Lena, no sabía cómo, había logrado empujar a Kara a unos metros de distancias rompiendo el beso. Ambas respirabas entrecortadamente mirándose fijamente. Kara estaba siendo el depredador y Lena, su presa.

- No, basta, Kara, por favor. - le rogó la morena.

Kara se acercó hasta la puerta de su habitación y la abrió de un empujón. La madera golpeó contra la pared con fuerza.

- Entra, Lena. - le ordenó con media sonrisa perversa. - Sabes cómo va a acabar esto.

- No, Kara. Por favor.

- Lena, sí. Sabes que tú también vas a disfrutarlo. ¿No me has estado esperando catorce años? Vamos a recuperar el tiempo perdido. - insistió Kara agarrando a Lena del brazo y apretando hasta que la morena dibujó una mueca de dolor en su rostro. - Venga, Lena. - dijo arrastrándola hasta la habitación.

- No así. - intentó resistirse Lena.

- No te hubieras casado con Kal. Todos pueden usarte como quieren. Yo también quiero mi parte, así compórtate como debes.

Una vez dentro, Kara volvió a empujar la puerta con fuerza que se cerró de un portazo.

*/*/*/*

La tarde siguiente, Lena no tuvo valor para mirar a Kara entrenar con sus hijos. Había ido directa a la residencia de las Danvers. En ese momento, estaba llorando desconsoladamente mientras Kelly y Alex intentaban calmarla.

- Es que no sé cómo acabé cediendo. - decía entre respiraciones entre cortadas.

- Para empezar, Kara en ningún momento tuvo que aparecer por allí exigiendo nada. - dijo enfadada Alex de brazos cruzados.

- Ya, pero tu hermana no atiende a razones. - le dijo Kelly.

- Pues quizá tengo que meterle las razones a golpes.

- No lo hagas, Alex. Déjalo. - lloraba Lena.

- Es que no puedo seguir viendo lo que te está haciendo.

- Da igual, Alex.

- ¿Pero vas a seguir cediendo, Lena? - preguntó Kelly preocupada.

Lena no respondió. Solo escondió la cabeza en su cuello.

- ¿De verdad todavía estás tan enamorada de Kara como para soportar todo esto, Lena? ¿Por qué la aguantas?

- Porque sí, la sigo amando. Kara significa tanto para mí. Nos entendíamos más de lo que te imaginas. Las dos siempre fuimos ninguneadas por nuestras familias. Kara fue la primera persona que me vio más allá de ser la pequeña Luthor. Siempre me miró, me trató y me quiso como a una igual. A día de hoy, es la única persona que ha hecho algo así. Y a la vez de todo eso, también me desafiaba constantemente. Estar con ella era divertido y reconfortante. Mi pequeño paraíso… Por eso, era incapaz de dejarla ir. Por eso, nunca me quise rendir con ella. Creía que nunca iba a tener la suerte de volver a encontrar a alguien como ella, que me viera como ella lo hacía. Y mira cómo ha acabado todo.

- Nunca le hicimos daño a propósito, Lena. Aquí la única que está hiriendo a los demás de forma deliberada es ella. Te está atacando directamente. ¿Te das cuenta de que acaba de hacer?

- ¿Y qué quieres que haga después de todo lo que le hemos hecho, Alex? Cree que le mentimos y que la abandonamos.

- Lena, íbamos a contárselo todo. William se nos adelantó en el peor momento. Solo buscábamos el momento adecuado. ¿Y este es el precio a pagar?

- No me hables de precios a pagar, Alex. Tú tienes la familia que siempre has querido. Yo tuve que renunciar a todo, a mi vida entera, por salvar Thera. No tienes ningún derecho a opinar.

- ¿Por qué no nos centramos en otra cosa? - intervino Kelly cambiando de tema. - Tengo una idea para encargarnos del burdel.

*/*/*/*

Se podría decir que Kara se sentía orgullosa de lo mucho que Levi había progresado. El pequeño parecía absorber como una esponja cualquier instrucción que le daba. Lars, por el contrario, era bastante decepcionante, aunque no sería por falta de empeño del chaval. Sabía por el resto de sus maestros que no era igual de malo con la tinta. Quizá, al final, ese chico sería madera de despacho más que de campo de batalla. Pero como rey, tendría que saber los básicos. Así que se iba a asegurar de que los conseguía.

Ese día, el mayor llegó prácticamente sin poder moverse. Decía que le dolía todo el cuerpo por las agujetas. Levi en cambio daba botes por todas partes feliz. Lena no había vuelto a los entrenamientos desde el primer día y durante las cenas y desayunos prácticamente la ignoraba. Kara estaba indignada. Unos polvos tontos tampoco eran para ponerse así.

- Solo pido un poco de descanso. No soy un niño. No tengo la misma energía que él. - se quejaba Lars.

- Vamos, chaval. Ni que fueras un anciano. Solo has estado entrenando ¿qué? ¿cinco días seguidos? - se burlaba Kara.

- Para los que usamos el cerebro en vez de la fuerza bruta, son muchos días seguidos. - se defendió Lars.

- Jo, Lars. Yo quiero entrenar contigo. - le suplicaba el pequeño triste.

- Levi, estoy muy cansado. - lloriqueaba el mayor. - ¿Por qué no vamos a la playa a jugar?

- ¡Vale! - gritó Levi lleno de alegría otra vez. - ¡Vamos a la playa! - gritó tirando de la ropa de Kara.

- Toca entrenar. - contestó ella seria y se cruzó de brazos.

- Por favor. - suplicó el pequeño poniendo cara de pena.

- No. - respondió Kara orgullosa de no caer en eso.

- Vamos y te enseñamos nuestro lugar secreto. - insistió el niño.

- ¿Lugar secreto? - preguntó Kara curiosa.

Levi iba a decir algo, pero su hermano mayor lo interrumpió.

- No, Levi. Nadie puede ir allí aparte de nosotros dos y mamá.

- ¿Dónde? - insistió la rubia.

- A la playa. - contestó Levi como si fuera obvio.

- ¿Qué playa? - volvió a preguntar Kara.

Levi iba a decirle algo, pero Lars volvió a interrumpirlo.

- No, Levi. No se lo digas.

Hasta ahí habían llegado. Ahora de verdad Kara quería saber de qué diablos estaban hablando los dos mocosos.

- No, chaval. Me vais a llevar hasta allí. - les ordenó. Lars suspiró cruzándose de brazos y dándose media vuelta. Kara lo agarró del brazo y tiro de él. - Lars…

Él se zafó del agarre.

- De acuerdo, pero, por lo menos, déjanos coger las cosas para bañarnos.

*/*/*/*

Lena volvió al cabo de poco rato. Kara la había obligado a acabar con uno de sus dichosos documentos y había tenido que quedarse hasta más tarde en su despacho. Tampoco iba a ir a los jardines a vigilarlos, pero siempre se colocaba en una sala de su ala desde donde podía echarles un ojo de vez en cuanto para comprobar que todo fuera bien.

Cuando llegó al patio donde suponía que estarían entrenando, se encontró con los materiales tirados por el suelo abandonados. No había nadie por allí. Asustada corrió por todo el palacio buscándolos, pero no los encontró.

Salió fuera y preguntó a los guardias que solían guardar las puertas del palacio real. Los habían visto entrar, pero no habían visto salir a nadie. ¿Si no estaban en el palacio, pero tampoco no habían salido de él, dónde demonios estaban?

Lena no tardó ni un segundo en caer. No podía ser. No la podían haber llevado allí. Lena corrió de vuelta a su ala. Disimulada en una pared, había una puerta secreta que daba a un pasillo oscuro y estrecho. Comunicaba directamente con el exterior de la muralla. De verdad que Lena rezaba a todos los dioses por no encontrárselos allí. Logró llegar al exterior donde la brisa de verano la golpeó. Las escaleras excavadas en la roca descendían por los acantilados que rodeaban la isla. Lena los bajó con cuidado para no resbalar.

Pero sus rezos no habían servido de nada. Allí estaban sus dos hijos jugando en la pequeña playa escondida en la cueva mientras Kara los miraba desde la arena. Era la misma cueva que Kara le había mostrado hacía muchos años. Lena suspiró. No estaba en condiciones para afrontar la conversación que iba a tener lugar. Continuó bajando hasta la playa. Sus hijos la saludaron felices dentro del agua.

- No han salido de allí desde que hemos llegado. - informó Kara con tono neutral sin mirarla. Estaba jugando con un poco de arena que tenía en su mano.

Lena se acercó hasta ella y se sentó a su lado.

- Les gusta más estar ahí dentro que aquí fuera. - explicó Lena.

- Los entiendo. - dijo con una media sonrisa Kara.

- ¿Y qué haces aquí entonces?

- ¿Por qué, Lena? - le dijo casi como un ruego Kara ignorando su pregunta. - ¿Por qué vuelve a haber un acceso a esta playa?

- Lo mandé construir poco después de que Kal y yo nos casáramos. Por aquel entonces, todavía tenía esperanzas de que volvieras, de que por lo menos leyeras mis cartas. Era una forma de pedirte disculpas supongo. En mi cabeza era un intento de compensar la vida que te pedía que llevaras conmigo. Por eso, el pasillo comunica solo con mi ala. Era un regalo para ti.

Kara suspiró. Se llevó las rodillas al pecho y las abrazó. Entró la cabeza entre sus piernas. La cabeza le daba mil vueltas.

Kara notaba pinchazos en su pecho. Lena no podía hacerle eso, no después de todo. ¿Qué se suponía que le iba a decir ahora? ¿Qué se suponía que debía hacer?

- No es suficiente, Lena. - murmuró con la voz rota Kara. - No lo habría sido. No podía soportar la idea de verte con Kal. Te amaba demasiado. Por eso, me fui. Tener que soportar que te acostaras con él, que para todo el mundo fuerais un matrimonio perfecto. Esto no habría compensado todo el dolor que me habría provocado.

- Lo sé. Lo entiendo. Kara, no te culpo por estar enfadada con nosotras, conmigo. Sé que te hicimos daño. Hicimos tantas cosas mal.

- Ahora ya es tarde. - contestó cambiando completamente el tono de voz. Se levantó de su lugar seria. - Habría que tapiar el pasillo. Es una entrada fácil a la fortaleza.

- ¿De verdad lo vas a hacer? - le preguntó la morena con media sonrisa.

- No. - respondió Kara para emprender la marcha dejando solos a Lena y sus hijos en la playa.

Esa noche, después de la cena, Kara volvió a hacer una visita a Lena. Llamó a la puerta y esperó a que le abriera.

- ¿Puedo? - preguntó la rubia mirando al suelo.

- La última vez no lo preguntaste. - le respondió la morena a la defensiva.

- No he venido a eso. - explicó la rubia fijando su mirada en los ojos verdes.

- ¿Y a qué has venido?

- Sinceramente, no lo sé. - suspiró la rubia.

Lena se hizo a un lado y dejó pasar a Kara. Lena se sentó en una silla mientras Kara se sentó a los pies de la cama. Como en toda la fortaleza, la cama no era más que un colchón colocado sobre el suelo. Por la gran ventana que tenía a su derecha entraba una suave brisa. Kara se molestó en tomar un gran sopló de aire y llenar sus pulmones del olor al mar.

Lena estaba vestida con un fino vestido para dormir. Kara podía ver a través de él como se le notaba el vientre hinchado. La rubia tenía que aceptar que Lena hacía un trabajo excelente ocultándolo durante el día.

- ¿Lo saben Lars y Levi? - le preguntó la rubia señalando el bulto.

- No, todavía no les he dicho nada. No sé cómo decirles que me quedé embarazada de su padre un mes antes de que muriera. - murmuró Lena.

- Debería ser pronto. No tardarán en darse cuenta.

- ¿Has venido a decirme lo que tengo que hacer?

- No, creo… - balbuceó Kara. Se quedó unos instantes en silencio ordenando sus pensamientos. - ¿De verdad esperabas que aceptara las migajas, Lena?

- Era todo lo que podía ofrecerte.

Kara se la quedó mirando fijamente. Tensó la mandíbula y escondió la cabeza entre sus manos soltando un fuerte suspiro. Luego volvió a levantarla y dirigió su vista al techo de la habitación.

- Me dolió como un demonio, Lena. Sentí que me arrancaban el alma cuando aceptaste casarte con Kal. - dijo Kara frunciendo el ceño. Lena fue a decir algo, pero la rubia la interrumpió. - Déjame acabar, por favor. ¿Sabes la de veces que maldecí mi suerte, Lena? De todas las mujeres en el mundo, fui a enamorarme de mi enemiga en mitad de una guerra. - murmuró Kara con casi rabia. Se quedó unos instantes en silencio mirando el techo y, luego, miró el mar a través de la ventana. Se levantó y se apoyó en su marco de espaldas a Lena. El mar debajo de ella golpeaba con violencia contra las rocas de la isla, pero, si miraba al horizonte, parecía una masa de agua inofensiva. - Y, como era de esperar, la guerra nos separó. Quizá debería haberte hecho caso en vuestro escondite. Deberíamos haber acabado nuestra historia allí. No nos habríamos herido tanto mutuamente. - dijo Kara suspirando. - Sé que no me abandonaste a mala fe, Lena. Sé que te dolió tanto como a mí. Lo sé. Y, con los años, gracias a Cat y aprender lo que significa estar delante de un reino como Thera, he entendido que no había otra opción. El norte y Krypton se estaba tirando contra nuestra yugular. Hubiéramos muerto y habríamos arrastrado a mucha gente inocente por el camino. Alguien se tenía que sacrificar: tú y yo o todo Thera. El reino no se lo merecía después de una guerra civil de veinte años. - reflexionó en voz alta la rubia. - Sé que tomaste la decisión correcta. Hiciste lo más sensato y lo más responsable. Por lo menos, una de las dos fue responsable. Pero saber que me estabais escondiendo lo que había pasado a mis padres lo empeoró todo. Creía que al final solo habíais jugado conmigo.

- Te prometo, Kara, que te lo íbamos a contar. Tenía los documentos apartados para poder dártelos. - se sinceró la morena. - Pero hubo las revueltas y después de que mataras a la Voz tuvimos que huir a Gimina. Había pensado en contártelo entonces, pero te sumiste en esa depresión. No quería empeorarlo. Ojalá Lex nunca se hubiera enterado de lo de los esclavos, ojalá William nunca hubiera propuesto este matrimonio. - murmuró Lena e hizo una pequeña pausa. - Hay muchos "ojalás", demasiados. Siento el daño que te pudo hacer, Kara.

- Menuda pieza estaba hecha. - se rio Kara recordando los viejos tiempos. - No causé más caos porque no era posible.

- Quizá deberíamos haberte entregado el trono. Podría haber estado contigo… - continuaba la morena.

- Sabes también como yo como habría acabado eso. Tendríamos entonces una guerra contra el norte, el sur y Krypton. Y yo, al mando, siendo la mayor cabeza hueca del reino. – se volvió a reír Kara. Volvió a darse la vuelta para mirar a Lena y se cruzó de brazo. - Eso sí que habría sido un caos. Menos mal que Cat es una maestra excelente.

- Si te sirve de consuelo, ahora eres una increíble gobernante, aunque no comparta tus métodos.

- He aprendido a base de golpes. - asintió la rubia. - Supongo que al final he vuelto aquí en el momento correcto. El caso es que nadie habría aceptado mi reinado entonces. Ahora solo lo hacen unos locos que pretenden matar unos niños por el camino. No es un gran séquito. Además, técnicamente, el trono no es mío y nunca lo fue. Mi padre nunca fue coronado, nunca fue rey. Además, no sé hasta qué punto se tendría que contar con la línea sucesoria de mi padre contando que éramos unos invasores que habían matado a la antigua familia real therana. Si yo fuera Krypton, también le habría dado el trono a Jor-El en vez de a una mocosa que no sabía ni andar. Necesitaban a alguien al mando de la invasión y Jor-El, por mal que nos pese, era la opción que Krypton tenía más a mano. Así que, técnicamente, el legítimo heredero al trono es Lars y no, yo.

- Solo técnicamente, Kara.

- Al final, eso es lo que cuenta para estas cosas. Tampoco hay que darle más vueltas. No es algo que tú y yo hayamos decidido o podamos hacer nada al respecto.

Las dos se quedaron unos instantes en silencio sumidas en sus propios pensamientos. Kara continuaba de pie contra la ventana y Lena, sentada. Ninguna de las dos era capaz de mirar a la otra.

- ¿Y ahora qué? - preguntó Lena al cabo de un rato.

- De momento, quizá es hora de enterrar el hacha de guerra. - murmuró Kara todavía con la vista pegada al suelo, a los pies de la morena. - Pero necesito que me prometas algunas cosas, Lena. La primera, se acabaron los secretos y las mentiras. La segunda, confía en mí cuando tome decisiones sobre el reino.

- De acuerdo. Al final, tú sí que has podido enfrentarte a Edge y a mi hermano. - asintió la morena. Levantó la mirada hacia la otra. - Pero, a cambio, Kara, deja de usarme y de intentar herirme, por favor. Sabes lo que sigo sintiendo por ti. Entiendo que no sientas lo mismo, pero deja de aprovecharte de mí.

Kara levantó la vista y la miró con el ceño fruncido. Volvió a mirar el suelo y asintió.

- Sé que te he hecho daño. Estaba muy furiosa y no te he estado tratando bien. Por mucho que me hubiera dolido lo que pasó, no debería haberte tratado así.

- No estabas tan equivocada. - respondió Lena con una sonrisa triste. - Al final, solo soy un objeto que todos han usado sin contemplaciones.

- Lena, no. Fuiste tú quien me enseñó a valorarme más. - contestó mirándola fijamente. - ¿Sabes? Me enseñaste buenas cosas. Sin ti, todavía estaría quemando ciudades. - rio Kara. - Sigue tus propios consejos, por favor. - respondió la rubia con media sonrisa. Se incorporó separándose de la ventana y se acercó a la puerta. - Buenas noches, Lena. Qué descanses. - se despidió.

- Igualmente.

*/*/*/*

William entró tranquilo al despacho. Acababa de finalizar unos recados y volvía al despacho que compartía con Kara como su mano derecha. Como siempre, la saludó y se fue directo hacia su mesa.

- Espera, William. Quiero hablar contigo. - dijo la rubia levantándose de su silla con algunos papeles en la mano. Se dirigió hasta el lado de la mesa más cercano a él y dejó su peso caer contra el mueble.

- Dime, Kara. Pasa algo. - respondió preocupado acercándose hasta ella y parándose delante.

- Sí. Estás despedido, William. - anunció Kara.

Pareció que le costó procesar la notica.

- No lo entiendo. - la miró sorprendido.

- Toma. - dijo la rubia ofreciéndole los papeles que tenía en la mano.

Él los cogió y empezó a examinarlos.

- ¿Qué es esto? - preguntó él mientras iba hasta su mesa y se sentaba en su silla.

- Es una lista de todos los proyectos que has manipulado para sacar dinero. Aunque este no es el único motivo por el cual estás despedido.

- ¿Cómo? - preguntó confundido.

- Sé todo lo relacionado con Russell. Sé que desde el principio estuviste jugando con nosotros. Buscabas colocarte como mano derecha del rey para poder recuperar a tu amigo de Krypton. Pero yo estaba en medio. Así que encontraste la manera de echarme. Solo por curiosidad, ¿proponer la boda entre Kal y Lena fue algo que tuvieras previsto desde el principio o solo aprovechaste la oportunidad?

William se la quedó mirando con sorpresa. Luego dejó caer su peso contra el respaldo de su silla.

- ¿Desde cuándo lo has sabido? - suspiró.

- Lo descubrí en Krypton cuando me encontré con él y me contó su historia. Solo tuve que atar cabos. - respondió Kara cruzando los brazos.

- Así que este tiempo has estado poniéndome a prueba. - decía él con la vista pegada a las hojas que había abandonado encima de la mesa.

- Correcto. - asintió Kara. - ¿Por qué no esperaste a que lo salváramos nosotros? No era necesario montar todo lo que montaste.

- Fuisteis vosotros, los kryptonianos, los que no mandasteis allí. No confiaba en que fuerais a hacer algo diferente a Jor-El. Además, tú eras la que te dedicaste a sacar a la gente de allí cuando estuviste allí. Si yo no hubiera hecho lo que hice, tú no habrías acabado en Kypton y sabes tan bien como yo que ellos seguirían allí.

- Eso no te lo voy a negar. - respondió Kara tranquila. - Por eso, te estoy dando la oportunidad de que te vayas de forma pacífica y sin montar escándalo. Simplemente, acéptalo, William.

- ¿No vas a acusarme de ningún delito?

- De ninguno que hayas cometido antes de este instante. Te tendré vigilado. Si vuelves a hacer algo por el estilo, entonces serás juzgado como cualquier otro, aunque seas la Voz de Rao.

- Entiendo. - asintió William. - Recogeré mis cosas.

*/*/*/*

Como cada noche, Kara había cenado con los otros tres, pero esta vez le había pedido a Lena reunirse después de la cena. La morena la había mirado con una ceja levantada, desconfiando de ella. La rubia había tenido que prometer que iba a mantener su palabra.

Así que después de que Lena acostara al pequeño Levi, se había reunido con Kara en el mismo comedor donde habían cenado. A su vuelta, los sirvientes ya habían limpiado la mesa y solo quedaban dos copas y una jarra de vino que Kara estaba usando para rellenar ambos recipientes.

- No voy a beber, Kara. – le informó Lena mientras se sentaba en su sitio.

- ¿Por qué? - preguntó confundida Kara que recibió como respuesta una mirada seria de Lena con la ceja alzada. Entonces recordó que la morena estaba embarazada y no debería beber en esas condiciones. - Cierto, lo siento. Me cuesta acostumbrarme.

- ¿Qué quieres?

- Hoy he despedido a William. - anunció Kara. - Quiero que seas mi mano derecha.

- ¿Cómo? ¿Yo? No lo entiendo. ¿Y por qué lo has echado? ¿Ya no sois tan amigo? ¿O es que has descubierto la alimaña que es?

- Solo le estaba parando trampas para tener pruebas de que estaba robando dinero y manipulándonos para conseguir poder.

Lena se la quedó mirando fijamente y después se echó a reír.

- Vaya… No es que me sorprenda. Y tus métodos ya tampoco me sorprenden. Lo que me extraña es que me pidas que lo sustituya.

- ¿Por qué? - preguntó Kara. No sabía si ofenderse o reír.

- Según tú, había sido una reina nefasta.

- Cierto. Pero creo que tienes muchísimos conocimientos muy útiles. - explicó. - Solo necesitas una buena guía para conducirlos y que, sobre todo, pueda darte la capacidad de tomar decisiones por ti misma y eliminar la influencia que Lex tiene sobre ti.

- ¿Y esa eres tú? - preguntó Lena divertida.

- No veo por qué no. - respondió Kara encogiéndose de hombros.

- De verdad que tu ego ha crecido hasta niveles insospechados.

- Ni que de momento alguno de mis planes hubiera fallado.

- Eso no te lo puedo negar. Hablando de tus planes, ¿me puedes decir cómo va ese plan tuyo para parar a los conspiradores sureños?

- Primero dime si aceptas ser mi mano derecha.

- Solo si me devuelves mi mesa en el despacho real.

- Claro.

- Bien, acepto. Ahora dime si has conseguido cargarte a los que conspiran contra mi hijo.

- Estoy cerca. Como sabes, la mayoría de ellos ya están arruinados. No ha sido difícil, han hecho lo que les he pedido sin dudarlo. Aunque ahora es el momento más delicado. Cuando se enteren que he echado a la Voz de Rao y te he colocado a ti, se van a dar cuenta de todo. Va a ser cuando pasen al ataque desesperado. Y podré cazarlos sin problemas.

- No sé si alegrarme o asustarme de ti.

- Soy efectiva. - respondió Kara encogiendo los hombros.

- Te dedicas a engañar y manipular gente.

- También mato a las piezas que estorban. - aceptó Kara sin vergüenza.

- Fuiste tú quien mató al cabecilla de Edge, ¿no?

- Efectivamente. - asintió.

- Mataste a dos putas por el camino.

- Solo eran putas.

- Kara, la mayoría de esas chicas están allí porque las arrastran y las obligan a trabajar como putas y tú solo haces que aprovecharte de ellas igual que las mafias.

- Lena, no empecemos. - bufó Kara cansada.

- Te estoy diciendo la verdad. Es por eso que quiero que ese burdel desaparezca. – la avisó Lena.

- Lena, deja el burdel en paz. Dijiste que ibas a confiar en mis decisiones. Yo me encargaré del burdel.

- Kara, eres su cliente de mayor categoría.

- Realmente, ya no. Te recuerdo que Alex y Kelly no las dejan entrar en la fortaleza.

- Siempre puedes ir hasta allí, ¿no? Si puedes ir hasta allí a matar a alguien, digo yo que podrás ir a acostarte con alguna.

- Cierto… No lo había pensado. - respondió Kara mirando un punto fijo de la mesa. Luego volvió a mirar a Lena. - El caso es que tienes que dejar al burdel y todo lo que esté relacionado con las mafias en paz. Confía en mi plan.

- Me estás pidiendo que confíe en un plan del que solo conozco partes, Kara. Se supone que ahora soy tu mano derecha. Acepto dejar en paz el burdel si eso es lo que quieres. Pero no puedo asegurar lo mismo de Alex y Kelly. ¿Por lo menos podrías contarme algo de tu plan?

- Sabes más que suficiente de momento. - respondió Kara sintiéndose satisfecha con la charla. Allí ya no tenía nada más que hacer. - Me voy.

- ¿Dónde vas ahora? - le preguntó sorprendida Lena.

- Me voy a la taberna a pelearme un rato.

*/*/*/*

Desde que Kara le había contado que participaba en peleas ilegales no había podido evitar preocuparse por la seguridad de la rubia.

La Luthor se había puesto las ropas más desgastadas y pobres que encontró. Buscó capuchas y otras prendas de ropa que escondieran su rostro y se lanzó a la calle siguiendo a Kara. Lo más difícil fue seguir a la rubia en el trozo que separaba la capital de la fortaleza. Era bastante llamativo ver un barco cruzar el mar que separaba la ciudad de la isla en plena noche, dos era algo excepcional. Pero, afortunadamente, Lena aprovechó bien la falta de iluminación.

Ya en tierra firme de nuevo, la rubia llevaba unas calles adelantadas, pero Lena consiguió no perderle el rastro. Fue hacia el mercado que a esas horas estaba vacío y se metió por unas callejuelas. Allí había una vieja taberna. "Kandor" decía el cartel. Kara entró en su interior. Lena se quedó observando fuera unos instantes escondida en un rellano valorando si entrar o no. En el poco tiempo que llevaba allí, pudo ver a diferentes líderes de las mafias entrar también. ¿Dónde diablos se estaba metiendo Kara? Entrar por la puerta delantera no era una opción, así que necesitaba la trasera. Esperaba que tuviera una. Rodeó la manzana de edificios y efectivamente tenía una.

La puerta estaba entre abierta. Dentro se podía oír el ruido de gente gritando y música. Con cuidado, intentando abrir el mínimo la puerta, echó un vistazo al interior. Era una especie de almacén. No había nadie. Entró a hurtadillas con la mala suerte que un hombre alto, moreno y delgado entraba también desde otra puerta. Se encontraron de frente.

- Majestad, ¿qué hace usted aquí? – preguntó el hombre sorprendido.

- ¿Está Kara aquí? - preguntó ignorando la pregunta de él.

- Sí, está en la barra. Espere, ¿sabe ella que está usted aquí? - preguntó asustado.

- No. ¿Puedo echar un vistazo? - dijo ella señalando la zona de donde provenía el ruido.

- Claro. - respondió él haciéndose a un lado.

Lena se acercó al marco de la puerta que comunicaba el almacén con la sala donde se acumulaban los clientes. El lugar estaba lleno de mesas y había unas bailarinas danzando sobre un escenario. Estaban vitoreadas por los borrachos de las mesas. Kara estaba de pie apoyada en la barra bebiéndose de un trago la jarra que tenía en las manos. Al acabársela, se pidió otra y se la volvió a beber de un trago.

- ¿Es que es vuestra cliente estrella?

- Más o menos. - rio el chico incómodo rascándose la nuca.

- No irá a pelear así, ¿no?

- Todavía le faltan un par de jarras para estar lista para pelear.

- ¿Es que está loca? - preguntó Lena horrorizada.

- Eso mismo le dije yo la primera noche, pero estando así de borracha vence a cualquiera. - respondió entre risas.

- La voy a matar. ¿Cómo se le ocurre? - dijo preocupada. - ¿Cuándo empiezan los combates?

- En media hora más o menos.

- Bien, me la voy a llevar. - decidió Lena.

- Buena suerte. - rio el hombre. - Ha pedido participar en todos los combates de la noche.

- Tráela a aquí. - ordenó Lena.

- ¿Cómo queréis que haga eso, majestad?

- ¿Prefieres que salga yo a buscarla?

- No. - negó rápido el hombre. - Ahora vuelvo con ella.

Lena siguió con la mirada al hombre desde el umbral. Él se acercó a Kara y le dijo algo al oído. Kara lo miró confundida y miró luego en su dirección. Cuando la vio, se golpeó la frente con la palma mientras negaba con la cabeza. Kara entró enfadada al almacén. El chico ni siquiera la había seguido.

- ¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Me has seguido?

- Por supuesto. - respondió Lena cruzándose de brazos. - Kara, ¡vas a pelear borracha delante de la mitad de las mafias!

- Sí, ya lo sé. Está todo controlado. Esto es mi tapadera.

- Una mierda esto es una tapadera. Ahora mismo vamos a volver a la fortaleza.

- No. Quiero pelear, Lena. Me ayuda a desestresarme. De hecho, lo que estás haciendo solo está consiguiendo que me entren más ganas de golpear algo. Si quieres volver tú, hazlo. Yo me quedo aquí. - respondió la rubia dándose media vuelta.

- Kara, ¿dónde vas? - logró decirle antes de que cruzara la puerta de nuevo.

- A continuar bebiendo, queda poco para el primer combate. - respondió de espaldas a ella. Se sentó en la barra y fue a por la siguiente jarra.

Lena bufó frustrada. No iba a irse sin la rubia. Se quedó en su antigua posición observando el espectáculo. Parecía que las bailarinas ya habían acabado y ahora unos músicos se situaban encima del escenario.

Esperaba que los combates no tardaran en empezar. Se estaba muriendo de ganas de volver a meter a la rubia en la fortaleza. ¡Por los dioses qué media hora más larga!

Al fin, los músicos se fueron del escenario. Lo limpiaron y la gente se empezó a apelotonar al alrededor. Kara se incorporó de su posición en la barra, dejó sus cosas allí mismo y se dirigió al escenario. Por el camino, la miró y le guiñó un ojo.

Se subió al escenario por un extremo y su adversario por el otro. Pero antes de que se pusieran en posición de pelea, la rubia decidió gritar algunas palabras. Ya estaba más que claramente borracha.

- Barry, ¿por qué no le ponemos emoción a la noche? Propongo que el combate sea de los tres contra mí.

El chico miró a Kara entre sorprendido y asustado. La multitud empezó a gritar a favor de la propuesta y otras dos personas subieron al escenario para colocarse junto al otro adversario. Barry no tuvo mucha opción a negarse.

Los tres se abalanzaron contra Kara que los esquivó sin muchos problemas. El combate continuó. Ellos lanzaban golpes que la rubia conseguía esquivar disfrutando de la frustración de los otros. Después, ella los golpeaba y los lanzaba lejos. Así continuaron un rato hasta que dos de ellos consiguieron coordinar sus ataques de manera que Kara se había quedado atrapada. Los recibió ambos, uno en el estómago y otro en la cara. Toda la multitud lo celebró. La expresión de la rubia cambió completamente. Pasó de estar divertida a estar enojada. Los dos que la habían golpeado aguantaron dos golpes certeros y cayeron redondos al suelo. Lo mismo pasó con el tercero.

Kara bajó enfadada del escenario. Recogió sus cosas y se fue sin más de la taberna. Lena tuvo que correr, saliendo por la puerta trasera, para poder alcanzarla ya casi en el mercado.

- Kara, espera. - le pidió Lena.

- Déjame, Lena. No quiero hablar. - gruñó enfadada.

- Te sangra el labio. - dijo agarrando el brazo de la rubia para tirar de ella y hacer que parara.

Kara de un golpe se liberó.

- Solo es un corte. - dijo volviendo a emprender la marcha.

- Kara, por favor. - le pidió Lena otra vez alcanzándola.

Kara frenó en seco encarándola.

- No, Lena. Esto era mi espacio. - dijo furiosa señalando en dirección a la taberna. - No tenías ningún derecho a invadirlo. No te metas en mis asuntos, no pintas nada.

Kara volvió a emprender su marcha.

- Sí que son mis asuntos si te dedicas todas las noches a exponerte a que te den palizas o que te maten. ¿Es que no eres consciente del peligro que corres allí? - respondió Lena alarmada persiguiéndola.

- Soy plenamente consciente, Lena. - respondió frenando en seco otra vez. - Pero esto… esto es lo que me ha mantenido cuerda todos estos años. No tenías ningún derecho a invadirlo.

- Kara… - dijo Lena relajando el tono.

- ¿Sabes que es viajar a otro país y convertirte en un mono de feria? - continuó sin mirar a la Luthor. - ¿Que te llamen salvaje y te lancen a luchar noche sí y noche también para entretenerse? No, Lena. No lo sabes. Eso es lo que tuve que aguantar todos esos años en Krypton. Al final, lo convertí en mi terapia, en el lugar donde me desfogaba por tener que aguantar ser humillada constantemente.

- Lo siento. No lo sabía. Yo solo estaba preocupada, Kara. - se disculpó Lena. - El otro día parecía que habías tenido una buena vida allí.

- Son demasiados "lo siento", Lena. - bufó Kara. - Cat Grant fue la única persona que me trató como a una igual y cuidó de mí. Por eso, en cuanto tuve la oportunidad me fui a Daxam. Y sí, allí me convertí en una putera. ¿Qué querías que hiciera? Necesitaba desahogarme después de todos esos años. - suspiró Kara. Luego se echó a reír. - Por cierto, menos mal que no te casaste con Mon-El. Él era el mejor cliente de todos los burdeles y tabernas de Daxam.

- ¿Os conocisteis? - preguntó Lena sorprendida.

- Éramos… Somos amigos, Lena. - contestó girándose para mirarla. - Ha sido el único amigo que he tenido en catorce años. Y sí, me he vuelto una persona sin escrúpulos y manipuladora. Es lo que tiene soportar nueve años en esas condiciones.

Lena se quedó en silencio. No sabía qué decir.

- Volvamos a la fortaleza. - ordenó Kara reemprendiendo el camino al puerto.

Lena la siguió de cerca en silencio.

- Por lo menos, déjame cuidar de ese corte.

- Está bien. - asintió Kara.

*/*/*/*

Lena decidió que ya no era posible seguir escondiendo su embarazo a sus hijos. Decidió primero hablar con Lars. Así que, antes de que fuera a entrenar con Kara, lo fue a buscar a la salida de la sala donde recibía clases. Se lo llevó a un rincón solitario de los jardines del palacio y se sentaron en un banco.

- Lars, tengo que contarte algo. - empezó Lena seria mirando a la nada.

- ¿Ha pasado algo? - preguntó él preocupado.

- Estoy embarazada.

Los dos se quedaron en silencio. Lena no podía ni mirarlo a la cara.

- Mamá, ya lo sabía. - respondió él.

- ¿Lo sabías? - preguntó Lena sorprendida mirándolo.

- Sé que lo intentas disimular, pero hace tiempo que me di cuenta. Pero no sé por qué no nos lo has contado todavía. ¿No es de papá?

- Claro que es de papá, hijo.

- ¿Entonces?

- La muerte de vuestro padre y la llegada de Kara os trajo mucho estrés y nervios. No quería que tuvierais más preocupaciones.

- Pero, mamá. ¿Cómo iba a ser esto una preocupación? - dijo feliz Lars. - Voy a tener otro hermano pequeño.

- O hermana. - reía Lena.

- Cierto. - asintió Lars con una sonrisa. Ansioso, se puso otra vez de pie. - Tengo que ir a entrenar. Kara y Levi deben estar esperándome.

- ¿Ahora te gusta ir a entrenar? - preguntó Lena divertida.

- No, lo odio con toda mi alma. - afirmó seguro. - Pero tengo que ser capaz de vencer a la tía. - explicó. - ¿Se lo dirás a Levi?

- Esta noche, durante la cena.

- ¿La tía lo sabe?

- Sí, y tu tía Alex y Kelly también.

- De acuerdo. ¿Vienes a vernos entrenar? - dijo esperando a que su madre lo siguiera.

- Tengo trabajo que hacer. Tu tía Kara no para de mandarme deberes ahora que soy su mano derecha.

Rieron los dos.

- Nos vemos en la cena entonces. - asintió él.

Lena y Lars fueron juntos hasta la zona de los jardines donde solían entrenar. Kara y Levi ya estaban allí calentando.

- Nos vemos luego. - se despidió Lena de los tres.

*/*/*/*

Los tres estaban charlando tranquilamente sobre alguna cosa que había pasado durante el entrenamiento cuando Lena llegó al comedor. La morena se sentó al lado de Levi. Empezaron a cenar con tranquilidad, aunque Lena se moría de nervios por tenerle que dar la noticia al más pequeño. No sabía cómo se lo tomaría. Con Lars, todo había ido más que bien.

La comida se acabó antes de lo que le hubiera gustado. Ese era el momento adecuado, antes de que el pequeño se fuera a la cama.

- Levi, cariño, hay algo que tengo que contarte. - empezó Lena.

- ¿Qué pasa, mamá? - la miró el pequeño preocupado.

- No es nada malo, cariño. Verás, no sé cómo contártelo. - empezó a decir agobiada por no saber cómo empezar. - De aquí unos meses, vas a tener un nuevo hermanito o hermanita.

- ¿Cómo? - preguntó él confundido.

- Estoy embarazada. De aquí poco, habrá un nuevo bebé por la casa.

- ¿De verdad? - preguntó esta vez ilusionado. - ¿Podré hacer de hermano mayor?

- Sí, cariño. - asintió Lena feliz.

- ¡Bien! - celebró. - ¿Tiene el mismo papá que Lars y yo?

- Sí, cariño. También será hijo de tu padre.

- ¡Qué bien! - dijo el pequeño lanzándose a abrazar a su madre.

- Con cuidado, Levi. No querrás hacer daño a tu futuro hermanito. - le avisó Lena mientras lo rodeaba con sus brazos.

- No, yo lo voy a cuidar tan bien como Lars cuida de mí.

- Así me gusta. - le respondió Lena acariciándole la cabecita.

- ¿Puedo ver tú barriga, mamá? - preguntó ilusionado Levi.

- Claro, ven. - dijo señalándole el espacio que debía ocupar a su lado.

- ¡Eh! Yo también quiero. - se quejó Lars.

Los dos se levantaron y se sentaron alrededor de su madre. Lena se levantó la camisa dejando ver el bulto en su vientre. Lars y Levi pusieron sus manos allí, prácticamente encima del tatuaje que adornaba esa parte del cuerpo de la morena.

Kara se levantó y se fue dejándolos solos. Se sentía una intrusa en esa escena, aunque se sentía feliz por ellos. Parecían muy contentos.

- ¿Da patadas? - preguntó Levi a Lena ilusionado.

- Muy poquitas. Todavía es pronto. - le respondió la morena.

- ¿Cuándo nacerá? - preguntó esta vez Lars.

- Cerca del solsticio de invierno.

- ¿De verdad? ¡Qué guay! - respondió Levi.

*/*/*/*

- Tía Kara, tengo que decirte algo. - se le acercó serio el pequeño Levi antes de entrenar al día siguiente.

- ¿Qué pasa pequeño? - preguntó Kara arrodillándose para ponerse a la altura del niño.

- Quiero que me entrenes más tiempo. Quiero ser todavía más fuerte. - afirmó él.

- ¿Ha pasado algo, pequeño? - respondió Kara preocupada.

- No. Pero ahora voy a tener otro hermanito. Tengo que volverme más fuerte porque tengo que protegerlos a los dos, a Lars y a él. Porque si dependemos de Lars, vamos a perder seguro.

Kara estalló a carcajadas.

- No digas eso de tu hermano, Levi.

- Tía, no lo defiendas. Es muy malo. Si se da golpes a él mismo cuando te intenta pegar.

- Eso es cierto. - asintió Kara. Era la verdad. Tampoco iba a negarlo.

- ¿Ves? Tengo que ser lo suficientemente fuerte para protegerlos a los dos. Y a mamá, también.

- Pero no tengas prisa, Levi. Todavía te vas a hacer daño y no vas a poder luchar nunca más.

- Pero, tía… - lloriqueó el pequeño.

- Escúchame, Levi. Ya eres muy fuerte para un niño de tu edad. De verdad, has aprendido muchísimo. Tienes que tener paciencia. Te prometo que, si sigues así, vas a ser la persona más fuerte de Thera cuando seas mayor.

- ¿De verdad lo piensas?

- Estoy segura.

- ¡Toma! - gritó el pequeño feliz. - ¡Vamos a entrenar!

*/*/*/*

Kara y Lena estaban sentadas cada una en su mesa en el despacho real. Ese día se les había hecho tarde. Estaba empezando a atardecer y todavía no habían terminado.

Kara maldecía no poder ir a entrenar con los chicos. Empezaba a pillarle el gusto.

Miró hacia Lena. La morena estaba concentrada en su faena. Tenía la cabeza apoyada sobre su mano derecha, donde tenía una pluma. La mano izquierda se frotaba el vientre. Había dejado de vestir intentando disimular el embarazo. Por lo visto, le resultaba muy incómodo. Tenía el ceño fruncido y no dejaba de suspirar.

- ¿Todo bien por aquí? - preguntó Kara levantándose de su silla y colocándose de pie al lado de la morena.

- Sí, es que me está costando concentrarme. - respondió Lena dejando la pluma sobre la mesa y girando la cabeza hacia Kara.

La rubia nunca la había visto tan pálida.

- ¿Te encuentras bien, Lena? - preguntó asustada Kara.

Lena no llegó a responderle. Cayó desmayada en cuanto abrió la boca para contestar. Kara consiguió cogerla en el aire por poco.

*/*/*/*

Y así, sin más, el verano empezaba a agotarse. Kara se preguntaba en qué momento de su vida el tiempo había empezado a pasar tan rápido.

Las mafias estaban prácticamente entre la espada y la pared. Tan concentradas estaban en evitar que la rival se recuperara, que no intentaban recuperarse ellas mismas. Edge, iluso de él, ya había empezado a construir las vías de los trenes. Los conspiradores sureños habían sido encarcelados la semana anterior y los había colocado en el próximo paquete de esclavos dirección a Krypton. Todas las piezas estaban empezando a encajar. Ya faltaba poco para empezar con la fase final de su plan.

Pero había una pieza que le preocupaba y que no había tenido en cuenta cuando había llegado a Thera. Ya era de dominio público que Lena estaba esperando el tercer hijo de Kal-El. Empezaba a ser algo difícil de ocultar. Y con ello empezó a empeorar la salud de la morena. Al principio habían sido pequeños sustos, pero con el paso del tiempo fueron a más. El médico de la corte le dijo que por el bien del bebé y de ella no podría hacer grandes esfuerzos hasta que naciera. La morena prácticamente no podría salir de la cama hasta entonces.

Kara estaba preocupada por ella. Y no era solo porque no podía estar mucho tiempo trabajando en su proyecto. Estaba preocupada por verla tumbada allí sin mucho que poder hacer.

Esa noche, como las últimas desde que Lena estaba en ese estado, estaban los cuatro cenando en una sala de estar contigua a la habitación de la morena. Preferían evitar que tuviera que subir y bajar escaleras. Habían colocado una mesa baja, como todas las de la fortaleza, en esa sala. Ese se había convertido en su nuevo comedor.

Levi y Lars celebraban haber pasado el día en la playa secreta jugando con la rubia. Ella había aprovechado lo último que quedaba de verano para enseñarles a pescar en las rocas. Según ella, era parte del entrenamiento. No es que lo estuviera disfrutado tanto como ellos.

De hecho, estaban cenando sus capturas. Levi se dedicaba a presumir y señalar todo lo que había conseguido. Lars por su parte no tenía mucho de lo que presumir.

- Hay métodos más eficientes que pescar con las manos. Solo digo eso. - se defendía el mayor.

- Dices eso porque se te da muy mal, Lars. - reía Levi. Kara lo acompañó, mientras Lena la riñó con la mirada.

- Levi tiene razón. - se defendió la rubia levantando las manos.

- Voy a diseñar algo que me va permitir pescar diez veces más peces que vosotros y en la mitad de tiempo. - gruñó Lars.

- Claro que sí, cariño. Tienes todo mi apoyo. - lo animó Lena agarrándolo de la mano.

- Mamá, no te burles tú también. - se quejó Lars cruzándose de brazos.

- No me estoy burlando. Lo digo en serio. Tú y yo vamos a trabajar en algo para que se enteren estos dos.

- ¡Vale! - celebró el mayor alzando los puños.

- Eso es trampa. Mamá te va a ayudar. - murmuró Levi enfadado cruzándose de brazos.

- Y a ti te va a ayudar la tía. - se defendió Lars. - Somos dos contra dos.

- Venga, chicos. Callaos y comed que os tenéis que ir a dormir. - los riñó Kara.

- Vale… - respondieron los dos.

La cena no pasó con muchos más imprevistos. Kara bajó con Lars y Levi para acostar al más pequeño. Lo había estado haciendo ella desde que Lena no podía.

- Vamos a ganarles, ¿verdad? - decía el pequeño frotándose los ojos mientras se tumbaba en su cama.

- Te lo prometo. Ahora, toca dormir. - decía Kara mientras lo cubría con las mantas.

- Buenas noches, tía. - se despidió el pequeño cerrando los ojos.

- Buenas noches, pequeño.

Kara volvió sobre sus pasos para comprobar que Lena estuviera bien. Se la encontró intentando levantarse de su sitio sobre la alfombre.

- ¡Ey! Déjame ayudarte. - dijo Kara poniéndose a su lado y ofreciéndole su mano.

- Puedo hacerlo sola. - bufó Lena.

- Ya, pero va a ser mejor si te ayudo yo.

- Lo que tu digas. - murmuró la morena cogiendo su mano.

Kara tiró con cuidado y consiguieron que se pusiera en pie sin hacerse daño.

- Tenemos que buscar muebles para que no te tengas que levantar tanto del suelo. - pensó Kara en voz alta.

- A mí, me gustan estos muebles. - aseguró Lena.

- Solo lo digo para ahorrarte esfuerzos.

Llegaron hasta la cama de Lena. Se colocaron a un lado y se prepararon para bajar otra vez hasta el suelo.

- Venga, te ayudo a tumbarte. - dijo Kara agarrando a Lena por la cintura y la pegó a su costado para que le sirviera de apoyo a la otra. Las dos descendieron poco a poco hasta la cama. Cuando Lena tocó el colchón, la rubia la soltó y se puso de nuevo en pie.

Lena dejó caer la espalda contra la pared que había en el cabezal de la cama. Kara rodeó la cama y se sentó a su lado.

- ¿Por qué haces todo esto, Kara? - le preguntó Lena.

- Te estoy ayudando, Lena. - respondió Kara sin entender el verdadero sentido de la pregunta.

- Le puedo pedir a cualquier sirviente que lo haga.

- Va a ser más rápido si lo hago yo. - dijo encogiéndose de hombros.

Lena negó con la cabeza. No se refería a eso. Empezó a acariciar su vientre con una sonrisa. Pudo ver de reojo como la rubia la miraba atenta.

- ¿Quieres? - le ofreció Lena.

- ¿Puedo? - preguntó ilusionada Kara.

- No te lo preguntaría si no quisiera.

Kara asintió y poco a poco acercó la mano al vientre de Lena. Pasó su mano por el bulto que cada día se hacía más grande. Lo acariciaba con mucha suavidad.

- ¿Crees que será niño o niña?

- Me gustaría que fuera una niña, la verdad, para añadir algo de variedad a la familia. - rio Lena.

Kara la acompañó riéndose. Se instauró un corto silencio que Kara volvió a romper.

- ¿Por qué decidisteis tenerlo tan tarde, Lena? Era peligroso.

- Kal y yo evitábamos lo máximo posible tener que acostarnos. Era muy incómodo para ambos. Él amaba a Lois y yo, a ti. Lo odiábamos. Lo intentábamos separar en el tiempo tanto como podíamos. El consejo opinó que era mejor tener un tercer hijo antes de que fuera demasiado tarde.

- ¿Así que lo tuvisteis porque el consejo os obligó?

- Si no hubiera sido por el consejo y Lex, no habríamos tenido ni uno. Te lo aseguro. - rio Lena.

Kara suspiró sin despegar la mirada de la barriga de Lena. Dejó caer su cabeza contra la pared pensativa. Todavía continuaba dejando caricias con su mano.

- ¿Qué pasa? - le preguntó Lena.

- Nada.

- Kara, nos conocemos lo suficiente.

- No es nada, de verdad. Solo estaba pensando en todo y nada.

- ¿Estás bien?

- Sí, solo que mi plan está a punto de acabarse.

- ¿Algún día me vas a decir en qué consiste tu plan final?

Kara soltó una pequeña risa amarga.

- Tengo un problema para hacer eso. Empiezo a ser incapaz de cumplir una parte.

- Odio que seas tan críptica.

- Lo sé. - sonrió.

*/*/*/*

Alex y Kara estaban reunidas en el despacho real. Era algo solitario desde que había echado a William y Lena no podía salir de la cama.

Alex había pasado a informar a Kara como iba la instrucción de los nuevos reclutas y la adquisición de las nuevas armas. Todo iba viento en popa. Ya tenían reunidos más de un tercio de los soldados que tenía previsto añadir al ejército. Habían creado diferentes centros para adiestrarlos por todo el reino. La base principal estaba prácticamente acabada. Y las armas encajaban a la perfección en el nuevo ejército que Nyssa había ayudado a construir. Por lo menos, aguantarla tantos meses había servido de algo. Menuda sorpresa se iba a llevar Krypton cuando Thera usara su ejército para defenderse de ellos en vez de ser sus aliados.

- Hay otra cosa que te tengo que contar, Kara. - dijo extremadamente seria Alex antes de irse.

- Con esa cara, no sé si preocuparme. - rio Kara. ¿Qué podría ir tan mal?

- Es sobre el burdel.

- Ya os he dicho que me encargaré de él cuando yo lo considere. - suspiró Kara.

- Ese es el problema. No creemos que lo vayas a cerrar nunca. Kelly y yo hemos estado trabajando en ello. De hecho, ahora mismo, las tropas se están encargando de él.

- ¡¿Cómo?! - dijo Kara levantándose alarmada de su sitio. - Alex, dime que me estás tomando el pelo.

- No, Kara. Es una realidad.- respondió cruzándose de brazos.

- Páralo ahora mismo. - ordenó enfadada.

- Ya es tarde.

- ¡Maldita sea, Alex! - gritó furiosa golpeando la mesa con sus puños. - Os quiero ver a Kelly y a ti ahora mismo en el ala de Lena. Sin peros. ¡Ya! - dijo señalando la puerta.

Alex asustada salió corriendo. Kara recogió algunos papeles y fue también allí. Lena estaba sentada sola revisando documentos cuando llegó.

- ¿Ha pasado algo? - preguntó Lena preocupada por verla allí a esas horas.

- No pienso decir una palabra antes de que lleguen ellas dos. Pero ya les vale. ¿Tanto les costaba estarse quietas? - respondió Kara claramente molesta.

Kelly y Alex no tardaron en llegar también.

- Bien, ya que estáis todas aquí. Os voy a contar lo que habéis hecho en realidad. Estaba a un par de semanas de acabar con Edge y todas las malditas mafias de aquí hasta el norte. Tenía una perfecta trampa preparada para acabar con ellos de un golpe. Una maldita trampa en la que llevo trabajando desde que llegué. Una trampa en la que no van a caer ahora que están alertas. ¡¿Tanto os costaba esperar a mis órdenes?! - gritó Kara furiosa.

- No parecías muy dispuesta a acabar con el burdel. - se defendió Alex.

- Alex, cuando dije que acabaría con todas las mafias, me refería a todas sus formas, incluida esa. Hasta ahora se pensaban que la Corona no les estaba prestando nada de atención y que sus problemas los estaban causando entre ellos. ¿Sabéis que puede pasar ahora? ¿Sabéis qué va a pasar cuando se den cuenta de lo que he estado haciendo con ellos?

- Van a declararte la guerra. - afirmó Alex.

- Exacto. Rezad para que no incluyan a Lars.

*/*/*/*

Y rezar a los dioses no sirvió de mucho. Lena, a los pocos días, recibió una carta de Lex informando que, visto como la Corona se había estado comportando con ellos bajo las órdenes de Kara y Lars, consideraban que la Casa de El no era digna del trono de Thera.

Esa misma noche las campanas de alarma de la ciudad sonaron con fuerza. Las mafias la estaban arrasando. Ellos lograron huir de la fortaleza antes de que fuera demasiado tarde.