Ahora me anticipé, y eso porque está cortito. :3

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— "BAINFIDH DO CHUID ARM LIOM." —susurró la bruja antes de estallar en pedazos.

Astrid y Hiccup apenas y pudieron reaccionar, y solamente alcanzaron a tomarse de las manos cuando el pentagrama desapareció en un destello dando lugar a un agujero negro que los absorbió, hasta un destino desconocido.

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Las lluvias habían llegado, los campos llenos de diversos sembradíos comenzaron a ser remojados por la leve brisa que pronto arreció sobre todos los pastizales, que se iluminaron en un color más vivo y verde.

Sobre uno de estos espacios naturales, a un lado de una pequeña y abandonada cabaña, un hombre y una mujer yacían inconscientes sobre el césped y no fue hasta que el agua los alcanzó que sus cuerpos reaccionaron.

Ojos azules con verdes se encontraron y de estos emanó un misterioso e inusual brillo.

Hola. —lo saludó ella con una sonrisa.

Hola. —respondió él de la misma manera. —¿Te encuentras bien? —preguntó con extrema amabilidad.

Sí, ¿Y tú? —preguntó preocupada.

El varón asintió embelesado, sintiendo un poco más abajo como su mano estaba enlazada con la de ella. Aquello fue notado por ella que inmediatamente se sonrojó y no la retiró.

La lluvia no dejaba de caer sobre ellos, pero a estos no parecía importarles, ya que sólo se levantaron pausadamente sin soltar sus manos. Una vez de pie, frente a frente, se quedaron viendo fijamente y su respiración pronto se empezó a acelerar.

Sus manos, antes unidas, fueron liberadas, pero sólo para ser llevadas con desesperación al rostro del otro. Ella peinó sutilmente su flequillo, él hecho sus mechones de cabello dorado hacia atrás, y en medio del aguacero, no lo pospusieron y se unieron frenéticamente en un beso.

Un beso que desbordó pasión desde el primer segundo y se aceleró más con el paso de los demás. El ansioso Haddock, pronto fue moviendo a su acompañante en dirección a la cabaña, y Astrid nada lenta, lo impulsó más y más para que continuaran.

Ambos terminaron chocando con la pared de madera, a escasos centímetros de la puerta y con desesperación comenzaron a desabotonar sus ropas. Ella con su camisa, para luego seguir con su cinturón y pantalón. Mientras que él, le arrancó la blusa de cuadros para luego tocar sus senos por encima de la blanca restante.

Entre besos y caricias dieron con la puerta de la cabaña, y apenas abriéndola e ingresando en esta, se dejaron caer en el piso para continuar con más libertad. Hiccup, rápidamente llevó sus manos a la falda de su amante y de un solo jalón se la quitó junto con su ropa interior, luego él procedió hacer lo mismo con su ropa, y una vez que estuvo en la misma condición, la hizo suya y viceversa.

Capítulo 44.

Regreso al pasado

Parte 2

Berk.

Año 2009.

La noche lluviosa había terminado, solamente quedaban los rezagos de unas nubes grises que se iban alejando hacia el sur, la flora alrededor se mecía ahora con lentitud gracias a la suave brisa que rodeaba ahora el entorno, el agua acumulada en varios puntos seguía escurriendo desde algunos sitios tal como en la solitaria y vieja cabaña que parecía estar en medio de la nada.

Dentro de la cabaña todo era diferente, la quietud parecía reinar dentro de no ser por las pausadas respiraciones de unos jóvenes adultos que yacían acostados semidesnudos sobre algunas prendas y el áspero suelo.

Uno de ellos ya se encontraba despierto y admiraba con ensoñación la tersa y blanca piel de su compañera, la cual en ese momento se encontraba profundamente dormida y sólo cubierta en parte por el amplio abrigo de él.

"Que hermosa era" era lo único que pensaba Haddock, mientras acariciaba la longitud de aquel descubierto brazo; lo cual provocó segundos después que su compañera despertara con un pequeño sobresalto.

—Hola. —Saludó ella con una amplia y ensoñada sonrisa.

—Hola. —susurró él, devolviéndole el gesto, acercándose a ella para darle otro apasionado beso.

No tardó en ser correspondido y la rubia pronto se aferró a su cuello para evitar separarse de él, fueron otros intensos segundos que estuvieron con más caricias y demostraciones de afecto que hubieran terminado en algo más, de no ser por unas presencias que detectaron en las afueras.

—Alguien se acerca. —dijeron ambos risueños, y dándose un ultimo beso se prepararon para recibir una aparente visita.

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En las afueras, cinco hombres campesinos llegaron en una camioneta, habían sido informados de que intrusos se habían metido en sus territorios por lo que llevaban consigo un par de rifles y hachas para enfrentar a quienes habían invadido su propiedad.

Dentro del grupo, destacaba un hombre de cabello y barba negra semi canosa, el cual, organizando a sus acompañantes les pidió cuidar su espalda cuando se acercó a la puerta de la cabaña que correspondía a su propiedad.

—¡Quien sea que se encuentre ahí más vale que salga! —gritó para validar si aún había alguien en el interior, tal como se lo habían informado.

Los acompañantes que tenían los rifles apuntaron cuidadosamente a la puerta, cuando empezaron a escuchar un par de risitas burlonas, y los que tenían las hachas se extrañaron tanto como el dueño pues las risitas se escuchaban como la de un par de jóvenes traviesos.

—¡Están invadiendo propiedad privada! ¡Más vale que salgan! —amenazó el de barba.

La puerta entonces se abrió de golpe, mostrando a los joviales jóvenes.

—¿Su propiedad? —habló Hiccup, dando un paso al frente, mientras que la burlona Astrid permaneció detrás de él.

Los cinco hombres no pudieron evitar quedar perplejos al verlos, y el dueño inmediatamente concluyó el uso que esos dos le habían dado a su cabaña al ver las fachas en las que estaban.

—Sí… ¡yo soy el dueño! ¡¿Quién les dio permiso de estar aquí?! ¡Es propiedad privada! —volvió a reclamar sonrojado.

Los jóvenes volvieron a reír burlonamente.

—Me parece que ya no. —respondió Hiccup dando un paso adelante, y no perdió su sonrisa a pesar de las amenazas de las armas de los demás hombres. —La quiero, señor, ¿será que me la pueda vender por esto?

Sacó de su abrigo la bolsita con monedas de oro, y ante la incrédula mirada del mayor se la entregó directamente en la palma de la mano.

—¿Y será que nos pueden decir donde podemos conseguir un poco de comida? Mi novia y yo morimos de hambre, ¿verdad, cariño?

La rubia sólo asintió con una sonrisa que enterneció y sonrojó a cuatro de los cinco hombres presentes, pues les pareció que esa chica era demasiado bella.

—Las haciendas están allá. —contestó uno de los enternecidos campesinos, señalando hacia su extremo izquierdo en donde se apreciaba un sendero que conducía a una pequeña villa.

—Excelente, vamos Astrid.

Sin borrar aquellas radiantes sonrisas, los jóvenes se adelantaron presurosos hacia el sendero indicado, dejando a los cinco hombres boquiabiertos; el que había recibido la moneda aún seguía perplejo y cuando fue capaz de reaccionar se espantó tanto por el oro recibido como por la frescura de aquellos jóvenes.

—¡Oigan, ustedes dos! —comenzó a perseguirlos, pues era demasiado extraño lo que le estaba pasando.

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Después de alcanzarlos y tratar de razonar con aquellos jóvenes, el dueño de la cabaña que, se presentó como August, se vio en la necesidad de invitarlos a comer, al ver que esos dos al parecer sólo se tenían el uno al otro y a ese oro.

Los llevó a su hacienda, donde su mujer al verlos, lejos de sorprenderse y mirarlos como unos extraños se ofreció de inmediato a ayudarlos con algo de ropa limpia, especialmente para la chica. Mientras que Hiccup, una vez que le dieron algo de ropa se fue a cerrar el "negocio" con el dueño de la cabaña.

—Mira, muchacho, no puedes llegar así y ofrecer oro, así como si nada. —le deslizó la moneda en la mesa para regresársela.

—Pero mi novia y yo la queremos. —insistió Hiccup, deslizándola del otro lado para que la tomara.

El adulto resopló.

—Chico, ni siquiera sé si es oro puro, además que te hace pensar que con esto te alcanzará esa cabaña. —insistió el hombre.

—Alcanzará y le sobrará, eso le aseguro. —respondió este con una sonrisita.

August dudó, ciertamente el brillo de la moneda era inusual, pero le costaba un poco de trabajo confiar en aquel desconocido que al parecer no era más que un citadino más.

—Pero ni sé ni quién eres… ¿de dónde vienes para empezar? Esa chica y tú sólo aparecieron de la nada comprando terrenos, no… no confío.

—¿Confiar? —se burló el joven. —Que extraño es, señor.

—¡Tú eres el extraño! —le reclamó el ofendido hombre. —Chico, lo siento… pero no puedo venderte esa propiedad, es mía y se acabó.

—Pero tengo un recuerdo muy especial en esa cabaña. —replicó el entristecido Hiccup.

—Sí, ya me puedo imaginar cuál…

—Hola, hola… ¿nos perdimos de algo?

Ambos hombres en la mesa desviaron su mirada al escuchar la voz de la mujer del hacendado, la cual se había presentado previamente como Phelma para los jóvenes. Con una amplia sonrisa, le dio el paso a su invitada, la cual ya estaba más que limpia y luciendo un bonito vestido de flores que se adecuaba perfectamente al entorno.

—Astrid…—suspiró Hiccup al verla, e inmediatamente se puso de pie para guiarla a la mesa, mientras que el boquiabierto August, pareció asombrado con Astrid, en especial por verla usando ese vestido que había pertenecido a un ser muy querido para él.

—Ay, ¿no es bonito August? Astrid es una preciosidad y encanto de chica. —comentó su sonrojada mujer, poniéndose detrás de él, mientras veía como esos jóvenes se decían cositas bonitas en voz bajita.

El hacendado se sacudió, ciertamente le parecía bonito que se quisieran tanto, pero en su forma de ser también había ciertos límites y actitudes.

—A ver muchachos, seguimos aquí. —pidió atención a los cariñosos jóvenes.

Estos les prestaron su atención.

—Lo sentimos Sr. August. —habló ahora Astrid, haciendo que el mayor se cohibiera un poco ante ella por su extrema amabilidad que le recordó tanto a esa persona que él una vez quiso mucho. —Pero es que Hiccup y yo nos amamos mucho.

—Sí, puedo verlo. —respondió este con sarcasmo. —Pero, sigo sin entender ¿qué hacen aquí? ¿cómo llegaron aquí? Tal vez si nos cuentan un poco de ustedes, considere lo de la cabaña.

Los jóvenes se miraron entre sí y se sonrieron.

—¡Escapamos de casa! —respondieron al mismo tiempo.

Los dueños de la hacienda claramente quedaron perplejos con esa primera declaración, pero interesados en los jóvenes escucharon toda su historia, una historia que no sabían que era inventada, incluso para los jóvenes que creían que llevaban años enamorados.

Era una historia al mero estilo de una literatura antigua, donde dos hijos de dos familias rivales se enamoraban, la diferencia es que estos llevaban ocultando su noviazgo por años, hasta que llegó un punto donde no pudieron seguirlo escondiendo.

Para los hacendados, ciertamente la chica había sido el factor principal para la huida, pues esta relató que había sido comprometida con otro en contra de su voluntad, y para evitar ese matrimonio optó por huir con su novio. Claro está, que los jóvenes omitieron que todo esto había sido en otro mundo, pues, aunque llevaban menos de un día ahí, sabían que estaban en un mundo diferente pues tenían un falso recuerdo en donde ellos, para escapar, saltaban por un hueco que estaba en medio del mar.

—Y ahora que estamos juntos, lo único que quiero hacer es vivir el resto de mi vida con ella, quiero casarme contigo y tener muchos hijos. —terminó Hiccup, viendo con ensoñación a su novia.

—Yo también, no hay nada más que deseé. —respondió la enternecida rubia.

—Aww… eso es lindo. —lloró Phelma, secando con un pañuelo unas lagrimitas que se le salieron.

Los jóvenes sonrieron al ver la comprensión de la mujer, pero al ver a August, vieron que este seguía enseriado y con el entrecejo fruncido.

—Ya lo pensó, Sr. August… ¿me va a vender la cabaña? —preguntó Hiccup, yendo directamente al grano.

—Sí cree que hace falta más oro por ella, puede tomar esto a cambio. —dijo Astrid, sacando de uno de los bolsillos una valiosa joya.

El hombre se asustó al ver tremenda piedra, pero igual dudó.

—Ay, August, véndeselas… no la utilizas más que de bodega, ya ni mantenimiento le das. Además, que me encantaría que estos jóvenes tan lindos se convirtieran en nuestros vecinos. —insistió también sus mujer.

El hombre gruñó apenado al verse descubierto.

—Es que no es eso…

—¿Entonces qué? ¡Ya decídete!

—Bueno, ¡está bien! Se las venderé, y con la moneda de ese muchacho me es suficiente, ¡guarda esa joya, niña! —gritó este enrojecido.

—¡Muchas gracias, señor! —respondió Astrid enternecida.

—No me des las gracias aún, quiero que me aclaren algo que aún me preocupa… ¿Qué más van a hacer? ¿Es decir ya tienes trabajo? —preguntó dirigiéndose a Hiccup particularmente. —Y perdón que no te pregunte a ti. —dijo dirigiéndose a Astrid. —Pero estoy criado en la vieja escuela, la cual dice que es responsabilidad del hombre mantener segura a su mujer.

—Aunque también, un poco de ayuda no le hace daño a nadie. —agregó su mujer, dándole a entender que también era parte de su sostén.

—Así es, pero igualmente sigo preocupado, sí, los veo muy enamorados y todo eso, pero no los veo conscientes de lo que implica un real compromiso, así que te pregunto muchacho otra vez…—dijo con seriedad. —¿Ya has pensado bien lo que harás? porque no puedes sólo ofrecer ese oro como si nada a cualquiera, tampoco debes malgastarlo.

—Bueno, yo…—dudó Hiccup, realmente no había pensado en eso.

—¿Ves a lo que me refiero? —señaló el hombre espantado. —Niño, enfócate primero, invierte ese oro en el banco o en lo que sea, búscate un trabajo, igual para ti, niña, —regañó como un padre a su hija. —Guarda esa joya y utilízala cuando tengas una verdadera emergencia.

—Ay, August… estás siendo muy severo con ellos. —comentó su mujer.

—¡Sí, lo soy! Porque lo que menos quiero es que vayan a cometer un error, ¡míralos! son demasiado jóvenes que se me hace que ni saben lo que hacen.

—Entiendo lo que quiere decir, señor. —interrumpió Hiccup, con más seriedad.

—Ah, ¿sí? Entonces ya me puedes responder… ¿qué es lo que harás para asegurar que esta linda jovencita…—señaló a Astrid. — esté bien?

El serio Hiccup se puso firme y respondió…

—Señor… ¿Me puede dar trabajo?

Tan inesperada fue la respuesta que August casi se cae de su silla al ver que los jóvenes se tomaban todo muy a la ligera, pero ver el sonriente y feliz rostro del joven, así como el radiante rostro de ella le hizo ver que realmente no se trataban de malas personas, por lo que rendido y también persuadido por su mujer le dio trabajo al joven para que lo ayudara con tareas que tenían que ver directamente con los campos de maíz y criadero de caballos y vacas, mientras que su mujer también le dio a Astrid la oportunidad de aprender lo que se hacía en un invernadero en donde sembraban diferentes especies de verduras y especias.

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En los siguientes meses, los jóvenes enamorados no sólo se adaptaron a la vida y trabajo del campo, también reconstruyeron lo que sería su nidito de amor, como Phelma tiernamente le decía, mientras lo hacían se quedaron como huéspedes de los hacendados, claro que en habitaciones diferentes ya que como lo había expuesto August era de la vieja escuela y para él era necesario que estuvieran casados para que pudieran compartir más que la cama, por eso cinco meses después de su llegada y que se establecieran bien como vecinos de los hacendados de esa villa, Hiccup y Astrid ataron el lazo en una pequeña ceremonia que se ofreció en casa de su anfitrión.

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Marzo 2010.

—Te amaré por siempre, Astrid, este amor que siento por ti jamás se terminará. Estoy entregado a ti, te amo más que a mi vida. —juró Hiccup con felicidad, entregándole a su bella novia vestida de blanco un hermoso anillo de plata.

—Hiccup, igualmente, nunca dejaré de amarte, eres mi todo, quiero vivir y morir si se puede contigo, eres mi vida completa, te amo como jamás amé a nadie. —le respondió ella con el mismo amor, poniéndole delicadamente su argolla en su correspondiente dedo.

La gente que vivía en la villa sólo alcanzaba a limpiar sus lagrimitas y mucosidades, a pesar del poco tiempo que llevaban conociendo a los jóvenes ya los apreciaban como a los residentes de antaño, entre estos August y Phelma que, orgullosos, veían que no habían errado del todo con los jóvenes enamorados.

—Si no hay objeciones para que este matrimonio se lleve a cabo. —recitó el sacerdote mientras ataba un lazo en las manos de los jóvenes. —Los declaro marido y mujer… Sr. Haddock puede besar a su novia. —concedió con una sonrisa.

Bastó aquel permiso para que el castaño se abalanzara hacia su novia para darle un apasionado beso que fue vitoreado por la multitud, que festejó con alegría aquella unión.

A partir de ese momento, Hiccup y Astrid con la bendición de los dioses y las atribuciones que correspondía a un matrimonio, finalmente dejaron la casa de los hacendados para mudarse a su pequeña casita.

En aquella cabaña ya renovada, volvieron a hacer el amor tal como en el primer día en que llegaron e hicieron nuevos recuerdos.

Recuerdos de las largas conversaciones en la cama, en la azotea de la casa mientras miraban las estrellas; las canciones que ella le dedicaba en los días de lluvia, los regalos inesperados que él le hacía cada vez que cumplían un mes de casados, los almuerzos, comidas y cenas que compartían.

Meses de felicidad que le siguieron después del matrimonio y que sólo esperaban complementar cuando comenzaran a llegar los niños.

Tanto Hiccup como Astrid estaban de acuerdo en tener hijos lo más pronto posible y se esmeraban por hacer que sucediera, pero por más que intentaban ella no lograba quedar embarazada; sin embargo, para la Astrid hechizada esto era el resultado de haber tomado un anticonceptivo antes de escapar con su esposo, en su hechizado mundo alterno ella lo había hecho por temor a ser tomada involuntariamente por el que le habían impuesto como prometido, cuando la realidad había sido que lo había tomado para evitar quedar embarazada de aquel que le había hecho el favor de quitarle su virginidad.

Aquello preocupó un poco a los jóvenes que querían ser padres, pero tampoco influenció para que dejaran de intentarlo; ellos se seguían entregando con amor cada vez que podían y, después de casi un año de intentarlo, fue cuando finalmente sucedió…

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Agosto 2011

"No me siento bien" pensaba Astrid, mientras trataba de concentrarse en su trabajo en el invernadero.

Ese día le había costado trabajo levantarse de la cama y había perdido el apetito por lo que se fue al invernadero de su jefa sin siquiera haber desayunado, su esposo, no lo había notado puesto que salía más temprano que ella.

Comenzaba a marearse y pensó que era porque no había probado bocado alguno, que como consecuencia le estaba ocasionando ese molesto vértigo.

—Astrid, dios santo… ¿te encuentras bien? ¡estás pálida, hija! —preguntó Phelma al encontrarse con ella en un punto del invernadero.

Pero la joven sólo vio que la vista se le distorsionaba para enseguida sentir un revoltijo en el estómago que la hizo querer salir del invernadero a toda prisa.

Corriendo casi a tientas, logró salir de este, pero sin poder siquiera ir al baño más cercano expulsó lo que le acongojaba con dolorosos gorgoteos.

Phelma al verla, acudió a ayudarla, y esperó pacientemente a que esta terminara de expulsar todo lo que le molestaba, una vez que terminó la llevó a su casa para que descansara.

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—Lo siento Sra. Phelma… —musitó Astrid, con un pañuelo húmedo en su frente.

—No lo sientas, niña… tal vez sea algo normal. —dijo esta con una sonrisa.

—¿Normal? —repitió esta confundida.

—Sí, tal vez ya se les hizo por fin a Hiccup y a ti…—siguió esta emocionada. —Tal vez estás embarazada.

Astrid no pudo evitar sonreír al pensar en esa posibilidad, era algo que había deseado con mucho fervor.

—¿Eso cree? —preguntó esperanzada.

—Sí, sé que Hiccup y tú lo han intentado, pero hasta la fecha nada, ¿qué tal tu periodo?

—Pues…—respiró ella, aun sintiendo dolor en la cabeza. —Rememorando, llevo una semana de retraso, pero en meses pasados también los tenía y de repente volvía.

—Bueno, pero desde que te conozco jamás te había visto enferma, por eso creo que lo que tu tienes es a un pequeño Hiccup en tu interior o a una pequeña Astrid. —insistió la mujer colocando una mano en su vientre.

—¿Cómo podría estar 100% segura?

—Mmm… pues apenas que…

—¡Astrid!

Ambas mujeres se sobresaltaron al escuchar la voz escandalosa de Hiccup, el cual, al enterarse, corrió rápidamente a ver a su mujer, detrás de él, iba el preocupado August.

Phelma le dio un espacio al muchacho para que viera a su esposa, este inmediatamente se puso a su altura para revisarle personalmente la temperatura.

—¿Cómo estás? Me dijeron que no te sentías bien. —preguntó tomando su mano con angustia.

—Sólo fue un mareo. —respondió ella a como pudo. —pero ¿sabes? —le sonrió. —Phelma dice que sea porque probablemente esté embarazada.

Las lágrimas no tardaron en acumularse en los ojos de Hiccup, que, invadido por una gran felicidad, se inclinó con su mujer para abrazarla.

—¿Estás embarazada? —lloró sin poder creerlo.

—Eso creo. —respondió ella, consolándolo.

—Le iba a decir a Astrid que podíamos conseguir una prueba casera de embarazo que vende la pequeña farmacia de la villa o…

—¡Tonterías! —objetó August. —Hiccup, debes de llevarla inmediatamente al hospital de la ciudad.

—¿La ciudad?

—Sí, es mejor que vayan directo a ese lugar, para que un doctor les diga con más seguridad que es lo que tiene, no confío en esas pruebas de embarazo.

—Ay, August, tú no confías en nada. —se burló su mujer. —Pero sería lo ideal. —se dirigió a los jóvenes. —Yendo al hospital de la ciudad, les pueden confirmar con más seguridad y hasta les podrían decir, en el caso de que esté embarazada, cuanto tiempo tiene.

Hiccup miró a su exhausta mujer.

—¿Qué dices? ¿Quieres ir a la ciudad?

—¡Ay, eso no se pregunta muchacho, tú llévala! —regañó August con su típico humor.

Con tal regaño, todos rieron pues el hombre parecía ahora el futuro abuelo histérico.

—Está bien, está bien… lo haré de inmediato. —acató el feliz Hiccup.

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Una vez que Astrid se recuperó de su previo malestar, tanto Hiccup como ella se fueron a la ciudad, cabe mencionar que era la primera vez que ellos irían, ya que desde su llegada a ese mundo no habían salido de la villa de los hacendados, por lo que se sorprendieron tanto de lo lejos que les quedaba, así como de la inmensidad de la ciudad.

Sin embargo, yendo directamente a lo que les interesaba fueron al hospital que les había sugerido August, ahí, una doctora especializada llamada Atali Silverwing, les confirmó por medio de un aparato lo que tanto habían deseado.

—Y… ahí está su bebé, felicidades. —dijo la sonriente mujer, señalando un pequeño punto negro que se veía en una pantalla de color negro y azul.

Hiccup chilló inmediatamente de la emoción, y se abalanzó a su mujer para abrazarla.

—Mi amor, gracias, gracias, gracias. —la besó una y otra vez, no importándole que la doctora siguiera ahí, con el aparato puesto en el vientre de su esposa.

—Tienes aproximadamente 3 semanas de embarazo. —confirmó la doctora a la feliz pareja que parecía no caber de la felicidad que sentía. —Astrid, a partir de ahora tendrás que empezar con los cuidados prenatales, ¿ya tienen algún plan de parto?

Los jóvenes fruncieron su entrecejo mostrando una notoria confusión; la doctora, no pudo evitar dejar escapar una risita y reconsideró que estos eran padres primerizos que, como todos, no sabían en un inicio lo que les depararía; sin embargo, después de terminar con la ecografía, les explicó a ambos de lo que trataba.

Astrid casi se marea nuevamente al ver todo lo que necesitaba para llevar su embarazo seguro: desde pruebas de todo tipo, ecografías mensuales, tener buena alimentación, cuidar su nivel de azúcar, tomar suplementos y otra larga lista de cosas que debía hacer si quería que su bebé naciera sano y salvo, adicional que, en secreto, ella debía mantener su egni estable, pues los embarazos también traían como consecuencia debilitamiento ya que el bebé tomaría energía de este.

—Si contratan nuestros servicios, yo les estaría dando seguimiento hasta después del parto, si así gustan.

—Pues me parece bien… ¿qué opinas Astrid? —preguntó Hiccup, viendo a su esposa.

—Pienso lo mismo, pero…—suspiró.

—¿Qué?

—Será un poco cansado estar viniendo del campo a la ciudad… ¿no crees? —preguntó con una leve sonrisa.

Hiccup lo consideró, ya que, si les había tomado un buen tiempo en llegar y para regresar sería lo mismo, trató de imaginarse estar acudiendo a la citas mes tras mes, algo que creyó sería muy agotador para su esposa, así como también imaginó que, de estar en una situación de emergencia no la atenderían con propiedad en la villa, la cual contaba sólo con una pequeña clínica que apenas atendía enfermedades y lesiones que se hacían en el trabajo de campo.

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Durante la noche que pasaron en un hotel de la ciudad, Hiccup no dejó de pensar en lo que se venía; sin embargo, después de pensarlo durante largas horas, finalmente tomó una decisión.

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—¡¿Qué?! ¡¿Se mudarán a la ciudad?! —exclamó August, cuando este informó su decisión.

—Sí, a pesar de que nos encante vivir aquí, creo que lo mejor es que Astrid y yo nos mudemos a la ciudad, me preocupa que con lo de su embarazo algo pase y no tengamos un hospital cerca que nos ayude.

—Mmm… bueno, eso lo comprendo. —musitó el hombre sintiéndose melancólico. —Será muy triste verlos irse, y no conocer a… su pequeño o pequeña…

Hiccup se entristeció con las palabras del hombre, aunque luego sonrió.

—¡Oh, vamos! ¡Alégrate! —le dio un golpe en la espalda. —Claro que conocerás a nuestro bebé, apuesto a que lo querrás como el nieto que nunca tuviste. —dijo con extremo cuidado.

El hombre rio, no podía ocultarlo, había aprendido a querer a esos desconocidos en tan poco tiempo, Hiccup para él, era como el yerno que nunca había pedido, pero que le cayó del cielo, mientras que Astrid, era como la hija que alguna vez había tenido.

—Ay muchacho, me rompes el corazón. —respondió bromeando. —Pero mientras cuides a Astrid me doy por bien servido.

—Así será, señor, así será.

—Bien, pero ya sabes que no me gustan las palabras al aire, ¿qué es lo que harás primero?

—Pensaba ir a buscar primero una casa para comprarla, puedo hacerlo, después de todo tengo el fondo del oro.

—Ya te dije que ese oro lo pongas a trabajar, muchacho.

—Lo haré, sólo utilizaré un poco para comprar una casa, un auto y pagar por adelantado el plan de parto, el resto lo meteré al banco, y conseguiré un empleo allá, además que dejaré un fondo para Astrid, ya que ella quiere ver la posibilidad de replicar un invernadero como el que tiene la señora Phelma aquí.

—Vaya, pues parece que tienen todo planeado, pero ¡ni creas que te llevarás a Astrid! Hasta que no tengas todo seguro. —le gritoneó el hombre.

—¡Ay, August! ¿Ya estás acosando otra vez al pobre muchacho? —se escuchó una voz a sus espaldas

Los hombres al girarse vieron que se trataba de Phelma y Astrid, esta última removió sentimientos en el hombre.

—No lloré señor August, siempre que podamos, vendremos a visitarlos. — prometió esta.

—Sí, porque ni crea que le venderemos la cabaña, es nuestra casa. —agregó Hiccup picaronamente.

Esto lo hizo ganarse un golpe en la cabeza por parte de su suegro adoptivo, el cual después acudió con Astrid para tomar sus manos.

—Es una promesa muchacha, quiero conocer a su bebito.

—Por supuesto.

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Quedando las promesas hechas, a la semana siguiente, Hiccup viajó solo a la ciudad, estando ahí, compró inmediatamente una casa en un colorido barrio que tenía un buen espacio tanto para la creciente familia como para el proyecto personal de Astrid, se la había comprado a una pareja de ancianos que buscaban mudarse a un lugar más pequeño después de la partida de sus hijos.

Después de eso trató de buscar empleo, pero debido a que la única experiencia que tenía en ese mundo era en el campo, era rápidamente descartado en los puestos que había solicitado, no fue hasta que encontró la concesionaria donde pretendía comprar su auto que vio que había una vacante como vendedor, así que yendo en calidad de comprador y de solicitante se entrevistó personalmente con el supervisor de operaciones: Harald Forkbeard, el cual con tan sólo conocerlo le dio la oportunidad inmediatamente, ocultando detrás de él, oscuras intenciones que se reservaría por unos años más.

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—¿Ya estás listo? —preguntó Astrid desde el umbral de la puerta.

—Sí. —respondió el pensativo Hiccup, dejando sobre una base el ojo del dragón, aquella reliquia de comunicación que había apagado desde su llegada a ese mundo, símbolo de una familia que en su mente no le había permitido casarse con la mujer que amaba, y símbolo de la magia que procuraba ya no utilizar.

Lo mismo pasando con Astrid, quien cabizbaja dirigió su vista a la puerta que daba a su habitación, en cuyo mueble había dejado la joya valiosa que August no le aceptó como pago, la conservó pensando que algún día la vendería para alguna emergencia, pero hasta ese momento prefería no verla, lo único que le interesaba era ser feliz con su esposo, el cual concordando lo mismo le dio un último beso en esa cabaña.

Con la promesa de seguir en contacto, los hechizados Hiccup y Astrid se despidieron de todas las personas que los habían acogido desde su llegada; posteriormente a la despedida y sin más opción que irse, abandonaron el campo para irse a la ciudad, destino en donde conocerían a nuevas personas que se convertirían también en partes importantes de su vida.

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—¡Te está saliendo chueca, Hiccup! —regañó la sonriente Astrid, mientras trataba de acomodarse para la foto.

— Es que me estás estirando, cariño, así no puedo enfocarla bien. —se excusó Hiccup, mientras trataba de hacer que en la foto salieran ambos, así como su nueva casa.

—¡Hola! ¿Así que ustedes son los nuevos vecinos?

El matrimonio dejó de posar ante la cámara al ver que un sujeto de cabello pelirrojo acompañado de una de cabello negro se acercaba curiosos a ellos.

—Ay, Dagur… creo que es evidente. —regañó la joven la cual estaba ligeramente abochornada por estar interrumpiéndolos.

—No hay problema, Hiccup Haddock, mucho gusto. —saludó este, extendiendo su mano al pelirrojo. —Y ella es mi esposa.

—Astrid Hofferson. —Saludó de igual manera la rubia, después de que su esposo terminó de estrecharla con la de aquel extraño.

—¡Oh! Que amable, Dagur Deranged y mi hermana…

—Heather…—se presentó esta tímidamente.

—Somos sus vecinos de enfrente. —señaló el mayor hacia su casa. —Espero nos llevemos bien.

—Estoy seguro de que sí. —creyó igualmente Hiccup con una radiante sonrisa. —¿Verdad, amor?

—Sí, sí. —asintió la feliz Astrid, concordando con él.

Los hermanos Deranged por un momento se incomodaron, pues sus nuevos vecinos irradiaban demasiada felicidad, no parecían ser una pareja común y corriente a su perspectiva.

—Mmmm… ¿quieren que les ayude a tomarse las fotos? —preguntó la abochornada Heather, comparando a esa pareja con la relación que actualmente tenía con su novio Fishlegs.

—¡Sí! si nos puedes hacer el favor. —respondió Hiccup, entregándole la cámara.

— ¡Acomódense entonces!

El matrimonio se acomodó de tal manera que se vieran centrados frente a la casa, se abrazaron, ella a su cuello y él a su cintura y miraron con sonrientes rostros a la cámara.

—Bien, 1…2…

Y al momento de que la futura jardinera mencionó el tres, el matrimonio cambió de pose, de ver a la cámara a la de un beso, un recuerdo que quedó imprento en los siguientes días y al que posteriormente se le agregarían más y más recuerdos conforme pasaba el tiempo y la familia fue creciendo.

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Año 2019.

—Que bonitos recuerdos…—habían susurrado ambos al mismo tiempo.

Con una tormenta en el exterior y aún atrapados en la cabaña, Hiccup y Astrid, cada uno por su lado, habían recordado los eventos posteriores a la llegada a ese mundo, pero todo esto percibido como si lo hubieran visto en tercera persona.

Había sido como ver una película y no les cabía en la cabeza que hubieran vivido momentos tan emotivos y con personas que ahora ni siquiera recordaban. Se sintieron mal, en especial Astrid, porque de una forma u otra no se sentía que esa persona que había visto en esas memorias fuera ella, era notable el cambio de su versión hechizada a lo que originalmente era.

Se encorvó inquieta en la cama, y cayó en cuenta de que seguía desnuda, por lo que sólo se cubrió con sus brazos su frente dejando su parte trasera expuesta ya que estaba de lado de la pared y no podía tomar el cobertor de la cama con facilidad desde ese lado, y tampoco quería girarse, pues del otro lado estaba él, en las mismas condiciones.

Hiccup por su parte, después de recobrar aquellos recuerdos comprendió algunas cosas: el cómo habían terminado en su actual casa, por qué había aceptado el trabajo en la concesionaria, la decisión de poner el oro en el banco entre otras cosas, todo aquello había sido por consejos de personas que los habían acogido y que había olvidado hasta ese momento.

Eran bonitos recuerdos, reflexionó melancólicamente, pero a pesar de que todo eso hubiera sido muy hermoso, no consideraba que se pareciera a su yo hechizado, el cual era más feliz y relajado de lo que él era. Ciertamente se consideraba más calculador y estratégico y de estar en las situaciones en las que estuvieron creyó que hubiera actuado en algunas cosas igual sin la necesidad de ser aconsejado, en pocas palabras veía a su yo como una versión más tonta de él. pero también más humana.

Le dio la razón a Dagur, cuando este le dijo que la relación con Astrid era perfecta pero irreal, pues no hubo ningún momento en donde ellos dos discutieran, no, definitivamente no eran ellos, reflexionó melancólico, los felices Hiccup y Astrid del pasado no eran más que el resultado de un hechizo.

Los verdaderos, eran los que ahora estaban en esa cama silenciosos y melancólicos por lo que acababa de suceder entre ellos.

Continuará.

Notas de autora: quien sabe si se entendió, pero lo que Hiccup y Astrid recordaron fue lo que pasó desde su llegada a Berk, hasta el momento en que se mudaron a la nueva casa, los sucesos que siguieron después de eso no lo han recordado.

Comentarios.

2Sonic1808: ¿jajaja se dejaron llevar o fue parte del hechizo? Es lo que discutirán en el siguiente capítulo, pero por el momento llegaron parte de sus memoria, que, en sí, los ayudaron a ver las diferencias entre sus versiones hechizadas.

Maylu: ¡jajajaja ya! Siento me golpeas exigiendo el Hiccstrid, todo a su tiempo XD. Saludos.

Mispy: no regresaron al mundo oculto, sólo al lugar en donde cayeron después de que se abrió el portal y ellos quedaron hechizados, espero se hayan aclarado una que otra duda. Saludos.

Nina: jajaja espero que lo de casita se haya respondido, ese Hiccup insistió hasta que se la compró a su suegro adoptivo. Saludos.

DlyDragon: pues con lo que vio del pasado ya se podrá ver algunas diferencias, pero lo que Astrid cree es que son rezagos, es decir, fragmentos del hechizo que quieren controlarla, más de esto en el siguiente capítulo. Saludos.

A los seguidores, favoritos y anónimos, espero que le este gustando, gracias por su apoyo. Saludos.

18 de octubre de 2020