Año 2019.

Que bonitos recuerdos…—habían susurrado ambos al mismo tiempo.

Con una tormenta en el exterior y aún atrapados en la cabaña, Hiccup y Astrid, cada uno por su lado, habían recordado los eventos posteriores a la llegada a ese mundo, pero todo esto percibido como si lo hubieran visto en tercera persona.

Había sido como ver una película y no les cabía en la cabeza que hubieran vivido momentos tan emotivos y con personas que ahora ni siquiera recordaban. Se sintieron mal, en especial Astrid, porque de una forma u otra no se sentía que esa persona que había visto en esas memorias fuera ella, era notable el cambio de su versión hechizada a lo que originalmente era.

Se encorvó inquieta en la cama, y cayó en cuenta de que seguía desnuda, por lo que sólo se cubrió con sus brazos su frente dejando su parte trasera expuesta ya que estaba de lado de la pared y no podía tomar el cobertor de la cama con facilidad desde ese lado, y tampoco quería girarse, pues del otro lado estaba él, en las mismas condiciones.

Hiccup por su parte, después de recobrar aquellos recuerdos comprendió algunas cosas: el cómo habían terminado en su actual casa, por qué había aceptado el trabajo en la concesionaria, la decisión de poner el oro en el banco entre otras cosas, todo aquello había sido por consejos de personas que los habían acogido y que había olvidado hasta ese momento.

Eran bonitos recuerdos, reflexionó melancólicamente, pero a pesar de que todo eso hubiera sido muy hermoso, no consideraba que se pareciera a su yo hechizado, el cual era más feliz y relajado de lo que él era. Ciertamente se consideraba más calculador y estratégico y de estar en las situaciones en las que estuvieron creyó que hubiera actuado en algunas cosas igual sin la necesidad de ser aconsejado, en pocas palabras veía a su yo como una versión más tonta de él. pero también más humana.

Le dio la razón a Dagur, cuando este le dijo que la relación con Astrid era perfecta pero irreal, pues no hubo ningún momento en donde ellos dos discutieran, no, definitivamente no eran ellos, reflexionó melancólico, los felices Hiccup y Astrid del pasado no eran más que el resultado de un hechizo.

Los verdaderos, eran los que ahora estaban en esa cama silenciosos y melancólicos por lo que acababa de suceder entre ellos.

Capítulo 45

.

Conversación en una noche de lluvia.

.

.

La tormenta seguía azotando con fuerza todo lo que había en el exterior, se podía percibir la brusquedad de su potencia con tan sólo escuchar el soplo por debajo de las puertas, la vibración de las ventanas y las gotas que golpeaban la casita de madera.

Aún así, con todo aquel escándalo, las dos personas que acababan de protagonizar un acto que se podría decir era algo natural en los seres humanos, seguían sin poder moverse de su lugar y menos después de haber tenido una oleada de recuerdos; sin embargo, el calor al que habían sido expuestos sus cuerpos pronto se comenzó a perder y el drástico cambio de temperatura empezó a ser notorio.

Aichu…

Hiccup se inquietó al escuchar un pequeño estornudo y girándose un poco de su posición y despertando completamente de su ensoñación, cayó en cuenta de que seguía en la cama con ella. Un ligero sonrojo se hizo visible en el tronco de su nariz al ver su parte trasera completamente expuesta, y tal parecía que ella también estaba consciente de que estaba siendo observada pues se engarruñó más de lo que podía, tratando de cubrirse inútilmente con sus brazos.

Comprendiendo aquel movimiento, él desvió la mirada para respetar lo poco que le quedaba de privacidad, y sólo moviéndose un poco de la cama, destendió una parte de la colcha que tenía la cama y la cubrió con cuidado.

Del otro extremo, Astrid se sobresaltó al sentir la colcha cubriéndola y con el corazón casi paralizado, sólo alcanzó a aferrarse a esta como si de un escudo se tratara, se sentía abrumada ya que aún podía sentirlo a él sobre la cama, sin embargo, el pecho le dio un vuelco cuando sintió que la cama se movió y, después de una serie de ruidos y aparentemente ajustes a la prótesis, posteriormente esta se suavizó. Él se había levantado, pero aun así no fue capaz de girarse, sólo escuchó atentamente y por los ruidos pudo percibir que su compañero se había puesto a buscar algo en las gavetas que estaban frente a la cama.

Con los recuerdos de sus primeros años ya frescos en su mente, Hiccup por inercia, se acercó a la gaveta que sabía le pertenecía y de ahí vio que había unas cuantas prendas. No se cuestionó demasiado del porqué aún había ropa ahí, sólo tomó lo que necesitaba: una playera roja, y de otro cajón afortunadamente encontró la ropa interior, así como unos pantalones/pijama. Se vistió, y luego, viendo disimuladamente por el espejo que mostraba la plenitud de la cama, observó a su compañera, la cual en apariencia no tenía intenciones de levantarse aún, por lo que, tomándose la libertad, se puso a buscar algo de ropa para ella.

Después de recordar, sabía muy bien dónde buscar, y abrió la gaveta anexa a la suya y se encontró con un par de prendas interiores femeninas, ya sin tanta pena sacó un conjunto para ella, después de todo lo sucedido no le encontraba motivo por el cual avergonzarse. Luego, abrió otra gaveta buscando algo más para ella, pero sólo encontró blusas de tirantes y shorts que no le servirían mucho con el frio que se comenzaba a sentir en esa solitaria casa, por lo que de las gavetas de sus pertenencias tomó una camisa azul, así como unos pantalones que bien no le quedarían pero que la cubrirían del frio.

Ya con las cosas listas para ella, se volvió de nuevo hacia donde estaba la cama y comenzó a acercarse lentamente a esta.

Conforme lo hacía, pudo ver como Astrid, volvía a encogerse y a cubrirse más con la colcha, como si temiera de él. Eso lo hizo sentirse mal, y reparó en que, aunque le había gustado lo que había pasado, prácticamente había sido sin el consentimiento de ella, o al menos eso percibió por la forma en la que ella lo miró cuando terminaron, pero no sólo eso, ni siquiera él podía estar seguro si lo que había hecho había sido 100% consciente ya que muy apenas y podía recordar el cómo habían terminado en la cama, ni siquiera podía recordar el momento en que se quitó la prótesis para quitarse el resto de la ropa. Era demasiado extraño, pero sentía que algo se había apoderado de él por un instante, pero aún así eso no le quitaba la sensación de que había abusado de su compañera.

—Astrid…—llamó con la voz quebrada.

La que estaba en la cama, sólo se retorció un poco ante su llamado.

—Yo… lo siento, no sé…

—No te preocupes… fue… consensuado. —interrumpió ella con la voz igualmente quebrada, y respondiendo exactamente con lo que a él le preocupaba.

A pesar de lo que le había dicho, Hiccup igualmente sintió pena, más que nada por la melancolía que ella transmitía; sin embargo, tenía la intención de aclarar todo de una vez por todas, y para eso ella tenía que dar la cara, así que dejó la ropa que había escogido para ella en la orilla.

—De igual manera, creo que debemos de hablar… ya que…—suspiró. —Una parte de mí… no se arrepiente del todo…—confesó abiertamente y sin pena alguna. —porque… sabes que estoy enamorado de ti.

Astrid se estremeció al escucharlo y más se aferró a la colcha.

—Te pedí que no lo dijeras. —respondió con notoria molestia.

—No me importa, lo digo porque se me da la gana… —respondió él tajantemente. —¡Vístete! Tenemos que hablar.

—Yo no quiero hablar.

—Pues tendrás que hacerlo, no me pienso mover ni salir de aquí hasta que lo hagamos.

—¡Que no! ¡¿Por qué insistes tanto?! —se giró la furiosa y enrojecida Astrid, envuelta en la colcha.

Hiccup tragó saliva al verse cara a cara con ella, pero no bajó la guardia y siguió empecinado en resolver lo que fuera que pasara con ella de la mejor manera posible.

—Vístete…—le pidió señalando la ropa. —Hace frio, te puedes enfermar después.

Astrid resopló al ver lo terco que era y vio la ropa que le dejó en la orilla de la cama.

—Está bien. —gruñó. —Pero… por lo menos salte de la habitación. ¿No?

—No, me quedaré aquí. Conociéndote, sé que eres capaz de salir por la ventana.

—¿Con esta lluvia? Sí, claro…—señaló hacia la ventana en donde sólo podía escuchar como rebotaban las gotas contra el cristal, y al fondo sólo había oscuridad.

—Eres Astrid, eres capaz de todo. —aseguró Hiccup rodando los ojos y girándose para darle "privacidad".

—Idiota. —masculló esta, tomando las prendas para cambiarse con dificultad entre la colcha, algo vergonzoso pues lo que le hubiera gustado es haber tomado un baño después de todo lo que habían hecho, pero como no había de otra se puso la ropa a regañadientes, aunque agradeció que él hubiera considerado darle algo que la cubriera más de la cuenta y no las prendas pequeñas o ajustadas que solía vestir. —¡Bien, ya me cambié! —Avisó cuando se amarró muy bien el pantalón para que no se le cayera.

Hiccup entonces se giró y frunció el entrecejo al ver que Astrid se había arrinconado contra la pared y abrazando sus piernas como si le temiera.

—No te voy a hacer nada. —dijo con sarcasmo. —Dioses, relájate.

Pero Astrid no bajó la guardia, y sólo vio atenta como Hiccup tomaba asiento en la cama y volvía a acostarse muy campante a un lado de ella.

—¡¿Q-qué haces?!

—Pienso. —respondió, mientras estiraba su cabello con suavidad y miraba atentamente al techo.

Así pasó algunos segundos en silencio, sólo escuchando el ruido en el exterior, mientras que la persona que estaba a su lado, sólo lo veía con desconcierto en una posición como si no pudiera escapar de ahí.

—Astrid…—musitó de repente, haciendo que la aludida se sobresaltara. — Lo que hicimos… ¿Tú que sentiste?

—¡¿Qué preguntas?! — exclamó esta entre dientes completamente enrojecida.

—Je…creo que no me expliqué bien. —rio Hiccup, rascando su mejilla. —Me refiero a que… ¿si sentiste algo previo a hacer el… a tener relaciones?

La refunfuñona Hofferson se negó a responder y sólo desvió su mirada reservándose el derecho de no responder.

Viendo la postura silenciosa de ella, Hiccup volvió su mirada al techo.

—Yo sentí… —musitó. —No sé, sentí como si una poderosa nostalgia se apoderara de mí, como si algo me hubiera empujado a revivir lo de años pasados, pero también lo sentía como una necesidad, es decir, como si mi cuerpo me pidiera a gritos que lo necesitaba…

—Pff…que ingenuo eres…

—¿Uh? ¿Qué quieres decir? —se giró hacia su compañera, la cual rechinando los dientes se mostraba cada vez más enrojecida y también furiosa.

—¡Que eres un idiota! —respondió esta, encarándolo. —¡¿Qué no te das cuenta de qué estamos siendo manipulados?!

—¿Manipulados? —se reincorporó, curioso de esa teoría.

—¡Sííí! —gritó ella, enrojeciéndose más. —¡¿Qué no es evidente que hay alguien que está jugando con nosotros? ¿Qué nos hace comportarnos como lo hicimos?... ¡¿qué te hace sentir cosas que no son?!

—¿Qué me hace sentir cosas que no son? ¿Te refieres a los sentimientos que tengo por ti?

Astrid refunfuñó enrojecida y volvió a desviar la mirada, no soportaba sostener la mirada con él.

—Tal vez sea cierto.

Aquella respuesta por parte de Hiccup, hizo que dejara de refunfuñar y nuevamente se volvió a él, tratando de descifrar algo más, pero sólo se encontró con un rostro que estaba muy tranquilo y enseriado.

Hiccup resopló.

—Mira Astrid, puede ser que ¡sí!, hay alguien que nos esté manipulando, desde que despertamos del hechizo, es un hecho, pero de igual manera yo…

La hechicera sintió nuevamente una presión en el pecho, al escuchar aquella pausa, no quería escuchar lo que seguía.

—Yo estoy realmente enamorado de ti. —confesó este con mucha seguridad. —Astrid, me gustas mucho.

Pero ella volvió a negar con la cabeza.

—¡No! ¡E-estás confundido!

—No lo estoy.

—¡QUE SI LO ESTÁS!

—¡No! ¿Por qué insistes? —le gritó él devuelta, viendo como su compañera parecía querer desmoronarse. —Astrid… ¿Por qué te pones así? ¿Qué tiene de malo que te diga lo que siento?

—¡Es que…! —gruñó esta avergonzada. —¡¿Cómo puedes estar tan seguro?!

—¿Seguro? —frunció el entrecejo. —¿Seguro de qué?

—Que idiota… —masculló esta. —¿Qué esto que pasó entre nosotros? —señaló la cama. —¿Y que "esto" que sentimos? —se llevó la mano al pecho. —¿no es más que un rezago del hechizo?

—Pues yo…—bajó Hiccup la mirada, cuando de repente una de las preguntas hizo tic en su cabeza. —¡un momento! "¿Lo que sentimos?" —repitió con una sonrisita. —¿Quieres decir que tú… también sientes algo por mí?"

Astrid rechinó los dientes, y enrojecida bajó la mirada.

—¡Contesta mi pregunta!

"Así que es eso" pensó Hiccup sintiendo una nueva esperanza, viendo como Astrid ya ni siquiera era capaz de verlo y cómo su cara cada vez se iba colorando más.

—¡Ya deja de mirarme!

—No, no lo haré. Y respondiendo a tu pregunta, estoy seguro… porque… ¡lo estoy!

Aquella respuesta tan simple dejó a Astrid insatisfecha, y confundida levantó su rostro hacia él, esperando encontrar nuevamente algo más, pero con lo único que se encontró ahora fue con un rostro que denotaba sinceridad y mucha confianza.

—Astrid, cuando comencé a sentir algo por ti, no te miento, muchas cosas pasaron por mi cabeza. —le confió. —Me sentía confundido, porque, es tonto, no sé, pasé como 15 años de mi vida odiándote y luego de la nada comencé a sentir algo ¿era eso posible? Créeme que me pregunté eso muchas veces, pero finalmente, no sé, creo que sólo pasó y tal vez parezca tonto, pero me tienes hecho un idiota. —rio. —Creo que eres lo mejor que me ha pasado en la vida, aclarando, dejando todo el pasado de lado.

Astrid no respondió, pero su boca se tornó entristecida.

—Antes del hechizo, yo no te veía siquiera como un humano, pero después de despertar del hechizo y conocerte por cómo eres realmente y de pasar por todo lo que pasamos, eso hizo que mi corazón cayera ante ti.

—Pero eso sólo es costumbre, Hiccup. Estamos unidos por los niños. —disintió Astrid, negando con su cabeza. —No es amor.

—No. —replicó. —Yo estoy 100% seguro de lo que siento por ti.

—Pero… ¿Cómo? —insistió Astrid, frustrándose.

—Porque de ninguna otra manera, podría estar con alguien tan irritable como tú. —sinceró él.

Astrid frunció el entrecejo, las tiernas palabras de amor parecieron dar un giro inesperado de 360°.

—¡Sí! ¡lo digo en serio! —exclamó. — Eres la persona más irritante, terca y voluble con la que he estado, pero ¿sabes? ¡me encanta eso de ti! Y te acepto con todos tus defectos, porque te amo. Sólo mira cómo éramos en el pasado… ¡eso no es amor! Parecíamos sólo dos personas programadas para ser felices. Ahora, este Hiccup que ves justamente frente a ti, no teme herir tus sentimientos al decirte que eres irritante y que me sacas de quicio con tus cosas porque a veces eres ¡tan cerrada!

Astrid bufó, y su irritabilidad comenzó a manifestarse en sus apretados puños que deseaban soltarle una bofetada al que estaba frente a ella.

—Entonces…—gruñó entre dientes. — ¿quieres decir que estás seguro de lo que sientes sólo porque me consideras irritable? ¡Que idiotez!

—Sí, y la verdad eres muy irritable. —asintió Hiccup. —Creo que eso nunca te lo dijo mi yo hechizado ¿verdad?

Los puños de la rubia se relajaron con aquella pregunta, y nuevamente sintió mucha incomodidad.

—La Astrid de antes tampoco me hubiera lastimado tanto como lo haces tú. —siguió Hiccup. —La de antes sólo estaba para seguirme, no parecía tener opinión propia… tú la viste ¿no?

A regañadientes, esta asintió pues era verdad lo que decía.

—Así que, aunque tú pienses que estoy "confundido" o algo por el estilo. —rodó los ojos, haciendo demasiados ademanes con las manos. — créeme que NO, ya pasé por esa etapa y ahora sé muy bien lo que quiero, y eso es a ti, y lo repito, aunque no quieras escucharlo. Ahora… si no te importa, sigues tú.

—¿Eh? —frunció la hechicera el entrecejo con tan repentino cambio.

—Sí, sigues tú… Astrid, por favor. —pidió él con suplica. —Dime por favor… ¿Quiero saber que es lo que piensas, qué es lo que sientes?

Pero esta negó con su cabeza.

—¡¿Por qué?! ¿A qué le tienes miedo?

Ella pareció irritarse ante aquella insinuación, Hiccup inmediatamente lo notó porque lo que trató de tranquilizarse.

—Por favor, sólo dime lo que sientes…—pidió con más amabilidad

Pero Astrid, lejos de responder, sólo soltó un bufido y rodó los ojos con fastidio, los desvió hacia donde se encontraba la salida y parecía que le faltaba poco para llegar al límite de su paciencia.

—¡No! ¡Espera! ¡Escúchame!

Se adelantó Hiccup a una posible huida, y su intervención sirvió para que Astrid cerrara los ojos y quitara su vista de la salida.

—Astrid, por favor, sólo dime eso, dime lo que sientes y… si eso es que no sientes absolutamente nada por mí, yo entenderé, te dejaré de insistir y te dejaré de molestar. ¿Está bien? Cuando salgamos de aquí, te prometo que me iré de la casa como lo habíamos platicado hace unos meses y de mi boca ya nunca escucharás nada que tenga que ver con mis sentimientos, pero por favor, sólo responde… ¡¿qué es lo que sientes, Astrid?! ¿Qué es lo que sientes por mi

Pero la hechicera, sólo se volvió hacia a él, lo miró por completo y con su rostro sólo denotando melancolía, se movió en la cama para bajar de esta para posteriormente retirarse de la habitación.

¿Así o más claro? pensó Hiccup, quedándose paralizado tal como le había pasado unos días atrás ante el primer rechazo.

Pese a que Astrid no le había dicho nada pudo sentir el rechazo y tal como el otro día quedó destrozado.

La ligera esperanza que había tenido desapareció por completo, y la seguridad que había mostrado hasta ese momento también se le esfumó.

Trató de tranquilizarse y evitar que sus emociones lo dominaran y se volvieran llanto, pero era algo insostenible y más porque llegó a pensar, por un breve momento, que lo que Astrid tenía era miedo y que, muy en el fondo, sentía algo por él, pero por lo visto se había equivocado. Ella no sentía nada por él y lo peor de todo es que ahora tenía que cumplir con lo que había prometido. Ya no insistiría más.

Y como alguien que acababa de ser derrotado se levantó de la cama con pesar para arreglar sólo algunos detalles con ella antes de que se fuera como creía que lo haría; sin embargo, el sonido de unas cuerdas de un instrumento lo sobresaltaron, al levantar la vista, vio que Astrid volvió a la habitación con la guitarra que había visto en la estancia principal entre sus brazos, y por un momento se extrañó de verla con ese instrumento, hasta que recordó que en su pasado, ella solía tocarla.

¿Qué era lo que pretendía? Se preguntó, cuando esta pasó a un lado de él sin siquiera mirarlo para dirigirse a la cama en donde se sentó en una de las esquinas para después hacerle unos ajustes a la guitarra, posteriormente sólo vio que respiró hondo y después de esto comenzó a entonar una melodía.

¿Cantaría? ¿Por qué? No se lo explicaba, sin embargo….

.

Me levantó y veo el sol de la mañana,

Tú vienes sin ninguna advertencia.

Parecía que le reclamaba, pero…

"Pones una sonrisa en mi rostro"

"Quiero eso cada mañana"

¿Qué estaba tratando de hacer? No comprendía.

¿Qué es esto que siento?

Porque no puedo dejarlo ir.

Si ver es creer.

Entonces ahora lo sé.

—¿Qué cosa? — Se cuestionó Hiccup, sintiéndose tan confundido tal cual se veía Astrid al cantar esas estrofas, pero luego, sucedió…, ella levantó su mirada hacia él y lo cantó.

"Me enamoro rápido, dios"

"Espero sea real…"

"Porque…

me estoy enamorando profundamente de ti"

—¿Qué? —pensó Hiccup al escucharla, sintiendo como el corazón de repente quería salírsele de entre el pecho.

"Yo digo: tomemos está oportunidad"

"Tomémosla mientras podamos"

"Porque yo sé que tú… sientes lo mismo"

Al cantar eso último, Hiccup vio como los ojos de su amada comenzaban a llenarse de lágrimas, y tal eran sus sentimientos que se reflejaron con estruendoso trueno en el exterior que hizo vibrar todo.

—Yo… —inhaló y exhaló profundamente para tranquilizar sus emociones. —Esa es la canción que se supone te iba a cantar la noche de karaoke. —confesó avergonzada, encogiéndose de hombros.

Hiccup ni siquiera pudo responder, estaba más que nada conmovido, desconcertado, la verdad no sabía muy bien qué pensar y ciertamente vio que Astrid tenía una manera muy peculiar de expresarse.

—Entonces…—musitó, sentándose en la cama frente a ella. —¿Tú también sientes algo por mí? —preguntó para asegurarse.

Ella rodó los ojos con fastidio y consideró que la persona frente a él si no captaba las indirectas, menos las directas, pero exhaló y volvió a inhalar para poder "explicarle" con más claridad.

—Para resumírtelo… no he dejado de escribir canciones cursis desde que "todo esto" empezó. —respondió molesta.

"Sí, ella tiene muchos problemas de comunicación" —pensó Hiccup soltando una risita, viendo como Astrid volvía a enrojecerse y a desviar su mirada de la de él. — A ver… vamos poco a poco… ¿Te parece?

Le quitó sutilmente la guitarra para dejarla a un lado, y posteriormente la tomó de las manos, ambos las tenían heladas, pero Hiccup pudo ver como a ella se le erizaba la piel con sólo haberla tocado; sin embargo, no retiró sus manos, sólo evitaba verlo.

Ver de reojo que Hiccup no se rendiría tan fácil y que obviamente esperaba una explicación más "clara" hizo a Astrid rodar nuevamente los ojos con fastidio, pero después de lo sucedido, de lo que ya había soltado y lo poco que le había expresado supuso que no había marcha atrás, tenía que darle más detalles de lo que sentía.

—¿Sabes?... —suspiró avergonzada. — Mi hermana una vez le preguntó a mi madre ¿cómo se podía dar cuenta uno cuando está enamorada de una persona? Específicamente… ¿cómo se había dado cuenta ella que se había enamorado de mi padre?

Hiccup frunció el entrecejo, no entendiendo a donde quería llegar, pero podía ver cómo Astrid se ponía nostálgica de sólo recordar a su hermana y madre.

—¿Y qué le respondió?

Astrid nuevamente dejó escapar un suspiro, pero sus manos que, estaba ligeras sobre las de él, se encorvaron un poco para poder sentirlo.

—Ella le respondió: "Escribía canciones". —dijo, fijando su melancólica mirada en él.

Hiccup sonrió levemente, se le hacía una bonita anécdota y más o menos se daba una idea de lo qué estaba pasando, pero no dijo nada, quería escucharlo de ella.

—Cuando lo escuché de su boca por primera vez. —siguió Astrid. — se me hizo algo tonto y cursi, pero luego…—suspiró, tratando de deshacer el nudo de su garganta. —supe lo que quiso decir… porque fue exactamente lo que me pasó a mí.

Hiccup sólo escuchaba atentamente, sintiendo como ella se contenía para no intensificar con su magia la tormenta que había en el exterior; sin embargo, aquel silencio hizo pensar a la rubia que él no estaba comprendiendo.

—Si aún no entiendes lo que quiero decir, Hiccup, pues lo diré más directo. —continuó ella avergonzada. —Con respecto a lo que preguntaste hace unos minutos, la respuesta es: Sí. También siento algo por ti, me gustas… —rodó los ojos tratando de ser clara con sus sentimientos.

Hiccup esbozó una sonrisita y siguió sin decir nada, veía que ella tenía mucho que decir, pero por el mismo problema que tenía para expresarse se le dificultaba mucho hacerlo.

—Supongo que quieres saber detalles y todo—continuó ella, denotando un gracioso fastidio.

Mentalmente Hiccup concordó, era algo que le causaba curiosidad, puesto que Astrid siempre se había comportado indiferente con él o al menos esa era su perspectiva.

—La verdad no sabría decirte desde cuándo pasó…—sinceró. —Todo pasó muy rápido para mí, empezando desde que perdimos a nuestro hijo.

El recordar a su hijo no nato, hizo a Hiccup ponerse melancólico, pero aun así no soltó las manos de ella y sutilmente comenzó a acariciarla en un intento por calentarlas.

—Desde ese suceso, tú te convertiste en un gran apoyo para mí, en un amigo, el que creo que nunca tuve, me refiero a un humano, otro hechicero. —contó ella con una leve sonrisa. —Sin querer, comencé a tomarte cariño. Me gustaba estar cerca de ti, ayudarte en lo que necesitaras, me encantaba cuando me enseñabas cosas como a conducir o cocinar, adoraba las largas conversaciones que teníamos en la azotea de la casa sin que nadie se diera cuenta. Sin darme cuenta, poco a poco y conforme avanzaba el tiempo, los escritos que ponía en mi diario acerca de mis sentimientos personales fueron cambiando, de alguna forma u otra iban involucrando a otra persona, es decir a ti.

Hiccup enrojeció ante tal confesión.

—Cuando por fin me di cuenta de lo que comenzaba a sentir, ciertamente mi primera reacción fue abrumadora, me sentí como un "pajarito" encerrado en una jaula, no me gustaba la sensación, es decir, la sensación de estar atada a alguien, pero luego ese pensamiento cambió a uno de preocupación, no entendía que sentía por ti y ciertamente no me gustaba, sentía como si me estuviera enamorando de un demonio, es decir, es que ¿no se supone que éramos enemigos? Pensaba en mi familia y en lo que podría decirme al enterarse, como si los tuviera a un lado de mí, diciéndome qué debo hacer, con quien me debo juntar, a quien debo amar…

—Sé a que te refieres. —comentó Hiccup con una risita. —Pensé exactamente lo mismo cuando comencé a darme cuenta de lo que sentía.

—Creo que es una reacción normal. —opinó Astrid, poniéndose cabizbaja. — En fin, pensé que todo estaría bien si esos sentimientos los dejaba guardados en lo más profundo de mi corazón; así que hice todo lo posible para no verme tan obvia, porque no quería que nadie se diera cuenta de lo que sentía, aunque creo que no lo hice muy bien, creo que era muy obvia.

—Eh no, opino lo contrario, la verdad creo que eres muy buena para ocultarlo. —creyó Hiccup impresionado.

Astrid rio ante su ingenuidad.

—¿En serio? Entonces… ¿En verdad no te dabas cuenta de lo que yo sentía por ti?

Hiccup negó con su cabeza.

—Bueno, entonces creo que esos años guardando la compostura sirvieron de algo. —dijo bromeando. — yo pensé que era muy obvia pues buscaba cualquier pretexto para que estuviéramos cerca, para que nos tocáramos de alguna forma u otra, como cuando esas arpías te lastimaron y te toqué toda la espalda ¿lo recuerdas? O cuando jugamos al estúpido juego ese de la quiromancia.

—¿En serio? ¿Te me estabas insinuando? —preguntó Hiccup sin creerlo.

Astrid asintió avergonzada.

—Era raro, de alguna forma no quería aceptar lo que sentía, pero otra parte de mi buscaba provocarte para que me miraras, ya fuera vistiendo bien o cuando practicaba música con los niños, buscaba captar tu atención de alguna forma.

Con aquella insinuación, Hiccup recordó las veces en que se quedó embobado con ella, ya fuera por lo que vestía o por los movimientos que hacía.

—No sé, tengo los sentimientos divididos en muchos pedazos, una parte de mi pensaba o más bien piensa que esto no es más que sólo un rezago del hechizo que me hace comportarme así, otra parte de mi se siente insegura, no entiende lo que sucede y hay otras partes que me dicen otras cosas, por ejemplo, que tú sólo me quieres para acostarte conmigo.

—¡¿Qué?! —exclamó Hiccup, enrojecido.

—Sí, por eso la noche de karaoke, después de escuchar tu "declaración" no pude responderte con propiedad, me confundí y terminé cantándote otra cosa, te hice un "especial" … —confesó avergonzada.

—Entonces, las visiones que vi esa noche ¿fuiste tú?

Astrid asintió.

—Eran parte del conjuro, quería saber hasta donde estabas dispuesto a llegar conmigo. Quería ver si eras capaz de contenerte, si eras diferente a los demás hombres con los que había tratado, perdóname.

Hiccup hizo una mueca de arrepentimiento, pues no había demostrado correctamente lo que Astrid esperaba de él, porque al fin y al cabo se había dejado llevar por la ilusión.

—No, perdóname tú. —musitó avergonzado. —Fui un idiota.

—No. —disintió Astrid para sorpresa de él. —La verdad… es que superaste mi expectativa y fui yo la que terminó cayendo en mi propia trampa.

—¿Qué? —musitó sin comprender.

—Te detuviste Hiccup, en alguna parte de esa alucinación te detuviste, pero yo fui quien al final insistió y de igual manera me sorprendió la manera tan delicada en la que me tomaste en esa alucinación.

Hiccup enrojeció.

—Pero eso sólo acrecentó mi inseguridad, una parte de mi quería corresponderte, pero la otra no, ya que como te digo, esta piensa que sólo es un hechizo.

—Pero no lo es, Astrid, no al menos para mí…

—Sí, sé que para ti no lo es, pero conmigo…—bufó molesta. —Son muchas cosas.

—¿Cómo qué?

—Es que ¡no sé! por ejemplo, pienso que no va a terminar bien, tal como le pasó a Stormfly con Rorik.

—Pero su historia es completamente diferente a la nuestra, Astrid.

—Sí, lo sé… pero…—apretó esta sus labios. —Una parte de mi estaba esperanzada a que esa relación funcionara para que me diera esperanza de que todo era posible, pero luego viendo lo que pasó. —recordó con tristeza. —Pensé, ¿por qué en nuestro caso habría de funcionar? Además, de que pensé que no sería justo para Stormfly que yo… pues que yo… tenga ¡esto! y ella no.

—Stormfly no es así, lo sabes, ella sólo quiere lo mejor para ti, Astrid. No compares historias, las situaciones son totalmente diferentes.

—Ok. —musitó esta, comenzando a agobiarse. —Pero ¿qué hay de ti por ejemplo?

—¿Yo?

—Sí, a ti te gusta otra persona ¿no? —le reclamó, soltando sus manos para señalarlo por completo.

—Me gustas tú, ya te lo dije.

—¡No! Antes de mi ¿no? La tipa esa de los enormes senos, la que parecía modelo… la tal Raizel. —recordó con notoria molestia.

—Oh… ella.

—Oh, sí, "ella" —imitó con sarcasmo. —Dime… ¿De la noche a la mañana te olvidaste de ella?

—¿Cuál de la noche a la mañana? ¡Han pasado 10 años, Astrid!, y la verdad no sé que pasó con ella y no saber de ella no me quita el sueño eso te lo aseguro.

—¡Pero tú la amabas, Hiccup! ¡estabas dispuesto a casarte y hacer una vida con ella! ¿ya se te olvidó?

—¡¿De dónde sacas eso?! —exclamó confundido.

Pero su compañera sólo apretó los dientes y al parecer no estaba dispuesta a responder.

—Astrid, ¿de dónde escuchaste eso? ¡Dímelo! —volvió a preguntar con más seriedad.

—Escuché una conversación. —admitió esta avergonzada. —Escuché que Alúmini se lo contó a Stormfly, pero es cierto ¿verdad? Y luego te acostaste con ella y fuiste su amante.

Hiccup resopló y llevó sus manos a su cabello para rascarlo con frustración.

—¡sí! ¡Es cierto! ¡TODO! Pero… estuve muy obsesionado con ella, pero eso no era amor, como te digo, sólo era obsesión, hasta ella misma me lo decía.

—Pero obsesión o amor ¿ya te olvidaste tan rápido de ella? —insistió Astrid.

—Obvio, desde antes siquiera de darme cuenta de lo que sentía por ti yo la olvidé, los niños y tú se convirtieron en mis nuevos pensamientos y motivos para vivir, así que ella no viene al caso en esta conversación. ¿Qué más pruebas quieres, Astrid? ¿qué quieres que haga para demostrarte que soy sincero y que de verdad te quiero?

Astrid enrojeció y bajó la cabeza avergonzada.

Hiccup resopló.

—Mira Astrid, con todo lo que me has dicho ahora sé perfectamente lo que te pasa, sé que temes que todo esto sea parte del hechizo, pero ¡Escucha! ¡NO LO ES! sólo obsérvanos, estamos peleando por idioteces, ya perdí la cuenta de las veces que me has llamado idiota en este día, y sinceramente comienzas a irritarme, ¡lo que me parece perfecto!, porque eso me demuestra que con la Astrid con la que estoy tratando es con esa que conozco desde la infancia, la Astrid hechizada ni siquiera figura en ti.

—Yo nunca seré como esa Astrid. —comentó ella cabizbaja.

—Lo sé, ni yo como ese Hiccup, te lo aseguro.

—Pero… no me refiero a lo cursi y perfectos que éramos cuando estábamos hechizados. —aclaró con molestia.

—¿Entonces?

—Me refiero a que siento que nunca seré tan feliz como esa Astrid, y por ende… —gruñó molesta. —¡no sé si pueda hacerte feliz!

—Ay, Astrid. —musitó Hiccup al ver que tan confundida estaba su amada y en un impulso por querer aclarar esas ideas, se abalanzó hacia ella para abrazarla. —No digas eso, podemos ser felices a nuestra manera.

—No lo creo posible… —musitó ella cerca de su oído, pero sin alejarse de él. —he cometido muchos errores, te he lastimado tanto.

—Lo sé, igual que yo a ti, ya habíamos hablado de eso y decidimos dejarlo de lado.

—Pero no me refiero sólo a lo que sucedió antes del hechizo, si no a lo que ha sucedido en estos últimos días. —recordó con melancolía. — yo te he hecho mucho daño…

—No, no, no…—se separó Hiccup de ella y la tomó por los hombros. —¡Entiéndeme! A tú manera, me haces muy feliz realmente. Sé que tienes dudas, que hemos sufrido y nos hemos hecho daño, pero ¡ya no más! Dame la oportunidad de demostrarte que podemos ser felices tal y como somos, déjame demostrarte que esto no es parte de un hechizo por favor, por favor.

—Hiccup…

—¡Por favor! ¿Qué quieres? ¿Qué me arrodille y te suplique? ¡lo puedo hacer y sabes que puedo hacerlo! Por ti estoy dispuesto a hacer cualquier cosa.

—No, no lo hagas, por favor.

—Astrid, por dios, me matas… entonces, sólo dame una oportunidad, por favor. —suplicó tomando sus manos. —Por favor.

La insistencia de él estaba quebrando a Astrid, la cual lo menos que quería era seguirlo lastimando con sus tonterías, pero estaba insegura, más que nada por los pensamientos atroces y destinos fatales que se imaginaba en donde alguno de ellos o ambos terminaban lastimados, incluyendo a sus queridos hijos.

—Pero… ¿y si algún día despertamos y vemos que sólo se trató de otro hechizo?

—¡No va a pasar! Astrid, esta es nuestra realidad. —le aseguró él, estrujándola levemente de los hombros como si quisiera hacerla reaccionar.

—Entonces… ¿Me puedes prometer que nunca despertaremos odiándonos de nuevo? —cuestionó ella insegura.

Pero Hiccup respondió con seguridad.

—Sí, te lo puedo prometer, yo ya no soy capaz de odiarte Astrid Hofferson. ¿Y tú?... ¿No me volverás a odiar?

Astrid se desconcertó; sin embargo, viendo a los ojos verdes de él, tomó el valor para responderle.

—Aunque quisiera, ya no puedo…—sinceró con ojos lagrimosos.

—Entonces… ¿Me darías la oportunidad de hacerte feliz? —preguntó él, tomando sus manos entre las suyas.

Astrid sólo asintió con una leve sonrisa.

—Entonces… creo que ya no hay nada más que decir. ¿verdad? —le sonrió Hiccup, soltando sus manos para inclinarse hacia ella y envolverla en un abrazo que poco a poco los llevó a recostarse sobre la suave cama.

Cara a cara, ambos hechiceros se sonrieron, Hiccup estaba feliz por haber aclarado por fin todo, pero podía ver que una parte de Astrid aun se mostraba insegura, más que nada por la dirección de sus delgadas cejas que en definitiva mostraban angustia.

—Tranquila, vas a ver que todo va a salir bien.

Ella rio avergonzada al verse expuesta.

—Trato de pensarlo, créeme, pero me imagino tantas cosas que pueden salir mal.

—No lo hagas, mejor sólo piensa e imagina cosas buenas, por ejemplo, cuando nuestros hijos se enteren de que sus padres volvieron. —insinuó con una sonrisita.

Pero Astrid, lejos de sentir el mismo entusiasmo, no pareció concordar con él y en lugar de sonreír, se enserió.

—Hiccup, con respecto a eso… prefiero que no lo sepan todavía.

Al hechicero se le borró la sonrisa.

—¿Por qué no?

—Compréndeme, por favor. —suplicó ella. —Todo esto, está pasando muy rápido… ¿no te parece? ¿no quiero que los niños sufran por lo que podamos llegar a hacer?

—O sea… que ¿Cómo quiera no te sientes muy segura de mí?

Astrid se mordió los labios.

—No lo digo por ti, si no por mí, estoy muy confundida que creo que puedo llegar a arruinarlo, y perdón que te lo diga, pero…

—No te preocupes, yo acepto el riesgo. —dijo este, entendiendo lo que quería decir.

—Ya hicimos todo mal Hiccup, nos odiamos, nos hechizaron, nos casamos y tuvimos hijos inconscientemente, despertamos del hechizo, nos odiamos otra vez, aprendimos a ser padres, nos toleramos, nos hicimos amigos, nos enamoramos otra vez, nos peleamos, ¡tuvimos sexo! Inconscientemente, volvimos a pelear, nos contentamos…

—Resumiéndolo de esa forma, si ha sido algo revuelta nuestra vida. —consideró Hiccup, recordando cada uno de esos eventos.

—Sí, y dado a eso, por el momento quisiera que esto fuera un poco lento, algo que sea sólo entre tú y yo.

—Si, te entiendo… tal cual una pareja que acaba de comenzar una relación de novio y novia ¿verdad?

Astrid enrojeció ante aquellos términos, pero avergonzada, asintió.

—Sí, lo que me lleva a recodar que "esto" —se señaló, lo señaló y después a la cama. —Por el momento no quisiera que se repitiera.

—Uy, y yo que pensé que ya podría dormir contigo en la misma cama —admitió enrojecido, provocando la misma reacción en ella. —Aunque era algo que me esperaba, y no te preocupes, yo no te obligaré a nada que no quieras, pero de igual manera…—continuó. —¿Crees que podría quedarme aquí está noche? Digo, porque no hay donde más quedarme a menos que me mandes a ese incomodo sillón que está en la estancia principal.

Astrid sólo rio con sus ocurrencia, no le respondió, sólo se quedó recostada, viéndolo con mucha atención, y luego llevó su mano hasta su mejilla.

—Que bonitos ojos tienes…—le susurró con una sonrisa.

—Supongo eso es un sí. —rio él, sintiendo lo tibio de su mano.

—Hiccup, me gustaría intentar algo… ¿puedo?

—Eh, sí… pero ¿qué es?

—Tú sólo cierra los ojos. ¿está bien?

—¿qué? ¿Me vas a dar un beso? —cuestionó emocionado.

Astrid rodó los ojos.

—Es obvio ¿no?

Esa respuesta no se lo esperaba y rápidamente los colores rojos hicieron de las suyas en su rostro.

—Quiero besarte Hiccup Haddock, tal como yo lo haría y no impulsada por un hechizo o la nostalgia esa que nos llevó a la cama. —dijo ella un tanto ruda.

—Ok, ok… haz lo que quieras, soy todo tuyo. —dijo este, cerrando sus ojos.

Fue entonces que Astrid, haciendo lo que le había dicho se acercó lentamente a él, Hiccup al sentir su cercanía se adelantó y se abalanzó para besarla primero, aunque no alcanzó a hacerlo porque ella se retiró rápidamente.

—¡Oye!

—¡No seas tan apresurado!, te dije que quería hacerlo a mi modo.

—Ok, ya entendí. —refunfuñó este, volviendo a cerrar los ojos.

La burlona Astrid, nuevamente hizo su movimiento. Se acercó a él lentamente y primero lo observó y pese a todo sus sentimientos revueltos, comenzaba a sentirse tranquila con ella misma, lo que le pareció algo muy bueno. Luego llevó su mano hasta la mejilla de él para poder acariciarla a plenitud mientras observaba todas sus curiosas pecas; terminando con aquella caricia, deslizó su mano hasta su cabello, y ahí delicadamente enterró sus dedos entre todo aquel cabello castaño, deleitándose con el espesor y la suavidad de este.

Mientras tanto, Hiccup con ojos cerrados, sólo alcanzaba a tragar saliva por todo lo que sentía, pese a lo que pensó que pasaría, lo que Astrid estaba haciendo con él lo hizo sentir muy especial y querido, podía sentirlo sólo con el tacto el cual estaba más que complacido, incluso más que su previo encuentro sexual, que, como había dicho Astrid, sólo había sido por un impulso, lo que estaba pasando ahora, en ese momento, era completamente real. Y lo que cerró con broche de oro un episodio que se podía decir que fue tormentoso y junto con ello todo un ciclo de complicaciones y abría la puerta a una experiencia nueva, fue cuando sintió los tiernos y cálidos labios de ella sobre los de él.

Pequeños besos y sonantes que parecían de dos tímidos adolescentes inexpertos pero que en definitiva provocaban una sensación de fuegos artificiales explotando en lo más alto del cielo. Hiccup no podía recordar siquiera haber besado alguna vez así, y tampoco Astrid, que lo más que quería era llevar las cosas con calma y no tan aceleradas como se habían dado todos los sucesos de sus vidas en el pasado.

Y aunque no quisiera, sabía que debía detenerse ya que después ni ella misma se iba a poder contener, así que dándole un último beso de piquito se retiró de su compañero, viendo con una sonrisa como este al parecer había disfrutado de su beso tanto como ella lo había hecho.

—Ya puedes abrir los ojos. —le dijo al ver que aún se encontraba ensoñado.

Hiccup obedeció y los abrió, dando un suspiro.

—¿Te gustó?

—Astrid…—sonrió. —Me tienes bien estupidizado.

—Vaya manera de responder. —rio ella con su ocurrencia.

—Lo sé, debería de sonar más lindo, pero ¿sabes? Creo que así tú y yo llevaremos nuestra relación. —le confió abrazándola.

—Ah ¿sí? —susurró esta dejándose llevar, pero reaccionando tímidamente, cuando sus manos chocaron con el pecho de él.

—anda, abrázame… sin miedo. —susurró este con una sonrisita.

—Idiota. —masculló ella avergonzada, pero igualmente hizo caso y pasando un brazo por debajo del de él, apretó ligeramente su mano contra su espalda, mientras que su otra mano quedó a la altura del pecho de él, en donde pudo percibir cada uno de los latidos de esa persona que en tan poco tiempo se había convertido en alguien muy especial para ella.

Pronto, sus pies también se encontraron en el otro extremo, en el caso de él, con la prótesis que no se quitó.

—Estás helada. —susurró él preocupado.

—Igual que tú. —respondió ella, temiendo que ambos se enfermaran. —¿No te vas a quitar la prótesis?

En ese momento, el ambiente romántico se rompió, ambos se separaron pues, aunque era muy agradable la posición en la que estaban, ciertamente la casa cada vez se ponía más y más fría. En cuanto lo hicieron, Hiccup fue el primero en estornudar y después le siguió Astrid.

—Ush… sería el colmo si nos enfermamos. —gruñó esta molesta, corriendo hacia las gavetas para buscar unos calcetines con que cubrir sus pies.

—Lo sé. —volvió a estornudar Hiccup. —Esta casa está heladísima. —opinó destendiendo y acomodando las sábanas y colcha para abrigarse apropiadamente.

—Por cierto, Hiccup. —se acercó Astrid a él con un calcetín para su pie, mientras que ella ya se había puesto un par.

—¿Sí?

—No hemos avisado que estamos aquí, Stormfly y los demás deben de estar preocupados. —comentó con el mismo sentir.

—Cierto. —consideró él, y antes de quitarse la prótesis, fue en busca de la chaqueta que llevaba puesta y que había quedado tirada en la instancia principal.

De ahí sacó el celular, que, si bien aún tenía batería, tenía la pantalla quebrada por todo el ajetreo de la batalla con las arpías, pero con la bendición de los dioses a los que les rezó, logró hacer una llamada pese al mal tiempo.

—¡HICCCUUP! ¡QUE BUENO QUE HABLAS! —escuchó el grito preocupado de su guía, quien atendió la llamada.

—Ah, sí, lo siento. —se disculpó este, poniendo la llamada en alta voz para que Astrid escuchara. —Esas arpías nos trajeron como locos y terminamos en las afueras de la ciudad y atrapados en la tormenta.

¡¿Astrid está contigo?! —se escuchó la escandalizada voz de Stormfly.

—Sí, aquí estoy. —respondió esta para tranquilizar a su guía. —¿Cómo están Zephyr y Nuffink?

Están dormidos, aquí en la sala, no ha vuelto la luz, pero nos encargamos de iluminar la casa para que no temieran.

Ambos padres suspiraron aliviados.

—¿Y ya no pasó nada extraño? —preguntó Hiccup.

No, amigo, está todo tranquilo, de hecho, Heather habló y me dijo que ibas a verla o algo así.

El hechicero respingó.

—No, se supone que los llevaría a la casa… Toothless… ¿crees que puedas…

Mmm… no creo que sea necesario, al parecer Dagur fue por ella, ya está a salvo en su casa, junto con Fishlegs y su novio.

Astrid se preocupó, con tanta cosa que había pasado ni siquiera había tenido la oportunidad de preguntar sobre lo que había pasado previo al ataque de las arpías.

—Entiendo.

¿Y ustedes donde están? ¿Quieren que vayamos a buscarlos? —preguntó el furia del otro lado del teléfono.

—No, amigo. —respondió Hiccup, al mismo tiempo que Astrid le hacía con la cabeza para que no le dijera en dónde estaban. —Estamos bien

¿Dónde están? —preguntó ahora Alúmini.

Ni Astrid ni Hiccup supieron qué responder.

—eh… no lo sabemos, pero, estamos bien, sólo que no podemos salir porque está lloviendo horrible.

Lo sé, aunque de este lado ya está pasando. —comentó Toothless. —Tal vez cuando amanezca ya no esté lloviendo.

—Eso espero.

—Bueno, cuídense entonces, Astrid, cuídate mucho. —pidió Stormfly.

—Sí, claro… cuida mucho a mis niños. —pidió esta con una leve sonrisa.

Sí, no te preocupes por eso. —se escuchó la voz de Toothless, tan animado como siempre.

—Bueno, entonces los dejamos, si amanece bien, nos veremos mañana. —se despidió Hiccup.

Seguro, no se preocupen y tengan cuidado, que descansen.

Dadas las buenas noches, Hiccup terminó la llamada, sintiendo alivio de que su familia, así como Heather y sus respectivos "novios" estuvieran bien.

—Hiccup… ¿qué pasó con Heather y Fishlegs? —preguntó Astrid, despertándolo de sus pensamientos.

—Ah… bueno, lo que pasó… ¡ACHUUUUU! —estornudó ruidosamente y tan fuerte que su cabeza se sacudió dolorosamente.

—Ay dioses, creo que te vas a enfermar. —dijo Astrid, sintiendo pena.

—Eso creo. —musitó Hiccup sorbiendo sus mucosidades. —¿Tú cómo te sientes?

—Tengo frio, pero creo que aguanto más que tú.

—jaja… que graciosa.

—Es la verdad, los hombres son más escandalosos para las enfermedades.

—Sí, claro lo que tú digas.

—Ay, ya deja de hacer berrinches y mejor vamos a dormir. —lo tomó Astrid de la mano, para conducirlo a la habitación.

—Pero, te iba a decir lo que pasó con Heather y el titiritero.

—Me lo cuentas al amanecer, por hoy creo que ya tuvimos suficientes emociones, vamos a dormir. —ordenó esta, dirigiéndose con él a la cama.

Donde acomodándose primero entre las colchas le hizo un espacio para que el se acostara en su respectivo espacio.

—Entonces, ¿si puedo dormir contigo? —preguntó juguetonamente.

—Ay, ya cállate y acuéstate…— respondió esta, cobijándose hasta el cuello.

—Ok. —musitó este, quitándose la prótesis, para después acostarse a un lado de ella.

Se sentía exhausto, algo aturdido de la cabeza, pero feliz de estar con ella.

—Hiccup…

—¿Sí? —musitó con los ojos cerrados.

—¿Quieres que haga algo de magia para calentar la casa?

—ay, ese tipo de magia hace que me sienta sofocado.

—Lo sé, me pasa lo mismo.

—Mejor acércate a mí. —pidió juguetonamente y esperando alguna clase de respingo.

Pero sorpresivamente, ella accedió, sin decir nada, Astrid recargó su cabeza sobre su hombro, mientras que por debajo de la colcha puso una mano sobre las de él y más al sur, entrelazó sus piernas también, para darle calor.

"Que chica tan rara" — pensó Hiccup sonriendo entre sueños, después de mucho tiempo, sentía que volvía a ser feliz.

Continuará.

Notas de autora: La canción que cantó Astrid, es la falling fast, de Avril Lavigne, también hay una referencia a las canciones de I fall in love with a Devil y Birdie. (se las recomiendo)

Agradecimientos a:

2Sonic1808: espero te haya gustado la conversación, que como se puede ver ya lo resolvieron, ahora la cosa está en cómo lo van a llevar, aun falta reforzar el lazo. Saludos.

Mispy: enterada XD, espero se hayan aclarado más dudas. Saludos.

Jaylis Sama: si Astrid se pasó de cruel, pero tenía motivos. Saludos

Maylu liya: ahí está tu Hiccstrid XD. Es lo único que puedo decir. Saludos.

A los seguidores, favoritos y anónimos nos seguimos leyendo. Hasta la próxima. Saludos.

27 de octubre de 2020