Hacía ya tiempo que Clarke Griffin había tomado una decisión respecto a ella y a Niylah, la cuestión era que hasta ahora no se había decidido en firme a comunicárselo.
Sentada en el despacho de Abigail en el Café Arkadia hacía ya rato que contemplaba el teléfono en silencio no sabiendo si finalmente descolgar o no.
Los últimos tres años de su vida los había compartido con Niylah, una mujer con la que había vivido momentos increíbles pero que con el tiempo y el exceso de trabajo y dedicación por parte de ambas se había limitado a un par de encuentros a la semana en el apartamento que ambas compartían desde hacía más de dos años lejos de allí en Boston, y algunos encuentros ocasionales en la comisaría.
Se habían conocido mucho antes de ser admitida en la Academia de Policía porque su padre era uno de los instructores y antiguo teniente del Distrito Sur de Boston retirado con honores y relegado a la enseñanza.
Clarke podría haberse beneficiado de sus contactos pero se había negado a que creyesen que estaba con Niylah por eso. La realidad era que le gustaba de verdad. Le gustaba su rubia melena, le gustaba su terco carácter y le gustaban sus andares cuando llevaba puestas solo unas bragas y alguna camisa abierta paseando descalza por el dormitorio.
Joder, ¿pero qué demonios estaba haciendo con su vida?
¿De verdad iba a abandonar la seguridad y la comodidad que tenía a su lado y a arriesgar todo por cuanto había estado trabajando tantísimo tiempo por una apenas conocida?
A lo mejor Raven tenía razón. A lo mejor se estaba precipitando en plantear las cosas de aquella forma. ¿Y si después de todo, Lexa no quería nada con ella? ¿y si renunciaba a su vida para obtener absolutamente nada de su parte? ¿y si... y si lo perdía completamente todo por un encaprichamiento de nada?...
Por el amor de dios, ni siquiera se habían acostado aún aunque ella hubiese hecho creer que si a Lexa. La noche que se conocieron iba tan puesta de toda esa mierda que se metía que no se atrevió siquiera a pasar a mayores con ella, una conversación sincera, algunos besos aquí y allá y nada más, acceso a su vida garantizado.
Sonaba verdaderamente horrible dicho así pero era lo que realmente había pasado aunque en su cabeza había fantaseado con la idea de tener a Lexa desnuda en su cama y pasarse horas y horas con ella, en su fuero interno sabía que estaba mal aprovecharse de ella de aquella manera yendo en las condiciones que Lexa iba.
Ella era una agente que juro obedecer y cumplir la ley a raja tabla, ¿cómo iba siquiera a planteárselo?
De ser cualquier otra, posiblemente lo haría. No, no es que ella fuese Santa Clarke ni nada así pero no quería comenzar el resto de su carrera policial con ese tipo de cosas recayendo en su conciencia.
Ella quería hacer las cosas bien, tratar de hacer su trabajo lo más éticamente que la vida le permitiese y traicionarse a si misma y sacar provecho de alguien inocente no entraba en sus planes por el momento.
Si lograba ser sincera consigo misma sabía de pleno que estaba utilizando a Lexa Woodward para obtener información, para tener acceso a Ilian y a los Talleres Nakaras y para tener acceso al Club Red Sky y a todo cuanto sucediese en este. Ella podría acercarla a Becca Pramheda y a Russell Lightbourne con bastante probabilidad y ser aceptada como alguien más de su confianza siendo respaldada esta por nada más y nada menos que Octavia, otra de las chicas de confianza de Becca, pero se negaba a traspasar ciertos límites si podía impedirlo.
Ahora bien, el caso terminaría en algún momento quizás en días, quizás en semanas, puede que meses y ella tendría que regresar junto al Departamento de Asuntos Internos al centro de Boston abandonando Scranton Crow hasta que se la requiriese o puede que para siempre.
¿Qué pasaría entonces? ¿tendría que verse las caras con Niylah y sus padres en el trabajo, en cada maldita fiesta o reunión especial que se celebrase en comisaria? ¿quizás en el bar al que solía acudir con Raven y algunos de sus compañeros al acabar el turno? ¿tendría que acordar con Niylah el vender su apartamento y buscarse otro sitio para vivir? ¿en serio pondría su vida patas arriba por alguien como Lexa?
Se mortifico al haber dicho mentalmente aquello último. Estaba siendo de lo más injusta. Lexa no tenía la culpa de ser como era, del tipo de vida que llevaba ni de sus problemas. Ella solo...
Clarke se llevo las manos agobiada al rostro y suspiro frustradamente.
¿Y si mejor lo pensaba un poco más? ¿y si... y si veía como avanzaban las cosas entre ellas antes de acertar a dejar la vida que conocía del todo y a su pareja?
Clarke se mordió el labio inferior ojeando largamente el oscuro teléfono tamborileando con los dedos de su mano sobre la mesa y después de unos segundos se levantó, lo pensaría y la llamaría quizás más tarde cuando estuviese segura de que lo que sentía era algo más que un capricho o una pataleta.
Su decisión y Niylah podrían aún esperar, si... podrían hacerlo, se dijo saliendo del despacho de Abigail para ir a servir las mesas.
Continuara...
