Mi Girasol
-8-
Naruto
.
.
.
Salí de mis pensamientos justo cuando el sacerdote preguntaba si había alguien que se objetara a la boda. ¡Yo quería objetar! Ella era mi bebé, mía; y ese niñito tonto larguirucho y flaco no se quedaría con ella. Incliné mi cuerpo hacia delante por instinto y Hinata anudó sus dedos a los míos, apretando fuertemente, como si ella sintiera lo que mi mente me gritaba que hiciera.
—¿Tengo que agarrarte, viejo? —siseó Eros a mi lado causando la risa de Emme. Bufé ante ambos y tragué el nudo que se formó en mi garganta cuando el sacerdote retomo la ceremonia preguntando a mi nena sus votos.
—Yo, Himawari Uzumaki Hyûga. Te tomo a ti, Mitsuki Õtsutsuki como mi esposo. Para amarte, adorarte, protegerte, en la salud y en la enfermedad, en la tristeza y en las alegrías, en la riqueza y la pobreza...
... Sentí las lágrimas picar en mis ojos pero me resistí a derramar una sola—Por el resto de lo que me queda de vida—. Colocó el anillo en su dedo, sus ojos se veían brillantes y mis esperanzas de que ella se arrepintiera en último minuto se fueron al caño —Te amo, bebé—. Terminó diciendo mi nena y yo volví al nudo que se había formado en mi garganta.
Ella ya no era mi niña, yo lo sabía, se había convertido en una mujer hermosa, elegante, inteligente y astuta, pero aun así dentro de mí ella era mi bebé, Mitsuki repitió los votos y luego el sacerdote dio mi sentencia al declararlos marido y mujer.
Suspiré fuertemente cuando ella se prendió a su cuello besándolo con ternura y pasión, como cuando yo llegaba del trabajo y ella saltaba sobre mí, como cuando le sucedía algo extraordinario y era yo el que debía saberlo el primero.
Mitsuki había sido su primer y único novio, ¿Qué no siempre las mujeres tienen dos o tres antes de elegir el definitivo? Incluso Hinata había tenido una relación antes de conocerme...
Mi esposa siempre intuitiva me arropó con sus brazos y gracias a sus tacones pude esconder mi rostro en su cuello la iglesia estalló en aplausos, pero yo no quería ver a nadie, yo había perdido a mi bebé y debía estar feliz por ella; pero mi lado egoísta solo podía pensar que ya no la encontraría más leyendo en el balcón, que nunca más vería su rostro a la hora de desayunar...
Sentí los brazos de mi esposa soltarme y tratar de alejarse de mí pero no la dejé, la necesitaba ahora más que nunca. Ella intentó zafarse una vez más y, cuando lo logró, sus brazos fueron sustituidos por unos que yo conocía bien, mi hija, mi pequeña niña lloraba con su cabeza pegada en mi hombro; mientras yo hacía lo mismo en el hombro de ella.
No supe cuánto tiempo estuvimos así pero la iglesia quedó sepultada en silencio, suspiré audiblemente ese aroma a bebé que aún sentía en ella a pesar del tiempo y me separé de ella, colocando mis manos en sus mejillas, su rímel corrido me hizo sonreír.
—Tu madre va a matarme, te hice llorar... —Ella negó con la cabeza y yo saqué mi pañuelo, limpiando su rostro.
—Papi, yo...
—Tranquila, estoy bien, —A lo lejos vi a Mitsuki esperando por ella junto con Hinata y la garganta me quemó, pero yo debía decirlo—. Ve con tu esposo. —Me dio un beso en la mejilla y se levantó. Mitsuki se despidió de mi esposa y ella caminó hacia mí.
—¿Estás bien? —asentí.
—Esta es la ley de la vida —fue el turno de Hinata para asentir—. Más le vale que la haga feliz.
—Él lo hará, está profundamente enamorado de ella, mi amor. —Le di un pequeño beso a mi esposa, la iglesia estaba vacía y al parecer ya los novios se habían ido.
Hinata se levantó, extendiendo su mano hacia mi —Emm nos está esperando afuera, tenemos una fiesta a la que asistir—. Le di mi mano y juntos salimos de la iglesia.
—¡Al fin! —exclamó Emme cuando nos vio salir, pensé que íbamos a llegar para cuando Hima tuviese su primer hijo...—. Me tensé.
En el camino, Hinata revolvió los cabellos de nuestro hijo menor, antes de entregarle las llaves para que condujera. Nos subimos en la parte de atrás del coche de mi esposa y Emme cuadró el retrovisor burlándose cuando coloqué mi cabeza sobre los cojines y respiré profundamente.
Mi hijo condujo rápidamente y antes de lo que yo quería ya estábamos en el hotel donde se llevaría a cabo la celebración.
Entre los invitados estaban, los tíos de Mitsuki; un par de amigos de Õtsutsuki, junto con sus hijos. Fûka que agarrada al brazo de Õtsutsuki, conversaba con Sarà y el joven que creo era su pareja ya que la tenía rodeada de la cintura. Ella lucía una linda barriguita de unos cinco o seis meses de embarazo.
Vi a Jiraya conversando con unos amigos cercanos. En una mesa Gaara y su esposa, con sus hijos y Boruto. Había unas cuantas compañeras de mi hija y varios compañeros de mis hijos: estaba Andrea, la compañera de cuarto de Hima en la universidad, una chica rubia de ojos azules que me lanzaba una camada de perros cada vez que me veía. Era coqueta y muy linda.
Al principio, temí que Hinata se molestara, pero ella solo se reía al ver los tontos intentos de la chiquilla por llamar mi atención. Sai, Sasori y Sasuke hablaban en un rincón. Busqué rostro por rostro y, sin embargo, no vi a mi hija.
—¿Dónde está? —le pregunté a Hinata suavemente.
—Mitsuki quería mostrarle algo.
—Sabes papá que debes darles algo de intimidad, ellos ahora son marido y mujer... Sabes lo que hacen los esposos —le di un zapé a Emme, su actitud burlona me estaba fastidiando, sentimental y cursi, yo aún era su jodido padre. Mi hijo dijo algo entre dientes antes de salir disparado para quien sabe dónde sacando de su chaleco su juego de vídeo portátil.
—Necesito consultar algo con Ino, ¿estarás bien? —Asentí y ella me dio un corto beso antes de irse.
Respiré fuertemente y sentí cómo alguien me palmeaba la espalda.
—¿Qué hay de nuevo, viejo?—. Boruto me entregó una copa y la bebí de un trago. —Ella estará bien.
—Lo sé...
—Tiene que estarlo, si Mitsuki sabe lo que le conviene, la hará la mujer más feliz del mundo. No somos policías... Pero sabemos usar una espada —sonrió. Boruto y Eros eran esgrimistas profesionales, pero para Boruto este era uno más de sus hobbies—. Será duro no tenerla en casa.
—¿Y me lo dices a mí? —quité otra copa de uno de los meseros que pasaban.
Mi hijo suspiró, Eros se nos unió con su mirada que se fue directamente a la belleza vestida de azul que estaba charlando con su hermano y cuñada.
—¿Por qué no te decides de una buena vez?
—Ya lo hice —tomó un poco de su copa—. Me dijo que no.
—¿Te rechazó? —Mire a Sarada observarnos disimuladamente su rostro, se volvió rosa y se giró quedando de espalda a nosotros— ¿Qué te dijo?
—Que no quería que su primer novio la hiciera sufrir.
—Haz fama y acuéstate a dormir —dije con tono de burla.
Boruto también rio
—Ohm, gracias por el ánimo
Palmeé su espalda.
—Demuéstrale que está equivocada.
—Hace más de dos meses que estoy solo...El celibato no es lo mío —No me sorprendió que Eros fuera sexualmente activo, de hecho, a los trece años les había hablado de anticonceptivos y les había vuelto a repetir la charla a los dieciséis. Sin gorrito no había fiesta. Era demasiado fácil con los varones—. Hay una chica en la universidad. Le dicen cisne —sonrió ante el apodo—, y detrás de ella hay todo un mundo.
Eso tampoco me sorprendía, mi hijo era realmente atractivo.
—El problema es que yo la quiero a ella. Tío Sasuke ya me dio la charla, tengo su aprobación —volvió a sonreír—. Claro antes me dijo que si la hacía sufrir iba a sacarme el cuero con un cortaúñas y sumergir mi cuerpo en alcohol
—se estremeció—, pero dijo que podía intentarlo, por eso lo hice.
Imagino que Sasuke ya tenía la experiencia para él era más sencillo dejar a su nena con un hombre más si era un hombre al que le había cambiado los pañales en más de una ocasión.
Las puertas se abrieron y pudimos ver entrar a mi nena de la mano de Mitsuki. Su corbatín había sido removido...Negué con la cabeza no queriendo pensar que había sucedido en la media hora que habían pasado fuera.
Durante una hora estuvieron de mesa en mesa saludando a cada invitado, Mitsuki mantenía a Hima sujeta fuertemente de su cintura caminaban como si fueran siameses y yo solo podía seguirlos con la mirada, cada sonrisa, cada beso...
Sarada caminó hacia la pequeña orquesta tomando el micrófono y llamando la atención a todos: —Es hora del primer baile como marido y mujer...
La gente aplaudió.
—Hima trae el trasero italiano de tu marido al centro de la pista de baile, mi hija sonrió feliz antes de tomar la mano de Mitsuki y caminar al centro de la pista, se había quitado el velo y había remplazado sus zapatos altos por unas converse blancas.
Se colocaron en posición y, cuando el vals empezó a escucharse, se movieron fácilmente por el centro de la pista, mirándose uno al otro, no podía negar que el niñato también la amaba, sus ojos brillaban exactamente igual a los de mi niña.
Continuará...
