Mi Girasol


-7-


Naruto

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Durante la ceremonia religiosa no pude prestar atención a nada; los recuerdos venían uno tras otro, momentos maravillosos compartidos con mi familia, con mi pequeña, momentos en que solo éramos ella y yo: papá y Hima contra el mundo, ¡joder! Éramos más invencibles que los Vengadores en unión con la Liga de la justicia.

Tenía tres hijos varones, veía caricaturas...

Miré a mi hija, a la gran mujer que se había convertido, y suspiré. Eros a mi lado me golpeó el brazo.

—¿Te pondrás sentimental cuando yo me case?—murmuró mi hijo con sorna.

—¿Te casarás algún día? —respondí, mi hijo sonrió. Eros había heredado mi sonrisa, miró a Sarada al lado de Boruto y se encogió de hombros aun sonriendo. —Ese día le tocará a tu madre ser la sentimental, allí entenderá mi dolor—. Hinata siseó nuestros nombres sin mirarnos y ambos recobramos nuestras posturas.

Miré a Fûka del otro lado de las bancas, sujeta a un pañuelo mientras veía a su único hijo casarse, al menos no era el único que estaba sufriendo.

Mientras Hima estaba de pie frente al sacerdote, mi mente seguía recreando imágenes como su sexta Navidad...

«Habíamos pensado salir de viaje para esa navidad pasar los cinco en familia pero Emme era solo un bebé; así que, decidimos una vez más, ir a Rocky Point con los demás miembros de la familia, se estaba convirtiendo en tradición pasar la Noche Buena allí. Jiraya y Tsunade habían dejado atrás sus grandes fiestas de aniversario para pasarla en familia, rodeados de sus nietos que eran bastantes al haber adoptado a los hijos de Ino y los de Hanabi como parte de la manada. Los más pequeños eran Emme, Riley y Claire, la hija de Hanabi y Kiba.

Desafortunadamente Ino y Sai no nos acompañaban esa Navidad. La madre de Sai estaba muy enferma, y ellos habían decidido quedarse en Nueva York, cosa que tenía a mi pequeña ninfa algo molesta. Vi a Sakura levantarse de la silla y acercarse a la comida mientras Sasuke sonreía burlonamente con la cabeza baja; Sakura estaba embarazada y parecía un pez globo.

Sentimos pasitos por la escalera y nos levantamos todos para correr hacia el salón donde estaba el gran pino con muchos regalos bajo él. La gran mayoría de los pequeños. La pandilla Uzumaki, Hyûga- Inuzuka, Uzumaki Uchiha Haruno hicieron su aparición Eros y Boruto ¡ Madre de Dios, cuando esos dos estaban juntos era demasiado peligroso!, una vez pintaron el auto de Jiraya con marcadores porque, según ellos, le faltaba color.

Agradecía al cielo que mi Aston estaba en casa y la camioneta dentro del garaje; otra vez decidieron volver a Riley momia y la empapelaron con papel higiénico y toallas femeninas... esa era una de las razones por la que no despegábamos los ojos de Emme en esta Navidad y menos de Clarie, que estaba aún más pequeña.

La última perla de ese par de terroristas había sido redecorar el jardín de Tsunade, destruyendo los rosales que mi madre cultivaba, porque ellos necesitaban una nueva pista para sus autos de carrera. Aun así amábamos ver cómo nuestros hijos estaban unidos. Observé a mi esposa sacar los gases de nuestro bebé cuando no vi a Hima llegar al salón.

Hinata solo asintió cuando con una mirada le dije que iría por ella. No tuve que buscarla mucho, la encontré sentada en la escalera con su carita entre sus manos.

—¿Qué sucede tesoro? —le pregunté sentándome a su lado.

—Sam no está, — Sam era el segundo retoño de Sai e Ino y ellas eran muy unidas— no tendré con quien jugar con mis nuevos juguetes —dijo colocando sus bracitos sobre su pecho.

—Puedes jugar con los gemelos —ella negó con la cabeza— ¿Por qué no?

—Ellos juegan cosas de niños. Yo soy una princesa... —sus ojitos se tornaron cristalinos y la atraje hacia mi pecho—. Tendré que juga solita, papi.

—No, mi amor, papá jugara contigo —dije solemne.

—Es una promesa —dijo mostrándome su dedo pulgar.

—Es una promesa... Jugaremos a lo que tú quieras... —ella enganchó sus bracitos a mi cuello y sonrió cuando sentí su risita en mi cuello.

—Tu barba pica —murmuró.

—Me la quitaré cuando me vaya a bañar.

— ¿Pero sí jugaras conmigo y mis juguetes nuevos?

—Lo haré, pequeña —si yo supiera lo que esa promesa causaría varias horas después...

—¿Tengo que salir así? —le pregunté a Hima, iba a matar a Karin y a Sasori lenta y tortuosamente.

—Sí, papi, quiero que todos vean lo liiiindo que quedaste—murmuró mi pequeña, me había afeitado y duchado mientras ellos abrían los regalos, listo para pasar toda la mañana jugando al té, no era la primera vez que me tocaba jugarlo; así que no había nada de malo en ello.

Lo malo, lo realmente malo, fue que ese año mi hija no había recibido muñecas y juegos de té; su tía Karin le había regalado un estuche de maquillaje para niños; pintauñas, y demás menjurjes que se quitaban con agua y cualquier cantidad de cepillos, ligas, cintas de colores y cosas de las que ignoraba el uso y el nombre.

—Cariño, Jiraya dice que... —Hinata se quedó callada abruptamente mientras me miraba y luchaba por contener la carcajada que quería desprenderse de su boca, si no fuera porque tenía a Emme en brazos hubiera estado agarrándose el estómago.

—¿Verdad que papi se ve liiindo, mami? —preguntó mi hija con total inocencia y mi mujer no pudo más; dejó a Emm en la cama para empezar a reír histéricamente, sacó su celular de la parte trasera de sus jeans y me tomó una fotografía.

—La subes a Facebook y te solicito el divorcio —dije sin mirarla.

—¿Mami, cierto que papá se ve lindo? —Hinata trató de recomponerse antes de contestar, pero aún la sonrisa estaba en su cara.

—Hermoso, mi amor, ¿por qué no vas abajo y lo presentas antes que salga al jardín? —Hima salió de la habitación y Hinata explotó en carcajadas de nuevo.

No me veía tan mal... ¿o sí? Me levanté de la silla mirándome mejor, tenía una sombra azul mezclada con amarillo sobre mis parpados y brillo labial color rosa en mis labios y fuera de ellos, me habían pintado las uñas de color brillante y tenía un par de coletas en mi cabello... Unas seis.

—Gracias por hacerme sentir más ridículo de lo que ya me siento —musité a mi mujer a través del espejo. Ella se levantó de la cama aún con actitud burlona, llegando hasta donde yo estaba.

—Te ves muy femenino, mi amor—murmuró abrazando mi cintura.

—Puedo demostrarte cuan femenino puedo llegar a ser —choqué mis caderas contra las suyas.

—Te amo —murmuró ella colocándose en puntillas para besar mis labios.

— ¡Papi ya puedes venir, abu quiere ver lo lindo que quedaste! —grito Hima desde abajo. Me separé de los labios de mi esposa y suspiré.

—Bueno...Al menos te ves linnndooo —dijo mi esposa con burla—. Te amo mucho más por esto... —Caminó a la cama y tomó a Emme, que estaba aún dormido—. Vamos, chica sexy, abajo quieren ver lo liindo que quedaste — se burló abriendo la puerta.

Suspiré nuevamente. Lo que yo hacía por mi hija...

Abajo recibí burlas de todos los que se hacían llamar mi familia, incluso los renacuajos, que jugaban a los soldados junto a sus padres y Kiba, soltaron risotadas cuando me vieron, aun así tuve mi pequeña venganza un par de horas después mientras hablaba con los hombres, me había lavado la cara, pero había conservado los moños y el brillo en las uñas.

Vi a mi hija terminando de pintar las uñas de Sakura y una idea cruel pasó por mi cabeza

—¡Hima!— La llamé e inmediatamente ella alzó su rostro dejándome ver sus hermosos ojos azules. —Los tíos y el abuelo quieren tener brillitos en sus uñas—. Todos me miraron mal y luego giraron su rostro para ver a mi hija dando brinquitos en dirección a nosotros con el maletín lleno de pintauñas y una sonrisa bailando en su rostro... Venganza, plato exquisito que se come bien frio.»

Sonreí al recordarme maquillado y disfrazado, además de la cara de todos mientras Hima pintaba sus uñas...

Acompañado de ese recuerdo llegó otro, no tan tierno ni tan infantil como los que había tenido en el transcurso de la mañana...

« Hinata no estaba, su último libro "Perdida en la oscuridad" estaba siendo un éxito en Latinoamérica, razón por la que mi mujer se había ido a una pequeña gira por Brasil, Colombia, Venezuela, Chile y Argentina. Esta era la segunda y última semana de su gira, agradecía a los teléfonos inteligentes y a la tecnología en sí. Hinata estaba a solo una llamada, hablaba con los trillizos todas las noches por Skype.

Emme de dos años besaba la pantalla del televisor en la que conectaba la computadora para que vieran a su madre sin limitaciones yo me sentaba en el sofá y los veía interactuar. Boruto le contaba cómo su trabajo de ciencias había sido el número uno, mientas Eros le decía que le había regalado una manzana a la señorita Anderson, su maestra de dibujo; Hima le contaba sobre como Ángel Trevor le había llevado un pastelito de chocolates y cómo ella se lo había devuelto porque no quería que estuviera pegado a ella como una garrapata.

La llegada de Tristán, nuestro Golden Terrier, a nuestras vidas había sido una verdadera salvación para mí, sobre todo cuando le descubrimos garrapatas y le expliqué a Hima que cuando se aceptaban regalos de los hombres ellos se pegaban a las chicas como las garrapatas al pelo de Tristán.

Era un puto genio.

Ese día era sábado, faltaban pocos días para que Hinata regresara y quería hacer algo con los niños, la señora Thompson estaba de descanso, y se me ocurrió la genial -nótese el sarcasmo- idea de irnos al parque, no a Central Park que era donde siempre íbamos, quería que se divirtieran de verdad.

Así que, tomé a mi pequeña tropa y nos subimos a la camioneta, lo único que quería era una tarde de diversión pero me salió algo cara cuando tuve que correr a agarrar a Emm descuidé a los trillizos; solo había despegado mis ojos un segundo de ellos cuando un grito de dolor desgarró mis oídos.

Era padre conocía el llanto de cada uno de mis hijos y no necesitaba ver para saber quién era el que lloraba.

Eros y Boruto estaban al frente de Hima que estaba sentada en la arena del parque mientras ella sollozaba fuertemente. Corrí como un loco desesperado para llegar a ella cuidando de no caerme yo también, ya que llevaba a Emme en brazos. Pasé el bebé a Boruto y levanté el rostro de mi bebé.

Tragué grueso al ver la herida en su frente y respiré profundamente antes de sacar mi pañuelo y colocarlo sobre la misma.

—Me duele, papito —sus ojitos anegados en lágrimas y su carita roja por el llanto—me duele. —repitió, mire la cantidad de sangre que salía de la abertura nada pequeña, y saqué mi celular del bolsillo, dándoselo a Eros para que llamara al abuelo.

—Papá, —dije cuando mi hijo me tendió el teléfono— ¿estás en la clínica?, Hima se ha caído y tiene una gran herida en la frente —dije con voz entrecortada; la sangre seguía saliendo, mi bebé seguía llorando agarrada fuertemente a mi camisa.

» Estaré allí en veinte minutos... ¿Crees que de verdad me va importar un jodido semáforo? —Los gemelos soltaron una risita como siempre que se me escapaba una palabrota. Colgué el teléfono y miré a los gemelos—. Tenemos que llevar a Hima con el abuelo y el tío Sasuke.

Ambos asintieron.

—¿Puedes levantarte, mi amor? —susurré a mi nena, sus manitas tenían mi camisa agarrada con fuerza mientras yo seguía tratando que la sangre parara, ella negó con su cabeza y me vi en un dilema: Emm ...

—Yo puedo llevar a Emm hasta el auto, papi —dijo Boruto como leyendo mis pensamientos. Asentí tomando en brazos a mi pequeña mientras caminábamos hacia el coche. Aseguré a Emm en su sillita y coloqué los cinturones.

—¡Papi! —Chilló mi pequeña al ver la sangre en mi camisa y su vestido—. He arruinado tu camisa, papi, y mi vestido —le di un beso en la mejilla para que supiera que no estaba enojado, en este momento la camisa manchada me importaba un comino.

—Bebé, no vayas a dormirte, ¿vale? —ella asintió aun sollozando. Miré a Eros con determinación—. Campeón, necesito que sostengas esto en la frente de tu hermana. —Mi hijo asintió y le di el pañuelo para que siguiese presionando la herida; mi bebe tenía parte de su cabello pegado por la sangre y su ropa tenía manchas rojas... Hinata iba a matarme.

Me subí en el auto y manejé como un demente hasta llegar a Vitae, Jiraya y Sasuke me estaban esperando cuando Salí del elevador con Hima en brazos, Sasuke la tomó de mis manos y se fue con ella hacia la sala de emergencias. Tomé a Emm de las manos de Boruto y miré cómo mi pequeña seguía sollozando en el pecho de su tío. Afortunadamente la sangre se había detenido.

Pasaron un par de minutos antes que Sasuke saliera de la sala de emergencias.

—Jiraya está con ella, ¡¿Cómo coño se hizo eso?! —dijo exaltado, no era yo el único que se desvivía por ella—. Tienen que tomarle puntos internos y externos y vamos a hacerle una radiografía porque me dijo que le dolía su brazo.

—Haz los exámenes que creas que sean necesarios —dije— ¿Puedo verla?

—Creo que lo mejor es que lleves a los niños a la guardería de la fundación y regreses, Hima te llama a gritos. —Asentí y le pedí el favor a Marie, la secretaria de Sasuke, que llevara a los niños a la guardería.

—¿Hima se va morir? —preguntó Boruto mirándome fijamente sus ojitos se mostraban realmente preocupados.

—No, campeón, ella solo está examinándola, ahora ve con tus hermanos y diviértete un rato.

Él asintió y di un beso a cada uno de mis hijos y esperé que desaparecieran de mi vista para correr a emergencias. Jiraya hablaba con Hima, que lloraba intensamente en uno de los cubículos. Abrí la cortina y mi nena extendió sus brazos hacia mí.

—No quiero, papá, no quiero —dijo entre sollozos, su carita estaba más roja de lo que la había visto: tenia, los ojos hinchados y rojos y gruesas lagrimas corrían por sus mejillas; tenía un pequeño cabestrillo en su brazo izquierdo que se veía levemente inflamado. La alcé en brazos, sentándome en la camilla con ella.

—Tienen que suturar —dijo Jiraya—. La herida es profunda cualquier actividad puede provocar que la sangre vuelva a brotar, hemos dado antiinflamatorios y Sasuke está tratando que entreguen la radiografía pronto, mientras hemos inmovilizado el brazo. —Asentí — ¿Estás lista, tesoro?

—Pe...pero me va...Me va a doler, abuelito —gritó mi nena mientras dos gruesas lagrimas corrían por sus mejillas, me sentía tan culpable, ellos se habían caído algunas otras veces, pero nada que requiriera un hospital.

—Vamos a ponerte algo para el dolor, cariño—Jiraya habló con voz paternal—Si quieres yo mismo puedo hacerlo—dijo mi padre. Hima con sus labios temblando asintió levemente antes de apretar mi pecho fuertemente.

Vi cómo mi padre desinfectaba nuevamente la herida y, cuando divisé la aguja que contenía la anestesia, cambié de posición a mi nena dejando que su carita quedara parcialmente escondida en mi pecho. Su pequeño cuerpo temblaba producto de los espasmos del llanto.

Jiraya introdujo la aguja en la herida y Hima gritó en mi pecho, tenía ganas de llorar junto con ella, pedirle perdón una y mil veces por mi pequeño descuido, pero solo me limité a susurrar palabras bonitas y mecerla suavemente, haciendo el trabajo más difícil para mi padre vi como los puntos internos fueron hechos con éxito. Jiraya cambió la aguja para suturar externamente mientras calculaba cuántos puntos tendría que hacer por fuera.

—Serán seis —dijo suavemente, Hima estaba más calmada, aun así no quería que ella se exaltara. Mi padre continuó con su trabajo puntada tras puntada hasta terminar—. Hemos acabado, tesoro —musitó Jiraya al tiempo que Sasuke corría la cortina que nos separaba de los demás cubículos.

—Tiene el radio y el cubito fracturado, tendremos que colocar yeso. — maldije internamente por mi descuido—. Afortunadamente no hay lesión en la cabeza.

—¿Va a doler? —preguntó mi nena con temor. Sasuke sonrió acariciando su mejilla mojada por sus lágrimas.

—Tío Sasuke va a curarte, princesa —por primera vez no me molestó que la llamaran así, mientras le vendaban la mano y preparaban el yeso, llamé a Hinata que contestó al tercer timbrazo.

A pesar de lo que creía, ella solo preguntó si estaba bien y me dijo que adelantaría el vuelo, la dejé hablar con Hima y luego colgué cuando mi nena me pasó el teléfono, sabía que esto no se quedaría así.

Un par de horas más tarde llegábamos a casa, Sasuke me había dado todas las indicaciones para Hima, Emme estaba dormido y los gemelos en el estudio jugando con una consola de Wii. Si de algo estaba orgulloso era de lo bien dotada que estaba esta guarida.

—¿Quieres dormir mi vida?

—Quiero verme en el espejo, papi. —Asentí y la llevé hasta el espejo de cuerpo completo que Hinata tenía en nuestra habitación—. Me cosieron mi carita —dijo con voz temblorosa mientras empezaba a sollozar de nuevo—. Estoy fea, papi.

La abracé fuertemente.

—No, amor, estás hermosa, no van a estar ahí para siempre, es solo por un tiempo —susurré acariciando su cabeza.

—¿Me lo prometes? —Asentí— ¿Puedo dormir contigo hoy? Ella hoy podía hacer lo que quisiera.

Ella era mi reina.

Hinata llegó a la mañana siguiente, no quiso hablar conmigo. Dejó las maletas en la entrada y caminó hasta la habitación de Hima, la seguí con Emme en brazos, no sabía ni qué decir o hacer, le había dicho cuando le lavé su cabello que seguía siendo hermosa, pero una vez más, ella había llorado.

—Hola, pequeñita —dijo con voz suave a mi niña que aún estaba en cama...

—Soy un monstruo, mami —dijo sollozando de nuevo.

—No, mi amor —Hinata la abrazó a su pecho con delicadeza—, solo son puntadas, no estarán ahí siempre.

—Papi me dijo lo mismo... ¿Estás enojada con papi?

—Papi y yo hablaremos luego —dijo suavemente.

—¿Papi está en problemas?

—No, dulzura...

—Los niños en la escuela van a reírse de mí.

—No lo harán —dijo mi esposa con determinación

—Sí lo harán, mami.

—Buscaremos una solución, mi amor.

—No quiero ir mañana a la escuela.

—Ya veremos que hacemos, mi niña, ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo? — Mi nena negó— ¡Ya sé que vamos a hacer! —dijo sonriendo— Naruto, ¿podrías traerme unas tijeras, por favor? —desarmó la coleta que había hecho a Hima; fui a la habitación y busqué unas tijeras rápidamente.

Llegué a la habitación de Hima y se las entregué a Hinata, que las tomó sin mirarme ya me sentía jodidamente mal por todo... ¿Por qué ella me estaba aplicando la ley del hielo? Hinata tomó dos trozos de cabello de la parte delantera de la niña cubrió la cicatriz con ellos y corto justo antes de sus cejas.

Cuando terminó y volvió a peinar, tomó a nuestra nena en brazos y la llevó a nuestra habitación, dejando que ellas se reflejaran en el espejo de cuerpo completo. Mi nena rio, la primera sonrisa verdadera que tenía desde el accidente del parque, su costura estaba cubierta.

Mi mujer era una jodida sabelotodo, ya después aceptaría mi culpa.»

Continuará...