Capítulo anterior.
—Hiccup…
—¿Sí? —musitó con los ojos cerrados.
—¿Quieres que haga algo de magia para calentar la casa?
—ay, ese tipo de magia hace que me sienta sofocado.
—Lo sé, me pasa lo mismo.
—Mejor acércate a mí. —pidió juguetonamente y esperando alguna clase de respingo.
Pero sorpresivamente, ella accedió, sin decir nada, Astrid recargó su cabeza sobre su hombro, mientras que por debajo de la colcha puso una mano sobre las de él y más al sur, entrelazó sus piernas también, para darle calor.
"Que chica tan rara" — pensó Hiccup sonriendo entre sueños, después de mucho tiempo, sentía que volvía a ser feliz.
Capítulo 46.
Conversación en un día de lluvia y reencuentros
La noche de tormenta había pasado, dejando sólo rezagos de una leve brisa que seguía cayendo a lo largo de todo el campo y por encima de la solitaria casita que se encontraba entre en un mar de hierba alta, dentro de esta, específicamente en la única habitación que había, un par de hechiceros dormía plácidamente, cada uno por su lado.
A ciertas horas de la noche, cada uno entre sueños había cambiado de posición, Hiccup engarruñado en la orilla, acaparando parte de la cobija, y Astrid volteando hacia el lado de la pared y sacando una de sus piernas de entre las cobijas cuando sintió una sensación de calor y frio que equilibró solo dejando una pierna dentro de la cobija; sin embargo, cuando su pierna expuesta resintió nuevamente el frio fue que despertó dando una serie de parpadeos.
Somnolienta, lo primero que miró fue a la pared de madera que conformaba la casa, no la reconoció en un primer instante por lo que se giró hacia su frente para ver hacia el techo que también desconoció por unos breves segundos, hasta que rememoró todo lo sucedido el día anterior y que la hizo finalmente girarse hacia aquel que la acompañaba en la cama y que estaba hecho un ovillo, dándole la espalda.
—idiota. —pensó con una leve sonrisa, al ver cómo poco a poco le estaba quitando toda la cobija.
Miró después hacia la ventana, la cual mostraba que era ya de día, aunque claro, aún nublado y lluvioso por la leve brisa que alcanzaba a ver que aún caía.
El día estaba como para quedarse en cama todo el día, pero, como siempre, había algunas cosas que no permitían que eso fuera así; así que comenzó a levantarse con cuidado para evitar despertar a su compañero o mejor dicho a su ahora novio.
Lentamente se quitó lo que le quedaba de cobija y arrastrándose lentamente a lo largo de la cama, salió de lado contrario de la cabecera. Hiccup ni siquiera se inmutó con los movimientos y siguió durmiendo, para alivio de Astrid que, después de hacer unos estiramientos, se fue de puntitas hacia donde estaba el sanitario.
Una vez que hizo lo propio que demandaba el cuerpo, pudo darse cuenta de que la casa necesitaba un poco de mantenimiento pues la cañería había hecho un ruido espantoso al usar el inodoro y el lavamanos casi le había escupido el agua cuando abrió la llave, dejando salir primero un chorro de agua sucia que después se volvió clara y más tranquila conforme fluía.
—Ay, está heladísima. —se quejó al sentir el agua en sus manos.
Se giró hacia donde estaba la regadera y descartó por completo el darse un baño, a menos de que hiciera funcionar un pequeño calentador que había recordado estaba por fuera de la casa, aunque dudó que a esas alturas hubiera gas con que echarla a andar, por lo que tuvo que conformarse por lo pronto con el agua fría.
Lavó su rostro con cuidado y luego pasó sus húmedas manos a lo largo de su cuello, al hacerlo, una sensación de frio le recorrió el cuerpo, pero no debido al agua sino a los recuerdos de la noche pasada que parecieron proyectarse frente a ella en el espejo.
—Ay, Astrid… en qué piensas. —se sacudió sonrojada.
Pese a querer olvidar el encuentro sexual que había tenido con Hiccup, era difícil pues parte de su cuerpo lo seguía sintiendo como si todo aquello hubiera sucedido minutos atrás.
—Supongo que es algo a lo que me debo acostumbrar.
Se dijo así misma en el espejo, considerando que, si las cosas llegaban a funcionar con su ahora novio, algún día tendrían que repetir lo que había sucedido. Además de que no descartaba que a partir de ahora hubiera más muestras de cariño entre ellos, algo muy extraño que aún se le hacía increíble de pensar, por el simple echo de que ella era un tanto huraña, a excepción con sus hijos, su guía y por lo que había pasado ahora con Hiccup.
—Tú puedes Astrid, es algo normal, algo natural. — se echó porras frente al espejo y con un actitud más positiva salió del sanitario.
Entró de nuevo a la habitación y le sorprendió ver que Hiccup seguía durmiendo, había pensado que con todo el ruido que había hecho la cañería del baño, él habría despertado, pero por lo que vio este tenía el sueño más profundo que una roca.
—¿Realmente sigue dormido?
Se acercó de puntitas hacia donde estaba, pensando que tal vez no estaba durmiendo, sino que se encontraba convaleciendo puesto que la noche anterior él había presentado signos de que se resfriaría.
—Hiccup… —susurró, poniéndose de cuclillas frente a él.
Pero él seguía durmiendo profundamente.
Astrid se preocupó, necesitaba revisar si no tenía fiebre o algo por el estilo por lo que intentó aclimatar sus manos con su aliento para poder tomarle la temperatura. Cuando tibió sus manos lo suficiente, llevó una de ellas a la mejilla de él y en cuanto lo tocó, Hiccup despertó de golpe.
—¡Ay, estás helada! —se quejó apartándose sorpresivamente de ella.
—Lo siento, pero como no despertabas pensé que habías enfermado.
Hiccup se sacudió para quitarse lo somnoliento y cuando su ser volvió a la realidad vio que la mujer que amaba se encontraba de cuclillas frente a él, con una expresión muy preocupada.
—Ah… no. —se levantó perezosamente para darle espacio. —bueno, no me siento enfermo.
Se tocó así mismo las mejillas, sintiendo su temperatura normal.
—Pero tú estás heladísima. ¿Te encuentras bien?
—Sí, es que me lavé las manos con agua fría. No hay agua caliente en la casa.
—Ah, ya veo… ¿qué hora es?
—Ni idea.
Hiccup entonces tomó su celular, pero a este ya se le había terminado la batería, pero estaba mas que claro que ya era de día, por lo que se levantó de la cama, muy a su pesar.
—¿Cómo está allá afuera? ¿Será que ya podemos salir?
Se puso rápidamente la prótesis y se dirigió a la ventana, viendo que aun había lluvia ligera y que por lo visto hacia frio pues se podía apreciar en ciertos espacios que había caído agua nieve.
—Creo que no o al menos no sin un plan, no tenemos cómo regresar a casa.
—Cierto. —reconsideró Hiccup, recordando que el auto había quedado deshecho. —Pero, bueno, ya pensaremos en algo. —le besó la mejilla a su novia y antes de que esta pudiera reaccionar o decirle algo, se dirigió rápidamente al sanitario.
Mientras que, por parte de Astrid, primeramente, había sufrido un ligero shock con ese pequeño beso, y luego cuando fue capaz de reaccionar sonrió apenada y enrojecida, diciéndose así misma otra vez que tenía que acostumbrarse a todo eso.
Viendo que por el momento no había de otra más que esperar, se sentó en la cama, recargada hasta la pared y una vez que Hiccup salió del sanitario, quejándose también del agua, la acompañó, sentándose a un lado de ella.
—Intento recordar cuándo fue la última vez que vinimos a este lugar, pero nada…—comentó él, para hacer plática.
—Lo mismo, pero por lo visto llevábamos un buen tiempo sin venir.
—Mmm… no sé, digo, por ejemplo, estaba esta ropa. —se miró la que llevaba puesta. —Es ligera, y en tu cajón sólo había prendas como para el verano, tal vez pasamos unas vacaciones aquí y no lo recordamos.
—Sí, supongo, como no recordábamos a esas personas que nos ayudaron. ¿verdad?
—¿El Sr. Augusto y la Sra. Phelma? sí, a pesar de haberlos recordado la noche anterior, no sé, siento que, si los volviera a ver, sería como si fuera la primera vez, es decir, como si no los conociera realmente.
—Lo sé, siento lo mismo. —comentó Astrid en un suspiró, recargándose en el hombro de Hiccup.
—¿Qué? ¿Qué tienes? —preguntó al verla inquieta.
—Ush… nada, pero si te molesta. —se retiró al pensar que lo había incomodado.
—No, no…—la abrazó él por los hombros para acercarla nuevamente a él. —Te cuesta trabajo ¿verdad?
Astrid jugó con sus dedos de manera nerviosa.
—Es que… —se sonrojó. —No estoy muy acostumbrada a ser cariñosa ¿sabes? —dijo entre gruñidos.
—Descuida, vas a ver que esas cosas sólo se dan, sólo no lo pienses demasiado.
—¡ja! Lo dice el experto. —rodó los ojos, recordando que él ya tenía más experiencia que ella en esas cosas.
—Ay, Astrid… ¿lo dices por…
—Ni la menciones.
—Ya te dije que yo ya no siento nada por ella.
—Sí, sí, lo sé. —gruñó Astrid, desviando su mirada hacia otro lado para ocultar su molestia.
Sin embargo, esa posición no hizo más que hacer que a Hiccup le dieran ganas de llenarla de besos por todo el perfil de su rostro, algo que provocó cosquillas en Astrid y luego un enrojecimiento severo cuando ambos nuevamente terminaron acostados en la cama, él encima de ella.
Definitivamente era claro que él tenía experiencia, pensó Astrid mientras trataba de tomarle ritmo a los besos que él le daba que, aunque eran lentos, los sentía demasiado apasionados a diferencia al que ella le había dado el día anterior, luego, cuando él pasó a besar su cuello, a pesar de que le gustaba y de que su ser quería acostumbrarse a todo eso, una parte de ella estaba inquieta, y no supo por qué, hasta que una visión de una habitación iluminada sólo con velas llegó a su mente. En esta, ella se encontraba sola, acostada en una cama sólo cubierta con una manta, cuando de repente, alguien aparecía frente a ella, un desconocido cubierto con la máscara de un dragón del oriente del mundo oculto, que sólo se posicionó encima de ella para…
—¡Espera!
De un empujón se apartó de Hiccup y le dio la espalda.
—A-Astrid, lo siento. —se disculpó este, pensando que se había sobrepasado.
—¡No fuiste el primero! —exclamó ella de repente, como si estuviera confesando un crimen.
Hiccup, al inicio no comprendió a lo que se refería, hasta que luego reconsideró lo que significaban esas palabras.
—Lo sé. —susurró con amabilidad, haciendo que Astrid se girara hacia él con una mueca de confusión.
—¿Lo sabes?
—Sí, Stormfly me lo contó.
—Oh… —musitó Astrid, sentándose nuevamente en la cama. —Y… ¿te importa?
Hiccup negó con su cabeza.
—Por supuesto que no, eso de que una mujer deba guardarse por la pureza y esas cosas, se me hace una tontería, esas cosas ya son del siglo pasado, si ella lo quiere hacer es libre de hacerlo… sólo que…
—¿Qué?
—Sí hay una cosa que… no sé, cómo decirlo, es decir, que sí me enoja o me disgusta.
Astrid tragó saliva.
—¿Lo cual es…? — lo incitó a seguir.
—Que tuviste que hacerlo por desesperación, no por amor o si quiera diversión o curiosidad.
—Oh.
—Pero no lo digo porque tú estés mal, al contrario, me enoja pensar que tu familia y sus estúpidas reglas te llevaron a ese extremo. No sé, tuviste que estar muy desesperada ¿verdad?
—Sí. —admitió Astrid, encogiéndose de hombros. —Sentí que ya no había más salida que esa.
—Comprendo, pero… ¿estás consciente de que pudiste haber arriesgado tu vida? Es decir, si tu prometido se enteraba… dudo que solo te hubiera dejado ir y romper el pacto, por lo que me dijo Stormfly, de lo que le pasó a tu familia, me imagino que ese tipo te hubiera matado.
—Bueno, hubiera preferido eso a vivir con ese imbécil.
Hiccup sintió tristeza al escuchar eso, veía que Astrid de una forma u otra no hubiera tenido oportunidad de vivir feliz en el mundo oculto.
—Y… ¿No te dio miedo?
Astrid se sobresaltó con la pregunta, sabía a lo que Hiccup se refería por lo que asintió levemente.
—Traté de no darle importancia, y sólo enfocarme en mi objetivo que era deshacerme del compromiso, ya sabes… ver las cosas fríamente, pero… cuando esa anciana me dijo que entrara en esa habitación, con sólo una manta cubriéndome, yo… empecé a temblar como no te imaginas y cuando ese tipo desconocido llegó y luego… —cerró los ojos.
—No tienes por qué contarme si no quieres. —la abrazó Hiccup para confortarla. —Es mejor dejar eso en el pasado.
Astrid ya no dijo nada, más que nada porque no quería incomodar a Hiccup con sus equivocaciones, pero los recuerdos de cómo ese hombre sólo la había hecho suya de golpe y el posterior desgarro que sufrió y las consecuentes atenciones que tuvo que darle la anciana para calmar la hemorragia, así como los anticonceptivos que le dio eran cosas que le hubiera gustado que se borraran de su memoria.
—Astrid, a mí no me importa si estuviste con alguien más, lo que me importa es que tú estés bien.
—Estoy bien. —sonrió ella al escucharlo, y se volvió hacia él. —Porque ahora te tengo a ti.
Y ahora fue el turno de ella, para darle un pequeño beso.
—Creo que me puedo acostumbrar a esto. —dijo burlonamente, mientras acariciaba su mejilla.
—Creí que esa era mi frase. —dijo él, riendo.
—Ya no más, tonto. —se recostó Astrid en su hombro. —Mejor hablemos de algo más agradable ¿Sí?... ¡oh, sí! ¡cierto! ¡El titiritero! —recordó sobresaltándose.
—¿Eso es algo agradable? —replicó Hiccup con sarcasmo.
—No, pero me ibas a contar lo que sucedió ayer.
—Cierto.
Ya estando más calmados, Hiccup le contó con detalles lo que había pasado, desde la alarma que le dio el escudo de la casa, hasta la llamada de Heather, el cómo encontró la casa, a Spinel, a Heather y a Fishlegs y el respectivo combate que tuvo con él.
—¿Sabes? Lo más extraño es que ahora ni siquiera pude ver los hilos que controlaban a Fishlegs, y para serte sincero, ni siquiera estoy seguro de que los tuviera.
Mientras Hiccup narraba, Astrid procesaba detenidamente toda la información y sintió una especie de punzada en el pecho al escuchar eso de que no se habían visto hilos en la manipulación del titiritero.
Se asustó.
—¿Sin hilos dijiste?
Una sensación de escalofríos le recorrió el cuerpo, tan estremecedoramente que incluso Hiccup fue capaz de sentirlo e incluso verlo.
—Sí, ¿por qué? ¿qué pasa?
Pero Astrid no respondió, sólo tragó saliva y miró con temor a Hiccup, este al ver su expresión, comenzó a temer pues, procesando también sus propias palabras, llegó a la misma conclusión que ella, pero aún así negó con su cabeza esa posibilidad.
—No… no puede ser.
—Yo creo que sí, Hiccup. —contradijo Astrid. —Es… magia Vudú.
Hiccup exhaló asustado, pues esa magia era aún más perversa que la manipulación por hilos y lo peor es que sí se podía llegar a controlar a un hechicero por medio de esa magia, si se conseguían ciertos requerimientos.
—Ay, dioses… ¿cómo no lo pensé?
—Yo tampoco me lo esperaba, pero por el tipo de hechicero con el que estamos lidiando lo más seguro es que sea eso.
—Si ese es el caso… ¡tenemos que encontrar a ese sujeto, Astrid! Y acabar con él antes de que intente hacer lo mismo con otras personas, a Fishlegs afortunadamente lo liberó de la magia, pero si se lo propone y lo intenta de nuevo… entonces puede…
—¡Lo sé, lo sé! ¡Calma! Creo que hay que calmarnos para poder pensar con claridad, primero, ¿cómo manipuló a Fishlegs? Siendo él un ser humano ordinario. Segundo, debemos cuidarnos más y a los nuestros, no hay que bajar la guardia para que ese tipo no consiga manipularnos con ese tipo magia. ¿Recuerdas cuáles son los cuatro elementos que necesita para poder manipular a un hechicero?
—¿Aparte del horripilante muñeco de trapo? Es la fotografía de quien se quiera manipular, creo que eso es inevitable en este mundo, pero no es algo tan delicado, lo segundo es…
—Cabello. —siguió Astrid. —Así que ni te atrevas a cortártelo, ni siquiera la barba. —le señaló Astrid la poca que ya se le asomaba por debajo del mentón.
—¿No te molesta? —preguntó Hiccup con inocencia.
Astrid sonrió.
—De hecho, pienso que te verías muy bien con barba. — le dijo, tratando de recordar que alguna vez se la había visto muy espesa, recién despertaron del hechizo; sin embargo, se sacudió para seguir concentrada en el tema.
—Bueno, pero para que funcione el muñeco vudú el cabello debe ser un mechón considerable, dudo que unos vellitos hagan algo, pero ¡sí! igual hay que cuidarnos. —continuó él rascando todo su cabello.
—Lo que hay que cuidar es que no consiga lo más importante. —opinó Astrid con seriedad.
—Lo sé, el egni… —reveló Hiccup, emanando un poco de este entre sus manos. —para extraerlo en su estado más puro al menos debe de tener una jeringa y una aguja especial del mundo oculto, así como una capsula de egni para poder retenerlo y pasarlo al muñeco.
—Que no dudo que ese individuo tenga, pero como dices, si no obtiene ese poder, lo demás es basura.
—Ay dioses, igual siento que todo se complica. —pensó él en voz alta. —Porque también está Vi…—se cubrió rápidamente la boca.
—¿Qué? ¿Qué ibas a decir?
Hiccup, tragó saliva al ver que había hablado de más y para colmo Astrid se había dado cuenta y ahora lo veía de una forma muy acusadora con su característico e irritable ceño fruncido que no dejaría de acosarlo hasta que le dijera lo que ocultaba.
Suspiró rendido, no le quedaba de otra más que decir la verdad, además de que quería ser 100% sincero en su nueva relación.
—¡Ya, dime! ¿Qué es lo que escondes!
—¡Sí, ya voy! —se exaltó. — Sólo… No te vayas a enojar, por favor. —pidió con una sonrisita nerviosa.
—¡¿Por qué?!... ¿Qué pasa? —cuestionó Astrid, comenzando a irritarse.
—Es… Viggo.
—¿Viggo? —frunció el entrecejo. —¿Cuál Viggo?
Hiccup rio con nerviosismo.
—Viggo Grimborn… ¿lo recuerdas? ¿el del mundo oculto?
—El tipo que era tu amigo, que tenía una barba extraña y hablaba medio raro.
—Sí, ese mismo —asintió Hiccup nervioso.
—¿Qué hay con él?
—Está aquí. —explicó con simplicidad.
—¡¿Puedes ser más claro?! —exigió Astrid, comenzando a desesperarse con tan poca información.
—¡ay, está bien, te lo explicaré!... gruñona —balbuceó Hiccup entre dientes.
Sin más rodeos, le contó a Astrid que había visto a Grimborn el día de la familia en el parque de diversiones, le contó sobre el enfrentamiento que tuvieron, sus amenazas y que por obvias razones lo hacían ahora su enemigo. Astrid durante todo el relato, no hacía más que sobar su fruncido entrecejo pues no creía que Hiccup le hubiera ocultado algo tan delicado como el hecho de que había un hechicero experimentado en el mismo mundo que ellos, aparte de que se trataba de alguien conocido por él.
—Perdóname, Astrid, pero es que pienso que soy yo quien debe ajustar cuentas con él, no tú. Por eso no te mencioné nada al respecto hasta ahora.
—Pero, déjame entender algo, Hiccup… Viggo Grimborn…. ¿él es el titiritero?
—No sabría decirte, ya que según recuerdo Viggo es un mago del tipo captor, su magia consiste en crear trampas de egni que no son fáciles de derribar, puede expandirlas para envolver todo lo que te rodea o hacerlas más chicas para destrozarte con la energía que emana, bueno, aunque creo que Sky es un tipo de arma que puede repeler ese tipo de magia.
Astrid se mordió los labios.
—Lo que significa que no iría por mi primero, sino por ti. ¿verdad?
—Eso pienso.
La hechicera resopló molesta.
—Sigo sin comprender porque no me dijiste esto antes.
—No quería involucrarte. —se lamentó Hiccup. —Además que… —resopló y apretó los puños.
—Te duele… ¿verdad? —intuyó Astrid al verlo afligido. —Porque era tu amigo ¿no?
Hiccup asintió, pese a todo, le dolía que un amigo cercano a él se hubiera vuelto en su contra, casi de la noche a la mañana (para él), pero…
—Pero, cualquiera que amenace a mi familia ya no puede ser mi amigo. —expuso en voz alta.
Pese a estar enojada, Astrid no pudo evitar sonreír ligeramente al escuchar esas palabras, de una forma extraña se sintió protegida, era un efecto que Hiccup lograba conseguir en ella, puesto que siempre pensaba que no necesitaba a nadie para cuidarse, a excepción de él.
Le agradeció mentalmente que cuidara de ella y de sus hijos, lo que se suponía debía hacer realmente una familia, no como las que les habían tocado a ambos en donde si no eran padres desentendidos eran unos que se aprovechaban de los dones de ellos.
—Tranquilo, ven aquí…
Dejando el enojo por un lado, y compadeciéndose más de la situación, lo invitó a recostarse nuevamente en la cama junto con ella para que se relajara, un detalle que ayudó puesto que el rostro preocupado de Hiccup, cambió a uno más tranquilo cuando ambos quedaron frente a frente.
—oye… ¿y si hay otro más? Es decir, ¿un hechicero aparte de Viggo que sea el titiritero que lo esté controlando? ¿No te has puesto a pensar en eso? —preguntó Astrid, acariciando su mejilla.
Hiccup se sobresaltó.
—No, no lo había pensado —admitió, reconsiderándolo. —Aunque… ¡Es que es Viggo! Se me hace imposible creer que un hechicero de su calibre haya caído ante la magia de un titiritero.
—Pero míranos a nosotros. Aunque no conseguimos honores en la academia, también nos consideraban y nos considerábamos hechiceros de alto estatus, pero caímos fácilmente bajó el hechizo de una maldita bruja.
—La que supongo también está detrás de todo esto, tienes razón… ¡Ush! La verdad ya ni sé qué pensar.
—Creo que no debemos sacar conjeturas precipitadas, al contrario, debemos hacerlo a tu modo, me refiero a analizar primero la situación.
—¡Vaya! Veo que te estás volviendo una Haddock. —dijo Hiccup entre risitas.
Astrid frunció el entrecejo con molestia.
—Y a ti se te está saliendo lo Hofferson.
—¡Ay, ya! No discutamos por eso del apellido, que no valen nada en este mundo, sabes que si pudiera cambiármelo lo haría.
—Sí, lo sé, igual yo. —le sonrió ella de vuelta.
—Por cierto…
—¿Sí?
—¿No tienes hambre?
En cuanto Hiccup preguntó eso, las entrañas de Astrid se removieron gruñonamente que incluso le dolieron.
—ahí tienes tu respuesta. —respondió avergonzada.
—Si quieres puedo ir a las haciendas, ver si alguien nos puede ayudar.
—Te acompaño, entonces.
—Pero sigue lloviendo, no te preocupes.
—¡ahhh! Pero ¡que quiero ir! —regañó esta.
Hiccup rodó los ojos.
—Ush… que irritable eres.
—¡Ja! Mira quién lo dice…
—Bueno, entonces preparémonos, porque si no, nos quedaremos otra noche aquí… aunque, eso no me molestaría en absoluto. —dijo viendo a su compañera de abajo hacia arriba.
Astrid se apartó de él, rodando los ojos.
—Sí, sí… no te creas, la verdad es que quisiera volver hoy a casa, ya quiero ver a los niños.
—Yo también, deben de estar muy preocupados y ni se diga nuestros guías.
—Pues no se diga más, Mi lady, salgamos de este lugar.
—De acuerdo.
Apenas ambos se disponían a levantarse de la cama, cuando el ruido del motor de un vehículo se escuchó por fuera de la casa.
—¿Escuchaste eso? —se preguntaron ambos al mismo tiempo y rápidamente se removieron para levantarse de la cama.
Ambos tomaron las prendas que llevaban puestas el día anterior, pero aun se encontraban húmedas al igual que su calzado; Astrid recordó entonces que podía usar el práctico conjuro que usaba para limpiar la casa y lavar la ropa, pero cuando apenas pensó y recordó que podía hacer eso, alguien por fuera de la casa tocó la puerta.
—¡Hay alguien ahí!
—Demonios… ten, cúbrete con esto. —la envolvió Hiccup en la colcha, antes de levantarse a atender la puerta.
No queriendo quedarse con la curiosidad sobre quien llamaba a la puerta, Astrid, envuelta en la cobija, siguió a Hiccup y se quedó detrás de él, asomando sólo su cabeza por un costado cuando este abrió la puerta. El golpe de aire frio lo resintieron en sus rostros y cuerpos, pero lo que los dejó completamente congelados fue ver que el que llamaba a la puerta era aquel hombre que en el pasado los había ayudado: August. Aunque, estaba claro que los años no habían pasado en balde y se reflejaban en el hombre, cuyo cabello antes medio canoso ahora era completamente blanco y las arrugas de su rostro estaban más marcadas a como los hechiceros habían recordado.
—Hiccup… Astrid. —susurró el recién llegado sorprendido. —¡Han vuelto!
Y con alegría, los estrujó a ambos en un caluroso abrazo.
Ambos hechiceros se sintieron extraños con su muestra de afecto, pero conociendo sus antecedentes, actuaron como si realmente lo conocieran, y así era, pero a la vez no.
—¡pero! ¿qué hacen aquí? —preguntó el hombre emocionado. —¿Por qué no avisaron que vendrían?
—Ah… eh…
—¡Es que no lo pensamos! —respondió Astrid, al ver a Hiccup dudando. —En realidad, tuvimos un accidente en la carretera, cerca de aquí.
La palabra accidente bastó para que August se asustara y reparó rápidamente en las fachas en la que sus "muchachos" estaban.
—Sí, y como estábamos cerca de aquí, nos vinimos caminando, pero no alcanzamos a llegar a la hacienda grande, por eso nos quedamos en esta casa. —le siguió Hiccup con la mentira.
—Oh, dios mío. Entonces no perdamos el tiempo… ¡vengan de inmediato a la casa grande! A Phelma le dará un infarto cuando los vea.
—Eh… sí, gracias sr. August. —agradeció tímidamente Hiccup
—Sr. August… ¿de nuevo con la formalidad, hijo?
Hiccup tragó saliva, hasta donde vio en sus recuerdos él siempre lo había llamado Señor.
—Eh… lo siento, August. —corrigió, queriendo sonar más informal.
—Bueno, deben de estar cansados. Astrid, hija… te debes de estar congelando ¿verdad?
—Sí, así es, señor. —respondió esta temblorosa.
—¿Tú también me llamas señor? —preguntó extrañado.
Astrid tragó saliva.
—Ay, dioses… lo siento, August… es que… ha pasado tiempo. —se excusó nerviosa, esperando no errar.
—Claro, no te preocupes… mejor acompáñenme, los llevaré a la casa grande. —indicó, señalando una gran camioneta que era conducida por un chófer.
Astrid y Hiccup se miraron entre sí nerviosos, sin embargo, tal como aquella vez en su primer día en ese mundo, se dejaron ayudar por el hacendado.
Durante el pequeño trayecto por el sendero que llevaba a la hacienda grande, se dieron por enterados que llevaban dos años sin visitarlos, esto debido a un comentario que salió del hombre, cuando les mencionó algo de unas vacaciones de verano junto con los niños.
—¿Y cómo está Nuffink? Supongo que ya debe estar más grande, ni se diga Zephyr ¿En qué grado está?
—Sí, Nuffink ya está más grande, va en primero de prescolar y Zephyr está en segundo. —respondió Astrid con timidez.
—Ya veo, yo esperaba verlos el año pasado, cuando Hiccup me llamo, diciendo que se regresarían a vivir aquí, pero Phelma y yo nos quedamos esperándolos y nada…
Tanto Hiccup como Astrid se miraron confundidos con aquel comentario.
—Por cierto, ¿y el nuevo bebé? ¿Qué fue? ¿niña o niño? ¿Cómo se llama?
—Ay dioses, no puede ser… —susurró Astrid, sintiéndose mareada de sólo recordar a su bebé y de imaginarse lo que pasó en el pasado.
—¡Astrid! —exclamaron tanto Hiccup como August, que iba del lado del copiloto, al verla decaer.
Hiccup la abrazó sintiendo su pesar y también atando unos cabos con lo que alguna vez le había contado la Dra. Atali, lo cual también le confirmaba algo que hasta el momento él sólo había sospechado y eso era que la Astrid hechizada si le había dicho a su yo hechizado que tendrían otro hijo.
—Hiccup… ¿Qué pasa? —llamó August al ver a ambos afligidos.
Pero Hiccup sólo negó con la cabeza.
Bastó sólo ese movimiento para que el hacendado entendiera lo que había sucedido por lo que ya no dijo más, hasta que llegaron a la casa grande.
Al llegar, lejos de tener un feliz reencuentro con quienes los habían acogido, lo primero que hicieron fue llevar a Astrid hasta una de las habitaciones para que se recostara.
Una Phelma más canosa a como la recordaban, los ayudó un poco con la instalación y tal como aquella vez en el pasado también les dio algo de ropa y calzado para que se cambiaran, luego, dejó a quienes creía que eran un matrimonio a solas para que descansaran un poco.
—¿Así que este es el lugar al que íbamos a escapar? —susurró Astrid, recostada en la cama.
—eso parece. —respondió el melancólico Hiccup, sentado a un lado de ella.
—Esos malditos lo sabían y nos despertaron del hechizo.
Astrid gruñó al recordar a Harald, a quien vio en su mente con esa asquerosa y burlona sonrisa y a un lado de él a dos siluetas oscuras que representaban a sus enemigos actuales: el titiritero y la extraña bruja que estaba detrás de todas sus desgracias.
—Astrid, tranquila… ¿por qué no tratas de descansar un poco? —pidió Hiccup al verla enfurecida.
Pero la hechicera negó con su cabeza.
—Estoy bien, quisiera solo darme un baño y luego ver la manera de cómo volver a casa.
—Sí, te entiendo, entonces toma tu baño… yo mientras iré a hablar con el Sr. August, veré si nos puede ayudar con un auto o algo que nos lleve de vuelta la ciudad. ¿Está bien?
—¡No! ¡espera!… quédate. —le pidió Astrid, tomando su mano. —Yo también quiero hablar con ese señor, para ver si nos puede decir algo más del pasado.
—¿Segura?
—Sí, prometo no descontrolarme de nuevo. —prometió con una leve sonrisa. —¿Sí?
Hiccup suspiró rendido.
—Está bien, te espero entonces.
—Gracias, no me tardaré —dijo esta, levantándose casi fugazmente para ir al cuarto de baño.
Hiccup al verla entrar y escuchar como abría la llave del agua, lo hizo reconsiderar que también necesitaba tomar un baño, por lo que a hurtadillas se dirigió a otra habitación para poder asearse.
Después de algunos minutos y de estar más presentables, ambos se dirigieron al comedor principal en donde sus anfitriones ya los esperaban con algunos alimentos. Tanto Phelma como August se comportaron discretos; sin embargo, tanto Astrid y Hiccup sabían que de un momento a otro comenzaría un interrogatorio que sería un tanto nostálgico para ambos, pero que se tenía que llevar a cabo si querían obtener algo de información.
—En serio Astrid, Hiccup. Lo sentimos mucho, jamás me imaginé qué… —se silenció el apenado August.
—No se preocupe, no lo sabía. —justificó Astrid, cálidamente.
—Oh, hija…y ¿cuándo sucedió? —preguntó Phelma, no queriéndose verse insensible.
Astrid tragó saliva.
—En enero, tenía tres meses.
—¿Y por que no nos avisaron? Saben que no me gusta ir a la ciudad, pero si me hubieran dicho que estaban en aprietos no hubiera dudado ni un poco en ir a apoyarlos. —comentó August.
—No… lo pensamos. —respondió Hiccup titubeante. —Pasaron muchas cosas, en realidad, cómo se pudo dar cuenta… ya que hubo cambio de planes.
—Sí, me di cuenta cuando no llegaron, pero Phelma y yo pensamos que era por la escuela de la niña o algo de tu trabajo, Hiccup.
Ambos hechiceros se miraron entre sí.
—Eh… sí, precisamente eso y es que me promovieron en el trabajo. —mintió. —Con mejor sueldo y prestaciones y eso.
—Oh, ya veo… ¿Ya ves August? Entonces el que vimos en la televisión no era Hiccup. —comentó Phelma.
—¿Qué? —susurró el aludido, confundido.
—Oh, es que ya ves que sucedió el atentado ese que ocurrió hace no mucho en el parque de diversiones, cuando August y yo vimos las noticias nos pareció ver a un policía que se parecía mucho a ti.
—Ah… es que, de hecho, Hiccup ahora es policía, detective para ser más preciso. —contó Astrid nerviosa.
—Oh… pero ¿y los autos? ¿No que habías recibido una promoción? —cuestionó August sin entender.
Los hechiceros se enredaron más.
Pero para no hacer el cuento más largo, dijeron una verdad a medias.
La verdad: que Harald, el antiguo jefe de Hiccup, era el que había provocado el aborto de Astrid, la mentira: que Hiccup terminó despedido de la empresa por el "escándalo" y que posteriormente se unió al cuerpo de policías para buscar a su fugitivo ex jefe.
August estaba que hervía del coraje al escuchar todo lo que sus muchachos habían sufrido, pero se sintió orgulloso de que su yerno adoptivo ahora fuera un policía que acababa con malhechores, y de Astrid que se hubiera recuperado de su pérdida y que siguiera tan emprendedora y competitiva como siempre.
—Ahora entiendo por que ni siquiera vinieron en el verano para visitarnos con los niños, Hiccup ahora debes de tener mucho trabajo ¿verdad?
—No se imagina cuanto, Phelma. —sonrió este nerviosamente.
—Y nos han pasado tantas cosas en este año, que la verdad, digamos que… perdimos un poco la cabeza… ¿verdad, Hiccup? —comentó Astrid, con una sonrisita.
—Lo bueno es que siguen unidos. —consideró también Phelma, viendo de manera soñadora a los jóvenes.
—Aunque si los noto algo diferentes. —comentó August con los ojos entrecerrados.
—¿En serio? —preguntaron ambos hechiceros al unisonó.
—Sí, pero no sé qué es… no sé, parecen más naturales y ya no tan bobos.
Astrid y Hiccup rieron, comprendiendo ese sentir.
—Bueno, será porque descubrí que Astrid es la persona más irritable con la que he convivido. —comentó Hiccup sin pena alguna.
Astrid rodó los ojos con fastidio.
—Ay, ¿ya vas a empezar? ¡fastidioso!
El matrimonio de hacendados quedó boquiabierto con aquella interacción, en sus años de conocer a esos dos jóvenes nunca habían visto que se hablaran de esa manera, en especial, se sorprendieron de que Astrid fuera más ruda a como la recordaban, pero al menos August se sintió feliz de que su hija adoptiva tuviera carácter.
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Al pasar más del medio día, la lluvia por fin cesó.
En la casa grande, después de terminar con las nostálgicas conversaciones y de tomar unos alimentos, Hiccup se dirigió con su suegro adoptivo y otros hombres a donde estaba su auto para ver si podían remolcarlo o en el mejor de los casos arreglarlo, mientras que Astrid se quedó con Phelma hablando un poco sobre el trabajo del invernadero, así como de los niños.
—Ay, Astrid, espero muy pronto puedan venir con los niños, ya quiero ver que tan grandes están. —comentó la señora, mientras le daba un paseo a su acompañante a lo largo de todo los pasillos de su enorme invernadero.
—Le aseguro que se los traeré, en cuanto Hiccup y yo terminemos con unos problemitas que tenemos. —insinuó Astrid, no queriendo entrar en muchos detalles.
—Vaya… ¿Hiccup y tú tienen problemas? —preguntó Phelma intrigada.
—No problemas maritales. —aclaró. —Son de otro tipo.
—Oh, ya veo… bueno, de cualquier manera, me alegra ver que siguen juntos en las buenas y en las malas.
Astrid rio.
—Sí, aunque… no ha sido tan sencillo, pero lo bueno es que ya todo está aclarado…—dijo para si misma, viendo como el cielo se estaba despejando poco a poco, mostrando su color celeste.
—¡AAAASTRIDDD! —escuchó de repente que alguien la llamaba.
Era el exhausto Hiccup que, acompañado por August, le hacía señas para que se acercara a donde estaban, al parecer le tenía buenas noticias, así que rápidamente corrió a su encuentro.
—¿Funcionó el auto? — fue lo primero que preguntó al llegar con ellos.
—Si a esa carcacha se le puede decir auto. —comentó August con sarcasmo.
—A regañadientes, pero funciona. —respondió Hiccup con una sonrisita. — Sí alcanzamos a llegar a casa con él.
—Entonces ¿ya nos vamos? —preguntó esperanzada.
—¿Qué? ¿Ya se van? ¿Tan rápido? —preguntó la entristecida Phelma, cuando por fin los alcanzó.
—Tienen que ver a sus niños, mujer…—dijo August gruñonamente. — pero ¿verdad que volverán? —preguntó, cambiando su tono de voz a una melancólica.
Hiccup y Astrid se vieron entre sí y se sonrieron.
—Claro que sí. —respondieron al unisonó.
—Sólo… denos un poco de tiempo. —pidió Hiccup. —Hay algo que primero debemos de hacer. ¿Verdad, Astrid?
—Sí, así es… pero tengan por seguro que vendremos, junto con los niños. —aseguró ella con una sincera sonrisa.
Y nuevamente el pasado parecía repetirse cuando las promesas quedaron hechas.
Para antes del atardecer y con un cielo mucho más despejado y el ambiente más calmado, Astrid y Hiccup se despidieron de sus viejos, pero a la vez de sus nuevos amigos.
Le dijeron adiós a aquella casa en donde nuevamente habían dejado recuerdos, mucho más reales a los del pasado. Lo único diferente es que ahora Hiccup había tomado su ojo de dragón para ver si había una posibilidad de descubrir algo más del pasado con él, mientras que Astrid tomó la joya que le había dado su ex prometido, después de aclarar las cosas con Hiccup había tomado una decisión con respecto a la joya: se la regalaría a Heather como regalo de bodas, ya que era eso, desaparecerla con Sky o venderla, pero al considerarlo creyó que a su amiga le gustaría tenerla, ya ella después decidiría su destino.
Para cuando la noche cayó, Hiccup y Astrid apenas llegaban a la ciudad, la cual afortunadamente no había sufrido tantos estragos por la tormenta anterior.
Su vecindario tampoco lo vieron muy afectado pues en cuanto entraron a la colonia donde vivían vieron que afortunadamente ya había luz y cada casita se encontraba iluminada, incluyendo la suya.
A marchas forzadas, el auto casi destrozado entró a empujones atravesando la barrera. Hiccup optó por meterlo en el garaje para ver si había posibilidad de arreglar uno que otro detalle antes de ir al trabajo al día siguiente, pero en cuanto apagó el auto este pareció que ya no volvería a encenderse.
—Por lo menos llegamos. —suspiró aliviado.
A lo que Astrid respondió con un bufido risueño.
—Sí… por fin estamos en casa. —susurró viendo alrededor de la cochera.
Era extraño para ella, sintió que era hora de volver de nuevo a la realidad.
—Lo sé. —dijo Hiccup tomando su mano discretamente.
Astrid se volvió hacia él, viendo que lo único diferente a partir de ese momento sería la relación de ambos, y como tal se inclinó ligeramente hacia él para darle un beso. Hiccup no desaprovechó la oportunidad y juntó sus labios con los de ella, pero cuando la puerta que había en el garaje se abrió abruptamente, se separaron rápidamente, tratando de verse lo más normal ante los que habían ido a recibirlos.
—¡Vaya, por fin llegaron! —saludó el escandaloso Toothless, entrando al garaje junto con los niños. —¿Qué les pasó? ¿qué hicieron? ¿Dónde estaban?
—¡Astrid, Hiccup! —gritaron los pequeños, comenzando a alborotarse para ir con ellos.
Los hechiceros al ver a sus niños inmediatamente salieron del auto y corrieron a abrazarlos como si no los hubieran visto en años, algo que se les hizo un tanto extraño a los guías.
—Astrid, Hiccup… ¿Se encuentran bien? —preguntó Stormfly, intrigada.
—Sí, es sólo que pasaron muchas cosas. —respondió Astrid.
—Eso se ve. —comentó Alúmini al ver que ni siquiera tenían la ropa del día anterior. —Pero, entren a la casa, de seguro tienen mucho que contar.
—Sí, así es.
Respondió Hiccup cargando a Zephyr y Astrid a Nuffink, para juntos entrar a la casa.
—¿En dónde estaban? —preguntó Toothless, comenzando el interrogatorio.
—No nos lo van a creer, pero llegamos a un lugar que…
—¿Qué al parecer fue el primer lugar en donde vivieron los padres de los niños? —interrumpió Astrid, pues como había expuesto anteriormente aún no quería que sus hijos supieran que ellos eran sus padres.
—Sí, eso… —le siguió Hiccup el juego.
Los guías comprendieron la indirecta de los hechiceros y se asombraron rápidamente, mientras que los niños…
—¿Fueron a la hacienda del abuelo August? —preguntó Zephyr con inocencia.
—¿Vieron a la abuelita Phelma? —preguntó igualmente Nuffink.
Tanto Astrid como Hiccup se paralizaron al escucharlos.
—Zephyr…
Bajó Hiccup a la niña.
—¿Tú sabías de ellos?
—Sí. Papá solía llevarnos a la hacienda del abuelito August y abuelita Phelma cada verano o cada que podíamos, son muy buenos ¿verdad?
—¿Y tú los recuerdas Nuffink? —preguntó Astrid a su niño.
—Recuerdo a mi abuelito y abuelita y los caballos. —respondió el menor con inocencia.
—¿Por qué no nos lo dijeron? —preguntó Hiccup.
Ambos niños se encogieron de hombros.
—Nunca nos preguntaron. —respondió Zephyr con simpleza.
Y más razón no podía tener, pensaron Hiccup y Astrid, ellos anteriormente no habían estado interesados en el pasado y después de reconocer a esos niños como sus hijos sólo se habían enfocado en el presente y futuro, pero por lo visto aún había mucho que indagar de esos años perdidos.
—¿Qué tal si mejor hablamos de eso después? —comentó Stormfly para desviar el tema de conversación para no confundir a los niños. —Deben de estar cansados.
—No te imaginas cuánto. —suspiró la exhausta Astrid, y tomando la mano de sus niños los guio junto con Hiccup hacia la cocina pues ya era la hora de la cena.
Pero pese al cansancio que mostraba, Stormfly notó extraña a su ama, pero no encontraba cómo describirla, hasta que la palabra "radiante" cruzó por su cabeza.
—Oigan… ¿soy yo o esos dos ya hicieron las paces? —preguntó Toothless confundido al ver a sus amos irse como si nada de lo ocurrido el día anterior hubiera sucedido.
—sí, al parecer volvieron a ser amigos, ¡qué alegría! —festejó la sonriente Alúmini.
"Pero ¿era sólo eso?" —pensó la guía de Astrid, dando una risita interna, imaginándose que algo más había pasado entre esos dos.
—¿Tú qué opinas, Stormfly?
Algo de lo que Toothless aún no se daba cuenta, rodó los ojos con fastidio.
—Ni idea. — le respondió a su amigo furia con una sonrisita, y, reservándose para sí misma sus teorías, se dirigió a la cocina para acompañar al resto de la familia.
—Qué rara ¿verdad?
Alúmini se encogió de hombros sin saber qué responderle a su pareja.
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Después de una tranquila cena, libre de conflictos y tensiones, y de reposar llegó el momento de dormir, tanto Astrid como Hiccup estaban agotados por el largo viaje que habían hecho que, casi inmediatamente de ir a acostar a los niños cada uno se fue a su respectivo espacio para descansar.
En la soledad del sofá de la sala, Hiccup se removía de un lado a otro a pesar de que el sofá siempre le había parecido muy cómodo, sin embargo, ahora lo sentía muy vacío y hasta pequeño para su gusto.
—imposible… no puedo dormir.
Miró hacia su costado, en donde estaba la mesita de la sala y en la cual reposaba su celular, unos libros de colorear, así como unos colores y también las notitas mágicas que al parecer correspondía a las de Zephyr.
Ver esa pila de papelitos trajo a su cabeza una idea, por lo que se levantó de puntitas y haciendo el menor ruido, tomó las notitas mágicas de su hija, así como uno de los colores de su hijo.
Garabateó algo en el papel y después lo encendió con su egni. El mensaje salió fugazmente volando hacia la parte superior, desapareciendo de su vista en cuanto atravesó mágicamente el techo.
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Mientras tanto, en la habitación principal, había otra persona que no podía dormir, Astrid a pesar de estar acostada no podía conciliar el sueño y sólo tenía la vista perdida en el techo.
No había nada en especial en el pedazo de espacio que contemplaba, pero ella lo veía como si fuera lo más interesante del mundo; sin embargo, todo eso cambió cuando una repentina y fugaz notita envuelta en fuego apareció frente a ella.
Al principio pensó que era de su hija, pues reconocía el papel con el que le había hecho su paquete de notitas, pero al ver que esta inicialmente estaba envuelta en fuego descartó que fuera de ella e imaginando de quién se trataba abrió la hojita curiosa por saber que le estaba diciendo aquel que se suponía debía estar durmiendo en ese momento.
"¿Puedo dormir contigo otra vez?"
(u.u)
Leyó en la notita y rio al ver el dibujito del sonriente Hiccup que hasta tenía corazoncitos por encima de la cabeza.
¿Qué se supone que le tenía que responder? Pensó avergonzada, levantándose de la cama para ir por sus notas, las cuales había dejado sobre su tocador.
Al tomarlas, así como un bolígrafo miró hacia la ventana para contemplar al enorme árbol que adornaba el jardín de su casa.
—¿Qué le respondo, hermanito? —preguntó juguetonamente.
Al árbol sólo se le mecieron las hojas con delicadeza debido a la suave brisa que soplaba entorno a él, mientras que Astrid, aclarando sus dudas siguió con el juego de las notitas y escribió entre risitas su respuesta.
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En la sala, el impaciente Hiccup esperaba una respuesta, a pesar de no estar seguro si Astrid estaba despierta o no, aunque esto se aclaró cuando de repente una notita envuelta en luz apareció frente a él.
Con emoción la tomó entre manos apagando su resplandor y ansioso la abrió para leer la respuesta.
"NO"
t. (u.u)
Leyó y fue como un balde de agua fría cayendo sobre él, y más cuando vio al malvado dibujito que Astrid le había hecho, una versión miniatura de ella, haciendo una seña obscena.
Haciendo berrinches, inmediatamente le respondió.
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"Eres malvada"
ಥ_ಥ
Astrid rio de manera traviesa al leer la réplica y en especial al ver el dibujito de unos ojos llorosos, en seguida respondió.
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"Me la debías"
(ɔ˘ ³˘) 3
Leyó Hiccup en la siguiente nota, donde ahora había un dibujito de una mini Astrid, lanzándole un besito, con todo y corazoncito.
—Supongo que con esto me tendré que conformar. —dijo dándole un besito a la nota, mandando una última nota a su amada.
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"Está bien, buenas noches, Astrid"
(ˆ3ˆ)
Leyó ella en la última nota, riendo al ver el dibujito mal hecho del mini Hiccup también lanzándole un besito.
—Que idiota. —pensó con una ancha sonrisa. —buenas noches Hiccup. —susurró acariciando el dibujito.
Dejando el juego de notitas hasta ahí, Astrid se acercó a la ventana para contemplar una vez más a aquel árbol que representaba la vida de su hijo no nato.
—Ay, hermanito. Ayúdame a no arruinarlo.
Pidió esperanzada y luego se volvió de nuevo hacia la cama, mientras que por fuera de la habitación las hojas y ramas del árbol hermanito se mecieron con suavidad como si indirectamente estuviera respondiendo a la hechicera.
"No lo arruinarás."
Continuará.
Realmente espero que les haya gustado, me divertí mucho escribiendo la parte final XD, estaré publicando los dibujos de las notas en mi pagina de FB.
Comentarios y agradecimientos.
2Sonic: jaja ya empieza la convivencia, y lo bueno y lo que esperaban XD. Saludos.
Maylu: no he visto los croods completa, me aburre la película XD, lo siento jajaja. Pero espero estés más satisfecha. Saludos.
Mispy: excelente, espero te haya gustado este capítulo. Saludos.
DlyDragon: Sí, como se pudo ver van lento, pero solo les faltaba ajustar detalles que próximamente arreglarán, eso tenlo por seguro. Saludos.
Jaylis: Rara y especial XD. Saludos.
Amai do: Yeii eres oficialmente el rewiew 300., muchas gracias por el apoyo como siempre. Saludos.
A los seguidores, anónimos y favoritos, espero seguirlos leyendo, hasta la próxima. Saludos.
09 de noviembre de 2020
