Mi Girasol
-4-
Naruto
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Tomé una vez más la jodida corbata para ponérmela de una puta vez, yo era el único culpable que mi bebé hubiese establecido una relación amorosa con el engendrito de Õtsutsuki. Sentí cómo abrían la puerta de mi habitación y suspiré, pasando mis dedos entre mis cabellos.
—Los gemelos están listos y Emm... acaba de apagar la Xbox, —me abrazó por la espalda como era su costumbre antes de girarme y empezar a anudar la corbata— ¿No está siendo fácil para ti, eh?
—Debiste dejarme matarlo cuando vino a cenar como su novio formal.
—Así no funcionan las cosas
—Tiene veintidós, aún le queda mucha vida como para amarrase así.
—¿Prefieres que se vaya a vivir con él?
—Pues soy un padre loco prefiero mil veces eso que entregarla en el altar.
Dio un tirón en mi corbata y tuve que mover mi cuello y aflojarla cuando se alejó.
—Ella solo trata de hacer lo correcto.
—Lo correcto sería dejar toda esta payasada.
— ¡Estas siendo inmaduro! —Le saqué la lengua para que viera el grado de mi inmadurez—. Esa lengua tuya hace cosas mejores que eso; anoche lo demostraste.
—Hinata...—Sabía que empezaba con su zalamería para que yo cambiara de parecer.
—Quiere hablar contigo —murmuró acercándose hacia mí—. Tengo que ir a ver si ya trajeron su ramillete, así que tienes unos minutos —me dio un pequeño beso antes de alejarse en dirección a la salida—. Por favor, no la hagas llorar, nos llevó mucho tiempo maquillarla —moví mi cabeza dándole a entender que había entendido y ella me envió un beso más.
—¿Nena? —Ella me miró—. Te ves jodidamente sensual —dije con una sonrisa y de hecho lo estaba, tenía un vestidito dorado de esos que se adherían a su cuerpo y eran sueltos en la parte de abajo—. Quiero follarte con ese vestido esta noche.
—Mientras tu hija se va de luna de miel...
—Lalalallaallalallalalaalalalallala —canté mientras ella cerraba la puerta, riendo a carcajada limpia. Tomé mi saco y respiré antes de salir en dirección a la habitación de mi niña.
Toqué dos veces y ella me dio permiso para entrar, así que, asomé mi cabeza para que viera que era yo.
—Papi... —miré a mi pequeña ninfa vestida como una princesa, como cuando tenía cinco años y su hobby fue coleccionar disfraces. Su vestido era entallado a su curvilíneo cuerpo, su cabello estaba recogido en un moño elaborado y pequeños bucles salían de él.
Habían maquillado su rostro; pero la conocía lo suficiente como para saber que había llorado, suspiré pesadamente y caminé hacia ella, cubriéndola en un abrazo como cuando era niña y me esperaba al pie de la escalera.
Por minutos todo fue silencio y yo de verdad esperaba que Hinata se demorara un poco más en subir.
—Te ves muy guapo —mi niña se despegó de mi pecho y sonrió; quise decir algo como "yo siempre me veo guapo" pero nada salió de mi boca—. Si llego a llorar otra vez, tía Hanabi y tía Ino me mataran —dijo secando las comisuras de sus ojos.
—¿Estás segura de lo que vas a hacer, Himawari?
—No me digas Himawari me haces acordar cuando me mandabas a la cama temprano, como esa vez cuando tenía doce años y me descubriste leyendo el Marqués de Sade... Me enviaste a la cama y eran apenas las seis.
No pude evitar reír, la verdad fue que ese día me pareció muy extraño que Hima no estuviera al pie de la escalera, Hinata no estaba en casa puesto que estaba en Londres por su nuevo libro. En el momento que entré a mi estudio y vi a mi pequeña hija con el libro de Justine del Marqués de Sade entre sus manos, no supe cómo reaccionar así que solo pude enviarla a la habitación y llamar a mi mujer para que me dijera qué hacer.
Esto de ser padres se le daba mucho mejor a ella... yo era un pillo, pero era más que conocido que Hima era mi dolor de cabeza, sin duda alguna un lindo dolor de cabeza... Uno que estaba a punto de casarse.
La atraje a mi nuevamente apenas tenía veintidós años ella debía casarse cuando tuviese mínimo unos cincuenta años...
— ¿Estás segura, nena? —repetí la pregunta deseando una vez más que mi bebe me dijera algo como "No, papá, esto es una locura huye conmigo. Sácame de aquí donde mini Õtsutsuki no me encuentre"; pero no, ella se separó de mí y caminó hacia el espejo.
—Completamente segura, papi —tomó una fotografía donde ella y el niñato salían muy sonrientes, parecía una foto sacada por ella misma—. Mitsuki es todo lo que busco en un hombre. Es atento, cariñoso, trabajador —veía los ojitos de mi hija y por muy egoísta que suene quería morirme, ella se veía tan enamorada como cuando Hinata aceptó casarse conmigo.
—¿Y si no es el correcto?
Hima negó
—Lo es... mi corazón me dice que lo es. —dejó el portarretratos en su sitio y acarició su velo blanco.
—No lo conoces bien, hija, digo que tanto pueden conocerse, solo se han visto en vacaciones, y por la computadora... Yo conozco al bastardo de Õtsutsuki y a Fûka, los conozco bien, nena.
—Yo también conozco bien al señor Õtsutsuki y a Fûka, papá, son buenas personas
Mi hija tenía razón Fûka era una muy buena amiga.
—Hablo...—siempre había tenido problemas para hablar de sexo con Hima, con los chicos lo hacía bien, incluso hacia un par de meses había tenido la charla con Emme y le había comprado una caja de condones, junto con un libro Tántrico, no olvidaré el color del rostro de mi hijo...
—¿Papá?... —Hima me miraba interrogante.
—Hablo del sexo, de los gustos sadomasoquistas de Toneri Õtsutsuki, yo fui el profesor de Fûka, estudié su tesis, ella me contó su historia, los detalles de su relación antes y después de matrimonio, yo simplemente...— Jesús esto era difícil— ¿qué tal si su hijo tiene las mismas tendencias sado que él? No quiero que nadie te haga daño.
Hima negó divertida se acercó nuevamente a mí y tomó con sus delicadas y pequeñas manos mi rostro.
—Te amo, papá, siempre, toda mi jodida vida voy a amarte.
—No me cambies el tema, Hima Uzumaki
—Papi, amor de mi vida, rey de mi universo completo —me hizo sonreír, yo sabía que ese puesto ya no era mío; aun así ella lo decía porque sabía que yo lo quería escuchar—. Sé todo lo que tengo que saber del sexo, me enseñaste bien, soy casi psicóloga y haré mi especialización en sexología, he leído cada libro que hay en tu biblioteca, los de mamá, sin contar los que pillo por internet, además no es como si Mitsuki y yo... —Mi cara debía ser todo un poema porque Hima se alejó de mi riendo fuertemente— ¡Oh por Dios, papá! No me digas que tú pensabas que yo...
—¡Joder, Himawari Uzumaki, eso no se le dice a tu jodido padre, mujer!
Mi hija se cruzó de brazos y alzó una ceja exactamente igual como lo hacía su madre; su mirada se encontró con la mía antes de hablar: —Por favor, papá, no pensarás que aun soy...— La alenté a seguir —Tú sabes, papá...—Rodó los ojos —Virgen.
—Pues no es algo de lo que un padre quiera enterarse, hija. —me crucé de brazos...
—¿Con cuántas mujeres te habías acostado a mi edad?
La lista era larga pero no pensaba decirle eso a mi única hija.
—No es lo mismo.
—Apuesto que si Boruto te dice que él y su novia tuvieron sexo irían a beber algo en cualquier bar.
—Es diferente, tus hermanos son hombres.
Mi hija abrió los ojos ante mi respuesta
—¡Eso es discriminación, doctor Sex! —dijo exaltada— y a ti no te va el machismo —murmuró entre dientes—. Papá, no fue sexo yo hice el amor con el único hombre que he amado
—Por eso...
—¿Por eso? —alzó una ceja interrogante
—Que te dice que es el indicado, es el primer hombre que has amado.
Mi hija negó con la cabeza. ¡Joder parece que hoy todo lo hacía mal!
—¿Cuándo supiste tú que mi madre era la última mujer en tu vida?.
Eso era muy difícil que responder, yo no supe si fue cuando tomé su virginidad o cuando simplemente ella dejó de luchar y se entregó a mí.
— Estoy esperando una respuesta, papi. Por favor, no me decepciones...
—Yo simplemente lo supe.
—Entonces me entiendes —se sentó sobre la cama sin dejar de mirarme.
—¿Me entiendes tú a mí? —pregunté con las manos entre mis bolsillos
—Más de lo que puedes creer, papi... Ven aquí, papá —palmeó el espacio a su lado, y caminé hacia ella, siempre, desde el primer momento que ella había llegado a casa, yo caminé o rodé hacia ella.
Tomé su mano enguantada y jugué con sus dedos sin atreverme a mirarla. Porque sí estaba siendo melodramático y sí, estaba siendo un cursi de mierda; pero ¿es que nadie podía entender que ella es la luz de mi vida, que yo estaba perdido completamente perdido, postrado en una maldita cama sin deseos de vivir, intentando odiar a la única mujer que había podido amar, rechazando a mi familia, pero cuando Hinata la colocó en mis brazos, cuando Hima abrió sus ojos y trancó su mirada con la mía, fue lo más putifantastico que me había sucedido? Y ahora llegaba ese niñato a quitármela, a llevársela de mi lado.
Hima subió mi mentón con sus dedos.
—Nada ni nadie, ni una boda, ni siquiera el apellido de otro hombre, hará que olvide el hecho que soy tu ninfa disfrazada de princesa. —La abracé a mi pecho fuertemente, sintiendo cómo las lágrimas querían salir de mis ojos.
Ella apretó sus manitos a mi espalda y, por unos segundos, me trasporté a esa noche lluviosa, mientras yacía sentado en la silla de ruedas y Hinata me dejó solo, con el pequeño y tibio cuerpo de mi hija.
—Te dije que no la hicieras llorar. —La voz de Hinata nos exaltó, me separé rápidamente y limpié las lágrimas en los ojos de mi chica hermosa.
—No estoy llorando, mami —ella terminó de limpiarse y sonrió —¿Trajeron el ramillete?
—Sí, Emme lo tiene... Es hora, cariño...
¡Mierda! quería ponerme a llorar como una nenaza mientras me aferraba al tobillo de mi hija y le pedía que no se casara.
—¿Me ayudas con el velo, por favor, mami?
Suspiré... No lloraría frente a mis chicas.
—Las espero abajo. —Ambas asintieron sin mirarme y salí de esa habitación antes de hacer una tontería.
Emme estaba abajo con el ramillete de lirios blancos en sus manos.
—¿Por qué, Jesús, no me pude ir con Boruto y Eros?
—Porque tu hermana necesita ayuda con la cola de su vestido —dije sin mirarlo.
—Ni creas que lo haré —dejó el ramo en mis manos y sacó su video juego portátil del bolsillo de su chaleco—, soy muy hombre para hacer esa tontería, Darwin puede llevarlos. —Darwin era tercer hijo de Kiba y Hanabi, tenía nueve años y era un engendro del mal.
—Mamá dijo que tú lo llevarías.
—Pues mamá puede ir a hablar con Jesús.
—¡Emme Uzumaki! —Lo regañé, Hinata no lo quería escuchar maldiciendo; así que ya saben porque nombre había sustituido la palabra
—No lo haré, papá, puedes empezar a pensar en un castigo... Aunque ya tengo dieciséis solo para que lo recuerdes... Voy a empezar la universidad.
—¿Sabes por qué no te fuiste adelante, por no querer un jodido carro cuando cumpliste los dieciséis?
—¡Pero Hanna me cautivó! —Hanna era la Ducati de mi hijo.
Tanto Eros como Boruto habían pasado por esa etapa, más Eros que no consiguió un auto hasta los veinte años; cuando Emm cumplió los dieciséis, decidimos comprarle su primer coche, pero mi hijo quiso una moto y mi mujer quería que todo fuese perfecto hoy.
—Dejen de discutir, tú te irás conmigo en mi auto, Emme, y si no quieres estar castigado por al menos un mes sin tus videojuegos procura no tener ese aparato encendido en la iglesia —habló mi mujer mientras bajaba las escaleras.
» Y me importa un demonio cuántos años tengas. —Sentenció, miré a mi hijo riéndome entre dientes—. Y tú —me apuntó con un dedo—. Hima va a bajar ahora y más te vale que no la hagas llorar en el camino o sabrás lo que es el celibato por un largo periodo de tiempo —vi como hijo guardaba el PSP en su saco, dándome una sonrisita burlona...
Iba a replicar pero en ese momento mi nena empezó a bajar las escaleras, y joder que se veía hermosa, era sin duda la novia más hermosa que había tenido la dicha de ver, no es que hubiese visto muchas; Sakura y Sasuke se casaron a escondidas; Karin y Sasori se casaron sin mucha ceremonia y, bueno... ya conocen cómo fue mi boda con Hinata, pero podría cortarme todos los malditos miembros de mi cuerpo si mi hija no estaba radiante, hermosa, jodidamente sensual y asombrosa con ese puto vestido.
La emoción no me duró mucho cuando recordé adonde la llevaría, esta vez no íbamos a celebrar sus dulces dieciséis, esta vez, la llevaría y entregaría a otro hombre y él sería su compañero...
—Si sonrieras un poco, sería la mujer más feliz del planeta —murmuró cuando le di mi mano para ayudarla con los últimos escalones, mientras le daba su ramillete con la otra—. Te dije ya que nunca dejaré de amarte, papi — le di un beso en la mejilla.
—Naruto...
—No la haré llorar... ya entendí —por el rabillo del ojo vi a Emm riéndose, enano del demonio, Ya lo vería yo cuando se enamorara de verdad.
Hinata ayudó a Hima con el velo, colocándoselo perfectamente sobre su rostro, cubriendo esos ojos tan parecidos a los míos, que podían decirme todo y nada con una mirada. Cuando ella estuvo lista, mi esposa me miró.
—La limusina está afuera van a dar un paseo alrededor de Central Park antes de llegar a la capilla, por favor, amor, que no vaya a dañarse el maquillaje.—suplicó.
—Lo sé, ya te prometí que no la haría llorar, ten un poco de confianza en mí, mujer —la atraje hacia mí antes de besarla profundamente, escuchando la risa de mi hija y el bufido de su hermano.
—Mami, yo conduzco —dijo Emm, quitando las llaves de las manos de Hinata y saliendo de la sala, mi esposa quitó los restos de labial de mis labios antes de alejarse.
—Los espero en la iglesia en veinte minutos...—murmuró, peinando mi cabello con sus dedos—. No vayas a hacer nada estúpido —Alcé mis manos en señal de inocencia mientras la veía salir por la puerta. Tomé un poco de aire y me giré para darle mi brazo a mi hija.
—¿Lista? —Ella asintió— ¿Aún puedo sacarte de la ciudad, sabes?
—Mamá, dijo que no hicieras nada estúpido —dijo sonriendo.
—Algo estúpido seria raptarte... Y ganas no me faltan, pero sería distinto si tú me lo pidieras... yo simplemente nunca he podido darte un puto no.
—Llévame a la capilla, papá —apretó mi brazo con su manita—. Es hora.
Continuará...
