IMPORTANTE!

NO poseo los derechos de autor, simplemente me divierto. Los personajes pertenecen a S. Mayer y la historia es de Federico Moccia.

Espero lo disfruten!


Capitulo 72

Bella entra titubeando, las persianas están levantadas hasta la mitad, la habitación se encuentra en penumbra. Edward está en la cama, tendido boca arriba; respira con normalidad, sin ninguna ayuda, sólo lleva una vía conectada en el brazo izquierdo y otra en el derecho. Tiene la almohada ligeramente inclinada. Entonces la ve, le sonríe y, con la poca fuerza que tiene, intenta hablar.

—Así es como siempre me he imaginado el paraíso.

Bella coge una silla de la esquina, la acerca al lado de la cama y se sienta a

su lado.

—Tonto, todavía estamos en el mundo de los vivos. —Le coge la mano, se la lleva al rostro, apoya la mejilla, la besa y la pone de nuevo en su rostro; llora en silencio.

Edward se da cuenta.

—Eh, no hagas eso, me gustó muchísimo el concierto.

Bella se ríe.

—Tonto por segunda vez.

Él también sonríe.

—Tienes razón, tenemos que ser más serios, debemos crecer.

—Sí, ya sería hora.

Bella, tras permanecer un rato en silencio, vuelve a hablar.

—Perdóname, me equivoqué, no sé en qué estaría pensando. No ha habido ni un segundo desde que nos separamos en que no haya querido estar así.

—Conmigo herido, a punto de morir...

—No, a tu lado. Cogiéndote de la mano mientras hacías algo aburrido o divertido, útil o inútil, estar contigo como fuera, vivir cada uno de tus días, sola contigo, fundida en ti, sin darte la posibilidad de distraerte con cualquier otra cosa.

Edward exhala un suspiro.

—Pues así me he salvado todos estos meses.

Bella sonríe.

—Sí, pero no podías librarte para siempre. Ahora estás acabado, estarás siempre conmigo...

Edward levanta la ceja izquierda.

—¿Estás segura? ¿No será que me harás dar otra vez la vuelta al mundo? Es que no te creas que resultas fácil de seguir. Y, además, de vez en cuando tengo algún compromiso.

Bella sonríe.

—Me lo imagino. —Luego, en silencio, vuelve a besar su mano, varias veces, durante un buen rato, y no puede retener las lágrimas—. ¿Me perdonas?

—¿Por qué?

—Por todo.

—Sí.

—¿Me amas?

—Muchísimo.

—Yo más.

—¿Estás segura?

—Sí.

—¿Cómo puedes superarme? Te aseguro que mi amor es enorme.

Bella se ríe.

—Porque lo sé y basta. Te amo yo más y punto. Y no discutas.

Edward sonríe.

—Está bien, pues ya no discuto.

Con la otra mano, aunque con un poco de dificultad, Edward le acaricia la cara. Bella le coge también la otra mano, las sostiene juntas y se hunde en ellas; respira en su interior, escondiéndose, acariciándose, perdiéndose.

Edward la deja hacer durante un rato, luego se acuerda de algo.

—¿Me haces un favor?

—Sí, dime.

—¿Coges mi chaqueta? Está allí, colgada en la silla.

Bella se levanta, la ve y se la está a punto de tender cuando él la detiene.

—Mete la mano en el bolsillo...

Bella rebusca con un poco de esfuerzo, lo encuentra. Es un paquete envuelto con papel antiguo y un cordel, parece uno de esos envoltorios de los años setenta que se enviaban con el sello de lacre. Encima sólo se lee: «Para ti, Bella».

—¿Es para mí?

—Sí, pensaba que antes o después nos encontraríamos y tenía la esperanza de dártelo.

Se queda mirando a Bella mientras ella disfruta abriendo el paquete, se deleita con su belleza sencilla, única, especial, que con el maquillaje corrido, en la penumbra de la habitación, en la luz de ese nuevo día, lo hace sentir feliz como no lo era desde hacía tiempo. Ella no puede creer lo que ven sus ojos.

—No me lo puedo creer... ¡Pero si es la partitura de la Pasión según san

Mateo de Bach, la que hizo Mendelssohn!

—Sabía que la reconocerías.

—Así pues, me has seguido desde el principio...

—No siempre... —Bella mantiene la esperanza de que los momentos en los que estuvo ausente sean los que más la incomodan, pero no quiere pensar en ello. Edward le sonríe—: Cada uno de tus instantes ha sido para mí un momento de felicidad, cada uno de tus conciertos me ha emocionado siempre, tú me has hecho amar la música, y espero que algún día, cuando quieras, toques para mí esa partitura...

—Tocaré siempre sólo para ti.

Se le acerca, le da un beso delicado, apasionado, lleno de amor, bonito como todas las sonatas de Chopin, de Mozart, de Bach, como las melodías del amor, el amor verdadero que Bella ha conocido sólo con él. Después le sonríe.

—¿Cómo estás?

—Te lo repito, para mí esto es el paraíso.

Bella se ríe.

—Ahora tienes que descansar, no sea que llegues a las últimas y no podamos seguir hablando del tema...

Llaman a la puerta.—¿Se puede? ¿Molesto?

Aparece Savini. Edward le hace un gesto para que entre.

—Pasa...

Gregorio entra y se queda en el centro de la habitación.

—Bien, diría que es hora de descansar, de estar tranquilos, de no desbaratar este difícil equilibrio que por fin me parece que se ha alcanzado... ¿Es así? Edward y Bella se miran y sonríen.

—Sí.

—Así es.

—Bien. Entonces, si estáis de acuerdo, nos vemos más tarde, cuando todos hayamos recuperado fuerzas, y de manera más tranquila decidiremos los próximos pasos...

Bella aprieta la mano de Edward. Él no se la suelta, la atrae hacia sí para robarle un último beso y, a continuación, le sonríe.

—Perdona, pero es que no me parece real.

Ella le dedica una preciosa sonrisa, se dirige a la puerta y se vuelve hacia él antes de salir. Edward, durante un instante, se pone serio.

—Oye, nada de bromas, no desaparezcas, ahora no podría seguirte los pasos.

—Lo sé, pero no te preocupes. Acabarás harto de mí.

—Espera...

Bella se vuelve otra vez.

—¿Qué hay?

—Quería mirarte una vez más.

Ella sonríe.

—Nadie me ha mirado nunca así.

Y piensa que es por esos momentos que inventaron el amor, es un instante, pero tan bello, tan único y especial que sólo por eso vale la pena afrontar cualquier dificultad. Sale de la habitación con Savini. Edward exhala un suspiro y sonríe, después cierra los ojos. Ahora ya puede descansar, por fin es feliz. Sacude la cabeza recordando la frase de Bella: «Acabarás harto de mí». No ve el momento de sentirse arrollado por ella, sin límites, a diario, para siempre, tanto como para enloquecer. Y mucho más.