No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

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De vuelta en la habitación del hotel, Isabella se movió alrededor de la suite para apagar todas las luces, excepto la lámpara junto a la cama. Edward se sentó en el borde del colchón y jugueteó con el reloj despertador.

—Tenemos que estar levantados en dos horas —dijo él, con la voz hueca por el agotamiento—. Lamento que nuestra noche de bodas no resultara tan bien.

Ella se sentó junto a él en la cama y le quitó el reloj despertador de la mano para ponerlo en la mesa de noche.

—Yo también —dijo—. Pero podemos tener una luna de miel extendida en unos pocos meses. Una vez que la gira haya terminado. Y que Garrett esté mejor.

Él levantó la cabeza, permitiéndole ver sus oscuros ojos cansados por la fatiga. Los moretones alrededor de ellos no lo ayudaban a lucir más alerta.

—Podría intentar hacerte el amor si quieres —dijo él.

—No necesitamos tener sexo de nuevo —dijo ella y casi rió cuando los hombros de él se hundieron con alivio. El pobre hombre estaba acostumbrado a tener que satisfacer su insaciable apetito sexual por él—. He tenido suficiente sexo hoy, pero sí necesito hacerte el amor.

Ella se deslizó de la cama y se sentó en el suelo a sus pies. Desató una de sus botas y la sacó, la arrojó a un lado antes de masajearle el empeine a través del suave calcetín de algodón blanco. Él murmuró un sonido de placer desde la parte posterior de su garganta. Ella repitió su atención en el otro pie y luego lo instó a acostarse en la cama con las piernas colgando por el borde para poder desabrocharle los jeans.

Él levantó las caderas y ella se los quitó. Mirándola con cansancio, le abrió los brazos.

—Ven aquí, esposa. Necesito abrazarte, recordarme que eres realmente mía y pensar que todo está bien en mi vida cuando todo lo demás se ha ido a la mierda.

Ella parpadeó para contener las lágrimas, con su corazón punzando con empatía. Sabía que él amaba a Garrett; no en la forma con la que ella había estado obsesionada la mayor parte del día, sino como un amigo, un colega, y alguien en quien siempre podría confiar.

—Iba a masajearte la espalda —dijo ella—. Ayudarte a relajarte.

—Me sentiré más relajado con tu cabeza justo aquí.

Él palmeó el centro de su pecho, y ella no pudo negar que tenía muchas ganas de apoyar la cabeza sobre su corazón. Él se sacó la camisa y ella se quitó la mayor parte de su ropa. Dejó la ropa interior en su sitio, con la esperanza de recordarle a su deseoso coño que no tenía que follar a Edward para demostrarle cuánto lo amaba.

Se acurrucaron juntos bajo las sábanas, la cabeza de ella sobre su pecho y el latido de su corazón golpeando de manera constante contra su oído.

—Lamento haberme comportado como un verdadero estúpido en el hospital —dijo él, su voz retumbando a través de su pecho. Se cubrió los ojos con una mano y suspiró.

—¿Eso fue comportarse como un verdadero estúpido? ¿Cómo eres cuando te comportas como un enorme estúpido?

Él rió entre dientes con poco entusiasmo.

—No quieres ser testigo de eso.

Ella le acarició el vientre distraídamente, deseando que su mente se calmara para que pudiera dormir un poco.

—¿Qué voy a hacer si él no se recupera? —susurró Edward.

—Te dije que no te permitieras pensar de esa manera.

—No puedo evitarlo.

—Estará bien. Él es maldito Garrett Jonhson. Una pequeña lesión en la cabeza no lo contendrá por mucho tiempo.

Edward trazó líneas sobre la piel desnuda de su cadera.

—Quizá una vez que esté mejor podamos invitarlo de nuevo a nuestra cama. Estará bien siempre que no sea nuestra noche de bodas, ¿verdad?

Isabella se mordió el labio. Tan sexualmente gratificante como había sido su trío con Edward y Garrett, le había jodido más la mente de lo que ella había previsto.

—No creo que ésa sea una buena idea —dijo después de un largo momento.

—¿Por qué no? Creí que lo habías disfrutado.

—Así fue —admitió ella.

—Bueno, yo lo disfruté. Él lo disfrutó. ¿Cuál es el problema?

Ella casi tuvo miedo de decirlo.

—Él te ama.

—Yo también lo amo.

Las palabras rasgaron su corazón en jirones, a pesar de que estaba casi segura de que hablaban de diferentes tipos de amor.

—¿Pero estás enamorado de él, Edward?

—¿Huh?

—Nada —dijo ella, temerosa de que, al discutirlo, Edward pudiera darse cuenta de que estaba enamorado de Garrett. No podía perder a Edward. Ahora no. No cuando finalmente le había entregado su corazón. Eso la destruiría.

Edward estuvo en silencio por un largo rato.

—¿Crees que en realidad él está enamorado de mí?

Ella se mordió el labio y asintió.

—Sé que lo está —dijo, mortificada cuando su voz se quebró. El brazo de Edward se apretó alrededor de ella, pero no dijo nada. Ella estaba a punto de llorar para cuando encontró el valor de decir. —Tengo tanto miedo de que él termine interponiéndose entre nosotros, y me siento tan mal por sentirme de esa manera, sobre todo ahora que está herido, pero no puedo evitarlo. No quiero perderte, Edward. No puedo perderte. Simplemente no puedo.

Ya está. Su mayor temor ahora era de conocimiento público. Una caliente lágrima goteó desde el rabillo de su ojo, y ella se la enjugó rápidamente con enojo.

—No vas a perderme, cariño, y Garrett nunca se interpondrá entre nosotros. Estoy enamorado de ti. Nunca estuve enamorado de él. Fue sólo sexo, Isabella. Incluso cuando Garrett y yo tonteamos de adolescentes, fue sólo sexo.

Quizás para Edward, pero ella estaba segura de que para Garrett había significado mucho más que eso.

—Lo sé —dijo, aunque su corazón seguía aturdido por la duda—. Es sólo que... me da celos compartirte con él. ¿No te pones celoso cuando él me toca?

—No, tengo una furiosa erección cuando te toca.

—Pero cuando me toca Jazz...

Edward se puso rígido.

—Coño, ¿él te tocó? Le romperé los malditos dedos.

Isabella le abofeteó el vientre.

—No, no lo hizo. ¿Por qué estás tan celoso de Jazz, pero no de Garrett? No entiendo.

—Porque... porque él es Garrett.

Como si eso explicara algo.

—¿Y?

—Bueno... confío en él implícitamente con cada aspecto de mi vida. Incluso contigo. —Él inclinó la cabeza para besar la parte superior de la suya. Y sin embargo, Edward afirmaba no estar enamorado del hombre. —Pero si no te sientes cómoda permitiendo que entre a nuestra cama...

—No lo hago —dijo ella apresuradamente.

—Eso está bien. Encontraremos algo más para darnos placer.

Ella se acurrucó más cerca del pecho de su esposo, con el corazón henchido de cariño. Creía en lo que Edward decía. Él no estaba enamorado de Garrett. Ella no tenía nada que temer excepto su propia inseguridad.

—Todo lo que quiero es a usted, Sr. Cullen.

—Me tiene, Sra. Cullen. Siempre. Si alguna vez llega un momento en el que sienta que Garrett pueda amenazar nuestra felicidad, no dudaré en ponerlo en su lugar.

—¿Lo prometes? —dijo ella, sintiéndose un poco juvenil por preguntarlo, pero necesitaba que él lo dijera.

—Lo prometo. Soy tuyo, Isabella. Sólo tuyo.

Ella contaba con eso. Y contaba con que Edward nunca le rompería el corazón. Sabía que, si él lo hacía, ella nunca se arriesgaría de nuevo con el amor.

—Y yo soy tuya, Edward —susurró—. Siempre.

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Siento que necesitaba una discusión más larga jaja pero igual y solo soy yo je… en fin, espero que les haya gustado el cap, no olviden dejar un comentario y pasarse por mi hermoso grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!