Lo prometido es deuda...a medias. A continuación, la primera parte del último capítulo porque sí, de repente la inspiración no tuvo limites y he querido ofrecer el final que merece esta historia y por supuesto, las respuestas y aventura que ustedes quieren :)

Mi objetivo era subirlo para navidad la primera parte y la segunda en año nuevo peeeeeero, no se pudo. Sin embargo les doy el avance del final y la segunda será en el mes de enero junto al epílogo, según marche el plan, pero como dije, prometí terminar el fic y lo haré :)

Así que, feliz navidad atrasado, feliz año nuevo de hoy y...¡Disfruten!

¡Ah! Si creen necesario, aunque recomiendo, leer el capítulo anterior para estar frescos de leer este y no tengan confusión.

Se les quiere...¡Sunnny Honey, fuera!

El Fin

Parte I

Iban hacer eso de las diez de la noche. Hace como una hora las luces del orfanato se habían apagado. Sunset Shimmer había fingido dormir por un largo rato para asegurarse que las potrillas con las que compartía cuarto estuviesen completamente dormidas.

Cuando no escuchó más que los leves soplos de las ponies dormir, Sunset retiró las sábanas con su magia y salió enseguida, todo con movimientos muy lentos. Miró hacia su cama e iluminó su cuerno, para conseguir hacer un hechizo que dejaba un holograma de ella durmiendo en la cama. Duraría lo suficiente hasta que ella estuviera de vuelta. Resopló aliviada y se sonrió con un movimiento de cejas petulante. Manejar un nivel de magia como este a sus doce años era toda una hazaña única. Por eso no podía esperar por poder ejecutar el hechizo prohibido del Rey Sombra que…"prestó" de la biblioteca del castillo de Canterlot.

Y si había alguien que podía descifrarlo, ese era Moon White.

Sunset se teletransportó fuera del orfanato y galopó calmadamente hacia la casa de Moon White en el mismo camino que lo había hecho todas esas noches de sus reuniones secretas. No tardó mucho encontrarse bajo la ventana de la habitación de Moon White, la cual estaba abierta de par en par para que pasara sin problema.

Pero sería el momento en que ella escucharía los gritos asustados de Moon White.

Ella aparecería en la habitación con el cuerno encendido amenazando contra Whooves y Twilight, cuando viajaron en el tiempo para impedir la amenaza, ocurriendo todo lo contrario, pero su mundo cambiaría al ver a Moon White inconsciente en el suelo. Creyéndolo muerto, algo se rompió dentro de ella…y se filtró la esencia de Flame…

Pero esta vez nada de eso pasó.

Sunset no escuchó ni un grito. Y cuando se metió a la habitación, no estaban ni Whooves ni Twilight. Solamente Moon White metido bajo las sábanas con la punta de su cuerno encendida mientras hablaba bajo consigo mismo examinando el pergamino del hechizo. Como una noche normal.

Como debió ser.

Sunset se rió bajo al oírlo hablar solo. Era divertido verlo hacer eso con sus muecas de hechicero loco. Sin hacer el menor ruido se fue acercando lentamente, tomó el borde de la sábana y la tiró con fuerza. Moon White pegó un brinco, alarmado.

-¡Mamá puedo expli…!- se apresuró en buscar una excusa de estar despierto tarde al creerse descubierto, pero entonces Sunset le cubrió la boca con un casco, riéndose entre dientes con mirada divertida. -. Ooohh… ¡Sunny!- se quejó en un susurro y le apartó el casco con una sonrisa.

-No es mi culpa que seas terrible encubriendo algo.

-No todos pueden ser un experto como tú.

-No vine a que me estés halagando. Al menos no mucho- se torció de ojos manteniendo la sonrisa risueña y se metió en la cama cubriendo la sábana con magia, tapándolos a los dos -. ¿Tienes un avance?- preguntó tomando el pergamino entre sus cascos y encendió la punta de su cuerno como linterna.

-Ahm, no- se frustró en decir apretando los párpados entre sí con verdadera frustración -. En serio lo intento, Sunny. Pero es un hechizo muy personal. El mismo Sombra debió sellarlo tan bien que adaptarlo es complicado. Supongo que no es tanto de habilidad, sino de poder.

-¿Poder?- repitió con un brillo especial en los ojos devolviendo la mirada a él.

-Creo…no sé. No somos lo suficientemente poderosos para hacerlo. Al menos nuestra magia no lo es.

Sunset lo miró entrando en pánico.

-¿Y crees que un alicornio pueda hacerlo?

-No lo dudaría.

-¡Pero falta mucho para que sea uno!- reprochó en mal gesto -. Se supone que este hechizo haría que sorprendiera a la Princesa Celestia para que me haga un alicornio.

-Lo sé, sunny, pe…

-¡Se supone que lo descifrarías!- encaró con el ceño entre las cejas -. Dijiste que podías.

-Creí que podía…lo intento en serio…

-¡Me mentiste!- bramó y se llevó los casos a la cara -. ¡Jamás seré un alicornio!

-No necesitas ser un alicornio- aseguró, mirándola entrar en pánico.

-¡Claro que sí! ¿Acaso no lo entiendes?- se sulfuró en un berrinche ansioso -. No tengo familia. No tengo una historia. No tengo nada. No soy nada. Sólo caridad.

-¡Yo no te doy caridad!

-Nadie me entiende- continuó escupiendo palabras dolidas y frustradas -y nadie cree que puedo ser grande. Si fuese una princesa, un alicornio, así todos me querrían.

-¡Pero si yo te quiero!

Sunset desprendió sus cejas rabiosas y parpadeó a su dirección.

-Sunny, yo…yo te quiero. Ya lo sabes- repitió, completamente sonrojado -. Crees que eres una perdedora...pero no lo eres. Eres la pony más genial que conozco. Por eso eres...eres especial para mi- terminó por decir mientras miraba hacia otro lado -. A veces quisiera, que con eso te fuera suficiente…pero no soy suficiente- recogió el pergamino con impotencia, pasando una mirada superficial sobre lo que tenía escrito -. No puedo descifrar el hechizo…no puedo hacerte feliz…yo, lo siento, Sunny….- se le empezaban a llenar de lágrimas los ojos. Tiró una risa entrecortada -. Qué tonto. No sé por qué empecé a…- decía para darse cuenta que Sunset tenía los ojos igual de vidriosos.-.¿Sunny…?

-No sabía que te sentías así- reconoció con voz frágil, con el rostro completamente cambiado del torbellino iracundo de hace un rato, por uno más humilde -. No sabía que te hacía sentir miserable. Que era…- apretó el gesto -...tan mala.

-No lo eres- trató de persuadirla.

-Claro que sí. Deja de justificarme. ¡Siempre lo haces!- replicó y él parpadeó -. No sabía que podía ser tan intensa y te presionara de esa manera. Creí que no te afectaba pero es así. A veces se me sale ser así y ni siquiera me doy cuenta- sacudió la cabeza -. Moon White, a veces me siento una pony diferente a la que fui antes y la que soy ahora. Desde que te conocí siento que peleo menos conmigo misma. Sólo sé que si no estás…- tragó fuertemente saliva-... yo pierdo. Así que sea lo que haces, es suficiente. Eres suficiente- volvió a alumbrar su cuerno y enrolló el pergamino -. Lo devolveremos.

-¿Estás segura?- se sorprendió. Y ella asintió con seriedad.

-Eres el único que se ha quedado conmigo. Ni mis padres. Ni nadie más lo hizo. Sólo tú. Es el poder o tú- lo miró con la mirada cristalizada y sonrió cortamente -. Te elijo a ti.

Moon White la miró fijamente. Ambos lo hicieron. Iluminados por la luz que brotaba de sus cuernos, los cubría una bonita atmósfera abrazadora.

-¿Recuerdas ese tonto de la clase de magia y lo que hizo esta mañana? ¿Forzarnos a…besarnos?- preguntó Sunset con cuidado y Moon White asintió lentamente con los ojos aún más abiertos. -. Fue mi primer beso.

-El...el mío también.

-¿Quieres intentar...hacerlo bien?

-¿Por qué?- preguntó con voz quebrada -. ¿No lo hice bien?

Sunset se rió y él la imitó.

-Porque también te quiero- contestó ella con los colores subiéndose a toda la cara.

Moon White se pasó ambos cascos por la cara tratando de que la sonrisa tonta que se le salía en grande se la fuera a ver, aunque no hizo más que evidenciarla más y ella rió junto a él por un buen rato, tratando de contenerla para no hacer ruido pero sólo los hacían reír aún más hasta acercarse los rostros y sentir la mejilla del otro, cerrándose los ojos mientras entraban en una pacífica calma que deshacía la risa lentamente. Se quedaron en silencio uno junto al otro, capaces de escuchar sus corazones.

-Si nos damos el beso…- murmuró Moon White-...ya nada nos separará.

-Se oye perfecto para mí- exclamó subiendo los ojos a los suyos -. No quiero perderte.

-Yo tampoco, Sunny.

-A la cuenta de tres. ¿Está bien?

-Bien- asintió.

-Una- se acercó.

-Dos- se acercó también. Lo suficiente para que quedaran centímetros del rostro del otro y ambos se vieran como si no se hayan visto jamás.

"Tres" contaron mentalmente, y Sunset dejó de respirar como si fuera a sumergirse al agua y Moon White apretó fuerte los ojos como si se le fueran a salir. Ninguno sabía bien lo que era besar ni si lo estaban haciendo bien. Sólo pegaron sus labios por un segundo. Un segundo que bastó para que ella respirara y él relajara el rostro, para que la vida que los esperaba cambiara el rumbo que les había deparado...

Practicarían para hacer un buen examen para la escuela de unicornios superdotados. Ahora que Sunset ya no tenía de prioridad demostrar lo poderosa que podría ser, podía experimentar tipos de magia que había ignorado y ayudar a Moon White a probar sus primeros pininos en hechizos propios. Sunset descubriría lo buena que era para el arte cuando buscara maneras de distraer aquellas malas emociones que la arrastraban a ser la pony que decidió no querer ser por elegir a Moon White y para su examen habría manipulado combinaciones de colores dentro de una pintura para que cambiara de tonos y formas dando una perspectiva diferente para cada ojo, activando emociones personales y abriendo debates de lo que estaban realmente viendo, en una fantástica ilusión óptica, mientras Moon White demostraba sus pequeños hechizos creados por él mismo que impactaría a los jueces por el gran potencial.

Y habría sido suficiente.

Ambos serían aprobados. Asistirían juntos a la escuela. Tendrían clases separadas la mayoría de veces por las ramas diferentes que desempeñaban, pero esa independencia ayudaría a que ambos socializaran con más ponies. Dentro de la escuela, Sunset creería correr la suerte del orfanato y cursos de magia, pero no fue así. Empezaría de cero y con nueva actitud, que ya no se sentía del todo una incomprendida. Habría tantos unicornios con la misma pasión por aprender, controlar la magia y amantes del arte, que aprendería tarde o temprano a compartir con ellos los mismos intereses progresivamente, sin que la envidia surgiera como una pesadilla. Y si en algún momento sentiría viejos pesares, sólo bastaba con ver a los ojos a Moon White. Siempre se encontraría con él en algunas clases, en el almuerzo o después de clases, incluso mezclando los nuevos amigos que hacían.

Y habría sido suficiente.

Terminarían de crecer juntos. Pasarían la adolescencia como ponies especiales con una relación amorosa más formal y menos infantil. Las cosas no cambiarían del todo entre ellos sino parecía simplemente llenarse de más vida y experimentarían nuevas aventuras juntos. Moon White no sería el resentido, enfermo, creído y solitario unicornio que se convertiría. Sería el pony saludable sin ninguna extraña enfermedad mágica y podía aprovechar al cien su magia. Y Sunset no sería la vanidosa, ambiciosa y manipuladora pony que solió ser. Él sería un pony más extrovertido y ocurrido, y llenos de amigos, y Sunset tendría madera de líder, considerando a todos. Aunque se le habría quedado vestigios de rebeldía como su carácter temperamental y pintar en lugares públicos clandestinamente pero que le haría ganar fama por su arte callejero bajo el anonimato. Aunque el único que sabría quien era el misterioso artista, era su pony especial.

Y habría sido suficiente.

Moon White terminaría siendo reconocido como hechicero. Publicaría libros con sus hechizos y daría clases como invitado de lujo por lo que nadie se perdería sus seminarios. Sunset se volvería una gran artista que se convertiría histórica al ser la precursora de un nuevo género dentro de la pintura al combinar la magia. Además publicaría historietas y fundaría su propia editorial de cómics imponiendo una marca. La propia Celestia los reconocería por las huellas que dejaban en Equestria. Y habría sido como un sueño cumplido que anhelaron a la que tuvieron de infancia.

Y habría sido suficiente.

A la adultez, se casarían. Moon White tendría a sus dos padres presentes para ese día. Jamás su padre habría tomado ese tren y muerto. Estaría vivo y su madre nunca se había deprimido gravemente e ido Cloudsdale a recuperarse, dejándolo tempranamente viviendo solo. Ella estaría saludable y feliz llorando de alegría. Moon White ataría su lazo de corbata tal como se le enseñó su padre, que no se quedaría atrás abrazándolo orgulloso con sus propias lágrimas.

Y habría sido suficiente.

Tendrían hijos. Tal vez dos pequeños unicornios. Sus abuelos siempre estarían dispuestos a dejar lo que sea que estaban haciendo por irlos a visitar y jugar con sus nietos, pasando su vejez juntos y disfrutando con su tercera generación. Entonces Sunset y Moon White aprovecharían pasar un rato a solas. Ir a cenar, hacer alguna actividad juntos, siempre concluyendo en mirar el atardecer sobre una colina arrimados al otro. Como si los años no habrían pasado y siguieran siendo los mismos potrillos que jugaban y reían hasta cansarse y terminaban por arrimarse a descansar.

Y esa vida que tendrían... habría sido suficiente...

Lo único que necesitaban para mantener su otro yo al margen, era elegir el camino correcto, elegirse mutuamente, a tiempo. Y nunca dejar de intentarlo. Ni una vez.

Pero Sunset Shimmer, aún sobre sus sentimientos, no lo eligió.

E intentó elegir el camino correcto, muy tarde.

Ya era muy tarde. Para ambos.

.

.

.

"Los dos fuimos fuertes…".

-Moon White…- balbuceó Sunset con voz rasposa y así de repente…

…ella volvió en sí.

Sus ojos cyan dieron vueltas en un mareo del estado de inconsciencia al que había estado prisionera. Se expandieron hacia arriba, como si despertara de una eterna parálisis del sueño. Sunset Shimmer sintió como las llamas que la suspendían en el vacío que estaba atrapada, cedían ante ella y no la tenían más como una prisionera.

Desorientada del repentino despertar, Sunset apenas pudo recobrar el conocimiento, cuando el abismal trinido fúrico rompió su lerdo despertar. De manera instintiva reaccionó en pánico en dirección hacia donde escuchaba los estruendosos sonidos iracundos que retumbaban todo el hondo lugar y alcanzó ver, entre las llamas que aún permanecían, al ave fénix con la que estaba condenada a vivir la eternidad, aventarse contra ella a toda velocidad.

El silencio podía ser algo palpable.

Algo que respirabas.

Algo que tenía vida, aunque no pudieras verlo, tocarlo, ¡demostrar su existencia! pero aun así, estaba en todas partes. Como si fuera una parte de ti. Como lo es una bacteria. Un virus. Un veneno descomponiéndote desde adentro…

Algo que se envolvía en todo tu cuerpo hasta aplastarte sin que puedas ver qué te está quitando la respiración y acelerando el pulso, para finalmente se filtrara en tus poros y se metiera dentro de ti, drenando tus venas, entumeciendo los músculos, apoderándose de tus nervios en un helado frío y no tuvieras más solución, que empezar a rascar tu carne para sacarlo de ahí.

Esas habían sido las primeras reacciones de los sobrevivientes del ataque de Flame, cuando ocurrió el inesperado eclipse solar semiparcial, cubriendo la ciudad de un vacío interminable. No habían nubes, cielo. Sólo un liso vacío rodeando la única brecha de luz del sol, negro como la tinta, como la melena de un pura sangre y la entrada de una cueva inhabitable, dejando al mundo como tierras olvidadas por cualquier deidad o fuerza de la que creyeran. No se veía más el suelo, al ser cubierto por un espesa niebla sucia, cenicienta, color grisácea, en el que reinó… El Silencio.

No había un ente andando por la ciudad, destruyendo todo a su paso con extrañas sombras ni un Titán de fuego que destruía todo a su paso con sus fénix de fuego.

Sólo El Silencio inyectándose bajo la piel de los que aún permanecían en pie, deambulando a tientas en la honda oscuridad, con lamentos arrastrados e histéricos, que subían y bajaban en intensidad, poseídos por la revoltosa ansiedad de la desesperante quietud de El Silencio, que solos, empezaron hacerse daño a sí mismos. Al principio se rascaban sin césar hasta empezar a escarbar, pellizcar e incluso, enterrarse los dientes para arrancarse la carne y absorver su propia sangre.

Ante el horror de aquellos que forzaban mantener la cordura, empezaron a lanzarse de altas alturas. A golpearse el cráneo hasta que sus sesos salieran en pedazos por los aires. A dejarse las tripas al aire con objetos cortopunzantes que encontraran a la mano. Corrieron como gallinas sin cabeza al incendiarse ellos mismos, al lanzarse a los incendios que aún permanecían a causa de Flame.

Todo, sin que nadie les tocara un dedo o hiciera al menos acto de presencia.

En segundos, todo se había vuelto un retrato hablado de lo que sería un castigo infernal en las profundidades de las tinieblas, observado por Twilight Sparkle.

Aturdida de la impresión, Twilight quedó estática con una fuerza involuntaria escurriéndose dentro de ella, con los músculos preparados para lo que sea que apareciera. A duras penas dándose cuenta que también estaba siendo afectada. ¡Pero era imposible! Su magia y la suya eran incapaces de afectar al otro. Pero su audacia e inteligencia le hicieron procesar todo de la manera más rápida posible ante su petrificación.

La magia no le estaba afectando. Esto no era magia ¡Era genuino miedo! El miedo paralizante. El miedo que te frena a crear sin que siquiera un monstruo, más que el de la incertidumbre, se haya cruzado por su camino.

Twilight estaba auténticamente atemorizada. Poison no necesitaba usar magia para afectarla. Ni a ella ni a los demás. Aturdida, se obligó a reaccionar para calmar el dolor de los humanos que los obligaba a autolastimarse. De su cetro empezó a disparar luminosos anillos que terminaban por cubrir alrededor de la persona que apuntaba y ésta, de manera inmediata dejaba de lanzar alaridos y lastimarse para caer inconsciente al suelo, pero apenas el anillo desaparecía, volvía en sí con aullido desgarrador, arrastrándose en busca de hacerse daño de nuevo y conseguir la muerte que exasperado buscaba. Twilight se dio cuenta rápidamente que tenía que mantener los anillos de luz en las personas de manera constante. Pero vio hacia arriba, hacia el eclipse semiparcial, y pensó, que esto no sólo debía afectar a la gente de esta ciudad. El sol cubría todo ese hemisferio. Expandió su único ojo bueno en pánico y se elevó rápidamente, alumbrando el cetro para cubrirse de energía y hacer que su vuelo sea tan cegadoramente rápido como podría hacerlo su amiga Rainbow Dash, atravesando miles de kilómetros en un solo instante que le hizo comprobar desde las alturas, que el eclipse solar no estaba afectando solamente esta ciudad que había sido constantemente amenazada por seres de su mundo, sino que iba más allá, incluso, concluir inevitablemente, que al menos la mitad de este mundo estaba siendo afectado por la maldad de Poison Sky.

¿Qué tendría qué pasar para que el resto del mundo se consumiera de su magia oscura?

-Sabemos la causa exacta de nuestro miedo- dijo Poison reflejado en el cristal que cubría el cuerpo de Moon White cuando Twilight recuperó, en algo, la noción, y volvió al plano donde lo mantenía distanciado -, de ese "monstruo" que no nos deja descansar como merecemos. Ese temor tiene nombre, forma, no es desconocido. Tampoco significa que solo aparece por la oscuridad y desaparece cuando amanece, sino que está presente todo el día, pero estamos tan ocupados o preocupados en otras cosas, que no pensamos en él. Por ello, se queda agazapado esperando a que la luna y las estrellas estén visibles para salir de su escondite. Allí es cuando sucumbimos a ese miedo: Nuestro propio silencio. Por eso el silencio es el mayor generador de suspenso. Nada pasa, pero intuimos que algo va a ocurrir. Y cuando ocurre, dado que ya no es expectativa sino realidad, es bastante habitual que el impacto sea menor de lo esperado. Así pasa con la vida. La ansiedad lleva al anticipo. El pensamiento previo se llena de fantasía y dibuja escenarios que no sólo no son favorables, sino que más bien son de pesadilla. Lo peor ocurre en tu interior. Pero sólo ahí. La vida real suele ser un tanto decepcionante- lamentó con verdadero aburrimiento -. Casi nunca ocurre lo peor. La realidad casi nunca supera a la ficción. Pero vaya que cuando dejan correr la mente en el miedo, no hay mayor monstruo que la de sí mismos. No es mi culpa, que el ser vivo lo primero que hace su instinto ante El Silencio, es balacéandose al lado oscuro.

-¡Deshaz el eclipse y yo misma me encargaré de que no existas!

-Existiré aunque crea que me haya ido. Ya he sido condenado lo suficiente para ser paciente otros miles de años más de existencia. He leído, más bien, mi alterego-le miró profundamente con incrédula ironía -, su esposo- Twilight le heló la mirada con rencor -, ha leído sobre el lado oscuro de la luna. Bueno, yo nací del lado oscuro de su Equestria, de la Tierra, de cualquier mundo que existiera, sólo doy una probada de lo que ha sido para mí vivir en ese lado antes que mi amada Flame me liberara. ¡Cualquiera prefiere hacerse daño y morir que vivir así! ¿Ahora lo entienden? ¿Ahora quieren pedir piedad y los deje en paz? ¿Cuándo pido lo mismo desde mi origen? Su Reino está condenado, y este mundo morirá mutuamente con él, y conmigo.

-No lo permitiré.

-¿Cómo lo hará?- vaciló sin mucha emoción.

-Siempre encuentro una respuesta- exclamó, vehemente.

-Nunca sola- respondió, para impacto de Twilight -. Siempre dependiente, de sus amigas, de su princesa…ha sido débil…si hoy es más fuerte, es porque yo la he hecho así. Usted es el resultado de mí trabajo- sonrió sombrío -. No espero que me lo agradezca, pero al menos que sí lo entienda.

-¿Entender?- bramó, aún inquieta pero intentando mantener la calma -. La única razón por la que me querría fuerte es para destruirte.

-Así es.

-Y según como lo dices tú, destruirte será destruyendo los mundos.

-Soy compasivo- exclamó con la voz raspada -. Aún, sobre las injusticias por las que he tenido que pasar, le doy opciones, como me habría gustado tenerlas: este y su mundo, morirá lenta y violentamente. Agonizará hasta que no quede nadie en pie y lo único que mirarán los que vayan quedando hasta el último, es su mundo consumirse a sí mismo hasta su extinción. O- enfatizó -usted, que es justa y misericordiosa, puede evitarles el largo sufrimiento, y desaparecer todo desde la palma de su mano. Tiene tanta energía acumulada, que no se diferencia a la de Flame, sólo que usted se limita, no es como ella. Si usted, libera todo esa energía, la explosión será limpia. Nadie lo sentiría llegar siquiera. Nadie tendría que sufrir. Los nobles, descansarán. Los impenitentes, pagarán. Será un castigo y recompensa del que se encargará más allá de lo que podemos tener control. Pero será una repartición justa para esas almas. Ahora, todo dependerá de usted. Lo que decida, majestad, condenará El Final de la vida.

Twilight le miró fijo, con su único ojo.

-¿Crees que soy tonta?- interrogó -. ¿Qué no me doy cuenta que quieres que me suicide?

-Que se sacrifique- corrigió -. Un sacrificio por una muerte rápida y sin dolor por los seres que usted tanto protege.

-No es un sacrificio, si significa que me di por vencida. Porque ceder ante tus propuestas, es dejarme caer. Eres la manifestación de la más profunda oscuridad que hay en nosotros y no me doblegaré a ti. Por mayor que sea mi dolor que pesa en mis hombros, jamás haré tratos con alguien como tú. No renunciaré a la vida, cediéndola ante ti. Nunca.

-Entonces eligió una lenta y dolorosa agonía.

-¡No!- estalló con determinación -. ¡No ocurrirá! ¡Mientras la Magia de la Amistad exista, nada de lo que predicas, va a pasar!

Y antes de que pudiera escucharlo mientras volvía al mundo humano, Poison murmuró:

-Eso lo sé, Majestad…- musitó, recordando el moribundo Árbol de la Armonía en Equestria, que lo único que impedía que la magia que había dejado en él lo consumiera, era el último elemento de la armonía aún existente que lo protegía, al Árbol y a Equestria: el de la Magia. -. Sólo aguarde…

Cuando el eclipse emergió y la oscuridad cubrió la tierra, las guardianas de la armonía que sobrevivían, apenas recuperadas al ver a sus amigas y colegas guardianas, muertas en un pacto de sacrificio a metros de ellas, fueron sorprendidas por distantes gemidos arrastrados, con un frío templado doliéndole los huesos que el vapor del frío salía de sus bocas en una pequeña nube. Tardaron segundos en percatarse, que los lamentos guturales que escuchaban, provenían en donde Las Rainbooms se dejaron recostadas.

Se paralizaron de la confusión e incredulidad, muy aparte del estado de alerta y nerviosismo por lo que sea que ahora estaba ocurriendo, al escuchar lo que parecía, un deje de vida en ellas. Pero a duras penas empezaban a procesarlo, cuando Golden Harvest se echó a correr hacia el coro de lamentos.

-¡Golden, no!- le gritó Thunderlane, quien estaba más cerca de ella y echándose en vuelo, la alcanzó y aterrizó sobre su espalda, derribándola de frente al suelo.

-¡¿Por qué mierda me detienes?!- gritó la pelinaranja ardida en rabia, echando un derechazo al rostro de Thunderlane para tumbarlo y sacarlo de encima -. ¡¿Qué no ves que aún podemos salvarlas?!- se volvía en pie con sus ojos verdes caóticos y temblando de ansiedad, mientras Thunderlane le miraba de vuelta, escupiendo sangre de su boca.

-¡Golden, Golden!- la llamó Sweetie Drops agarrándola de a los lados y empezó a sacudirla para despabilarla de la crisis nerviosa que aún se encontraba -. ¡Piensa, Golden, por el amor de Dios! ¡Ellas ya no están! ¡No tienen pulso! ¡Sea lo que sea que está dentro de sus cuerpos, no son ellas!

-¡Tú no lo sabes!- gimió con la voz vibrándole -. ¡Su magia siempre las ha salvado! ¡Ellas…!

-¡Ellas están muertas, Golden! ¡Ellas…!

-¡…se están moviendo!- interrumpió Lyra en un grito.

Tanto Sweetie Drops como Golden Harvest voltearon al mismo tiempo en dirección de donde estaban los cuerpos vencidos de Las Rainbooms, que de un momento a otro, empezaron a moverse.

Sus cuerpos se movían en espasmos. Retorcían sus extremidades, de forma torpe casi la de un bebé. Se revolcaban en cámara lenta en la tierra, como si tuvieran los músculos adormecidos.

Las cinco guardianas aún en pie y Thunderlane se reunían entre sí, con incrédula atención expectante que mentalmente, todas mantuvieron poses preparadas en caso de tener que atacar. Excepto Golden.

Sus ojos verdes se redondearon como alucinada. Velaba el momento en que volvieran completamente en sí y las miraran, agotadas, heridas, pero vivas. Su vista ansiosa era panorámica, pero no pudo evitar enfocarse en la rubia campesina, al ser ella la primera en levantar la cabeza mientras abría sus manos en la tierra y levantaba medio torso al estirar sus brazos hacia arriba. Su cabellera amarilla como el trigal de sus campos estaban enmarañadas en su rostro, por lo que no pudo verla directamente. Justo en el momento, en el que Golden había torcido una precipitada sonrisa de alivio, hinchándose sus ojos de lágrimas y echarse a correr de nuevo a ellas, Applejack tiró la cabeza hacia atrás, haciendo que varios mechones despejaran su rostro y mostró, los orificios oscuros que tenía en sus cuencas en lugar de su vibrante y fuerte color verde de siempre.

Y con eso, Golden desplomó toda esperanza.

-No es Applejack- farfulló Thunderlane, impactado, inconscientemente llevando una mano a un brazo, justo para sentir las líneas brotadas de piel regenerada que tenía después que Applejack lo atacara con sus espinudas lianas el día del baile de la escuela.

Y fue cuando Golden Harvest volvió echarse a correr.

-¡Golden!- volvió a gritar Sweetie pero esta vez invocó su arma de bastón de dulce y corrió más atrás. Mistery encandelilló sus manos, Cherry activó pernos eléctricos en las suyas y Lyra desenvolvió su látigo de notas musicales, echándose a correr listas para defenderse de cualquier ataque tras la imprudencia de Golden.

-¡Salgan de ellas!- bramó Golden aturdida del dolor y rabia en un grito voraz mientras saltaba en alto para aterrizar con fuerza al suelo y perforarlo justo debajo de donde estaban los cuerpos de las Rainbooms, en una extraña versión zombie de ellas, y las hizo caer al vacío. No sin antes que una de las lianas de la zombie Applejack se enredara en su tobillo cuando aterrizó al suelo y la haló al agujero con ella.

-¡Golden!- gritaron las demás en coro.

Mientras Golden caía, cada liana se enroscaba por su cuerpo con las espinas brotadas, enterrándose en su carne y como boas, buscando deshuesar a su presa. Completamente inmovilizada, pegada al cuerpo que se suponía fuese de su amiga, Golden no tuvo otra opción que verse obligada a mirarla de frente al rostro, y a tan escasos centímetros del suyo, vio el rostro pálido y gélido sin una pizca de expresión humana, que hizo incluso desaparecer las pecas que le decoraban las mejillas, los labios impávidos entreabiertos, con la lengua moviéndose como gusano, brotando desde el fondo de su garganta ese arrastrado gemido gutural que cada vez ascendía más y más y parecía oírse en un eco grave a través de la oscuridad profunda que tenía por ojos.

Esta no era ni un vestigio de Applejack. Thunderlane y Sweetie Drops tenían razón. Ella como las demás Rainbooms estaban muertas. Y lo que estaba aquí, en su lugar, poseyendo su cuerpo, no era humano, no era ni siquiera un ente. Era vacío. La magia de Poison había poseído los cuerpos de sus amigas.

Y en esos leves segundos mientras caía, Golden Harvest vivió el verdadero horror de su vida cuando sus ojos no podían desprenderse de la lustrada oscuridad succionadora de los del cuerpo vacío de su amiga, hasta que su rostro impávido se contorsionó de espanto, lanzando un agudo y largo aullido espeluznada.

Un grito de esfuerzo se escuchó, después que las lianas que enredaban a Golden, se partieran por la mitad cuando Sweetie llegó con su bastón de dulce a cortarla para liberar a su amiga que para su sorpresa, Golden cayó como un peso muerto a la tierra. Sweetie se le acercó, sólo para llenarse de un creciente espanto, cuando vio sus ojos verdes petrificados y ampliamente abiertos, teñirse de la misma oscuridad que las del cuerpo de Applejack.

-¡No, Golden! ¡No, NO, no, NO!- se echó sobre ella, faltándole el aire mientras la sacudía -. ¡No Golden, vuelve aquí, por favor! ¡No me asustes de nuevo así! ¡Golden! - suplicaba pero el cuerpo de su amiga quedó duro como una piedra, inmóvil, y con los ojos abiertos de par en par, poseídos por esa oscuridad.

Fue en ese momento en el que Sweetie bajó la guardia y de repente, sintió una mano agarrándole fuertemente el cuello. La levantaron hasta echarla de costillas al suelo y colocándose sobre ella, con la mirada ennegrecida, quien debía ser Rarity, la tuvo sobre su peso obligándola a verla a los ojos, pero repentinamente fue alumbrada por la electricidad que la envolvió de pronto y la hizo lanzar un chillido bestial.

-¡Aléjate de mi lady!- vociferó Cherry Crash sin noción de lo que decía, simplemente apretó la mueca de esfuerzo del rostro mientras le encandelillaban las manos de electricidad contra la zombie Rarity y se aventó como fiera sobre ella para apartarla de Sweetie.

Las zombies Rainbooms salieron del cráter con enormes brincos a la vez que suspendían un ensordecedor gemido que hizo que las demás guardianas, incluyendo a Thunderlane y Devious Black, se llevaran las manos a los oídos pero a su vez, las aturdió severamente, dejándoles tiempo para que las versiones poseídas de sus amigas escaparan, justo en el momento que Devious estaba por dispararlas con un subfusil y terminó por disparar una larga ráfaga de municiones en el aire. Los estallidos del arma, la desorientación y los inevitables gritos de pánico se mezclaron en el ambiente caóticamente de lo que fueron unos segundos pero se sintió como una eternidad.

Cuando finalmente todo se enmudeció, caló una vez más el silencio. Todos se habían derribado al suelo para protegerse de la ráfaga de disparos y una vez terminado el aturdimiento, levantaron cabeza, para encontrarse la mirada del otro, tratando de procesar rápidamente lo que acababa de pasar.

-¡MIERDA!- vociferó Devious con profunda rabia e impotencia, estrellando un puño contra la tierra y escupiendo polvo que le aterrizó en la boca. Se sentía patético -. ¡MALDITA SEA!

-Maldecir no cambia nada- exclamó Mistery Mint severamente mientras se volvía en pie al igual que el resto. Devious las miró con la mirada pasmada mientras discutían entre ellas para detener a las versiones poseídas de las Rainbooms, cuando él alcanzó el subfusil.

-¿Qué cree que va hacer?- reclamó Thunderlane cuando vio la acción de Devious Black e hizo que las demás voltearan.

-¡Acabar con estos fenómenos mágicos de una vez! ¡Son inestables!

-¡¿Qué demonios te pa…?!- exclamaba Lyra cuando Devious la apuntó.

-Oye, estamos del mismo lado, ¿lo olvidas?- reclamó Cherry. -. ¡Estamos del bando para acabar con la amenaza!

-¿La amenaza?- repitió, iracundo -. ¡Las que ahora se han levantado sin alma es una nueva amenaza para todos! ¡Y ellas no eran el enemigo! ¿Y los anteriores? ¡Tampoco eran los enemigos! ¡Y se convirtieron en amenaza con el tiempo! ¡He sido demasiado condescendiente con lo que son ustedes pero hasta aquí llega mi límite! ¡Todo ser con magia debe ser eliminado!

-¡Empieza conmigo!

Todos voltearon inmediatamente hacia la voz que se pronunció, observando a Sweetie Drops emergiendo del cráter con el cuerpo de Golden vencido en sus brazos.

-Vamos, ¡Hazlo!- retó Sweetie con el rostro pálido y sus ojos celestes vidriosos, caminando precipitadamente en dirección a Devious, que por automático, ya la estaba apuntando, mirando aún cegado por el estado de histeria al que había entrado, echando vistazos hacia el cuerpo petrificado que cargaba de la pelinaranja. Sweetie atravesó en medio de todas las demás, que se llenaron de horror y lágrimas de ver otra compañera más vencida. -. ¿Quieres matarnos porque somos una amenaza y sentirte el super agente?- ironizó mientras se le caía una lágrima -. ¿El super Jefe Superior? ¿Quieres ser como "Joe"?- entrecerró los ojos -. ¡Adelante! ¡Mátame! ¡Mátame primero! ¡Olvídate la promesa de mi madre y mátame! ¡Soy una traidora de la agencia! ¡¿Por qué no me humillas y torturas hasta dejarme en coma! ¡Como se lo hiciste a ella!- le dio un empujón con el cuerpo de Golden -. ¡Vamos, quiébrame! ¡Mátame!

Devious le mantuvo la mirada con el arma en alto. Sweetie le sostenía los ojos llorosos, duros y furiosos, para luego temblarle los labios, abrazar el cuerpo de su compañera de toda la vida y se dejó caer de rodillas para sostenerla entre sus brazos.

-Nunca dejamos un compañero atrás…- se le quebró la voz entre llanto, sintiendo que iba siendo rodeada por sus amigas y Thunderlane se colocaba frente con los ojos vidriosos, se giró para ver a Devious aún apuntando con el arma. Thunderlane estiró el brazo, tomó el subfusil y se lo hizo bajar, cosa que Devious dejó hacerlo, sumido en su propia mente, con la mirada ida en su propia mente pero fija en Sweetie y Golden.

-Le dije que nadie la encontraría- exclamó Devious con voz ida, para sorpresa de las demás. Él miraba fijamente a Golden, aparentemente sin emoción, pero su voz resignadamente abatida demostraba otra cosa -. Tenía unas calcomanías de caritas sonrientes pegadas en las mejillas, corriendo en búsqueda de un escondite mientras un compañero suyo contaba en alto. Iba esconderse detrás del mostrador cuando se encontró conmigo- pestañeó lento -. "Me voy a esconder aquí. Será unos minutos" me dijo sonriendo con picardía, y yo le dije eso, le dije que nadie la encontraría. Tres noches después, dejé de fingir ser voluntario en el orfanato cuando secuestraron a los niños que recomendé para reclutar al proyecto- sus ojos se encontraron con los de Sweetie, que aún con las lágrimas, pudo verle con impacto. -. Y así fue, nadie nunca la encontró. Jamás.

Sweetie y las demás lo miraron con una quietud casi tan abrumadora, pero el que reaccionó primero, había sido Thunderlane, que se levantó de golpe y lo empujó con fiereza.

-¡Le desgraciaste la vida!- bramó -. ¡Por tu culpa! ¡La condenaste! - exclamaba rabioso, con cada empujón que le daba y Devious simplemente lo dejaba, sin inmutarse.

-¿Por eso fingiste ser su psiquiatra?- fue lo que emergió de Sweetie, con voz ronca. -. Ella me lo dijo.

Devious se apartó de Thunderlane, que no dejaba de apretar los puños y soltar lágrimas de rabia, mirándolo con odio.

-¿Eso limpió tu consciencia?- ironizó Sweetie.

-Se lo debía.

-¡La hiciste secuestrar! ¡La torturaste!

-¡Fueron órdenes!- exclamó -. Hay cosas que hiciste, horribles, también por órdenes.

-¡No le sacas en cara lo que ustedes la obligaron hacer!- saltó Lyra a la defensiva. -. ¡También a ella la condenaron!

-No tengo tiempo ni ganas de escucharte- exclamó Sweetie en respuesta a Black -. Tenemos que detener esta amenaza, aún si sólo somos cuatro- miró a Cherry, Lyra y Mistery, que se miraron mutuamente y asintieron con determinación -. Thunderlane- lo llamó y él, repudiendo a Devious, se acercó a ella -. Thunderlane, por favor, ponla a salvo. Te la confío.

Thunderlane le miró fijamente y le asintió. Tomó a Golden en brazos, lanzó una mirada severa a Devious y agitó sus alas para irse del lugar.

-Sé pilotear. No creo que necesitemos de tu alianza más- exclamó Sweetie Drops, volviendo al helicóptero seguida de las demás para encontrar los cuerpos poseídos.

Devious miró cómo Thunderlane se hacía más pequeño en el cielo, siendo lo que más fuera detectable a la vista, el color naranja brillante de la cabellera de Golden en el cielo.

Y fue en ese momento, cuando se expandió la onda de luz púrpura de la nada, que alcanzó más allá hasta donde ellos estaban. Las chicas se asomaron fuera del helicóptero con impacto ante el fenómeno que acababa de ocurrir, alumbradas cada una con sus colores característicos, para encontrarse con que a Devious, le brillaba el pecho con una luz celeste.

Tanto él como Sweetie Drops, se vieron fijo.

¿Qué acababa de pasar?

-¡Maldita inútil!- gritó Flame histérica telepáticamente mientras trinaba desaforada y volaba en dirección a Sunset Shimmer para aterrizar sobre ella, agarrándola con sus garras y sus ojos rojos ardieran de furia -.¡Tu cuerpo no me sirvió de nada! ¡Me quedé sin cuerpo una vez más, atrapada contigo por los próximos mil años!

Sunset la miró detenidamente, tratando de reconocer lo que significaran esas palabras.

-¿Mi cuerpo…ya no existe?

-¡NO, MALDITA, AHORA SÍ ESTÁS MUERTA!

Sunset parpadeó, impávida, y luego, su rostro se ablandó de puro alivio, sonrió hasta que se le achinaran los ojos y le cubrieran las lágrimas sus mejillas. Y rió.

Sunset reventó en carcajadas atrapada entre las garras de Flame, que si ya tenía una expresión de abismal furia en su rostro, ahora, la tenía aún más.

-¡¿DE QUÉ TE RÍES, MALDITA ESCORIA?! ¡ESTÁS MUERTA! ¡PERDISTE TU CUERPO! ¡PERDISTE LA OPORTUNIDAD DE VOLVER A VER A TUS AMIGOS! ¡TÚ PERDISTE!

-¡Yo no perdí!- exclamó con su semblante renovado quitándole las garras de encima y la miró con fijeza -. La única que perdió aquí, fuiste tú.

Flame la miró indignadísima, con el ego dolido y una ola de ira volvía a emerger desde el fondo de sus ojos, cuando las llamas en las que ambas estaban atrapadas, volvieron a alzarse con fuerza, pero en lugar de empujar a Sunset, empujaron a Flame.

-No necesito mi cuerpo- exclamó Sunset, suspendiéndose por las llamas como si estuviera dentro de un mar de fuego. Su melena rojiza y dorada danzaba con el fuego como si fuese parte de él -. Mi cuerpo no era yo. Era un vaso. Un vaso que utilizo para vivir en el mundo que haya sido destinada a estar. Un vaso que usaste, abusaste y finalmente, hiciste destruir- sonrió de lado -. Mírate ahora…sin él, no eres nada.

-AHORA SÍ TE HACES LA VALIENTE, ¿NO ES ASÍ? ¡CUANDO ANTES ME TEMÍAS! ¡TE ATERRORIZABA!

-¡Me aterrorizaba ser tú!- bramó impulsándose hacia adelante -. Temía tanto convertirme en ti ¡Y nunca lo hice! Nunca fui tú. Por un momento lo probé, cuando me convertí en ese demonio en el baile de otoño, pero la amistad me salvó. ¡Robaste mi cuerpo! ¡Usaste el poder de esta magia para encarcelarme! ¡Destruiste todo lo que amaba! ¡Hiciste tanto daño y destrucción que no podía vivir sabiendo que no podía derrotarte! Porque yo no podía…- murmuró y sus ojos se suavizaron con confianza y alegría -. Pero ellos sí…- pensó en cada una de sus amigas con mucho amor y nostalgia -…mi cuerpo no podía seguir existiendo, por eso se lo pedí, a Moon White, y fue él, ¿cierto? - la miró a los ojos -. ¿Fue él quien mató mi cuerpo? - y Flame contuvo contestar, pero en su expresión, reflejó dolor, ya que una vez más, él volvía a asesinarla. Pero con eso Sunset tuvo su respuesta y sonrió ampliamente -. Gracias…- exclamó con profundo sentimiento hacia su amigo de la infancia mientras se le cerraban los ojos y en los bordes de sus pestañas brotaban como perlas pequeños residuos de gotas de lágrimas.

-Pequeña pony imbécil- farfulló Flame, osca -. ¿No te das cuenta? Nada de eso importa. No te salvaron. Sigues aquí. Atrapada. Conmigo. Viviremos juntas por la eternidad. Estás atada a mí. Estás condenada. Volveré a surgir y te arrastraré como el gusano que eres. Volveré a imponer mi poder en este o cualquier otro mundo en el que esté. Siempre existiré. Siempre seré más poderosa que tú y por eso siempre vas a ser mi prisionera.

Sunset la escuchó detenidamente, por un momento mientras hablaba, una parte de ella, el miedo, empezó a cubrir su estado de alivio de que al fin ya no existía cuerpo con el que Flame pudiera seguir dañando vidas.

-Tienes razón- murmuró, con la mirada ida a su dirección y Flame sonrió maliciosamente con el ego recobrándose -. Estamos atadas- tocó el cordón que las unía -pero no me importa condenar mi eternidad si ambos mundos al fin están a salvo de tu monstruosa existencia- pronunció bruscamente y Flame la miró con desprecio mientras Sunset dirigía su mirada hacia la soga luminosa en su pecho que las unía por la eternidad, pero se dio cuenta, que el borde de su extremo, tenía un muy fino anillo iluminado de otro color. Un color azul muy claro que le recordó el cielo templado. Al color de piel de alguien. Fue entonces que Sunset parpadeó entrecortadamente, entre impactada y conmovida -. ¿Trixie?

-¿Qué?- escupió Flame con el gesto torcido.

-¿Trixie estuvo aquí?- levantó los ojos cyan llenos de lágrimas -. ¿Estuvo aquí? ¡Dímelo!- le exigió por primera vez entrando en una cólera tal como Flame lo había estado -. ¿Le hiciste algo? ¿La tocaste?- respiró rabiosa -. ¡Si le hiciste daño…!

Flame no acababa de entender del todo, pero vio la oportunidad, y la aprovechó.

-Oh, Trixie…- exclamó con desdén y Sunset se entumeció de ira, abriéndose los ojos enormemente. -. Ah, ella pues, ¡Está muerta! - trinó -. Ella y todas las demás. Si moría yo, debían morir todas. ¡No iba dejar ninguna vivita y coleando! ¡Las arrastré! ¡A cada una! ¡Al infierno! Pfffff ¡Jajajajajajaja! ¡¿Qué?! ¡¿Ya no tienes ganas de reírte de mí?! ¡¿Dónde se te fue tu sentido del humor?! ¡¿Ahora sí estás molesta?! ¡Mira quién ríe ahora!- y empezó a carcajearse escandalosamente de una forma maniática.

Sunset por su lado, tenía las cejas arqueadas, los ojos duros como rocas y el cuerpo engullido en una dolorosa pose. La risa de Flame resonaba en ecos dentro de su cabeza mientras recuerdos mezclados entre sí y entrecortadas que no cobraban sentido alguno le invadieron la mente. Sólo partes.

Las pecas de Applejack, la mano al aire de Rarity al hablar, el sonido que hace Pinkie Pie al brincar, la voz ronca de Rainbow Dash, la calma de Fluttershy, incluso pensó en Twilight, murmullo de sus voces, su calidez, sus consejos, su lealtad, hasta llegar al sacrificio.

Pero en el centro de todo ese torbellino de imágenes, recordaba una voz teatral y prepotente con ese tono de alargar las palabras cuando decía:

"La grrrrraaaan y poderooooosaaaaa Trrrrixie".

La sonrisa amplia de Trixie riendo. Las cejas arqueadas de Trixie enojada. Trixie fallando en un truco. Trixie triunfando en una pequeñez que engrandecía. El brillo de los ojos de Trixie llorando. Trixie fallando de nuevo. Y de nuevo. Y riendo. Trixie en su traje de maga. Trixie en vestidos elegantes. Trixie de porrista. Trixie durmiendo en su cama. Trixie apenada. Trixie mirándola. Trixie abrazándola. Trixie con ella. Trixie simplemente existiendo y diciéndole en más de una oportunidad:

"Voy a salvarte…".

Sunset levantó su casco, a la altura de su corazón, justo en donde iniciaba su extremo de la soga que unía a Flame, en donde el delgado anillo azul claro se iluminaba.

La antigua Sunset se habría echado en contra de Flame. Habría cedido a sus impulsos de matarla como lo sentía ahora. Pero ser así, la había condenado. Y ahí, entumecida, siendo burlada por Flame, con los ojos llenos de lágrimas, de dolor y determinación, Sunset se elevó entre las llamas.

-¡Hey! ¿A dónde vas?- exclamó Flame entre cansadas risas -. ¡No es que puedas ir a algún lado, claro! ¡Y TUS AMIGAS TAMPOCO!- y volvió a estallar en histéricas risas.

Sunset sólo continuó emergiendo con el casco en su pecho.

"¿basta por ahora con decirte que Trixie cree en ti, en tu fuerza de voluntad y que tu destino siempre terminará brillando para ti? No vas a caer, si lo haces, Trixie va a tomar tu mano- sonrió más relajada y apretó las manos de Sunset -. Porque lo vales".

-Vas a salvarme- aseguró con voz temblorosa mientras se le cedían algunas lágrimas con la mirada en alto presionando aún más su casco en su pecho -. Vas a salvarme, porque Trixie…aún atrapada aquí…- sonrió, llegando a la cima y cerró sus ojos -…nunca he perdido la esperanza

Las cutie marks de sus flancos fulgieron. Las llamas inquietas se detuvieron, incluso desenredando a Flame y liberándola. Es más, se alejaron de ella por completo, dejándola en medio de nada. El fuego la rodeaba pero no la tocaban. Desorientada, Flame alzó la cabeza hacia donde vio a Sunset, con sus cutie marks alumbrando la cima y de un momento a otro, el fuego se atrajo hacia ella como un magneto.

-¡¿Pero qué…?!- balbuceó Flame desconcertada, observándose fuera del alcance de las llamas y de inmediato voló tras ellas. - ¿Qué estás haciendo? ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO CON MI PODER?!

-¿No es obvio?- exclamó Sunset con una calma abrasadora mientras abría los ojos, mirando llegar la explosión de fuego que se dirigía ella -. Te lo estoy quitando.

Y frente a los ojos impactados de Flame, las masas de fuego empezaron a poseer a Sunset.

Twilight regresó al mundo humano, apareciendo en medio de lo que estaba segura era peor que el mismo Tártaro. Estaba más cerca de representar lo que era el infierno en donde había leído en que los humanos llamaban al lugar donde sólo las atrocidades podían anidarse. En medio de todo el caos, ella tenía el temple contenido de su propio miedo, con la mirada fijada hacia el eclipse semiparcial que coronaba una auténtica oscuridad que se escurría sobre sus cabezas como una pesada sustancia negra, como la brea. Twilight no podía de en uno en uno, liberar la locura desatada en sus cabezas al estar integrados en El Silencio. Al menos aquellos con una debilidad emocional, que les hizo encender sus emociones negativas dentro de sus almas.

Debía enfocarse a la raíz del verdadero problema.

Sin desprender su ojo morado del eclipse que representaba la cutie mark de Moon White, Twilight sostuvo el cetro desde la punta de corazón y de forma inmediata, resplandeció con sus cabellos elevándose, destapando el mechón que ocultaba su párpado hundido por la cuenca vacía que tenía.

Debía admitir, que Poison tenía razón.

Siempre había sido una pony ansiosa, perfeccionista y sí, sin mucha confianza en sí misma. Nunca sentía que lo que hiciese era suficiente. Incluso si merecía ser Princesa. Todos creían en ella. Su familia. La Princesa Celestia. Spike. Sus amigas. Luego Equestria entera. El mundo humano. Pero la inseguridad siempre estuvo ahí en ella. Ahora, cuando más debería dominarla los nervios hasta hacerla entrar en pánico, por alguna razón, empezó a llenarse de una seguridad que no había encontrado nunca antes.

Porque todo por lo que había aprendido, luchado y enfrentado amenazas de Equestria con sus amigas, la habían traído hasta aquí. Twilight comprendió, que este era el momento. Y al fin entendió, por qué su elemento representaba la Magia.

Antes no estaba del todo segura que podía sobrellevar tanta magia, pero ahora lo sabía.

Twilight, con su temple determinado y seguro, cerró su ojo y levantó el cetro, e hizo que se fundiera en ella, abriéndose en su pecho una abertura de luz que empezó a consumir el instrumento que portaba toda la magia contenida que había mutado de la corona, al expandirse en este mundo.

Su aura morada emergía cada vez más y más de su cuerpo como una potente estrella, sin que sintiera en ningún instante algún tipo de dolor físico o locura mental como había pasado horas antes cuando creó el cetro.

Twilight ya había asimilado el dolor como algo inevitable en la vida. Ya no existía el mundo que conocía. Ni en el humano ni el pony. Y sabía que no sólo ella había cambiado, que todo lo demás, también cambiaría. Este era el momento por el que había sido preparada. Para el que había sido escogida por el Árbol de la Armonía como el elemento de la magia que fulgía en todo su centro en equilibro con el resto de los elementos alrededor de ella. Porque ella sería capaz, de devolver el equilibrio que Shadow Light quebró cuando se formó Equestria.

Con todos estos pensamientos en su mente, Twilight dejaba consumir el cetro hasta llegar a su punta, el Corazón de Cristal que había dejado Sonata Dusk en este mundo tras su muerte y su amor por la vida hizo receptar tanta magia junta, que ahora Twilight hacía fusionar con la suya.

La luz de Twilight fulgió varios metros a la redonda, noqueando un sinnúmero de víctimas de la locura de El Silencio, cayendo con heridas autofligidas al suelo. Desde cierta distancia, refugiada en la parte trasera de un jeep de la Agencia, estaba la Derpy pony, totalmente sumida de angustia y horror luego que los agentes que la vigilaban hayan terminado también envueltos en la locura y se hayan lanzado del auto en movimiento, cuando la luz de Twilight llegó a sus ojos. Sus ojos dorados cubiertos de lágrimas se fijaron en la luz de la distancia.

-Twilight…- exclamó con ilusión, y salió del auto corriendo en dirección a la luz púrpura.

El ojo de Twilight se abrió y este, cubierto de su propia luz, miró su alrededor y a la pronta calma a la que se sumergió. Temporalmente. El único sonido que se escuchaba, era la de un zumbido. Uno que provenía dentro de sí misma. Ella vio su mano, y se dio cuenta, de las delgadas líneas luminosas que se expandían en su piel. Ella cerró su palma y la llevó a su pecho, cerrando por un momento su ojo.

Poison la había comparado con Flame. Le había dicho debilidad a su control sobre la magia que poseía, en lugar de la salvaje que Flame había desatado, lo que habría causado la explosión de Flame cuando la viajera del tiempo, Dinky Doo, le mostró el futuro que había detenido que sucediera, y ahora, tenía tiempo para definir uno nuevo.

El tiempo…

Nunca hay suficiente tiempo. Pero ahora Twilight, iba hacer que tuviera el suficiente.

Ya no importaba el pasado, y el futuro era cambiante. Lo único que sabía que tenía en este momento, era el ahora.

Twilight abrió sus alas, haciendo que el zumbido se elevara y la luz se proyectara aún más a su alrededor y se disparó directo hacia el eclipse. Mientras corría, Derpy vio como la luz a la que iba a seguir, cruzó el cielo con violenta velocidad que hizo estallar una poderosa onda de energía, que lejos de lastimar, todo aquel que fue golpeada por ella, dejó de lastimarse y caía noqueado al suelo, salvándolo de sí mismo. Pero en Derpy, afectó que le brotara sus alas de golpe y en su pecho, se encendiera una luz dorada. Descubrió su camisa un poco para darse cuenta, que brillaba su Cutie Mark ahí. Aturdida, no dejó de mirar hacia el cielo en ningún instante, dándose un cabezazo y agitó sus alas para salir en vuelo en búsqueda de Twilight.

Momentos antes, Serverus y Magical intentaban contener la cordura, cada uno con uno de los gemelos en brazos asegurándose que tengan el rostro sobre su pecho para que no vieran como la mayoría de la gente con la que se habían reunido a un lugar seguro fuera de la ciudad, gemían y chillaban, autolastimándose barbáricamente. Buscaban acercarse a uno de los autobuses para resguardarse y de ser posible conducir fuera de aquel pandemonio. Y no parecían los únicos con aquella idea, ya que muchos también corrían en la misma dirección que ellos. Debían llegar pronto antes que el último autobús se marchase.

-¡Mamá! ¡¿Qué pasa ahora?!- gritó Brushel entre su pecho mientras ella y Serverus corrían alejándose del sangriento suicidio colectivo -. ¡Creí que todo acabó!

-¡Todo acabará!- quebró su voz al aire con sus enormes ojos rosados abiertos de par en par, viendo inevitablemente rostros desquiciados con los ojos abultados como pelotas corriendo sin orientación, algunos echándose al suelo para romperse la cabeza, otros enterrándose las uñas en las cuencas sangrantes, rascándose feroz las carnes hasta sacarla en un coro lastimero que ponía los nervios de puntas.

-¡Mamá!- volvía a gritar el niño que al tener enterrado el rostro a su pecho, podía percibir como los latidos del corazón de su madre iban golpeándole la cara de lo frenético que iba y empezaba a sentir que los dedos de Magical se enterraba dolorosamente en él -. ¡Mamá, me lastimas!- se quejó echándose hacia atrás por como lo tenía tan presionado, para dar sólo un vistazo hacia fuera y ver la horrible escena de violencia que surgía a su alrededor. Y lanzó un grito de horror.

-¡NO!- chilló Magical envuelta en pánico echándose de rodillas y apretando más fuerte al niño contra ella -. ¡Te dije que no vieras! ¡No vieras nada! ¡No veas nada! ¡No veas nada!- empezó a gritar desenfrenadamente, estrujando a su hijo contra ella. -. ¡Todo estará bien! ¡Volveremos con papá! ¡Wings está bien! ¡Trixie está bien! ¡Todos estaremos bien!- repitió histérica, en un ataque de ansiedad.

-¡Magical!- se volteó Serverus, al verla echada al suelo, echa un ovillo, con su hijo presionado contra ella fuertemente, como si quisiera volverlo meter a su vientre para tenerlo a salvo, que el mismo Brushel empezó a gritar que no lo dejaba respirar, llamándola a gritos asustados que se volvían ahogados.

Winsley desde los brazos de Serverus empezó a llamar a su madre asustado también. Serverus retrocedió para alcanzar a Magical. Se agachó intentando hacerse escuchar entre los alaridos y gritos.

-¡Magical no entres en pánico! ¡Levántate!

-¡Mamá! ¡No quiero que te conviertes en uno de ellos!- exclamó Wensley, pero Magical seguía paralizada del miedo, aferrada a Brushel, con el cuerpo tieso y encogido.

-Magical, Magical- farfulló Serverus terminando de echarse al suelo con ella, colocando a Wensley entre ellos -. Escúchame. No escuches los gritos, ¿sí? Aunque te cueste la vida, escúchame bien- suplicó con la voz más serenada conteniendo su propia ansiedad -. No puedo prometerte que saldremos de esta. No tengo el control de esto. No sé dónde estará Trixie. Ni mucho menos tu marido. Ni sé a dónde iremos ni sobreviviremos. Pero sé dónde estás tú. Sabes donde están dos de tus hijos y están aquí. Lo único seguro que tienen ahora eres tú. Su madre. No dejes que esa cosa que está volviendo locos a todos te llegue- alcanzó a sacar una mano y le sacó cabello del rostro, en donde pudo su ojo rosa fijada en él, aún hiperventilando, pero poniéndole atención. Los ojos verdes oscuros de Serverus le miraron profundamente -. No me corresponde ya, pero te la debo, Magical. No lo hice antes, lo hago ahora. Te protegeré. No te dejaré sola. No te dejaré atrás. Te lo juro. Ni a ti ni a los niños. No te hagas esto. No le hagas esto a tu familia, y levántate. Estamos siendo un buen equipo. Sigamos así.

-Lulamoon…- murmuró, mucho más tranquila, aflojando la presión con la que tenía Brushel entre sus brazos, que incluso entre los hermanos se miraron.

Cuando se escuchó la explosión y la onda de luz purpura se expandió recorriendo hacia donde ellos estaban.

Y fue en ese momento, cuando una luz se alumbró entre ellos.

Para impacto de todos, en especial Serverus, la luz verde oscura provenía de él, de su pecho, detrás de su camisa. Lo mismo ocurrió con Magical, con una luz rosada, Brushel una rojiza y Winsley una café. No tuvieron mucho tiempo para cuestionarse lo que acababa de ocurrir, que incluso a su alrededor hallaron a los que habían sido afectados por la locura de El Silencio, caídos inconscientes al suelo. Los cuatro se levantaron mucho más activos corrieron ignorando la salvaje masacre que había aún así a su alrededor, con algunas otras personas que tampoco fueron afectadas, hacia los autobuses.

Finalmente se subieron a uno que estaba por arrancar y lo hicieron casi en el aire. Jadeando de la adrenalina y cansancio, levantaron el rostro para quedarse quietos al ver, que quienes iban a bordo, tenían la misma luz emergiendo de sus pechos de un color que los identificara. Entre todos se miraron, al reconocer el mismo fenómeno que les ocurría.

-¡Tenemos magia! ¡Tenemos magia!- fue lo que corearon los gemelos con impacto, para aturdimiento de Magical y Serverus.

-Es imposible…- exclamó Lulamoon.

-No te cierres ahora, Serverus- exclamó Magical -. La magia existe. Siempre ha existido pero ahora está en todos lados, más que nunca ahora.

-¿Por qué nosotros?- exclamó -. ¿Por qué yo?

-¿Por qué Trixie?- le contestó con otra pregunta. Él se trabó por un momento.

-¡Porque ella es especial!- exclamó, casi ahogado -. Siempre fue especial.

-Serverus…- exclamó, cayendo en cuenta ella misma de la respuesta simple -…todos, somos especiales…que no tengamos ánimos de valorarlo, no lo hace inexistente. Todos tenemos una luz, aunque la ignoremos, está allí, lista en cualquier momento que le permitamos salir- dijo, observando hacia los demás, que empezaban a mirarlos -… ¿no lo entienden? Mi hija está allá afuera, peleando por todos nosotros, junto con otras jóvenes, que son sus vecinas, compañeras de escuelas de sus hijos ¡Son niñas que se han vuelto mujeres fuertes y poderosas por preservar la armonía de nuestro mundo! Lo han hecho en más de una ocasión y ustedes no han hecho más que un circo- los quedó mirando con decisión -…ya va tiempo, que les devolvamos el favor…

Thunderlane volaba sobre la ciudad con el cuerpo de Golden cargado entre sus brazos. Cada tanto le lanzaba una mirada con las cejas encarnadas, como si le diera la impresión que iba hacer un gesto o un movimiento para luego despertar. Pero su cuerpo estaba tieso, sin rastro de pulso y los ojos succionados de oscuridad. Cuando cruzó la onda de luz de Twilight y pasó por él, Thunderlane obtuvo esa misma luz en el pecho. Y el cuerpo de Golden cedió con más fuerza bajo sus brazos. La miró de inmediato a ver si en algo había reaccionado en ella y vio la luz naranja de cutie mark resplandeciendo en su pecho. Thunderlane expandió sus ojos al máximo, sonriendo.

-Golden…aún estás ahí…- murmuró, ilusionado. -. Golden, soy Thunderlane, ¿me escuchas? sea lo que te pase, no dejes que la oscuridad te sumerja. La magia de Poison te manipulará dominando tus peores pensamientos. Lo sé porque lo hizo con Applejack en el pasado. Intentará contigo. Tú eres una luchadora. Has sobrevivido a muchas cosas- parpadeó -. Sé que sientes mucho dolor, por perder a Applejack. Créeme que yo también- se le ahogó la voz pero respiró profundamente entre parpadeos y se le escapaba unas lágrimas -. Pero…tu luz aún no se apaga- exclamó, observando su cutie mark en el pecho -…siempre tuviste una luz y ella lo notó antes que todos. Incluso de ti. No pierdas tu luz, Golden.

-¡Thunderlane!- lo llamaron de repente.

-¡Golden!- se impactó mirándola fijamente.

-¡Thunderlane aquí abajo!

El chico volvió en sí cayendo a la realidad y se dio cuenta que era una voz masculina la que lo llamaba. Con la mente tratando de no explotarle de entre tantas cosas sucediendo, escuchó a los lejos que alguien gritaba su nombre. Thunderlane miró hacia abajo descendiendo de a poco cuando reconoció a Flash y al resto de su grupo de amigos, corriendo en su encuentro también. Todos tenían su pecho igual de iluminado con su Cutie Mark.

-¡Amigo, estás bien!- exclamó Flash, aliviado.

-¡Te desapareciste y creímos lo peor!- acusó Caramel a punto de darle un empujón cuando se percató que tenía a Golden en brazos.

-¿Qué le sucedió?- interrogó preocupado Soarin junto a Cheese.

-Ella fue atacada por…- empezaba a decir cuando él mismo se interrumpió, casi sin aire.

-¿Por?- preguntó Cheese y Thunderlane lo miró a él precisamente con mayor atención.

-Cheese…

-¡¿Por mí?! ¡¿Yo le hice eso?!- reventó impactado. -. No lo recuerdo…¡¿Soy el villano del fanfic?! ¡Qué plot twist!

-Fue Applejack- escupió, para sacudir la cabeza, para extrañeza de sus amigos -. ¡No! ¡No fue ella! ¡Fue su cuerpo! ¡Su cuerpo poseído por la magia de Poison al igual que sus amigas!

-¿Applejack está poseída de nuevo por él?- intentó Flash seguirle el hilo. Y Thunderlane hizo un gesto de dolor mientras se acuclillaba y dejaba despacio a Golden recostaba en el suelo.

-¿Thunderlane…?- lo llamó Soarin, preocupado al igual que los demás.

-Ella se fue…- murmuró rápidamente alzando la vista y reflejar sus ojos cargados de dolor y lágrimas -. Applejack…y Las Rainbooms…- recorrió la mirada directa hacia de la de Cheese -…lo siento, amigo…

-¿Se han ido? ¿Dónde?- exclamó con ingenuidad -. ¡A patear traseros, claro!

-Cheese, ellas se sacrificaron para detener a Poison- explicó de prisa, como si así doliera menos al decirlo en voz alta, aunque no era así.

-Ehhhhhh ¡Nah!- exclamó rodando los ojos y empezó a hablar rápidamente:-. Acabamos de ver gente sacarse los sesos a sí mismos y nos invade una capa de oscuridad que altera a todos y creo que a nosotros no porque tenemos la magia de la amistad…- dijo como carretillas mientras los demás parpadeaban -...¡Claro que aún no lo han detenido!

-¡Entonces es mucho peor de lo que pensé!- exclamó, alarmado -. ¡Ellas se sacrificaron y él sigue libre!

-Thunderlane, creo que deberías calmarte- exclamó Cheese -. Esto aún no termi…

-¡Ellas murieron, Cheese!- se exasperó -. Pinkie Pie está muerta.

Soarin, Caramel y Flash, se pusieron en guardia a la explosión de Thunderlane y ver la reacción de Cheese, quien sólo se quedó mirando a Thunderlane como si sus palabras no tuvieran sentido.

-No, no lo están- aseguró sin perder su sonrisa de siempre. Thunderlane respiraba fuerte para esas alturas, quedándole mirando, pero bajó los hombros, vencido, y sólo se echó a los brazos de su amigo para abrazarlo fuertemente -. Oh, amigo, tranquilo. Todo estará bien- lo consoló dándole unas palmadas en la espalda, y sin que lo viera, curvó sus cejas -. Todo estará bien- repitió, con una sonrisa más frágil y el resto de sus amigos apoyaban sus manos en ellos, mirándose con una misma impotencia ante el incierto, pero juntos, unidos como siempre lo han sido, aún en estos momentos.

Con una agilidad casi animal, apareciéndose con aspecto felino y escurridizo, las zombie rainbows emergieron de la oscuridad olfateando al aire, pudiendo "oler el miedo" de los humanos cubriendo aún todo el alrededor. Salivando, sacando garras y doblándose ágilmente, saltaron cada una en diversas direcciones, separándose para encontrar humano que se encontrase, para obligarlos a mirarle la oscuridad hueca de sus ojos y con un alarido de terror, ellos se petrificaran y sus cuencas se llenaran de aquella negritud, tal cual le había sucedido a Golden Harvest.

Algunas ni siquiera se molestaban en que sólo les mirasen los ojos oscuros, sino que atacaban hasta la muerte y les robase el alma.

Eran tan rápidas, lanzando largos saltos y ágiles, metiéndose entre escombros o las escasas casas o edificios medios destruidos a colarse y arrastrar a alguna víctima mientras ésta gritaba de horror. La zombie Fluttershy había cazado a un niño que se revolvía entre sus garras mientras ella lo mantenía presionado contra el y le enseñaba sus cuencas vacías, cuando de repente, fue envuelta por todo el cuerpo y arrastrada hacia atrás varios metros, aterrizando de espaldas a los pies de la severa mirada de Lyra Heartstring, rodeada de un aura dorada.

-Deja de deshonrar el cuerpo de mi amiga- demandó con rigidez y la zombie Fluttershy abrió la boca para lanzar un grito gutural para aturdirla pero Lyra descargó energía a través de su látigo de notas musicales que tenía cubierta al cuerpo poseído de su amiga.

Entre tanto, caminando a cuatro patas y los cabellos caóticos en su cara, la zombie Pinkie Pie perseguía a un grupo de personas a las que terminó echándose encima y alcanzando a devorar unas almas, fue golpeada abruptamente seguido de un paralizante dolor.

-¡Corran, corran!- bramó Sweetie Drops colocándose delante de las personas que aún se mantenían en pie y levantó su bastón de dulce en cuanto la zombie Pinkie reaccionó y se le echó encima.

Sweetie puso el bastón entre ambas, haciendo la zombie Pinkie intentara llegar a ella para que le viese los ojos a punta de gruñidos profundos y ahogados que la hacían salivar.

-¡Hey, te vendría bien un poco de música!- exclamó Mistery Mint hacia la zombie Rarity, que desprevenida andaba de escombro en escombro. Mistery lanzó una esfera de energía que encerró a la zombie Rarity y la hizo estallar con una onda de sonido ruidosa.

Pernos eléctricos estallaban en el suelo en donde la zombie Rainbow Dash estaba por huir, dejando el suelo quemado. Rabiosa, aquella Rainbow vio sobre su hombro a Cherry Crash que se elevaba en el cielo con sus manos abiertas, encandelillando rayos entre sus dedos con una sonrisa retadora.

-Acércate, perra.

La zombie Rainbow gruñó y voló hacia ella, Cherry la atrapó entre sus manos y descargó rayos hasta hacerla gritar.

-¡SAL DEL…!- decía Lyra.

-¡…CUERPO…!- dijo Sweetie Drops.

-¡…DE MI…!- exclamó Mistery.

-¡…AMIGA…!- bramó Cherry.

Las cuatro descargaron de su poder en cada una de sus contrincantes, que chillaron del dolor y de la furia, hasta desfigurar su rostro grotesco y lanzaron un aullido gutural paralizante que hizo que todas se aturdieran con violencia, momento que se aprovechó para responderles el ataque, intentando más que nada, obligarlas a que las mirasen a las cuencas oscuras, cosa que ellas habían evitado a toda costa.

Mientras tanto, la zombie Applejack continuaba libre devorando las almas que encontraba de humanos vivos, pero persiguiendo a uno, se tropezó con uno de los cuerpos inconscientes por el aro de luz de Twilight. La zombie Applejack lo miró detenidamente. Podía sentir, que aún había un alma dentro de ese cuerpo pese que estaba inmóvil. Ella se acercó, inhalando fuertemente de la neblina cenicienta del suelo y exhaló una mucho más sucia por su boca sobre el rostro de aquel cuerpo, y entonces, despertó. Pero su piel se tiñó gris, endureciéndose en un aspecto de lagarto, en sus ojos le corrieron una tinta negra que se escurrió por su rostro, su espalda se arqueó hacia adelante y las manos y pies le crecieron el triple; en una apariencia de duende demoniaco que como un sapo, doblegó sus piernas y brincó zancadas largas por el alrededor, balbuceando un lenguaje inentendible.

La zombie Applejack volteó, recorriendo la mirada, a los cuerpos que estaban tirados.

"…hazlo…" le ordenó una voz interna y ella, quietamente, empezó absorber toda la neblina que pudo a través de su cuerpo, hinchando su pecho hasta que no pudiera sostener más la respiración y con un potente aullido, echó la cabeza hacia atrás con la boca abierta, expulsando de ella una enorme columna de niebla sucia que se extendió rápidamente por los alrededores, despertando cada cuerpo malherido del suelo y fueron, de uno a uno, sufriendo aquella transformación de criatura de inframundo, mientras la zombie Applejack levantaba una mano, de la cual todos miraron como si su vida dependiera de ello, y como si sostuviera los hilos que los controlara.

"…no puedes cambiar al mundo de lo que está hecho desde su creación…deja que el instinto propio reclame sus dominios…".

Twilight Sparkle se había disparado como un cometa directo hacia el eclipse que invadía parte de este mundo con el aura oscura de la magia de Poison, que si bien se ha comprobado con la magia suelta de la corona, esta puede mutar en el ambiente en donde está.

Concentrada en toda la magia que contenía en su interior, Twilight se acercó hacia toda la negrura que cubría parte del sol. Se supone que un eclipse solar se forma por la luna, pero este estaba formado por un enorme agujero negro, de donde se escuchaba ecos de alaridos, lamentos, llantos y sufrimientos. Parecía no tener fin, tan hondo e infinito como el mismo espacio.

Twilight se detuvo momentos en la entrada de ese enorme… ¿portal? Su mente hizo click rápidamente. ¡Este era el portal de donde viene Poison Sky! Un eclipse hace mil años en Equestria no solo liberó a Poison de su encierro ni le hizo dar una forma física, sino que liberó la magia oscura que poseyó criaturas que se volvieron peligrosas y creó al Bosque Everfree. Pero ese eclipse apenas duró unos instantes como para causar el nivel de daño que estaba haciendo ahora en el presente, en el que además, Poison parecía haber liberado su magia tal como la de la corona para que se activara en el peor caos de un enemigo hasta ese momento habían tenido: Flame.

La Tierra tenía su rotación. Si seguía girando enfrente del portal, la magia de Poison seguiría escurriéndose como una silenciosa ponzoña que terminaría por envenenar cada ser vivo en el mundo. Y cada uno, iría entrando a la locura desatada por El Silencio, Poison erradicaría a los humanos. Poison lograría morir. ¿Pero cómo involucraría a Equestria en esto? Y pensó, que si liberó de su magia en este mundo, muy capaz había hecho lo mismo en el suyo. Lo había hecho en el Árbol de la Armonía, matando desde ahí la forma física de la Princesa Celestia y Luna. Si sus amigas habían muertos, sus elementos también…sólo quedaba ella.

Twilight comprendió la trampa de Poison en su "trato". Si ella moría al explotar todo su poder para una muerte más rápida sin sufrimiento para los humanos, al morir ella, moriría su elemento, el Árbol de la Armonía quedaría completamente muerto y finalmente, nada terminaría de proteger a Equestria y su magia consumiría su mundo, terminándolo de envenenar.

Una inevitable oleada de rabia sacudió su cuerpo, hasta hacerla lagrimar.

-¡¿Cómo?!- le gritó directo al portal -. ¡¿Cómo pudiste crear todo esto frente a nuestros ojos?!- estalló -. ¿Cómo puedes ser… parte de él…?- farfulló, agachando la mirada con dolor. -. ¿Qué dirían mis amigas? ¿Qué diría Celestia? ¿Qué diría…Moon White?- retomó su mirada hacia el portal -. "Twilight, concéntrate"- se contestó ella misma, pese el dolor que sentía -. "Twilight, tú puedes"- empezó a darse ánimos -. "Twilight, te amamos".

Twilight sabía lo que tenía que hacer. Tenía que cerrar el portal que formaba el eclipse.

Desde el interior de esa enorme herida del espacio-tiempo, se podía oír un rugido gutural entre el coro de lamentaciones. Twilight miró el interior sin inmutarse ni un poco, con el temple endurecido mientras las líneas luminosas en su cuerpo se expandían más rápidamente a lo que ella iba acumulando cada vez más magia. Las corrientes de energía navegar en su interior la hizo entrar en un concentrado trance sin que desenfocara su objetivo, desafiando su mirar desde el infinito fondo de aquel portal, como si estuviese viendo el interior del propio Poison Sky. Porque lo hacía. Esto era él también. Estaba conectado al portal.

"Inténtalo, Majestad…" desafió Poison desde el plano en el que Twilight lo tenía atrapado, pudiendo sentir la presencia de Twilight en el portal. "Admito que tengo curiosidad, hasta donde alcanza su fuerza".

Desde el eclipse, Twilight mantenía la mirada al interior del portal con desafío mientras dejaba que las corrientes energéticas que invadían su cuerpo se aceleraran, la hicieran resplandecer hasta difuminar los bordes de la entrada de aquel portal.

Había perdido demasiado. Había sentido tanto dolor y sufrimiento. Había peleado hasta la muerte. Había sacrificado su amor. Había sido testigo de masacres. Y nunca antes, como ahora, se había sentido más fuerte y poderosa.

Su familia, sus amigas, sus vecinos, su mundo, su esposo…debía vengarlos.

Twilight desfiguró su rostro y expandió sus brazos, piernas y alas, y con un fuerte grito de esfuerzo liberó toda la magia que había estado conteniendo y empezó a quebrar cada espacio de su piel mientras la fuerza de las ondas de energías brotaban de ella hacia la entrada del portal para contraerlo.

-El miedo es un reflejo del ser humano sin capacidad de demora. Preferimos saber antes, aunque sea de fuentes incorrectas o poco precisas, lo que sea que maquille la realidad. Y montar una felicidad que dé estabilidad a nuestras vidas. Y el miedo, es algo, que nos veremos el lujo de desentrañar de nuestros instintos, para mantener ese montaje de normalidad, en la realidad. Así que dime, ¿Aún tienes miedo, Harvest?

Con un respiro entrecortado, Golden volvió a tener conciencia de sí misma, pero en lugar de hallarse en el cráter con las demás, se halló en una habitación que se le hizo muy familiar, en el que sólo se hallaba, una versión más pequeña de ella.

Aturdida, Golden observó a su yo de unos doce años. Vestida con aquel calentador y camiseta mangas largas gris oscuro, con lentes protectores y gruesas orejeras cubriendo sus oídos, mientras sostenía en alto un arma.

-No- contestaba la pequeña Golden -. No tengo miedo.

-¿Segura?- apareció de la nada, nadie más ni nada menos, que su mentor, Joe. El agente de mayor rango de la agencia, titulado por todos, el Superior.

Golden lo vio recorrer un vacío camino alrededor de su versión más pequeña. Y su pecho empezó a hincharse.

-Aún lloras, Harvest. Aún te tiembla los labios cuando disparas, como si pidieras perdón cada vez que tiras del gatillo. Aún tus pupilas se achican cuando van a golpearte. Aún, Harvest- le dijo, susurrante a orillas de las orejeras -, tienes miedo.

La pequeña Golden mantenía la posición firme apuntando enfrente, hacia el cartel de entrenamiento para dar al blanco, pero sus labios temblaron, y tanto la actual Golden como Joe, lo vieron.

-¿Por qué no eres un poco más como Drops?- sonrió mientras aquella Golden cerraba los ojos con dolor -. Tampoco debo esperar mucho, si no escogimos tus genes. Pero tienes el potencial. Por eso estás aquí. Al fin tienes tu lugar, con nosotros. Te apreciamos incluso más de lo que lo hicieron tus padres. Piénsanos como tu familia. La agencia te adoptó- le colocó sus manos a los hombros, como supuesta muestra de confortación -. Eres nuestra, Harvest…y te apreciaremos siempre y cuando- empezaba a entonar con frialdad mientras le presionaba los hombros con fuerza, lastimándola, y ella deslizaba la mirada hacia él, conteniendo la angustia -no tengas miedo…

-Basta- exclamó Golden sin aliento apartando la vista de ese escenario montado solamente para ella -. ¿Eres tú, cierto? ¡Poison!- gritó a la nada, hiperventilando, atrapada en aquel recuerdo de su pasado.

-Vamos a entrenar, Harvest…

-¡¿Por qué no te muestras, cobarde?!- continuó desafiando a la supuesta nada.

-…demuéstrame que ya no tienes miedo como dices.

-¡DIJE QUE TE MUESTRES!

-¡Háganlo pasar!

Y de pronto, apareció una tercera persona. Un niño un poco más bajo que Golden, pecoso y rubio, de ojos dorados, temblando hasta castañear los dientes, poseído del shock de lo que sea que haya visto o experimentado, caminando como si flotara, con los ojos desenfocados, hacia en frente del cartel del blanco.

Tanto la pequeña versión de Golden como la actual, dejaron redondear sus ojos enormemente.

-Vamos, Harvest- motivó Joe, con voz capciosa -. Dale al blanco.

Los labios de la pequeña Golden temblaron más. La rígida pose para disparar empezó a costarle mantenerla mientras trataba de hablar pero no se atrevía.

-¡¿Por qué quieres que vea esto si lo viví?!- rugió Golden al vacío -. ¡Sé lo que pasa! ¡No tengo que verlo de nuevo!

-Dispara, Harvest.

-Pero…- dijo la niña.

-¿Pero?- pronunció tan cortante que dolió como un frío puñal.

-Pero es de los nuestros.

-Me enorgullece tu lealtad, Harvest. Pero no te preocupes. No es de los nuestros. Ya no nos sirve. ¿Sabes por qué?

La pequeña Golden tragó fuertemente la saliva, cruzando miradas con aquel niño pálido hasta transparentar la piel y orinarse ahí mismo. Golden soltó una lágrima y respondió:

-Porque tiene miedo…

-¡Basta!- bramó la Golden presente.

-Qué lista, Harvest. Ahora dispara.

-¡No quiero ver esto!- continuó, con dolor en su voz.

-Hazlo, Harvest. Apunta.

-¡Detenlo, detenlo!

-Ahora suelta el gatillo.

-¡Detente!- bramó a la vez que se echaba en cuclillas y se llevaba las manos a los oídos, al mismo tiempo que se escuchaba un disparo.

Y El Silencio se coló en su interior, echada en aquella pose con los ojos profundamente cerrados, tal y como estaba en ese momento aquel niño preso del miedo. La pequeña Golden tenía sus ojos expandidos a más no poder, tragando fuertemente saliva y despacio, volteó a ver a su Superior, que le miraba con una decepcionante seriedad, incluso sádica.

-Fa-fallé- mintió Golden, temblándole los labios.

Y tan rápido como un rayo, Joe sacó un arma de su traje, apuntó al niño y disparó en seco tres veces. Cabeza. Corazón. Vientre.

Y fue ahí, cuando Golden había visto suficiente. Cuando por completo, había perdido su inocencia y esperanza.

Ese niño muerto a metros suyo, fue la primera muerte que vivió. Estupefacta, con la lengua entumecida y clavada en el suelo, miró la sangre agigantarse debajo de aquel cuerpo que hace un momento daba vida a alguien. A un ser vivo. A una persona. A alguien bueno. A un niño como ella.

-Yo no fallo, Harvest- exclamó Joe, apuntando el arma en su frente y ella pudo sentir el ardor del orificio recién disparado hirviendo en su piel, pero ella no se inmutó, resistiendo el dolor, resistiendo el terror, volviendo a verlo con la cabeza pesada cediendo de un lado a otro que esforzaba instintivamente mantenerla firme para no evidenciar el horror carcomiéndole el último rastro de niñez.

Y ese día, el entrenamiento cuerpo a cuerpo fue exageradamente duro y violento para ella, que Golden esperaba expectante, el golpe final. Porque lo sabía. Sabía que iban asesinarla. No iba a durar mucho más que aquel niño. Ya no les servía y su vida era insignificante y estorbable para ellos. Tal vez podía tener algo de dignidad. Algo de derecho propio. De decidir algo por su vida.

Y era cómo iba a perderla.

Mientras escupía sangre en el lavabo, le latiera cada parte de su cuerpo, la idea del suicidio estaba ardiendo en su frente como lo estuvo la boquilla del arma con el que Joe asesinó a ese niño.

-¿Puedes quedarte? Sólo por un rato…- suplicó Golden a Sweetie Drops, que aquel entonces, era tan dura y fría como solía ser -. Una hora, o menos si quieres. Pero…por favor…no me dejes sola…

-No puedes seguir así….- había sido su respuesta -…te juro que no sé por qué te escogieron. Es obvio que no harás ninguna diferencia. En serio espero que me cambien de compañero para que no me retrases más mi entrenamiento. Así ya nadie tendrá que lidiar contigo.

Entonces ella pensaba igual que ellos…

Y esa misma tarde al llegar a su cuarto, Golden caminó hacia el baño, dejó que la bañera se llenara, se miró al espejo y lo rompió de un puñetazo. Levantó un trozo en forma de gota y lo siguiente que recordaba, era hundirse al fondo de la bañera mientras se desbordaba el agua y caía como cascada al piso. Y ahí al fondo, por primera vez, ya no escuchaba el retumbar de los tres disparos.

Cabeza.

Corazón.

Vientre.

Cabeza.

Corazón.

Vientre.

Cabeza.

Corazón…

"-¿Tienes miedo, Harvest?

-No".

"GOLDEN…AÚN ESTÁS AHÍ…"

-"¡No tengo miedo!"

"-¡Están muertas, Golden!"

"SOY THUNDERLANE, ¿ME ESCUCHAS? SEA LO QUE TE PASE, NO DEJES QUE LA OSCURIDAD TE SUMERJA"

"-Esa no es Applejack…"

"-¿Tienes miedo, Harvest?"

"LA MAGIA DE POISON TE MANIPULARÁ DOMINANDO TUS PEORES PENSAMIENTOS"

La mirada perdida del niño.

"TÚ ERES UNA LUCHADORA. HAS SOBREVIVIDO A MUCHAS COSAS"

Su mano temblando quitando el gatillo.

"SÉ QUE SIENTES MUCHO DOLOR, POR PERDER A APPLEJACK"

El agua metiéndose en sus pulmones.

"PERO…TU LUZ AÚN NO SE APAGA"

"-¿Tienes miedo, Harvest?"

"…SIEMPRE TUVISTE UNA LUZ Y ELLA LO NOTÓ ANTES QUE TODOS. INCLUSO DE TI"

La punta del vidrio del espejo enterrarse en su piel.

"NO PIERDAS TU LUZ, GOLDEN"

"-Ya no estás sola, Golden…" le dijo Applejack, sonriente.

y la primera gota de sangre…

"-¿Tienes miedo, Harvest?"

-¡NO!- bramó de repente, rompiendo su pose engullida encuclillas, dándose vuelta al escenario montado, que ahora sólo era una tina de losa blanca y se lanzó sobre ella, sumergiendo sus brazos para sacar del agua, a su versión más joven, que salía de la superficie con un largo gemido ahogado mientras escupía borbotones de agua por la boca. -. ¡No morimos ese día! ¿Me oíste? ¡Deja de creer eso!- exclamó, sacudiéndola y la sacó de la bañera, pasando sus manos al rostro de la niña, quitándole los mechones naranjas de su rostro y le devolvía la mirada -. Deja de creerlo…porque ya no te da igual todo…- volvió a repetir en un susurro, mirándose en reflejo a los aguados ojos verdes de su versión pasada -. Jamás en tu vida como ahora, te importa absolutamente todo- sacudió la cabeza con dolor rodeando sus manos a los lados sus delgados brazos-. Tengo tanto miedo…todo el tiempo…- confesó sin aliento mientras le temblaba los labios, como solía hacerlo a esa edad -…siempre estoy asustada. Aterrorizada. Cada segundo de mi vida. Me da terror seguir viva, y gente buena muere todos los días. Como hoy han muerto…- parpadeó, resbalándose las lágrimas -. Tengo miedo, la gente buena muere y aún estamos vivas- la miró con fijeza, tal como lo hacía ella -. Somos unas supervivientes y seguiremos siéndolo, hasta el final- sentenció en un hecho -. Porque nos tenemos una a la otra. Nada de lo que te hicieron lo merecías. No tienes la culpa de lo que te hicieron. Lamento no haberte protegido. Lamento haberte olvidado. Pero no lamento no haberle disparado a ese niño. No lamento traicionar a la Agencia. No lamento sentir tanto miedo y dolor ahora, si fui, finalmente, merecedora de ser amiga de personas tan buenas…eso significa…- sonrió temblándole los labios -, que sigo siendo buena…-como un acto reflejo, su versión más joven imitó su reacción, levantando una mano a su mejilla -…aún tengo luz…- y Golden cerró los ojos sonriendo entre lágrimas, y uniéndose ambas en un abrazo, se fundieron una a la otra.

Golden resplandeció con una brillante aura naranja que creó un torbellino a su alrededor, desmontando todos aquellos recuerdos malditos que le astillaban por dentro. Voces e imágenes giraron a su alrededor de manera confusa y entrecortada, como siempre lo habían estado en ella. Aún podían afectar algo en ella. Aún podía sentir el miedo y el dolor como parte de ella…y es que así era. El miedo y el dolor era parte de ella, parte de la vida, como todo lo demás. Pero no iba dejar que gobernaran más.

-Este es tu terreno. Tus dominios- exclamó Golden dirigiéndose a Poison, sintiendo la calidez de su aura cubriendo cada parte de ella con los ojos aún cerrados, concentrada no sólo en su emoción, sino en la magia recorriéndola -. Pero, bastardo…- torció una sonrisa de lado -…Soy una Guardiana de la Armonía. Y mi luz es tu fragilidad- pisoteó un pie con fuerza con su Cutie Mark de zanahorias resplandeciendo sobre su pecho, que la luz que emergía de ella era tan potente y cegadora, que la oscuridad en la que estaba envuelta se retraía de ella, como si fuese un sol destruyendo las sombras.

Representaba la resiliencia y por un momento de debilidad, no iba a manchar al elemento de la armonía que simbolizaba. No iba traicionar su elemento. No iba a traicionar su luz. Y en cuanto ella abrió los ojos, pudo ver que más adelante, como diminutas estrellas, fulgían otras luces. Golden contuvo el aliento y corrió con fuerza hacia esas luces titilantes mientras la suya se expandía y la oscuridad no podía siquiera tocarla, cuando su luz era más fuerte que sus miedos al fin.

Con un pie rápido delante del otro, la pelinaranja no dejaba de sostener su mirada fija hacia las luces que cada vez iban dejando ver sus colores. Amarillo, celeste, morado, rosado y…

"¿Golden?".

Con gruñido bestial, la zombie Pinkie Pie se movía como un animal contra Sweetie Drops. Empezó a lanzar especies de ladridos extraños que la hacían salivar una sustancia espesa negra. Evitando verla a los ojos, Sweetie Drops intentaba evitarla y lanzaba golpes con su bastón de dulce que, al apenas toque, hacía recorrer un paralizante dolor a su contrincante. Aquella Pinkie chillaba de dolor pero al mismo tiempo no dejaba de írsele encima, cada vez sintiéndola mucho más fuerte e incluso lanzarla un zarpazo con sus ennegrecidas garras y Sweetie ahogó un alarido de dolor para esta vez, hundir el extremo de su bastón sobre el estómago de la zombie y atravesárselo, brotando de ella en lugar de sangre, más de aquel líquido espeso negro cayendo inevitablemente sobre Sweetie Drops que gesticulaba de dolor por el zarpazo y el esfuerzo de mantener retenida a aquella versión maligna de su amiga, que parecía no afectarle el apuñalamiento, fuerte como el principio.

Mistery Mint hacía brotar varias de sus esferas de energía seguidas que la Rarity zombie evitaba cuanto podía con su habilidosa agilidad que parecía predecir su ataque la mayor parte del tiempo que cuando estaba cada vez más cerca de ella, Mistery hizo reventar varias esferas debajo de ella para elevarse algunos metros del suelo y la Rarity zombie la siguió con un abismal salto alto, yendo contra ella con sus cuencas oscuras fijas en ella. Mistery esquivó rápidamente la mirada y se obligó a dispararse contra el suelo al reventar algunas esferas sobre ella que la hizo aterrizar bruscamente. La zombie Rarity se lanzaba contra ella y Mistery adolorida de espaldas al suelo estiró los brazos y reventó algunas esferas contra aquella Rarity, alcanzándola algunos ataques finalmente, pero que también cayó sobre la propia Mistery que aún así, ella se movió para apartarse de ella, pero entonces sintió que algo la agarraba de las piernas y enterrando sus garras a ella, la zombie Rarity la arrastró violentamente por el suelo mientras Mistery gritaba inevitablemente del dolor.

En el cielo, tanto Cherry Crash como la zombie Rainbow se perseguían mutuamente. Entre las nubes, Cherry lanzaba de sus manos pernos eléctricos en cada sitio que encontraba a aquella Rainbow volando a la cegadora velocidad a la que siempre había caracterizado a su amiga. Pero esta ya no era más su amiga. Cherry intentaba seguirle la mirada fijamente para poder apuntar con éxito los rayos que lanzaba, pero en una de esas, la zombie Rainbow emergió repentinamente cerca y con sus cuencas negras directo hacia ella. Cherry por casi le miraba fijamente pero logró esquivar la miraba y eso hizo que aquella Rainbow la tomara descuidada y se lanzó sobre ella con impulso. Ambas estaban cayendo a alta velocidad. Cherry era retenida con fuerza por esa zombie Rainbow que la empujaba hacia abajo contra el suelo. Antes que Cherry pudiera disparar de sus pernos eléctricos, el aullido aturdidor estalló tan cerca suyo que esta vez, la aturdió al extremo de hacerle perder por segundos la conciencia y aterrizó contra el suelo con violencia.

Fluttershy zombie miraba atentamente contra Lyra, que evitando mirarla a los ojos, se mantenía igual distanciada, atenta observando sólo el cuerpo de su contrincante. Ella despacio, iluminó sus manos y la versión poseída de su amiga no tardó en lanzar un aullido aturdidor tras otro. A ciegas y desorientada, Lyra lanzó su lazo de notas musicales, latigando al aire, al azar sin saber si estaba apuntando bien mientras la Fluttershy zombie esquivaba sus golpes aleatorios sin dejar de lanzar un aullido tras otro hasta que finalmente Lyra logró atinarla a ciegas. La capturó entre su lazo hasta taparle la boca, para que no continuara lanzando aquellos aullidos. Pero para su desgracia, después del aturdimiento en el que se encontraba, alzó la mirada y sus ojos se encontraron con las cuencas negras bien abiertas de aquella Fluttershy.

-¡No!- se gritó a ella misma, aprovechando el descuido, el cuerpo poseído de su amiga se libró de su lazo abriendo sus alas con fuerza y voló sobre ella, atrapándola entre sus garras y la elevó por los aires, obligándola a que la mirase.

En su resistencia a que les robase el alma, se percataron del parpadeo intermitente de luz que nacía desde el cielo. Con una mirada rápida hacia arriba, se dieron cuenta que las orillas del eclipse estaban desintegrándose y lo que parpadeaba en el cielo, era una potente fuente de luz que fulgía en forma de una estrella de seis puntas.

"Twilight…" reconocieron inmediatamente.

Manteniendo el desaforado grito, Twilight continuó emanando explosiones de energía mágica con su rostro concentrado al vacío oscuro de ese plano maldito, sin perder el control de ésta. Mechones de su cabello se empezaron a desprender, incluso de su propia piel, pero Twilight no paró ni un momento, ni siquiera podía sentir el dolor de su cuerpo desintegrándose lentamente. Solo tenía concentración para observar, como las orillas del portal, iban siendo carcomidos paulatinamente, perdiendo su forma, achicándose como si fuese un papel quemándose.

-N-no…vvoyy a…morir…- exclamó con profundo esfuerzo, sintiendo su boca y garganta completamente secas entre gruñidos de esfuerzo. -…recuuuu…peraré…el equil…ibrio…- su cuerpo se tensó, hasta tener involuntarias sacudidas que Twilight se dejaba doblegar. Lo soltaba todo, mientras su luz devoraba la oscura entrada a un plano de terror que no dejaría invadir en ninguno de los dos mundos que la habían recibido con el mismo amor.

Cuando desde el interior del portal, empezó a brotar columnas de humo oscuro que se movían como tentáculos, abriéndose entre el espacio que los separaba. Twilight no se inmutó de terror y sólo lanzó un alarido tras otro mientras la luz que desprendía se expandía, y daba forma a sus propios tentáculos luminosos y se precipitaron unos a los otros para atacarse mutuamente.

Los tentáculos oscuros intentaban acercarse a Twilight, pero ella se defendía con los suyos que se enredaban entre sí y latigaba contra la oscuridad. Entre más se iba cerrando el portal, más tentáculos oscuros brotaban con un gruñido bestial, en respuesta de resistencia. Del lado de Twilight hacía nacer más para responder entre su agitada respiración y gesto de descomunal esfuerzo. Empezaba a sentir los estragos en su cuerpo, el cual sentía que la limitaba para poder acceder todo el poder que tenía fusionado. Lanzó un grito de impotencia cuando sintió que algo le presionaba la pierna.

Uno de los tentáculos oscuros la había alcanzado. La hizo halar violentamente hacia abajo y ella cedió, perdiendo abruptamente la concentración de seguir cerrando el portal que apenas se distanció de él, éste empezaba de a poco, a expandirse nuevamente.

El fuego no cubría más a Sunset como lo habían hecho desde que fue su prisionera. Ahora, se introducían en ella desaforadamente y Sunset por un momento, se desconectó. Abrió los ojos y estos sólo encandelillaban llamaradas al igual que su boca que se mantuvo abierta para permitir que emergiera el fuego.

Sunset Shimmer había negado toda su vida recibir aquel poder del fénix que supo manifestarse en los últimos meses antes de que Flame se apoderara de su cuerpo. Temía convertirse en aquel demonio furioso que atemorizó a su escuela. Había cambiado, recibido la magia de la amistad y la aceptó con gusto por lo que representaba. Pero no aceptaba aquella que siempre estuvo dentro de ella. Y al negar lo inevitable, hizo que involuntariamente, Flame lo recibiera todo.

Si no quería que volviera a repetirse esta pesadilla, en cualquier mundo, en cualquier siglo, debía aceptar lo inevitable de una vez.

Debía aceptar el poder del Fénix del fuego el Heredero Celestial de la luz.

-¡ES MÍO!- chillaba Flame sin saber qué hacer, sólo volar inquieta alrededor , intentando volver a sumergirse en la magia pero ésta la negaba -.¡DEVUÉLVEMELO! ¡YO LO ROBÉ! ¡YO LO MEREZCO! ¡ES MIIIIIIIOOOOOOOOOO!

Pero Sunset aunque quisiera, no podía escucharla. La fuerza de aquella magia era desesperadamente abrumadora. Era una tortura casi agónica recibir borbotones de energía tan poderosa. Por fuera estaba impasible, pero por dentro, Sunset se revolcaba y gritaba, mientras en su mente cubría imágenes extrañas, de tierras áridas y volcánicas. Sentía sacudones en la cabeza que la hacían llegar en una histeria mientras seguía recibiendo alucinaciones de recuerdos hereditarios de aquellos fénix que habían heredado esta magia que ahora recorría cada espacio de su esencia, de su alma.

Veía bandadas de hermosas criaturas aladas cubiertas de fuego, rodeando a una que se inclinaba majestuosa y con profundo respeto, hacia un nido de rocas rojizas donde se elevaba enormes columnas de fuego brillante fuera de cualquiera hoguera común. El como el ave se introducía en él y como era poseída por la magia que su alma recogía. Iniciaba una lucha interna por equilibrarla hasta que su alma y la magia del Heredero Celestial de la Luz, fuesen una sola.

Así se era digno por ser su protector.

Ahora Sunset debía ser digna y ser una sola con ella. Algo que Flame obviamente falló, al desquiciarse y no encontrar el equilibrio.

Sunset debía hallar el equilibrio entre su alma y esa magia. Pero el dolor de haber sido prisionera en un limbo, la destrucción en los dos mundos, las muertes que incluye las de sus seres queridos, empezaba a volverse algo intolerable que la quebraba espiritualmente. Con tanto poder, el resultado siempre será la locura. No sabría por cuánto tiempo estuvo así. Soportando perder el control y perder la razón de una vez por todas. Lo sintió una eternidad. Y debía resistir. Resistir las emociones de venganza, de dolor y angustia. Se esforzaba en recordar a sus amigas, pero recordar que estaban muertas no estaba ayudando. No quería perder el control. No quería enloquecer. No quería lastimar a nadie. No quería ser Flame. No estaba segura qué quería ser. Sólo deseaba hacer que el sacrificio de sus amigas haya valido la pena, luchando que la magia no sea quien la controle, en mente y alma. Quería mantener la esperanza sobre todas las cosas.

"¡Sunset!"

Las llamaradas que salían por sus ojos se transparentaron de golpe y Sunset en algo pudo recobrar la vista.

"¡Sunset! No estás sola, ¿me oyes?"

Sunset no podía responder, aturdida del poder que recibía, los gritos y trinidos histéricos de Flame, y el hecho que ya estaba entrando a la locura al creer que escuchaba a…

"Trixie sabe que me oyes. Sabe que aún estás ahí. No estás muerta. Dije que iba a salvarte. Sunset, Trixie está aquí".

Las llamas de sus ojos se desvanecieron cuando sus lágrimas desbordaron por su rostro y vieron que, desde lo más alto, se abría un aro de luz tan similar al que tenía en su pecho, y de él, descendía Trixie, como un ángel.

Iluminada, con su plumaje cubriéndola simulando un vestido, con sus alas color cielo abiertas de par en par y su cabello flotando y brillando con destellos morados, Trixie logró abrir un portal hacia la inconsciencia en la que estaba sumergida Sunset e iba bajando hacia ella, mirándola con los ojos enfebrecidos de emotividad y alegría, con la sonrisa radiante y conmovida a más no poder, las lágrimas se escurrían por su cara mientras le estiraba su mano.

Mirándola en un trance, Sunset la esperó, disparándose desde su corazón toda la fuerza de voluntad que no la cupiera en toda su alma. Sunset no desprendía su mirada en Trixie, y sin notarlo, había levantado su casco que lentamente, se convirtió en una mano.

Le recorrió una descarga lenta por su cuerpo, que hizo que su pata empezara a tomar forma de brazo. Su hocico a una boca. Su cuerno desapareció y sus orejas se achicaron. Desde que miró a Trixie, Sunset pasó a transformarse en su versión humana.

Sunset resplandeció con un suave color dorado, a duras penas acordándose del poder que tenía en ese momento, porque sólo podía dejarse halar de la presencia de Trixie, más hermosa de lo que la recordaba.

Ambas se miraban con la ansiedad, de volver a estar cerca de la otra. Juntas de nuevo.

Y justo en el momento que se tomaban las manos, el cuerpo de Sunset descendió abruptamente, quedando sus manos vacías y tendidas una a la otra...cada vez más distanciadas…

-¡Sunset!- chilló Trixie en pánico mientras la veía hundirse hasta parecer que se le tragaba la oscuridad.

-¡¿Dónde estás?!- exclamaba Devious por la radio mientras intentaba adentrarse de lo que quedaba del subterráneo de la Agencia, esquivando cuerpos mutilados por sí mismos por la locura de El Silencio, como inconscientes por la onda expansiva de Twilight.

-Beatrix Lulamoon me teletransportó al otro extremo de la ciudad para quedarse con el cuerpo de Sunset Shimmer- exclamó Raven conduciendo una camioneta que encontró.

-¡Olvídate de ella! ¿También te apareció una luz?

-…- Raven calló un momento, al principio confundida por el cambio de prioridades, para bajar la mirada y ver que aún su pecho fulgía de un color blanco.

-Tomaré ese silencio como un "sí"- derribó una puerta, hacia la sala de control-. No eres la única, por lo visto, todos las tienen- exclamó, observando las pantallas, algunas apagadas y otras aún mostrando señal, pudiendo enfocar distintos puntos de la ciudad y mostrar a gente con aquella misma luz en el pecho -. No sé qué fenómeno causó esto pero ya no me sorprende. Todo se ha desatado hoy. Ellas nos los dijeron- aceptó a regañadientes -nos advirtieron de la magia que había y cómo despertaba diferente en cada portador. Ahora tal parece, todos hemos estado "infestados" de ella y se despertó colectivamente.

-¿Y ahora qué?- exclamó, aturdida, sacudiendo la cabeza -. ¿Somos como ellas?

-No- sacudió la cabeza, apretando los párpados -. Raven…

-¿Señor?

-¡Llámame por mi nombre de una vez! Olvídate, por este instante, que eres mi inferior. Éramos un equipo primero. Eras mi compañera. Eras…- se retuvo, contrariado -…eras…mía.

Ella parpadeó, con un levantamiento de cejas.

-No lo hagas sentir como si esto fuera el fin- reclamó.

-Si no todo sale bien, no tengo nada qué perder.

-Devious…- exclamó, desapareciendo su tono seco de siempre y el semblante brío por uno más suave, como si se transformara en una persona completamente diferente. El solo que le hablara así, lo hizo soltarse. Sus hombros tensos cedieron hacia abajo -…aún sigues siendo mío- susurró y él dejó cerrar los ojos con suavidad. -. Háblame.

Devious se apoyó contra la mesa de control, sumido en sus pensamientos.

-Se me ocurre algo. ¿Vas a confiar en mí?

-A estas alturas, en el fin del mundo…eres el único en quien confío…

Devious dejó escapar un pequeña risa y Raven sonrió de vuelta aunque no pudiera verlo.

-No somos como ellas, Raven…ellas son como nosotros.

-¿No es lo mismo?

-Exacto.

-Devious, no te en…¡MALDICIÓN!

-¡Raven!- exclamó alarmado al escuchar un golpe seco de algo cayéndose entre el grito de Raven y el chirrido del auto.

Raven giró en un semicírculo cuando repentinamente, una monstruosidad había aterrizado sobre el capot de la camioneta. Ella frenó a raya, conteniendo la respiración, observando con los ojos agigantados aquella criatura duendecilla golpeando contra el parabrisa, intentando alcanzarla.

-¡Raven! ¡¿Qué sucede?!

Raven tomó el arma que tenía y empezó a dispararle a través del vidrio, haciendo estallar el parabrisa y que la criatura chillara, echándose hacia atrás.

-¡Raven! ¡Raven! ¡Raven!- insistía Devious al escuchar los ruidos y que no le respondiese, empezando a buscarla en las pantallas.

Ella respiró violentamente, esperando que aquella cosa volviera a levantarse, con el arma aún en alto, cuando desde la ventana de su lado saltó hacia adentro y ella disparaba pero aún así, sintió como se empujaba con su peso y cayó desde atrás a un repentino vacío.

Raven mientras caía a una velocidad anormalmente más rápida, a su alrededor se extendió un espiral que se hundía sobre ella y retraía, siendo empujada de un lado a otro. Ella cundida en pánico, disparaba al azar y en cada disparo, era lanzada de un lugar a otro, como si cambiara de habitación. El color rojo, blanco y negro parpadeaba una y otra vez, como si estuviese atrapada en un cuarto giratorio y rodaba en cada lado sin parar. Intentaba huir contra la corriente que la obligaba a seguir rodando y cayendo. Hasta que apareció de nuevo aquel duende encorvado de piel de lagarto, que brincaba a su alrededor con una risa aguda y ronca que parecía caminarle como si tuviera bichos encima. Sus movimientos eran erráticos, casi como espasmos, aumentando ya su espeluznante presencia. Sentía que podía atravesarle el cuerpo como si fuese intangible y que incluso, se quedaba dentro recorriendo su interior. Podía ver como zonas de su piel se abultaban de un lado a otro hasta parecer que iba estallar, sintiéndole hasta en sus entrañas y que salía de su entrepierna, como si estuviese dándolo a luz mientras empezaba a devorarla desde adentro. La masticaba, la lamía, la escupía, la rasgaba…

Desde la sala de control, Devious observó horrorizado, cómo Raven se revolcaba en el propio asiento del auto, con los ojos que se le volteaban hacia atrás, luchando contra algo invisible mientras empezaba a gritar y llorar histéricamente.

Devious salió rápidamente de ahí.

Las últimas guardianas que quedaban, habían visto la estrella gigante hacerse frente contra la oscuridad del sol. Como ellas, Twilight Sparkle seguía luchando contra la oscuridad que invadía este mundo. Su luz, bajo el fondo oscuro que cubría todo el cielo, resplandecía, cada vez expandiéndose más. En el pasado, habían visto luz de magia fulgir, pero no como en esta ocasión. Esta emanaba una luz diferente, una luz que pese el terrorífico cuadro en el que se encontraban, brotaba preciosa. Y es que la luz más brillante, sólo proviene de la oscuridad más profunda. Sus ojos se expandieron entre su resistencia de ser poseídas por la oscuridad, como la estrella se empezaba achicar y la oscuridad que había estado encogiéndose, volvía a expandirse. Twilight necesitaba ayuda. Al menos…un empujón…

"La oscuridad permanece dentro de nosotros, como uno mismo…"

"…como la luz de nuestro espíritu…"

"…es una elección, escoger en donde inclinarse…"

"¡Y yo elijo que mi luz fulja sobre mi oscuridad!"

De sus ojos, fulgieron una brillante luz, que cada una las identificaba. Lyra con sus ojos dorados, Cherry de color verdes, Mistery morados y Sweetie Drops celestes. Y todas alzaron su mirada directo hacia la estrella que crecía en frente del eclipse, y como si las cuatro estuvieran conectadas de alguna manera pese estar en diferentes lados, complementaban sus palabras al mismo tiempo:

-No importa lo oscuro que esté- exclamó Cherry -, nunca olvidaré el elemento que represento: la confianza…

-…Empatía…- dijo Mistery.

-…Fortaleza…- aseguró Sweetie Drops.

-…Nobleza…- confió Lyra.

-¡Mientras haya una guardiana de la armonía en pie, tu oscuridad será sometida!- vocearon entre todas entre sus cejas fruncidas con la mirada en alta, brotando de ellas una columna de luz que se disparó directo hacia aquella estrella fulgente.

Cuatro columnas luminosas brotaron en diferentes lugares de la ciudad, que aquellos que se mantenían escondidos refugiándose del desastre, lograron verlas y la luz de sus pechos fulgieron a ellas en reacción, alcanzando a darse cuenta de la estrella que intentaba engrandecerse frente a la oscuridad del eclipse.

Como una reacción a lo que estaban haciendo, las zombie rainbooms se les iba abalanzar encima con un aullido aturdidor, pero no fueron afectadas, sin dejar de emanar cada una su columna de luz con el color que las representaba. Ellas le devolvieron la mirada a la versión zombie de la amiga que las había inspirado a alejarse de su propia oscuridad para enfocarse en su luz interior, sin el temor de ser afectadas por su oscuridad emanando de sus cuencas.

Cada versión poseída de sus amigas reaccionaron enseguida abriendo enormemente sus cuencas sobre ellas, pero las guardianas se mantuvieron firmes entre su ceño determinado y les devolvieron la misma mirada, emergiendo la luz de sus ojos fuertemente que hicieron retroceder a esas versiones oscuras de sus amigas y esta vez, ya no eran ellas quien huían de los ojos de sus contrincantes, sino que eran las zombie Rainbooms, que intentaron emanar un aullido aturdidor una vez más pero se quebraba apenas tenían contacto con la luz que emergían las guardianas, que al tomarlas y alzar la mano sobre su pecho, halaban una fuente de luz de algún color y al soltarla, esta salía volando precipitadamente por los aires, atraída en búsqueda de su cuerpo paralizado en algún lado, y regresarlo a la conciencia.

Desesperadas, emergidas en aquella columna de luz, las zombies Rainbooms chillaban tortuosamente y se sacudían como convulsionando mientras de ellas salían emergiendo almas atrapadas, como si ellas fueran una clase de contenedor.

Las almas liberadas salían de un lado a otro por el cielo y volvían a sus cuerpos.

-¡Yo elijo no seguir intimidada por la oscuridad!- corearon sin dejar de fulgir su columna, manteniendo aún al alterego de sus amigas entre sus manos e hicieron disparar su luz, al encuentro de aquella única estrella fulgiendo en el vacío que debía estar el cielo.

Los ojos de Golden se llenaron de lágrimas fijando su mirada a la luz verde emergente.

"¿Golden…eres tú?" volvió a surgir la voz.

-¿Applejack…?- reconoció quien le hablaba mientras ascendía una enorme sonrisa y observar los cinco elementos de Las Rainbooms fulgiendo en alto que juntos, formando un círculo cerrado, emanaban una sola luz arcoiris cegadora. Y del símbolo de tres manzanas, tomó forma de silueta de luz, con la apariencia física de la campesina, apareciendo ante sus ojos, ambas mirándose completamente sorprendidas. -. Applejack- la nombró impactada, con sus ojos hinchados al igual que los de Applejack, que la miraba de vuelta con asombro y conmoción.

"¡Es Golden!".

-¡Rarity!- reconoció la voz de la modista, volteando al símbolo de diamantes sin percatarse de la luminosa lágrima que salió rebelde de uno de sus ojos y vio asimismo una silueta luminosa dando forma al cuerpo de la modista.

"¡Golden está aquí!" se sorprendió Rainbow Dash y apareció del mismo modo.

"¿Cómo está aquí?" se desorientó Fluttershy apareciendo a la par que la fiestera.

"¡Golden estás dentro de Posion!" exclamó Pinkie Pie.

-¡Están aquí!- exclamó la pelinaranja sin aliento y una extraña sonrisa de euforia que le empezó a cubrir media cara-. ¡Todas están aquí! ¡No están muertas!- se llevó las manos hacia su cabello, esponjándoselo sin poder de dejar de sonreír y reír, pasando su mirada brillante en cada una, que le sonrieron emotivas de vuelta, como llenas de culpabilidad.

-¿No estás…enojada?- farfulló Fluttershy.

-¡¿Enojarme?!- sacudió la cabeza -. ¡Carajo, claro que sí!- exclamó pero sin dejar el estallido de emoción -. ¡Creíamos que habían muerto! ¡Pero están aquí! ¡No se han ido del todo!

-Tuvimos que hacerlo- le dijo Applejack con cierto tono de dolor en su voz pero a la vez firme.

Golden relajó el rostro y sus ojos se concentraron en ese mayor tiempo, como si pudiera interpretarla.

-Decidieron abandonar su forma física para dejar atrapado a Poison…entiendo pero…- recorrió las miradas en cada una -…esto no está funcionando. Con o sin ustedes aquí, Poison ha desatado un apocalipsis allá afuera.

"¡¿Qué?!" reaccionaron en diferentes maneras cada una, estupefactas.

"¡Él está sellado con nuestra magia!" exclamó Applejack.

-Él dejó su magia esparcida como la de corona- concluyó Golden entre parpadeos volviéndola a ver -y reaccionó por la maldad de destrucción que dejó Flame y afectó a aquellos que cedieron por el terror y el dolor. ¿No lo ven?- sacudió la cabeza -. Él dejó todo listo antes de que lo sellaran. Sabía que lo harían. Todo está saliendo como él quiere. Él quiere que estén aquí. ¡Y por alguna maldita razón predice lo que hacemos!

"¡Es que no puede ser que siempre esté un paso adelante nuestro!" exclamó Rarity con su fuerte tono dramático, aunque ya era el momento de serlo "¡Es como si nos espiara!".

Golden la miró repentinamente.

-¿Espiar?- repitió -. Es lo que hace…espiar…

"¿Golden?" la llamó Applejack, al verla repentinamente sumida a sus pensamientos.

-Él es como ellos. Como la Agencia- continuaba balbuceando para sí misma -. "La magia de Poison te manipulará dominando tus peores pensamientos…"- recordó las palabras de Thunderlane que llegaron a sonar dentro de ella…y expandió sus ojos -. Somos tan estúpidas- las miró panorámicamente -. Poison nos espió todo este tiempo, a través de nuestros miedos. Estos son sus dominios, ¿cierto?- exclamó, expandiendo sus brazos por la oscuridad -. Pensar en derrotarlo, pensar las crueldades de Flame, pensar en el sufrimiento de Sunset, de matarla, el de Twilight, el de Moon White, el de este y el otro mundo, pensar en perder a nuestros seres queridos…en nuestro propio dolor…

"…hizo que le abriéramos las puertas en nosotros a Poison…" terminó de concluir la idea Fluttershy.

"¡El desgraciado nos atacó hace mucho tiempo a través de nuestros sentimientos!" explotó Rainbow Dash, fúrica más que con él, consigo misma.

"Es inevitable sentir dolor" exclamó Rarity "Por eso siempre sabía nuestras debilidades y nos manipuló emocionalmente para que lo dejemos planear y debilitarnos desde..."

"…el corazón…" terminó la idea Applejack y Golden la miró. "Por mis corrales…eso tiene tanto sentido al fin. Golden, por el amor de Dios, ¡Hasta que dijiste algo útil!".

Golden frunció el ceño e iba a contraatacar, pero se detuvo.

-Normalmente, Drops era el cerebro, la razonable...la líder. Yo sólo era la de, ya sabes, de las mil máscaras, la impulsiva y recibía órdenes. O al menos viví bajo esa sombra siempre. Pero ya no. No me importa si hoy acaba el mundo o tuvo que acabarse para darme cuenta de eso. Pero yo no dejaré que ese maldito se salga con la suya. No soy más una agente en entrenamiento ni una impostora. Soy una guardiana ¡Y ustedes también son guardianas de este mundo! ¡Y el mundo aún las necesita!- parpadeó -. El mundo se está destruyendo…él está ganando y sus cuerpos han sido poseídos por su magia.

"Entonces si aún si salimos de aquí, no tenemos cuerpo donde estar" exclamó Rainbow con pánico. "¡Ahora sí estaríamos muertas!".

"¡Pero nuestro deber como guardianas aún no termina!" dijo Pinkie Pie.

"Y no va a terminar" aseguró Applejack "Golden, ¿Cómo llegaste hasta aquí?"

-Tu cuerpo poseído lo hizo- respondió, sin que ella lo entendiera del todo bien -. Es como si me hubiera devorado el alma. Pero aún tengo un cuerpo en donde volver, cosa que ustedes…- detuvo a raya lo que iba a decir, al cruzarse una idea en su mente -…cosa que ustedes también pueden…si comparten un cuerpo…- las demás la miraron impactadas -…si Lulamoon pudo recibir a Zephyr, ¿Por qué yo no?

"Golden, ¿Estás insinuando que todas nosotras esté en tu cuerpo?" exclamó Fluttershy.

-No voy a dejar que se queden suspendidas- negó con la cabeza rotundamente -. Ninguna se quedará sin un cuerpo.

"No podrás con todas" exclamó Rarity.

"Trixie pudo hacerlo porque su energía era compatible con la de Zephyr" exclamó Pinkie. "No puedes llevar a todas".

-Entonces si lo hago con una, las demás vuelven como elementos de la armonía y las llevaré conmigo- exclamó con convicción -. Pero no me iré sin todas.

-Aawwwww. ¡Nos quieres!- exclamo Pinkie con alegría.

Golden iba contradecirlo, pero ya no tenía objeto. Desinfló el pecho y dejó caer los hombros, meneando la cabeza.

-Supongo. Creo. ¡Sí!- terminó por escupir a regañadientes.

-¡AAAAAAAAAAAAAWWWWWWWWWWW!- se conmovieron todas con alegría.

-¿Ves que no era tan difícil?- canturreó Applejack para molestarla y Golden la volteó a ver con una sonrisa igual de burlona que ella.

-Maldita sea, Manzanas. Te saliste con la tuya- exclamó para cierta extrañeza de la vaquera y Golden resopló como si liberara una gran carga -. Son mi familia ahora.

Applejack enterneció la mirada, sonriéndose en alto.

-Siempre has sido lo suficientemente buena para serlo, Golden.

-Dime algo que no sepa- bromeó.

La pelinaranja deslizó una sonrisa de lado cómplice junto Applejack, provocando que sus auras se respondieran entre ellas, fulgiendo de luz al mismo tiempo. Sin que ni siquiera se esforzaran en pensarlo demasiado, tanto Applejack como Golden llevaron su mano a la otra y el pequeño contacto, creó que sus luces se mezclaran e inevitablemente, ambas se devolvieron una sonrisa, pero de pronto sus manos se atrajeron hacia sí, pegándose una a la otra, fusionándose.

A duras penas pudieron reaccionar cuando una potente fuerza las empezó a succionar una a la otra, para sorpresa de todas, hasta que sus auras se unieran en una sola, mientras las demás inmediatamente volvían a su forma de elementos y una fuerza, las hacía salir de ahí.

Twilight fue arrastrada por aquel tentáculo hasta hacerla alejar del eclipse. Aun sobre esta desventaja, ella no dejó de desprender de su magia ni atacar contra los tentáculos que parecían ser parte de un monstruo que habitaba las profundidades de aquel plano oscuro. Su cuerpo temblaba, había perdido rastros de piel y cabellera, y sentía como incluso el corazón le palpitaba sin exageración alguna, hasta explotar. Su cuerpo estaba siendo un impedimento y la estaba dejando en desventaja. Los tentáculos se multiplicaron y empezaron a capturarla por partes, arrastrándola hacia el portal. Twilight luchaba contra la fuerza que la halaba, pero su cuerpo estaba cada vez más deteriorado por tanta energía que lo consumía. Twilight sabía que si no hacía algo, ya, no sólo iba ser arrastrada a ese plano oscuro y dejar el portal abierto, condenando a los dos mundos, sino que su cuerpo se destrozaría y moriría. Y sabía que no podía morir. Aún no. Se negaba a perder esta batalla. Aunque estuviese sola…o eso por un momento pensó, cuando repentinamente, percibió una potente fuente de energía detrás de ellas. Twilight expandió sus ojos, viendo sólo la oscuridad de aquel portal, pero a su alrededor se reflejaba hermosas luces de colores que mezcladas entre sí como un propio arcoíris de color dorado, verde, celeste y morado, se impulsaba hacia ella. Twilight entreabrió sus labios, agradablemente sorprendida, y con una sonrisa, cerró su ojo y recibió aquella fuente junta de energía.

Confianza…nobleza…fortaleza…empatía…

Podía reconocer esos elementos. Podía sentir toda la calidez de esa magia fusionándose con la suya. Sintió como corrientes invadirle por todo su ser, que rompió los últimos bloqueos mentales que tenía, con el miedo atravesado en ellos. Y fue ahí, que iluminada por esos elementos, reconoció que aún se dejaba dominar por el miedo. Aún era limitada por el terror.

Allá abajo, aún no perdían su lucha. Y ella tampoco lo haría.

¿Qué si estaba sola? No, no lo estaba. Nunca estaría sola. Aún si todo parece perdido, jamás iba a dejar de intentar y luchar. Tenía su fuerza y la de sus amigas para inspirarla. No le dominaría el miedo ni la inseguridad. No de nuevo.

Mientras aún era halada hacia el portal y ella se resistía, recibiendo el poder de esas cuatro columnas, como oleadas de iluminación, recordó cómo su corazón lleno de venganza, ira y desesperación, iba ser que su enfrentamiento con Flame, causara el final de ambos mundos, y gracias a la revelación de Dinky Doo, logró impedirlo. Pero aún guardaba odio en su interior. Nunca antes había tenido ese sentimiento sobre nada ni nadie y era algo que dominaba en ella en los últimos tiempos. Odio hacia Flame. Odio hacia Poison. El odio era una fuerza abrumadora, pero incontrolable. ¡Por eso Poison sabía todo lo que harían! Sus planes eran predecibles para él porque antes de cundir el terror en este mundo con su magia oscura liberada y este eclipse, lo hizo primero en ellos. Dejó crecer el terror ante sus sentimientos de preocupación y empatía por sus seres queridos, de este y el otro mundo, reduciendo el verdadero poder de la magia de la amistad. Y esa era su verdadera esencia por el que transitaba: el miedo. Y es verdad, ella tuvo miedo. Ellas, sus amigas humanas, Sunset Shimmer, Moon White, todos estaban asustados y por ello fueron engañados y vencidos. Pero esto, ya había terminado. Su dominio del terror acababa ahora.

-¿Q-quieres…que en…tre…?- exclamó con esfuerzo con un ceño marcado en su rostro -. ¡En…tonces recíbeme!- bramó y dejó de resistirse, para dejar abandonado su cuerpo, que cayó cediendo entre las enredaderas de tentáculos oscuros.

Pero una silueta fulgente de Twilight se mantuvo suspendida.

Había usado el hechizo de transportación de magia que le había enseñado Moon White. Su conciencia ahora estaba fusionada con todo el poder de la magia que contenía de forma mucha más pura, sin un cuerpo frágil que limitara su poder y ahora resplandeciendo con las cuatro auras que la cubrían con aquella magia de esos elementos, no había tampoco odio ni miedo limitando su magia. Siendo sólo esencia de poder, Twilight liberada de los tentáculos, se catapultó directo hacia el portal.

"No…no puedo sentirla…" exclamó Poison desde donde estaba sellado, reaccionando por primera vez de ese adormecimiento de quietud que lo caracterizaba "…algo…finalmente ha cambiado…".

-No tengo miedo, Poison- exclamó Twilight determinante, fundiéndose entre los cientos de tentáculos que gruñían desde el interior -. No tengo rencor. Ni desesperación. Mis seres queridos que ya no viven, sé que ahora están bien. Y los que quedan, también lo estarán, porque no se darán por vencidos- sonrió -. Y yo tampoco-y en medio de todo, ella cerró su ojo y finalmente, liberó todo simultanea y repentinamente, ocurriendo una explosión enorme en forma de estrella que cubrió por completo no sólo el portal, sino que empezó a quebrar la oscuridad que había dentro, con su luz, no fusionándose, sino manteniéndose cada una por su parte por separado pero a su vez, complementándose.

"¡Nada de esto iba a ocurrir! ¡Nada de lo que está pasando estaba planeado!" exclamó Poison, quebrando por completo su apagada pasividad, alterándose por primera vez desde que todo empezó, recordándole a las reacciones de Flame "¡Esto no lo vi llegar! ¡¿Dónde está tu terror?! ¡¿Dónde está tu oscuridad?!".

-En mí se halla la luz y la oscuridad. No pueden vivir separadas- exclamó ella, como si recitara un hechizo -. Sin una, no existe la otra. Yo elegí mantenerme del lado más brillante, pero he aprendido aceptar la existencia de mi oscuridad, y es por eso que nunca fuimos contrarios, Poison, somos complementarios.

La dimensión de Poison empezó alterarse por completo. Aquel vacío de infinita oscuridad estaba siendo dividido por toda la magia que Twilight había hecho explotar en su interior, siendo de energía que no era pura de luz, sino mutada de la propia complejidad ambigua de la humanidad, era más que poderosa, complementaria a la de Poison, para de una vez por toda, afectar la esencia de Poison Sky, volviendo a ambos, uno mismo.

-Aun si los mundos acabasen algún día, nuestra dualidad jamás hará que dejes de existir.

-¡Cree que me ha derrotado! ¡Pero necesita más que esto para detenerme! ¡Sigo siendo vigente en cada interior de los seres vivos! ¡incluso en el suyo! ¡Yo estoy en cada uno de ellos y usted no se imagina, el control que domino sobre los dos mundos! ¡Aun conozco su dolor! ¡Sé su debilidad! ¡No va a salvarlo de mí!

Desde la dimensión en el que estaba el cuerpo de Moon White bloqueado en un cristal, empezó a agrietarse, filtrándose de la luz emergida por Twilight, pero a la vez de una espesa neblina oscura que cubrió la capa de cristal hasta que el cuerpo se rompió en cientos de pedazos, liberando de un solo impacto, las almas de Poison Sky y Moon White.

Con un escandaloso trinido, la enorme y temible ave mágica salió del cuerpo destrozado aún entre los cristales, pero arrastrando el cordón lumínico con el que se unía a Moon White. Desorientado y confundido, él vio a su alrededor con ansiedad, para hallarse debajo de la gigantesca manifestación del espíritu de la oscuridad que desde el centro de su pecho, se extendía una luz púrpura que emergía en un zumbido desde su interior. El ave trinó fúrico.

-¡¿Por qué sigue aquí?! ¡Destruí su cuerpo! ¡Él no vivirá! ¡¿Por qué no siente dolor?!-podía Moon White escucharlo telepáticamente, tratando de entender todo lo que estaba ocurriendo.

Poison esperaba que destruir un cuerpo donde pudiera estar Moon White, quebraría de nuevo a Twilight y la lograría desestabilizarla, pero no fue así.

-Porque él no es su cuerpo- exclamó la luz que emergía y Moon White observó, con impacto.

-¿Twilight?- exclamó, estupefacto -. ¡Twilight! ¿Qué estás haciendo?-gritó Moon White, tratándose de hacerse escuchar entre el zumbido y los trinidos salvajes de Poison, que cuando la luz tocó el extremo del cordón lumínico del lado de Poison, éste parpadeó y rápidamente, se desintegró.

Con los ojos agigantados, Moon White vio cómo aquella energía de sus propias almas que los ataba, se desintegraba hasta llegar a su extremo y desaparecer aquella unión que lo condenó desde su nacimiento. Su alma…ya no complementaba más con la de Poison porque…

-¡TWILIGHT!- gritó echándose hacia adelante al sentir que una fuerza lo halaba hacia atrás -. ¡Twilight, no! ¡¿Qué hiciste?!- reclamó, ya descubriendo lo que estaba ocurriendo, cuando unida desde un extremo de Poison, se formó la imagen de Twilight como alicornio, brillando en contraste a la oscuridad inquieta de su otro lado, creando un solo ser que une dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias. Un yin y un yang.

Twilight había alterado la esencia de Poison, que hizo que no fuera más compatible con la de Moon White, sino con ella. Poison no podría reencarnar, en nadie más, jamás.

Twilight miró a Moon White, que completamente desesperado, empezaba a diluirse, al no pertenecer más, ni al mundo físico ni a este plano.

Twilight le sonrió, genuinamente aliviada y feliz.

-No...no no no no- se rehúso él en pánico en desaparecer.

-Moon White, vete tranquilo, ya no tienes condenada tu eternidad…podrás volver a ver a tu padre.

-Twilight…- era lo único que podía decir, aún impactado por lo que estaba sucediendo.

-Te amo, Moon White…- fue lo último que él logró escuchar, antes de que su alma desapareciera entre bordes luminosos de aquel plano dimensional, mirándose ambos a los ojos hasta el final.

Hasta que ella fue derribada por su otro lado. Con un trinido bestial, aquel fénix la empezaba atacar, ahora sí, realmente enfurecido al no tener más control sobre ella. Twilight, concentró su energía, provocando que recorriera hacia la de Poison y este chillara de dolor, empezando lo que sería, una lucha eterna entre el control del otro.

Todos, desde la Tierra, pudieron ver la cegadora luz brillante cubriendo de nuevo toda la extensión, con el sol en el cielo, fusionado con una gran estrella, mientras el cuerpo de Twilight caía a lo largo del cielo que de una completa oscuridad, había entornado una extraña atmósfera en el cielo, en el que la luz y la oscuridad estaban deluídas, evidenciando la lucha que aún se mantenía, entre el bien y el mal.

Continuará...