Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.


Capítulo 48.


—…así que ahora en realidad tengo una media hermana. Me enferma toda esta situación y más aún que piensen que no lo sé.

La psicóloga asintió y tomó unas notas importantes en su libreta. El ambiente era totalmente silencioso. Estaban en un consultorio perfectamente amoblado de paredes blancas, con algunas estanterías y jarrones que contenían plantas verdes en un par de esquinas. Una enorme ventana recubierta por vidrios dejaba a la vista un campo enorme de vegetación. Solo se escuchaba la voz del paciente y el cantar de los pájaros.

—¿Sientes odio hacia ella? —Inquirió con tranquilidad. Vio cómo su paciente suspiraba y volvía a tomar aire, como dándose ánimos.

—Ella…ella ha cuidado de mí desde mi primer recuerdo hasta el día de hoy, que he podido al fin superar el accidente en gran medida, yo… no puedo odiarla, es mi madre.

—Así es, InuYasha: es tu madre


El accidente de InuYasha había sido como la explosión de una bomba. El fallido matrimonio de su prima pasaba en cámara lenta frente a sus ojos. No se había vuelto a hablar del futuro de Kikyō y su esposo, ni de la actitud de Kagome en la clínica, ni del vídeo que le envió a sus padres.

Se dio cuenta de que jamás hubo una respuesta. Observaba el cursor de texto incesante esperando por escritura en el espacio en blanco para redactar un correo: nada, no podía escribir nada porque nadie nunca le respondió. Nadie respondió a su cuenta de correo falso.

Cerró la laptop con el odio rebosándole por las mejillas y bufó fuerte. Tomó el resto de whisky de su vaso y sintió la calma regresar de a poco. ¿Por qué demonios los Taishō Higurashi habían ignorado un vídeo sexual en el que sus propios hijos estaban cogiendo? ¿Era una broma? Esa maldita mujer grosera, patética y altanera tenía que pagar caro todas las humillaciones que le había hecho.

Pero no podía hacerlo público, eso dañaría a su prima.

—Kōga, ¿has visto mi bolso?

—Sí, está en el closet de tu habitación. —Respondió haciendo énfasis en el pronombre posesivo.

Muchas cosas habían cambiado ese par de semanas en su vida. Él ya no estaba con Yura, aunque vivía con ella. Después de todo aquel enredo con Kagura, no tuvo más opción que decirle a Sakasagami que quería empezar algo con su amiga.

Le estaba costando un huevo confesarle eso cuando vio lo poco que le había importado a su ahora ex.

«—Solo estaré viviendo aquí. Págame mensualmente y seguiré aparentando lo que siempre fui: tu dama de compañía» le había dicho con la actitud más fresca del universo. Él tenía una imagen pública qué cuidar, así que el trato propuesto era algo que los beneficiaba a ambos.

Después de aceptarlo durmieron en habitaciones distintas, aunque Yura seguía entrando a toda la casa como si fuera su propio espacio. Kagura lo tomó muy bien y lo que más le alegraba, era la libertad con la que podía perderse en Kagura cada vez que ellos quisieran.

Nadie más que ellos tres lo sabían. Ah, y la chica de servicio.

Sin embargo, la idea de venganza hacia a Kagome solo la sabia él. Y después de por fin haberla ejecutado, entonces estaría completamente listo para tomar la maldita mano de Kagura, ponerle un anillo en el dedo y casarse con ella.

Y asunto olvidado.


Ese día al fin le había llegado el vestido para la boda civil. Claro que se casaría de blanco, era un sueño perfecto para ella. Se casaría de blanco en cada boda que tuviera, incluso si eran cien.

No sabía por qué Miroku estaba tan raro, suponía que era por los nervios, faltaba apenas una semana para su boda oficial y la civil sería dentro de tres días. De todas formas, su salida a caminar esa noche le daba ventaja para poder probarse el vestido sin que él la molestara.

Se miró al espejo y sonrió más feliz que nunca. Su pancita aún no se notaba, parecía una simple hinchazón por comer demasiado. La doctora le había dicho que, tal vez empezando el tercer o cuarto mes, se notaría mucho más, ya para el quinto en adelante sería enorme. Suspiró enamorada; todo en su vida iba de maravilla, sus amigos estaban bien, InuYasha ya estaba de pie y eso era bueno para todos.

Por una vez en la vida estaba pensando solo en ella y su felicidad, que era lo que realmente importaba. Se tocó el vientre con ambas manos, sin quitar la dulce mirada de su reflejo.

Nada en la vida podría arruinar su felicidad.

Nada.


Estaba cansado. Estaba harto.

Las calles de Shibuya parecían infinitas y la gente pasando a lado de él, eternas. Los faros emitían luz tenue, a su parecer. Sentía una profunda tristeza y de vez en cuando miraba el piso. No traía celular, ni llaves de auto, ni dinero, nada…

Estaba cansado de tener que esperar por un consejo de InuYasha como si él no pudiera manejar su vida, por preocupar a su amigo que claramente se salvó de morir en un terrible accidente, y ahora seguro tenía mucho en qué pensar. Harto de esperar a por si había esperanzas de que todo mejorara. Harto de esperar una mala noticia por parte de Sango y perderla sin tener momento de explicarle cada estupidez que hizo en la vida.

Si después de la conversación que estaba a punto de tener, no resultaba nada de lo que esperaba, entonces mandaría todo a la mierda y sería el fin. No esperaría más, ni dañaría a Sango. Ya no más chantajes.

Cuando por fin llegó al lugar pactado y la vio ahí, parada, con su típica ropa ligera y mirada de demonio, sintió mucha repulsión y escalofríos.

—Esta vez no quiero que grabes algo. —Le advirtió con tono amenazante.

Miroku se vertió los bolsillos y sacudió las manos para mostrar que no traía absolutamente nada y menos algún dispositivo con el que pudiera grabar su conversación.

—Habla de una vez y terminemos con esto.

Yura asintió y sonriendo, tiró a los pies de Miroku un sobre manila que él recogió lentamente sin dejar de mirarla ni por un segundo. Cuando lo abrió y vio las fotos reveladas, sintió ganas de morirse.

—¿Y bien? ¿No salgo linda? —Comentó con sarcasmo puro, sin dejar aquella risita malévola asquerosa que a Miroku le daban náuseas.

Cómo demonios él pudo haber amado a esa víbora alguna vez.

—Qué es lo que quieres.

—En tres días te vas a casar. —Caminó peligrosamente alrededor de su ex, haciendo sonar sus tacones. Una escena muy típica de perras villanas que todo el mundo adoraba ver en las películas.

Pero no en la vida real.

—Así es. —No titubeó. Alzó la barbilla, sintiendo su presencia peligrosa detrás de él.

—Y sería una pena que Sango viera esto justo antes de darte el «sí», ¿no?

Cuando le tocó el hombro con la uña del dedo índice de su mano derecha, Takeda la tomó por el brazo con fuerza, zarandeándola con ira. Le estaba marcando los dedos en la piel y ella no salió del asombro por tan repentino cambio de comportamiento.

—Si quieres arruinar mi relación con Sango, hazlo, me da igual —pronunció cada palabra con odio— no importa si tengo que cancelar mi matrimonio con ella para siempre, si lo que quieres es que me acueste contigo, escúchame bien, víbora —la zarandeó de nuevo y ella casi sintió terror. Los ojos de ese hombre parecían reflejar el infierno—, jamás pasará, primero muerto antes que tocar tu cuerpo lleno de veneno.

La soltó de un solo tirón y casi se cae al suelo. Yura respiraba con fuerza evitando que su miedo saliera a flote: el amable caballero Miroku jamás en su vida había tratado así a una chica. El frío viento le azotó el cuerpo mientras lo veía retroceder.

Estaban en una vieja gasolinera abandonada en una calle con callejones en construcción, no había mucha gente cerca. Eso le dio un ambiente aún más tétrico.

—¡Eres un miserable infeliz! —Comenzó a gritar, colérica—. ¡No volverás a ver a Sango, te lo juro!

—No me importa. —Él soltó una risa irónica, estaba como loco—. Puedes hacer lo que se te venga en gana, pero si le haces daño… no sé si tú vuelvas a verte en un espejo.

Ni siquiera él supo qué quiso decir con eso, pero se dio la vuelta y empezó a caminar. Quería llorar, estaba tan decepcionado de todo.

—¡Voy a arruinarte la vida, Miroku! —La oyó gritar, frustrada al parecer.

—¡No te molestes! —Se giró un segundo, alzando ambas manos sin dejar de sostener aquel maldito sobre—. ¡Mi vida se arruinó cuando te conocí!


Lo que veía en el espejo realmente le gustaba. Ese vestido había sido hecho especialmente a su medida y se notaba en cada detalle. Adoraba el cinturón dorado y el ramo de flores especialmente rojas que tenía preparadas para ese día, combinaban perfectamente con el blanco inmaculado del vestido de randas y falda corta hasta las rodillas.

Cuando escuchó el sonido de la puerta, supo inmediatamente que era su prometido. Agarró su cabello con una hermosa vincha que tenía en su cómoda y se dirigió a la entrada de su habitación, en donde lo observaría medio escondida hasta poder hacer su entrada triunfal.

Miroku llegó y cerró la puerta tras de sí, recostándose en ella y suspirando con un humor que Sango no supo describir bien. Lo vio dejar las llaves colgando a lado de la puerta y caminó hacia la sala, con intenciones de sentarse en el mueble y ver algo, seguro.

Sango aprovechó y se presentó de pronto frente a su novio, haciendo resonar sus hermosos tacones. Sonrió cuando estuvo frente a él.

—¿Y? ¿No es hermoso mi vestido?

Los ojos de Miroku se llenaron de lágrimas al instante, todas las que había retenido antes. Era un ser perfecto y su belleza simplemente lo deslumbraba. Se veía como una diosa, por supuesto que estaba perfecta. Era la mujer más hermosa con la que estuvo jamás y seguro que nunca más volvería a encontrar alguien que se la iguale.

Sango lo vio levantarse del mueble y sin dejar de mirarla se acercó a ella. No supo porqué también sintió ganas de llorar. Casi no podía hablar, no esperaba una reacción tan conmovedora por parte de él, así que solo sonrió con ternura cuando le acarició suavemente el rostro.

—Solo quiero recordar siempre tu cara, tu cabello castaño y tus expresiones hermosas. —Lo dijo como hipnotizado. La culpa de ser un maldito cobarde lo estaba matando.

La primera lágrima al fin rodó y él ni siquiera de dio cuenta.

—Espera, qué…

—Mi querida Sango, eres la mujer más maravillosa de todo este universo. —Sango para ese tiempo ya se estaba desesperando, cambiando las sonrisas por expresiones de angustia y miedo—. Y cuando te pedí matrimonio, te juro que lo hacía con toda mi alma, créeme.

—¡Basta! —Retrocedió dos o tres pasos, sin dejar de observarlo fijamente—. ¿Te están obligando a decir estas cosas? ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué te estás despidiendo?

Lo que sintió después fue el abrazo de su novio envolviéndole todo el cuerpo, temblando y escondiendo sollozos. ¿Pero qué rayos estaba sucediendo? Por qué Miroku se comportaba como si fuera a morir ese día. Apenas la soltó del abrazo, tomó su mentón y la hizo verlo directamente, otra vez.

Le dio un beso que parecía sacado de telenovela, un beso de esos que no le daba desde hacía mucho tiempo, uno que parecía consumir su alma. Era el beso más intenso que había recibido en su vida. Por cosas del destino, el beso le borró toda duda y miedo de la cabeza, era un momento mágico y ella no quería que acabara nunca.

Pero pasó.

Se quedó como en el aire cuando él se alejó de repente.

—Hay un problema, Sango, creo que tú y yo…

—Cómo que «crees que nosotros», ¿de qué estás hablando? —Otra vez volvió a sentirse nerviosa.

—Lo siento, pero tú y yo no nos vamos a casar.

—Qué…

Continuará…


¡Primera actualización del año! Y con la noticia de que ya terminé de escribir esta historia 03/01/21, una gran fecha. Es el primer Long Fic que termino. Muchas gracias por todo su apoyo, en especial a:

Tuttynieves: Muchas gracias por pasarte a leer. ¡Es muy fácil! Solo debes ir a "Publish", subir tu Word a "Doc manager" y luego ir a "New Story" aceptar las reglas, elegir la categoría y llenar los campos con el título, resumen y demás. Donde dice -Select document- escoges el documento que subiste en "Doc manager" y listo, publicas tu historia.

Elyk91: ¡Exijo que me pases tu Facebook! Necesito u.u (de casualidad estoy como Sayra Figueroa) Ay, Kagura, Kagura, le toca duro. JAJAJAJA yo también me sentí súper mal mientras escribía esa parte, me dio pánico. Ahora actualizaré más seguido. Sí, es que dijiste que no sabías si habría actualización antes del año nuevo y dije: es una hermosa, actualizaré en su nombre. ¡Qué maravilloso es causarte tantas emociones! Mil gracias a ti por leerme y dejarme tan lindas críticas, me hacen el día.

Laurita Herrera: ¡Feliz año, preciosa! El chiste es que no le digan para que haya drama. Me da risa como yo no quería hacer esto tan dramático, pero salió así LOL.

Besos también a Iseul, a AIROT TAISHO y a Ally, que siempre están pendientes. Las adoro.

En el próximo capítulo:

«—Cuando saliste de la clínica no querías hablar con alguien, parecías muerto por dentro. —Comentó con un poco de resentimiento.

[…]

—Entonces la psicóloga te dijo que debías arreglar las cosas con, técnicamente, tu esposa, ¿no? Nos casamos por civil.

[…]

—¡Hola! ¿Puedo ayudarte en algo? —Le sonrió con ternura, dirigiendo su mirada a él.

—Me dijeron que te entregue esto. —Le extendió el sobre manila y Sango apenas notó que lo traía—. Ábrelo cuando estés en un lugar seguro».