Mi Girasol


-6-


Naruto

.

.

.

Fui sacado de mis recuerdos cuando el chofer detuvo la limosina estábamos frente a la Catedral, los chicos y Hinata estaban afuera, sabía que cuando el chofer se bajara de la limosina todos entrarían y aún quería tener un minuto con mi bebé.

—¿Puede esperar un momento? —el hombre asintió por el retrovisor y me giré tomando ambas manos de mi nena—. Aún podemos fugarnos, puedo comprarte un tiquete a cualquier parte del mundo —Hima rio.

—¿No desistirás?

—No hasta que des el "sí, quiero" ¿sabes que si llegas a cambiar de opinión mientras estás dentro solo tienes que decirlo? —Tomé sus manos entre las mías—. Papi te sacará de la iglesia más rápido que Flash.

—No podría hacerle eso a Mitsuki, toda su familia viajó desde Milán. —Me miró con esos ojos por los que yo daría mi vida —Yo lo amo, papi...

—¿A mí también me amas, Hima?

—No hagas esto... No lo hagas más difícil. Te amo, te amo con toda mi alma y te amare siempre, pero son amores diferentes.

—Lo sé...—Levanté su velo para ver su carita y acaricié con el dorso de mi mano su mejilla—. Siempre serás mi bebé —ella sonrió—. Y si ese niñato llega a lastimarte te juro por Goku y Sailor Moon que lo haré papilla —Hima rio abiertamente recordando nuestro pequeño e inquebrantable juramento—. Estamos listos, señor —anuncié, el hombre se bajó del coche y todos empezaron a entrar. A lo lejos pude ver una pequeña sonrisa en el rostro de mi mujer.

Las terapias habían sido duras y extenuantes, pero tras seis meses de dura batalla, había podido deshacerme de la silla, aún me apoyaba en un bastón cuando sentía mis piernas muy débiles. La primera Navidad para la nueva generación Uzumaki fue en familia y me sentí feliz de poder disfrutar esto con mis pequeños, había perdido ya dos meses y unos cuantos días por mi terquedad, afortunadamente Hinata siempre estuvo ahí.

Bajamos del auto y sentí la mano de Hima temblar sobre mi brazo, acomodé su velo, no tan bien como mi esposa lo había hecho, pero quedó decente y juntos empezamos a caminar.

Se suponía que debía reír hacia Eros que sostenía la cámara de video, pero ¿cómo reír cuando parece que sigues una marcha fúnebre en vez del tradicional Ave María? Sí, ya lo sé pueden nominarme como el ganador a los Premios Drama Queen de este año. Vivian, la única hija de Karin y Sasori, cantaba como un verdadero ángel, pero no podía prestar atención, mi mirada estaba trancada en la sonrisa satisfecha del niñato.

Joder, si no supiera que mi nena en realidad lo amaba ya la habría sacado de aquí. Eros susurró que sonriera nuevamente y lo intenté, pero sabía que no era una sonrisa real, mientras caminaba hacia el altar otro recuerdo llegó a mí...

«Era el primer día de clases de los trillizos, si bien amaba a mis hijos por igual siempre había sentido una conexión diferente con Hima, quizás porque fue ella quien me abrió los ojos, algunas veces me preguntaba si Hinata hubiese salido de la habitación con Eros o Boruto sucedería lo mismo hoy. Pero luego la veía sonreír y no era solo yo, esa niña tenía un encanto especial, algo que hacía que la amaran con solo verla. Y repito no es que no amara a mis hijos varones.

—¿Tenemos que enviarlos a la escuela? —Miré a Hinata que terminaba de hacerle un par de coletas a Hima mientras que yo peinaba a los gemelos, como habíamos decidido llamar a nuestros hijos varones.

—Tienen cuatro años Naruto, además no estarán solos Sarada también irá.

—¿Es una buena escuela? ¿Pediste referencias? —Hinata rodó los ojos, bajando a Hima de nuestra cama.

—Sai fue a esa escuela, además, ¿crees que Sakura dejaría a Sarada en cualquier lado?

—¿A qué horas vamos a recogerlos?

—A las cuatro de la tarde...

—Esas son muchas horas, dulzura —dije alzando a mi nena ya que me subía sus bracitos para que la alzara, los gemelos estaban entretenidos con una caricatura. Había bloqueado el jodido Disney. Aún en contra de la voluntad de Hinata.

—No, son las horas normales, me dará tiempo de avanzar con el siguiente libro. —Ella se giró mientras se peinaba frente al espejo.

—Si necesitas tiempo podemos contratar a alguien más.

—Naruto, no les va pasar nada por ir a la guardería, servirá para que hagan más amiguitos y sean más sociables —me acerqué a ella con Hima en brazos.

—No necesitan amigos tienen cuatro jo... —ella me dio una mirada de muerte—. Jóvenes años —Además tienen a Sarada también está Will y Riley.

—Irán a la escuela y fin de la discusión —Hinata quitó a Hima de mis brazos y la colocó sobre sus pies—. Ve con tus hermanos, mi amor —mi nena sonrió y luego se subió a la cama mirando la televisión— ¿Pretendes tenerlos aquí recluidos por siempre?

—No, solo que no entiendo porque deben ir tan pequeños a la escuela y porque tiene que estar tantas horas.

—Actividades extracurriculares —dijo mi esposa, quitando sus pantaloncitos mientras me daba una buena panorámica de su trasero. Tomó un jean y se lo colocó rápidamente, agradecí a Dios, ya que la imagen de su trasero, me había sacado un poco del tema.

—Tienen cuatro pu...—nuevamente la mirada del mal— ¡cuatro años!

—Hima y Sarada van a estar en el club de ballet dos horas: los lunes, miércoles y viernes y el jueves y viernes tendrán pintura y música. Eros, Boruto y Will tendrán Hockey para niños, además de otras clases.

—Ellos ya tienen clases de Esgrima por la tarde, Hinata, yo...—Mi mujercita me tomó del brazo y me hizo entrar al baño.

—¡¿Qué mierda te sucede?! —gritó colocando sus brazos sobre sus pechos, haciendo que éstos se notaran más por su camisilla de deporte—Naruto, mis ojos están acá —dijo moviendo mi rostro.

—Están pequeños, la verdad me da algo de pánico que les suceda algo y no estés tú o yo para velar por ellos —dije expresando mi verdadero miedo...

Sí, yo era el padre protector del siglo.

—Son personas profesionales —Hinata rodeó mi cintura—. Estás teniendo un miedo estúpido. Termina de alistarte y me acompañas, así puedes tú mismo ver cómo es la escuela. —Asentí y mi mujercita me premió con un beso en los labios. Cuando escuchamos una leve pelea, salimos a ver qué pasaba... y era lo mismo de siempre: Hima había cambiado el canal.

Salimos del apartamento con el tiempo justo para llegar a la dichosa escuela, aún seguía algo molesto con mi esposa por no haberme consultado el ingreso de los trillizos a la escuela. Los gemelos iban jugando con unos coches mientras mi nena miraba por la ventana cantando una melodía infantil que a duras penas se le entendía.

Llegamos al dichoso lugar, al menos por fuera se veía decente.

—¿Estás segura que no tienen piojos? —Hinata volvió a rodar los ojos mientras salía del coche, desabrochó a Eros de su sillita y luego a Boruto. Suspiré fuertemente y me bajé para tomar a Hima, esto era una rutina.

Los niños tomaron ambas manos de su madre y yo cargué a la reina en brazos, Hinata solo me miró mientras yo tenía mi charla privada con Hima.

—Entonces solo puedo tener amiguitas —dijo mi nena mirándome a los ojos.

—Los niños tienen piojos y otros bichos —ella se agarró el pelo, habíamos tenido un episodio con los piojos una vez que fuimos a un parque y los trillizos empezaron a jugar en la caja de arena.

—¿Vendás po mí cuando salga? —metió su dedito en la boca y yo asentí.

—Estaré aquí afuera cuando tú salgas, pórtate bien—. La coloqué sobre sus pies y Hinata los juntó a los tres.

—Los quiero mucho —murmuró dándole un beso a cada uno—. Se van a divertir mucho en la escuela, hagan muchos amiguitos.

—Papi dijo que los niños tienen piojos —Hima sacó su dedo de su boca y miró a su madre.

—No todos los nenes tienen piojos, mi amor —vimos una mujer acercarse a nosotros junto con Ino.

—Soy Anko Mitarashi, seré la maestra de los niños. —Hinata sonrió presentándose a la maestra y ambas sonrieron; yo ni siquiera me moví, me di cuenta que el momento había llegado, era hora de dejarlos ir...

—Ve, mi nena —dije a mi chiquita

—¿Tú viene? —ella me observó con sus grandes ojitos azules.

—No, yo me quedo acá, tú vas con tus hermanitos y tus primos.

—Papi, no quielo quedadme... —Hima se volvió abrazando mi pierna y quería sacarla de ahí y llevarla a casa. Pero la mirada de Hinata estaba clara.

Antes que yo pudiera decir algo, mi esposa la tomó en sus brazos.

—Cariño, allí te vas a divertir, aprenderás a leer y a escribir, conocerás niños nuevos. —Yo sólo miraba a mi bebé, cuatro años y ya iba ir a la escuela, se iría lejos de mí, conocería chicos, ¡hombres! ¡Mierda! ¡No!

—No quielo il, papiiiiii —se estiró hacia mí, vi a los gemelos correr hacia Sasuke, que llegaba con Sarada e Itachi su hijo pequeño. Mi hermano me dio una sonrisa burlona y yo tomé a Hima en mis brazos consolándola.

—Yo creo, nena, que si ella no se siente cómoda, puede quedarse en casa — Su mirada lo decía todo—. Al menos por hoy, dulzura, incluso yo puedo cancelar algunas de mis citas si tenías algo planeado.

—Sí, papiiii —abrazó mis piernas—, me quiero quedar contigo po favo, mami.

—Puedes venir conmigo —dijo la maestra sin saber su nombre y extendiendo su mano.

—Himawari —dijo Hinata.

—Hima —dije yo al mismo tiempo.

—Papi... —Hinata me miró, ella lo sabía Hima haría lo que yo le dijera.

—Ve con la profesora, mi amor —sentí mi corazón hacerse añicos... Era un padre primerizo dejando a mis bebés a cargo de un desconocido—. Te prometo que estaré aquí cuando el reloj marque las cuatro y te traeré un chocolate.

—¿Dos?

Sonreí...

—Está bien dos chocolates.

—Uno neglo y oto blanco —asentí y la alcé para darle un beso. Con reticencia vi que ella tomaba la mano de la señorita Mitarashi.

Esa fue la primera vez que tuve que soltarla para que tomara las manos de otra persona»

Hima apretó mi brazo, sacándome de mis cavilaciones, habíamos llegado al pie del altar, Eros seguía con la cámara filmando y Boruto estaba en el lugar del padrino de bodas junto con Sarada.

Tomé la mano de mi niña y la coloqué sobre la mano de Mitsuki Õtsutsuki. El chico me caía bien, era hijo de Fûka y de pequeño había venido un par de veces junto con su madre a Nueva York. Él era un niño muy educado y aplomado, pero cuando puso sus ojos en mi bebé se convirtió en mi enemigo.

—Cuídala bien, chico —le dije con la voz entrecortada.

—Lo haré, señor —respondió solemnemente—, sé que en este momento no soy su persona favorita en el mundo...

—En efecto no lo eres. —lo interrumpí.

—Papá —siseó Hima por lo bajo y escuché risas entre los invitados.

—Amo a su hija y le prometo a usted, antes que a Dios, que la haré feliz cada uno de los días de mi vida.

Mi hija emitió un sollozo y yo tuve que respirar. La miré fijamente y dejé un beso en su frente, sin importarme el velo que cubría su rostro.

—Te amo —susurré.

—Te amo mucho más, papá —dijo ella con su vocecita entrecortada. Iba a caminar a mi puesto pero me giré y di un par de pasos para decirle algo más a Õtsutsuki hijo.

—Durante años la vida me ha enseñado que el Karma es una completa perra. Confío que algún día tú estarás en mi lugar, solo ahí sabrás lo que estoy sintiendo en este momento. Te entrego mi tesoro más bello, el más preciado y espero que sepas apreciar lo que vale.

Õtsutsuki junior asintió. Fui a mi lugar al lado de mi esposa y ella me dio un apretón tierno con su mano mientras me susurraba un te amo. Tomé todo el aplomo que tenía para alzar la mirada y ver cómo mi hija se entregaba a los brazos de otro hombre.

Continuará...