Capítulo 71: Reconciliación
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Se sintió extasiada en la repentina comodidad de sus brazos. Aunque le hubiese gustado quedarse mirando la entrañable y cálida sonrisa de sus labios, también la emocionó sentirse tan cerca de él, junto a su cuerpo.
Deslizó las manos hacia su espalda en una breve caricia y se acercó hasta pegarse a él para inhalar esa esencia que desde hace días había extrañado. No había esperado ver una sonrisa, mucho menos obtener un abrazo apenas lograse entrar a su departamento; pero ahí estaban, abrazados, anhelando tener ese contacto tan significativo para ambos. Moko-san y Hiou-kun tenían razón, él no querría terminar con ella. Él la amaba.
Cerró despacio los ojos, sintiendo el corazón latir acelerado de la emoción.
—Ah…Lo siento, yo… —dijo de repente Yukihito, haciendo que salga de su ensimismamiento.
Sintió que sus brazos entorno a ella se aflojaban. Como respuesta sacudió su cabeza y se estrechó aún más contra su pecho. No quería que la soltase, quería quedarse así unos minutos más.
—¿De verdad lo sientes? —le imitó Kyoko con esa frase que él había dicho anteriormente.
—Es solo que…estaba muy feliz de que estuvieras aquí…—respondió algo nervioso—, pero nosotros deberíamos primero…—se detuvo, exhaló un suspiro, y situó de nuevo las manos en su cintura—. No, en realidad no lo siento…Necesitaba tanto tenerte entre mis brazos—le susurró cerca de su oreja.
Su mano fue subiendo con suavidad de su cintura hacia lo largo de su espalda. Un escalofrío recorriendo su espalda, le hizo a ella suspirar. Él besaba su cabello, y la acariciaba como lo hacía habitualmente. Kyoko esbozó una sonrisa, sintiendo que su corazón se henchía de felicidad.
Pero, segundos después, las manos de él retornaron con lentitud hacia su cintura. Con los brazos aflojados a su alrededor, la invitaba a que se sepárese de él.
—No… —murmuró ella, haciendo una mueca de disgusto.
Aún no quería que acabase, quería sentirlo aún más.
Deslizó las manos hacia sus costados, y sintió la piel de su clavícula rozando sus labios. Abrió los ojos de inmediato; el calor no tardó en subir a su rostro, arrebolando intensamente sus mejillas.
—Lo siento —bisbisó sin recibir respuesta.
Él estaba tenso, sin embargo Kyoko no lo había notado, y se quedó mirando de cerca la piel desnuda de su cuello. Mareada y seducida por esa visión, fue acariciando su cuello con la punta de su nariz y, embriagada por su aroma, posó sus labios sobre el pulso acelerado de su cuello, y lo besó con suavidad.
Yukihito apretó las manos en su cintura, conteniendo el aire.
Ella se apartó, subiendo la mirada a sus ojos, que la miraban enardecidos.
—L-Lo siento —tartamudeó, avergonzada y roja como un tomate—. Y-Yo solo…no me di cuenta de lo que…Fue un impulso…un impulso —dijo lo último en voz muy baja.
—¿Desde cuándo pedimos disculpas por tocarnos? —le dijo en tono levemente nostálgico. Alargó una mano y acarició su mejilla con el pulgar—. Si en realidad quieres tocarme, no me opondría…Kyoko, ¿recuerdas? Soy todo tuyo. No repitas que lo sientes si no es así.
Hipnotizada por sus palabras y su mirada, Kyoko asintió con la cabeza. Sus ojos se habían conectado a los suyos, y quedaron mirándose durante unos segundos más. Con lentitud, fue acercando sus labios a los suyos. Tres días y catorce horas desde el último beso. Aquellos labios la estaban seduciendo…
—¡Ah! —Su exclamación hizo que se detuviera y ampliase los ojos de la sorpresa—. Espera un rato—Él la agarró de la mano, la llevó hasta el sofá y la sentó—. Solo serán unos minutos, me cambiaré de ropa, me refrescaré el rostro y me pondré los lentes de contacto, se me han roto los lentes que llevaba —se alejó dando pasos ciegos hacia atrás hasta que chocó contra la pared y tosió fingidamente— Ya regreso y hablaremos ¿sí? —Y dicho eso desapareció.
Yukihito fue apresurado hacia el baño, cerró la puerta y reposó la espalda contra ella.
—Oh, Dios… —rió tontamente, llevando una mano sobre su boca para intentar reprimirlo. Cuando dejó de reír, sus labios esbozaron una muy grande sonrisa— ¿Estaré soñando o finalmente me he vuelto loco? —pellizcó su brazo y soltó un pequeño quejido de dolor—. No…Es…Es verdad.
Se acercó hacia el lavamanos, apresurado por volver de nuevo a ella, hasta que advirtió la mancha de sangre en su mano. Se inmovilizó al pensar que le había manchado de sangre la ropa mientras la acariciaba, pero entonces percató que ésta ya desde hace rato se había secado. Sin darle importancia, se lavó con jabón, sonriendo tan solo con el recuerdo de sus brazos envolviéndose con fuerza a él. Kyoko le había abrazado y no quería separarse de él. Su Kyoko le había besado el cuello, y estaba hermosamente ruborizada, mirando sus ojos y acercándose después a sus labios…
Se restregó el rostro con agua fría y luego se la secó, procediendo después a ponerse los lentes de contacto con mucho cuidado. Ponérselas aún era una labor algo dificultosa.
Si en realidad quieres tocarme, no me opondría…
Eso había dicho. No se opondría. También lo ansiaba. También quería tocarla más…
Besarla, moría por perderse en sus labios, saborearla hasta saciarse de ellos. Pero al final, hubo una contrariedad, y se privó del anhelo más fuerte que tuvo desde que tomó sus manos y la llevó consigo dentro de su departamento.
Kyoko… ¿en realidad querría estar junto a él? ¿Le había olvidado a Ren y le había elegido a él?
Aunque todos los hechos apuntasen a que ella lo amaba a él, no podía estar del todo seguro. Reconocía aún la incertidumbre dentro de su corazón, aquella que le hacía recordar los profundos que fueron los sentimientos de ella hacia Ren, de la duda en sus ojos, de su ensimismamiento al pensar en él, de los días que pasaron para que tomase una decisión. Tenían que hablar primero. Tenían que aclarar muchas cosas, y él no tenía que saltar de nuevo como un lobo hambriento y sin raciocinio hacia su presa. Era muy peligroso. Kyoko y él, solos en su departamento, con ella besando su cuello, con ella buscando sus labios y con el sofá a solo unos pasos atrás. Oh, buscaría cualquier lugar para tumbarla y besarla como de verdad quería, ya sea el suelo o el sofá; la habitación tampoco estaba lejos, la cama sería lo apropiado. Pero… ¿y si perdía el control e iba más lejos? ¡La asustaría y ella ya no querría estar junto a él! Se había decidido a seguir con la abstinencia sexual hasta que ella estuviese preparada. Y posiblemente eso sería después de casados. Lo haría por amor. Por ella soportaría y reprimiría todo. Jamás la presionaría.
Acabó de ponerse los lentes de contacto y respiró hondo.
Se puso intranquilo al imaginarse a ella esperando afuera, impaciente. Sacudió su cabeza, abrió la puerta y salió mientras desabotonaba los últimos botones de su camisa. Entró a su habitación, tiró su camisa sobre la cama, se quitó los pantalones y sacó las primeras prendas que encontró en su closet. Cuando se las puso y miró su reflejo en el espejo, arrugó el ceño y resopló. Esta vez buscó algo mejor en su closet. Se quitó la ropa, cuando el brusco sonido del picaporte al abrir la puerta lo asustó.
—¡Yuki, no debí haberte abrazado tanto sin aclarar nada! ¡Lo siento mucho! —Kyoko entró exclamando. Hizo una dogeza de noventa grados y se reincorporó con rapidez— ¡No me malentiendas, ni pienses más! ¡Yo quería…decirte…
Sus palabras murieron en su boca al advertirse de la desnudez frente a ella. Sus ojos estaban abiertos como platos, sin embargo, pasearon con atrevimiento su cuerpo. Yukihito llevó la camiseta que tenía en sus manos hacia abajo, para cubrirse la entrepierna. Apenas vestía su bóxer, y la mirada escrutadora de ella le hacía sentir algo de vergüenza. Era hasta posible que solo le contemplase de esa manera para hacer unos muñecos de él, que coincida a la perfección con sus medidas.
Carraspeó, y ella recién reaccionó, dándose vuelta. Pudo ver que el rojo teñía su cara antes de que ésta desapareciese de su vista.
—¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! —gritó ella, y estando de espaldas, se inclinó para hacer una dogeza.
—¡K-Kyoko, no…no hagas eso!...Por Dios…—Yukihito tragó en seco, se pasó la mano por el cabello, miró una vez más la falda corta que llevaba y se cubrió la boca—. Estando de espaldas a mí, te inclinas y tú…solo…me muestras… —Sacudió su cabeza, intentando que el recuerdo de la tersa piel de sus piernas y de sus perfectas nalgas, se alejasen de su mente. Miró la camiseta que apretaba en las manos, y se vistió con rapidez.
—No quise ser irrespetuosa y hacer una dogeza de esa manera, pero si lo hacía de frente, yo…te vería…d-desnudo…y además…no muestro mucho —dijo lo último con una vocecilla, mientras arañaba con la yema de su dedo la puerta frente a ella—. Tengo un short debajo de mi falda. Mira, no he mostrado nada…indebido.
Alzó un poco su falda, exhibiendo la tela ajustada y corta que se ceñía a sus posaderas. Yukihito quedó boquiabierto, sus mejillas se le arrebolaron, y caminó de un lado a otro, intentando no volverse loco. Esa mujer le mataría. Hubiese preferido no haber llevado puestos sus lentes de contacto, así solo alcanzaría a ver borrosamente sus redondeadas y firmes nalgas.
—Piensa en tu promesa de hace solo minutos... Nada…Nada hasta el matrimonio… Dios, ella me volverá loco…
Apretó los puños, avanzó hacia ella y envolvió sus brazos alrededor de su pequeña cintura. No podía soportarlo, quería tocarla, y sentirla cerca. Debía ser masoquista por castigarse de esa manera.
—Ah…Yuki —Ladeó un poco la cabeza, pero después la llevó de nuevo en frente—E-Estás… ¿desnudo? —murmuró rojísima.
—¿Crees que te abrazaría sin llevar nada de ropa? —susurró con voz ronca próximo a su oreja. Dejó escapar el aire retenido y la oyó suspirar. Él volvió a retener el aire, procurando aplacar cualquier pensamiento impuro debido a ese suspiro; cerró los parpados y respiró profundo—. Estoy completamente vestido… Kyoko, ¿por qué te quedaste mirándome así? ¿No crees que es peligroso para una mujer tan hermosa quedarse mirando así a un hombre en ropa interior?
—Es porque tú…—un murmullo muy bajo hizo que él no la entendiese.
—¿Qué? —Se inclinó más a ella, reposando la cabeza sobre su hombro.
—Es porque tú…—Alzó las manos para apoyarlas sobre las suyas. Sus mejillas ardían. El ritmo lento y profundo de la respiración que sentía tan cerca, hizo que apretase más las manos a los de él, nerviosa, pero también cautivada por sentir todo su cuerpo, su olor, su aliento—. Es porque... —tragó saliva y cerró los párpados—.¡Es porque eres muy guapo! ¡Me quedé embobada! ¡Estaba admirándote y estudiándote el cuerpo!
Yukihito irguió la espalda, sus manos se aflojaron sobre su cintura, pero luego volvió a inclinarse a ella y a abrazarla con la misma firmeza anterior. Aquello lo había asombrado.
—¿Es…Es así? —de repente se sintió avergonzado por el inesperado elogio. Solo Kyoko podía asombrarlo con tales palabras. Hundió el rostro en su cabello, y sonrió — ¿Entonces mis medidas coinciden con los muñecos que hiciste de mí?
Kyoko se quedó callada. Su dedo pulgar, acarició con movimientos circulares la mano de él.
—No…Tengo que definir algunos músculos —murmuró despacio.
—Así que…de verdad hiciste un muñeco.
—Algunos…—confesó, deteniendo el dedo sobre su dorso.
Yukihito la soltó y la giró hacia él. Kyoko lo miró sorprendida; tenía el rostro enrojecido, y lo bajó, queriendo ocultarlo, sin embargo él tomó su rostro entre las manos y lo alzó.
—Kyoko, tal vez…tal vez tú… —Sus ojos brillaron con intensidad, ansioso y entusiasmado, como si estuviese por recibir la noticia del premio mayor—. Aunque estuviéramos en el mismo lugar…Tal vez tú…Tú me…¿me extrañaste? —La frase se convirtió en una interrogativa, y su voz de pronto cambió a un tono titubeante. La soltó, retrocedió y cayó sentado en la cama. Suspiró. Su expresión repentinamente seria, conteniendo la incertidumbre en sus ojos —. Kyoko, ¿estás...segura de esto?
Kyoko se quedó inmóvil. Sus ojos enrojecieron, así que bajó la cabeza y la sacudió, negándose a echar alguna lágrima.
—Yuki, soy una idiota, lo sé —dijo ella, pasando los dedos sobre su párpado. Se acercó a él y tomó sus manos—. Y quería aclarar…
Un quejido y el tacto de un corte en la palma de su mano le advirtió de una herida. Se detuvo y le dio la vuelta la mano.
—¿Cómo te lo has hecho? —interrogó preocupada, mientras lo estudiaba. Las lágrimas y las siguientes palabras que habría dicho antes se esfumaron en el aire. Arrugó el ceño y miró después la herida que tenía en la mejilla— ¿Por qué aún no te la has curado?
Yukihito la miró hacer un puchero de enojo; él rió entre dientes.
—No es nada grave…—se aventuró a decir, y recibió un refunfuño como respuesta.
La vio salir de su habitación. Se levantó para buscarla después de unos segundos, pero ella apareció en su puerta y lo hizo sentarse de nuevo. Kyoko llevaba consigo el botiquín de primeros auxilios; aunque solo fueran dos las veces en las que estuvo en su departamento, ella conocía bien la ubicación y el orden de todas sus cosas.
Ella se sentó a su lado, y tomó su mano. No dijo nada, y mantuvo la cabeza gacha, mirando con detenimiento su herida.
—Kyoko…
—Yuki —Levantó el rostro; su expresión denotando tristeza y culpabilidad—. Sabía que estabas herido, y no he hecho nada. Me quedé abstraída, y lo olvide de inmediato…Solo me preocupaba en lo que pensarás de mí...Me preguntaba porque de repente te habías ido, por qué me habías eludido… Tenía miedo de que tú cambiases de opinión y…
—No es así —replicó de inmediato—. Como adulto, debí haber atendido mis propias heridas. Solo me había ido por las razones que te había mencionado—mintió—. ¿Recuerdas? Te dije que después regresaría y hablaría contigo —esbozó una media sonrisa—. Estaba muy ansioso por volver apenas me fui, pero ahora tenemos todo el tiempo que queramos, no debemos apresurarnos, hablaremos, no importa cuanto tiempo nos tome.
Kyoko le miró unos segundos más, y asintió con una pequeña sonrisa.
Mientras le desinfectaba la herida, se quedó callada y pensativa, mirando su palma.
—Yuki…—dijo después de un largo rato, con voz insegura—. Tal vez… ¿te has peleado con alguien?
El silencio hizo que alzase la mirada hacia sus ojos. Él exhaló un suspiro y negó con la cabeza.
—No fueron golpes, ni puñetazos —se rió lánguidamente y meneó una vez más la cabeza—. Esto fue un accidente—dijo señalando la herida de su mejilla—, y esto —levantó levemente la mano—, fue mi culpa. Sin querer me he lastimado. La mala suerte ha contribuido para que acabe así.
La observó ponerle una tira adhesiva. Kyoko se había quedado callada y no había respondido nada. Percibiendo la preocupación en su rostro, intuyó de repente lo que parecía estar creyendo.
—Kyoko, ¿tienes otra pregunta?
Sus ojos dorados vacilaron en su mirada.
—¿Te has encontrado con alguien? —musitó entre pausas—. ¿Han discutido?
—¿Te refieres a Ren? —El respingo que ella dio, le dijo que acertó—. Si fuera Ren tal vez hubiera terminado gravemente herido en el hospital. En el fondo sabemos que él es todo un sanguinario —bromeó, riendo.
Sin embargo, Kyoko se le había quedado mirando, inexpresiva.
—Él no tiene porque golpearte —bajó la mirada e interrogó, dudosa—. ¿Ustedes se han encontrado? ¿Aún sigues enojado por...
—Kyoko —dijo en voz alta, haciendo que ella lo volviese a mirar—. No te estoy mintiendo —suspiró—. Nos hemos encontrado antes, ese día del comercial. Es cierto que no acabamos en buenos términos, pero desde ese día no nos hemos vuelto a encontrar, así que no te preocupes.
—No estoy preocupada —le dijo con vehemencia—. No, estoy preocupada...—se contradijo y le miró, llena de nervios—. Pero no es por él, quiero decir...
—Hey, preciosa —tomó su mano, y ella lo miró, agitada—. Tranquila, no me enojaré porque hables de él.
—Entiendo —respondió con tardía, pero no volvió a decir más.
Yukihito la miró detenidamente, mientras ella terminaba de curarle la herida en la mejilla.
—Yuki...—susurró ella, ruborizándose—. En realidad he querido decirte algo desde hace rato, tú ya sabrás qué, pero...
—Tengo un amigo que recientemente se ha enterado...
—¿Eh?
Ambos se callaron y se rieron. Kyoko le miró, y sonrió, dándole una señal para que él siga.
—Lo siento, no está relacionado conmigo —dijo Yukihito, intentando quitarle importancia a lo que diría—. Pero en realidad he estado pensando mucho en ello y...—cogió la mano de ella y respiró hondo—. Tengo un amigo, que es un respetado y famoso conductor del programa vespertino de los sábados, ¿recuerdas?
Kyoko asintió.
—Pues no se trata de él —continuó Yukihito—. Se trata de un amigo nuestro, que también es famoso en la industria del entretenimiento. Ese amigo tiene una mujer de quien está muy enamorado, pero lo que sucede es que él... —agachó el rostro y detuvo la mirada en la unión de sus manos—. Él será padre. Su ex novia dará a luz en unos días, pero los medios aún no saben de ésto. Él está preocupado por eso, y además también está la mujer que en realidad le gusta...Me había puesto en su lugar, y si fuera yo...quien fuera padre...
—Yuki —Kyoko le soltó la mano. Estaba muy pálida y la miraba desconcertada—. Esto no tiene nada que ver con nosotros, ¿o sí?... ¿Me estás mintiendo? ¿S-Se trata de ella? ¿De Hirakawa Hitomi?
—Lo...Lo siento...No quise mentirte...
Ella se levantó de la cama, y dio dos pasos atrás.
—Espera, Kyoko...¿qué ocurre?
—¿Es tuyo? —preguntó temblorosa—. ¿Eres el padre?
—¿Qué?...No —dijo perturbado, levantándose velozmente —. Te había dicho que no ocurrió nada entre...
—¡No me mientas, Yukihito! —Él trastabilló atrás, estupefacto—. Esa bruja te besó para que yo lo vea. ¡Ella me odia! Y tú le has besado, le has seguido el juego. Me restregó en la cara lo bien que besabas, y me dijo que lo de ustedes...—Su rostro se enrojeció y lágrimas rodaron por sus mejillas—. Solo sería sexo —musitó con la voz quebrada.
Él se quedó pasmado, intentando procesar todo lo que había oído, pero Kyoko no le dio tiempo de refutar nada, y salió de la habitación. Se levantó, apresurado y desesperado por lo que ella estuviera imaginando, corrió y enseguida la alcanzó en la sala. Tomó su muñeca y la estiró, haciendo que ella perdiese el equilibrio y cayesen al suelo. Kyoko quiso levantarse y escapar de nuevo, pero él la tomó de la cintura, la atrajo, y la inmovilizó, cruzando sus piernas alrededor de ella.
—Suéltame, Yukihito —exclamó entre lágrimas—. Me has mentido por segunda vez en la cara. No quiero hablar contigo ahora—dijo airada intentando liberarse de él.
—¿Desde cuando soy Yukihito? —preguntó tomándola con más fuerza.
—¡Desde que naciste! ¿Acaso te has olvidado de tu nombre?
—Kyoko, preciosa, ¿de verdad crees que sería el padre de ese niño? —le dijo con tranquilidad, haciendo que ella se inmovilizase—. Si lo fuera, te lo habría dicho sin rodeos. No lo repudiaría. Sabes que eres la mujer a quien amo, y por más pésima que fuese la noticia, tú serías la primera en saberlo por derecho.
—Tienes razón —murmuró en tono sombrío—. Ahora quita tus piernas de mí, Yukihito.
Él se rió y Kyoko gruñó, enojada.
—Ese beso del que hablas fue hace unos meses, no sabía que lo habías visto. Ahora todo tiene sentido. Hitomi-san se había dado cuenta que tú gustabas de mí desde antes... ¿Desde cuando te he gustado? —interrogó sin poder ocultar el deleite.
—A ti que te importa —refunfuñó impávida.
—Preciosa...Hey, de verdad que no ha pasado nada. Ella te odia, ¿crees que te diría la verdad? Te ha dicho eso para lastimarte, lo siento por no haberme dado cuenta de todo.
—¿Y el beso? —dijo en voz baja.
—¿Me has visto besarla? Es cierto que no reaccioné rápido porque me había sorprendido, pero después la he apartado, ¿has visto esa parte?
Kyoko negó con la cabeza.
Yukihito la soltó, y se sentó frente a ella, limpiando de su cara los últimos rastros de lágrimas. Tomó con ambas manos su rostro y la besó suavemente en los labios.
—¿Por qué no lo has hecho antes? —le preguntó Kyoko, clavando la mirada en sus ojos—. Dijiste que no te opondrías si quería tocarte, pero eludiste...mi beso —repuso abochornada.
—Ahora...estoy seguro de lo que sientes por mí —le susurró.
—¿Y hace unos minutos no?
—Lo siento...
Kyoko bajó la mirada, tomó su mano y la llevó contra su pecho.
—Kyoko, ¿q-qué haces? —tartamudeó él y, atónito, apartó su mano, pero ella lo retuvo, y lo llevó de nuevo en el lado izquierdo de su pecho.
—¿Sientes mi corazón? Eres el único que hace que se agite de esta manera —dijo nerviosa y sonrojada—. También eres el único a quien quiero besarle la boca...Y cuando llegué, te he abrazado, te he besado el cuello, te quise besar los labios—expuso poniéndose roja de pies a cabeza—. No entraría en la habitación de cualquier hombre y me quedaría contemplando su cuerpo.
—Tienes razón. Me convertí en un idiota, seguí dudando de ti —dijo riéndose y sonriendo ampliamente.
—¿Acaso mi idiotez se te pegó de tanto estar conmigo? ¿Te estás convirtiendo en una Kyoko dos?
—Creo que sí, preciosa —Sus ojos se oscurecieron, y arrastró la mano que tenía sobre su pecho abajo. La llevó hacia su vientre, y luego se desplazó en su cintura, atrayéndola a la vez que él se acercaba a su boca.
—Yukihito, te amo —dijo antes de que sus labios se junten.
Él sonrió contra su boca, y se separó, mirándola risueño.
—¿Yukihito? —interrogó con las cejas enarcadas—. ¿Estás enojada conmigo, preciosa?
—No —dijo golpeando suavemente su espalda—, ¿no puedes dar énfasis a lo que dije después?
—También te amo —expresó con seriedad—. Te amo mucho
Sus labios se fundieron en un largo beso apasionado, y perdieron la noción del tiempo y la razón. Cuando se separaron ambos quedaron atrapados en la mirada del otro, volvieron a besarse, hasta que quedaron sin aliento.
Ella escondió el rostro en el hueco de su cuello, mientras él acariciaba lenta y distraídamente su espalda.
—Quédate conmigo esta noche —le susurró con voz ronca, y Kyoko se tensó entre sus brazos.
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N/A: Lo siento por hacerles esperar tanto, sinceramente la inspiración no me llegaba y escribir este capítulo me tomo mucho tiempo y trabajo. Espero que les haya gustado :D y muchísimas gracias por los comentarios.
