Capitulo 45


- ¿Dónde está ella? - Dijo Neji con la voz tranquila.

Le sorprendió que su voz sonara tan imponente y a la vez tan sumisa, no quería parecer demasiado amenazante ni tampoco alertar a sus compañeros ninjas de que algo más estaba ocurriendo. Así que en el momento en que estuvo solo con el prisionero hizo la pregunta que le estaba rondando en la cabeza desde que entraron a la habitación y notó la ausencia de cierta castaña.

Seguirla era lo único que le interesaba ahora.

Masamune lo reconoció, ese joven que le interrogaba con preocupación era uno de los guardaespaldas de Nouhime, aquel que protegió a la debutante cuando él perdió el control esa tarde que buscó atacarla. Sin embargo pudo darse cuenta con facilidad que su interés no era solamente fraternal; el hombre estaba verdaderamente interesado por ella.

Lo miró con tristeza, las pocas oportunidades que había tenido de compartir el mismo espacio que la chica llamada Tenten pudo comprender su determinación. Ella tenía un asunto personal con Kyoshi, más allá que la misión encargada por Nouhime. Temía por ella. Aquel misterioso joven que apareció en el Castillo hace poco más de dos años le explicó todo lo relacionado con los negocios turbios de su esposa que, inconscientemente, él había apoyado. Sin las influencias que mantenía en la isla como regente Kyoshi jamás habría podido traer a todas esas chicas que habían sido víctimas de los traficantes ¿Cómo no odiarla? Si no solo había pisoteado todas sus creencias, también se había burlado de él y de sus sentimientos por ella. Jamás había dudado de ella y nunca habría podido descubrir sus trampas, sin embargo había estado actuando ante sus narices y él estuvo cierto todo el tiempo, nunca lo notó. Siempre había estado completamente subyugado por sus encantos, se odió a si mismo por no haber descubierto antes sus planes.

Su impulso inmediato fue reportarla apresuradamente ante la administración y contarle a Mitsunari todo lo relacionado con los secuestros en el continente, no instante aquel joven lo instó a esperar; una operación secreta ya se estaba desarrollando en la isla y tendría que mantener su papel hasta la subasta para poder capturarla con éxito, mientras tanto ayudaría si lograba encontrar alguna información útil y a su vez ocultar de Kyoshi cualquier movimiento que pudiese parecer sospechoso o delator.

Eso podía hacerlo. Cuando llegaron los ninjas, luego de que la chica se hubiese retirado con aquel misterioso joven, él le entregó al hombre que reconoció como capitán del escuadrón un portafolio que había robado con ayuda de uno de sus más preciados esclavos de la oficina secreta de su esposa. El joven había estado numerosas veces en la habitación atendiéndola mientras ella trabajaba, cuando él le ordenó observar todos los sitios en los que guardaba sus documentos fue fácil para él inmiscuirse en la habitación mientras la subasta tenía lugar para sacar todos los papeles que cometían la información sobre los secuestros y sus traficantes. Evidentemente con esa información podrían localizar en la isla a las víctimas y regresarlas a sus hogares con una gran recompensa, si es lo que deseaban. En todos sus años viviendo en la isla sabía bien que se podía llegar a apreciar ese estilo de vida. Además de que sus contratos les dejarían una buena cantidad de dinero que, de alguna manera, podría compensar su estadía forzosa en el lugar; pero eso no podría saberlo. Esas personas habían sido obligadas a entrar en la isla como verdaderos esclavos, debió ser una experiencia terrible.

Lamentaría por el resto de su vida hacer sido participe de aquellos viles actos pero un más sentía haber puesto a su propia hija en aquella situación en contra de su voluntad. Merecía su odio y merecía el odio de Nou, merecía todo lo que le iba a pasar después, lo aceptaba. Si no era demasiado pedir, con el tiempo esperaba que Nou y su hija lo perdonaran por su agravio. Puede que no lo demostrara pero seguía la pista de sus hijos. Pocas veces ocurría un embarazo accidental como el de Nouhime. Pero tenía un hijo con su fallecida esposa, el joven era un santo, un prodigio que estudió medicina y también era maestro en la segunda isla donde vivían los hijos de la isla y las personas que trabajaban pero no participaban en los placeres de la isla. Era curioso como sus dos hijos no habían seguido su camino pero así debía ser. Se alegraba de que ellos buscaran su propia felicidad a su modo. Le alegraba en gran manera que fueran mejores que él.

Ese joven le recordaba un poco a su hijo; algo muy profundo le decía que su devoción por la chica era mucho más intensa de lo que mostraba a simple vista - Está en la torre del ala oeste del Castillo. Fue tras Kyoshi - Le informó.

Neji agradeció la información; cuando Sasuke se aproximó le hizo una seña para que lo siguiera y lograran escabullirse sin levantar demasiadas sospechas.

...

Ella se dejaba guiar. No podía creer que aquel hombre la hubiera seguido hasta aquí. Conocía pasadizos secretos y atajos que los llevarían en poco tiempo hasta la habitación de Kyoshi.

- ¿Desde cuándo estás aquí? ¿Cómo es que conoces a Masamune? - Preguntó, casi en fue una orden.

El hombre seguía caminando en la oscuridad, iluminando el estrecho pasillo con una simple antorcha en cuya cúspide crepitaba una llama de fuego.

-Muneshige - Repitió ella.

Él detuvo su andar para observarla de soslayo antes de seguir caminando.

- No importan los detalles - Respondió con educación - Supe la ubicación de Kyoshi hace diez años aproximadamente. Así que vine a la isla para espiar en varias ocasiones. Ya era la reina del lugar así que no pude acercarme pero me conformaba con saber donde estaba - Informó - Me tranquilizaba saber que estaba lejos de mi.

- Cuando te vi en la Guerra y busque la información suficiente para saber quién eras, supe que era el momento de actuar. Estuve viajando. Vine a la isla para saber si Kyoshi seguía aquí, logré entrar al Castillo e interceptar a su consorte. Le conté sobre la corrupción de Kyoshi y él accedió a entregarla, lo convencí de esperar hasta que fuese conveniente la captura y aquí estamos - Explicó rápidamente el joven castaño mientras cruzaban uno de los puentes colgantes hasta la siguiente torre - Él proporcionó a los ninjas el acceso al puerto través de un intermediario, tiene como cuidadora personal a una de sus Kunoichi, y uno de los Shinobi del escuadrón hace el papel de esclavo en el Castillo. Masamune les proporcionó información valiosa mientras les ocultaba que sabía su verdadera identidad y que su propósito en la isla era capturarlo.

- Luego de dejar las cosas organizadas en la isla fui a buscarte. Mi plan original era lograr hacer que despertaras para venir a buscarla y después de derrotarla ambos podríamos buscar a tu hermana; pero no contaba con tu falta de poderes, la única manera de recuperarlos era que encontraras primero a tu gemela; así que me dejé capturar para que fueras a buscarla - Se volteó a mirarla cuando llegaron al inicio de una larga escalera de caracol - Hice bien en esperar, ahora eres más fuerte que nunca. Kyoshi no tiene ninguna oportunidad contra ti. Cuando la veas lo sabrás con certeza.

- ¿Ya la viste? - Preguntó la castaña.

- No - Declaró como si pensara en voz alta - Pero puedo sentirla, tu también lo harás.

- No creo que pueda. Ya hemos estado cerca la una de la otra y no logro percibir su presencia - Admitió Tenten un poco apesadumbrada. Dudaba de sus poderes ¿Cómo se supone que era tan poderosa como decía Muneshige si no lograba percibir su firma de chakra?

- Eso es porque has mantenido tus poderes en reposo. No los has usado realmente, ni has tenido la necesidad de usarlos; pero pronto los usarás y cuando los dragones dentro de ti perciban la cercanía de su agresora entonces vas sentirla con cada partícula de tu ser - Explicó Muneshige - Todas tus dudas se irán, ya verás. Tienes el poder, un gran poder que nos hará libres.

- Un gran poder... - Repitió ella como si estuviera atrapada en un sueño.

Su hermana había compartido su propio poder con ella. Depositando en su cuerpo su propia voluntad en contra de la malvada Kyoshi, la reina inmortal. A pesar de aquello, no podía evitar poner aquel poder en duda. Muneshige, otro inmortal la guiaba. Ella misma no podía morir, ni su hermana ¿Ambas se habían vuelto inmortales también? ¿Qué derecho tenía Kyoshi a condenarlas a aquel cruel destino? ¿Qué derecho tenían todos ellos a ser inmortales? Ninguno. Nadie debería ser castigado de esa manera. Estar destinados a la eterna soledad, a ver morir una y otra vez a las personas que amaban. No. Ella no vería morir a sus compañeros.

Todo iba a terminar esa noche, ella misma estaba convencida de ello de una manera que no podía explicar. Las profecías tienen un modo de cumplirse por sí solas, en eso reside la magia de la cuestión. En la antigüedad ella había creído en eso, cuando era una de las poderosas gemelas, creía que el poder de los hechizos viene de la voluntad, y esta era su voluntad, destruir a Kyoshi en su momento de mayor gloria. Ella misma lo había declarado aquella noche que se vieron por última vez.

- No hay manera alguna de que ella atienda a la razón ¿Es así? - Preguntó buscando el último gramo de valor que necesitaba para cometer aquel asesinato. Nunca había matado a nadie por su propia mano, siempre había temido a ese momento.

- Ella solo sabe de persecuciones, masacres, muerte, violencia... Es lo único que siempre ha sabido hacer - Respondió Muneshige dejándose envolver por los recuerdos del pasado en donde había sido un orgulloso guerrero al servicio de sus padres. Había llevado miseria y muerte a pueblos que no podían defenderse de los Tachibana. Habían robado territorios, tesoros, vidas e innumerables bienes de aquellos que no había podido hacerle frente. Si, eso era todo lo que su madre conocía. Lo único que la motivaba era su propia vanidad y solo eso.

Tenten hizo un gesto de afirmación - Tienes razón, realmente no cambiamos, solo nos acercamos cada vez más a lo que estamos destinados a ser - Dijo pacientemente mientras se acercaban al último tramo de la escalera. Pero de repente algo la distrajo, algo que sintió.

Muneshige también experimentó un cambio sutil que lo dejó inmóvil. Ambos oían aquel sonido. Lentamente Tenten subió los últimos escalones y fijo la vista en el rellano.

Ciertamente los oídos humanos no podrían percibir aquel sonido; era el equivalente auditivo a la tensión sin vibración, una tensión que recorría cada centímetro de su cuerpo. Podía entender el estado de Masamune, era un simple humano que al pasar tantos años cerca de ella había sido completamente desorientado por ese sonido.

En ese momento un dolor terrible se expandió en el interior de Tenten. Había sido golpeada con violencia por la realidad, todo aquello que consideraba real estaba siendo barrido sin poder resistirse por aquellas palpitaciones, por los recuerdos del pasado. Sentía como lentamente su antigua vida se adueñaba de su cuerpo y dejó que aquella sensación dominara su cuerpo. Pensar en que todas las cosas reales podían ser desplazadas de esa manera era insoportables pero no podía resistirse.

Durante muchos años Kyoshi se había mantenido apartada de la vista, detrás de un velo protector, oculta en las sombras, era un misterio incluso para los de la isla; permanecía lejos de las almas de las personas que eran inocentes ante su maldad, ahora ella estaba aquí para acabar con era maldad.

Una turbulencia nebulosa e inaudible lleno la sala cuando Muneshige abrió la puerta, Tenten permaneció inmóvil en el rellano de la escalera, cambiando, sintiendo como su alma cambiaba y enmudecía como lo había hecho aquella vez.

De pronto pareció que aquella vibración había detenido el tiempo, reteniendo el péndulo del porvenir. De la misma manera repentina, el sonido se había desvanecido pero el aire resonaba con un silencio ensordecedor.

...

Ella estaba al final de la sala, sentaba en una especie de trono hecho de almohadas rodeada por una gran cantidad de hermosos esclavos y esclavas que vivían solo para cumplir sus caprichos, era su habitación privada, su propio harem. El contorno de su bello rostro brillaba por el resplandor de las llamas doradas. La habitación estaba rodeada de cristales y espejos que la reflejaban vivamente, como si la imagen fuera lo real.

Cuando Muneshige dio un paso dentro de la habitación se mostró tenso de ira, no lo disimulaba; lanzó una mirada encendida a Tenten y ella esperó hasta que Kyoshi reparó en él.

Con todos sus poderes activos se habían magnificado todos sus sentidos. Tenten percibió desde su lugar que Muneshige tenía miedo, estaba aterrorizado pero eso le enfurecía, no le importaba mostrar abiertamente su animosidad contra su madre que estaba completamente subyugada por él. La mujer, con un simple gesto de su mano ordenó a todos los esclavos alejarse.

Cuando la habitación estuvo vacía ella fijó sus ojos en él nuevamente. Eran unos ojos tan oscuros que dieron la impresión de haberse cerrado por completo a la luz y al color. Estaba firme, aparentando estar sin vida, tan pasiva como puede llegar a lucir un ser vivo. Se levantó como si se tratara de una aparición, con gracia y delicadeza. Muneshige estaba en el centro de la sala cuando ella alargó los brazos y tocó su rostro con las manos.

- Mi hijo. Mi príncipe.

Sus ojos negros se engrandecieron, su rostro blanco se tornó súbitamente suave. Giró su rostro ligeramente como si estuviera disfrutando del tacto que producía aquella piel contra sus manos; pareció una diosa cuando cerró los ojos porque toda la humanidad se apagó en ella. Lucía como un cadáver, algo muerto, algo perfecto que se quebraba con el sonido de su anormal corazón. Aquel era el sonido que Tenten había identificado cuando se acercaron a la habitación.

Con ligereza se apartó de Muneshige que seguía inmóvil en su lugar. Kyoshi se deslizaba por la deslumbradora blancura del suelo pulido, con la cabeza hacia atrás, girando despacio en círculos, como si estuviera danzando. Se deshizo de su capa de seda negra dejando mostrar un hermoso vestido intemporal como los que habían usado siempre las mujeres a lo largo de la historia en los elegantes salones de baile; aquellos pliegues sedosos de tela giraban suavemente al rededor de su estrecha figura; ese vestido magenta hacía juego con la luz del fuego que le proporcionaba a su piel un profundo fulgor carnal.

- Ven conmigo mi príncipe - Invitó ella extendiéndole sus brazos nuevamente mientras lo invitaba a tomar asiento en aquel trono de almohadas - Reinaremos y dominaremos esta isla ¡Todos vivirán para complacernos! Seré la diosa y tú mi ángel ¡Seremos indestructibles! Si permanecemos juntos nadie podrá detenernos ni vencernos.

Todo el miedo de Muneshige se transformó en ira pura, continuó con la vista fija en su madre - Eso no es cierto - Declaró, casi en un susurro.

El rostro de la mujer destelló en cólera que cubrió sus mejillas con un rubor que desapareció tan rápido como había aparecido, dejando de nuevo en su rostro aquel aspecto inhumano que había presentado desde el principio.

- Así que no has cambiado de opinión - Expresó con odio y amargura - Has sobrevivido al paso de los años sin cambiar ¿Acaso insinúas que vienes a detenerme? Eres muy imprudente mi niño. Como siempre lo fuiste.

El rostro de ella era la viva imagen del desprecio. Nunca podría aceptar que su propio hijo le hubiera dado la espalda. De repente sonrió con perversidad antes de hablarle - Ella está en mi poder - Dijo. Evidentemente refiriéndose a Tenten, solo que ella creía que se traba de la gemela que Muneshige amaba, su hermana menor - Disfrutaré cada gota de su sangre cuando la destruya otra vez.

El caos y la depravación eran para ella el mayor placer; la cacería y la destrucción de los inocentes tenían lugar para satisfacer su voluntad. Su rostro se tornó rígido y cruel, ensombrecido de nuevo por el odio.

- ¡Siempre te opusiste a mi! - Dijo a modo de reclamo - ¡Te destruiría si no fueras mi amado hijo! Pero me conformaré con verte sufrir mientras destruyo aquella a la que amas más que a tu madre. Te dejaré verla morir una y otra vez hasta que regreses a mi lado.

De nuevo se levantó y se acercó a él, sus manos se cerraron afectuosamente en sus hombros, con tanto amor y dolor que una madre puede llegar a sentir por la traición de su adorado hijo. Ella sonreía bajo un velo de lágrimas de tristeza.

- Mi príncipe, mi hermosísimo hijo - Le temblaba el labio inferior, la lisa piel de su frente mostraba aquellas arrugas comunes cuando el ceño se contrae en una mueca de angustia, solo que en este caso era odio lo que ella expresaba.

Luego de esas palabras lo soltó, como si su tacto le quemara las manos. La noche fue de súbito tan silenciosa que el sonido de las olas del mar chocando contra el acantilado en el que se erigía el Castillo pareció suspirar tras los cristales de la torre que los protegía.

Kyoshi se irguió. Desvió la vista de Muneshige dejando su rostro vacío y liso de nuevo. Miró a lo lejos buscando el valor para cumplir su promesa, después de todo seguía siendo su hijo y a pesar de su traición él le pertenecía. Más que amor de madre la dominaba el sentimiento se posesión. Nadie le quitaba lo que le pertenecía. El liderazgo, la devoción había ella, su credibilidad, el amor de su hijo y su poder, todo aquello lo perdió el día que las gemelas llegaron a sus tierras. Ahora que lo había recuperado y había logrado volverse una reina, nadie se lo arrebataría de nuevo, ni Muneshige, ni Ginchiyo, ni nadie de la isla.

El sonido de los cristales rompiéndose provocaron que ella se sobresaltara y desviara nuevamente su vista hacía la fuente de aquel sonido.

Solo en ese momento Muneshige se permitió sentir una súbita y evidente emoción mientras Kyoshi retrocedía un paso cuando los cristales de la habitación se hicieron añicos.

Algo extraño estaba ocurriendo, pensó la mujer. De algún lugar provenía un fuerte sonido que era a la vez suave y musical.

Con un sobresalto aún más violento Kyoshi volvió a la vida como si hubiese visto una visión, el potente ruido provenía del otro lado de la puerta; retrocedió hasta la chimenea crepitante, parecía terriblemente asustada.

- ¿Qué es lo que sucede? - Quiso saber la mujer.

Muneshige rió suavemente sin decir una sola palabra. Entonces ella vio quién era, vio la figura de una mujer castaña que cruzaba el umbral de la puerta.

Ahí estaba ella, enmarcada en la nebulosa claridad que reflejaba aquella lámpara sobre ella, mirando a la distante figura de Kyoshi que se encontraba parada en el otro extremo del cuarto parada de espaldas cerca de un gran espejo cristalino que vibraba debido a la tensión, al lado de la chimenea.

La mujer castaña miraba a Kyoshi con ojos refulgentes de temeraria astucia animal mientras la reina se movía lentamente colocándose detrás de una mesa llena de frutas y manjares, como si la mesa pudiera protegerla de ella. Miraba alternadamente a la pareja de castaños, incrédula, sorprendida ¡No era posible! Aquella mujer no debería ser capaz de estar parada al lado de Muneshige sin estar retorciéndose de dolor mientras su cuerpo se pudría lentamente hasta morir.

A menos que...

- ¡Tú!

...

Neji se acercaba a toda velocidad hacia la torre del oeste seguido de cerca por Sasuke. Tenten se había ido desde hace mucho rato, esperaba poder alcanzarla a tiempo para poder ayudarla si lo requería. Tenía que estar a su lado. Nunca se perdonaría a si mismo el haberla dejado sola en esta situación.

Cuando entraron a la edificación se encontraron con un grupo de esclavos que bajaban las escaleras dirigiéndose hacia el salón en el que descansaban los postulantes. Rápidamente los interrogaron y una de las mujeres les explicó que la soberana les ordenó retirarse cuando llegó un misterioso hombre que escoltaba a la debutante castaña más famosa de la subasta.

Cuando describieron al misterioso hombre ambos ninjas dedujeron que se trataba de Muneshige, el hombre encajaba perfectamente en la descripción que los postulantes habían hecho. Neji les ordenó continuar su camino mientras ellos seguían subiendo las interminables escaleras hasta el tope de la torre. Una de las grandes laminas de cristal que cubrían las ventanas vibró llamando la atención de los caballeros. Con cautela, Sasuke tocó aquella lámina con los dedos cuando el estruendo del vidrio rompiéndose les provocó un sobresalto.

Con la agilidad de su entrenamiento Shinobi, saltaron de escalera en escalera hasta llegar a la puerta que estaba abierta. Al cruzarla observaron a Muneshige parado en medio de la habitación mirando hacia la zona de la chimenea. Tenten estaba parada cerca la puerta, como si apenas hubiese dado unos pocos pasos antes de quedarse inmóvil con la mirada fija hacia el mismo lugar al que miraba Muneshige.

Había algo completamente diferente en ella, algo que los dejó también inmóvil en el lugar en el que estaban. Había un extraño sonido que había logrado desorientados, casi provocaba que todo su cuerpo vibrara al igual que lo hacía con los cristales. Neji temía que su corazón fuese a explotar en cualquier momento, inocentemente se llevó las manos a los oídos, por el rabillo del ojo notó que Sasuke había hecho lo mismo pero ambos sabían que eso no era de ninguna utilidad, el sonido estaba dentro de ellos.

Entonces Tenten volvió su vista por un segundo y la fijó en ellos, sus ojos castaños refulgían, parecían estar rojos como dos llamas de fuego; nada pudo disimular el odio que había en su mirada. Como dos marionetas ambos jóvenes retrocedieron hasta la pared y allí se quedaron, obedeciendo su orden silenciosa. Aquella tensión vibratoria provenía de ella, mientras más se alejaban era menos potente, así que se quedaron lo más lejos que pudieron sin salir de la habitación, por nada del mundo la dejarían sola.

Ella los miraba como si no lograra reconocerlos del todo, Neji lo sabía, en esos momentos no era su Tenten quien lo miraba, tampoco se trataba de aquella particular transformación que sufría cada vez que el poder de los dragones se adueñaba de su ser. No, esta vez era ella, humana, pero no era la chica de esta era.

No fue difícil determinar que se trataba de la verdadera gemela que se había enfrentado a Kyoshi hace muchos años atrás. Aquella reencarnación había tomado el dominio del cuerpo que habitaba latente. Había regresado de su largo sueño para cumplir con su promesa. Neji miró a Muneshige y vio con asombro como sus labios dibujaban una sonrisa amarga.

- Es la maldición, madre - Dijo alzando la voz que logró llenar toda la sala.

La mujer quedó paralizada al oírlo, sin moverse. Tenten también prestó atención desviando su vista de Neji. Viendo a la nada.

Kyoshi empezó a temblar sin poder controlarse y gritó:

- ¡Estás en mi contra! ¡Mi propio hijo, siempre dándome la espalda! - Se quedó mirándolo fijamente indignada.

El pesado haori que Tenten usaba hacía un ruido de arrastre cuando empezó a moverse y sus pies descalzos crujían en la alfombra con cada paso que daba. Mientras más avanzaba más amenazadora era su postura. Muneshige habló de nuevo provocando que ella se detuviera abruptamente para prestar atención a aquellas palabras que exclamaba.

"Tu maldad ha sido y siempre será infinita;
Has destruido todo lo que has tocado.
¡Pero en tu momento de mayor gloria yo te detendré!
¡Seré yo quien te derrotará!
Recuerda bien mi rostro porque será lo último que verás.
¡Lo juro!"

Neji y Sasuke se miraron aún con sus manos cubriendo sus oídos. Habían comprendido que esas eran las palabras textuales de la antigua promesa, la profecía, la maldición que Tenten como heredera de su clan había pronunciado contra la usurpadora.

- ¡NO! - Chilló Kyoshi furiosa - ¡Esto no ha terminado, hijo mío!

Los jóvenes sintieron tal tensión que casi los hizo caer de rodillas al suelo. Toda la torre vibraba y sentían tal pesadez como si la gravedad de la Tierra hubiese aumentado repentinamente, solo alcanzaron a alejarse lo más que pudieron de las mujeres, hasta la esquina cerca de la puerta por la que habían entrado. Buscaban en los muros de la habitación el soporte que necesitaban para no caer al suelo.

Neji mantenía su Byakugan activo, al igual que Sasuke lo hacía con su propia visión. Pudo advertir como Kyoshi reagrupaba sus poderes, lo veía claramente. Pudo ver como su cuerpo se ponía en tensión, que sus pechos se erguían, que sus manos se alzaban como por un acto reflejo, que sus dedos se encrispaban como si en cualquier momento fuesen a salir unas monstruosas garras de sus dedos. Sin embargo había algo extraño en ella, sus ojos no le faltaban.

Se fijó en Tenten y luego en Kyoshi, la diferencia era descomunal. Su compañera fue golpeada por una fuerza invisible que la empujó hacia atrás, pero al instante resistió el impacto con ímpetu. Neji sonrió, al parecer ella también lo había notado.

Enseguida Tenten se levantó con el ardor de la furia desorbitado sus hermosos ojos castaños rojizos; luego, con los brazos extendidos arremetió contra la mujer con tanta rabia y rapidez que, de no ser por su habilidosa visión, no habrían podido seguir sus movimientos pero luego de ese veloz arrebato todo lo siguiente ocurrió en cámara lenta.

En ese momento el cuerpo de Tenten se transformó. Su piel bronceada se volvió oscura como el carbón ardiente. Amos ninjas vieron las conocidas protuberancias que salían de la extensión de sus brazos cuando Kyoshi la atacó y arrancó parte de la pesada chaqueta que Tenten dejó caer por completo quedando vestida con un sencillo vestido, cómodo para dormir.

Muneshige estaba inmóvil, a pesar de ser considerado un humano común, ya que el flujo de su chakra era el mínimo, no era afectado por aquella vibración que era producida por el poder de las mujeres. Neji estaba absorto, atento a cada movimiento de su compañera, en el más mínimo instante en que Kyoshi tomara ventaja él intervendría a favor de Tenten, sin importar que; pero no fue necesario.

Todo terminó muy rápido.

Vio los largos dedos de Tenten, con sus peligrosas zarpas precipitarse contra Kyoshi; vio el rostro de la usurpadora reina cuando la criatura la atrapó por el pelo, negro, sedoso y largo con tal agresividad que era hasta doloroso mirar.

La reina rugió. Aquel grito no era de furia, era de miedo.

Los tres hombres presentes en la sala vieron el perfil de Kyoshi cuando su cabeza golpeó contra el cristal. Aquel gran espejo que no había cesado de vibrar ante la presencia de Tenten; el cristal se rompió y se desmoronó en grandes fragmentos que tenían forma de dagas.

Perfectas dagas.

Neji resistió en silencio el impacto de aquel acto violento; por un momento se quedó paralizado, sin poder respirar, sin poder moverse, pero no era cierto. La tensión de la sala había acabado hace un momento.

El cuerpo decapitado de Kyoshi resbalaba por el cristal quebrado mientras más fragmentos como dagas se clavaban en su cuerpo. La sangre empapaba y escurría el espejo, lo que había quedado de él.

Tenten de pie, al lado del cuerpo, con el gran charco de sangre empapando sus pies descansos mientras sostenía con su mano derecha la cabeza degollada de la reina.

Los ojos de la cabeza estaban clavados en Muneshige. De repente abrió la boca como si intentara gritar mientras el cuerpo que caía lentamente movió uno de sus brazos con un espasmo, como si quisiese buscar la cabeza que tenía al alcance de su mano mientras del muñón de su cuello seguía saliendo sangre a borbotones.

- Adiós, madre - Se despidió Muneshige sin dejar de mirar como estupidizado la cabeza decapitada.

En ese momento Tenten soltó una ráfaga de fuego que incendió el cuerpo sin soltar en ningún momento la cabeza.

...

Tenten sentía como la luz de su entorno empezaba a apagarse, fue como si la luz se extinguiera pero no era así, aún podía ver las distantes llamas a través de la oscura neblina que empezaba a empañar su vista. Repentinamente cayó de rodillas.

Intentó levantar el peso de su brazo pero era como si toda su fuerza descomunal la hubiese abandonado, la cabeza que antes sostenía rodó un metro lejos de su cuerpo y antes que pudiese escapársele le arrojó otra ráfaga de fuego con lo último que le quedaba de fuerzas.

La veía arder como hipnotizada.

Al fin, todo había terminado.

Escuchaba que alguien la llamaba pero era incapaz de contestar.

¿Su nombre? Parecía que alguien decía su nombre.

Consiguió levantarse solo un poco, apoyando todo el peso de su cuerpo en sus manos cuando el impacto de la visión se adueñó de ella. Se sentó sobre sus talones y llevó sus manos hasta su rostro dejándolas suspendidas por unos segundos ¡Eran transparentes!

¡Estaba desapareciendo!

¿Así que de eso se trataba? Había destruido la maldición y aún así iba a morir, que injusto. Bien, al menos sería libre.

Debería sentirse aterrorizada, sin embargo aquella sensación en su interior se hizo más intensa, la encantadora sensación de la plenitud, de que algo por fin había acabado.

Neji estaba a su lado sosteniéndola ya que ella misma no tenía fuerzas para levantarse. Cuando su rostro cayó un poco pudo observar a Muneshige en el suelo, desmayado, la mitad de su cuerpo había desaparecido.

Entonces quiso llorar. Varias lágrimas se deslizaron por su rostro mientras pensaba en su hermana, que seguramente agonizaba como ella misma. Al menos ahí estaba Neji y podía morir viendo su rostro por última vez. Aún así, no quería morir.

Entonces él abrió sus labios para decirle:

- Escúchame Tenten ¿Quieres vivir?

Preguntó Neji controlando la desesperación de sus sentimientos mientras veía el rostro de Tenten palidecer; empezaba a volverse de un color blanco fantasmal, como si la luz de su interior se apagase. Estaba a la expectativa, no quería verla morir, cuando Tenten asistió sintió como su propio cuerpo regresaba a la vida. Entonces volvió su vista con violencia hacia Sasuke y él se movió con rapidez. Sabía bien que tenía que hacer.

Con su propia técnica avivó el fuego que expandía por el cuerpo de la reina para que se consumiera en segundos. Con velocidad tomó una de las copas de oro y agregó a ésta una parte de las cenizas de Kyoshi y también unas gotas de su sangre. Esperaba que con eso fuese suficiente.

Neji y él habían estado conversando sobre las manera de salvar la vida de Tenten en el caso de que el cumplimiento de su promesa acabara con su propia vida, tal como había ocurrido.

Después de analizar toda la historia, la mejor conclusión a la que llegaron fue que el primer acto vil de Kyoshi contra ella y su gemela era una clave importante a considerar: la profanación del funeral de su madre.

Cuando los guardias de la reina atacaron al pueblo en el que vivía Tenten pacíficamente junto a su gemela, ellos interrumpieron una costumbre antiguamente sagrada para su familia la cual se trataba del consumo de las cenizas del difunto para que su alma pudiese trascender pacíficamente.

Las hermanas nunca pudieron completar aquel sagrado ritual, por lo tanto ese acto se había vuelto una clave muy importante para comprender las posibilidades del final que podría tener aquella historia. Tenten y Kyoshi tenían sus destinos atados y todo terminaría cuando una acabara definitivamente con la vida de la otra. Sin embargo, al cometer el asesinato irremediablemente eso terminaría con su propia vida. Sospechaban que si Kyoshi hubiese vencido a Tenten el mismo acto hubiese tenido que darse.

Sea cual fuere el resultado final, el banquete funerario era la clave de la supervivencia. La vencedora debe consumir las cenizas de su rival para poder absorber la vida que le había arrebatado, eso permitiría su propia resurrección en una nueva vida.

Neji sabía que Tenten había llegado también a esa conclusión, era una mujer inteligente y comprendía por qué en el fondo, ella se negaba a esa posibilidad, tenía orgullo. Por eso su única opción había sido aquella. Persuadirla.

Esperaba que su amor por él fuese lo suficientemente poderoso para que quisiera vivir y estar a su lado a pesar de tener que consumir las cenizas de la persona que había condenado su vida desde hace muchos siglos.

Afortunadamente había visto en sus ojos su propio anhelo y tristeza, ella también quería vivir.

Cuando Sasuke acercó la copa hasta sus labios ella bebió todo el contenido de aquel vino mezclado con lo que había sido su destino.

Y ambos esperaron.

Una eternidad.

Durante un instante.

¿Acaso no había sido suficiente?

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