Calypso que la NUNS ha creado es solo una pantomima del verdadero potencial del UniEngine. —¿Usted cree que este mundo es increíble? —preguntó extendiendo los brazos. —Ni se imagina lo que el UniEngine podría hacer si se aprovechara su verdadero potencial.

—Solo me imagino que este mundo sería mucho mejor sin gente como usted. —dijo Dante señalando al jugador.

Victorius sonrió. —Eso puede arreglarse fácilmente. —dijo. —De hecho, es parte del plan.

—¿Plan?

—Joyner… por favor. —dijo el hombre mientras buscaba algo entre sus ropas. —No me haga hacer el cliché del villano que explica sus planes en el último instante… hasta yo tengo mi orgullo… hay un plan si, el plan de los Espectros y yo debo cumplir con mi parte ahora.

Sin decir una palabra más, extrajo una ballesta cargada de debajo de su túnica. Dante lo miró estupefacto mientras el jugador apuntaba el aparato hacia el y apretaba el gatillo.

El virote de metal dió de lleno en su pecho y el impacto lo lanzó hacia atrás con tal fuerza que quedó empalado a la enorme roca con medio proyectil asomando de su cuerpo.

No sintió dolor, apenas la aceleración del impacto. La pantalla frente a sus ojos tembló y se llenó de caracteres extraños, pixeles e interferencia de video.

—Que… ¿Qué rayos está haciendo? —exclamó el confundido joven al darse cuenta que no podía moverse.

—Estoy eliminando un estorbo. —dijo el hombre volviendo a guardar el arma. —Tal vez sea una medida algo extrema… pero mejor no tomar riesgos, al parecer usted ya demostró ser capaz de interferir con el UniEngine y no quisieramos que eso ocurra aquí en Calypso.

Dante comenzó a sentir frío. Su barra de vida había perdido más de la mitad de sus puntos de vida de golpe y ahora comenzaba a descender con rapidez. La roja sangre brotaba de la herida y caía en un charco cada vez más grande a sus pies. Sin poder hacer otra cosa que mover la cabeza, el joven miró a su ejecutor directamente a los ojos. —Para hacer el papel de villano, su actuación es… bastante convincente. —dijo mientras su visión comenzaba a oscurecerse cada vez más.

—Si, lamentó todo este cliché rebuscado. —dijo el hombre suspirando. —Pero usted no me ha dejado otra opción.

—Procuraré… devolverle el favor la próxima… la próxima vez que nos veamos. —dijo con dificultad Dante.

—No habrá próxima vez, Joyner. —aseguró Victorius dándose la vuelta. —Es Game Over para usted, así como lo es también para mi —dijo mientras caminaba hacia la arboleda.

Dante no llegó a comprender el verdadero significado de aquellas palabras. El frío que sentía dió paso a un sopor repentino y sin poder evitarlo perdió la consciencia. Lo último que vió fué al hombre ricamente vestido desaparecer entre los árboles.

Así lo encontraron Karina y Nelly cuando llegaron a toda carrera unos treinta minutos más tarde. La Driada lanzó un grito de angustia en cuanto reconoció el cuerpo del joven y rápidamente trató de arrancar el virote de metal que lo mantenía clavado a la roca.

Les llevó un buen rato a las dos jóvenes poder hacerlo y cuando por fin pudieron arrancar aquel pedazo de metal, recostaron el cuerpo exánime de Dante en la hierba.

—Dante… Dante está… —exclamó Nelly sin poder creer lo que veía.

Karina no comprendía nada. Se inclinó sobre el joven y colocó sus manos sobre el cuerpo, pero ninguna ventana de interacción apareció sobre su avatar. ¿Qué estaba sucediendo? Si el avatar de Dante estaba muerto ¿Por qué su cuerpo no había explotado en miles de pixeles como sucedía con los otros jugadores?

Antes de que pudiera tomar una decisión, un mensaje entrante hizo que su interfaz de comunicaciones se abriera inmediatamente. Karina sintió que el corazón se le detenía en el pecho; la comunicación no provenía de Duval, sinó del Alto Mando.

Epílogo

El asesinato de Dante Sebastian Joyner desató un verdadero torbellino en la Flota 41, pero incluso esa noticia fue rápidamente opacada por el aparente suicidio del Lider del Imperio, el poderoso jugador conocido como Victorius, quien apareció ahorcado en su habitación veinticuatro horas mas tarde que el cuerpo de Joyner fuera encontrado en su departamento con un disparo en la cabeza.

Si la muerte de Joyner había provocado un torbellino, el manifiesto que Victorius distribuyó en las redes antes de su drástica determinación creó un verdadero huracán, con la NUNS en el centro del mismo.

Rápidamente el aparato de censura del gobierno de la NUNS borró todo rastro del mismo en las redes sociales, pero el jugador había también previsto aquello y copias del artículo impresas en pergamino dentro de Calypso fueron repartidas por los soldados del Imperio a todos los jugadores sin importar su bando o afiliación.

Victorius acusaba a los militares de utilizar a Calypso contra los propios jugadores y mantener los cuerpos de los mismos como rehenes mientras lentamente utilizaban la simulación para condicionar el pensamiento de los colonos. Finalmente instaba a una rebeldía general y a la necesidad de que el UniEngine dejara de estar en manos privadas y que fueran los Colonos, por medio de la representación democrática, quienes supervisaran la simulación y que se respetara el espíritu del creador del juego, el mítico Wladyslaw Waltz.

Los rumores brotaron como hongos después de una copiosa lluvia. Los jugadores de Calypso dudaron casi al instante de la versión oficial del "suicidio" de tan importante personaje en el juego y todos los dedos señalaron a la cúpula militar como los responsables de aquellas muertes. El Capitán Simmons tomó la drástica decisión de desconectar la simulación de Calypso y posponer el inicio del Gran Salto, poniendo en riesgo todo el plan y la existencia de la flota misma, pero debía restablecer el orden en la Colonia rápidamente. Las protestas se intensificaron dentro de la Flota 41 y por un momento todo el proyecto estuvo a punto de zozobrar bajo la fuerte presión popular, pero Simmons no iba a dejar que el trabajo de tantos años colapsara bajo sus narices y utilizó con eficiencia todo el aparato represivo de la NUNS para acallar las voces más resonantes.

No fué difícil para la Justicia Militar reunir las evidencias necesarias para vincular la muerte de Joyner con Victorius; las declaraciones de los Capitanes del imperio sobre los últimos momentos en que el joven estratega había sido visto con vida junto con su Líder fueron determinantes en el rápido esclarecimiento del crimen. Aquello acalló un poco al público, pero la muerte inexplicable de aquel empleado desconocido de Alpha Corporation despertaba mas preguntas que certezas y un millar de teorías conspirativas llenaron las redes privadas y las charlas de café, lejos de los oídos de los militares y su sistema de censura.

Una nueva fecha de salto fué establecida y el toque de queda fue declarado dentro de la Colonia. Los últimos Colonos que quedaban por entrar a las vainas fueron escoltados por personal militar hasta asegurarse que no quedara nadie fuera de aquellos aparatos. A los cinco días transcurridos de la muerte de Joyner, solo los Directores de Alpha Corporation, La Teniente Karina O'Higgins y su padre, el Capitán Simmons, permanecían fuera de la simulación. Todos los demás, incluidos el ciento por ciento del personal militar, se encontraban ahora inmersos en aquel sueño inducido.

Las cuatro personas restantes se reunieron en el pequeño cementerio de la colonia, un parque rodeado de una alta cerca de arbustos en un rincón del interior de la enorme nave, completamente apartado de las zonas habitables.

El ataúd con los restos mortales de Joyner fué escoltado por ellos hasta la pequeña capilla junto al recinto de cremación, donde un pequeño grupo de hologramas los esperaba mientras sus imágenes eran transmitidas en tiempo real desde la simulación de las vainas de viaje.

Duval se adelantó al grupo y se dirigió hacia el Capitán. —Estas personas son amigos que Joyner hizo durante su paso por la Simulación. —explicó mientras hacía una profunda reverencia. —Creí que sería importante para ellos despedirlo en este lugar.

—Simmons asintió. —Ha sido un buen gesto, le agradezco. —dijo.

Los hologramas de todos los miembros de La Orden estaban allí, aunque en aquel lugar todos usaban sus verdaderas identidades y no los avatares de Calypso. Uno a uno caminaron hasta el ataúd y se despidieron en silencio de aquel joven al que habían conocido por tan poco tiempo.

Karina vestía su uniforme de ceremonias e insistió en cubrir el féretro de Dante con la bandera de la NUNS, ya que según explicó, el joven siempre quiso ser parte de la milicia. Su padre aceptó sin poner ninguna objeción y así fué como ella misma lo acompañó hasta la capilla ardiente.

Silvana estaba destruida. La joven vestía ropa de luto como todos, pero era evidente que había llorado sin cesar durante todo ese tiempo. Ella y Mirna se sostenían una a la otra y no dejaron de llorar durante toda la ceremonia. Finalmente ambas depositaron espectrales flores virtuales sobre el féretro y se reunieron con los demás a un lado de la capilla.

Diógenes fué el último en acercarse a despedir a su amigo y no estaba solo; una joven de anteojos de aspecto frágil y con el rostro completamente demacrado por la pena lo acompañaba. Ambos depositaron sus flores y tras despedirse en silencio se reunieron con los miembros de la Orden.

Fueron Duval junto con Willy y Karina quienes depositaron el ataúd sobre el sistema de transporte mientras los amigos de Dante y el Capitan Simmons guardaban un respetuoso silencio. El féretro con los restos mortales de Dante entró a la cámara de cremación y en pocos segundos desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

—Adios. —dijo Karina haciendo el saludo militar. —Muchas gracias por su Servicio.

Para su sorpresa, Simmons también imitó su gesto y ambos permanecieron asi varios minutos hasta que la luz que simulaban las pantallas atmosféricas por sobre el techo de la Colonia comenzó a teñir el pequeño cementerio con tonos anaranjados.

Los amigos de Joyner se despidieron de la comitiva y desaparecieron en silencio, dejando solos en el lugar a los cuatro últimos tripulantes que aún se encontraban despiertos en la nave.

—Gracias. —dijo Karina en cuanto su padre terminó de presentar sus respetos. —Joyner lo habría apreciado.

El hombre miraba hacia la capilla donde un par de velas ardían lentamente. —Estoy avergonzado de que algo asi haya ocurrido en mi flota.—dijo sin molestarse en ocultar su ira. —Es lo menos que puedo hacer por su memoria.

—Padre. —dijo Karina con tono serio. —Tienes que encontrar al asesino. Es obvio que ese tal Victorius fué quien planificó el crimen, pero no quien apretó el gatillo del arma que mató a mi compañero ya que estaba dentro de Calypso cuando Dante fué asesinado. Y esa persona aún está libre dentro de tu nave.

Simmons apretó el puño. —No puedo postergar más El Salto. —dijo. —He dilatado lo más posible el inicio de la operación para resolver este aberrante caso, pero se nos acaba el tiempo. El Salto se hará mañana y toda investigación que sea necesaria se hará dentro de la simulación.

—El asesino podría estar aún fuera de las vainas. —dijo La Teniente O'Higgins.

—Entonces no sobrevivirá al Síndrome FOLD. —respondió Simmons. —Se volverá loco poco a poco y colapsará bajo los efectos de la dilatación espacio-temporal, pero si está ya dentro de una de las vainas, la justicia lo descubrirá, puedes estar segura de ello.

La joven apretó los dientes. —El asesinato se produjo fuera del sistema… no podemos abandonar la investigación en la Colonia… las pistas podrían borrarse con el tiempo o desaparecer por completo —dijo sintiendo la frustración que la embargaba.

Simmons miró a su hija sin demostrar ninguna emoción visible en su rostro. —No puedo hacer nada más por ello. —dijo. —A menos que…

Sin decir una palabra más tomó un pad de uno de los bolsillos de su uniforme y deslizó uno de sus dedos por la pantalla. De inmediato los proyectores holográficos del lugar volvieron a encenderse y Aurora apareció ante ellos vistiendo su uniforme militar. Karina se puso firme de inmediato y saludó a su superiora con el debido respeto mientras Duval y Willy inclinaban levemente la cabeza a modo de saludo.

—En descanso. —dijo la IA respondiendo el saludo de la Teniente. —Siento terriblemente lo que ha sucedido con su compañero, el Señor Dante Sebastian Joyner. —dijo. —Le ofrezco mi más sentido pésame por su pérdida.

—Muchas gracias, señor. —respondió Karina bajando la mano.

Aurora se volvió hacia Simmons mientras volvía a hacer el saludo correspondiente. —A sus órdenes, Capitán. —dijo.

—Veo que está al tanto de esta desafortunada situación. —respondió el hombre.

—Si Capitán, he estado colaborando con el fiscal que ha tomado el caso y he ofrecido toda la información que tenía disponible para la investigación.

—Excelente. —exclamó Simmons. —Es sobre esta situación que requiero su ayuda.

—Estoy lista. —afirmó la IA.

—Quiero que investigue el asesinato de Joyner mientras nosotros nos encontramos en medio del Salto FOLD. —explicó el hombre. —Es posible que haya más pistas que seguir en la Colonia y que a partir de mañana quedarán fuera del alcance de los investigadores.

—Comprendo. —respondió Aurora. —Me pondré a trabajar en ello de inmediato.

Simmons levantó la mano y extendió el dedo índice para recalcar lo que estaba a punto de decir. —Este asesinato es una desgracia para la Milicia como institución, ya que Joyner, como civil e integrante de esta Flota, estaba bajo nuestra protección. Tiene autorización total para utilizar todos los recursos necesarios de esta nave o cualquier otra nave de la flota para resolver este caso.

Los ojos de la IA brillaron al confirmar la orden. —Entendido. —respondió.

—Confío en su juicio a la hora de abordar esta tarea. —agregó el Capitán. —Tiene libertad absoluta de actuar como desee —agregó mientras se volvía hacia su hija. —Es lo mas que puedo hacer dada mi posición, Teniente. —dijo.

—Gracias, Capitán. —respondió agradecida la joven.

Aurora se volvió entonces hacia los representantes de Alpha Corporation y les habló en voz calma pero rebosante de autoridad. —Por orden expresa del Capitan Simmons, deseo tener acceso a la base de datos de Alpha Corporation y a los registros del o los proyectos en los que Joyner estaba asignado al momento de su deceso. El Capitán me ha dado la autoridad necesaria para disponer de lo que necesite en esta flota, pero en conveniencia al protocolo, deseo obtener su consentimiento previo.

El rostro de Willy se puso completamente blanco y sus piernas comenzaron a temblar, pero Duval mantuvo la calma lo suficiente para responder. —Prepararemos la información que necesita y le suministraremos los accesos totales a nuestra red informática interna. —respondió con una inclinación de la cabeza. —Haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ayudar en su tarea.

—Muchas gracias, su colaboración será crucial para resolver este horrible crimen. —respondió la IA.

Simmons se colocó su gorra de Capitán mientras se volvía hacia los demás. —Volveré ahora al puente de mando de la Battle 41 a iniciar los preparativos. Tienen seis horas para entrar sus respectivas vainas antes del inicio de las operaciones Pre-Salto.

—Entendido. —respondió Duval. —Volveremos de inmediato a las oficinas a prepararnos.

El hombre asintió y volvió a dirigirse a su hija. —Teniente, he hablado con su inmediato superior y tiene autorización para utilizar las Instalaciones de Alpha Corporation para su ingreso a las vainas de viaje, si asi lo desea. —dijo. —No es necesario que regrese a sus barracas.

—Gracias, Capitán. —dijo haciendo un saludo.

—En cuanto a ustedes, ya pueden volver a poner su juego en-línea. —dijo levantando una mano en dirección a Duval a modo de saludo. —Daré un comunicado de prensa hoy por la noche para anunciarlo a la población. —se despidió Simmons mientras se dirigía al vehículo oficial aparcado cerca de la entrada. Aurora lo siguió de inmediato tras despedirse de los demás con un gesto de cortesía.

Karina, Duval y Willy quedaron solos en el cementerio mientras sus tres sombras se alargaban lentamente sobre las piedras de la capilla. —Será un honor compartir nuestro equipo de simulación con usted. —dijo Duval una vez que el auto de Simmons se perdió en la distancia. —Nosotros iremos directamente a las oficinas a dar las ultimas instrucciones necesarias para la reactivación del juego y luego comenzaremos el proceso de inicialización de nuestras vainas.

—Gracias. —respondió Karina con voz melancólica. Iré yo también con ustedes.

Comenzaron a caminar en silencio hasta el estacionamiento, en donde habían dejado aparcada la camioneta que Duval y Willy utilizaban siempre. En pocos minutos los tres estaban dirigiéndose a toda velocidad por las calles vacías de la Colonia en dirección al enorme edificio que se levantaba en el horizonte.

Nadie habló durante casi todo el trayecto, pero Duval estaba preocupado. (Y realmente tenía cosas de las que estarlo) pero en cambio su mente estaba, en aquellos momentos, lejos de Aurora o Simmons y sus amenazas. —Entre los amigos de Joyner no estaba la NPC que se unió a su Clan. —observó pensativo el Director. ¿Te has fijado, Willy?

El programador estaba sumido en un silencio mortal y tardó en reaccionar. —¿Eh? Ah… si es obvio… Calypso está fuera de línea en estos momentos. —dijo.

El Zentradi se golpeó la frente con la mano. —Tienes razón… qué pregunta idiota. —reconoció. —¿Qué ha sido de ese personaje?

—Nelly se llevó el avatar de Dante. —respondió Karina sin quitar la vista de la autopista. —Dijo que como había muerto en el bosque, ella se sentía con la obligación de darle un sitio de descanso apropiado. —explicó la joven Teniente. —Todavía no me explico por que su cuerpo no se desvaneció al morir su personaje.

Willy sacudió la cabeza. —Eso es por estar en Null-Point. —dijo

—¿Null-Point? —preguntó confundida la joven.

—Ese lugar en el mapa en donde establecieron su LZ temporal… resulta que es el sitio de las coordenadas 0,0 de Calypso. —explicó el Director desde el fondo de la camioneta. —Es una zona en donde la simulación se comporta de forma algo irregular, ya que el UniEngine utiliza las coordenadas cero-cero del mapa para descartar información errónea o con valores de cálculo cuyos resultados no arrojan valores lógicos.

—Es una especie de basurero aritmético. —explicó Willy —Probablemente sea la causa de que tu VF-4 desapareciera, simplemente cuando ustedes se alejaron de la aeronave y el sistema designó la zona como geometría oculta, el VF-4 no fué registrado como datos válidos por estar cerca del Null-Point.

—No comprendo del todo. —dijo la joven.

—No se preocupe Teniente. —la tranquilizó el Director. —Nos ocuparemos de resolver ese tema una vez que las operaciones regresen a la normalidad.

—Si es que alguna vez lo hacen. —suspiró Willy.

Al cabo de un corto viaje aparcaron en el estacionamiento subterráneo de las oficinas y utilizaron el elevador directo a las oficinas de Duval en el último piso del edificio. Una vez que el grupo estuvo arriba, Duval utilizó sus permisos de Administración para sellar la entrada al edificio. Una enorme placa de acero se elevó desde el piso y cerró por completo la entrada desde la calle. Puertas y esclusas similares sellaron diferentes partes del edificio en concordancia con las regulaciones que la NUNS había establecido para el proyecto.

El sistema de seguridad revisó varias veces hasta el último rincón del edificio para garantizar que no se hubiese metido nadie sin invitación del Director (Y dado la tragedia que había acontecido hacía solo unos días, aquella precaución no parecia infundada)

El proceso de ingresar a las Vainas de viaje estaba completamente automatizado, pero el usuario debía prepararse antes de poner siquiera un pié dentro de una. Duval y Willy esperaron en la oficina delantera mientras Karina utilizaba el cambiador privado de Duval en la otra habitación para vestir el traje especial que usaria dentro de la vaina.

La joven se desnudó por completo y tomó una ducha rápida (Procedimiento recomendado por el instructivo que los Colonos debían seguir, pero no estrictamente obligatorio) Luego se colocó el traje directamente sobre la piel, sin vestir ningún tipo de prenda interior.

El material especial estaba compuesto por fibras reactivas que interactuaban directamente con las células de su piel, pero también formaban una capa protectora mediante la generación de un pequeño campo de fuerza, Las cápsulas eran, además, botes salvavidas completamente autónomos que, en caso de una falla catastrófica, podían mantener al tripulante a salvo y en invernación suspendida hasta que llegaran las patrullas de rescate.

Cuando Karina terminó de ajustarse el traje se miró en el enorme espejo de Duval (Al fin y al cabo el Zentradi era tan grande que necesitaba un espejo acorde a su tamaño) Se ruborizó de inmediato al notar como el traje se ajustaba tan bien a su cuerpo que absolutamente todos los detalles de su desnudez podían adivinarse bajo la fina tela. Utilizó un control especial en su muñeca y el material se volvió completamente opaco, además de borrar todas las formas sugerentes de la zona de su pecho y entrepierna.

Salió a la oficina en donde se encontraban las tres vainas listas y llamó a los dos hombres, quienes rápidamente entraron al cambiador para hacer lo mismo.

Al cabo de quince minutos, Duval y Willy salieron juntos del cambiador vistiendo los trajes especiales.

—Ha llegado la hora. —dijo el Zentradi parándose junto a su vaina; mucho más grande que las otras dos que había en la habitación. —Les deseo un buen viaje allí dentro.

—Igualmente. —respondió Karina haciendo un pequeño gesto con la cabeza.

Se dirigió a su vaina y observó el interior acolchado y el extraño material que la conformaba. —Esta… es la Vaina que iba a utilizar Joyner… ¿Verdad?

Los dos hombres se miraron en silencio. —Si. —respondió el Director. —Es la iba a utilizar.

Karina apretó el puño y miró las pantallas de estado que marcaban los sistemas listos para iniciar el procedimiento. —No dejaré que sus asesinos queden sin castigo. —dijo con la voz cargada de resentimiento. —Encontraré a ese malnacido, sea donde sea que se esconda.

No esperó a que los hombres dijeran nada más. Con un movimiento casi felino se metió dentro del aparato y adoptó la posición requerida por el manual de usuario que había leído antes de vestirse.

La puerta se cerró en silencio sobre ella y de inmediato una enorme pantalla de alta resolución montada del lado interno de la misma se encendio frente a su rostro, de modo que ya no pudo ver el exterior. Un asistente virtual comenzó a guiarla para los preparativos antes que el estado de semi-inconsciencia fuera inducido y la vaina tomase el control completo de su cuerpo.

Karina sentía que todo el aparato vibraba a medida que los sistemas comenzaban sus sistemas de calibrado y auto-checkeos. Una vez que todas las barras de estado estuvieron en verde, el asistente indicó que cerrara los ojos y se relajara.

Cerrar los ojos era fácil, la parte de relajarse, eso si que parecía ser algo imposible. Sin embargo la máquina estaba preparada para aquello y una música suave acompañada de una serie de estímulos en sus músculos sirvieron para "inducir" el estado de relajación requerido.

Con un suspiro profundo, Karina O'Higgins entró a la Simulación de la Colonia en cuerpo y alma.


Catorce horas más tarde, la Flota 41 inició el histórico salto FOLD que la llevaría a atravesar toda la Vía Láctea en tiempo record, abriendo el camino a una nueva era de exploración y expansión humana. Pero el precio que los Colonos tuvieron que pagar para ser los primeros en hacerlo, fue demasiado alto.

Fin del Primer Libro.