Todavía estaban en la cubierta del barco observando como la línea de la costa se iba haciendo pequeña en la oscuridad. La ciudad, en llamas, se volvía en un faro en el horizonte. En un abrir y cerrar de ojos, habían perdido por completo la capital de Thera. Todo el esfuerzo que había realizado se estaba volviendo cenizas ante sus ojos.
Lena estaba de pie a su lado, apoyada contra el costado de Kara. La rubia estaba preocupada. Desde luego, el esfuerzo y los nervios de la huida no iban a ser buenos para la salud de la morena y del bebé. Quería ponerla a reposar cuanto antes mejor. Pero la morena no quería irse de allí. En la oscuridad de la noche, Kara pudo detectar un par de lágrimas que resbalaron por las mejillas de la Luthor. La rodeó con su brazo y la apretó contra ella intentándola consolar.
Maldita sea. Había estado tan cerca. ¿Por qué no la habían escuchado? ¿Por qué no la habían dejado seguir con su plan?
Kara suspiró. Prácticamente lo acababan de perder todo.
- Lena, deberías ir a tumbarte un rato. - insistió la rubia.
- ¿Y ahora qué? _ lloraba la Luthor.
- Ya está. Tranquila. - la consoló Kara con una sonrisa amarga.
Lena escondió su rostro en el cuello de la rubia. Sus hijos se acercaron a ellas y las abrazaron.
- ¿Qué vamos a hacer, mamá? - lloriqueó el pequeño Levi.
Lena se separó del abrazo para poder limpiarle las lágrimas al niño.
- Para empezar, necesitas descansar, cariño. - le respondió la morena.
- Avisaré para que nos preparen el camarote. - dijo Lars marchándose.
- Tú también necesitas descansar, Lena. - repitió la rubia.
- Lo sé. - suspiró la morena volviendo su vista a la ciudad. Aunque sabía que la rubia tenía razón, necesitaba estar allí arriba. Sentía que estaba perdiendo todo por lo que había luchado ante sus ojos.
El mayor de sus hijos no tardó en volver. Ese barco era el que la familia real solía usar para viajar. Siempre estaba amarrado en la capital. Por eso pudieron usarlo para huir, aunque escaparon del puerto con poco más de lo llevaban puesto.
A la altura de la cubierta, había el camarote que había estado reservado para Kal. Debajo, bajo cubierta, había el camarote reservado a Lena. Y eran dos familias en el barco. Kelly, Alex y James habían huido con ellos. Decidieron dividir cada camarote para cada familia. El camarote superior, por tener un acceso más fácil, fue para la de Lena.
Así que, siempre con la ayuda de Kara que no se separaba de su lado, la morena llegó hasta allí. Era oscuro. Había una pequeña ventana empañada en un lado y se filtraba algo de luz entre las maderas de la pared. Había una cama bastante grande de un metro de altura nada más entrar y otra, un poco más pequeña, a un lado de la sala, a unos metros de distancia de los pies de la primera.
Tanto Lars como Levi insistieron para que Lena se quedara con la más grande. Era la que más necesitaba descansar en condiciones de los tres. Kara la ayudó a tumbarse con cuidado. Lena no había dicho nada, pero se podía ver en su cara que empezaba a sentir molestias.
- ¿Necesitas algo? - le preguntó Kara.
La morena negó con la cabeza.
- Por favor, asegúrate que los chicos se ponen a descansar también.
La rubia asintió y prácticamente tuvo que arrastrar a los muchachos hasta su cama. Kara agarró a Levi y lo colocó a la fuerza tumbado en la cama. El niño estaba inquieto. No quería dormir. La rubia pudo ver que estaba conteniendo las lágrimas.
Miró a Lena suplicándole por ayuda. No tenía ni idea de qué hacer.
- Tráelo, Kara. - le dijo la morena.
- ¿Estás segura?
Lena asintió. La rubia cogió en brazos al más pequeño y lo dejó al lado de Lena. Levi se abrazó a Lena que le dejó un beso en la cabecita.
Lars miraba la escena desde un lado, pensativo.
- ¿Qué vas a hacer ahora? - preguntó Lena a Kara.
- Voy a reunirme con Alex para planear qué hacer ahora. - respondió colocando las manos en su cintura.
- Déjame ir con vosotras. - respondió la morena decidida incorporándose un poco. Pero Kara negó con la cabeza.
- Primero, descansa. No vamos a tomar ninguna decisión importante sin ti. - la calmó con una sonrisa.
- Voy a ir contigo, tía. - intervino Lars.
- Lars, tú también necesitas dormir. - le respondió Kara.
- No, tía. Se supone que voy a ser el rey y mi capital está en llamas. Se ha acabado esconderme detrás de los demás. Dijiste que mi padre había sido un rey patético. Quiero aprender lo que de verdad necesito saber.
Kara miró interrogante a Lena esperando a que la morena le diera una respuesta. Ella solo se encogió de hombros y asintió.
- Está bien, chaval. Quizá va siendo hora de que empieces a saber qué significa ser un rey.
*/*/*/*
Kara, Lars y Alex estaban reunidos en el camarote del capitán. Dada su pronta salida, el hombre tenía que estar en cubierta para dar las órdenes necesarias. Eso les había permitido a los tres encontrar un rincón donde hablar.
- ¿Qué hace aquí, Lars? - preguntó sorprendida Alex.
Kara solo se encogió de hombros mientras colocaba diferentes mapas de Thera encima de la mesa.
- Quiero estar aquí, tía. Es mi deber como futuro rey. - respondió el chico imitando a Kara y colocando las manos en su cintura.
- ¿No eres un poco joven aún? - preguntó Alex levantando una ceja.
- Quiero aprender. - aseguró convencido.
- Si a Kara y a tu madre les parece bien…
- Mientras no moleste, puede estar donde quiera. - respondió Kara distraída. - Bien. Esto ya está. ¿Qué sabemos hasta ahora, Alex? - preguntó Kara apoyándose en el mueble analizando los mapas.
Alex se puso a su lado junto a Lars.
- Vieron al ejército de Lex cruzar el paso de montaña, así que entiendo que su plan era mandar un ataque de frente a la capital. Pero no ha podido cruzar la distancia que separa la capital del norte tan rápido. Deduzco que las mafias tenían suficientes armas para causar el caos en la ciudad. Te dije que ibas a causar el caos en la capital con tu plan. - le reprochó Alex cruzándose de brazos a su lado.
- Alex no tienes ningún derecho a decir esto. Has sido tú quién ha provocado todo esto. Deberías haberme hecho caso desde el principio. - le respondió Kara irguiéndose a su lado amenazante.
- Si nos hubieras contado cuál era tu plan, ahora no estaríamos así. - la encaró Alex.
- Tu deber era obedecer. Y no lo has hecho.
La tensión estaba aumentando por momentos. Ninguna de las dos parecía querer ceder. Kara apretaba con fuerza los puños para contenerse.
- ¿Podemos centrarnos? - intervino Lars. - No sé de qué estáis hablando y no sé si quiero saberlo. Pero creo que tenemos problemas más grandes que saber de quién es la culpa.
Kara y Alex bufaron cruzándose de brazos. La rubia volvió a mirar los mapas en la misma posición de antes intentando recuperar el control de la ira.
- Da igual. - contestó Kara rápido. - Bien, si el ejército de Lex está entrando en el sur necesitamos reagrupar el ejército que está repartido por todo el territorio. - suspiró Kara analizando el mapa. - Por los dioses, esto será difícil. Y Lena tampoco está para muchos nervios. Necesitamos encontrar un lugar para que se refugie junto con Levi. Y también tenemos que encontrar un refugio para James.
- Kelly y yo hemos hablado. Te queríamos proponer que ellos dos, Kelly y James, huyan por separado. Lex irá en busca de Lena, Lars y Levi cuando sepa que hemos escapado.
Kara asintió.
- Sí, todos los que estemos cerca de ellos tres estaremos en peligro. - respondió Kara quedándose unos instantes en silencio. - Está bien, Alex. ¿Tienes alguna idea de dónde se pueden esconder?
- No lo sé. - respondió la mayor encogiéndose de hombros. - Queríamos conocer tu opinión antes de hablar nada más.
- ¿Ahora te importa mi opinión? - se mofó Kara mirándola con rabia fijamente.
- Por favor, tía, centrémonos. – volvió a intervenir Lars.
- Lo que me faltaba… Un mocoso dándome lecciones… - murmuró Kara bajando la mirada de nuevo.
- Necesitáis centraros, por favor. Por si no os acordáis, se nos tira el ejército del norte encima. - insistió el chico. - Y vosotras dos sois las únicas que de momento pueden encontrar una forma de estar todos seguros.
Se quedaron otra vez en silencio.
- Kara tiene razón. - rompió el silencio Alex asintiendo. - Necesitamos reagrupar el ejército. Intentaré ponerme en contacto con ellos, pero no creo que sea muy eficaz. Ahora mismo estarán más preocupados de que Lex no centre su atención en ellos que en luchar.
Kara asintió suspirando.
- De momento, lo mejor que podemos hacer es alejarnos del continente. Deberíamos escondernos entre las islas del archipiélago y esperar a que lleguen noticias. - acabó Kara separándose de nuevo de la mesa.
Lars y Alex asintieron y dieron por acabado la conversación. Juntos, abandonaron la habitación.
Fuera estaba amaneciendo cuando Lars y Kara volvieron a la habitación. Levi dormía tranquilo abrazado a Lena que parecía que todavía no había descansado nada.
- Deberías dormir un poco, Lena. - la riñó la rubia.
- No puedo. - sonrió cansada.
- Todo va a estar bien, mamá. - respondió Lars mientras se sentaba a su lado y la abrazaba. Lena correspondió al abrazo de su hijo escondiendo la cabeza en su cuello.
Kara estaba en silencio. Los observaba apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados con media sonrisa.
- Los dos necesitáis dormir, así que ya estáis tardando. Tumbaos y cerrad los ojos por lo menos. - bromeó la rubia.
- ¿Qué vas a hacer tú? - le preguntó preocupada Lena saliendo de su escondite.
- Voy a decirle al capitán lo que vamos a hacer de momento. - respondió Kara señalando con el pulgar a su espalda, hacia la cubierta.
- ¿Alguna pista?
- Vamos a escondernos mar adentro.
- Lex nunca ha tenido afición por el mar. No creo que sea capaz de rastrearnos. - suspiró Lena asintiendo.
Lars ya se había separado de ella y se había tumbado al lado de Levi.
- Será cosa de los Luthor. - rio Kara. - Ahora en serio, Lena. Duerme.
- ¿Y tú? ¿Dónde vas a dormir?
- Hasta que no esté segura de que estamos a salvo, voy a estar despierta. Luego ya buscaré algún rincón. Descansad. - sonrió Kara cerrando la puerta detrás de ella.
*/*/*/*
Al final, Kara se había entretenido charlando con algunos marineros. Solo volvió a la habitación cuando era mediodía. Habían preparado algo de comida con las pocas provisiones que había en el barco y la rubia se había ofrecido para llevarla a los otros tres.
Cuando entró, todavía estaban durmiendo. Eran un nudo de tres personas abrazadas. No podía evitar sentir algo de envidia. Hacía tiempo que no abrazaba a nadie así ella. Además, eran capaces de pegar ojo, mientras ella solo estaba preocupada por mantenerlos a salvo y no creía que fuera a dormir hasta que no supiera que estaban lo suficientemente lejos de Lex.
Dejó la bandeja que llevaba con comida en una pequeña mesa y se acercó a Lena. Suponía que iba a ser más fácil despertarla a ella que a los niños. La movió suavemente durante unos instantes. No parecía reaccionar.
Kara no pudo evitar quedársela mirando y pensar en lo preciosa que era. En que, a pesar de todo lo que había pasado, la había echado mucho de menos mientras estuvo lejos de Thera.
No, no era momento de pensar eso.
La llamó suavemente a la vez que la sacudía suavemente. Por fin, la morena reaccionó. Abrió los ojos un poco y arrugó el ceño.
- ¿Qué ahora es? - murmuró medio dormida.
Luego volvió a cerrar los ojos. Kara rio.
- Es la hora de comer. Os he traído algo. ¿Crees que podrás despertarlos? - le preguntó Kara señalando los niños.
Lena suspiró. Se sentó con cuidado contra el cabezal de la cama. Empezó por Lars que sería el más fácil de despertar. De hecho, se despertó al instante que Lena colocó su mano sobre su hombro algo alterado. Miró confundido a Kara y Lena.
- ¿Ha pasado algo? - preguntó nervioso mientras abría los ojos.
- Es hora de comer. - le contestó Kara. - Despierta a tu hermano.
Lars empezó a zarandear salvajemente a Levi para que se despertara mientras las dos mujeres se echaban a reír. Levi se incorporó y empezó a golpear las manos de su hermano para que lo dejara en paz.
- Quiero dormir. - se quejó el pequeño volviendo a tumbarse.
- Es hora de comer. ¿No tienes hambre? - le preguntó Lena.
- Sí. - respondió frotándose los ojos incorporándose otra vez al instante.
Kara volvió a la mesa riendo y cogió dos de los platos y cubiertos que había traído con ella. Se los dio a los dos niños. La rubia hizo un último viaje para darle a Lena su parte. Kara agarró sus cosas y se sentó en la otra cama de la habitación.
- ¿Alguna novedad? - preguntó Lars con el ceño fruncido.
- Relájate, Lars. No ha dado tiempo a qué pase nada. - le respondió Kara tranquilamente probando el primer bocado de lo que fuera que tuviera entre manos. Hacía tiempo que no probaba nada tan malo. Intentó disimular la mueca de asco que le nacía del alma.
- Solo quiero estar listo. - se defendió Lars.
- Todo llegará, cariño. - le respondió Lena acariciando su cabeza.
Comieron en relativo silencio despacio. Ninguno de ellos parecía tener mucha energía.
Cuando acabaron, Kara recogió todas las cosas y volvió a salir a devolver los platos.
Mientras tanto, Levi seguía pegado a Lena, pero Lars se levantó y se sentó en la cama opuesta. Pero no duraron mucho en esa posición. Kara llegó diciendo que James los estaba buscando para jugar. Los dos niños salieron ilusionados hacia cubierta.
- ¿Crees que es seguro? - preguntó Lena entre divertida y preocupada mirando como sus hijos desaparecían.
- No les va a pasar nada. Tampoco los vamos a abandonar si caen del barco. - rio Kara.
- Eso espero. - sonrió Lena.
- Después de todas las molestias, sería un desperdicio de esfuerzos. - añadió la rubia encogiéndose de hombros escapándosele la risa. Se acercó hasta Lena y se sentó a su lado. - ¿Cómo estás?
- Bien, supongo. Preocupada.
- ¿Y el bebé? - preguntó Kara alargando la mano para colocarla sobre el vientre de Lena, pero se detuvo a medio camino y la apoyó contra el colchón.
Lena sonrió enternecida por el gesto. Ella sí que llevó las manos hacia su tripa y empezó a acariciarla como si pudiera hacer llegar sus caricias al bebé.
- Bien, creo que al final la huida no nos ha pasado tanta factura.
- Me alegra oír eso. - sonrió Kara.
- Claro que lo hace. Estoy fabricando otra víctima de tus entrenamientos. Estoy segura que ya estás planeando sus ejercicios.
- Por supuesto. ¿Por quién me tomas? - rio Kara girándose para quedar de espaldas a la morena. Luego suspiró. - ¿No estás cansada?
- Un poco. Creo que debería dormir un poco más. ¿Y tú?
- Yo ya dormiré por la noche.
- ¿Estás segura? Tienes una fantástica cama a tu disposición. - dijo señalando el extremo opuesto del camarote.
- Tentador, pero no. Quiero asegurarme de que estamos a salvo. - respondió volviéndola a mirar.
- Como quieras. Esa cama no se va a mover de ahí.
Kara negó con la cabeza. Se levantó y se fue en dirección a la puerta.
- Voy a echar un vistazo a los niños. Además, que estemos en alta mar no es motivo para no entrenar. - rio Kara mientras se iba.
Lena la observó hasta que abandonó la habitación. Se tumbó de nuevo en la cama cuando se quedó a solas.
Era verdad que no se encontraba mal, pero podía sentir en parte como el ajetreo sí que le había pasado factura a su cuerpo.
Con la soledad, llegaron sus pensamientos. Se llevó las manos a la cara cuando las lágrimas volvieron a amenazar con salir. ¿Cómo había salido todo tan mal? Había renunciado a tanto, a su vida, a su felicidad, a Kara, para evitar que esto pasara. No había servido para nada. Había sufrido para nada. Sentía un dolor en el pecho y una ansiedad que creía que había dejado atrás hacía mucho tiempo.
Dejó escapar un par de lágrimas. Y después de esas fueron muchas más.
Al final, se quedó dormida sin saberlo dejando la almohada completamente empapada.
*/*/*/*
Lena esperaba que la rubia hubiera estado bromeando cuando habló de entrenamientos, pero se dio cuenta de que no cuando vio llegar a Lars arrastrando las piernas y quejándose horas más tarde. Detrás de él entraron Levi y Kara satisfechos. Todos vestidos con la ropa que solían usar para entrenar.
- ¿De verdad los has hecho entrenar? - preguntó sorprendida cuando vio a la rubia. - ¿Y de dónde han sacado esa ropa?
- A tu primera pregunta: por supuesto, Lena. ¿Por quién me tomas? En la vida hay prioridades y entrenar es una de ellas. A tu segunda pregunta: la cogí antes de escapar. - respondió orgullosa.
- ¿Te paraste a recoger cosas para poder entrenar en mitad de una huida? - preguntó la morena atónita.
- No veo por qué no.
Lena se frotó la frente. De verdad que había gente que no tenía remedio en este mundo.
- ¿Y cómo os vais a limpiar ahora? ¿Vais a ir oliendo a sudor todo el viaje? - se quejó Lena.
- Yo de ti me iría acostumbrado. No tenemos agua de sobras para ducharnos. Ni nosotros, ni nadie en toda la nave, incluida tú. - se rio Kara.
- ¿Estás de broma? - preguntó Lena herida.
- Claro que no. - respondió la rubia como si fuera obvio.
- Esto es la peor tortura que he sufrido nunca. - se quejó Lena haciéndose la dramática.
- Pues yo lo prefiero así. No me gusta limpiarme. - afirmó Levi seguro.
- Kara, eres una influencia horrible. - se alarmó la morena mirando al pequeño y luego a la rubia.
- Solo es cosa de niños. - se defendió Kara riéndose.
- Escuchadme bien los tres. - se puso seria Lena. - Ya podéis ir fuera a buscar con qué limpiaros. Pero no vais a volver a entrar oliendo así de mal.
- Pero mamá… - empezó a gimotear el pequeño.
- Nada de "pero". Fuera los tres. - les ordenó señalando la puerta del camarote.
Los tres bajaron las cabezas y se fueron sin decir nada más.
Al cabo de un tiempo los tres volvieron limpios, más o menos. Los marineros les habían dado unos trapos para quitarse la suciedad de la piel. Lena prefería no saber cómo lo habían conseguido. Se contentaba sabiendo que estaban limpios. Levi y Lars se tumbaron en su cama y Kara fue a buscar la cena.
La comida del mediodía le había parecido mala y la de la noche no la mejoraba mucho. Iban a ser unos días muy largos. Se lo comía porque no tenía más remedio y tenía un bebé al que hacer crecer. En otra época, se habría pasado todo el viaje sin comer.
Como había hecho al mediodía, la rubia recogió las cosas y salió a devolverlas. Levi y Lars se tumbaron de nuevo ahora ya en su propia cama. Los dos estaban tan cansados que cuando Kara volvió ya estaban dormidos profundamente.
La rubia que, como una bruta, había entrado haciendo ruido, rápidamente empezó a ir de puntillas para no despertarlos cuando los vio. Fue divertido ver el contraste tan brusco en su actitud. Lena dejó escapar una pequeña risa. Kara se acercó hasta su lado y se sentó junto a ella en la cama.
- ¿Todo bien? - le preguntó mirándola fijamente. Luego bajó su mirada a su vientre.
- Sí, claro. Ya te he dicho que estoy bien. - dijo colocando las manos sobre el bebé.
- ¿Me lo dirías si estuvieras mal? - le preguntó Kara divertida. Lena negó con la cabeza como respuesta. - Eso pensaba. - rio.
- Muy graciosa. - le respondió golpeándola suavemente el brazo. - ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Por fin dormirás un poco?
- ¿Estás preocupada por mí? - preguntó Kara fingiendo excesiva ilusión.
- No, pero eres la única adulta que se puede hacer cargo de ellos. - respondió Lena haciendo ver que no le importaba Kara en lo más mínimo, pero se le escapaba la risa.
- Alex también puede. - continuó la rubia.
- Alex tiene suficiente con su propia familia.
- ¿Así que ahora confías en mí para que cuide de ellos?
- Lo haces sin que yo te lo pida. - respondió ahora seria Lena.
- Es mi deber. - respondió Kara encogiéndose de hombros quitándole hierro al asunto.
- Ya… Creo que te estás excediendo un poco en tus deberes. - bromeó Lena.
- ¿Tú crees? – respondió la rubia y empezaron a reír las dos.
- ¿Dónde vas a dormir, Kara? - dijo Lena colocando su mano sobre la que la rubia tenía más cerca y acariciándola.
La rubia se las quedó mirando unos instantes en silencio.
- Seguramente encuentre una cama libre con la tripulación. - susurró.
- ¿Vas a dormir con los marineros? - preguntó Lena medio riéndose.
- ¿Qué tiene de malo?
- ¿Sabes? En esta cama cabemos las dos.
- Necesitas descansar, Lena. - suspiró Kara.
- Puedo dormir tranquilamente contigo a mi lado. Y tú no mereces el suplicio de tener que dormir con un montón de gente roncando a tu alrededor.
- La verdad es que se pueden oír desde cubierta. - dijo Kara haciendo una mueca.
- ¿Lo ves?
- No lo sé, Lena. ¿Quieres decir que esto es lo mejor dado nuestro historial?
- Kara, somos adultas ya. Y este último mes hemos comprobado que podemos convivir en paz. Quédate aquí. - insistió Lena apretando la mano de Kara que todavía no había soltado.
- Está bien. - aceptó la rubia. Tampoco iba a negarse a poder dormir en condiciones, aunque fuera al lado de Lena.
Kara rodeó la cama y se tumbó arriba al otro lado de la otra. La morena la imitó y se tumbó también de lado quedando frente a frente.
Kara estaba completamente tensa. Lena se echó a reír.
- ¿Qué es tan gracioso? - preguntó Kara ofendida.
- Nada, acabo de recordar algunas noches mientras me tenías secuestrada.
- Te tenía capturada. Eras mi prisionera. - la rectificó.
- Llámalo como quieras, cariño. El caso es que hubo noches que estabas tan tiesa como ahora. Hay cosas que no cambian.
- Me alegra divertirte, pero a mí no me hace gracia. - se quejó haciendo un puchero.
- Vamos, Kara. Relájate. Ni que fuera la primera vez que dormimos juntas.
- Ya sé que no lo es. Pero te recuerdo que es la primera en años. - se defendió.
- Cierto. - asintió Lena mirándola fijamente.
- Mejor dormimos. - respondió Kara girándose para estar de espaldas a la morena.
- Buenas noches.
- Qué descanses.
*/*/*/*
- ¡Tía, has dormido aquí!
Eso fue lo primero que oyó Kara a la mañana siguiente, seguido de un golpe en su estómago. Levi acababa de aterrizar sobre ella para darle los buenos días. La rubia ni tan solo abrió los ojos. Lo agarró por la camiseta y lo dejó de nuevo en el suelo. Dio media vuelta y volvió a intentar dormir. Pero el niño volvió a subir a la cama y se le tumbó encima. Kara bufó.
- Levi, es hora de dormir. - murmuró.
- ¡Pero si ya ha salido el Sol y los marineros han empezado a cantar! ¿No los oyes? - dijo el pequeño ilusionado.
- Si me gritas al oído, no puedo. - se quejó Kara. - Vuelve a la cama. Tu madre necesita descansar.
- Jolín, es que no estoy cansado. - gimoteó el niño en su oído.
- Si vuelves a la cama, esta tarde te enseño una técnica ultra secreta.
- ¡Vale! - gritó el niño feliz. Bajó rápidamente de encima de ella regalándole algún golpe por el camino y se tumbó en su cama. - ¿Así está bien, tía?
- Duerme.
- Vale… - murmuró el niño.
La siguiente vez que Kara se despertó fue por el sonido de la puerta abrirse y cerrarse de golpe. Casi le costó recordar dónde estaba. Se encontró a Lena sentada a su lado mirándola divertida.
- ¿Qué hora es? - preguntó con la voz ronca.
- Media mañana.
- ¿Tan tarde? - lloriqueó Kara.
- Parece que te ha pasado factura no dormir en dos días. - bromeó Lena.
- Ajá. Todavía dormiría más. - dijo la rubia escondiendo su rostro en la almohada.
- Puedes. Tampoco hay donde ir. - le dijo encogiéndose de hombros.
- Pero hay cosas que hacer.
- Kara, descansa. Nada de lo que puedas hacer aquí es urgente. No vendrá de que duermas un poco más.
- Si tú lo dices. - respondió Kara volviendo a ponerse en una posición cómoda para dormir. - ¿Dónde están Levi y Lars?
- Han salido a desayunar. Te estábamos esperando, pero parecías una marmota. - rio Lena.
- ¿Y tú?
- No tengo hambre.
- Tienes que comer algo.
- Tú duerme. Les he pedido a los niños que cuando acaben de desayunar nos traigan lo más parecido a fruta que haya por aquí.
- Me parece bien. Buenas noches. - suspiró Kara antes de cerrar los ojos y volverse a quedar dormida.
La última y definitiva vez que se despertó esa mañana fue cerca del mediodía. Estaba acostada sobre su costado. Lena estaba tumbada a su lado sobre su costado también y mirando el techo.
La rubia se la quedó mirando unos segundos.
- ¿En qué piensas? - murmuró Kara.
- En que cómo voy a mantener a Lars y Levi limpios mientras estamos aquí.
- ¿En serio? - preguntó Kara desconcertada.
- Claro que no. - rio Lena. - ¿Qué te piensas?
- Bueno, no es que no seas tiquismiquis con la limpieza. - se defendió Kara.
- Has pasado demasiado tiempo en Krypton.
- Eso seguro. - dijo la rubia completamente seria. No era un comentario que le hubiera hecho mucha gracia precisamente.
- Perdón. - se disculpó Lena cuando notó el cambio en el humor de la otra.
- Tranquila. - respondió negando. Kara se giró para quedar boca arriba. - Estaba pensando, ¿ellos han ido alguna vez a unas termas?
- No, nunca. Las de la capital estaban infestados de gente de las mafias. Y no han viajado mucho por Thera.
- ¿Dónde es lo más lejos que han ido? - preguntó girando la cabeza para mirarla.
- No han estado nunca en el norte si esa es tu pregunta. - respondió Lena encogiéndose de hombros y mirando su vientre que empezó a acariciar.
- ¿Cómo? ¿Por qué?
- Porque no confiaba en mi hermano. Desde que se enteró de lo de los esclavos, se volvió más radical, más como Edge. No confiaba en llevarlos al norte donde estaríamos a su merced.
- ¿Así que son unos medio Luthor que nunca han pisado el norte? Es un poco irónico. - reflexionó Kara arrugando la nariz.
- Un poco. - suspiró Lena.
- ¿En qué pensabas entonces? - dijo Kara cambiando radicalmente de tema.
- ¿Qué? – preguntó la morena sin entenderla mirándola interrogante.
- Antes, cuando me he despertado. -explicó la rubia.
Lena volvió la vista a su vientre. No le resultaba cómodo mirar a Kara teniéndola tan cerca después de todo.
- En todo y en nada. - mintió. - ¿Sabes que no tengo nombre para el bebé? Creo que empieza a ser hora de que lo decida.
- ¡Claro, Lena! ¿Cómo no lo has pensado todavía? - respondió Kara incorporándose y sentándose a su lado.
- Porque tenía muchas cosas en la cabeza como todos los inventos que me pediste que estudiara. - se defendió Lena incorporándose también.
- Bueno, supongo que estaría feo que te pidiera que continuaras con ellos, ¿no? - dijo Kara rascándose la nuca.
- ¿Los has traído también? - preguntó Lena sorprendida.
- No era algo que me apeteciera dejar a merced de Lex como comprenderás. - se defendió Kara.
- ¿Quieres que me ponga a ello?
- No, mejor piensa en el nombre del bebé. ¿Han traído algo para comer al final? Me estoy muriendo de hambre. - contestó poniéndose en pie.
- Sí, allí hay algo de pan y la última ración de fruta del barco. Saboréala bien.
- ¿Has comido tú? - preguntó Kara inspeccionando la fruta.
- Sí, mientras dormías. - asintió la morena.
- Bien… - dijo dando el primer mordisco. - Creo que saldré fuera. Al final, ayer con Alex hablamos poco sobre qué hacer ahora.
- ¿Podríais tener las reuniones aquí? Me gustaría tener opinión sobre mi futuro. - respondió mordaz Lena.
- Necesitas descansar.
- Kara, estoy descansada. Pero no me gusta que toméis decisiones sin mí. Y se supone que soy tu mano derecha todavía, ¿no?
- Está bien. - asintió Kara. - Hablaré con Alex para reunirnos aquí después de comer.
*/*/*/*
Habían pasado un par de días desde que habían decidido el plan a seguir. Durante este tiempo, habían aprovechado para parar a comprar las provisiones suficientes para el viaje que les esperaba en una pequeña isla alejada de todo. Tan aislados estaban qué Kara incluso dudaba de que se fueran a enterar de que Lex se había rebelado contra la Corona.
Primero irían a la costa sur de Thera. Era el lugar más seguro para Kelly y James. Alex se encargaría de a reagrupar las tropas allí. Los otros cuatro viajarían hasta la frontera del sur con el norte. Allí, entre las montañas, Lena explicó que había un pequeño refugio escondido y prácticamente vacío. Lex no lo conocía y seguramente lo iban a despistar escondiéndose en las puertas del norte. Kara debía reagrupar las tropas repartidas por esa zona.
La rubia intentó ponerse en contacto con Krypton, pero era demasiado pronto y estaban demasiado lejos como para recibir una respuesta.
Kara había acabado instalándose en el camarote con los otros tres. Pasaban los días lentos en el barco. No había mucho que hacer. Lena y Kara se dedicaban a trabajar en los documentos kryptonianos organizando prioridades y viendo si alguno de eso inventos les iba a ser útil en la guerra. Alex y Kelly se habían ofrecido a cuidar de los niños que se pasaban los días jugando o entrenando. Aunque, en realidad, Lars se había dedicado a perseguir a Kara y Alex para que le instruyeran.
Esa mañana, Alex se lo llevó para empezar con ello, mientras Lena y Kara se quedaron en el camarote a solas. Estaban sentadas la una al lado de la otra, hombro contra hombro. Lena acababa de apoyar su cabeza en la rubia y suspiró.
- ¿Estás cansada? - le preguntó Kara sin separar sus ojos del papel.
- No, no es eso. - dijo negando con la cabeza.
- ¿Entonces? - preguntó la rubia dejando el documento abandonado en la cama para mirarla.
- Estoy preocupada, Kara. ¿No lo estás tú? - murmuró Lena evitando los ojos azules.
- Intento centrarme en solucionarlo. - respondió encogiéndose de hombros. - ¿Estás bien?
- Sí, tranquila.
- No me lo parece, Lena. - respondió Kara preocupada. - Desde hace días, estás apagada.
Lena se rompió por completo oyendo ese tono en la voz de la otra.
- Kara, todo lo que hemos pasado no ha servido para nada.
- No, Lena. No es cierto. Ven aquí. - dijo Kara girando su cuerpo para que Lena se pudiera apoyar completamente contra ella. La envolvió con sus brazos y dejó un beso en su cabeza.
La morena se escondió en el cuello de la rubia y empezó a llorar. Kara la apretó contra ella con cuidado.
- Vamos a encargarnos de Lex y Edge. Ellos son los que han abusado de su poder y ahora nos declaran la guerra. Tú y yo vamos a salvar Thera de ellos. Y todo habrá valido la pena. - la consoló.
Lena dejó caer algunas lágrimas más.
- ¿Qué vamos a hacer con mi hermano? - lloraba la morena con un nudo en la garganta.
- No lo sé, Lena. No lo sé. - suspiró Kara.
*/*/*/*
- ¿No se suponía que estabas entrenando con Lars y Levi? - le preguntó confundida Lena cuando Kara entró sola esa misma tarde al camarote.
- Les he dejado peleando entre ellos. - respondió despreocupada Kara sentándose a su lado.
- Kara, ¿has dejado a mis hijos sin vigilancia para que se peguen? ¿Te das cuenta que Lars es mucho mayor que Levi? - preguntó Lena horrorizada.
- Yo no me preocuparía por Levi precisamente. Creo que tiene más opciones de ganar él que Lars. De todos modos, en algún momento tendrán que aprender a entrenar solos.
- Son niños. - se quejó Lena.
- Alex y yo no teníamos una edad muy diferente cuando empezamos a entrenar solas.
- Vosotras dos no sois un buen ejemplo. - dijo Lena recalcando el "no" en la frase.
- Tengo la sensación que eso debería ofenderme. - rio Kara.
- No sé por qué me esfuerzo. - bufó Lena llevándose las manos al rostro desesperada. Se dejó caer para atrás.
- Lena, relájate. No les va a pasar nada. - la intentó tranquilizar. - Ten un poco de fe en ellos. Además, si se les va de las manos, hay veinte marineros ahí arriba que los pueden separar. - rio Kara. Hizo una pequeña pausa antes de continuar. - ¿Tú cómo estás?
- Ahora mismo, preocupada por mis hijos. - le reprochó.
- Lena, sabes a lo que me refiero. - contestó Kara seria.
- Me encuentro bien, Kara. Ni que hubiera tenido que hacer algún esfuerzo hoy.
- Me refería sobre el tema de la guerra. ¿Cómo estás, Lena? - preguntó otra vez.
- Un poco mejor, gracias. - sonrió tímidamente Lena mirándose las manos con las que había empezado a jugar.
- Bien. ¿Y qué haces? - le preguntó con curiosidad.
- Miro tus documentos. - respondió cogiendo el papel que tenía en su regazo. - A este paso, me los voy a saber de memoria.
- Mejor. - celebró Kara. - ¿Qué tienes?
- Toma. Creo que sé cómo construir este. - dijo Lena ofreciéndoselo.
Kara no le hizo caso. Se sentó pegada a ella. Con cuidado, la separó del cabezal de la cama y se coló en el espacio libre sentándose ella contra el cabezal y quedando Lena entre sus piernas y apoyada en su pecho.
- ¿Qué haces? - le preguntó Lena confundida.
- Así será más cómodo mirar el mismo papel. - le contestó Kara detrás de ella.
- Si tú lo dices…
- Déjame verlo. - dijo Kara quitándole la hoja. La colocó delante de la morena de manera que ella podía mirarla por encima del hombro de Lena. - Así, bien. ¿Ves? Las dos lo podemos leer perfectamente.
- Hay otras maneras. - respondió Lena cruzándose de brazos y girando la cabeza para mirarla.
- Pero esta es la mejor para tu estado. Además, esta mañana necesitabas un abrazo. - respondió Kara encogiendo los hombros y con media sonrisa con la vista pegada al papel.
- Esta mañana, Kara. - murmuró Lena algo sonrojada.
- ¿Me dirás que estás incómoda? - la miró divertida Kara a menos de medio palmo de distancia.
- No es eso. - se quejó la morena mirando rápidamente el papel de nuevo.
- Pues no hay más discusión. Cuéntame que tienes pensado. - contestó Kara volviendo su atención al papel que ofreció a Lena para que lo cogiera.
- En que un día, a este ritmo, me vas a matar. - se quejó Lena.
- Muy graciosa. ¿Continuamos? - insistió.
Lena suspiró. Agarró el papel y empezó a explicar. Kara, al cabo de unos instantes, rodeó su cintura colocando sus manos acariciando su vientre hinchado y apoyó la mandíbula sobre su hombro. La morena dejó de hablar.
- ¿Te molesta? - le preguntó Kara.
- No.
- Continúa entonces. Era muy interesante lo que estabas diciendo.
Lena siguió explicando. Y, una vez acabaron con ese documento, cada una empezó a trabajar en el suyo. Kara no parecía dispuesta a cambiar la posición en la que estaban. Solo había separado su mano derecha de su vientre para ir cogiendo los diferentes papeles en los que trabajaba. La otra seguía en la misma sobre ella.
Era la primera vez en su vida que se sentía acompañada de esa manera estando embarazada. Lena, no sabía si era por inercia u otra cosa, pero con su mano izquierda cubrió la de la rubia. Kara no la retiró. No hizo ningún gesto de rechazo. Solo acomodó mejor la cabeza que tenía sobre su hombro y continuó concentrada.
Después del tercer documento de Kara, la rubia suspiró contra su hombro. Dejó el papel sobre la cama y volvió a envolver completamente a Lena con sus brazos. Besó el hombro sobre el que llevaba rato apoyada. Se hizo el silencio en la habitación. Ninguna de las dos dijo nada. Casi habían dejado de respirar. Kara cerró los ojos y volvió a suspirar intentando contenerse, pero no sirvió de mucho. Volvió a dejar besos en el mismo punto y empezó a subir por el cuello de la morena. A la vez, bajó su mano derecha para cubrir el bajo vientre de la morena y la izquierda la subió hasta su pecho que masajeó. Sonrió cuando notó el pezón endurecerse en su palma.
Lena dejó caer la cabeza hacia atrás apoyándose contra el hombro de la rubia. Podía sentir la mano de la rubia bajar más abajo de su vientre y cubriéndola por completo. Suspiró, casi jadeó, ante el contacto. Ahí se dio cuenta de lo que estaba pasando. Agarró las manos de la rubia y se las quitó de encima. Se separó de ella como si ardiera.
- ¿Qué pasa? - preguntó Kara confundida. - ¿Te he hecho daño?
- No, Kara. – respondió sin mirarla.
- ¿Entonces?
Lena entonces la miró. Tenía la mirada cargada de rencor y dolor.
- Kara, te sigo amando como el primer día. Pero no puedes hacerme esto. No, después de lo que hiciste la última vez. Que te quiera no significa que haya olvidado lo que hiciste. Abusaste de mí.
La rubia sintió eso como una bofetada. Se quedó parada asimilando lo que la morena le acababa de decir. No era la primera vez que le echaba eso en cara, pero era la primera vez que notaba ese dolor tan visceral en ella y le afectaba tanto.
- Lo siento, Lena. Yo… No sé qué decir. - murmuró Kara mirando las sábanas.
- Da igual. No digas nada. - dijo Lena. Salió de entre las piernas de la rubia y se sentó de nuevo a su lado contra el cabezal.
Kara había colocado las palmas de sus manos en sus propios muslos y apretó. Todo el cuerpo le ardía.
- Me voy. - dijo de pronto saltando de la cama.
- No hace falta que te vayas, Kara. - suspiró Lena.
Kara no llegó a contestar. Ya se había ido.
