Harry Potter pertenece a JK Rowling.

Tokyo Ghoul pertenece a Sui Ishida.

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Este es un Fic con una Fem-Harry (llamada Artemisa, en esta versión), podríamos decir que es como otra versión del Fic "La Chica del Rayo".

Aquí Artemisa será un Ghoul (Estilo Tokyo Ghoul).

Aquí los padres de Artemisa, están vivos, y tiene dos hermanos menores.

Harem: Hermione Granger, Padma Patil, Daphne Greengrass, Susan Bones, Tōka Kirishima, Lily Potter y Stephanie (su hermana menor OC).

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Artemisa: The History of The Queen Ghoul

Capítulo 45: Oclumancia, supervisiones y clases de Defensa

― "Maldita Potter" ―lanzó un gruñido susurrado. Voldemort, era un maestro en la Legeremancia, en el arte no solo de ingresar a una mente, para visualizar sus posibles recuerdos. Sino también, en el arte de crear falsos recuerdos. Pero, inesperadamente, Potter resultó tener buenos escudos Oclumánticos, por más básicos que estos fueran.

Un escudo Oclumántico básico, era generar una muralla de magia, alrededor del hipocampo, (lugar del cerebro con forma de caballito de mar), donde los recuerdos eran guardados. Pero Potter, había generado una especie de esfera defensiva, alrededor del Hipocampo, basada en este mismo principio. Luego, trató de atacarla en el sistema límbico, que es la encargada de otorgar los sueños, pero se encontró con prácticamente lo mismo. Presionó y presionó, hasta lograr entrar en el sistema límbico y emplear su Legeremancia, para generar un sueño lucido: La puerta de la Sala de Profecías del Ministerio de Magia.

Necesitaba escuchar la profecía completa. Hace ya quince años, Severus Snape, uno de sus más grandes Mortífagos, había escuchado las primeras líneas de la Profecía, y así, había apuntado a los Potter y los Longbottom, pero al acabar muerto, como un espectro, fue obvio que fracasó en algo. Pero únicamente ahora, logró descubrir lo que era: La profecía estaba incompleta, necesitaba escucharla, necesitaba descubrir en qué se había equivocado. ¿Y qué mejor, que lograr que su enemiga fuera por el objeto que él necesitaba?, y para esto mismo, quería emplear la Legeremancia, quería que la propia Artemisa Potter, adquiriera la Profecía para él, pues solo las personas sobre las cuales hablaba la profecía (Artemisa y él), podían extraerla sin problemas.

Pero de ninguna manera, iría él en persona.

Actualmente, el Ministro de Magia, Cornelius Fudge, estaba negando su resurrección, y eso estaba permitiendo a sus Mortífagos, moverse por el país, al tiempo que algunos de ellos estaban siendo enviados fuera del país, a lugares inhóspitos, con gigantes, trolls, ogros, elfos oscuros, licántropos, entre otras muchas criaturas, para entregarles a aquellos clanes, con los cuales estaba haciendo planes, unos Trasladores, para que vinieran a Inglaterra, cuando el momento propicio surgiera, y estuvieran por aplastar a Hogwarts, y entonces él, se volvería su director y la convertiría en una escuela de magia oscura, única y exclusiva para los magos Sangre Pura, tal y como había deseado Salazar Slytherin.

El problema que ahora se le presentaba, estaba en que Potter tenía escudos Oclumánticos. Estaba impidiéndole enviar las imágenes sobre la sala de las Profecías. "Mejor que Potter adquiera la profecía, y que luego mis Mortífagos me la traigan", ese era el pensamiento de Voldemort, mientras que su cuerpo se iluminaba, producto de varias runas escarlata, que aparecieron y volvía a enviar la onda de Legeremancia, con tal de enseñarle el lugar exacto, la puerta, de la Sala de las Profecías, obligándola a entrar. Pero, una nueva onda Legeremántica, le contraatacó y ahora, Artemisa veía sus recuerdos, sobre los Mortífagos a los cuales, Voldemort enviaría, para que ella les entregara la Profecía: Lucius Malfoy, Torquin Travers, Oliver Crabbes, Bellatrix Lestrange, Rabastan Lestrange y su hermano Rodolfus, Albert Ribbons, Justin Aklaman, Antonin Dolohov, Tholfinn Rowle y Evan Rosier.

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― "Arti, despierta" ―susurró una voz, en lo que la pelinegra de ojos verdes, abría sus ojos. Hermione tenía una de sus manos, en el hombro derecho de la Ghōul, a su otro lado, estaba Padma, y ella estaba agitada. ― "Estabas moviéndote y balbuceando en sueños, sacaste tu Bikaku, y me diste un golpe"

― "Perdón" ―susurró, se pasó una mano por el cabello, para luego hacer una mueca de asco, estaba sudada.

― "¿Está todo bien, Arti?" ―preguntó Padma, preocupada.

― "Ahora sí" ―dijo Artemisa, para luego mirar a su querida castaña. ― "¿Que sabes sobre la Legeremancia, querida?" ―preguntaba, mientras acariciaba la mano de Hermione.

― "Es un tipo de magia, que se usa para explorar la mente y los sentimientos; en cambio la Oclumancia, es una forma de contrarrestarlo" ―susurró Hermione. Artemisa asintió.

― "Voldemort está usando su Legeremancia" ―contestó Artemisa― "Sé a dónde quiere hacerme ir, sé lo que busca, pues mi padre me llevó el año pasado y ahora, ese objeto estaba en mi poder; luego de conseguir la información, la copié en un pergamino y la destruí" ―ambas chicas la miraban, se acercaron más a ella, ahora las tres ocupando la misma cama.

― "Engorgio" ―susurró Hermione, la cama se hizo más grande. Ambas chicas, soltaron un gemido, al sentir como Artemisa las abrazaba. ― "Entonces, no hay un peligro real, ¿no es verdad?"

― "Exactamente" ―dijo Artemisa, para luego suspirar, revisó sus escudos Oclumánticos, suspiró varias veces, antes de volver a intentar dormirse. ― "Gracias por estar conmigo, chicas"

― "De nada" ―susurraron ambas, besándola en las mejillas.

Pasaron los minutos, pero el sueño no llegaba para ninguna de las tres.

Artemisa, volvió su mirada hacía Padma, quien acarició su mejilla.

La Ghōul acercó sus labios, a los de la chica hindú, dándole un suave beso, para luego gemir, al sentir una de las manos de Hermione, bajo su ropa interior, levantando su pierna, para darle mayor comodidad y acceso a su monte de venus, un nuevo gemido escapó de sus labios, mientras su camiseta le era quitada delicadamente, por Padma, quien abrió sus ojos sorprendida, por los pechos de su amada pelinegra, antes de comenzar a lamerlos.

La Ghoul mantuvo la cordura como pudo, metió su mano bajo su almohada, sacó su varita y se lanzó a sí misma un encantamiento Silencius.

Hermione volteó a Artemisa, para que ella quedara con la espalda contra el colchón, para luego bajarle los pantalones y la ropa interior, y tímidamente, comenzar a besarle las piernas; su cabeza fue guiada, por una mano, hasta el monte de venus de la pelinegra, y aunque no tenía experiencia, el erotismo de la situación, y su propio instinto, le permitieron hacer disfrutar a su amada, de su lengua y labios.

La otra mano de Artemisa, jugaba con el trasero de Padma, quien a su vez lamía el cuello de Hermione.

¿Cuándo se quedaron dormidas?

No lo supieron.

Pero a la mañana siguiente, las tres estaban sonrojadas, ante las miradas sugestivas y burlonas, que les daban, las otras alumnas de Ravenclaw.

Esa misma mañana, muchos se dirigieron a la clase de Criaturas Mágicas, donde algunos Ravenclaw, Slytherin y Hufflepuff, quienes le tenían cariño a Hagrid, estaban rezando a todo cuanto podían, rogando que Hagrid no les fuera a enseñar una nueva criatura de peligro XXXXX, teniendo en cuenta las supervisiones de la profesora Umbridge.

― ¿Por qué la profesora Plank no podía quedarse? ―se quejó Pansy Parkinson.

― "Estamos de acuerdo, Parkinson" ―susurró Artemisa, dándole un susto de muerte a la pelinegra de Slytherin. ― "Prefiero la seguridad de la profesora Grubbly-Plank, antes que a Hagrid, es más: prefiero trabajar con esas criaturas que parecían plantas"

― "¿Las que tuvimos que dibujar?" ―preguntó Susan, con una sonrisa nostálgica, y Artemisa asintió.

Siguieron a Hagrid, con pasos lentos y cortos, mientras ingresaban al Bosque Prohibido, pero se detuvieron detrás de él. Muchos, no pudieron evitar suspirar, al ver que eran solo cinco pasos, en el umbral del bosque, y no una locura total, de ingresar al bosque a grandes profundidades.

―Ellos prefieren la oscuridad, pero estos árboles, otorgan la suficiente sombra ―dijo Hagrid.

― ¿Prefieren la oscuridad? ―preguntó Draco, comenzando a entrar en un auténtico estado de pánico. ― ¿Quién prefiere la oscuridad?, ¿soy el único que lo ha escuchado?

―No. No eres el único que lo ha escuchado, Malfoy ―gruñó Ronald.

―Estas criaturas son muy raras, creo ser el único en gran Bretaña, que las ha domesticado ―dijo Hagrid alegre.

― ¿Seguro de que están domesticadas? ―preguntó Draco, comenzando a entrar en pánico.

―Evita ser un idiota, muéstrate respetuoso con la criatura en cuestión, y yo no me llevaré otra cicatriz por tu culpa. ―Gruñó Artemisa de brazos cruzados, haciendo sonrojar a Draco, quien miró hacía el suelo. Desde la oscuridad, un par de ojos blancos se iluminaron y luego, apareció la cabeza delgada y negra de un dragón, el cuerpo de un caballo que parecía estar en los huesos y tenía un par de alas. La criatura, comenzó a comerse un trozo de carne. ―Wow, Hagrid. ¿En serio?, eres el mejor profesor del mundo.

Hagrid sonrió. ―Gracias Artemisa. Sospechaba que podías verlos.

― ¿Quién lo hace? ―preguntó Padma, deseando que su novia, no se alejara de ella.

― ¿Quién se está comiendo la carne? ―preguntó Parvati, nerviosa.

―Un Thestral ―contestó Artemisa, acariciándole la cabeza. ―Prefiero una yegua Thestral, Hagrid.

―Aquí viene una para ti, Artemisa ―dijo Hagrid. ―Se llama Nix.

―Como la diosa, ¿eh? ―dijo ella, mientras se alejaba un par de pasos y la yegua Thestral, comenzaba a comer del cadáver, junto a macho.

― ¿Quién más puede verlos? ―preguntó Hagrid. ―Neville... Hermione. ―Dijo sorprendido. ―El Thestral, forma una conexión temporal, con su jinete, así que solo tienes que pensar en el lugar al cual deseas ir. ¿Quién puede decirme, porqué algunos pueden verlos y otros no?

―Solo aquellos que hemos visto la muerte, podemos verlos. ―Dijo Artemisa.

―Correcto, 10 puntos para Ravenclaw. ―Dijo Hagrid ―Esta manada del bosque prohibido, es la que se encarga de tirar de los carruajes de Hogwarts.

―Ejem, ejem.

―Bienvenida, profesora Umbridge, lamento mucho la... lejanía. Por lo general, las reuniones tienen lugar, en el umbral del bosque, no en su interior. Me alegra que pudiera llegar hasta acá ―dijo Hagrid.

― ¿Ah recibido la nota, que le he dejado en su cabaña esta mañana? ―preguntó Umbridge.

―No hay problema. Bien, continuemos. Los Thestrals, surgieron en Grecia. El mito dice, que fue obra del héroe Teseo, al asesinar a Esteno, una de las hermanas de la Gorgona Medusa. Se dice que surgió un segundo Pegaso, pero que Teseo, previamente, fue atrapado en un laberinto creado por Esteno, y que el héroe, desesperado, y creyendo que moriría, antes de poder encontrar la salida, rogó a Hades que le sacara de allí. Así lo hizo el dios, pero transformó al Pegaso en su propia montura, en el Thestral, y lo llevó con él. ―Contó Hagrid.

Umbridge se detuvo. Ella conocía esa historia. Y, teniendo en cuenta la mala reputación de los Thestrals, se puso nerviosa, dijo que volvería después y se fue de allí, tan rápido como pudo.

La clase terminó, luego de unos cuarenta minutos, y volvieron al castillo.

― ¡Esa maldita zorra! ―gruñó Hermione furiosa. ― ¿Vieron lo que pretende, ¿no?, pretende hacer parecer a Hagrid como una amenaza, o como una especie de trol idiota, solo porque su madre es una giganta.

― "Concéntrate, en auxiliarme con la próxima clase, por favor" ―susurró Artemisa. ― ¿Qué harás para navidad?

―Iré con mi familia a Esquiar ―contestó Hermione sonriente. ― ¿Y ustedes?

―Grimmauld Place ―pero no fue Artemisa quien contestó, sino su hermana Stephanie. Artemisa asintió.

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La última reunión de ese año, se realizó en la Sala de Menesteres. Al entrar, Hermione lanzó el encantamiento Maullido, el cual les advertiría si alguien no autorizado, trataba de entrar.

―A ver, quiero a todo el mundo en parejas. Realizarán el hechizo Impedimenta y luego, quiero que realicen el Expelliarmus, Petrificus Totallus y Protego. ―Ordenó "la profesora" (Artemisa) Potter. ―Locomotor Maniquí ―para asombro de todos, unos maniquíes aparecieron. ―A practicar todo el mundo. ―Los maniquíes corrían hacía ellos y ellos, impedían su avance. Los desarmaban, los petrificaban y se protegían, contra sus supuestos ataques. ―Para los alumnos hijos de Muggles... ―nadie pudo evitar reírse. ―El hechizo Lumos, puede ser solo una linterna, practica. Pero... ¿alguien puede imaginarse, estar ante un rival y emplear el Lumos Solem o el Lumos Máxima?, podríamos cegar a nuestros enemigos ―todos se miraron sorprendidos. ―Obscuro ―una venda negra, surgió desde la varita y vendó los ojos de un maniquí. ―Podemos contraatacar o escapar. Algo que será útil, –siempre y cuando el enemigo, no sepa de magia no-verbal...– ―pero, antes de poder hablar, Neville levantó la mano. ― ¿Sí, señor Longbottom? ―todos volvieron a reír.

―Oscausi, para borrar la boca del oponente y que no hable. ―Dijo Neville.

―Perfecto. ―Dijo Hermione, para luego sonreír como el gato de Cheshire. ―Señorita Abbott, ¿le importaría premiar al señor Lonbottom, como se merece? ―Hannah le dio una mirada de muerte a Hermione, pero, aun así, besó la mejilla de Neville, quien se sonrojó.

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A media noche, y a causa de que Artemisa carecía del trozo de alma de Voldemort, no pudo ver a Arthur Weasley, en la Sala de Profecías, siendo atacado por la serpiente Nagini.

Nadie llegó en su ayuda.

Murió, debido al veneno.