No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.
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Edward miró a su esposa, su esposa, extendida sobre la cama en la habitación del bus de gira. La amplia falda de su vestido blanco ocultaba todo excepto los tacones de siete centímetros en sus pies y un esbelto tobillo. Ella tenía la punta del dedo índice atrapada entre los dientes y una seductora sonrisa en los labios que decía "soy toda tuya". Maldición, era la cosa más hermosa que él había visto jamás. Merecía algo mejor que una noche de bodas en un bus de gira.
—Podríamos ir a un hotel en este momento —dijo él—. Una suite en el penthouse.
—Tienes un concierto en tres horas.
—¿Y?
Ella rió entre dientes de una manera que hizo que sus bolas se apretaran con necesidad.
—Una vez que empiece contigo, esposo mío, no voy a parar. Lo que comenzaría un disturbio de quince mil fans en las calles de Las Vegas cuando faltes a tu concierto.
—¿Qué pasa si estoy listo para comenzar contigo ahora, esposa? A la mierda las consecuencias.
—Ven y acuéstate a mi lado —dijo ella y le dio unas palmaditas al colchón junto a su curvilínea cadera.
Maldita sea, ese vestido era tan sexy como hermoso. Era como si hubiera sido hecho especialmente para ella.
Él se quitó los zapatos y se metió a la cama junto a ella. Ella hábilmente lo puso sobre su espalda y presionó sus deliciosos senos contra el pecho de él mientras lo besaba.
Ella se apartó y lo miró a los ojos. Él levantó una mano para trazar el contorno de su mejilla con el pulgar. Ella sonrió y luego se acurrucó junto a su costado, la cabeza apoyada en su hombro, la mano extendida sobre el vientre de él.
—¿Dónde vamos a vivir? —preguntó ella.
La idea de que estarían separados siquiera por una hora hizo que le doliera el pecho.
—Terminarás el verano de gira con nosotros, ¿verdad?
—Sí, pero son sólo seis semanas más. ¿Cuánto tiempo estarán de gira después de eso?
—Casi hasta Acción de Gracias.
La mano de ella se curvó contra la tela de su almidonada camisa de vestir.
—No quiero vivir un día sin ti, pero tampoco estoy lista para renunciar a mi carrera.
—No te pediría que lo hicieras. Sé que amas tu trabajo.
—Parte de él —dijo ella, la voz vacilando de incertidumbre—. No estoy segura de si mis formas no convencionales de pensar alguna vez serán aceptadas por mis compañeros.
—Siempre me he preguntado por qué te especializaste en sexualidad humana.
Ella se echó a reír.
—¿En serio?
—Sólo por curiosidad. —Él sabía que a ella no le gustaba hablar de sí misma. Era muy reservada sobre ciertos aspectos de su vida. Sobre todo, su pasado.
—Porque me encanta el sexo. La forma en que se siente. Cuánto influye en la gente. Su maravillosa variedad. Estoy segura de que ya sabes eso.
Oh sí, él definitivamente sabía que ella amaba el sexo y todas sus variantes. Nunca había conocido a una mujer que apreciara el sexo más que Isabella Swan. Erm, Isabella Culen. ¡Cullen!
Su mano se movió a la parte posterior de la cabeza de ella para presionarla más cerca de su pecho. Apenas podía creer que ahora era su esposa. Suya.
—Pero hay más en la materia que solo experimentación práctica. Me gusta estudiar cómo afecta a las personas; tanto física, emocionalmente, espiritualmente. Es biología. Psicología. Sociología. Nunca te dije esto, pero uso riffs de guitarra en una de mis clases y hago que mis estudiantes discutan la naturaleza sexual de la música rock.
—¿En serio?
—Sí, ¿y sabes qué riffs evocan la respuesta sensual más fuerte?
Él levantó la cabeza para mirarla.
—Los tuyos. Tu forma de tocar es como sexo en las cuerdas.
Él rió entre dientes.
—Especialmente desde que llegaste a mi vida.
—Tendrás que tocar para mi clase en algún momento.
—Claro. Me encantaría ver donde trabajas.
—Probablemente estoy siendo egoísta, pero, ¿crees que sería posible que vivieras conmigo en Kansas City cuando no estés de gira?
—Tengo este álbum que...
Ella levantó un dedo para callarlo.
—Y entonces consideraré renunciar a mi trabajo de tiempo completo para formar una familia. Tengo muchas ganas de seguir trabajando un año más. Estoy entusiasmada con el proyecto de las groupies en el que he estado trabajando en este verano, pero es hora de cambiar. Tan pronto como termine este proyecto, quiero hacer otras cosas. —Ella se acurrucó más cerca de su pecho—. Sobre todo, quiero tener un bebé contigo.
Aturdido, sin habla, la visión de Edward se volvió borrosa. ¿La había oído bien? ¿Ella quería formar una familia?
—A menos que no quieras tener hijos —dijo ella, obviamente confundiendo su estupefacto silencio por vacilación hacia la idea—. Sé que serás un gran padre, Edward. Incluso a pesar de que será difícil criar una familia cuando estés de gira tanto tiempo, estarás allí tan a menudo como sea posible. Me doy cuenta de que tendré que hacer muchas cosas yo sola mientras no estés, pero la idea de hacer un bebé contigo y llevarlo a él o ella dentro de mí me hace feliz. —Se cubrió la parte baja del vientre con ambas manos e inclinó la cabeza para mirarlo—. ¿Edward?
¿Hacer un bebé con Isabella? Sí, por favor. Él estaba listo para comenzar de inmediato. En un rápido movimiento, la hizo rodar debajo de él, cubriéndole el cuerpo con el suyo y tomando su hermoso rostro entre las manos.
—Me haces tan feliz, Isabella. No puedo esperar para empezar una familia contigo. ¿Podemos comenzar de inmediato?
Una sonrisa brillante iluminó sus rasgos, pero ella no comenzó a tirar sus pastillas anticonceptivas al inodoro de inmediato.
—Deberíamos esperar unos meses para quedar embarazados. Sería mejor si doy a luz al bebé a finales del próximo mes de mayo, cuando el año escolar haya terminado. Eso tendría más sentido.
Él rió entre dientes.
—Mi pequeña y lógica profesora de sexo. —La besó. Honestamente, estaba sorprendido de que ella hubiera tomado esta decisión tan fácilmente. Fue como si admitir su amor hubiera cambiado toda su perspectiva. Se alegró de haber sido paciente con ella y de no haberla presionado demasiado al punto de ahuyentarla. Era agradable hacer algo bien y ser recompensado por ello—. Eso tiene perfecto sentido, cariño. Creo que es una buena idea. También creo que necesito practicar el hacer bebés ahora mismo. Te amo tanto que mi polla está dura.
Ella rió.
—Cariño, no necesitas más práctica. Estás ya en la cima de tu juego.
—Entonces es tiempo de la siguiente ronda.
No había manera de que él le permitiera aplazarlo hasta después del concierto de los Sinners. Necesitaba profundizar la conexión entre ellos. Perderse en ella. Disminuir el dolor en su ingle. La mujer intentaba matarlo.
—Oye, Isabella —llamó Emmett desde fuera de la puerta—. Lo tenemos... ven a ver.
Ella le sonrió a Edward.
—Tengo hambre —dijo—. ¿Qué hay de ti?
—Espero que te refieras a que estás hambrienta de sexo.
—Siempre estoy hambrienta de sexo. ¿Con quién crees que te casaste hoy?
Él sonrió.
—Contigo. Me casé contigo.
Cuando las manos de él comenzaron a vagar sobre la suave piel de sus hombros al descubierto, ella se retorció debajo de él y salió de la cama, tirando de la falda atrapada bajo su cuerpo.
—Vamos —dijo—. Los chicos tienen una sorpresa para ti.
—¿Por eso todavía tienes el vestido puesto? Has estado esperando que los chicos hagan algo estúpido. —Se obligó a salir de la cama, su erección del infierno incómoda en sus pantalones.
—Se esforzaron mucho para hacerte esta sorpresa. Quieren celebrar con nosotros.
—Voy a matarlos a todos. No quiero celebrar con ellos; quiero celebrar contigo.
—Bueno, yo voy a celebrar con ellos. Puedes quedarte aquí solo si quieres.
Maldita mujer, sabía cómo hacerlo hacer exactamente lo que quería. Ella abrió la puerta, y Edward vio a Emmett en el pasillo, sosteniendo una torta blanca decorada.
—¿Qué opinas? —le preguntó Emmett a Isabella.
Edward se unió a ella en la puerta. La torta cuadrada tenía un Ford 57 Thunderbird rosa impreso en el glaseado. En el maletero del auto había un pequeño letrero hecho con glaseado: "Recién Casada con la banda".
—Uh, no —dijo Edward—. Ella está recién casada conmigo.
—Cuando te casas con un miembro de la banda, siempre te casas con la banda —dijo Jazz, su profunda voz un poco ronca.
—¡Me encanta, chicos! Es perfecta —dijo Isabella—. Vamos a repartir.
Emmett, pavoneándose como un pavo real, colocó el pastel en el centro de la mesa del comedor.
—Te dije que le encantaría —le dijo a Benjamin, que estaba sentado en el cubículo luciendo como que si fuera salirse de piel en cualquier minuto. El hombre necesitaba echar un polvo urgentemente.
—¿Dónde está Garrett? —preguntó Isabella.
—Durmiendo.
—¿Durmiendo? —Isabella apartó la cortina de su litera. Garrett estaba acurrucado en posición fetal alrededor de la almohada. Isabella se inclinó para apartarle el flequillo del rostro. Él no se movió—. Estoy preocupada por él. ¿Cuánto tiempo estuvo inconsciente anoche?
—Unos pocos minutos, quizás. —Intentando obtener una mejor visión de Garrett, Jazz se inclinó más cerca de Isabella.
Edward se puso tenso. Dudaba de que alguna vez superara su aversión a que Jazz se acercara su mujer. Confiaba en Isabella, pero las mujeres tenían una manera de perder la ropa interior si Jazz siquiera las miraba. Y Edward sabía a ciencia cierta que, en ese momento, Isabella no llevaba ropa interior. Una línea menos de defensa contra Jazz el Follanator.
—¿Deberíamos llevarlo al hospital? —dijo Jazz, flexionando sus enormes bíceps.
Edward estuvo satisfecho cuando Isabella no se desmayó al ver sus impresionantes músculos.
—Creo poder inmovilizarlo hasta que lleguemos allí.
Los ojos de Garrett se abrieron lentamente, y le dio a Jazz una mirada de disgusto.
—Oí eso. Ya les dije que no voy a ningún hospital. Sólo estoy un poco cansado. ¿Cuál es el problema? —Se sentó en la cama y se puso blanco como un papel.
—Garrett... —dijo Edward.
—No empieces a regañarme también.
Cuando Garrett se puso de pie, se tambaleó ligeramente. Edward pasó un brazo alrededor de él y pasó la mano libre por la parte trasera de la cabeza de Garrett donde ese portero imbécil y demasiado entusiasta lo había golpeado en el cráneo con un bate la noche anterior.
—La inflamación ha bajado desde anoche —dijo Edward—. Pero todavía tienes un bulto.
—Ves, estoy bien.
—Garrett, realmente creo que deberían revisarte esto. —Edward miró a su mejor amigo a los ojos, instándolo a estar de acuerdo.
Garrett bajó la vista después de un largo momento.
—Estoy bien. —Se inclinó alrededor de Edward, instantáneamente alerta cuando vio lo que Emmett había dejado sobre la mesa—. ¿Eso es pastel?
—Con relleno de fresa —dijo Emmett—. No tenían de cereza.
Garrett sonrió brillantemente.
—¿Pediste de cereza? ¿Para mí?
—Isabella me dijo que lo hiciera—dijo Emmett.
Garrett tiró de Isabella en sus brazos.
—Oye, cariño, ¿dónde has estado toda mi vida?
Cuando él la inclinó hacia atrás y luego la enderezó de nuevo, ella se echó a reír.
—Vamos a ver —dijo ella—. En Medio de la Nada, Missouri.
—Ojalá supiera dónde estaba eso. —Garrett la apretó contra él, meciéndose hacia adelante y hacia atrás.
—Entre un campo de soja y una paridera.
—¿Qué mierda es una paridera?
—Donde nacen los lechones.
Garrett hizo su cara traviesa. La que le conseguía todo lo que quería.
—Suena lindo.
—Huele mal. —Isabella se acurrucó más cerca de Garrett—. Pero tú hueles bien. ¿Nueva loción para después de afeitar?
—Alguna fan me la envió. Si te gusta, se la daré a Edward.
Observar a Garrett y a Isabella tocarse y bromear no ponía a Edward celoso en lo más mínimo. A decir verdad, lo excitaba más que un poco. Se preguntó si Isabella tenía algún interés en otro trío. Sabía que Garrett estaría dispuesto.
—¿Vamos a cortar este pastel? —preguntó Emmett.
—Es tradición que la novia y el novio corten la primera porción y se la den de comer al otro —dijo Benjamin.
Isabella liberó a Garrett y se volvió para sonreírle a Edward.
—Sí, eso es lo que hacen con ella. Alimentarse entre sí. —Ella se rio malvadamente.
Edward levantó una ceja hacia ella. ¿Pretendía metérsela por la nariz?
—Ni siquiera lo pienses, Isabella.
—¿Pensar qué?
—Hundir tus pezones en ese glaseado. No seré capaz de mantener mi lengua lejos de ellos.
La boca de ella se abrió.
Sin duda imaginando cómo luciría con los pechos cubiertos de glaseado, Emmett dio una media vuelta y se golpeó repetidamente la cabeza contra la delgada pared detrás del cubículo. Jazz abrió un cajón y le entregó un cuchillo a Isabella. Tomó la mano de Edward en la suya y tiró de él hacia el pastel. Con las manos entrelazadas, atravesaron la torta con el cuchillo y cortaron una rebanada para compartir. Edward levantó la porción con los dedos y le dio un bocado a Isabella. Luego ella hizo lo mismo por él. Tanto como le gustaba jugar con ella, le alegró que ella le permitiera este momento de tierno romance. En cierta forma, a él le gustaba mucho eso.
Él tragó el bocado de pastel y la besó, el dulce sabor de sus besos alimentando de nuevo su deseo. Después de haber removido todos los restos de glaseado de sus deliciosos labios, se apartó.
—Te amo —dijo ella antes de esbozar su más diabólica sonrisa —. Pero guarda un poco de esa acción de lengua para mis pezones. —Le golpeó el trasero juguetonamente antes de tomar nuevamente el cuchillo y agitarlo alrededor de los chicos—. ¿Quién es el próximo?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Emmett.
—Bueno, me estoy casando con esta banda. ¿Eso no significa que debería compartir torta con todos ustedes?
Edward sonrió, feliz de que su esposa se llevara tan bien con sus compañeros de banda. Más de una banda había caído en la ruina porque la pareja de alguien no comprendía la dinámica de sus miembros. Isabella la entendía. Y los chicos la adoraban. Él no podía pedir una mejor situación. Bueno, quizás si Isabella aceptara salir de gira con ellos indefinidamente. Pero no le pediría eso todavía. Su trabajo era importante para ella y, por lo tanto, también para él. Pero si a ella se le ocurriera renunciar a su trabajo inmediatamente, él no se opondría. Al menos tendrían las próximas seis semanas juntos. Él planeaba pasar cada momento de ellas en sus brazos. El resto del mundo tendría que arreglárselas sin él.
—¡Mi turno! —Emmett envolvió la mano de Isabella con sus largos dedos y la ayudó a cortar un pedazo de pastel.
Ella levantó la porción y tocó la nariz de Emmett con ella, dejando una mancha de glaseado rosa y blanco en la punta. Cuando ella lo alimentó con un mordisco, Edward pudo ver cómo Emmett prácticamente se derretía.
—¿También obtengo un beso? —preguntó Emmett. Se inclinó hacia Isabella con los labios fruncidos y Edward le apartó el rostro de un empujón.
—Esos labios son míos, McArty. —dijo Edward.
—¡Maldición! —dijo Emmett, pero sonreía.
—¿Quieres participar, Benjamin? —preguntó Isabella.
—Yo no...
Ella agarró el brazo de Benjamin y lo sacó del cubículo de un tirón. Sonrojándose ferozmente, Benjamin ayudó a Isabella a deslizar el cuchillo por la torta. Cuando él tomó el mordisco en su boca, ella sonrió. La mirada de él bajó al piso.
—Eso no fue tan malo, ¿verdad? —preguntó Isabella—. Si no dejas de verte tan lindo, te voy a hacer bailar conmigo también.
La mirada de él se levantó hacia la de ella y no la apartó. El hecho de que Isabella se ruborizara en respuesta no pasó desapercibido para Edward. Benjamin raramente miraba a los ojos a una persona y cuando lo hacía, era desconcertante.
—No creo que ésa sea una buena idea —dijo él—. Estoy un poco... sobre estimulado hoy.
Emmett lo golpeó en la espalda.
—Quiere decir que está caliente.
—Es un poco más complicado que eso. —dijo Benjamin.
—Bailaré contigo, Isabella —dijo Emmett.
Se dirigió hacia el sistema de sonido en la sala de estar. Benjamin ofreció una sonrisa de disculpa a Isabella y desapareció en el baño. Isabella agitó una mano haciendo señas a Jazz para que se acercara.
—Vamos, Jazz. Es tu turno...
Jazz miró a Edward.
—Si te toco, Edward convertirá mis bolas en un monedero.
Garrett se echó a reír.
—Pero, ¿quién en su sano juicio lo usaría?
—Estoy bastante seguro de que María lo haría —dijo Emmett desde la sala—. Está acostumbrada a llevar las bolas de él en su bolso.
—Vete a la mierda, McArty. —masculló Jazz.
Edward lo detuvo de pegarle un manotazo a Emmett en la cabeza al empujar una mano contra el pecho de Jazz.
—Adelante y comparte un pedazo de torta —dijo Edward—. Confío en ella.
La tensión abandonó el cuerpo de Jazz cuando se volvió para mirar a Isabella.
A pesar de sus palabras, Edward se tensó cuando Jazz se movió para pararse junto a ella. Su esposa lucía tan pequeña junto a la impresionante altura y anchos hombros de Jazz. Los músculos de Jazz se abultaban dentro de su apretada camiseta negra mientras le envolvía la mano con la suya. El corazón de Edward latía cada vez más rápido mientras la pareja cortaba un pedazo de pastel y Isabella lo llevaba a los labios de Jazz. Ella le sonrió con afecto y la piel de Edward se erizó a lo largo de toda su columna.
Realmente necesitaba superar los celos que sentía cada vez que Isabella estaba cerca de Jazz. Ella no era como sus anteriores novias. No iba a engañarlo con Jazz. Mentalmente, Edward lo sabía, pero instintivamente, no la quería a quince kilómetros del hombre. Cuando Jazz se apartó, Edward soltó el aliento que no dio cuenta de que había estado conteniendo.
—¿Garrett? —dijo Isabella.
Garrett se movió hasta colocarse detrás de ella y le envolvió el cuerpo con ambos brazos antes de tomar con la mano de ella con las suyas.
—Quiero mucho glaseado —dijo, dirigiendo el cuchillo a un trozo en la esquina—. Y algo de relleno. Y más glaseado. —Sacó glaseado extra y lo puso sobre su porción de torta.
Isabella se echó a reír.
—¿Sabes lo que dicen de los hombres a los que le gustan los dulces?
—¿Qué? —preguntó Garrett.
—Que son dulces.
—Eso no es muy original —dijo Garrett—. He oído que tienen habilidades especiales con sus piercings de la lengua. —Le sacó la lengua y le guiñó un ojo.
Isabella rió entre dientes.
—Creo que eso sólo dicen eso de ti, Garrett Jonhson.
Emmett finalmente encontró la canción que estaba buscando, lo que era bueno porque Edward estaba condenadamente cansado de que sus compañeros de banda tocaran a su mujer. Ella reía de los intentos de Garrett de lamer todo el glaseado de sus dedos cuando Edward tomó su mano y tiró de ella contra él. No había mucho espacio en el pasillo del bus para bailar, pero eso encajaba perfectamente con sus propósitos. Significaba que tenía que abrazarla cerca de su cuerpo y simplemente balancearse con la música, el cuerpo de ella pegado al suyo.
—Amo esta canción —murmuró ella y se acurrucó más cerca.
Su cálido aliento le hizo cosquillas en el cuello. La mano de él se deslizó hacia arriba por su espalda hasta el hombro desnudo.
—Yo te amo a ti —dijo él.
—Estoy feliz. Delirantemente feliz. —Ella se apartó de él y lo miró a los ojos, la enorme sonrisa en el rostro de él haciéndose eco de su declaración—. Vamos a hacer que funcione.
Él no tenía dudas.
—Odio interrumpir, pero... —De alguna manera, Emmett metió su delgado cuerpo entre Edward y Isabella—. Bailar fue mi idea.
—Dios, ¿cuándo demonios podremos salir de aquí y estar solos? —gruñó Edward.
Isabella rió entre dientes.
—Ve a ver en qué hotel quieres quedarte esta noche. Yo llamaré y haré reservas. Emmett se siente excluido.
—No, Emmett quiere manosearte —dijo Garrett.
—Es de buena suerte bailar con la novia —dijo Emmett, mostrando una sorprendente habilidad mientras guiaba a Isabella por el pasillo y la alejaba de Edward—. Y necesito toda la suerte que pueda conseguir.
—Yo soy el siguiente en bailar con ella —dijo Jazz.
—De ninguna manera —dijo Edward.
—Y después yo —agregó Garrett. Estaba haciendo un verdadero desastre con la torta de boda, sacando el glaseado con los dedos y luego chupándoselos.
—De acuerdo, la fiesta terminó —anunció Edward.
Saliendo del baño detrás de Edward, Benjamin apretó las manos contra los hombros de Edward y se acercó por detrás para decirle.
—No olvides sacarle la liga. Es la tradición.
¿Desde cuándo Benjamin era un experto en tradiciones de bodas? Pero tenía razón. Esa era una tradición que Edward no quería perderse.
Isabella jadeó cuando él la arrancó de los brazos de Emmett y la levantó para sentarla en la encimera de la cocina.
—¿Recordaste ponerte una liga? —preguntó él.
Ella le sonrió diabólicamente.
—No te lo voy a decir. Vas a tener que averiguarlo por ti mismo.
Él tomó el tobillo derecho de ella con una mano y deslizó el dobladillo del vestido hacia arriba un centímetro a la vez. Los chicos gritaron y vitorearon en señal de aprecio. Edward besó la depresión debajo de su rótula y continuó levantando el vestido.
—No demasiado, Edward —le dijo ella, las manos presionando la falda contra su regazo—. No olvides que no llevo ropa interior.
Ante esta declaración, sus compañeros de banda sonaron como un grupo de Neandertales en un club de striptease. Isabella simplemente se rió de ellos. Edward encontró la liga de encaje azul y blanco en la parte superior de sus medias hasta el muslo. Deslizó los dedos debajo de ella, recorriendo la piel desnuda por encima de su media hasta que ella emitió ese pequeño y sexy jadeo que él tanto adoraba.
Lentamente bajó la liga por la pierna hasta el tobillo. Su zapato de tacón alto cayó mientras él liberaba el trozo de tela de su cuerpo. Le besó el empeine y levantó la liga sobre la cabeza en señal de victoria. Los chicos vitorearon hasta que se dieron cuenta que uno de ellos tendría que atraparla. Edward deslizó el dedo por la liga y la extendió, lanzándola hacia cuatro solteros muy poco interesados. Ésta chocó contra el techo, rebotó en la cabeza de Jazz y aterrizó en el hombro de Emmett. Los otros tres hombres se alejaron rápidamente de Emmett como si éste hubiera contraído una incurable y altamente contagiosa enfermedad.
—Parece que Emmett será el próximo en casarse —dijo Benjamin.
—¿Quién se casaría con él? —bromeó Garrett.
—Alguien a quien le guste un imbécil con un montón de dinero —respondió Jazz.
—Me alegra que Emmett la atrapara —dijo Isabella. Se bajó de la mesada y tomó la liga de la palma de Emmett. La deslizó por su mano y brazo, deslizándola hacia arriba hasta rodear sus bíceps—. Luce sexy en ti —le dijo. Y a juzgar por la expresión de suficiencia en su rostro, él le creía. ¡Qué imbécil! —Algún día vas a hacer muy feliz a una chica —dijo ella.
Emmett sonrió ampliamente, luciendo igual de emocionado que un hombre al que un genio le acababa de garantizar sus tres deseos.
—Pero tú serás condenadamente desgraciado, Emmett —dijo Garrett.
Isabella le dio una palmadita tranquilizadora a la mejilla de Emmett.
—No los escuches.
Emmett tocó la liga en su brazo, perdido en sus pensamientos.
—Se está haciendo bastante tarde —dijo Isabella—. Deberían empezar a prepararse para su show.
—Sí, todos vayan al estadio y déjennos solos —dijo Edward.
Tenía una poderosa necesidad de pasar más tiempo de calidad debajo de la falda de ella.
—Necesito ponerme el traje —dijo ella—. Puedo conseguir alguna información de las groupies de Exodus End esta noche. —Los ojos de Isabella brillaban de emoción—. No hay forma de que deje pasar esta oportunidad.
Edward la atrapó cuando comenzaba a pasar junto a él.
—¿Vas a trabajar esta noche?
—Sólo mientras tú estás trabajando.
Esto no estaba yendo como él había previsto. Él había imaginado que podrían hacer el amor toda la tarde, él se tomaría un "recreo" de una hora para hacer su concierto mientras ella pasaba una hora en la cama recuperándose, y luego harían el amor toda la noche. Había oído que usualmente la pasión de una pareja disminuía después de casados, pero nunca había esperado que sucediera tan rápido.
—Edward, estás haciendo pucheros —dijo Isabella.
—Yo no hago pucheros.
—Sí, lo haces —dijo Garrett—. Voy a tomar una pequeña siesta. Alguien despiérteme en una hora. —Se subió a su litera y cerró la cortina.
Isabella tocó la mejilla de Edward y él volvió la cabeza.
—¿Me ayudas a quitarme el vestido?
Ahora estaba hablando.
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QUETIERNOMUERODEAMOR! Me encantó este capítulo! Diganme qué opinan!
¡Nos leemos pronto!
