Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.
Capítulo 46.
No hacía mucho tiempo le había dicho a Kagome que un hijo iba a, prácticamente, arruinarle la vida. Y también que destruiría su relación con Miroku, pero poco más de dos meses después, era una noticia que la ponía casi a saltar de alegría. Verdadera alegría, infinita alegría. Aún no se lo había dicho a nadie, ni siquiera a Kagome, incluso después de una semana no sabía cómo transmitir aquella información.
Llevaba casi tres meses de embarazo según su ginecóloga y ahora debía asistir a controles mensuales, ya que sufría de problemas con las emociones fuertes o nervios; eso era lo que causaban los dolores de cabeza y cólicos, además de que tenía una pequeña infección que si no se trataba, podría ser peligrosa.
—Evita tener episodios de ira, Sango, puedes perder al bebé. —Le había dicho Shiori, mirándola con seriedad.
Nada de episodios de ira, se decía mentalmente. Aunque había pasado bastante tranquila, todas eran buenas noticias. Respecto a InuYasha y Kagome, respecto al trabajo y respecto a Miroku. Bueno, quizás lo estaba exagerando todo, entendía que con su estado de gestación la percepción de las cosas cambiaba, pero lo notaba extraño, un poco distante y pensativo, muy pensativo.
Esperaba que todo marchara bien. El día de su boda se acercaba y ella no podía estar más feliz. Incluso su vestido ya había llegado justo esa tarde.
Estaban ahí, cenando y ella lo observaba con una sonrisa boba. Le tenía preparada una sorpresa: una gran cena junto con un hermoso osito de peluche que tenía una pequeña nota entre las manitos. La nota decía que serían padres —a ella le gustaba dejar notas—. Tenía todo planeado, solo estaba esperando a que InuYasha saliera de la clínica, porque de seguro que Kagome y su familia querrían hacer una cena —amaban las cenas—, por ese motivo y luego una con sus padres, que deberían enterarse después de la boda.
—¿Estás mejor? La comida está exquisita. —Agregó de inmediato, limpiándose con la servilleta—. ¿Por qué no comes?
—Demasiadas preguntas. —Sonrió ella—. Como te dije, los quistes están desapareciendo y el sangrado es por alteraciones hormonales. —Omitió información—. Tengo una cita para dos días después de nuestra boda.
Miroku cerró la boca en el acto y no supo cómo decirle aquello de una manera no tan impactante.
—¿Estás segura de que te quieres casar conmigo?
Ver su mueca de angustia le partió el alma en mil pedazos. Sango se limitó a asentir y borrar todo rastro de alegría en su expresión. Permaneció en silencio por unos largos segundos, mirando su plato. Alzó la vista y entre abrió la boca para decir algo.
—¿Tú no? —Sintió que el corazón se le iba a salir del pecho y tenía miedo de la respuesta.
Aquella conversación que tuvo con Kagome cuando estuvo en la cárcel, le volvió a invadir la mente y pensó que siempre tuvo razón al decir que un hijo dañaría su relación con Miroku. Pero él no sabía que ella estaba embarazada.
Entonces, ¿ya no la quería?
—Es lo que más deseo en la vida.
Estaba harto de esa maldita clínica. Sus padres decían que tenía al menos tres días internado cuando despertó y ese era el sexto del que ya estaba consciente.
El dolor físico estaba avanzando bastante bien y cada vez estaba mejor. A veces recordaba escenas de lo que había pasado y aún se estremecía. Aunque no tuviera visiones muy claras, en su mente aún resonaban los gritos de su hermana.
No hablaba, no decía absolutamente nada y mucho menos cuando Kagome entraba junto con sus padres. Nunca sola. Y él solo observaba el techo, que más bien era una loza. Además, sentía la quijada pesada y casi que no podía abrir la boca. A ese día, ya no tanto.
No habían podido conversar y eso le frustraba como nada en el mundo.
En esos días había visto a Sango y a Miroku juntos, por lo que presentía que su amigo quería decirle algo, sin embargo, no podía. Advertía que eran malas noticias. De todas maneras, descansaba mucho y sus conversaciones no pasaban de sí/no, y gestos. O simples monosílabos.
A quienes se negaba a hablarles eran a sus padres y a Kikyō; a ella por vergüenza de todo lo que había sucedido y porque ya había tomado una decisión que sabía que no podía decírsela hasta estar completamente recuperado, y a sus padres por lo que había oído antes de hablar por primera vez. Era la decepción más grande que había sentido jamás.
«No importa quién haya dado a luz a InuYasha, su madre siempre vas a ser tú».
No olvidaría esa frase y sólo había que ser muy tonto para no aceptar la realidad: Midoriko no era su mamá. Esa noticia le había calado tanto el alma, que no quiso volver a hablar con nadie jamás en su vida. Y sí, a eso se debía su comportamiento.
Al parecer, Tōga y su esposa sentían miedo y en el fondo intuían que InuYasha había escuchado algo, así que solo era cuestión de tiempo para que la verdad saliera a la luz.
No les diría lo que sabía hasta que se sintiera recuperado. Pronto le darían el alta para volver al templo y estar más tranquilo.
De todas maneras, Tōga tenía razón y Midoriko era la única mujer en el mundo a la que él veía como su fiel protectora, como su mamá, como si lo hubiese llevado nueve meses en sus entrañas.
Alzó su mano y mientras miraba el tubillo de los sueros, pensó en que esos días le habían servido para afrontar su dolor completamente solo. Para pensar en qué haría con su vida después, en cómo enfrentaría todo lo que se venía.
Pensaba en Kagome y lo agradecido que estaba por todos sus cuidados; ya se había enterado de lo mal que se había puesto por pasar a sus pies tres días seguidos.
Algunas veces se quedaba hasta tarde con él y cuando despertaba, ella dormía profundamente, con medio cuerpo sobre su camilla. Volvía a dormirse y cuando despertaba, ella se había ido.
Y entonces estaba Kikyō. También pensaba mucho en ella. Habían muchas cosas pendientes entre ellos, pero ya no quería martirizarse, su mente estaba agotada.
Parte de sus largas siestas se debían a eso: a querer dejar de pensar.
Todos ajenos a sus conflictos y preocupaciones. Su salud estaba en buen estado, quienes se estaban desmoronando por dentro, no estaban en un hospital.
Miroku la estaba pasando muy mal, y nadie podía hacer ya nada por él.
Cuando le contaron acerca del robo, pensó en la grabación de Yura, pero supuso que tendría algún respaldo. Entonces, sino era eso lo que afectaba, era aun más preocupante la situación.
Y estaba harto de la comida de aquel lugar, quería irse a casa lo más pronto posible.
Extrañaba a Kōga. Vaya, sí que lo extrañaba.
Estaba en el comedor, trabajando en su vieja laptop acerca de la editorial. Su mirada se perdió en la nada y los dedos se le entumecieron allí, doblados.
No paraba de pensar en Kōga y lo mucho que su cuerpo pedía por él. O quizás no era solo su cuerpo. Suspiró, cerrando el aparato tecnológico. Hacía muchos días que no se veían, desde la boda civil de su prima, hasta aquel momento.
Además, siempre estaba pegado a Yura.
Yura…
Ya no eran las mismas. Y no es que le doliera, en realidad nunca la consideró una verdadera amiga, siempre fue extraña y maliciosa, y a ella en realidad no le importaba. Nunca le importaba nada. Bueno, después de conocer a Kōga ya no pensaba igual. Y al parecer, Yura ya se había dado cuenta. Apenas le dirigía la palabra y cuando lo hacía era muy tajante.
Suponía que si no se rebelaba era porque sabía que ella tenía todas las pruebas para mostrarle a Kōga que su novia era una completa desgraciada. Una prostituta barata que además, se aprovechaba y burlaba de él.
A Sakasagami no le convenía perder su amistad, ella sabía mucho sobre las cosas que hacía. También era la única que podía arruinar sus planes de destruir la vida de Sango. Que por cierto, ya portaba un anillo de compromiso. ¿Ya había mencionado que le daba lastima aquella pobre mujer? Se notaba lo noble que era y lo mucho que adoraba a Miroku. No merecía todo aquello.
El timbre de su puerta la sacó de inmediato de su trance. No supo porqué, pero sintió alegría mientras caminaba hacia la entrada.
Su sonrisa se borró de inmediato cuando supo de quién se trataba.
—¿Qué? ¿Esperabas a alguien más? —Alzó una ceja, suspicaz.
Pasó por delante de su anfitriona, mirando la estancia con desdén. Ya no era la misma con Kagura y eso ambas lo sabían muy bien. La oyó cerrar la puerta detrás de sí y no dijo nada más.
«Huele a puta», pensó, dejando su pequeño bolso sobre uno de los muebles. Le daba iras ver cómo no se trataba de un departamento lujoso, pero las pinturas de pacotilla de su «amiga» la hacían lucir como una completa galería artística.
—Buena noche. A qué debo el honor de tu visita. —Dijo con sorna, mientras caminaba más cerca de la recién llegada. El ambiente se estaba tornando muy pesado y casi podía ver a Yura lanzando lejos su computador.
—Vine por mis fotos. —Soltó, esperando una respuesta dinámica.
—¿Vas a seguir con esto? —Giró sobre sus pies. No se sentía ya nada bien siendo cómplice de aquella gran mentira. Sakasagami la observó con furia contenida y le preguntó si eso se trataba de algún interrogatorio—. Dame un segundo.
Roló los ojos.
Tomó el aparato electrónico y lo llevó consigo a su habitación. Era lo único realmente valioso que esa mujer podía arruinar y no seria inteligente arriesgarse. Al entrar a su habitación, dejó el computador sobre la cama y tomó una de las copias gráficas que tenía separadas en un sobre manila.
Cuando salió a la sala con el pedido en mano, Yura seguía ahí mismo, como si no quisiera tocar absolutamente nada de su departamento.
—Contraté a dos amigos para que le robaran el celular al imbécil de Miroku. —Informó al fin, con una sonrisa, mientras recibía los documentos que Kagura le entregó—. Y es que resultó imbécil. —Sacó el aparato destruido de su bolsa—. No tenía nada en su nube, lo revisé antes de que lo reportara. —Dejó caer los restos al piso.
Kagura la miró casi horrorizada y por primera vez entendió que aquella mujer estaba loca. O sea, realmente loca y peligrosa. ¿De dónde sacaba todos esos planes? Y lo más importante…
—¿De dónde sacaste el dinero?
—Un poco de esto —se tocó ligeramente la figura— y un anillo de las joyas de mi madre que reservo por ahí. No puedo aún hacer uso de los regalos que me ha dado mi novio. —Puso especial énfasis.
—Comprendo. —Asintió, intentando frenar la conversación.
—No creas que soy como tú. —Pero ella insistía en seguir platicando.
Kagura Toriyama sintió ganas de golpearla en la cara por primera vez en los años que llevaba conociéndola, que serían dos o tres. Sentía que Sakasagami ya sabía lo que estaba pasando entre Kōga y ella, así que solo era cuestión de tiempo para desatar la bomba y ya no había por qué hacerla esperar más.
—Ah, ¿si? ¿Y cómo soy yo?
Yura sintió escalofríos con aquel tomo desafiante que usó aquella perra.
Joder.
—Que obtienes las cosas gratis —hizo un ademán a su alrededor con las manos, refiriéndose a lo material, que al final, era lo único que importaba, a su parecer—. Solo con abrir las piernas.
—Lo que faltaba, estás…
—Ya no te hagas la estúpida, que sé que te coges a mi novio.
Continuará…
Mis mejores deseos a todos mis lectores hermosos. Gracias por todo su apoyo y sus hermosos mensajes/análisis, de verdad, sé que este año ha sido una basura y probablemente esto siga igual por algún tiempo, pero creo que tenemos suerte de llegar hasta aquí. Quiero avisarles que por fin estoy a dos capítulos de escribir el fin de esta historia, así que tendrán de esto con seguridad, sabiendo que está prácticamente terminada.
Otros miles de abrazos y espero que todos pasen bien, principalmente con quienes aman y que estén llenos de salud y comida. Mil besos.
Saludos especiales para:
Tuttynieves: Yo espero que te siga gustando. Los siguientes capítulos ya viene con drama MirSan y eso me pone feliz. Disfruta de cada capítulo, que eso me alegra muchooooo.
AIROT TAISHO: AÚN ESPERO MI AUDIO. JAHSJS XD JAHSJAJSJA NO VOY A MATAR A SANGO Me emociona que vamos entrando a la parte alta de la trama. Sí, luego de esto, InuYasha tiene mucho en qué pensar.
Iseul: Mi audio está por llegarte, espéralo. Eso de la menstruación es por las infecciones, y fue conveniente para que no supieran si sí o no. Te adoro. ;;
Chechy14: ¡WAO, MILLONES GRACIAS POR PASARTE POR MIS HISTORIAS! Leo todos tus comentarios y me sacan una gran sonrisa, mil gracias. Sango no va a perder el bebé por esas cosas jshsjs, no te preocupes;-;
Elyk91: ¡Amo tus comentarios, mucho, mucho! Decidí actualizar por ti hahahaha. Muchas gracias por tomar mi historia como algo bueno en este año, me sacaste lágrimas. Ay, hasta me siento orgullosa de mí XD
Tarah: ¡Siempre es un gusto leerte, querida Tarah! Sí, me acuerdo de que dijiste que no querías leerlo por el nombre y no te culpo, mira qué nombre de mierda HAHAHA. Título, pues. ¡Sango embarazada me llena de amor!
Nuevamente, felices fiestas.
