Kara se reía a carcajadas mientras Lena la miraba enfurruñada. La rubia llevaba tanto tiempo riendo que sentía que las rodillas le temblaban por la falta de aire.

Esa mañana estaban trabajando en el huerto que Kara había montado en el exterior de la residencia de los Danvers en Sonokym, la casa que ahora era su hogar.

Era verano y hacía unos meses que Lena había abandonado la capital para siempre y se había instalado a vivir con ella de forma permanente.

- Yo no le veo la gracia. - decía Lena moviendo de un lado a otro el pequeño rastrillo con el que estaba trabajando.

- Tienes que aceptar que tiene su gracia.

- Ya me gustaría haberte visto a ti en la situación. Te habrías desmayado de la cantidad de sangre que se te hubiera ido a la cara.

- Te aseguro que he visto lo suficiente en los burdeles para no asustarme de nada.

- Ah, ¿sí? No estoy tan segura de que hubieras llevado tan bien encontrar a Lars teniendo sexo.

Kara volvió a estallar en carcajadas.

- ¡Kara! - la llamó enfadada Lena.

- Perdón, perdón. - dijo intentando calmarse. - Por lo menos, ¿sabes quién era el otro?

- Pues no. Como comprenderás en ese momento no me detuve a mirar a ver si lo reconocía. Suficiente tenía con salir corriendo de allí.

Y Kara, por tercera vez, volvió a estallar en carcajadas. Hasta había empezado a llorar de la risa y se tiró al suelo cuando las piernas ya no la aguantaron.

- Gracias por tu apoyo.

- Es que todavía no entiendo cómo te metiste allí.

- ¿Yo qué culpa tengo? No estaban haciendo ruido. Yo solo iba a buscarlo. ¿Cómo iba a saber lo que me iba a encontrar?

- Siento que esto es un castigo de los dioses por haber traumatizado a tanta gente. - respondió la rubia mientras se limpiaba las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

- Pues aquí la culpa la tenemos dos personas y solo ha recibido una. - contestó Lena cruzándose de brazos. - Ahora te las apañas tú sola.

Lena soltó el rastrillo y se fue dando media vuelta y abandonando la rubia. Se había alejado unos metros cuando oyó la voz de la otra:

- ¡Lena!

- No, Kara. Te aguantas. - respondió todavía sin girarse.

- ¡Lena!

- Te las apañas sola.

- ¡Lena! ¡Espera!

- ¡¿Qué?! - gritó mirando hacia la rubia.

Se la encontró preocupada mirando el horizonte. Siguió su mirada y se encontró una columna de humo que ascendía desde el mar.

Kara se acercó hasta ponerse a su lado.

- ¿Habíais conseguido construir los barcos de vapor? - le preguntó la rubia.

- Estaban a punto de fabricar el primer prototipo cuando me fui.

- ¿Crees que son ellos?

- No lo sé. - suspiró Lena.

- Será mejor que me vaya a esconder por si acaso.

Lena asintió.

- Nos vemos luego. - se despidió la Luthor.

Kara se despidió dándole un corto beso a Lena y se dirigió hasta una cueva escondida en los acantilados que rodeaban la playa. Era el escondite que usaba cuando veían visitas inesperadas e indeseadas. Al final, para toda Thera, ella había muerto muchos años atrás.

La morena se limpió la tierra que quedaba en sus manos y se dirigió hasta el muelle a esperar a los visitantes de la isla. Esperaba no tener problemas.

El pequeño barco de vapor no tardó en llegar cerca y un pequeño bote con sus tres hijos se desprendió de él. Levi remaba solo arrastrando la nave mientras su hermano y su hermana hablan tranquilamente delante de él. No tenían remedio ninguno de los tres. Lena se podía imaginar como habían acabado así: Levi diciendo que Lars era un flojo que lo retrasaría y Lisha diciendo que prefería ir nadando hasta la playa que ir remando.

Los esperaba divertida con una sonrisa en los labios al final del muelle. Lars fue el primero en bajar cuando se colocaron al lado de la pasarela, después, Lisha y el último fue Levi. Entre los tres y con algunas discusiones de por medio, consiguieron amarrar el bote sin que nadie acabara en el mar. La saludaron desde lejos y se fueron acercando hasta ella tranquilamente.

Con el paso de los años, Levi había crecido hasta ponerse casi a la misma altura que Lars. El mayor seguía siendo más delgado, mientras el pequeño, ya no tan pequeño, tenía el cuerpo típico de un soldado experimentado. Lisha se había quedado bastante más bajita. Sus hermanos prácticamente le sacaban una cabeza entera. Pero, claro, también le sacaban una cabeza entera a ella misma.

Tuvieron un abrazo grupal cuando llegaron hasta ella y hubo muchos "te he echado de menos". Lena estaba feliz rodeada por los brazos de sus hijos adultos.

- ¿Dónde está la tía? - preguntó Lars siendo el primero en separarse.

- Se ha escondido por si acaso. No os esperábamos.

- Pues habrá que sacarla de su escondite. - dijo Levi con una sonrisa perversa.

Lena dirigió su mirada a Lisha, pero ya había vuelto a desaparecer. Estaba segura de que ya debía estar explorando la isla sola otra vez. Tenía que conocérsela de memoria con la cantidad de vez que la chica solía desaparecer por allí.

Levi, Lars y Lena subieron charlando tranquilamente hasta la casa. Lena tocó la pequeña campana situada en la puerta que usaba para darle la señal a Kara de que podía salir.

- Jolín, mamá. Le quitas toda la emoción. - se quejó Levi.

- No veo donde ves la gracia en encontrar un escondite que ya sabes dónde está, Levi. - contestó Lars cruzándose de brazos.

- La gracia está en asustar a la tía. - se defendió haciendo una mueca.

- Creo que después de las cinco primeras veces, tu tía ha estado fingiendo el resto de sustos, cariño. - confesó Lena.

- ¿En serio? - respondió Levi triste.

- Siento decepcionarte.

- Bueno, por lo menos, este año voy a lograr ganarle en una pelea. - contestó confiado hinchando el pecho.

- Sigue soñando, enano. - se oyó la voz de Kara desde la escalera que conducía a la cala. Ella no tardó en aparecer. - Pasarán los años y seguirás sin poder ganarme. ¿Qué te hace pensar que este año será diferente?

- He estado entrenando con una mujer que me ha enseñado técnicas nuevas. A esto, le sumas tu edad y no verás venir los golpes.

- Lena, ¿me acaba de llamar vieja? - le preguntó colocándose a su lado.

- Es que nos hacemos mayores, amor.

- ¡Y que lo digas! - respondió Kara llevándose la mano a la espalda baja. - Tengo que empezar a encontrar un nuevo escondite. Cada vez es más difícil meterme en ese. Por cierto, ¿habéis venido con vuestra hermana? ¿Dónde está Lisha? - preguntó buscando a la chica.

- Dando vueltas por la isla, supongo. Ha desaparecido en cuanto ha llegado. - le explicó Lena.

/*/*/*/

Kara estaba paseando por la isla buscando a Lisha. Conocía los rincones preferidos de la chica.

Se la encontró en la otra punta de la isla. Estaba sentada en unas rocas que estaban rodeadas de agua con la vista fijada en el horizonte. Era curioso porque Lisha estaba completamente seca. Kara siempre estaba maravillada por la capacidad que tenía la chica para moverse por los sitios. Era imposible oírla llegar o seguirle cualquier tipo de rastro. Kara reía recordando el susto que les había dado cuando la niña tenía cinco años y había desaparecido. Por aquel entonces, Kara llevaba años ya viviendo en esa isla y la encontró en un rincón donde nunca había estado antes.

Nadando, llegó hasta las rocas y las escaló hasta sentarse a su lado.

- Veo que me has echado de menos, ¿eh? - rio Kara golpeándola suavemente. - Ni te has pasado a saludar.

- Es más divertido que me tengas que encontrar. - respondió la otra con una sonrisa mientras seguía con la vista fija en el mar.

- Tienes que empezar a buscar nuevos escondites. Te aseguro que quedan pocos lugares que no conozca.

- Eso ya lo veremos. - sonrió confiada la más joven.

Kara se puso a reír. Estuvieron las dos en silencio un rato disfrutando de la brisa.

- ¿Volvemos? - le propuso Kara. - Estoy segura de que tu madre quiere pasar tiempo con los cinco juntos.

- Ahora vengo. - asintió Lisha. - Quiero disfrutar un poco más de esto. Es un alivio salir de la ciudad.

- ¿Tanto la odias? - sonrió la rubia.

- Estoy pensando en irme a vivir al norte o a cualquier otro lugar más tranquilo. Me agobia un poco el trajín de gente de la capital.

Kara la entendía. A ella nunca le había molestado en exceso en ambiente de la capital. Era el lugar donde había crecido. Pero la pequeña Lisha se había criado la mitad de tiempo en la ciudad y la otra mitad, en Sonokym, ese pequeño paraíso. La propia Kara sabía que ella también habría acabado odiando la ciudad si hubiera crecido como Lisha.

- Bien. Iremos preparando la comida. No tardes mucho en venir o tus hermanos se acabarán toda la comida.

- Siempre puedo pescar algo por aquí. - rio como respuesta Lisha.

/*/*/*/

Lars, Kara y Lena estaban sentados alrededor de la mesa después de cenar. Levi se había ido a dormir temprano. En el ejército, se había acostumbrado a irse a dormir temprano y prácticamente se estaba quedando dormido encima de la mesa durante la cena. Lisha, en cambio, había vuelto a desaparecer en cuánto acabaron de comer.

- Mamás, quería preguntar vuestra opinión sobre algo. - dijo Lars serio. - Estaba pensando en darle a Levi un cargo importante en los ejércitos. Básicamente, pensaba en jubilar a la tía Alex y que Levi ocupara su lugar.

- ¿Y tu hermano quiere eso? - preguntó Kara levantando una ceja.

- No lo sé. - respondió Lars encogiéndose de hombros. - Quería saber vuestra opinión antes.

- Yo no estoy muy convencida. - respondió la rubia. - Levi es más un hombre de acción que de despacho. Te será más útil y estará más feliz si lo dejas continuar con las tropas. Pero si crees que es lo correcto, habla con él y pregúntale su opinión.

- Yo estoy de acuerdo con ella. No veo a tu hermano encerrándose en la capital a administrar los ejércitos desde allí.

- Ya veo… - contestó Lars algo decepcionado. - Luego hablaré con él. Pero, si me dijera que sí, ¿os parecería bien?

- Bueno, estoy segura de que Alex empieza a necesitar una jubilación. - rio Kara. - No veo por qué no. Tiene que ser alguien de confianza quien coloques allí. Si crees que tu hermano es esa persona, no somos nadie para opinar lo contrario, majestad.

- Eres literalmente la persona que me enseñó a gobernar. - le respondió Lars.

- Has tenido muchos maestros aparte de mí que te han enseñado bien.

- Ya, pero creo que ninguno lo entendía con la misma dedicación que tú.

Kara notaba como la sangre le subía hasta la cara otra vez. Lars y Lena empezaron a reír mirándola.

- Sí, muy divertido. Me voy a ir a dormir yo también. -dijo Kara levantándose y abandonando a los otros dos en el comedor sin mirar atrás.

Lars y Lena empezaron a reír a carcajadas. Kara cerró dando un portazo.

- Hay cosas que no cambian. - decía Lena recuperando el aliento al cabo de un rato.

- Supongo. - asintió Lars. El joven hizo una mueca antes de volver a hablar. - Oye mamá, quiero comentarte lo que viste antes de que te fueras.

- No hace falta que me digas nada. - dijo Lena negando nerviosa con la cabeza. - Tú tienes tu vida, no hace falta que me cuentes los detalles. Siento haberos interrumpido.

- ¿Estás segura? - le respondió Lars y la miró con una ceja levantada.

- Sí, segura. ¿Sabes? Yo también tengo mucho sueño. - dijo mientras se levantaba rápidamente. - Yo también me voy a ir a dormir. Qué descanses. – se despidió Lena mientras huía hasta la habitación que compartía con Kara.

Cerró la puerta rápidamente antes de que Lars pudiera decir algo más.

- No te perdono, Lena. - le dio la bienvenida Kara tumbada de espaldas a ella.

Lena se la quedó mirando divertida.

- Qué pena… Yo tenía un montón de ideas para esta noche. Es una pena que no me perdones. - dijo Lena esperando a que la otra picara el anzuelo.

- No cuela, Lena. No voy a caer tan fácil. - respondió Kara que seguía con la vista fijada en la misma pared.

- Bueno tú te lo pierdes. - respondió Lena encogiéndose de hombros. Se empezó a desnudar asegurándose de que la otra pudiera oír como la ropa caía al suelo.

Kara se tensó en la cama, pero no se dio la vuelta. Lena se tumbó a su lado y la abrazó por la espalda.

- ¿Qué intentas, Lena? - preguntó enfadada Kara.

- ¿Qué intento, Kara? - respondió Lena mientras se le escapaba la risa. Empezó a reseguir el costado de Kara con sus manos. Luego coló su mano por debajo de su camisa y volvió a repetir sus caricias. Se aseguró de estar completamente pegada a la rubia para que pudiera notar su cuerpo contra su espalda.

- ¿Tratas de seducirme? - murmuró Kara todavía sin moverse. Empezaba a tener la respiración entrecortada.

- Eso lo conseguí hace años, amor. - respondió Lena y dejó un beso en el cuello de la rubia.

- No vas a conseguir que caiga tan fácilmente.

- Ajá. - contestó Lena y empezó a repartir besos por todo el cuello de la rubia. Empezó a dejar pequeños mordiscos en diferentes zonas que luego besaba y acariciaba con su lengua para aliviar el dolor que acaba de marcar en la piel de la otra.

- Puedo soportarlo.

- Ajá.

Lena llevó sus manos hasta los pechos de la rubia que empezó a masajear mientras seguía sus atenciones a su cuello. A Kara, se le escapó un gemido.

- No me afecta lo que puedas hacerme.

- Ajá.

Lena fue bajando poco a poco su mano por el cuerpo de la rubia hasta colarla por su pantalón. Kara ya estaba lista para ella.

- Soy de piedra.

- Seguro.

Lena empezó a masajear la zona. Kara volvió a gemir. Agarró la mano de Lena y se dio media vuelta.

- Que conste que es porque me apetece. Tú no has logrado nada. - respondió haciendo un puchero.

- Lo que tú digas, amor. - rio Lena.

Kara empezó a besarla y la empujó hasta colocarse encima de ella. Se separó de sus labios y empezó a bajar por su cuello, pero se detuvo a medio camino y se acercó hasta su oído.

- ¿Lars sigue en el comedor? - susurró Kara. - ¿Quieres que nos venguemos?

Lena se apartó de ella y frunció el ceño.

- No, Kara. No quiero que Lars nos oiga tener sexo. Suficiente tengo con lo que tengo ya.

Kara estalló en carcajadas otra vez.

- Está bien. - dijo acercándose otra vez a Lena. - Volvamos al modo silencioso. - susurró otra vez. Empezó a repartir besos por su cuello. - Es una pena. Estos días a solas, había disfrutado escuchándote gritar mi nombre a pleno pulmón.

- Tranquila, tenemos años de sobras para eso.

/*/*/*/

- Venga, tía. ¿No decías que no iba a ganarte nunca? - decía Levi moviéndose de un lado a otro en el pequeño campo de entrenamiento que ya había montado de forma permanente en el exterior de la casa.

Era primera hora de la mañana. Kara había bajado a la cocina a preparar el desayuno para los cinco y se lo había encontrado entrenando.

- Hoy no, chaval. - suspiró Kara mientras empezaba a cocinar. - Estoy muy cansada.

- Ya, menos excusas, tía. - respondió el chico acercándose a ella cruzado de brazos y con una sonrisa confiada. Se había detenido en el umbral de la puerta sobre el que se había dejado caer.

- No es una excusa. He dormido mal esta noche y los años no pasan en balde. Lo dejamos para mañana.

- Cobarde…

- Mañana te tendrás que tragar tus palabras, enano. - respondió Kara mirándolo con los ojos entrecerrados.

- ¿Qué os pasa ya? - reía Lena apareciendo del piso superior.

- La tía es una cobarde y no quiere luchar contra mí.

- Yo le he dicho que estoy cansada y que lo dejamos para mañana.

- Vaya… ¿Tanta factura te ha pasado esta noche? - dijo Lena divertida abrazando a Kara por la espalda y dejando un beso en la nuca de la otra.

- ¡Mamá! ¡Esa información no la necesitaba! - gritó Levi huyendo de la cocina hacia el exterior de la casa.

Lars apareció a tiempo para ver a su hermano salir.

- Buenos días. - dijo el mayor nada más aparecer. - ¿Qué le pasa?

- Nada. Cosas de tu madre. - respondió Kara completamente roja sin mirarlo.

Lena reía contra su hombro. Lars asintió pensativo sin darse cuenta de nada.

- Voy a hablar con él ahora.

- Yo de ti esperaría un poco. - respondió Lena todavía entre risas.

- ¿Qué le habéis hecho? - preguntó desconfiado.

- Nada. - respondió Lena haciéndose la inocente.

Lars se las quedó mirando confundido y se encogió de hombros.

- Me voy a dar un baño a la playa entonces.

- Busca a tu hermana. - le dijo Kara antes de que cruzara la puerta. - Dile que vamos a desayunar de aquí poco.

- ¿Ha vuelto a dormir fuera? - preguntó él sorprendido.

- ¿Tú la has visto dormir con vosotros?

- No, la verdad. - respondió Lars encogiéndose de hombros. - ¿Alguna pista?

- Si se ha pasado la noche durmiendo fuera, lo más probable es que se haya quedado en la playa. - le explicó Kara.

Con esta información, Lars se despidió de ellas y las dejó a solas otra vez. Estuvieron un rato cocinando en silencio.

- ¿Tú no decías que suficiente tenías con lo que tenías ya? - dijo divertida Kara cuando recuperó el color natural en su piel.

- Solo hablaba de Lars. - respondió Lena encogiendo los hombros. - Con Levi, no tenía ningún problema.

- Ahora ya sí.

- Ni que fuera un niño inocente. - reía Lena quitándole hierro al asunto.

- No te entiendo de verdad. - negaba con la cabeza la rubia mientras cortaba una pieza de fruta.

- Pero me quieres igualmente. - le contestó Lena dejando un beso en su mejilla.

Kara sonrió concentrada en lo que estaba haciendo.

- Eso no te lo voy a negar.

- ¿Creéis que podéis dejar de estar como dos lapas el tiempo que estemos aquí? - gruñó Levi entrando con Lars y Lisha.

- No sé por qué te quejas. - le respondió Lisha. - Ni que no fueran siempre así.

Los tres hermanos empezaron a subir las escaleras hasta el comedor.

- Tú no sabes lo que sé yo… - murmuraba Levi.

Lena empezó a reírse a carcajadas. Kara solo negaba con la cabeza mientras colocaba la comida sobre una bandeja para llevarla arriba.

Subieron las dos juntas y se encontraron a los tres hermanos hablando de cualquier cosa.

Kara repartió la comida y se sentó al lado de Lena quien se dejó caer apoyándose contra su costado. Las dos comieron en silencio admirando como los chicos interactuaban.

- Como han crecido. - murmuró Kara contra su oído.

- Demasiado rápido. - respondió Lena abrazándose a ella.

Lars se aclaró la garganta y miró serio a Lena y Kara que asintieron entendiendo el mensaje.

- Levi, tengo una propuesta para hacerte.

- Que miedo me da cada vez que dice eso. - respondió Levi negando con la cabeza y mirando su plato fijamente.

- Muy gracioso, enano. Escúchame, va. - respondió Lars empujándolo suavemente para que levantara su vista. Cuando logró que Levi lo mirara, volvió a hablar. - Sabes que la tía Alex empieza a estar mayor. Estaba pensando en proponerte que ocuparas su lugar.

Levi se lo quedó mirando sorprendido. Volvió su vista a su plano pensativo. Estuvo unos instantes en esa posición. Luego volvió a mirar a Lars.

- Lo siento, Lars. Muchas gracias, pero no. Me gusta estar donde estoy. Un despacho no es mi sitio. Quizá en unos años si me apetece asentarme o buscar más tranquilidad. Pero ahora mismo, siento que mi lugar está entre las tropas.

- Lo entiendo. - asintió Lars. - Está bien, enano. Ya me buscaré a alguien más. No te preocupes.

- Ya que estamos hablando del tema… - intervino Lisha. - He estado dándole vueltas y me gustaría viajar por Thera y explorar el reino. Sabéis que no me gusta estar en la ciudad.

Los otros cuatro asintieron.

- Si es lo que quieres… Haz lo que sientas que es mejor para ti. - sonrió Lena. - Ya eres lo suficientemente mayor para tomar esa decisión.

Lisha sonrió feliz por la aprobación de su madre.

- Vaya… - murmuró Lars triste. - Me voy a quedar solo en la capital entonces.

- Bueno, siempre podemos encontrarnos aquí, en Sonokym. - le respondió Levi agarrándolo del hombro.

- Por nosotras, no os cortéis. - añadió Lena que todavía seguía abrazada a la rubia. Kara asintió ante la idea. - Siempre seréis bienvenidos aquí.

Los tres hermanos las miraron y asintieron con una sonrisa.

A Lars, se le iluminó el rostro como si acabara de recordar algo.

- Por cierto, ya he acabado la máquina para pescar. - anunció. - ¿Cuándo hacemos la competición para ver quien pesca más peces?