Tarde, pero seguro.

Capítulo anterior.

—¿Y sabes por qué me dolió tanto, Astrid?... —continuó este, llevando una mano a su pecho, listo para decirlo. — Porque yo te a…

—¡NO LO DIGAS! ¡NO TE ATREVAS A DECIRLO! —interrumpió esta abruptamente su confesión, como si ya supiera de antemano lo que él sentía por ella.

Hiccup sintió como el corazón se le quebraba nuevamente, aquella reacción era peor de lo que había imaginado.

—Astrid…

—¡No! —volvió a silenciarlo ella con ojos amenazantes, cambiando completamente de actitud. —¡Escúchame bien! lo que sea que quieras decir, guárdatelo para ti, ¡no quiero escucharlo! ¡NO ME INTERESA! —determinó con una mueca que denotaba tanto molestia como tristeza.

—Pero Astrid…

—¡QUE NO! —pidió esta, alejándose más. —Esto…—lo miró de abajo hacia arriba, como cuando se odiaban. —Esto se acabó…

—¿Qué? —susurró Hiccup confundido.

—¡Lo que escuchaste! ¡Arruinaste todo! —le reprochó enfurecida, aunque luego de ver el drama que estaban haciendo en plena calle la hizo calmarse. — Lo mejor es que me vaya… regresaré con los niños y Stormfly en el auto, tú si quieres regrésate con tus guías, no me interesa en absoluto lo que hagas.

Dicho aquellas crueles palabras, Astrid le dio la espalda a Hiccup y sin siquiera esperar una respuesta se alejó corriendo de aquel sitio.

Hiccup, mientras tanto, quedó en shock, no podía creer lo que acababa de suceder, empezando por el hecho de que Astrid al parecer si sabía muy bien lo que él sentía por ella, y, por último, pero no menos importante, había sido rechazado por ella.

Capítulo 43.

Regreso al pasado

Parte 1

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La puerta de la habitación de los niños se cerró cuidadosamente. En el pasillo, quienes antes habían atendido al par de infantes adormilados, se quedaron de pie frente a la puerta en silencio, una pensante con brazos cruzados y la otra cabizbaja, esperando un inevitable interrogatorio.

—Ahora si me vas a decir ¿qué pasó? —comenzó la de brazos cruzados. —Nos sacaste a los niños y a mí de la fiesta de compromiso de Heather de la nada y ni siquiera dejaste que Toothless y Alúmini nos acompañara.

—No pasó nada, Stormfly. Sólo que me cansé, hice muchas cosas hoy, no me siento bien, y por los otros guías era mejor que no vinieran con nosotros, deben estar con...

No pudo continuar, el nombre que quería pronunciar se había quedado a mitad de su garganta.

—¿Con Hiccup? —terminó su compañera al verla batallar. —¿Por qué no sólo lo dices y ya?

Ese irritante nombre, pensó la poseedora de Sky rechinando los dientes.

—Ya dije que no me siento bien, estoy cansada. —pidió, dándole la espalda. —Me iré a dormir, cuando entres a la habitación de los niños procura no hacer mucho ruido, por favor.

La nadder con la tranquilidad con la que últimamente se caracterizaba, vio cómo su ama se iba y se encerraba en aquella habitación que había adoptado como suya meses atrás.

Estaba furiosa, lo notaba.

La razón, podía darse una idea de lo que era.

¿Qué era lo que haría?

Nada, no haría nada está vez por ella.

—Lo siento Astrid, esto lo tendrás que resolver por ti misma. —dijo melancólicamente, recordando su propia experiencia con una tenue sonrisa.

Y dejando aquellas palabras al aire, entró nuevamente en la habitación de los niños, deseando que su amiga no tuviera el mismo desenlace que ella.

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Mientras tanto, en la habitación principal, la exhausta hechicera ya se había deshecho de su vestido de fiesta y los tacones altos, y abrumada se recargó en el espejo tratando de ver más allá de su reflejo.

—Tranquila, Astrid, tú puedes con esto, tú puedes... tú eres más fuerte que esto. —susurró viendo su infeliz y melancólico reflejo en el espejo. —No debes dejarte llevar otra vez…

lo que sientes es sólo un hechizo.

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Horas antes.

¡Espera, Astrid! ¡Necesitamos hablar de esto! —la persiguió Hiccup después de su intento de confesión.

Corriendo detrás de ella, alcanzó a tomar su mano y de un jalón la llevó hacia un callejón en donde nadie podría verlos. Pese a tener destrozado el corazón, su mente exigía una explicación a tan abrupto rechazo y comportamiento.

¡Suéltame, idiota!

Pero Astrid, no parecía querer cooperar con él y comenzó a comportarse como la que detestaba de años atrás. Aquella chica que al parecer sólo tenía odio para él.

¡No! —le gritó él, poniéndola contra la pared del callejón, no creía realmente que la esencia de su amiga fuera esa.

¿Por qué? ¿Por qué? —le reprochó ella entre dientes, tratando de zafarse de su agarre.

¡Que preguntas! ¡Yo soy el que debería pregunta! Preguntar ¿el por qué no quieres escuchar QUE TE AMO? —se declaró sin más titubeos.

¡Te pedí que no lo dijeras! —le gritó ella de vuelta, y con otro empujón trató de separarse de él.

Pero Hiccup se aferró a ella, y a pesar de que su compañera golpeaba bastante fuerte no la soltó, no la dejaría ir hasta tener una respuesta certera.

¿Por qué? ¿Por qué no quieres escucharlo? ¿Acaso es porque tú no sientes lo mismo por mí? ¿Por qué no sólo me lo dices así y ya sin hacer tanto drama?

¿Eso quieres escuchar? —lo amenazó Astrid furiosa. —Está bien ¡YO NO TE AMO! ¡Te repudio! ¡NO TE TOLERO! ¿QUÉ NO ENTIENDES?!—finalizó dándole otro empujón que por fin los separó.

¡Bien! —exclamó Hiccup con la voz rasposa, producto del nudo en su garganta.

¿Bien? —repitió Astrid abrumada.

Sí, ya me quedó claro, era todo lo que quería escuchar. —continuó él, sintiendo como el corazón se le deshacía por dentro.

La hechicera curveó sus labios hacia abajo con una mueca triste; sin embargo, lejos de tratar de quedar en buenos términos, sólo se alejó de él, sin decir nada más.

Mientras que Hiccup, quedándose solo en ese callejón, ya no tuvo las agallas para seguirla, la verdad le había dolido y demasiado que no pudo evitar el llanto.

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Estuvo algunos minutos así; sin embargo, cuando consideró que no podía verse más patético, salió de su escondite y sólo caminó sin ningún rumbo fijo.

Anduvo y anduvo por largos minutos vagando por varias calles y callejones hasta que dio con una pequeña plaza que tenía de atracción principal un kiosco en el centro. Agotado de caminar y de pensar en lo sucedido se dirigió hacia una banca donde se sentó para descansar y para tratar de recuperar el aliento y la normalidad en su rostro, tenía que hacerlo, ya que debía volver a la fiesta de compromiso en donde de seguro estarían Toothless y Alúmini esperándolo, ya que, después de lo sucedido, dudaba que Astrid los quisiera cerca de ella.

Pero por más que intentó tranquilizarse no pudo, así que sólo se quedó ahí, cabizbajo, pensando e imaginándose un futuro en donde estaba completamente solo.

—¡Hey, miren ahí está! —escuchó de repente, cerca de él.

Ni siquiera volteó a ver al dueño de esa voz, sabía que se trataba de su amigo más fiel, y con su mirada viendo hacia el suelo, sólo esperó a que este llegara, claro esta que cuando vio a los curiosos tenis negros con cintas rojas que este tenía, vio que además de él había otros dos más, uno con unos zapatos de pequeño tacón color gris y otros zapatos formales de color negro. Alúmini y Dagur, respectivamente.

—Oye Hiccup, Astrid y tú nos dejaron con el fuego en la garganta. —dijo su agotado amigo. —Ella de repente se fue que porque "le dolía la cabeza" y nos pidió que te esperáramos, pero tú ni siquiera te apareciste de nuevo en la fiesta. Astrid te debió haber regañado muy feo si no te atreviste a volver otra vez.

Hiccup soltó una risita, viendo que su amigo como siempre era tan distraído para sus asuntos amorosos que no tenía idea de lo que le pasaba.

—¿Te regañó Astrid, Hiccup? —preguntó su guía femenina con más sutileza.

Hiccup volvió a reír ante la ingenuidad de sus guías, lo cual prefería ya que no quería escuchar un sermón del tipo: Te enamoraste de una persona que odiaste por 16 años, ¿cómo es que creíste que ibas a ser correspondido? No, no quería escuchar ese tipo de sermón así que sólo levantó la mirada y les sonrió a sus guías.

—Sí, me regañó muy feo, me corrió de la casa.

Ambos guías se asustaron, no sólo por lo dicho, sino porque notaron las ojeras que adornaban los ojos de su amigo. El silencioso Dagur, por supuesto también notó eso, sin embargo, se reservó el derecho de opinar, ya que intuyó que había algo más.

—No se crean. —les aclaró Hiccup con un tono bromista; sin embargo, después dio un suspiro melancólico. —Pero supongo que algún día lo hará.

—¿Por qué? ¿Quién la hizo dueña de la casa? —refunfuñó Toothless poniéndose inmediatamente de parte de su amigo.

—¿Por qué lo dices? —preguntó la preocupada Alúmini.

Hiccup se encogió de hombros.

—Estoy bromeando, Alúmini… debe ser el cansancio, ¿creen que puedan llevarme a la casa?

—¿Llevarte a casa? ¡Por supuesto, amigo! —acató Toothless con su mismo animo de siempre, ignorando por completo el pesar de su amigo, y se transformó en un dragón en ese mismo momento para poder llevarlo en su lomo.

Alúmini fue la siguiente en transformarse, pero aun en su forma original se podía ver lo angustiada que estaba por su amo adoptivo; en cuanto a Dagur, este seguía enseriado, pero por lo que veía, intuyó que Hiccup se reservaría para él mismo lo que realmente había sucedido, lo cual evidentemente era preocupante.

—¿Seguro que te encuentras bien? —le preguntó como no queriendo cuando este montó a su dragón.

—Por supuesto, ¿Por qué no lo estaría?

Sí, definitivamente su amigo no hablaría con la verdad, concluyó Dagur, dando un resoplido.

—Bien, en todo caso si no tienes a donde llegar, puedes ir a mi casa. —se ofreció, adelantándose a cualquier cosa que pudiera suceder en esa noche o en los próximos días. —puedes ocupar la cama que adecuamos para la estadía temporal del idiota de Spinel.

Hiccup apretó los labios y asintió, comprendiendo la indirecta de su ofrecimiento, cosa que no captaron los guías presentes pero que, si preocupó aún más a la dragona albina al pensar en una posible separación, como la que habían propuesto su amo adoptivo y la hechicera Hofferson a inicios del ciclo escolar.

—Gracias y por favor, discúlpame con Heather y su novio por haber arruinado la propuesta, si puedo iré a verlos después.

—Tsk… olvida eso. —pidió Dagur, restándole importancia. —Ellos están bien, están muy felices.

—Sí, eso creo. —susurró el melancólico Hiccup.

Y con un último adiós, el dragón alzó vuelo para llevar a su amigo a su hogar o lo que quedaba de él.

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Cuatro días después.

30 de octubre 2019

Los pronósticos de la llegada de un huracán tenían a toda Berk ocupada.

Desde el inicio de la semana que los medios de comunicación dieron a conocer los hechos, se concentraron en estar alertando a la ciudadanía para que tomaran sus debidas precauciones, por lo que más de una persona se estuvo preparando tanto con suministros como con herramientas para adecuar sus hogares antes de la tormenta; mientras la guardia de seguridad estuvo de un lado a otro, adecuando los espacios necesarios y medidas de precaución para antes de la llegada del huracán.

En la casa Haddock- Hofferson, nada grave pasaba aún; el tema de la fiesta de compromiso fue algo que quedó en el olvido tan rápido como el tema de la noche de karaoke, sin embargo, la diferencia entre ambos eventos fue notorio al menos para los guías, cuyos amos ya no se dirigían la palabra ni siquiera para saludarse.

La actitud de Astrid para Hiccup era frívola y viceversa; estos sólo se estaban limitando a hacer su rol de padres frente a sus hijos, pero cuando estos no estaban presentes era como si el otro no existiera.

Ya no ingerían la comida que hacía el otro, ya no hablaban de trabajo y menos hablaban de la magia.

Toothless y Alúmini quisieron indagar en dicho comportamiento, pero tanto Hiccup como Astrid se las ingeniaban para excusarse de esa platica, alegando que tenían mucho trabajo. Excusa que les sirvió para los dos furias que cayeron en ese cuento, pero no para la nadder que sólo observaba todo en silencio y cuidaba a la vez que los niños no se dieran cuenta de dicho comportamiento, algo que muy pronto iba ser inevitable de seguir ocultando, en especial si en los próximos días todos tendrían que estar encerrados de tiempo completo.

—Ay, qué mal que hoy no pudimos ir a la escuela… —se lamentó Zephyr, terminando con su vaso de leche. —Pero me asomé por la ventana y como que si se va poner muy feo ¿verdad?

—Sí, el cielo se está poniendo muy negro a lo lejos, aunque ya sea de día. —concordó el pequeño Nuffink, con su vaso de leche en mano.

—Pero eso no los deja ausentes de hacer la tarea ¿verdad? ¿ya la hicieron? —preguntó Astrid con una sonrisa.

—A mi me falta poquito, el maestro Alberick no nos encargó mucho, pero aprovecharé el tiempo que tenga libre para practicar algo de música.

—Me parece muy bien Zephyr… ¿y tú, Nuffink? ¿Cómo vas con la tarea?

El menor enrojeció y sonrió traviesamente.

—No la he empezado, Astrid. —sinceró.

—Bueno, pues te recomiendo que aproveches para hacerla de una vez, así tendrás estos días libres para jugar más. ¿De acuerdo?

—Sí, Astrid… la haré enseguida. —dijo el menor, dándole su último sorbo a la leche.

—Si quieres yo te ayudo. —ofreció su hermana, terminando con el resto de su desayuno, y bajando rápidamente de su silla.

—¡Sí! ¡ayúdame! —pidió Nuffink, retirándose de la cocina con pequeños brinquitos, acto que le imitó su hermana.

—¡Pero no le hagas todo, Zephyr! —le advirtió Astrid, cuando ambos menores desaparecieron de su vista.

¡Sí, Astrid! —fue lo último que se escuchó de la niña, cuyos ruidos se fueron desvaneciendo poco a poco en el ambiente.

Con los menores fuera de la cocina, el previo ambiente familiar cambió a uno más silencioso y hasta un poco hostil.

Los guías, viendo que nuevamente sería un día de no escuchar a sus amos, comenzaron hablar entre sí.

—Ay… que bueno que les dieron libres estos días por la tormenta, a veces es muy aburrido estar en la escuela, en especial cuando me toca hacer guardia de Zephyr. —comentó Toothless en un bostezo.

—¿Por qué? si son muy interesantes sus clases. —contradijo Stormfly, siguiéndole el juego con una sonrisita traviesa.

—Discrepo, prefiero las de Nuffink. —volvió a replicar el dragón con aburrimiento.

—bueno, ustedes dos también deberían de aprovechar estos días para descansar todo lo que puedan. —opinó Alúmini. —O más bien, creo que todos en general debemos aprovechar estos días de lluvia para descansar.

—Sí, concuerdo contigo, querida… y saben… que bueno que todos estemos aquí reunidos. —insinuó Toothless, viendo a su compañero. —Hiccup, tú no irás hoy a trabajar ¿verdad?

El aludido, que hasta ese momento se había mantenido callado y picoteando su comida, sumido en sus propios pensamientos, dejó de hacerlo para levantar su mirada hacia el aburrido guía.

—El capitán me dio libre el día. —respondió con neutralidad. —Sólo un grupo especializado se quedará de guardia.

—Ah… ya veo, y Astrid ¿tú qué harás?... ¿Planeas…

—Yo tengo que ir a seguir protegiendo lo que pueda del invernadero. —interrumpió Astrid, poniéndose de pie. —Tengo que irme.

—Ay, Astrid… ya basta, sabemos que ese invernadero al que le has puesto protección de más, terminará siendo protegido con uno de tus escudos de luz. — comentó sorpresivamente Stormfly, haciendo que su amiga perdiera credibilidad. —Además que está la barrera principal, la cual dijo Hiccup, nos haría sentir esta tormenta como una simple brisa. Así que yo no sé qué pretendes.

En ese momento, todo en la cocina se tensó, los guías se le quedaron viendo a la rubia, quien al sentir lo penetrante de sus miradas, volvió a sentarse, rechinando los dientes como si hubiera sido regañada.

Por lo visto, había llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa, y para eso, Stormfly se preparó para ser mediadora.

—Miren, Hiccup y Astrid…—resopló. —Me puedo dar una idea de lo que está pasando.

Ninguno de los acusados respondió, no tuvieron el valor siquiera de alzar sus miradas.

—Sí. Hasta creen que no nos damos cuenta. —concordó Toothless, interrumpiendo con mucha seriedad. —Astrid, sé que estuvo mal que Hiccup arruinara la fiesta de compromiso de Heather, pero ¿no crees que te estás pasando? Lo mismo contigo, amigo. —se dirigió al castaño. —¿Porque no te disculpas bien con Astrid, y volvemos todos a la normalidad?

Silencio.

Sólo faltaba el grillito haciendo su cri, cri, pensó Stormfly sobándose las sienes al ver lo ciego que estaba su amigo con respecto al verdadero problema que estaba sucediendo.

Sin embargo, el comentario por parte del dragón fue suficiente para que los hechiceros levantaran sus miradas, frente a frente, dejando ver dos rostros deplorables y que reflejaban dolor y rencor.

—¿Y bien? —insistió Toothless, esperando la reconciliación.

—Esto se acabó. —fue la respuesta de Hiccup.

Astrid ni siquiera respondió, pero se podía apreciar en su boca cerrada como seguía triturándose los dientes.

—¿Se acabó? —repitió Alúmini, confundida. —¿A qué te refieres, Hiccup?

—¡Que ya no la soportó! —respondió este poniéndose de pie para señalar a la que antes había considerado una compañera. —¡Vamos a divorciarnos! ¡quiero acabar con esta farsa de una vez!

—¡Hiccup! —regañó Alúmini, pensando que estaba volviendo a sus antiguos hábitos.

El hechicero resopló, tratando de tranquilizarse.

—Alúmini, Toothless, no me desentenderé de los niños, pero ¡ENTIENDAN! ya no puedo vivir con ella. —volvió a señalar a su antes amiga. —Ya lo habíamos hablado ¡demonios!

Los guías de Haddock, tenían claro que era algo que ya se había hablado; sin embargo, sentían que esos dos no estaban quedando en buenos términos, a como cuando se los propusieron meses atrás.

Mientras que, de lado de los Hofferson, Stormfly y Astrid seguían sentadas en su respectivo lugar, una cabizbaja y rechinando los dientes, la otra tranquila e inexpresiva.

—¿Y tú Astrid? ¿Qué es lo que quieres? —preguntó yendo directo al grano.

—él sabe lo que quiero. —respondió esta enfurecida, poniéndose de pie. —¡Quiero que se vaya! ¡Porque yo tampoco lo soporto!

Y nuevamente dejándole a su antes amigo su postura, se fue al invernadero a fingir que lo protegería de las lluvias, cuando estaba más que claro que la magia ya lo estaba haciendo.

—Pues ya se le va a ser realidad. —musitó Hiccup con dolor, al ver su indiferencia, viendo que su amistad con ella también estaba más que arruinada, y le dolía en parte, pero lo que ahora lo afligía era el tener que dejar a sus hijos.

Toothless y Alúmini seguían sin comprender el verdadero motivo de dichos comportamientos por parte de ambos, pero como guías de Hiccup sólo se limitaron a acompañarlo, pues notaban como este se reprimía y al parecer en cualquier momento explotaría en llanto.

Mientras que Stormfly, se quedó en la misma posición, viendo todo aquel escenario con tristeza; sin embargo, pensó que no debía intervenir del todo, debía dejar que todo fluyera de algún modo, por lo que se levantó para lavar los platos, cuando un inusual ruidito detrás de ella llamó su atención.

Se levantó confundida y se asomó a la estancia anexa, pero no vio nada; sin embargo, al regresarse a la cocina, vio que el silenciador que, estaba puesto a un lado del interruptor de la luz, no estaba encendido, y se preocupó, y regresó nuevamente a la otra estancia para asegurarse de que nadie estuviera realmente ahí, pero nada, no vio nada, por lo que sólo se limitó a volver a la cocina y encender el silenciador para que este guardara los problemas de adultos entre las cuatro paredes que conformaban la cocina.

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—Ay, pensé que Stormfly nos descubrirían. —susurró la agotada Zephyr, apoyada en la pared del pasillo del segundo piso como un camaleón que no quería ser descubierto, y aun lado de ella, se encontraba su hermanito, acurrucado en su costado.

—Zephyr… ¿se va a ir papá de la casa? —le cuestionó entristecido, con su mirada en el suelo.

Con tal pregunta, la niña dejó su postura de camaleón y bajó sus brazos sintiendo tristeza, claramente habían escuchado la conversación de adultos desde el pie de las escaleras y la palabra "divorcio" y la frase "quiero que se vaya" no pasó inadvertidas para ella.

—No lo sé. —respondió para no angustiar a su hermanito.

Pero pese a sus buenas intenciones, el pequeño rubio comenzó a sollozar en silencio, imaginándose un escenario donde su papá se iba de la casa.

—No llores, tranquilo.

—Es que… no quiero que… se vaya. —se cubrió el menor sus ojos, para que su hermana no lo viera llorar.

—Yo tampoco quiero que se vaya. —se angustió, pensando en ese futuro incierto, hasta que una idea cruzó por su mente y le devolvió la sonrisa al rostro. —¡Ya sé quién puede ayudarnos!

—¿Eh? —Nuffink descubrió sus ojos, sin entender a lo que se refería.

Pero su hermana sólo le sonrió con mucho ánimo, lo tomó de su manita y lo condujo hasta la habitación de su madre, el lugar en donde tenía la vista del árbol de hojas doradas.

—Preguntémosle a hermanito. —le explicó Zephyr a su hermano, viendo con atención el mecer de las hojas del árbol. —Preguntémosle si nuestros papás estarán juntos algún día ¿Sí?

Nuffink asintió, captando el plan y poniendo sus manitas en rezo, cerró sus ojos, formuló su pregunta al árbol. Zephyr igualmente lo imitó y pidió con fervor una respuesta a su duda.

Sus preguntas, manifestadas en su inusual y leve egni color dorado se dirigieron al árbol, el cual al sentirlos meció sus ramas y soltó unas hojas como si hubiera sido expuesto a una suave brisa, pero que, en realidad, aquello no era más que una respuesta para los niños.

Los niños al percibirla no les quedó del todo aclarado su duda, pues la respuesta del árbol hermanito era la misma que les había manifestado anteriormente:

"No se angustien, paciencia, tengan paciencia."

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Conforme avanzaba el día, la inminente llegada del huracán se veía cada vez más cerca, el cielo estaba nublado y el viento se sentía con más fuerza.

En la casa de los Haddock Hofferson después de la pelea o aclaraciones matutinas entre los hechiceros ya no se había vuelto a tocar el tema; sin embargo, era evidente la incomodidad que ambos mostraron después de ese suceso; ya que ahora ni siquiera podían permanecer en el mismo lugar viéndose las caras, por lo que Astrid había optado por encerrarse con los niños con la excusa de las tareas y prácticas y Hiccup, sintiendo que no tenía nada que hacer ni siquiera como padre, maldijo que no le hubiera tocado trabajar ese día.

Quería salir, no soportaba estar en el mismo lugar que ella, le causaba demasiado dolor estar cerca de ella, y su indiferencia lo atormentaba y además que encima sentía reproches hacia él por haber confesado sus sentimientos, pensando que lo mejor hubiera sido permanecer callado.

Los truenos en las afueras pronto comenzaron resonar alrededor de la casa. Los guías que en sí se mantuvieron distantes del problema de sus amos, comenzaron a darle más preocupación a la tormenta al ver en las noticias como esta había afectado a otras islas vecinas.

—Las tormentas de este mundo son catastróficas. —comentó Alúmini horrorizada, viendo en el televisor como muchas viviendas habían quedado destrozadas. —¿Se acuerdan cuando llegamos a este mundo?

—Ah, sí, recién encontramos a Hiccup y Astrid cuando nos cayó también una de esas tormentas y ni dónde quedarnos. —recordó Toothless con una risita.

—Pero luego ya no estuvieron tan feas, no recuerdo que el año pasado estuviera así. —comentó Stormfly, pendiente del televisor.

—No, no lo estuvo, pero si llovió mucho, siempre llueve mucho por esta temporada lo bueno es que ahora estamos adentro de la casa y no en refugios pequeños y malolientes. —comentó el furia dando otra risita.

Hiccup que, estaba de perezoso recostado en el sofá, se levantó harto de estar escuchando a sus guías hablar de un pasado que él ni siquiera recordaba, porque hasta el cómo había estado el clima le fue removido de su mente.

De lo único que estaba consciente era que de noviembre en adelante del 2018 no había llovido mucho, como había dicho Stormfly, y considerando aquello hizo cuentas de que estaba próximo a cumplirse un año desde que Astrid y él habían despertado del hechizo. Un año doloroso sin lugar a dudas.

Se acercó a la ventana, para observar por si mismo qué tan grande sería esa tormenta, pero al hacerlo, lejos de sorprenderse con la nube oscura que comenzaba a cubrir la zona, fue la manifestación de un aura roja en su barrera protectora que en seguida lo alertó con una punzada en el pecho.

—No. —susurró conociendo esa alarma, a la que literalmente había llamado "Corazonada", la cual no era más que la manifestación del hechizo protector que había puesto en días anteriores para aquellos que no tuvieran magia.

Presuroso, salió de la casa alertado por el conjuro y por la barrera que seguía emitiendo aquella alarma.

—¡¿Quién?! —gritó hacia su escudo, la cual en ese momento dejó de brillar para mostrar una de las fotografías que la integraban.

La fotografía de Fishlegs Ingerman

—Maldita sea. —se asustó.

Su amigo, aquel que lo había acompañado durante ese día trágico y que luego volvió a su casa tan decepcionado como él, sólo le había respondido una llamada después de ese incidente y hasta donde había entendido le había aclarado que estaba bien.

Ya no había vuelto hablar entonces otra vez con él, y por un momento pensó que la vulnerabilidad de su ánimo atrajo la atención del maldito titiritero que de seguro ya lo estaba controlando. No dudó más y se preparó para ir a buscarlo; sin embargo, en ese momento su celular también comenzó a sonar entre el bolsillo de su chaqueta.

Pensando que no podría sonar en peor momento, vio desconcertado que quien lo estaba llamando era Heather, no supo por qué, pero no le gustó para nada.

—¿Hola? —respondió temeroso.

¡Hiiiiiiccuuuuuup! —escuchó el grito aterrador de la jardinera.

—¡Heather! ¿Qué pasa?

N-no n-no lo sé, e es Fi-Fish-legs.

—Tranquilízate, ¿qué es lo que pasó? —volvió a preguntar Hiccup, tomando rápidamente las llaves del auto, y alarmando a la vez a los guías.

—¿Qué pasa, Hiccup? —preguntó Toothless, presintiendo algo malo, pero su amigo estaba tan concentrado en escuchar a la jardinera que no le prestó atención.

Vine…a…verlo, junto… con… Spinel…, porque… me preocupó…. Que-ría… ha-cer… las pa-ses y… al… prin-cipio… estaba-mos…hablan-do… bien… pero… de pro-nto…como que… ¡enloqueció!... comen-zó a comportarse raro…y…y… no sé… que le hizo a Spinel… nos ence-rró en su ca-sa… lla-mé a Astrid… pero ¡Ahhhhhhhhhhhhh!

—¡Heather, Heather! —gritó Hiccup, escuchando como su amiga estaba siendo atacada del otro lado de la línea.

—Hiccup… ¡¿qué pasa?! —insistió Toothless.

Pero Hiccup sólo palideció, pues de pronto los gritos de Heather se silenciaron y unos pasos lentos se escucharon, luego se escuchó como ese alguien tomaba el teléfono, y entre jadeos lo acercó a su boca.

Sí quieres volver a ver a tus amigos, hechicero, más vale que vengas y me entregues de una vez por todas, ¡tu maldita arma!

Hiccup tronó los dientes, el que le había hablado era Fishlegs, pero era evidente que estaba siendo controlado.

—¡Quédense aquí! —ordenó a los confundidos guías. —¡Cuiden a Astrid y a los niños! ¡No salgan de la barrera!

—Pe-pero…—balbuceó el confundido Toothless, viendo como su amigo, tomaba el auto que usaba para el trabajo y arrancaba a gran velocidad fuera de la propiedad.

—¡¿Qué pasó?! ¿Qué es ese escandalo?

Escucharon los atónitos guías detrás de ellos, era Astrid, que hasta ese momento se había dado cuenta de la alarma que manifestaba la barrera.

—No sé, algo con Heather…—respondió Stormfly sin saber muy bien qué decir. —Creo que le habló a Hiccup.

—¿Heather? —se extrañó la hechicera, puesto que había quedado con su amiga que, si tenía un problema, ella sería a la primera que contactaría, aunque luego de considerarlo, dio un grito ahogado al ver que no había estado cargando su celular con ella en todo lo que llevaba del día.

Asustada, inmediatamente salió al exterior, donde el viento comenzaba a hacerse cada vez más violento, aunque dentro de la barrera esto sólo se sentía como una pequeña brisa.

Vio hacia la casa de los Deranged, pensando por un momento que el problema radicaba ahí, pero luego de ver la tranquilidad de esa casa y que Hiccup se había llevado el auto le dio a entender de que su amiga se encontraba en otro lugar, por lo que rápidamente convocó a Sky para ir a rescatarla.

—Hiccup nos dijo que nos quedáramos dentro de la barrera, Astrid. —advirtió Toothless.

—Hiccup a mí no me ordena nada. —aclaró molesta.

—Astrid, basta…. —pidió Stormfly con tranquilidad. —Obedece y quédate…

—¡No! ¡¿Por qué?! —riñó esta furiosa.

—Porque número uno: hay una tormenta allá afuera, dos: no sabes a donde se fue, tres: Hiccup y tú ya no son un equipo.

Astrid ahogó un grito con el tercer punto de su guía, y sintiéndose como si la hubiera quebrado por dentro, bajó el hacha Sky completamente derrotada.

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Yendo en auto, la casa de Fishlegs no quedaba demasiado lejos, y teniendo la calle prácticamente vacía Hiccup logró llegar al lugar de los hechos en menos de 5 minutos.

Tan sólo de estar frente a la casa, supo que algo andaba mal pues los adornos del jardín que le había mostrado su amigo días atrás se encontraban completamente destruidos.

Al bajar del auto, inmediatamente sintió la fuerza del viento que casi lo hace perder el equilibrio; por lo que escudado con un poco de su egni se protegió del aire hasta que llegó a la puerta principal. Convocando primero Inferno, se aseguró primero que no hubiera nadie a sus extremos y una vez seguro de que no había moros en la costa se adentró a la casa que en ese momento lucía tenebrosa.

Inmediatamente que entró vio todo el desorden que había, las esculturas que tenía su amigo en la sala, todas estaban destrozadas, todo lo que había renovado Fishlegs pareció haber sido destruido en un solo minuto.

Sin embargo, fue un horrible olor a quemado lo que llamó más su atención, este provenía de la cocina, en donde claramente se vio que salía humo, inmediatamente se apresuró a ir a ese sitio, pensando que su enemigo tenía ahí a sus amigos, y no se equivocó del todo, pues al entrar a la cocina, había un fuego que amenazaba con expandirse debido a una carne que aparentemente se había dejado cocinando y en el suelo había un cuerpo.

—Ay, no…

Se agachó de inmediato, reconociendo que el hombre que estaba en el suelo era el que erróneamente le había propuesto matrimonio días atrás, y no se veía bien, tenía un golpe en la cabeza que le sangraba, además de que estaba en un sitio cubierto por un humo intoxicante.

—Por favor, por favor… que esté vivo, que esté vivo. —rezó con su mano en el cuello del muchacho, tratando de encontrarle el pulso.

Para su buena suerte, este seguía con vida; sin embargo, el humo y el calor que había y se sentía en la cocina podrían matarlo, por lo que rápidamente se deshizo del fuego con agua y se encargó de deshacerse del humo con su magia.

Al muchacho, le hizo un torniquete improvisado y lo dejó recargado sobre el mueble de la cocina, no podía moverlo aún de sitio si no estaba seguro de dónde se encontraba su enemigo.

Salió de la cocina lentamente, con Inferno firme en sus manos y silenciosamente comenzó a revisar cada uno de los cuartos que había en la planta baja; sin embargo, ni a Heather y ni a Fishlegs los encontró ahí.

Llegando el momento de revisar la planta alta, se dispuso a subir las escaleras cuando percibió un correteo que pareció deslizarse desde el centro del pasillo hasta una de las habitaciones, donde escuchó claramente que se encerró debido al portazo que enseguida le siguió.

No perdiendo más el tiempo, dejó sus hábitos de policía y se dirigió directamente hacia donde había escuchado el sonido: la habitación principal, la cual, al abrirla, lo recibió una ráfaga de viento que lo lanzó con violencia directamente hacia la pared.

—¡Hiccup!

El hechicero se levantó con dificultad, desconcertado de lo que había pasado, pero al recuperarse observó que, en efecto, su amiga estaba ahí, acorralada por un Fishlegs de ojos rojizos que no estaba completamente solo pues dos enormes arpías se encontraban a sus costados y una de estas era la que lo había golpeado.

—Con que aún siguen vivas, malditas. —escupió enfurecido y con dificultad se levantó del piso.

—Hiccup…—chilló Heather al verlo herido, pero fue silenciado por la mano del controlado Fishlegs, que no siendo consciente de sus impulsos la tumbó en la cama para comenzar a asfixiarla.

—¡Déjala! —Se abalanzó Hiccup hacia el interior de la habitación, topándose con las arpías las cuales intentaron alejarlo con sus aleteos. —¡No me estorben, estúpidas!

Concentró todo su potencial en la espada, y con un blandir de la espada repeló el aire provocado por estas, traspasándolo por completo para acertar un golpe en sus costados, lo que hizo que las criaturas se retorcieran con dolor al sentir sus esencias afectadas.

Hiccup nuevamente blandió la espada de la misma manera para acabar con ellas, pero estas, más prevenidas con aquel movimiento, se escabulleron por el par de ventanas las cuales atravesaron rompiendo todo a su paso.

—Malditas. —gruñó el hechicero, pero lejos de ir tras ellas, corrió hacia donde estaba su amigo para evitar que sucediera una tragedia.

De un solo golpe, logró embestir y empujar a Fishlegs fuera de la cama lejos de su amiga. La jardinera al verse libre, recobró el aliento entre tosidos, sin embargo, por el trauma ocasionado le fue imposible moverse de su sitio y más al ver que Hiccup y Fishlegs comenzaban a darse de golpes en el suelo.

Dado a que no podía usar su magia en contra de su amigo, el hechicero golpeó con insistencia al regordete, pero este, manipulado por la magia oscura de su enemigo, había redoblado su fuerza y le acertaba unos buenos y dolorosos golpes.

—¡Anda, Hiccup! ¡Te reto a que uses a Inferno! —se burlaba el controlado Fishlegs, dándole de golpes en la cara.

—Sí me obligas, haré más que eso. —lo empujó Hiccup envolviéndolo entre su egni, para luego alzarlo a unos cuantos metros del suelo.

El controlado Ingerman comenzó a gruñir como un poseído, pero Hiccup le prestó atención y se concentró en buscar los hilos que lo controlaban, pero nada, no pudo ver nada; no sabía de donde venía ahora el dominio; y al parecer su enemigo notó su confusión, pues el gruñón Fishlegs dejó de emitir jadeos para comenzar a reírse demoniacamente.

—¡¿Qué es lo que te causa gracia, maldito?!

El regordete de ojos rojos alzó su mirada hacia él y sonrió tenebrosamente.

—Que mientras tú estás aquí, mis arpías ya se fueron a saludar a nuestra queridísima Astrid.

—¿Qué? —musitó Hiccup consternado. —¡¿Qué dijiste?!

Pero el que estaba detrás de la manipulación ya no respondió, pues en cuanto dejó de hablar, la cabeza de Fishlegs se dejó caer pesadamente al mismo tiempo que la magia que lo sostenía se rompió ante la consternación del hechicero.

—Ay, dioses.

Hiccup no fue capaz de reaccionar hasta que vio a su amigo en el suelo; pero afortunadamente al revisarlo vio que sólo estaba desmayado y en apariencia libre de la manipulación del titiritero, o eso quería creer pues no pudo dar con los hilos que generalmente controlaban a las personas.

Sin embargo, su cabeza no le daba oportunidad de pensar de tan solo pensar que su familia era la siguiente en ser atacada y pese a saber que tenían la barrera el sentimiento de preocupación era difícil de evitar.

—Heather…—llamó a la que aun se encontraba en la cama asustada. —Por favor, cuídalo. También a tu novio, está desmayado abajo en la cocina.

—Pero… pero… ¿no te lo vas a llevar a exorcizar o algo? —señaló asustada al que se encontraba en el suelo.

—Ya no está siendo controlado, no puedo sentir ninguna magia que venga de él. —aseguró para darle confianza. —Por favor, tengo que ir a mi casa, Astrid y los niños pueden estar en peligro.

Al decir aquello, Heather dejó la tembladera y pese a seguir asustada, asintió a la petición de su amigo.

—bien, me voy entonces… cuando termine vendré por ustedes para llevarlos a la casa. ¿de acuerdo?

—De… de acuerdo. —acató la llorosa jardinera.

—¡Resguárdate con ellos en una habitación segura, la tormenta está próxima a llegar! —le gritó Hiccup antes que irse.

—Como si fuera algo tan fácil. —resopló Heather, comenzando a pensar cómo le haría para mover a Fishlegs de su sitio.

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En la casa Haddock Hofferson, a pesar de lo que le habían dicho Toothless y Stormfly, Astrid no pudo evitar quedarse afuera de la casa, debajo de la copa de hermanito esperando por una señal de Hiccup; pasando lo mismo con los guías que aguardaron en la entrada de la casa junto a los preocupados niños que sólo veían como los arboles que estaban fuera de su casa se agitaban con violencia.

Todo estará bien, Astrid, todo estará bien. —recitaba la hechicera mentalmente, viendo con insistencia hacia uno de los extremos de la calle en donde presentía se había ido Hiccup.

Las luces de la calle apenas y le daban visibilidad de lo que ocurría afuera, pues entre el viento que agitaba los arboles y estos a la vez chocaban con el cableado eléctrico hacían que las luces parpadearan.

—¿Por qué Hiccup no regresa? —masculló el furia preocupado, conforme el clima empeoraba.

—Espero que se encuentre bien. —rezó la albina angustiada.

—Calmados, apenas se fue hace unos minutos, no se desesperen. —pidió Stormfly con tranquilidad; sin embargo, por dentro comenzaba a preocuparse por el hechicero, si bien le había dado una indirecta a Astrid para que pensara sobre su situación con Hiccup, comenzó a arrepentirse de haberla hecho desistir de buscarlo.

—¡Miren, hay algo allá! —interrumpió repentinamente Zephyr, señalando algo en las afueras.

Los guías, así como la alertada Astrid se movieron de sus lugares para apreciar con más detenimiento lo que había observado la niña.

Eran unos destellos que provenían del alumbrado público que estaban siendo apagados uno a uno y no precisamente por causa de la tormenta.

—¡Stormfly, Toothless, Alúmini, resguárdense con los niños en la casa! —gritó Astrid alarmada, convocando a Sky al mismo tiempo que una atrevida figura chocaba con la barrera de la propiedad, las cual activando su poder electrificó a su víctima, reduciéndola a solo un pedazo de carne chamuscada que cayó sin más al suelo.

Todo había pasado tan rápido para los presentes que Alúmini y Stormfly solo pudieron tapar los ojos a los niños, pues prácticamente había un ser que acababa de morir frente a sus ojos.

Mientras tanto, Toothless y Astrid se acercaron presurosos hacia donde había caído la criatura, viendo como esta se iba despedazando poco a poco y sus restos fueron arrastrados por el arrasador viento que había en el exterior.

Pero el peligro no había terminado ahí, al alzar la vista vieron que habían más de esas mujeres aves que al ver a su camarada morir en un instante guardaron una prudente distancia con la barrera.

—Están perdidas, no lograrán entrar aquí, estamos a salvo. —aseguró Toothless satisfecho.

Sin embargo, Astrid no estaba del todo segura, y pronto pudo comprobarlo al momento de que las arpías se organizaron para arrojarles toda clase de objetos, comenzando con pequeñas cosas como botes de basura que al chocar con la barrera rebotaban chamuscadas.

Pero conforme las dejaban hacer lo que quisieran, las arpías se iban consiguiendo objetos de mayor tamaño, entre estas uno de los autos del vecino de a lado.

—Perras…—masculló Astrid al momento que vio que la más grande de las arpías arrojó el automóvil con violencia, provocando nada más que la barrera actuara de la misma forma, arrojando el auto lejos en dirección a la casa del vecino de frente.

—¡Dagur, Mala! —salió Astrid de la propiedad, arrojando a Sky hacia el auto para desaparecerlo antes de que este se estrellara contra la propiedad de sus amigos.

Logrando su objetivo, el arma regresó a sus manos y consciente de que no podía quedarse dentro de la barrera mientras la comunidad era amenazada por esas arpías se posicionó frente al grupo de las mujeres mitad ave y las desafío a un combate.

—¡Astrid! ¡Entra a la barrera AHORA! —ordenó Toothless al ver lo que estaba haciendo.

—¡Cuida a mis niños! —pidió esta sin escucharlo nada más que a sus cuchicheantes enemigas, que reuniéndose en grupito parecieron descubrir algo interesante. —¡Malditas arpías, las mataré a todas! —masculló blandiendo a Sky la cual soltó un haz de luz cortante.

Las mujeres aves ante la amenaza se separaron rápidamente, solamente un par no había alcanzado a salir del todo de la trayectoria y quedaron destrozadas a la mitad cuando el filo mágico del hacha las alcanzó.

Sus cuerpos destrozados cayeron sin vida al suelo y sus restos se fueron poco a poco desvaneciendo, en cuanto a las demás, Astrid contó alrededor de 9 arpías y no dudó ni un momento para lanzar otro de sus ataques, pero estas, separándose rápidamente hacia distintitos puntos se se alejaron de ella, volando en dirección contraria y causando más estragos en la comunidad

—Malditas perras, no se escaparán. —masculló Astrid entre dientes, comenzando a seguirlas, dejando atrás tanto a Toothless como a sus hijos.

—Ay, no… ¿qué hago? —se estiró el furia el cabello sin saber qué hacer, en especial cuando vio que la luz de la casa se fue debido a la explosión de un transformador que estaba en la misma dirección hacia donde se había ido la hechicera.

Quiso ir por ella, pero en cuanto las luces se apagaron y los niños se angustiaron y se aferraron a las guías femeninas se le hizo imposible desobedecer la orden inicial que le había dado su amigo, misma que le recalcó Astrid ante de irse.

—Hiccup… ¿dónde estás? —refunfuñó angustiado, cuando sus plegarias parecieron ser escuchadas por el sonido de un alarmante claxon.

Al girarse, vio con alivio que se trataba de su amigo, por lo que rápidamente salió de la barrera para advertirlo

—¡¿Están bien?! —preguntó Hiccup alterado al ver a sus niños y guías fuera de la casa y sin luz en la zona.

—¡Estamos bien! —respondió Toothless lo más rápido que pudo. —Pero Astrid se fue detrás de esas arpías.

—¡¿Qué?!

—Sí, se fue corriendo, ¡ve! ¡ve! Puedes alcanzarla, nosotros nos quedaremos con los niños, no te preocupes por ellos, la barrera los protegerá.

Hiccup asintió y rápidamente arrancó el auto en dirección hacia donde le había dicho su amigo, mientras que Toothless se limitó a volver al interior de la barrera y posteriormente a meter a todos al interior de la oscura casa.

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En la calle, Hiccup muy apenas y podía ver con todo el caos que tenía encima, una brisa con lluvia que arremetía ligeramente y luego con fuerza, clara advertencia de que estaba cerca la tormenta, las calles oscuras, lastimadas por el previo paso de las arpías y en la esquina un transformador que arrojaba chispas, producto del daño de una de las aves que al parecer había caído muerta al electrocutarse, aunque del cuerpo no se veía nada, suponía que Astrid se había desechó de él para no dejar rastro de su existencia. Pero después de ese punto, se sintió perdido pues solo había dos opciones por tomar: izquierda o derecha y por donde viera no podía dar con la que lo había rechazado.

No fue hasta que un inusual rayo cayendo en el extremo izquierdo llamó su atención, y rápidamente aceleró hacia esa dirección percibiendo poco a poco la magia de esa mujer que tanto lo hacia rabiar.

Doblando en otra esquina fue cuando dio con ella, la reconoció fácilmente por la blusa blanca de manga larga y casi transparente que se le ocurrió usar ese día, acompañado de esos peculiares pantalones pesqueros, y como lo esperaba, atacando sin ningún plan al enemigo, el cual al parecer había dejado de destrozar cosas solo para jugar al gato y al ave con ella.

Inmediatamente comenzó a hacer sonar su claxon para advertirla, y aceleró más para alcanzarla, mientras que las arpías al ver que se acercaba el otro hechicero rápidamente emprendieron el vuelo para alejarse de ellos.

—¡¿Qué haces aquí?! —le reprochó Astrid en medio de la lluvia.

—¿Qué parece qué hago? ¡Vine por ti! ¡Sube! ¡Tenemos que alcanzar a esas malditas arpías!

Astrid gruñó para sus adentro y más cuando vio que las arpías ya les llevaban ventaja por lo que tragándose su orgullo y todo lo que sentía en ese momento por su compañero, subió al auto.

—¿Estás bien? —preguntó Hiccup, no podía evitar preocuparse por ella.

—Estoy bien, conduce ¡ya! —ordenó esta, limpiándose a como pudo el agua que le escurría en el rostro.

Hiccup al ver que estaba en perfecto estado y que seguía siendo la misma de siempre, aceleró a donde pudo ver que se fueron las arpías. El cielo cada vez más se iba oscureciendo y la lluvia comenzó a arreciar sobre el auto; pero esto no evitó que Hiccup pisara a fondo el acelerador, puesto que tenía la calle libre para él.

La lluvia no sólo pareció afectarles a ellos, las arpías también vieron entorpecido su vuelvo conforme la tormenta se hacía más violenta, y viendo aquello en su contra se reagruparon para volar en parvada.

—¡Mira!, ya se juntaron todos. —observó Astrid a cómo pudo a través del cristal del auto. —Creo que es hora de darles su merecido.

—¡No! ¡Espera! —detuvo Hiccup. —¿Y si las seguimos?

—¡¿De qué hablas?! Esas arpías son peligrosas, debemos acabar de una vez por todas con ellas.

—Lo sé, pero ¡mira! No están atacando… tampoco se están separando para que las perdamos, ¿no será que acaso quieren que las sigamos?

Astrid ahogó un grito.

—¿Para qué sería?

—No lo sé, tal vez el titiritero quiere que vayamos a su refugio, no sé tú, pero creo que si las seguimos hay una de dos, o caemos en una trampa o el titiritero caerá en su propia trampa.

La hechicera tragó saliva, pero viendo los hechos en el exterior, pudo ver que era cierto lo que decía Hiccup, esas arpías tramaban algo y si eso era llevarlos con el titiritero pensó que era el momento para deshacerse de él, para que su antes amigo y ella, pudieran hacer sus vidas como se les diera la gana.

—¿Qué dices, Astrid? —preguntó Hiccup, no haría nada si ella no estaba de acuerdo.

La hechicera asintió un poco insegura.

—Está bien, ¡hagámoslo!, vayamos por ese maldito.

—Excelente, entonces…ponte el cinturón. —pidió este con una sonrisita engreída, antes de arrancar el auto.

La rubia obedeció rápidamente y una vez protegida por el cinturón, se aferró sólo con fuerza al asiento y a la agarradera.

Mientras tanto las arpías, aun volando en por encima del auto, al verse aún perseguidas, siguieron volando hacia un rumbo que ya tenían fijo.

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Siguiendo con el plan, los hechiceros continuaron con la persecución de las arpías, incluso cuando estas salieron del territorio de la ciudad, en dirección hacia las carreteras nacionales y zonas agrícolas.

Conforme más se alejaban de la ciudad, la amenaza de la tormenta también, pues iban en dirección contraria esta, los vientos arrasadores, así como la lluvia se habían calmado en esa parte de Berk, pero no estaban exentas de quedar fuera del ojo del huracán.

Astrid comenzó a preocuparse de que la trampa les fuera a caer a ellos, puesto que estaban quedándose cada vez más desolados y se estaban apartando de sus limites conocidos.

Ya habían pasado por aquel lote de chatarra en donde habían peleado meses atrás por un gólem, y las arpías no se detenía.

—Hiccup, no quiero hacer más esto, creo que caeremos en una trampa. —advirtió comenzando a inquietarse. —Estamos ya muy lejos de la ciudad. Mejor acabemos de una vez por todas, no me confío de este enemigo.

El hechicero no detuvo el auto, mas si apretó el volante sintiendo lo mismo que su compañera.

—Sí, lo sé… es mejor terminar de una vez con esto. ¿Crees que puedas darles con el auto en movimiento? —preguntó preocupado.

—Lo intentaré.

Desabrochándose el cinturón, Astrid abrió la ventanilla del auto, y sacando prácticamente la mitad de su cuerpo fuera de este, invocó a Sky para hacer una de sus técnicas especiales.

Los truenos comenzaron a retumbar por aquella carretera solitaria y los rayos comenzaron a hacerse presentes, las arpías, al ver el inminente peligro, se separaron en direcciones diferentes, pero no muy lejos la una de la otra, pues aún tenían una misión que cumplir; sin embargo, cuando Astrid lanzó su ataque sobre ellas, logró acertar a varias de ellas, dejando así al grupo más reducido.

—¡Muy bien, Astrid! ¡Ya sólo faltan tres! —le gritó Hiccup, sin detener el auto.

Las arpías que quedaban, al verse acorraladas, decidieron volar de lado contrario al auto para después internarse al campo abierto, que se caracterizaba por una flora espesa y verdosa que por lo visto terminaba con un bosque al fondo.

—¡Ay, malditas! ¡Astrid, entra! ¡Voy a regresar!

Esta, acatando las ordenes, entró nuevamente al auto y abrochando rápidamente el cinturón se sostuvo nuevamente con fuerza del asiento al momento que Hiccup dio una brusca vuelta, para luego internarse al campo abierto.

Ahí, a pesar de los inconvenientes de la tierra, Astrid logró acertar a dos arpías más antes de que pudieran escapársele al interior de los árboles que estaban próximos a ellos.

Sin embargo, lo que no esperaron es que la arpía restante al ver a su parvada desecha, lejos de alejarse, enfureció y manipulada por el titiritero, voló en dirección hacia ellos.

—Parece que ya cambiaron de planes —concluyó Hiccup al ver como la mujer ave se movía con destreza ante los ataques de la hechicera, obviamente ayudada por el titiritero pues podía ver claramente los hilos que la amarraban en patas y en alas

Y tan violenta y ágil la estaba haciendo el titiritero que Astrid no logró acertar ningún golpe, por lo que pronto quedaron expuestos a un ataque.

—¡Cuidado! —advirtió Hiccup, deteniendo el auto y metió a Astrid a la fuerza al ver que esta ya no tenía espacio para otro ataque.

—¡¿Qué haces?! —le gritó esta furiosa, pero Hiccup sólo se aferró a ella para protegerla.

—¡No te muevas! —Le pidió, pues lo que enseguida sintieron ambos hechiceros, fue como la brava arpía levantaba el auto desde la parte trasera para comenzar a darle unas feroces vueltas.

—¡Hiccup! —gritó Astrid asustada, ya que sólo lo tenía a él para sostenerse y esa arpía prácticamente estaba haciendo un vórtice con ellos.

—¡Aguanta, confía en mí! —pidió este al momento que la arpía soltó el auto y este salió disparado en dirección a los arboles que no era del todo un bosque sino una fila de árboles que tenía en su otro extremo la vista a otra carretera y campo abierto.

El auto se estrelló contra unos árboles que quedaron totalmente deshechos y finalmente perdió fuerza de velocidad lo que hizo lo caer tendido en el pavimento de esa otra carretera llantas arriba.

De Astrid y Hiccup no se vio nada.

La agotada arpía manipulada, siguiendo las ordenes de quien estaba detrás de ella, se acercó al lugar de los hechos y sigilosamente comenzó a rodear el automóvil. Aun podía sentir vida dentro del vehículo, así que siguiendo las ordenes de quien la había invocado alguna vez y ahora la manipulaba, volteó el auto con sus garras para acabar de una vez por todas con sus enemigos.

Lo que no esperó es que, al hacerlo, es que tanto Astrid y Hiccup estuvieran en sus respectivos asientos como si nada, listos con sus armas para lanzar un ataque.

—¡Ahora! —gritaron al mismo tiempo, liberando su magia a través del cristal frontal del auto.

La enemiga, sólo pudo alcanzar a ver los destellos azules y rojos que la alcanzaron antes siquiera de que pudiera alzar el vuelo, después de eso todo se volvió blanco y luego desapareció con el viento.

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En un lugar lejano de donde se encontraban los hechiceros, en una cueva oculta en el bosque, se podían escuchar los gritos de un frustrado hombre.

—¡Malditos, malditos! —gritó enfurecido. —Cada vez que los enfrento me dejan sin más juguetes.

Golpeó con furia la mesa, donde cayó un muñeco blanco frente a los pies de otra persona que se encontraba en el lugar

El que estaba histérico, levantó al muñeco que en sí ya estaba roto debido poco material utilizado, la cual sólo era la foto de Fishlegs.

—Más vale que esa mujer pagué con lo que prometió. —gruñó, deshaciéndose del ya inservible muñeco. —No quisiera usar mi mejor adquisición. —sonrió maliciosamente al otro ser que lo acompañaba en ese momento, dormido por supuesto, y que en sus días de gloria había sido conocido como el mejor cazador de la familia Grimborn.

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En los restos que quedaron del auto, Hiccup y Astrid respiraron agitadamente después del desenlace de la arpía, habían estado conteniendo la respiración en ese momento tan tenso, pero cuando por fin la criatura desapareció se permitieron dar un respiro.

—Que idiota, casi nos matas. —comentó Astrid con su respiración aún agitada.

—Era lo único que se me ocurrió hacer, lo siento. —respondió este igualmente agitado, rememorando como en el último momento, cuando el auto salió volando, activó su burbuja protectora que los puso sanos y salvos antes del choque con los árboles y el pavimento.

—Bueno, como quiera acabamos con ella. Eso es bueno ¿no?

—Sí, sí lo es.

Astrid respiró aliviada.

—Entonces… ¿crees que ya podemos volver a casa?

—sí, vámonos. —dijo Hiccup, forzando la llave para que el motor encendiera, pero este debido al daño recibido no parecía querer cooperar y sólo hizo un ruidoso rechinido. —Ay, dioses.

—¡Ay, dioses! ¿qué, Hiccup —reaccionó Astrid, conociendo muy bien lo que significa esa expresión: problemas.

—Pues que el auto no funciona. —respondió con obviedad. —pensé que había recubierto el auto por completo. —Se dijo para si mismo, saliendo con dificultad del auto, puesto que la puerta tampoco quiso abrirse.

Pasando lo mismo del lado de Astrid, cuya puerta ni siquiera abrió y tuvo que salirse por la ventanilla. Al estar ambos afuera del auto, se dirigieron al frente de este y observaron boquiabiertos que el pobre había quedado deshecho.

—Llamas a esto ¿protegerlo? —le reprochó Astrid, señalando el auto por completo.

Hiccup sonrió de lado avergonzado, ahora de plano no había hecho bien los cálculos.

—Descuida, estaremos bien.

—¿Cómo? Ni siquiera sabes dónde estamos. —siguió reclamando su compañera, viendo lo desolado que estaba su alrededor. Árboles y campo abierto en su lado izquierdo, y campo abierto y hierba alta de su lado derecho, en medio, una carretera completamente vacía.

—Ya te dije, no te preocupes, estaremos bien.

Y como si los dioses estuvieran en contra de los deseos del hechicero, en ese momento comenzó a llover con fuerza.

—¡¿Decías?! —le volvió a gritar ella, tratando de cubrirse con sus brazos, pero la lluvia comenzó tan fuerte que en menos de un minuto quedaron empapados.

—¡No podemos quedarnos aquí! —gritó Hiccup, tratando de pensar en algo, al mismo tiempo que veía a su alrededor en busca de algo que pudiera ayudarlos a sobrellevar la tempestad.

—Eso es obvio, ¡sabía que no debía hacerte caso! —siguió reclamando la rubia molesta.

—Ay, ya ¡deja de fastidiar! ¡Ven, vamos para allá! Tal vez podamos encontrar por allá ayuda. —señaló hacia la maleza. —Me pareció ver algo.

—¡Yo no veo nada!

—Claro que no, pero yo sí porque estoy más alto ¡anda! ¡vamos!

Dejando a su refunfuñona amiga atrás, Hiccup comenzó a adentrarse entre la hierba del campo.

Mientras que Astrid, viendo pocas posibilidades que tenía de salir de ese lugar, se resignó y lo siguió a tientas, pues, aunque el campo de hierbas parecía tranquilo y fácil de pasar, entre el hierbero, el lodo y el agua se les dificultaba el caminar.

Llegó un momento en que ambos cayeron en múltiples ocasiones debido a que sus pies o, en el caso de Hiccup la prótesis, se les quedaba atoradas entre la maleza.

—¿Estás bien? —preguntó Hiccup al ver a Astrid caer por tercera vez, y le ofreció su mano para ayudarla a levantarse.

—Sí. —la tomó esta sin tanto titubeo, olvidándose momentáneamente de sus problemas.

Igualmente, Hiccup viendo que eran mejor si trabajaban en equipo, la ayudó a seguir adelante y viceversa.

Después de casi un kilometro de estar caminando en la hierba alta, la lluvia y el lodo, por fin llegaron a un espacio que estaba prácticamente despejado. Una casa, cuyo reservado perímetro estaba a salvo de la hierba alta, así como un camino que le seguía a un costado de la casa, en donde se podía observar que a lo lejos había otro par de casitas.

—¡Oh! ¡Wow! Si era cierto. —observó Astrid la plenitud de esa casita, mientras que Hiccup comenzó a inspeccionarla, para luego dirigirse a la puerta.

—¡Hola! ¿Vive alguien aquí? ¡Necesitamos ayuda! —golpeó la puerta con insistencia.

Pero nadie atendía la puerta, y la lluvia seguía y seguía y pronto comenzó a bajar la temperatura.

—Al parecer no vive nadie aquí. —determinó Hiccup, cuando inspeccionó la casa por tercera vez.

—¿Y qué hacemos? ¿caminamos hasta las otras casas? —preguntó Astrid, temblorosa, tratando de cubrirse ya que con la blusa que llevaba puesta todo se le transparentaba.

Hiccup evitó verla por lo mismo, pero la intensidad de la lluvia y su compañera en peligro de pescar un resfriado lo hizo tomar la decisión más obvia que tenía en ese momento.

—Entremos ¿qué más da? Sólo nos quedaremos hasta que pase la tormenta ¿estás de acuerdo?

Astrid asintió temblorosa, sólo esperaba que ningún desconocido o enemigo saliera repentinamente de esa casita.

—Bien, aquí voy…—emanó Hiccup egni en su mano, para luego ponerla contra la cerradura para abrirla con magia.

La cerradura que protegía la casa se abrió sin más, dejando el libre acceso a los hechiceros. Hiccup, como todo un policía, abrió cuidadosamente la puerta y asomó un poco la cabeza, para validar que efectivamente estuviera abandonada.

—¡¿Hola?! ¿Hay alguien aquí? —volvió a llamar, pero nadie respondió.

Viendo que en efecto estaba abandonada, lo siguiente que hizo fue buscar un interruptor, como en toda casa, intuyó que esta estaba a un lado de la puerta, y así era, pero al activarlo no encendió nada, por lo que pensó que era debido al interruptor principal el cual vio durante su inspección que estaba al costado en el exterior, por lo que salió de nuevo de la casa, dejando a Astrid sola en el recibidor.

Esta, no aguantando estar más en la intemperie se adentró más en la casa evocando un poco de egni para alumbrase.

De lo poco que pudo observar, vio que no era una propiedad muy grande, y lo comprobó cuando la luz principal se encendió, mostrando que en el recibidor estaba la cocina, la sala, y el comedor casi en el mismo espacio.

Pese a su pequeñez le pareció cálida y hermosa, y no supo por qué, pero comenzó a sentirse nostálgica que estaba mezclada con un sentimiento de tristeza.

Insegura de lo que significaba esa repentina sensación, poco a poco, comenzó a inspeccionar cada uno de los espacios de la casita con curiosidad, viendo hasta el más mínimo detalle, como los acabados, algunos adornos florales, una guitarra apoyada sobre la pared, una puerta pequeña que parecía llevaba al baño, y un lado de esta frente a ella, otra que al parecer llevaba a la única habitación de la casa.

—¿Todo bien, Astrid? —se sobresaltó al escuchar él y sus mejillas no pudieron evitar colorarse, al mismo tiempo que su corazón comenzó a agitar.

Se había perdido tanto en el encanto de esa casita que ni siquiera se dio cuenta cuando su compañero volvió y cerró la puerta.

—S-sí. —respondió dudosa y sin atreverse a verlo. —Iré a esa habitación a ver si puedo conseguir algo de ropa seca o por lo menos una toalla. —se alejó rápidamente de él.

—Sí, claro… yo… aquí esperó. —susurró este, señalando a su alrededor en donde en realidad no había más a donde ir.

Sin embargo, así como le sucedió a Astrid, Hiccup comenzó a sentir un cosquilleo en su ser cuando observó todo a su alrededor, comenzó a sentir nostalgia y también un sentimiento de tristeza.

¿Qué era lo que le pasaba? Sintió hasta los ojos lagrimearle sin saber realmente porqué, por lo que sólo pudo respirar profundamente para tratar de eliminar esos sentimientos que comenzaban a acumularse en su ser.

Tratando de distraerse, vio a su alrededor, buscando algo que le llamara la atención, vio que había una estufa pequeña, un refrigerador también pequeño, y aun lado de este al parecer un sofá, el cual en ese momento estaba cubierto por una sabana blanca, supuso que ahí le tocaría dormir, luego desvió su mirada al mueble anexo en donde vio un par de figurillas entre estas una que llamó extrañamente su atención.

—Eso se parece a…

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Mientras tanto en el otro extremo de la casita, Astrid se encontró con una habitación realmente acogedora con una enorme cama matrimonial que extrañamente se le hizo difícil de ver, por lo que se enfocó solamente en la gaveta que estaba frente a la cama y en la que esperaba encontrar algo de ropa o por lo menos algo con que secarse, y al azar, seleccionó un cajón el cual al abrirlo le mostró precisamente lo que buscaba: una toalla.

Aliviada de tener algo con que secarse, sacó una de las dos que había; sin embargo, al hacerlo una pequeña cajita cayó de la gaveta, dejando caer a la vez lo que guardaba dentro.

—Ay, Astrid… ten más cuidado… —se auto regañó, sintiéndose como una tonta, y se agachó para recoger lo que se le había caído; sin embargo, al ver lo que era quedó brevemente paralizada.

Lo que había caído de la caja era un collar, un collar con una joya muy valiosa que años atrás le había dado un hombre que ella despreciaba más que a Hiccup Haddock.

—¿Qué hace esto aquí? —susurró asustada.

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—Este… es ¿mi ojo del dragón? —observó Hiccup aquel dispositivo en forma de dragón que yacía recostado sobre una base como si de un adorno se tratara.

Inmediatamente se echó hacia atrás asustado, pensando que se trataba de una mera ilusión. Trató de despertar de esta, dándose unos golpes en las mejillas, pero por más que lo hizo no pudo dejar de ver aquel dispositivo con el que se comunicaba en el mundo oculto.

—No, no, no… no puede ser verdad. ¿qué hace esto aquí?

No podía siquiera recordar lo que había sido de ese dispositivo y por más que intentó recordarlo no pudo, sólo consiguió que todo a su alrededor comenzara a dar vueltas confusamente, al mismo tiempo que la nostalgia se iba apoderando cada vez más de él.

pero ¿por qué? ¿Por qué se sentía así? No lo comprendía.

Pero cuando todo dejó de darle vueltas y su vista se clavó con la que estaba dentro de la otra habitación con un collar en su mano, algo en él le respondió que…estaba en su casa.

En ese momento sus piernas se movieron por si solas hacia la persona que aguardaba en la otra habitación, y con el corazón desbordando vio como esta sólo dejaba caer lo objetos que tenía en sus manos y abría sus brazos acortando la distancia para alcanzarlo.

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Esa casa había sido su hogar, concluyó Astrid al ver ese collar que tan malos recuerdos le traía, pero que también le demostró lo que en realidad había ganado. Con ojos melancólicos y llenos de nostalgia vio a unos cuantos metros a su hombre ideal, el cual con una sola mirada tenía a su corazón encantado, pero a la vez desecho con muchas dudas.

Pero ¿qué importaban las dudas en ese momento? pensó tirando repentinamente la toalla y el collar, en ese momento algo más que su razonamiento le exigía algo, y ese algo era su corazón el cual le exigía un momento con él, por lo que no esperó siquiera a que su compañero llegara hasta ella, cuando ella caminó para alcanzarlo y en el umbral de la puerta lo recibió con un caluroso beso en los labios.

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El choque de sus labios con los labios de su amada, llenó de felicidad a Hiccup, quien de cierta forma no la sintió como una primera vez, más bien como una experiencia que había dejado en pausa por más de un año.

Sus presurosas y ansiosas manos comenzaron a recorrer el cuerpo de su amada, quien también desesperada lo guiaba hacia distintos lados, contras la gaveta, con la pared de madera, todo sitio parecía ser bueno para detenerse y acariciarse con el fervor con que el lo estaban haciendo, pero sus cuerpos pronto exigieron más y más.

Él, sin dejar sus labios, se retiró la estorbosa chaqueta y enseguida ella lo ayudó a deshacerse de su camisa, pero antes de que esta continuara con su pantalón, la detuvo por un instante para cargarla y llevarla a la cama, ahí, él se aprovechó de su posición y comenzó a retirarle la ropa con la misma ansiedad frenética que en ese momento lo dominaba.

La blusa blanca y mojada que hacía que se le transparentara todo despareció en menos de un parpadeo de la hechicera, y el sostén que cubría aquello con lo que él en ocasiones fantaseaba, fue removida por la propia mano de ella.

Hiccup no escatimó y comenzó a besar de arriba abajo, deteniéndose en estas pequeñas pero perfectas cumbres de las que se había burlado en el pasado, burlas de las que ahora se arrepentía pues sus labios parecían que nunca habían sentido nada igual. Luego bajó un poco más y besó con amor aquel vientre que alguna vez cargó a sus hijos, incluyendo a su pequeño no nato, para luego pasar más abajo donde se encontró con el último obstáculo que evitaba que hiciera a esa mujer completamente suya.

Levantándose de su posición, procedió a desabrocharle el pantalón y junto con su ropa interior, comenzó a quitárselo lo más sutil que pudo. Su compañera, sólo respiraba agitada con los movimientos que él hacía, pero cooperando por completo se abrió ligeramente ante él cuando finalmente quedó expuesta.

Viendo que tenía más que su permiso, el hechicero removió también sus ultimas prendas, y ya completamente excitado por la emoción del momento, se entregó de golpe a ella, ocasionando que sus gemidos se mezclaran con los truenos que resonaban en el exterior.

"Es realmente buena" pensaba el semiconsciente Hiccup mientras la embestía con delicadeza, sintiendo muy en lo profundo, como si estuviera degustando una clase de fruto prohibido.

Porque eso era Astrid para él, un fruto prohibido por su familia que de seguro estaría decepcionada de lo que hacía, pero qué importaba esa familia interesada, cuando junto a la mujer que ahora tenía debajo de él había formado una hermosa y mejor familia de la que se hubiera imaginado, y con ese pensamiento en mente, siguió dándole placer a esa mujer al mismo tiempo que sentía que ella se lo daba, tocándolo en distintos puntos que incluso él desconocía que le excitara demasiado. Parecía como si ella ya conociera su cuerpo a la perfección.

Quería más y más de Astrid Hofferson, por lo que aceleró sus embestidas para llegar hasta en lo profundo de su ser, la quería así siempre. La amaba, la deseaba, quería todo con ella, disfrutar de cada momento juntos.

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Ni siquiera sabía que tan excitante podía ser el hacer el amor, pensaba Astrid mientras se dejaba llevar por los movimientos de su compañero, ni siquiera sabía que ella tuviera esa habilidad para hacer suspirar aun hombre como lo estaba haciendo con Hiccup. ¿cómo era que sabía todo eso? Claro, los 10 años no habían pasado en valde y realmente había aprendido otras cosas además de ser madre.

Y esos besos que él le daba, le encantaba y la hacían sentir como en el cielo, y de algo podía estar segura, su primer beso definitivamente había sido con él. Ya que a pesar de la estupidez que había cometido, no había permitido que ese otro hombre le profanara los labios, bastante había tenido que soportar la humillación de tener que entregarse a alguien que no amaba sólo por deshacerse de un compromiso arreglado, del cual finalmente se deshizo al ser hechizada y enviada a ese mundo.

"Hechizada"

Repitió Astrid en su mente, abriendo los ojos consternada y quedando ligeramente paralizada, mientras que Hiccup seguía concentrado en su labor, dentro de ella.

— "Un momento" — pensó viendo hacia la pared del techo, donde un luminoso foco blanco era testigo de lo que estaban haciendo.

— "No, no, no, no" —comenzó alterarse por dentro, pero su cuerpo no reaccionaba y seguía expuesto a los placeres que le estaba dando Hiccup, parecía que una parte de ella se negaba a acabar con eso.

—Te amo, Astrid. —escuchó decir a su amigo, quien la hizo volver a sus labios.

Pero, a pesar de que besaba bastante bien y podía incluso sentir amor, emoción e incluso agradecimiento en sus labios, además de que se movía muy placenteramente, simplemente ella no se sentía de la misma manera.

Pero lo hecho, hecho estaba, aceptó rendida, correspondiendo sus afectos, abrazándose fuertemente a él, cuando sintió que estaban ambos por terminar y acompañándolo con un sonoro gemido cuando sintió que él terminó dentro de ella.

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Hacer el amor con ella era lo más excitante que había experimentado hasta ese momento, pensó el cansado Hiccup, totalmente caído sobre el cuerpo de ella. La amaba, quería volver a decírselo, pero ahora frente a frente y con una sonrisa plasmada en el rostro, alzó un poco su cuerpo esperando encontrar el rostro de felicidad en ella.

Sin embargo, lo que se encontró lo dejó conmocionado, lejos de ver a una Astrid feliz y satisfecha, vio a una entristecida que denotaba arrepentimiento.

— "¿Por qué?" fue lo primero que se preguntó; sin embargo, al dar otro parpadeo y ver en la posición en la que estaban ambos, su rostro cambió a uno de consternación y dos nuevas preguntas se formularon en su cabeza.

"¿Qué es lo que había hecho?" y "¿Por qué lo hizo?"

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Y ahí estaba, esa expresión de confusión en él que ella no quería ver, lo que había evitado ella a toda costa pasó:

Nuevamente los habían manipulado.

¿Con qué intención? Apenas trataba de encontrarle sentido a esa pregunta, cuando repentinamente algo pasó delante de sus ojos y delante de los ojos de él, tan rápido, que los hizo separarse ambos hacia cada costado.

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¿Qué había sido eso?

Pensó Hiccup agitado, acostado en la orilla de la cama, sintiendo una extraña sensación en el pecho con todo lo que acaba de ver.

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¿Qué había sido eso?

Pensó Astrid igualmente confundida, acostada en la orilla de la cama que estaba pegada a la pared; sintiendo y concluyendo lo mismo que su compañero.

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— "¡Que bonitos recuerdos!"

Continuará.

Sin comentarios.

2sonic1808: la verdad ya ni sé que puedas opinar con este desenlace extraño, bueno, espero leer más teorías. XD Saludos.

Mayluliya: jajaj sólo puedo decir, ahí está tu Hiccstrid XD. Saludos.

Mispy: Nero solamente será un invitado especial y secreto XD. Así que tranquila con él. Saludos.

Dlydragon: la neta ni yo sé que decirte, XD, y es que contrario a lo que todos pensaban, las cosas creo que dieron un giro por completo. ¿Lo esperabas? Espero leer tu respuesta. Saludos.

DjGuilox: bueno, como puedes ver, ya recuperaron sus recuerdos, pero ¿todos? Eso se verá en el siguiente capítulo, y en cuanto a Astrid no sé que tanto se notó, pero aquí al menos está propuesta el motivo de su rechazo hacia Hiccup. Saludos.

Cathrina Frankenstein: jajaja, ¿ahora que opináis de la pobre Astrid? Tenía motivo o no para dudar? XD. Espero leerte. Saludos.

Amai do: jejeje ya sé, tmb me recordó, aunque Fishlegs si se pasó de exagerado, en fin espero te haya gustado este capítulo. Saludos.

LadyAira14: jajaja eso es lo chido, la tortura mental XDD, espero este te haya gustado. Saludos.

A los seguidores, favoritos y anónimos, nos seguimos leyendo.

13 de octubre de 2020