Los ensayos para la nueva obra teatral de la compañía Stratford se hacían mas tediosos día con día, eso contando los rumores que una estrella del tamaño de Eleanor Baker había visitado al director Robert Hathaway para hacer unas cuantas modificaciones en la obra o porque probablemente quería el protagónico, de eso nadie sabia nada.
Karen estaba al borde de la histeria o tal vez de renunciar… ninguna opción era buena, su relación con Robert Hathaway se había deteriorado desde aquel momento donde no le puso un freno a los deseos de Sir Oliver Winthrop y sus pomposidades, era un tipo nefasto y por puro capricho le había quitado su lugar dándoselo a Susana. Si bien su relación con el señor Hathaway se basaba en los beneficios, el le ayudaba en su carrera y a cambio conseguía una muchacha bonita que calentara su cama, era claro que Robert tendría una fila de candidatas para ocupar su lugar, los rumores de la señorita Baker habían terminado por convencerle.
A Karen no le importaba que la tomaran por una mujer fácil, en una carrera como la suya nadie se podia dar el lujo de ser una santa, o santo…
Y aun teniendo a su tío, un doctor muy influyente de Florida, aun así, no bastaba, Karen tenia que rascarse con sus propias uñas.
En ese gremio como seguramente en otros tantos, se escuchaban historias aberrantes, como la de aquel muchacho que se había suicidado hace un par de años, las actrices que un día habían sido muy bellas pero que cuando su luz se apagaba terminaban en las calles porque no podían dejar la bebida y para ese entonces ya habían dilapidado su dinero de maneras estupidas, Charlie le había comentado que ese Sir Oliver tenia fama de seducir muchachos, era todo muy… tórrido.
Y uno se podia dejar llevar por esa marea si no se sujetaba bien.
Con un papel menos que secundario, que era todo lo que tenia, Karen se escapo de los ensayos por un rato y decidió salir por la puerta de atrás del edificio que daba a un callejón, ahi se sentó en los primeros escalones y se puso a fumar pensando en sus posibilidades.
Que no eran muchas, pero últimamente tenia esa idea loca de mudarse a California para hacer cine mudo, no era tan prestigioso como trabajar en Broadway pero le habían ofrecido una película y ella no iba desperdiciar oportunidades cuando estaba en la flor de su juventud.
No señor, ella no iba a dejar que le cerraran las puertas en las narices.
No muy lejos, diviso a un chico recargado sobre la roja pared de ladrillo dandole una calada a su pitillo al igual que ella.
Era Terry.
No sabia si su compañero se encontraba igual de decepcionado, pues debido a que la obra seria la nueva version de Pygmalion, de George Bernard Shaw, Susana interpretaría a la pobre vendedora violetas, la señorita Doolittle y el odioso Sir Oliver interpretaría al Señor Higgins, el experto en fonética que se encarga de hacer de la señorita Doolittle todo una dama, Terry tenia el papel de Freddy, el admirador empobrecido, lo cual no eran muchas lineas como para figurar en una obra, y viéndolo como ella lo veía, le daban ganas de sugerirle que renunciaran.
Desafortunadamente para actores tan nuevos como ellos, quedarían a los ojos de los otros como unos ingratos y ademas de talento y belleza, en esta carrera había que besarle el culo a mucha gente o tachaban tu nombre de sus listas.
Cuando Terry noto su presencia, asintio con la cabeza a lo que ella palmeo el lugar vacío junto a ella para que se sentara a su lado y Terry no rechazo la oferta.
Era extraño, porque había notado como ese Sir Oliver no le quitaba la mirada de encima a Terry desde la primera vez que ensayaran, Terry, quien trataba de ignorarle olímpicamente y se resumía a hacer su trabajo, apenas contaba con unas cuantas lineas pero cuando era su turno, Oliver brincaba a su lado y le explicaba el tono que debía usar, la postura que debía tomar, todo mientras trataba desesperadamente de hacer algún contacto físico a como diera lugar.
Y la mirada.
Sir Oliver le miraba de una forma amable, casi galante, por su parte Terry solo asentía mecánicamente.
Por supuesto que Sir Oliver no hacia esto con todos los actores, a excepción tal vez de Susana, pero a ella le gritaba cuando lo exasperaba.
¿Seria que le gustaba Terry?
Karen volvió a pensar en lo que Charlie le había dicho.
Y se dijo a si misma que la cotilla de Charlie era una ridicules, pero, ¿Y si no era así?
También recordaba la tarde en que Terry había caído desmayado al suelo y Sir Oliver le había cargado en sus brazos, después le acosto sobre un sofa de la oficina de Robert y checo los signos del muchacho el mismo, parecía tan preocupado por la salud de Terry y tan territorial que incluso no se despego del joven ni un segundo, lo que llevo a Karen a creer que Oliver Winthrop era una persona noble.
Pero a los pocos días empezó a cambiar, su estima por el actor sufrió una fractura irreversible' al ver que Sir Oliver sabia a quien podia negarle su mejor version, pues la cara afable y encantadora no era para todos por igual, y claro estaba que le había importado un comino que ella le tuviera en alta estima.
No iba a durar mucho ahi, tal vez dejaría la obra antes del estreno, no lo sabia.
— ¡Y pensar que le admiraba!— chillo, Karen, sonando lo mas irónica posible.
Terry exhalo el humo de su cigarro y miro la ceniza que caía sobre el piso de concreto, el joven sabia a quien se refería y lo peor de todo es como ninguna palabra parecía salir de sus labios, le odiaba tanto, le despreciaba y se despreciaba a si mismo por encontrarse en una situación así, nadie sabia lo que había pasado y no tenían porque, Terry no había intentado confrontarle aun y por alguna extraña razón Sir Oliver Winthrop parecía no recordar muy bien aquel suceso donde le marco, todo lo contrario, era la mar de cordial con el, a veces incluso se excedía en atenciones, y el muchacho casi podia sentir que iba a tener un ataque de pánico en cualquier momento.
A eso le había reducido.
Es como si la retahíla de cosas malas en su vida nunca pudiera parar.
Y el la iba a parar.
— Robert, es un verdadero idiota por permitir que ese tipo le de ordenes.— acuso Karen con amargura.— Estoy pensando en mandar todo a la mierda… después de todo, hay cosas mas importantes que el teatro.
— ¿Como que?
Karen le miro con el ceño fruncido, los ojos de Terry eran de un azul muy particular, grandes y bonitos, casi penetrantes, claro que eso nunca lo diría, el único ego que quería alimentar era el suyo propio, muchas gracias.
No había ignorado lo increíblemente atractivo que el muchacho le había parecido la primera vez que le vio en las audiciones del teatro Selwyn, pero era solamente eso, Karen no perdía la cabeza por los hombres como tantas chicas que conocía, no había nada mas triste que perder el tiempo con tipos que no estaban dispuestos a mostrar un interés real, alguien que realmente valiera la pena, el físico no importaba mucho para Karen si la persona no le aportaba nada a su vida. Si la persona no podia amarle mas de lo que ella podia. Porque después de todo, Karen era la protagonista de su vida.
Pero había algo en el… Había algo en sus ojos, parecían vacíos, casi muertos, en ocasiones como esta los contemplaba nublarse de algo similar al miedo, Karen Klaise se preguntaba quien era Terry Graham.
Quien había sido, y porque un muchacho tan joven albergaba tanta amargura en el.
— Ahora que lo mencionas, es curioso que tu no seas el primero en hacerlo, Charlie me contó algo muy turbio sobre ese Sir Oliver.
Terry palideció.
—veras, había un vez un chico…— Karen comenzó a relatar lo que parecía una historia muy larga, una historia que el bien y podia conocer.
—No me interesa.— Contesto el muchacho con brusquedad.
— Claro que si, había un chico que se llamaba B…
Terry ha empezado a toser, pero es mas como un ataque, lo que a Karen le hace imposible seguir con su historia, ¡Y que historia!
Al principio cree que lo hace para ser grosero y así evitar que ella continue su relato, pero Terry no para y lo hace cada vez mas fuerte, pronto, es el mismo quien tira el cigarro al suelo porque no puede dejar de toser y Karen se alarma sobre manera, comienza a dar palmadas en la espalda del muchacho que después de un momento vuelve a la normalidad y el percance solo le deja los ojos acuosos.
—¿Estas bien?
Terry asiente evitando mirarle, Karen cree que debe estar avergonzado y ella no desaprovecha la oportunidad.
— ¡Creo que tus pulmones han vuelto a ser virgenes! — Bromea la joven mientras le da una calada a su cigarrillo presumiendo lo bien que se le da.
— ¿Si?—inquiere Terry— ¿Entiendo que eso viene de una mujer muy experimentada como tu?— la manera en que el chico la ha barrido con la mirada debería insultarla pero ella ha empezado y eso hace que no responda nada.
Después de un silencio de varios minutos, Terry vuelve a ser el primero en hablar y no es algo que Karen hubiera esperado.
— Lo siento, no quise ofenderte.
— Yo tampoco quise molestarte.
Terry le mira con suspicacia y Karen se delata a si misma.— De acuerdo, tal vez si quise molestaste pero solo un poco, somos amigos, ¿cierto?
— Deberías de renunciar si sientes que no estas yendo a ningún lado.— se oye así mismo decir.
— Lo he pensado… pero no podría privarme de ver como Susana fracasa, ¿Sabes?
Los dos saben que ella esta bromeando, aunque también saben lo mucho que Karen deseaba el papel, Karen no se atreve a preguntar por lo que quiere Terry Graham, de pronto tiene la impresión que para el chico todo es mas complicado.
Entonces lo recuerda con Candy y lo alegre que se veía a su lado, y también lo recuerda triste, debía quererla, si, pero sabe que no es eso, Terry es un chico complicado, extraño, incluso algo perturbado.
Otro compañero en su lugar se hubiese puesto a reír y a presumir a todos cuando llenaron su camerino de rosas rojas, pero no Terry, el lucia como si hubiese visto a la muerte.
O tal vez ya estaba muerto, tal vez en algún momento de su vida su verdadera muerte había comenzado antes de su muerte corporal y nadie lo sabia.
A Karen le gusta suponer.
—Robert piensa que hay algo especial en ti, cree que Broadway no vera una estrella como tu en mucho tiempo.— confiesa la muchacha con un tono casi de juego pero a la vez serio, porque si hablara completamente con seriedad se daría cuenta que ella también esta de acuerdo. — Pero no entiendo su lógica, si el piensa eso de ti, ¿porque no te da un papel mayor?.
—No deseo hablar de eso.
— Pero debemos, somos colegas, ¿no es así?— Karen tira la colilla de cigarro y la aplasta con el tacón de su botín.— Creo que tu no disfrutas de lo que haces, tal vez alguna vez fue diferente mas no ahora, eres bueno como dice Robert, no voy a negarlo, eso me consta, pero cuando estas en el escenario pareciese que solo estas ahi por un deber, como si te estuvieras auto castigando por algo, o vivieras en una expiación perpetua…
—No sabia que ahora eras una especie de Sigmund Freud.
Karen esbozo una sonrisa fastidiosa. — Y te ocultas en el sarcasmo para no demostrar lo mucho que te afecta.
—Creo que estas muy loca.
— ¿Que puedo decir? Me gusta estudiar la naturaleza humana.
—Eres muy pretenciosa, Karen.
—Me lo dicen todo el tiempo.
—Entiendo, pero ¿ningún consejo? ¿ni buenos deseos? — Pregunta el muchacho, ahora apoyando la espalda en la pared de ladrillos sucios detrás de él, mientras el humo sale de sus fosas nasales y se eleva, ha tratado de parecer despreocupado incluso altanero, con el tono burlón que es mas lastimero que otra cosa pero solo llega a parecer un ser pensativo.
Karen bufo.— Tendría que conocerte de verdad, ¿consejos dices? Apenas y tengo tres años mas que tu y soy consciente que mi vida podría ser considerada como medianamente privilegiada comparada con los no tan afortunados, pero espero que los buenos deseos ayuden.
Terry asintio.
Karen se levanto del escalón de concreto y antes de marcharse se viro hacia Terry— Pero incluso si no puedo entender del todo… quiero que sepas que me agradas y que muchas veces pienso que podríamos ser buenos amigos, no tengo muchos pero… cuando tengo un amigo, me gusta ayudarles, ¿sabes?
— Gracias.
Y eso es todo, Karen se va y desaparece, dejándole con sus pensamientos para el solo, es bueno que se marche antes de que algún espíritu maligno en Terry le arroje alguna pista de lo miserable que se siente, pasan unos minutos cuando escucha unas pisadas muy cercanas, Terry no se molesta en voltear, tal vez Karen ha vuelto o es alguien de la obra.
— Mis pulmones están perfectamente, Karen.
Pero no es Karen.
— Te he estado buscando por todas partes.
Robert Hathaway le mira molesto con las manos en jarras, aunque su expresión no deja de tener ese aire paternal que Terry tanto rehuye, ese nuevo aire después de que Eleanor se presentara en su oficina con una petición muy particular y un secreto muy intimo.
Ojalá se hubiese enterado antes, jamas lo adivinaría pero al mismo tiempo es tan evidente cuando le ve, ese chico es tan parecido a Eleanor y le ha recordado a ella desde el primer momento en que le tuvo de frente.
Pero es su molestia mas bien actuada, mas bien es sorpresa, pues sin mucha experiencia en el teatro el hijo de Eleanor les ha engañado a todos haciéndoles creer que viene de la nada.
El vástago de un duque ingles y una actriz americana.
La audiencia se volveria loca.
— ¿Sucede algo, Robert?
Sin la menor vergüenza el muchacho se pone de pie y finge no saber que se salta los ensayos, pero de ser otra persona Robert ya le hubiese reprendido, y esa manera de llamarle por su nombre de pila cuando todos le llaman, señor Hathaway…
Es un atrevimiento que casi le hace sonreír.
Robert observa al muchacho y nota cierto refinamiento que en el pasado había ignorado, pero sabe que no proviene de Eleanor.
— Tengo algo importante que proponerte.
No le gustaba ese empleo, pero se le daba muy bien y el jefe de la construcción jamas lo despediría por esa misma razón, Charlie tenia recomendaciones de la multitud de lugares donde había trabajado en el pasado, aquella tarde mientras trabajaba arriba de un andamio, Charlie soñaba despierto con los lujos que no podia darse y lo mucho que le gustaría restregárselos a Susana después de dejarla, pero en su lugar solo tenia un montón de trabajo por terminar y la misma paga raquítica de siempre.
—¡Charlie!, ¡baja ahora!
—¡Charlie!
—¡Oye, alguien ha venido a verte!
El muchacho miro con el cejo fruncido desde lo mas alto del andamio, abajo solo podia ver al bruto de su jefe ladrarle como siempre junto a otra persona que no había visto antes, era un hombre alto de sombrero y abrigo negro, su figura se ve ridícula entre todos los trabajadores llenos de polvo y sudor, es obvio que no pertenece ahi. Charlie deja su martillo, demás herramientas y se baja con cuidado hasta llegar al piso.
— ¡Tengo horas gritándote, muchacho!— chilla su jefe.— Este caballero quiere hablar contigo.— menciona refiriéndose al extraño de mirada intimidante junto a ellos.
— ¿Que necesita?— Inquiere el joven no muy convencido de que un señor extraño lo venga a buscar personalmente a el, ¿Sera algún tipo del departamento de impuestos?
Charlie, espera que no sea así porque los muchachos que trabajan en su edificio están casi por terminar de repararlo y sus finanzas andan muy apretadas ahora que esta construyendo su propio inmueble, ( del que su jefe no sabe nada), tiene a Terry de socio, quien le entrego una bolsa llena de joyas con las que pagaron mayoritariamente la propiedad, pero fuera de eso Terry no ha estado en animo para participar mucho, por lo que respecta a Charlie, despierta al alba y se va trabajar a un rascacielos entre Pearl y William Street, lo que queda del día lo dedica a su bebé, (a Charlie le gusta llamarle así al edificio en ruinas que han comprado), y de ahi no termina hasta la noche, después se va a casa, o le da una visita a Terry y cocinan algo, o si Susana esta de buen humor, le hace una visita muy muy nocturna.
Es un hombre ocupado.
Pero no es nada distinguido como el caballero que tiene en frente, quien a decir verdad no parece ser de por aquí y le saca una cabeza, tiene un aire extranjero, se le ve muy elegante y refinado para ser un simple empleado del departamento de impuestos, tal vez es el dueño del rascacielos, tal vez es el alcalde de la ciudad o alguien incluso mas importante.
— Fue un placer atenderle señor Grandchester.— Connor, su jefe, se despide de lo mas cordial con el extraño mientras a Charlie solo le lanza una mirada de advertencia.
Aquella tarde sera de lo mas interesante para el muchacho, porque ciertamente el mundo nunca dejara de sorprenderle, desde la verdadera identidad de aquel hombre hasta el motivo de su visita, las cosas que escucha ese día no se las podría confiar a nadie mas.
Cuando el ensayo termina, Terry se marcha discretamente mientras toma sus cosas, la propuesta de Robert no le disgusta pero tampoco le emociona, dentro de el sus sentimientos son contradictorios.
Quisiera proponerle a Karen una renuncia doble. Claro esta, ella tomaría su camino y el tomaría el suyo.
Pero a estas alturas ya no siente que tenga un camino.
Es así como ha terminado en un restaurante tomando café en un mesa el solo, tratando de pensar en lo que iba a hacer a continuación.
No hay mas clientes que el y otra persona.
Terry se queda sentado ahi por un tiempo, mirando fijamente hacia ningún punto en especial, a veces cierra los ojos, luchando contra el cansancio que todavía siente de los días pasados cuando estaba enfermo. El muchacho abrió sus ojos y termino su cafe cuando nota como una señora algo mayor le ha estado mirando por un largo rato ya, pero no es mirada mala, solo extraña.
No le presta mucha atención , solo paga por lo que ha consumido y se marcha del lugar.
En el camino a casa le dedica un pensamiento a Candy, se pregunta si esta feliz en Lakewood, "aquel lugar maravilloso" como ella le ha descrito, se pregunta si Albert va a cumplir con sus promesas.
Estupido Lakewood y estupido Albert.
Y dentro de el sabe que esta siendo muy infantil tratando de ver sombras donde no las hay, sabe que es así, sabe que Albert es una persona responsable y madura en su edad, alguien sin tantas telarañas en la cabeza, que le cuidara y vera lo mejor para Candy: Candy merece Lakewood.
Antes de llegar a su edificio Terry cambia el rumbo de sus pasos. Ya es muy tarde cuando decide volver al teatro.
