XLIX – Respuestas

Beta HCG

Entrecerró su mirada temblorosa ante ese pequeño dato, incrédula, sin dejar de sujetar conmocionada sus propios resultados en contraste a los de Gin que se hallaban reposando sobre la mesa. El hombre de negro estaba completamente sano, a pesar de llevar una vida conflictiva y de malas costumbres como el tabaco éste mostraba una salud que podría envidiar hasta las personas más atléticas del país, en cambio ella… No, no podía ser, tenía que mantener la calma, esos resultados era de una mujer en estado de embarazo y eso era imposible… sólo yació con un hombre y aquella noche él mismo le obligó a tomar precauciones que nunca antes habían fallado.

Miró el reloj, intentando que su respiración y sus pulsaciones siguieran el ritmo de los segundos que pasaban lentamente, como decía, era imposible. Dejó suavemente el papel sobre el de Gin para girarse hacía el aparato donde se hallaban ambas muestras de sangre, agradeciendo que Soju se hubiese marchado una hora antes por mandato de un superior enviado por Gin, la intuición del alto cargo ya imaginaba que su distracción a la sala de los ratones no habría sido suficiente, como siempre iba dos pasos por delante de ella.

Una muestra de apotixina líquida y una gota de su propia sangre mostrarían que pasaba dentro de su cuerpo, pasando el brazo por la frente para secar su sudor permitía que ambos líquidos hiciera su unión bajo la luz tenue del microscopio… resonando poco después, como respuesta, un leve gemido de sorpresa, abriendo bien su fría mirada para contemplar como sus propias células atacaban a la apotixina nada más el primer contacto.

No, no podía ser…

¿Seguro que estaba embarazada?

El fuerte estruendo de la silla apartada al levantarse súbitamente rompió el silencio, seguido por el sonido de los tacones y de como uno de los cajones metálicos se abría de un solo golpe, donde la joven desesperada buscaba una muestra del maldito anticonceptivo que Gin le obligaba a tomar.

¿Qué falló esa noche?

Un nuevo abrazo se producía bajo la brillante lente de cristal, como el Ying y el Yang ambas muestras luchaban, saliendo como vencedora en pocos segundos su propia creación ante el extraño invasor. Tragó saliva a la vez que se respaldaba en el asiento, tapándose ambos ojos con el brazo, asimilando toda aquella nueva información. Tenía que mantener la calma pero aquello era la gota que colmaba el vaso y cual dique destruido todo empezó a salir en pequeños flashbacks; el miedo de que los niños salieran de alguna manera heridos, la presión de la Organización junto con la de Gin, ambas drogas, las horas extras, Vermouth, pero sobretodo la sensación de no volver a ver a Kudo…

Un leve pitido emergía en su oído derecho, como el de aquella vez, en los brazos del joven detective donde luego se despertó en un lugar completamente desconocido. La mirada de Jodie juntos con sus lágrimas de alivio hizo predecir que lo que le esperaba no era nada bueno; había perdido un mes de su vida postrada en una maldita cama bajo la mirada de todos… ¿Entonces todo ocurrió porqué estaba embarazada?

Siempre pensó que fue a causa de estar aún herida por la misión de Gin, entonces todas aquellas miradas del FBI lo tenían que saber… obviamente después de perder el conocimiento alguna ambulancia la llevaría al hospital más cercano, haciéndole la misma prueba que ahora ella tenía sobre su mesa. Que nadie le dijera nada se lo esperaba pero del joven detective no, ¿después de tanto tiempo juntos no tenía la suficiente confianza para decírselo a la cara? Sentía como una dolorosa grieta dañaba su confianza hacia al detective.

–Maldita sea…

Quedaba poco tiempo para que Gin llegase y tenía que destruirlo todo, no había tiempo que perder, decidida cogió ambos papeles para destruirlos en la trituradora para luego lanzar una cerilla encendida entre los restos, no era su estilo pero el hombre de negro lo agradecería. Sentía como el pitido cesaba en cuanto menos pensaba en el tema y lo agradecía, solo faltaría perder más tiempo postrada nuevamente en una cama…

Con solo pulsar una tecla era suficiente para que el programa informático se ejecutara y eliminara sin rastro todo aquel estudio, era lo bueno de la Organización, mantener los secretos bajo la sombra de la manera más rápida y directa. La muestra de sangre de Gin se deslizaba por la tubería del lavamanos, junto con el agua que lo acompañaba hasta la profundidad de la tierra, solo quedaba la suya… no podía quitarse la imagen de como su sangre mantenía a raya a la apotixina.

Tenía que ocultarlo... pero,

¿Y si había encontrado la cura?

Según sus cálculos estaba embarazada de tres meses por eso la razón de aquellas malditas nauseas que la acompañaban… el feto estaba formado y empezaría a crecer… iba a ser una cuenta atrás para crear un antídoto a partir de sus células sin que nadie se enterase de su estado, pero sin ayuda extra sería una odisea. Sin darse cuenta colocó una de sus manos sobre su vientre, sintiendo una sensación que jamás pensaría que volvería a sentir, mientras con su otra mano contemplaba el pequeño bote de cristal.

Sabía que Gin se encontraría ahora en el ascensor, era el momento de decidir… sin ningún tipo de contemplación guardó esa pequeña luz de esperanza tras su sujetador.

–Adelante.

Era un mero formalismo ya que el pitido exterior indicaba que la puerta se iba a abrir ipso facto gracias al reconocimiento dactilar del alto cargo. Sin aún girarse ante la nueva visita cerraba el grifo para cesar así el sonido del agua, aunque en verdad lo que buscaba era cualquier excusa para alargar el momento… no se veía capaz de mirarle a la cara sabiendo que estaba embarazada de él.

–Espero que esté todo eliminado.

–Puedes comprobarlo tú mismo, Gin.

Éste se mofó sin soltar el cigarro de sus labios, girándose para comenzar la purga de cualquier indicio de su confianza ante ella. Ella sonrió sentándose sobre la mesa para por fin mirar el perfil del hombre que amaba, parpadeó, por una vez sentía que tenía que proteger algo más que su propia vida.

–Toma –lanzaba hacia a Gin el pequeño bote de cristal vacío que contuvo hace minutos la sangre de éste –. Solo queda esto por eliminar, pensaba dejarte el honor.

–¿Te ha servido para algo? –lo guardaba en un bolsillo interno de su gabardina, luego en un lugar seguro lo destruiría de un solo pisotón –, por lo que veo no has dejado nada.

–No he dejado nada porque no había nada –finalmente el hombre se hallaba enfrente de ella, una de sus manos enguantadas se colocaba sobre el cuello de ella –. Vaya, ¿crees que miento?

–Tu corazón late como el de un conejo acorralado.

–Más bien un conejo agotado –apartó de mala gana la mano de Gin –, he corrido todo lo que he podido para eliminarlo todo –ladeó el rostro para mirar mejor el reloj –, además Bourbon llegará aquí dentro de nada y no me gustaría que se repitiera lo del otro día.

–¿De verdad que no has visto nada útil?

Sujetó esta vez con más cuidado la barbilla de la joven, con el índice y el pulgar, alzando así levemente su rostro para que ambos volvieran a tener contacto visual.

–Yo también lamento que sea así, Gin.

–Estás sudando.

–Se me habrá subido la fiebre –agradeció que se acercara más a ella, facilitando que ésta apoyara la frente sobre la gabardina, sintiendo el frío de la calle tras la oscura tela.

–Juraría que me dijiste que no estabas enferma.

–Mira, en eso sí te mentí.

–Qué idiota.

Ambos sonrieron, cada uno a su manera, contemplándose mientras Gin bajaba su rostro, dándose como finalizado un beso que compartía el mismo sentimiento.