Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.
Capítulo 45.
—No puedo creerlo. —Imprimió presión contra el raspón de la frente y suspiró—. Cómo te pudo haber pasado algo así.
—Me duele… —dijo entre dientes, apretando los ojos y tomándose el vientre. Se echó para atrás en el mueble mientras tomaba la bolsa con hielos que le daba su novia.
No podía parar de pensar en que la única prueba que tenía contra Yura, se había ido al carajo y ahora sí que restaba perdido. Quizás ya no iba a casarse. De eso estaba seguro. Aunque en medio de su dolor físico, el del corazón era todavía más grande.
—¿Por qué no me dijiste nada?
Miró su reloj y notó que eran las once de la noche. Después de que Kagome despertara, la gran noticia de que InuYasha también lo había hecho, la regocijó.
«—Cómo sigue mi pequeña. —Entró a la habitación con una enorme sonrisa en la cara, pero Sango notó que había estado llorando.
—Despertó hace poco, pero dijo que se sentía bastante agotada y somnolienta. —Sonrió. Al menos estaba bien y eso la tranquilizaba como no tenían idea. Se le había olvidado incluso llamar a Miroku y preguntarle por qué tardaba tanto—. ¿E InuYasha?
—Mi hijo acaba de despertar, Sango. —Anunció entre nuevas lágrimas, que parecían de alegría pura. Midoriko lucía pálida.
—¡Por Dios! ¡Al fin! ¿Puedo ir a verlo? —Se levantó de inmediato. Por fin más buenas noticias.
—Claro que sí, hija, ven conmigo.»
Y así fue: dejaron un momento a Kagome sola mientras descansaba y fueron a la habitación de InuYasha. Cuando entró, estaba siendo atendido por un médico que revisaba sus heridas y demás cosas, mientras que una enfermera asistía el protocolo. Se mantuvo en la puerta junto de los padres de su amigo, en cuanto el médico se desocupaba.
InuYasha no decía nada, solo miraba hacia el techo con expresión seria. Las únicas veces que lo vio hacer alguna mueca, fue de dolor. Cuando el médico y la enfermera se retiraron diciendo que probablemente dormiría toda la noche y que podían dejarlo al menos esa noche, Sango caminó hasta él, que aún permanecía ahí, con la expresión inmutable.
—Hola, InuYasha. —Le dijo y él no la miró ni por un segundo.
Después de unos largos minutos que parecieron eternos, InuYasha movió apenas los labios. Detrás de ella, Tōga y Midoriko lo observaban con ansiedad. El doctor había dicho que era normal que estuviera reacio y callado, ya que el evento había sido traumático, pero había algo en él que parecía extraño.
«¿En dónde está Kagome?» era la único que había respondido. Lo dijo con lentitud y casi balbuceando, pero fue bastante claro.
Lo dejaron dormido y salieron de la estancia. Los Taishō advirtieron que no le avisarían ni a Kagome ni a Kikyō al menos hasta el otro día. Ellos dormirían en el hotel que quedaba frente al hospital, ya que Tōga sufría de problemas en la columna y permanecer en la silla toda la noche, le haría mucho daño.
Por su parte, Sango se despidió de Kagome y de sus padres en silencio. Llamó a Miroku al menos cuatro veces mientras salía de la clínica y aunque no dijo nada, el pánico se apoderó de ella al no encontrar respuesta. El celular aparecía como «apagado». Así lo indicaba el operador.
Había salido de la casa de salud al menos a las diez y media de la noche, directo al departamento, que era el primer lugar donde se le ocurría ir. Y sí, efectivamente, ahí estaba su novio, tirado en el mueble, dormido y con raspones en la cara. Grande fue su sorpresa cuando le contó todo lo que había pasado.
—Casi te matan y todo por robarte el celular.
—Había información muy importante allí. —Comentó, cambiando la bolsa de hielos al otro lado de la cabeza. Al caer al pavimento, se había golpeado sin querer algunas partes de la cabeza y el brazo derecho—. Muy importante.
—Todo documento del trabajo debe estar respaldado en la nube, lo sabes. —Caminó hasta la cocina y trajo el té de valeriana que había preparado para ambos. Afortunadamente solo habían sido golpes y eso la tranquilizaba sobremanera—. ¿Ya lo reportaste? Mañana salgo y te puedo comprar otro.
—Sí, aún tengo esperanzas de que no hayan manipulado la información. Gracias. —Dejó a un lado el hielo y sorbió el té.
—InuYasha despertó. —Informó con una sonrisa. Sabía que eso lo pondría feliz y así fue.
—No puedo creerlo… al fin. —Sintió que un gran peso se le quitó de encima—. Pero, ¿cómo está? ¿Y Kagome?
—Ambos siguen descansando, para mañana estarán mucho mejor, según el médico. —Ella también tomó la infusión. Seguía pensando en InuYasha y aquella expresión perdida. Según Midoriko, era la segunda vez que hablaba y lo único que había repetido era la pregunta del paradero de su hermana—. Creo que he engordado, el pantalón me empieza a apretar mucho.
Miroku la observó detenidamente y notó el abdomen inflamado. Le preocupaba la salud de Sango, pero por supuesto que no estaba gorda. Estaba pálida y delgada.
—¿Estás menstruando?
—Sí, este mes ya tres veces, aun con las pastillas. —Se tocó el vientre bajo—. Hoy en la mañana reprogramé la cita con mi ginecoobstetra, ya que se me pasó por alto, era hace una semana.
—¿Quieres que te acompañe, cielo? —Le acarició el rostro, después de que dejó la taza y la bolsa sobre la mesilla de la sala—. No te quiero perder.
Pero lo decía por lo que sabía que se avecinaba.
—No me vas a perder, tampoco voy a morir. —Soltó una ligera carcajada—. No, está bien, iré sola, tú ve con nuestros amigos, cumple tu jornada y acompáñalos, ya es hora. Nos vemos en la noche y te contaré qué tal todo, ¿sí?
—Está bien.
Muy temprano se despertó, le dio de desayunar a Miroku y ella también comió algo bastante ligero. Ese día no tenía nada qué hacer en la editorial, así que antes de ir a su consulta, volvió a pasar por la clínica.
Los Taishō la recibieron con alegría y brevemente les comentó lo que había pasado con Miroku y que ese día seguro que iría, ya que tenía menos trabajo.
Kagome ya estaba comiendo y lucía mucho más recuperada. Una enorme sonrisa se había instalado en su rostro al saber que InuYasha había despertado, sin embargo, decía aún no sentirse preparada para verlo. Al parecer, nadie le había comentado de las preguntas de su hermano respecto a ella.
Además, Kikyō ya estaba allí, con él.
—¿Qué te ha dicho?
—Solo me preguntó en dónde estaba Kagome. —Suspiró Hishā, con un tono de tristeza y casi ira—. Le pregunto cómo se siente y apenas asiente o niega, supongo que es un avance. El médico dijo que deberá estar al menos una semana más, antes de darle el alta.
—Vaya, aún le queda mucho aquí.
Después de aquella charla rápida, salió de la unidad y condujo hacia su cita médica.
—No puedo creerlo, Sango. —Su tono era de regaño, pero también tenía una sonrisa. Sonrisa que se borró apenas la tuvo en frente.
—Lo lamento, han pasado tantas cosas y… ¿Sucede algo, Shiori?
Los enormes ojos violeta parecieron ensombrecer y Sango sintió tanto pánico, que tuvo que sentarse de inmediato.
—Sango, ¿has estado menstruando? —Rodeó el escritorio hasta llegar a su enorme silla giratoria de color negro y abrió en su computador el expediente de Sango—. Estás muy pálida.
—¿Sí? Este mes he menstruado tres veces, pero muy poco. Y solo dura de dos a tres días. —Informó, recordando los eventos mencionados. También habló de los cólicos y dolores aparentes en el estómago.
—Dices que has estado tomando hierro y medicamentos para proteger el estómago. —Tecleó la información y la agregó a observaciones—. ¿Cómo va eso? —La oyó decir que el dolor en el estómago había cesado, pero las náuseas, mareos, dolores de cabeza y cólicos seguían, más cuando sangraba—. En tu última ecografía hay disminución considerable de los quistes, Sango… ¿Has estado tomando regularmente tus pastillas?
—Sí, todas las noches. —La miró con preocupación. Todo ese tiempo se había descuidado tanto de su salud, que le dio vergüenza—. Igual que la hinchazón.
—¿Desde cuándo la has notado? Por favor, levántate. —Dejó de teclear y la miró con detenimiento. La hizo descubrir el vientre y escudriñó cada ángulo con profesionalismo—. Es creciente desde la abertura de las costillas y dices que apenas lo notas. —Volvió a teclear.
—¿Es algo malo? —Se estaba poniendo demasiado nerviosa.
—Acompáñame al laboratorio, necesito una muestra de tu sangre.
Caminaron a paso rápido, saludando a personal de la clínica que ya conocía. Llegaron al laboratorio y Shiori solicitó verbalmente el examen. Una enfermera muy amable le preparó el brazo y extrajo el líquido vital. Ella solo miraba mientras la jeringa se llenaba. Comenzaba a sentir náuseas, nuevamente.
Aún no sabía a qué examen se refería, pero su ginecóloga advirtió que estaría listo al menos en una hora y media. Mientras tanto, la hicieron reposar en una camilla, dándole un pañuelo empapado de alcohol para que oliera mientras le pasaba el malestar.
Se durmió un rato, intentado pasar por alto toda la preocupación que tenía encima.
Cuando despertó, Shiori la llevó de vuelta a su consultorio.
—Bien, toma asiento. —Le extendió la mano en señal de permisión. Sango tragó duro e hizo caso—. Relájate, por favor, no es nada malo.
—Eso espero. —La veía sostener el sobre blanco entre sus manos y ya no quería saber qué había allí—. Por favor si se trata de cáncer, no me digas. —Cerró los ojos, al borde las lágrimas.
La médico soltó una ligera carcajada y la tranquilizó por completo cuando le dijo que era lo más lejana a tener algún tipo de cáncer.
—Bien, voy a abrir este sobre y sabremos por qué te está pasando todo esto, quiero descartar todas las posibilidades antes de realizarle estudios a tus quistes, ¿de acuerdo?
Sango asintió, bastante más relajada.
—Solo espero que sean buenas noticias.
A pesar de que se sentía más tranquila, no podía evitar sentir ansiedad al escuchar el sonido del papel grueso crujir, mientras la doctora lo manipulaba. Parecía eterno el tiempo en que ella desdoblaba la hoja y la leía. Aunque no tardó nada volver a mirarla. Parecía un examen con pocos parámetros de observación.
—Me lo imaginé. —Le extendió la prueba a Sango muestras ella la tomaba con manos temblorosas, casi sin parpadear.
—¿Qué tengo? —No miró los documentos, volvía a tener miedo.
—Estás embarazada.
Continuará…
Aida Koizumi: ¡Ya te extrañaba! Y perdón por interrumpir tu sueño XD. Sí, Midoriko empieza a empoderarse de su rol todo pasivo y callado, ya era hora. Este accidente les hizo dar cuenta de lo mal que estaban, aunque parece mentira que les falta mucho por aprender a estos padres. A Tōga, más que todo. Sabes que, escribiendo los capítulos finales, por decirlo de alguna manera, noté que mi Tōga [como personaje] es el último en ceder, el que tarda más en aprender las lecciones para hablar de ciertos temas con libertad, lol. Cuídate mucho tú también, hermosa.
Laurita Herrera: InuYasha debe hablar con mucha gente, hasta con un psicólogo. Ay, reconciliación no es una palabra que esté cercana. Muchas gracias por tus reviews, preciosa.
Elyk91: ¡Kikyō tomará un rol importante después! Será quien pueda hundir a Kagome por todo lo que le hizo, así que por ahorita no estamos viendo de lo que Hishā es capaz, wuuu, esto se pone bueno. HAHAHAHAHA ME ENCANTAN TUS REACCIONES.
Chechy14: ¡Hola, bella! Sí, la palabra «enganchados» creo que es la que mejor define a mis lectores [lo mencionan mucho] y eso me pone muy feliz. Justo ahora estoy escribiendo la decena [o menos] de capítulos finales. Ya me está dando nostalgia llegar al final de este fic. Abrazos para ti también.
AIROT TAISHO: Me muero, me hubiera encantado que me dejes un audio en Messenger para escuchar tu opinión de mi capítulo. Sí te animas, ya sabes que ahí está mi Facebook :c ¡Qué lindo es saber que te saqué un buen rato con la actualización a pesar de haberte levantado temprano! Sí, ahorita está la calma antes de la tormenta. No te preocupes, linda, muchas gracias por tus palabras.
Tuttynieves: ¡Me encanta siempre verte por aquí! Siempre me haces hermosos elogios, me haces sonrojar. Ojalá pudiera actualizar todo de una vez para que lean todas las sorpresas que les preparo.
Iseul: ¡Como lo decíamos por WhatsApp, estoy enamorada de tus reviews y tus reacciones! Y como me recomendaste que ya actualice: acá está. Exactamente, todo ya fue con ellos. Kikyō en estos momentos está viviendo sus lágrimas y su duelo por InuYasha. El resto de cosas que te comentaba sobre el rol que toma, es más por su orgullo, por su herida tan grande por la traición de Kagome y los demás.
Tarah: ¡Feliz siempre de verte en mis actualizaciones, diosa! Gracias a ustedes por cada comentario. La historia de los padres está publicada como fic independiente en mi perfil de fanfiction, hermosa. Cuando puedas te das una vuelta. ¡No sabes el honor que es para mí que digas eso! Hay cientos de fics UA que son muy buenos y que tú hayas elegido uno de los míos como el más interesante me hace muy feliz.
Mariam1005: ¡Tus comentarios siempre me sacan una risa! Dios, no llores tanto por el fic (?) Bueno, sí es verdad que no vienen cosas bonitas, pero ponte feliz, que el final tiene amor por todos lados.
¡Gracias por todos sus hermosos comentarios y felices fiestas!
