Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 44.


En esta ocasión ya no lloraba, pero el alma se le partía siempre en mil pedazos. Veía a su hija allí, dormida, pero con una expresión de angustia en su rostro, que no la dejaba estar en paz.

Y también recordaba a su hijo, que estaba todavía más grave. ¿Por qué justamente ellos, los inocentes, debían pagar por sus errores?

Vio a su esposo levantarse a tocarle la frente a su pequeña hija y entre tanta desgracia, sonrió por primera vez en muchos días.

—Ya está mejor. —Comentó, con un tono especialmente tranquilizador.

Su mujer asintió.

Él también estaba completamente devastado y su carácter sufría los estragos de aquellas desventuras. Sus hijos estaban en cama, sedados y con problemas en sus vidas. Después de toda esa basura, ya no estaba seguro de si realmente quería presionar a InuYasha para casarse con alguien que no amaba.

Aunque Kikyō fuera la mejor mujer del mundo, no permitiría que su hijo muriera simplemente por hacer caso a sus deseos de padre estricto. Siempre les había dado la libertad de ser, de tener responsabilidad y de amar con locura. Pero no entre ellos, no entre gente de su sangre.

Miraba a Kagome, su pequeñita. Tenía el entrecejo ligeramente fruncido, con molestia. Se arrepentía mucho del día en que la trató con frialdad, debido al vídeo que vio. En esos momentos no importaba mucho aquel material o quién se lo envío: importaban las vidas de sus pequeños.

Tōga le había ayudado a Midoriko a vestir a Kagome, mientras ella, inconsciente, se tambaleaba entre los brazos de sus progenitores.

—El suero y los medicamentos están haciendo su trabajo. —Dijo la mujer, por fin—. Esperemos que despierte pronto.

—¡Hola! —Miraron inmediatamente para la puerta y encontraron a una jadeante Sango, que les hacía una reverencia—. Vine lo más rápido que pude. ¿Cómo está Kagome?

—Estable, hija, bastante mejor. —Midoriko la volvió a mirar.

—El calmante la tiene descansado, Sango. —También comentó Tōga, en la misma posición—. Gracias por venir, querida.

—No es nada, lo hago con gusto. —Cerró la puerta tras de sí y les entregó un termo con té de manzanillas bien caliente—. Escuché que pasarían la noche con InuYasha, así que pensé que esto les sería útil.

—Te lo agradezco mucho, cielo. —Habló la señora de Taishō, levantándose—. Sí, pasaremos tiempo con nuestro hijo, pero vendremos a ratos para acá. Cuida de mi niña, por favor.

—Lo haré.


Así que InuYasha no quería despertar.

Suspiró, cerrando los ojos. Era lo que se temía: definitivamente no quería casarse con ella. Cruzó las piernas y se echó para atrás en la silla. Lo observaba fijamente, pero ya no sentía tanta tristeza como antes. Deseaba despertarlo y preguntarle por qué demonios le había mentido de esa manera, ¿por qué habían estado a punto de casarse si él no quería hacerlo? ¿Quién lo estaba obligando, si él había sido el estúpido que se lo propuso?

La ira se agolpó en su cara y le enrojeció el rostro. Respiraba fuerte y apretaba las manos, haciéndolas puños. Sentía que lo estaba odiando. Sin embargo, aún le preocupaba el estado de salud. Después de que todo eso pasara, hablaría seriamente con él. Sino estaba listo para el compromiso, pues…

—Kikyō.

Observó rápidamente para la entrada de la habitación y se levantó de inmediato: eran sus «suegros», que se dirigían a ella con cierta timidez. ¿Tendría una expresión horrible en su rostro? Les sonrió.

—Señor y señora Taishō. —Llegó hasta ellos cuando cerraron la puerta tras de sí y les hizo una reverencia—. No sabía que vendrían.

Tōga caminó por delante de su esposa y llegó hasta la aludida. Con cuidado la tomó por los hombros y observó con decisión y algo de pena. Suspiró. Kikyō sintió escalofríos cuando la gran figura imponente del padre de su novio, se elevó justo frente de ella. Y se sintió pequeña, aunque en verdad era su orgullo lo que más tenía herido.

—Kikyō, no sabes cuánto lamento todo esto. Tu honor y el de tu familia han sido mancillados y como hombre honorable que soy, declaro mis profundas disculpas en mi nombre, el de InuYasha y toda nuestra familia. También hablé con tus padres y asumo todos los gastos de la boda que no se pudo realizar y…

—Creo que nos adelantamos. —Culminó Midoriko, dejando atónitos a los presentes. Kikyō la observó con los ojos bien abiertos y picando, no sabía si por el dolor o por la ira, ¿de qué estaban hablando?—. InuYasha no está listo aún para casarse y menos después de esto… ¿Lo puedes entender, querida?

La miró con una profunda pena. Se notaba que esa muchacha amaba a su hijo, pero por el bien de ellos, tendrían que separarse y no volver a intentar nada. Por ahora no sería tan directa porque estaba segura que el mismo InuYasha se encargaría de romper con ella y anular el matrimonio civil.

—Tus padres han aceptado mi ofrecimiento, hablé con ellos poco antes de que partieran. —Comentó Tōga, de acuerdo con cada palabra que su mujer había dicho.

—Pero… esto fue un accidente, no implica que InuYasha y yo no podamos estar juntos, solo fueron… —dudó por unos instantes, sabiendo perfectamente que se estaba mintiendo a sí misma— cosas de la vida.

La mujer de largos cabellos negros y corazón afligido sonrió, apenada. Ya sabía que Kikyō le diría algo como eso.

—Son cosas que hablarás con tu novio, Kikyō.

Eso, solo fue eso lo que le dijo.

Después de unos minutos, le dijeron que pasarían la noche con InuYasha y que podía irse a descansar, si deseaba. Kikyō, con mucha mala gana, se retiró, entendiendo que necesitaban tiempo a solas, ahora que Kagome no era la perenne guardiana de Taishō. Sintió extraños escalofríos de ira, que la asustaron.

Tōga tomó una silla que estaba abandonada a una esquina de la habitación y se sentó a lado de su mujer, a contemplar a su hijo. Le tocaron las manos y la frente suavemente, como dándose ánimos para seguir. Ya no se preguntaban por qué seguía sin despertar; la explicación del médico les había dejado en claro la razón. Entendieron que la responsabilidad a la que él no quería enfrentarse, era a su matrimonio forzado, por eso habían hablado así a Kikyō.

Y Midoriko vio temor en los ojos de Hishā, comprendiendo que ella también sabía de lo que se trataba. Esa relación ya no tendría ningún futuro y para ese tiempo, ya no había marccha atrás.

Afuera, la noche había caído y las hermosas luces iluminaban Shibuya.


Cuando despertó, lo primero que sintió fue un dolor agudo en la cabeza y el cuerpo. Sentía como si la hubieran molido a golpes con un bate de béisbol. Bastante magullada.

Miró para el techo y notó que estaba en la clínica. ¿Por qué había llegado ahí? Un recuerdo fugaz la estremeció: el accidente de su hermano. Claro, estuvo tanto tiempo cuidándolo y descuidándose, que ya había colapsado por completo. Al menos ya no se sentía nerviosa al recordar todo lo sucedido. ¿Estaría bien?

Sintió ganas de morir cuando a su mente llegaron las escenas del bochorno que hizo frente a Kikyō. Recordaba a medias lo que le había dicho y esperaba no tener problemas después.

—¡Kagome! —Exclamó con alivio y alegría, mientras corría hacia la camilla.

Regresó la vista hacia su amiga, que la observaba con lagrimillas en los ojos. Sonrió ampliamente, como si no la hubiera visto en bastante tiempo.

—Estoy bien, Sango.


—InuYasha nunca debió casarse con Kikyō. —Comentó parsimoniosa, sin despegarle la mirada. Le dolía el alma al verlo ahí, lleno de moretones y vendas, dormido, como muerto.

El recuerdo de aquella fatídica noche la invadió y sintió escalofríos. Volvieron sus ganas de llorar.

—No, fui yo… —Se echó la culpa y lo hacía en serio. Estaba completamente arrepentido—. Quería que InuYasha hiciera lo correcto.

—«Lo correcto». —Repitió, secándose las lágrimas con los dedos—. Te dije que esto pasaría, que no debías orillarlo a casarse con alguien que no amaba, y sí… —hizo un gesto de alto, cuando su marido regresó a verla y abrió la boca para decir algo—. InuYasha está enamorado de su hermana.

Tōga se rindió, por primera vez en sus cincuenta y siete años de vida.

—Es repugnante.

—Todo esto no habría pasado si InuYasha fuera mi hijo. Es mi culpa, nunca debí permitir que sucediera esto. —Se llevó la mano a la boca, para ocultar su mueca de dolor.

—No, no, no te culpes —Tōga la tomó del rostro y le dolió tanto verla sufrir de esa manera. Se arrepentía del día en que pidió la mano de Irasue—. No importa quién haya dado a luz a InuYasha, su madre siempre vas a ser tú.

—En…en dónde… —balbuceó, soltando un grito de dolor puro justo después de abrir la boca— ¿en dónde…está…Kagome?

A los pies de la camilla, sus padres se miraron en shock y con una mezcla de alegría y ansiedad. ¡InuYasha había despertado!

Continuará…


¡Al fin ha despertado InuYasha! Y como suponen: ha escuchado a sus papás. Este capítulo también tiene cara de ser tranquilo, pero no por mucho :0

Laurita Herrera: Muchas gracias, hermosa, en serio. Sí, hay cosas que a veces no pasan, pero queda recordar de la mejor manera. Miroku marcó su sentencia de muerte ahí;(

Elyk91: ¡Qué bonito es despertar y ver un comentario tuyo, hermosa! Sí, después de capítulos fuertes, es bueno refrescarse, ya que todos los personajes viven esto de otra forma, en este caso Kikyō, quién entiende muchas cosas en el proceso. Mil gracias por tus hermosos comentarios siempre y por estar pendiente a cada actualización. Me llena de amor.

Ally Taisho: ¡Te adoro y te deseo toda la suerte del mundo! Gracias por estarme leyendo.

Dav Herreras: ¡Oh, gracias por mencionar lo de las minúsculas! Claro que comprendo, no te preocupes. Claro, lo que pasa es que Kikyō no puede ir más allá con sus sospechas, imagínate pensar que su propia hermana es la amante. No. Kikyō no encuentra a la otra mujer y creo que en algún mome6se cuestionó la cordura por imaginar algo así. Por suerte Kagome no dijo nada malo, sino imagínate. Pero se está acercando el momento de la verdad. Bueno, para el capítulo 56, exactamente.

Iseul: Lo bueno de que seamos amigas es que puedo darte amor en audios por tus reviews hermosos. Sí, también es feo narrar a InuYasha así.

Chechy14: ¡Wau, millones gracias por tu pasada en mi perfil! Gracias por todos tus comentarios y tus favoritos, en serio gracias. Aunque son historias de las que no me enorgullezco mucho, tienen un gran valor sentimental para mí y espero poder corregirlas algún día. Aún deben pasar muchas cosas :(

Invitado: ¡Me alegro mucho de que te hayas enganchado, eso me hace muy feliz! Por favor, pásate más seguido por aquí, me hace feliz leer tus comentarios. Y la historia está en actualización, no te preocupes, que no pienso dejarla.

¡Y gracias por los 430 comentarios! Wau, esta historia es una locura.

En el próximo capítulo:

«—Casi te matan y todo por robarte el celular.

—Había información muy importante allí. —Comentó, cambiando la bolsa de hielos al otro lado de la cabeza. Al caer al pavimento, se había golpeado sin querer algunas partes de la cabeza y el brazo derecho—. Muy importante.

[…]

—¿Es algo malo? —Se estaba poniendo demasiado nerviosa.

—Acompáñame al laboratorio, necesito una muestra de tu sangre.

[…]

—Eso espero. —La veía sostener el sobre blanco entre sus manos y ya no quería saber qué había allí—. Por favor, si se trata de cáncer, no me digas. —Cerró los ojos, al borde las lágrimas.»