Mi Girasol


-9-


Naruto

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Un nuevo recuerdo llegó a mí y cerré los ojos mientras lo disfrutaba...

«Hima tenía nueve años y este era su primer recital de ballet fuera de la escuela; Sakura y Hinata habían pensado que, ya que el ballet parecía gustarle a las niñas, podrían inscribirlas en una academia profesional. Cuando mi esposa me lo comentó no le vi ningún problema, mi nena estaba feliz y cada día que llegaba de sus clases me enseñaba sus nuevos pasos.

Era un hombre jodidamente feliz, mi esposa era la mejor esposa del jodido mundo: atenta, cariñosa, buena madre; y de la Hinata que estuvo conmigo mientras teníamos ese ridículo acuerdo no quedaba nada.

Ella era una diosa, pasional, entregada, dispuesta e innovadora. Teníamos dos hijos que estaban en la categoría infantil de Esgrima y un bebé que le gustaba la música; Emme era jodidamente bueno con el piano para su corta edad.

Miré a Sasuke intentando calmar los nervios de Sarada, la pequeña pelinegra estaba colgada al cuello de su papá, mientras éste le susurraba algo al oído.

— ¿Y si me equivoco? —preguntó mi nena con temor.

—No lo harás practicaste bastante esta semana —intenté tranquilizarla.

—Pero, papi, no es lo mismo —refuto—, si me equivoco haré el ridículo.

—Mmm... sé que no será así, además como siempre estaré en primera fila, filmando todo, estoy seguro de que todo irá bien, eres muy buena, pequeña ninfa

Ella resopló.

—¿Si me equivoco, aún me llevarás a conocer a Mickey? Ese viaje iba a salirme más costoso de lo que creía.

—Sí, pero nada de pedirle consejos a ninguna de las princesas. —dije seriamente.

—¿Me lo juras por Goku y sailor Moon? —estaban trasmitiendo una nueva versión de Dragon Ball... Y Goku seguía muriendo cada vez que había un villano; por otra parte, también estaban repitiendo Sailor Moon y Hima era jodidamente feliz... Aun no podía ver nada cuando se transformaban, pero bue...Mi nena me dio su pulgar para sellar nuestro trato.

—Para cuando termines te recibiré con un ramo de chocolates —sabía que, El lago de los cisnes era una pieza difícil, pero habían ensayado duro y sabía que todo les saldría bien. Vi a la señora Scott reunir a las niñas y di un beso sobre la cicatriz en la frente de mi nena, apenas se veía, pero yo siempre lo hacía—. Ve, amor, pase lo que pase estaré jodidamente orgulloso de ti.

—Dijiste jodidamente —dijo mi nena tapando su boquita con su mano.

—Mamá no está aquí y será un secreto entre los dos —ella asintió y Sasuke se acercó a nosotros junto con Sarada—. Hey, muñeca —Sarada se alejó del hombro de su papá y me miró con sus grandes ojos oscuros, esta niña era idéntica a su padre—. Lo harán muy bien.

—¿Tú lo piensas tito? —negué con la cabeza.

—Yo lo sé, preciosas, ahora vayan y demuestren de que están hechas ustedes dos, nadie en este mundo bailará nunca el Lago de los cisnes como lo harán ustedes dos hoy. —La maestra Scott llegó en ese momento y las niñas tuvieron que irse.

—Están muy asustadas —dijo Sasuke a mi lado.

—Sí, pero también lo harán muy bien, mi hija no hace nada a medias —dije orgulloso.

—La mía tampoco —ambos sonreímos—, debemos ir a nuestros lugares.

Durante poco más de una hora vi a mi hija dando saltos, colocándose en puntillas y bailando con la gracia que solo ella podía hacerlo, casi se me aguaron los ojos de la emoción cuando al final, con una venia, ambas dieron por terminada la obra. Salté de mí asiento para llegar tras el telón rápidamente con un ramo hecho de chocolates como le había prometido.

La emoción de mi pequeña y el brillo sus ojos eran encantador.

—¡¿Me viste, papi?! ¡Me viste! —dijo saltando a mi pecho cuando me vio— ¡¿estuve genial, verdad?!

—Estuviste estupenda, mi amor —besé su mejilla—, te dije que iba a salir bien.

—Lo sé porque tú lo sabes todo. Eres el mejor papá del mundo y nunca dejaré de quererte. »

Volví a la realidad observando a Mitsuki cantar para mi hija. Estaba sentado en una silla con una guitarra en la mano, cantando una canción viejísima de Bruno Mars, pero que mi hija amaba... Aunque el chico tocaba bien, el canto no era lo suyo.

Sentí cómo alguien se colocaba a mi lado y observé que Õtsutsuki me ofrecía una copa.

—Puedes beberla tranquilo, no había cianuro ni veneno para ratas en este hotel —dijo con voz parca.

—¿Qué quieres? —fui tajante, mi bebé se había casado con su hijo, pero eso no nos hacía amigos.

—Felicitarte —sonrió con burla, ¿todos querían burlarse de mí hoy?—. Debes sentirte honrado de que tus genes se liguen con los míos, ahora somos familia.

—¡Ja! prefiero tener lepra, Õtsutsuki, que tu vástago, haya tenido el descaro de poner sus ojos en mi niña y que además tuviera la buena suerte que ella lo aceptara no nos hace familia. —Bebí de mi copa y él sonrió ladinamente.—. Si por mi fuera ya la habría sacado de aquí, pero ella está feliz así que tendré que soportarte cuando nos veamos en algunas ocasiones...Espero no sean muchas.

—No creas, tampoco estoy muy a gusto que mi descendencia tenga que venir ligada con la tuya —murmuró entre dientes.

—¿Crees que mi hija no es suficiente para tu hijo? Mi hija es una reina y tu hijo es...es...es ¡Tu hijo! cosa que me parece absolutamente desagradable, Si no fuera porque Fûka es su madre hubiese pagado para que lo alejaran de Hima... —Mire a Fûka y a Hinata sonreír por algo—. Solo espero que no se le dé por golpear a mi bebé, como tú lo haces con tu mujer —Õtsutsuki rio entre dientes—. Aun no puedo creer que veinte años después, siga ciega por ti.

—¿Te molesta que mi mujer viva la vida que yo le he dado?

Resoplé...

—¿Aun sigues enamorado de ella?

—¿Pero, no has visto a mi mujer, Õtsutsuki?, es linda, es lista, es amorosa—subí mis cejas para que supiera a que me refería—, inteligente, intuitiva, creativa, pasional y no tengo necesidad de utilizar ningún juguetito con ella— Hima me miró y le sonreí un poco, Creo que casi todo el mundo conocía mi aversión por Õtsutsuki y aquí estábamos los dos hablando como si fuéramos buenos amigos—. Afortunadamente mi hija se parece mucho a ella.

—Diría que se parece más a ti...

—Entonces tendrás nietos lindos —la idea de compartir cualquier cosa con Õtsutsuki me ponía los pelos de punta.

—Si se parecen un poco a mi hijo sí.

—Me da repelús solo pensar que alguno de mis nietos saque tu genética ¿Por qué no hiciste nada para separar a tu hijo de mi bebé? —Bebí un nuevo trago — Para nadie es un secreto que tú y yo no podemos estar cerca el uno del otro.

—Dejé de inmiscuirme en las decisiones de mi hijo hace años.

—Hace un mes no estabas muy feliz.

—Ahora definitivamente no estoy feliz... — Fue su turno de beber.

Vi a mi esposa acercarse hacia mí junto con Fûka. Hinata tenía el ceño fruncido y los ojos preocupados, le sonreí para que supiera que todo estaba en orden. Fûka se acercó a Toneri no sin antes darme un beso y un gran abrazo, sus ojos estaban irritados por haber llorado durante la ceremonia. El vals acabó y Hima vino hacia mí.

—Es hora de bailar con el hombre más importante de mi vida —susurró sonriente y tomé sus manos para bailar.

—¿No se pondrá celoso tu esposo? —Mitsuki que estaba junto a Fûka sonrió.

—Yo bailaré con mi madre, señor Uzumaki —dijo llevando a Fûka a la pista de baile

—¿Discutías con el señor Õtsutsuki? —preguntó Hima tan pronto empezamos a bailar.

—No. —mentí— Hima alzó una de sus cejas —hablábamos de los felices que estábamos de estar emparentados.

—Ese odio de ustedes no tiene ni pies ni cabeza —dijo mi hija colocando su cabeza en mi pecho.

—No hablemos de Õtsutsuki, quiero tener al menos unos buenos últimos recuerdos con mi bebé —dije acariciando su cabeza.

—Te tengo una noticia... —alzó la cabeza para que la observara mejor— Mitsuki ha rentado un departamento cerca de casa.

La emoción en su voz me hizo apretarla en mi pecho.

—Maravilloso.

—Terminaremos la universidad aquí. Él se ha transferido y, aunque al señor Õtsutsuki no le gustó mucho la idea, Mitsuki sabe lo importante que eres para mí, así que aun pasará un año, si es que al final decidimos vivir en Milán.

Hima se prendió a mi cuello y la alcé como cuando era una niña, estaba emocionado por la noticia. Le di mil besos en su rostro y la abracé con mucha fuerza; me importaba una mierda quien me mirara, era el padre más jodidamente feliz del mundo.

No la vería tan seguido como siempre, pero al menos no la tendría del otro lado del charco, como decía Emme.

Seguimos bailando juntos y felices, nadie podía quitar la puta sonrisa de mi rostro. Para mi desgracia, la pieza de baile acabó muy pronto y Mitsuki estuvo junto a mí tan pronto otra melodía comenzó. Quería darle las gracias, pero solo me limité a tocarle la espalda un par de veces.

Fui con mi esposa y no pude evitar darle un gran beso, trasmitiéndole lo feliz que estaba.

—Te han dado la buena noticia —dijo ella sonriente.

— ¡Tú lo sabías! —expresé, fingiendo enojo—. Me hiciste pensar que a partir de esta noche me quedaría sin mi bebé... Eres cruel, señora Uzumaki —ella se inclinó a besar mis labios.

—Te gustan mis maldades... —susurró.

—Me gustan más dentro de nuestra habitación —repliqué, atrayéndola más hacia mí.

—¿Podrían dejar el espectáculo?, le están robando el show a los novios.— siseó Emm, que bailaba con Tsunade. Mi madre y mi esposa rieron.

—¿Sabes?, Hima y Mitsuki han cambiado el destino de su viaje de bodas—musitó mi esposa mientras bailábamos

—¿Ya no irán a Grecia? —pregunté sorprendido.

—No, Hima quiere estar más cerca, así que se irán un fin de semana para Orlando, ya luego después de la universidad, harán un viaje a cualquier destino.

—Sonreí, debajo de su maquillaje adulto, el cuerpo curvilíneo y todo lo demás, aún estaba la pequeña ninfa disfrazada de princesa que me esperaba al pie de la escalera todas las noches.

—He estado pensando algo —dijo mi esposa acaparando toda mi atención—. Tú y yo no tuvimos viaje de bodas.

—Era complicado, teníamos tres niños pequeños —señalé.

—Pero nuestros niños ya están grandes. —Miré a Boruto bailar con su novia, a Emm que había cambiado de pareja y ahora bailaba con Vivian, A Eros hablando con Sarada; y finalmente, a Hima, a mi nena linda y preciosa, reír por algo que su ahora esposo le decía en el oído.

Ella había dejado de ser mi bebé, esa que creyó morir el día que su periodo llegó por primera vez, y me mantuvo toda la noche con ella velando sus sueños; ella mi bebé de pecas pequeñas que habían desaparecido con el tiempo, de ojitos azules brillantes e ilusionados. Mi bebé, la que su curiosidad sobre el sexo la llevó a seguir mis pasos profesionales.

Ahora ella tenía quien cuidara de ella y más le valía al niñato, si quería conservar sus bolas, cuidarla bien, amarla y jamás hacerla llorar. Un beso en mi cuello me hizo prestar atención nuevamente a la mujer que tenía entre mis brazos.

—Tengo dos pasajes para Rayastán, saliendo esta noche, a las cero horas.—Mordió el lóbulo de mi oreja lentamente— ¿Qué dices? ¿Nos vamos de luna de miel?

¡Joder!

¡Por supuesto que sí!

FIN