No iba a poder dormir si no terminaba, así que aquí está

Capítulo anterior.

Dejando el juego de notitas hasta ahí, Astrid se acercó a la ventana para contemplar una vez más a aquel árbol que representaba la vida de su hijo no nato.

Ay, hermanito. Ayúdame a no arruinarlo.

Pidió esperanzada y luego se volvió de nuevo hacia la cama, mientras que por fuera de la habitación las hojas y ramas del árbol hermanito se mecieron con suavidad como si indirectamente estuviera respondiendo a la hechicera.

"No lo arruinarás."

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Capítulo 47.

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"El nuevo comienzo"

Noviembre 2019

Los días de tormenta terminaron y le sustituyó un clima refrescante muy característico de la estación de otoño.

Los estragos que habían dejado las lluvias por toda la isla de Berk, comenzaron a repararse gradualmente tanto en el sector público como en lo privado, tal como en la casa de Fishlegs Ingerman.

Después de lo sucedido, Hiccup se encargó de borrarle la memoria para hacerle creer que todo los daños en su casa habían sido causados por la tormenta, no había sido fácil convencerlo, porque al igual que el hechicero, Ingerman solía cuestionarse todo; sin embargo, cuando no encontró una explicación razonable para lo que había pasado, terminó aceptando la versión que le dio su amigo, la cual había quedado de la siguiente manera:

El día de la tormenta, Heather junto con su novio Spinel (a quien también le borraron la memoria) habían ido a visitarlos para hacer las paces; durante el inter de su conversación azotó fuertemente la tormenta, destruyendo parte de la casa, como si un tornado hubiera caído sobre ella. Unos escombros habían caído sobre Ingerman y Vulkan lo cual los dejó inconscientes y quien se encargó de cuidarlos fue Heather hasta la llegada de Dagur quien, por seguridad, los trasladó a todos a su casa en lo que pasaba la tormenta.

Una explicación corta y sencilla que convenció a los hombres que quedaron inconscientes, y que después de dejar el tema de la tormenta atrás, hicieron las paces, al igual que Heather y Fishlegs que, dejando el rencor del pasado, así como las equivocaciones, decidieron seguir siendo amigos.

El caso de Fishlegs Ingerman vs el titiritero quedó cerrado en el folder mental de Hiccup por el momento.

Mientras tanto, por otro lado, en la casa de los Haddock — Hofferson el ambiente había cambiado por completo o al menos es lo que sentía el guía furia nocturna, el cual, desde que su amigo había vuelto del último combate junto con Astrid lo notaba diferente al igual que a ella.

¿Qué era lo que había sucedido?

Según las previas conversaciones que tuvieron, Hiccup y Astrid les contaron sobre su llegada al lugar en donde cayeron después de haber sido hechizados, así como el reencuentro que tuvieron con las personas que los habían acogido.

Cuando el furia escuchó la historia completa, concluyó, junto con las otras dos guías, que sí los habían visto ir a ese lugar al menos 2 veces después de que los encontraron, pero como ellos vigilaban de lejos, pensaron que sólo era un lugar vacacional. Desconocían cuan importantes eran las personas que vivían en ese campo para sus amos.

Cuando quedaron atados esos cabos que, más que nada eran falta de información por el previo desinterés de los hechiceros por el pasado, el asunto de aquella travesía quedó también como un caso cerrado, pero no para el guía de Hiccup.

Si bien se habían dado explicaciones de la pelea que tuvieron con las arpías y el encuentro con los hacendados del campo, ni Hiccup ni mucho menos Astrid explicaron el cómo habían resuelto los problemas que tenían previo al ataque. Era como si la discusión de aquella mañana donde prácticamente Hiccup pidió el divorcio y Astrid lo corrió de la casa no hubiera pasado. Ambos hechiceros al volver siguieron como siempre, cada uno con su rutina habitual.

Hiccup en la estación, en donde al dar una loca versión de cómo el auto de su trabajo quedó destrozado, quedó exonerado por su "amable" jefe, quien le proporcionó un nuevo vehículo, Mientras que Astrid, siguió concentrada en su invernadero y con los tips que le había dado la señora Phelma comenzó a trabajar en nuevos plantíos para hacerle más competencia a Fishlegs.

Hasta ahí todo parecía normal, pero el furia seguía intuyendo que había algo más, puesto que dejando de lado los trabajos de su amo y de la otra hechicera, unas cosas habían cambiado y eso era el trato que ahora tenían con sus hijos, si bien antes les dedicaban su atención, ahora se apreciaba una mejor interacción.

Cuando los niños hacían sus tareas, procuraban ambos sentarse con ellos para ayudarlos en lo que fuera, cada vez que Zephyr y Nuffink tenían un acierto con lo que hacían festejaban ruidosamente y chocaban sus manos y también con la de los niños, eso nunca lo habían hecho.

Cuando cocinaban, ambos ahora se mostraban más animados y menos rutinarios, también se aplaudían sus logros, como cuando la comida de Astrid no terminaba en el techo, o cuando Hiccup ideaba una nueva forma de preparar los alimentos.

Resumido en pocas palabras Hiccup y Astrid hacían un mejor trabajo en equipo y mucho más armonioso que antes.

Pero ¿Por qué el cambio? Era lo que quería saber el furia y no sólo él, también Alúmini quien, al darse por enterada de sus observaciones, también concluyó que su amo adoptivo y la ama de Stormfly se estaban comportando más raro de lo habitual. La única que parecía no darse por enterada o no estar interesada en el asunto era precisamente Stormfly la cual cada vez que querían hablar sobre sus observaciones contestaba con un: "Yo no veo nada raro".

Si que debía estar ciega, pensó el furia al ver el desinterés de su amiga, pero él, como todo un guía preocupado, se propuso a averiguar qué era lo que Hiccup y Astrid tramaban, o en el peor de los casos, quería cerciorarse de que nadie se los hubiera cambiado por otros que no eran o algo por el estilo.

Por eso se empeñó, en su tiempo libre, a hacerle sombra a Hiccup todo el tiempo que fuera posible: cuando llegaba del trabajo, a la hora de la cena, mientras descansaban en la sala, en fin, lo tenía bien vigiladito.

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miércoles 13 de noviembre de 2019

Mitad de semana, nada interesante había sucedido, pensaba Hiccup mientras bostezaba por los pasillos de la estación, llevando consigo un montón de papeles.

Después de la tormenta, sólo le había tocado hacer unas averiguaciones por unos comercios que fueron vandalizados y cuyos responsables fueron capturados días después. Posteriormente a eso, tuvo que hacer vigilancia en ciertos sectores que habían resultado seriamente dañados por la tormenta, pero una vez que todo eso terminó y se tranquilizó llegó el momento de hacer el reporteo de todas sus actividades las cuales consecutivamente tendría que entregar a su jefe.

Desde el aspecto laboral nada había cambiado.

Mientras que, en el aspecto mágico, hasta la fecha no se habían dado nuevas incidencias después de lo sucedido con Fishlegs y las arpías lo cual le parecía perfecto, pero que también le preocupaba cuando se ponía a pensar seriamente en ello, ya que después de las conclusiones que había sacado con Astrid mientras estuvieron en la casita de campo, le preocupaba que su enemigo intentara usar la magia vudú contra ellos o con cualquiera de su familia.

Sin embargo, cuando no era lo laboral ni lo mágico lo que ocupaba sus pensamientos, algo más lo dominaba por completo y eso era el nuevo aspecto que se había integrado a su vida: lo sentimental, aspecto del cual por el momento se sentía un poco decepcionado.

Pensaba que el haber empezado una relación con Astrid lo tendría brincando de felicidad 24 horas al día, pero no había sido el caso, y no por causa de ella ni de él, si no por un tercero, su queridísimo guía.

Hiccup resopló, no sabía qué pasaba, pero en los últimos días, Toothless no se le despegaba para nada, parecía que lo tenía vigilado o esa era la impresión que le daba pues de buenas a primeras, comenzó a quedarse con él en el sofá ya que, según él, Nuffink lo pateaba mucho al dormir.

Esto trajo de consecuencia que ya no pudiera encontrarse con Astrid en la azotea de la casa, el único sitio en donde después de formalizar, utilizaban para darse un "poquito" de cariño a expensas de los demás, ya que a su lady también le preocupaba que siendo indiscretos en la casa todo el mundo se diera cuenta de lo que sucedía entre ellos.

Ese era un problema también, pensó Hiccup, mientras tomaba asiento en su escritorio; el que Astrid quisiera ocultar a todos la verdad a veces era un poco difícil, pero comprendía porque lo hacía, si algo llegaba a pasar entre ellos no quería que los niños se vieran afectados por sus decisiones, pero por otro lado pensaba que para atar aún más los lazos que tenía con ella era necesaria la convivencia, pero cómo hacerlo si tenían que ocultarse y para colmo él tenía vigilancia.

Quería encontrar una manera de estar a solas con ella, pero ¿con cuál excusa? Ciertamente era difícil porque ellos ya no eran un par de adolescentes desobligados, no, ahora tenían responsabilidades y para su desgracia también tenían un enemigo al acecho. No quería ser el inmaduro en la relación, pero resentía el no poder tocar, besar e incluso conversar con su novia como cualquier pareja lo haría.

"Paciencia", "Paciencia" era lo que su ser le pedía tener, pero ciertamente encontraba abrumador el no poder tener una relación "normal", dentro de lo que cabía, como otros.

—Oye… ¿qué tienes?

Escuchó que preguntó su compañero y vecino de escritorios: Dagur.

Hiccup resopló.

—Nada, sólo pensaba.

—Eso puedo verlo, ¿Problemas en casa?

—No, para nada. Todo va bien.

—Oh. ¿Seguro? ¿Cómo van las cosas con Astrid?

Hiccup sonrió de lado, a Dagur era al único que le había confiado sobre su nueva relación, y el detective como buen amigo, guardaba su secreto.

—Bien, es decir, ella me quiere, yo la quiero, pero… —resopló cansado.

—¿Quieres pasar más tiempo con ella? —dedujo Deranged.

—¿Soy tan obvio?

El detective asintió.

—Es lo normal, hermano, digo, apenas van empezando con su relación, si es que se le puede decir así, pero las cosas para ustedes están al revés ¿verdad?

—Sí, prácticamente es eso, y como siento que esto es prácticamente nuevo para mí, es decir, estar en una relación formal, quisiera estar más tiempo con Astrid, había pensado invitarla a salir, pero…

—¿Pero… ¿Por qué no lo haces y asunto acabado?

—Bueno, aparte de que tenemos a nuestros hijos. —respondió Hiccup con obviedad. —Está el hecho de que debemos cuidarnos de nuestro enemigo y también pues, no es algo que podamos hacer, así como así, es decir, sólo ella, yo... y tú —agregó. —Sabemos sobre esto. Cualquier movimiento en falso y los demás se podrían dar cuenta de lo que hay entre nosotros.

—¿Y eso tendría algo de malo?

—No, pero… concuerdo con Astrid, en el aspecto de que quiero que esto sólo sea entre ella y yo por el momento, porque ya sabes, luego los demás se enteran, me refiero a nuestros guías, y presiento que nos van a sermonear y bueno todo lo que implica hacer algo público.

—Mmm, entiendo, pero, algún día tendrán qué hacerlo…—opinó Dagur. —Yo creo que sería mejor que sacaran todo a la luz de una vez por todas, ya sabes lo que dicen: la verdad los hará libres.

—Tienes razón en eso, pero necesitaría convencer a Astrid, ella es la que se siente un poco insegura con respecto a nuestra relación, y la comprendo, porque ella jamás había estado en una, esto es nuevo para ella y teme echarlo a perder.

—¡Pero qué tontería! —Dagur se sobresaltó. —Ay, hermano, qué va a echar a perder ni que nada, si a como me la pintas se ve que también está bien embobada por ti, lo que tu mujer necesita es más seguridad en sí misma, ¡necesita que vea que tú eres capaz de hacer todo por ella, porque... si eres capaz de hacer todo por ella ¿verdad? —preguntó para cerciorarse.

—Eh… sí. —rio Hiccup avergonzado, más que nada porque Dagur estaba casi gritando y todos los demás compañeros de la estación los estaban escuchando.

—¡Entonces no pierdas más el tiempo! Amárrate los pantalones, toma al dragón por los cuernos e invítala a salir. ¡VUELVAN A ENCENDER EL FUEGO DE LA PASION! ¡Renueven todos esos años! —gritó Deranged realmente motivado.

—Shuu… Dagur. —susurró Hiccup, para que su amigo fuera más discreto, pero…

—¡Llévala al restaurante más romántico de la ciudad! —gritó una de sus compañeras.

—¡Al parque de diversiones! —gritó otro muy animado.

—¡Ese está en reconstrucción, tarado! —se escuchó otro grito por ahí.

—¡Al karaoke! —fue la sugerencia de otra detective.

—¡Vayan a ver la final de los defensores de Berk! —sugirió otro compañero.

—¡Llévala al concierto de la mejor música de los últimos tiempos! —gritó otro entusiasmado

—¡Al motel! Digo… a un ¡hotel! —sugirió Skipy entre risitas traviesas.

—Ay no puede ser…

Hiccup enrojeció con la sugerencia de su practicante, quería que la tierra se lo tragara mientras escuchaba otro montón de opciones tales como el zoológico, restaurantes de comida extranjera, el parque, bares etc., pero finalmente a pesar del bochorno que sintió, reflexionó algo importante de lo que Dagur había dicho: Astrid y él, prácticamente habían perdido casi 10 años de su vida viviendo en una mentira, era justo de que al menos por un día o una noche revivieran lo que era ser jóvenes, lo que era ser novios.

—¡¿Entonces que dices, hermano?! —preguntó el motivado Dagur en voz alta, encima de su escritorio.

El abochornado Hiccup se encontraba con la cabeza escondida entre su escritorio, levantó lentamente la cabeza y cuando lo hizo vio que sus demás compañeros de la estación: detectives, policías, practicantes y secretarias estaban muy pendientes de lo que diría.

Era vergonzoso.

Sin embargo, aunque sentía un bochorno como si estuviera rodeado por las llamas de su espada inferno, se levantó lentamente de su asiento, tomó aire, y sintiendo que exhalaba vapor hirviendo, respondió con un grito casi desesperado:

—¡LA VOY A INVITAR A SALIR!

A su respuesta, los aplausos y chiflidos no se hicieron esperar por todo el personal de la estación que estaba presente en el lugar, celebraban burlonamente como si fuera un gran acontecimiento lo que sucedía en su área hasta que…

—¡¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es ese escandalo? ¡Detective Deranged! ¿qué hace encima de su escritorio?!

—Ups… perdón… capitán. —se disculpó el cohibido Dagur, con una sonrisita nerviosa.

El resto de los presentes se quedó inmóvil y en silencio.

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Jueves 14 de noviembre.

—Bien, todo saldrá bien. —se decía Hiccup así mismo, dentro del auto el cual estaba aparcado frente al garaje de su casa.

Después de un extenuante día de labores, por fin había llegado a su hogar y estaba más que nervioso. Después de la penosa situación del día anterior (que tuvo una posterior amonestación por el escándalo) y de haber estado ideando una cita ideal durante el día en base a algunas sugerencias de sus compañeros, había llegado el momento de hacer lo más difícil: pedirle a Astrid que saliera con él.

Pensaba que sería difícil, debido a que Astrid era extremadamente discreta con sus sentimientos, a diferencia de él que era como un libro abierto, cualquier insinuación ella podría decirle que no era lo adecuado o no era el momento, había una probabilidad del 50% de que no aceptara a salir con él bajo las circunstancias en las que estaban y también por otro lado, tenía que ingeniárselas para que Toothless no se entrometiera como últimamente lo hacía. Necesitaba estar a solas con Astrid para invitarla y también para darle los motivos por los cuales creía era necesario que tuvieran esa cita.

—Ok, aquí vamos.

Respiró hondo y salió del auto. De lo más normal se dirigió hacia la entrada principal de la casa, en donde si sus cálculos no fallaban alguien muy contento lo recibiría.

—¡Hiccup, llegaste!

La sonrisa apareció en su rostro en cuanto vio a su hijo saliendo de la casa en compañía de Alúmini, y como todos los días, lo recibía entre sus brazos y luego lo acompañaba de regreso a la casa, montándolo sobre sus hombros.

—¿Cómo te fue hoy en la escuela, amigo? —preguntó animadamente.

—Bien, bien, hice muchas cosas: coloreé, hice una casa de palitos de madera, ¡ah! y la maestra leyó un cuento después del almuerzo.

—Ah, ya veo. ¿y te dejaron tarea?

—No, nada, nada.

—Uy, que alivio. —suspiró Hiccup al sentir que tendría un poco más de tiempo libre.

—Pero Astrid de igual manera le dejó unos quehaceres. —le aclaró Alúmini. —Nuffink, anda deja a Hiccup descansar un poco, tiene que comer.

—Ok. —musitó el niño aburrido, dejando caer su cabeza sobre la de Hiccup, el cual riendo y conociendo sus berrinches, lo bajó con cuidado. —Pero más al rato jugamos ¿sí?

—Claro, amigo… mientras has lo que Astrid te pidió o…

—¡O se enoja! —finalizó el pequeño temeroso, volviendo a la mesa que había en la sala, en donde había un instrumento musical improvisado que asemejaba a una batería.

—¿Quieres que te sirva de comer, Hiccup?

El aludido apenas y reaccionó pues su mirada se quedó clavada en su hijo, el cual con habilidad comenzó a tocar su pequeño instrumento con gran habilidad, y no era para menos, él también había heredado ese don de su abuela materna.

—¿Hiccup?

—Eh, sí… ¿disculpa?

—Te había preguntado ¿si comías de una vez o te quieres esperar hasta la cena?

—Creo que me esperaré… ¿dónde está Astrid?

—¿Dónde más? En el invernadero con Heather, están acomodando la mercancía y haciendo inventario, mañana es día de entregas.

—Cierto, y… ¿Toothless volvió a la escuela con Zephyr y Stormfly?

—Sí, desde hace unas horas, ya no deben de tardar. El ensayo del coro está por terminarse. —miró Alúmini el reloj de la sala.

Eran las 4:25 p.m. y el ensayo del coro ahora terminaba a las 4:30 debido a las últimas situaciones presentadas en la ciudad.

Hiccup, analizando también el reloj vio que sólo disponía de 5 minutos para sacar a Astrid de la casa y llevarla a un lugar en donde Toothless no los encontrara, porque no había manera de pedirle una cita en su hogar, sin que nadie se diera cuenta.

—Bien, iré a ver a Astrid, es que tengo algo que decirle. —avisó disimuladamente, moviéndose rápidamente hacia la cocina.

—¡Espera, Hiccup! Está muy ocupada. —advirtió Alúmini interponiéndose en su camino. —¿No quieres esperar a que termine?

—No, es que… es muy importante. —aseguró este, comenzando a estresarse.

—¿Es sobre el titiritero? ¡¿Pasó algo?! —preguntó la guía, muy preocupada.

Hiccup sudó en frio.

—¡No, no! Nada de eso… ¿por qué eres tan alarmista?

Evadió a su guía, dando risitas nerviosas, lo único que quería era salir de la casa.

—Oye, Hiccup. ¿Te pasa algo malo? ¿Te noto extraño?

El hechicero gruñó para sus adentros.

"Ay, Alúmini… ¿desde cuándo eres tan curiosa?" —bramó por dentro.

Hasta que de repente una loca teoría pasó por su cabeza. ¿Y si Toothless la había puesto a vigilarlo? Tragó en seco, eso significaba que de ninguna manera podía proponerle a Astrid lo de su cita, si sus guías no lo dejaban en paz.

—Luego hablamos. —fue lo único que le dijo a su guía adoptiva, antes de salir presuroso al patio trasero donde estaba el invernadero.

Alúmini ya no le dijo nada, sin embargo, Hiccup se siguió sintiendo asediado, y más cuando vio que la guía luminosa lo seguía viendo a través de la ventana, hasta sintió escalofríos, pero optó por no darle importancia y se apresuró a donde estaba su amada, la cual ignorante de lo que pasaba, guardaba en diferentes canastas lo que Heather le dictaba.

—Eh… Astrid. —llamó nervioso, no le gustaba interrumpir a la gente cuando los veía muy ocupados.

—¡Ah! ¡hola, Hiccup!

Heather fue la primera en saludarlo, pero inmediatamente volvió a las notas que tenía en su libreta.

Mientras que Astrid, se giró hacia él, y en silencio, sólo le pronunció un sutil "hola" con una pequeña sonrisa y volvió de nuevo al trabajo.

Hiccup se sintió más nervioso, no quería interrumpirla, pero era necesario.

—Astrid… ¿podemos hablar?

—Sí es algo importante: sí puedo, si no lo es: en este momento no, pero más tarde sí. —respondió sin siquiera verlo, y siguió acomodando todo, tal cual Heather se lo indicaba.

"¿Es importante o no?"— Pensó Hiccup, viendo a su reloj de mano, le quedaba un minuto para decidirse, pero sentía que no podía pensar al ver a Astrid trabajando arduamente y teniendo a Alúmini como sombra.

—Eh… bueno… es que… la verdad.

Al escuchar el balbuceo, ambas jardineras dejaron de lado el trabajo y se volvieron hacia él. Heather con una mueca de confusión, y Astrid preocupada, aunque lo disimulaba muy bien.

—Astrid, es que…

Entonces se silenció.

Hiccup ya no pudo seguir al percibir la presencia de su guía, la cual estaba acompañada de la presencia de Stormfly y de su querida hija. Al parecer se habían adelantado. El tiempo se le había acabado. Los dragones que volaban en su forma madura eran muy rápidos por lo que llegarían en cualquier momento.

—Hiccup, ¿qué pasa? —preguntó Heather extrañada.

Y lo mismo se preguntó Astrid, al ver a su novio haciendo caras raras en medio del patio.

—¡No puedo decirlo aquí! —gritó desesperado.

Tomando sorpresivamente a Astrid de la muñeca, la arrastró junto con él y dando un gran salto la llevó hasta la azotea de la casa y de ahí, con otro gran salto, se dirigió a la siguiente casa y así sucesivamente hasta alejarse.

Alúmini y Heather apenas y habían podido reaccionar, cuando la primera lo hizo, salió al patio y se transformó para tratar de ubicarlos, pero con su pequeño tamaño no le fue siquiera posible ver por donde se había ido su amo.

Unos minutos después, Toothless y Stormfly llegaron a la casa junto con Zephyr.

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—¡¿Qué?! ¿Cómo que se fueron?! ¡¿A dónde?!

—No lo sé, estoy preocupada, Hiccup estaba extraño. —respondió Alúmini una vez que informó lo sucedido.

—Pero ¿te dijeron si habían sentido al enemigo o se presentó alguna situación con alguno de sus conocidos? —preguntó Stormfly preocupada.

La albina negó con la cabeza.

—Ah… entonces no es nada. —se relajó la nadder y junto con Zephyr, pretendió entrar a la casa, sin embargo, una mano sobre su hombro la detuvo.

—¡Stormfly! ¿Cómo puedes estar tan tranquila? ¿Qué tal si Hiccup y Astrid están en problemas? —riñó Toothless molesto.

—¿Y si no? —replicó esta, restándole importancia.

Alúmini, Zephyr y Heather sólo los veían discutiendo.

—No puede ser, ¡¿que no te das cuenta de que no están siendo ellos mismos?! —se sacudió el furia el cabello. —¿Y sí... ¿y si los cambiaron? —le susurró para que la pequeña no los escuchara.

Stormfly rodó los ojos y resopló exhausta.

—No… digas tonterías.

—pero… ¿por qué? ¿cómo puedes estar tan relajada? ¿Qué no te preocupa Astrid?

Ante aquel reclamo, Zephyr se estremeció y se apoyó con la nadder, viéndola con ojos preocupados.

Stormfly al notarla inquieta, resopló por sus adentros. Al parecer ya no se podía ocultar lo que estaba pasando, pero si lo decía, así como así, cabía la posibilidad de que no le creyeran. Toothless, tenía que verlo con sus propios ojos.

—Está bien. Te ayudaré a buscarlos y "ayudarlos". —insinuó haciendo unas comillas con sus dedos.

Toothless suspiró aliviado e inesperadamente la tomó de las manos ante la presencia de Alúmini.

—No sabes cuánto te lo agradezco. —estrechó fuertemente sus manos.

—Sí, ok, lo que tú digas, pero ya suéltame. —pidió Stormfly al notar la cara de espanto de Alúmini.

—Sí, sí… ¡anda! ¡Vámonos! —pidió el furia, transformándose rápidamente en un dragón.

—Ya volvemos. —avisó Stormfly al resto de las chicas, pero viendo especialmente a Alúmini, con la cual se disculpó con la mirada antes de transformarse y retirarse.

La albina sólo bajó la mirada al verlos irse, ciertamente lo que había sentido no había sido por causa de la nadder si no por su propia pareja la cual no se daba cuenta que hacía cosas que, por más ridículo que pareciera, la lastimaban.

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Mientras tanto, el exhausto pero lleno de adrenalina Hiccup, ni siquiera se dio cuenta de cuanto había corrido en el cielo, usando bases mágicas hasta que Astrid y él, llegaron al complejo de departamentos de Berk.

—¿Te volviste loco o qué? —le reclamó la agotada Astrid, cuando finalmente se detuvieron en la azotea de uno de los edificios departamentales.

Hiccup lejos de responder y disculparse, vio rápidamente a su alrededor, y para asegurarse de que nadie los encontrara llevó a su compañera hacia una especie de cobertizo que estaba en la esquina de la azotea.

—Hiccup, ¿qué estamos haciendo aquí? —preguntó la confundida Astrid, cuando ambos se encerraron en el cobertizo y él encendió la luz.

El lugar en donde estaban claramente era en donde se almacenaban todos los utensilios de limpieza, pero al parecer también servía como un lugar de descanso para el conserje pues había una colchoneta, así como una mesa y un microondas.

—Lo siento, pero es que no se me ocurrió otra manera de estar solos por un momento.

—ah… ¿con qué solos?

—No, no es lo que piensas. —enrojeció Hiccup al escuchar el tono insinuante de Astrid.

—Ah, ¿no?

Se acercó esta provocativamente hacia él y a pesar de que Hiccup se seguía disculpando y excusándose, a Astrid le importó poco lo que decía y sólo se abalanzó hacia él para besarlo.

—¿Esto era lo que querías? —le preguntó entre besos que por supuesto embobaron al hechicero.

—Astrid…—musitó él entre besos, le encantaban, pero su lady no le estaba permitiendo hablar.

—Sólo cállate, hace como 10 días que no nos besábamos ¿no?

Lo silenció ella, llevándolo poco a poco de reversa y cuando toparon con la colchoneta, sólo se dejaron caer sobre esta, aunque lo placentero se acabó, cuando ella se golpeó accidentalmente la cabeza con la pared.

—Ouh… no esperaba que terminara así. —dijo riendo, mientras se sobaba.

—¿Estás bien?

—Sí, pero… ¿qué pretendes Hiccup? —preguntó Astrid ya más seria. —¿Por qué me trajiste a este lugar tan feo? ¿Acaso esperas que…

—¡No!¡No!¡No!¡No! —aclaró rápidamente y enrojecido.

—¿Entonces? —se sentó en la colchoneta para escucharlo.

Hiccup suspiró.

—Tranquilo, sólo relájate… —lo invitó Astrid a sentarse a un lado de ella.

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Mientras tanto, el furia nocturna y la nadder volaban rápidamente hacia donde podían sentir mínimamente la presencia de sus amos, el olfato de la nadder ayudaba en un porcentaje para ubicarlos, así como las ondas sónicas del furia.

Cuando ambos coincidieron con la ubicación y llegaron al complejo de departamentos, volaron directamente hacia el punto en donde los percibían.

Llegando a la altura del edificio en donde podían sentirlos se hicieron más pequeños y a sugerencia de Stormfly, disminuyeron su presencia. Una vez que aterrizaron en la azotea, se volvieron a su forma humana.

—Parece que están en el cobertizo. —intuyó el furia al sentir presencias en la pequeña bodega que estaba esquinada.

Stormfly se encogió de hombros como si ignorara todo, pero ciertamente podía sentir a su ama en ese lugar.

Al acercarse ambos al cobertizo, descubrieron que efectivamente sus amos estaban ahí adentro.

Lo que pasa es que, no sé ni cómo pedírtelo. Últimamente siento que no podemos estar juntos siquiera.

"¿Juntos? ¿A qué se refiere con eso?" —pegó el furia su oreja a la puerta para escuchar con más claridad.

¿Cómo aquella vez en la cabaña?

"¿En la cabaña?" —repitió Stormfly en su mente, también juntando más su oreja a la puerta para escuchar.

Sí, bueno, no específicamente a lo que sucedió o bueno, tal vez, es que… ay, dioses, perdón.

"¿Qué sucedió?" —se preguntó Toothless, confundido.

Descuida, sé a lo que te refieres porque no mejor vienes aquí y te tranquilizas.

"¿Por qué Astrid sonaba tan amable con su amo" — pensaba el furia mientras que Stormfly trataba de ocultar una sonrisita.

Pero un color rojo se apoderó de los rostros de ambos dragones humanos, cuando las palabras se acabaron y enseguida sólo se escucharon unos pequeños sonidos que bien descifraron se parecían a cuando los humanos se…

Stormfly se quedó sin palabras, y Toothless simplemente no lo podía creer, y en su negación, abrió inoportunamente la puerta, encontrándose con una escena que jamás pensó que vería. Su amo y la ama de Stormfly con sus labios sellados en un beso.

Claro está que, cuando entró, ambos se separaron rápidamente y se alejaron del otro como si trataran de ocultar algo que fue evidente a los ojos de ambos dragones.

Toothless quedó en shock, Stormfly era algo que ya se había esperado ver.

—Amigo… —se levantó Hiccup rápidamente, tratando de buscar una excusa.

Mientras que Astrid, sólo evitó ver a ambos guías, se sentía avergonzada y molesta por haber bajado la guardia y no haber detectado sus presencias.

—¿Me… pueden explicar lo que está sucediendo? —musitó el guía, señalando a ambos.

Hiccup tragó saliva.

—Creo que está más que claro. ¿no? —dijo Stormfly. —¿Por qué simplemente no lo dicen? ¿Hiccup?... ¿Astrid?

Al Hiccup le temblaron los labios. Sabía que era imposible negar a esas alturas lo que estaba sucediendo; en tanto Astrid sólo se limitó a ponerse de pie, mas no dijo ni una palabra.

—Vamos… hablen. —pidió el furia con angustia, al ver que ninguno de los dos parecía querer dar explicaciones.

Ambos hechiceros se vieron entre sí, Hiccup mirando con angustia a Astrid, mientras que esta al verlo afligido sólo asintió levemente con su cabeza, comprendiendo con aquella mirada lo que él trataba de decirle.

Al hacer eso, Hiccup suspiró aliviado y se volvió de nuevo hacia su guía, se aclaró la garganta y finalmente respondió:

—Como dice Stormfly, Toothless. Creo que está más que claro ¿no? —se encogió de hombros. — Me enamoré de Astrid.

El guía nocturna ahogó un grito de espanto.

—¿Y tú Astrid? —preguntó Stormfly a su ama. —¿Te enamoraste también de Hiccup?

A la hechicera se le enrojecieron instantáneamente las mejillas.

—Sí. —admitió apenada, pero a la vez sintiendo una culpa interna, culpa por tener lo que su guía también añoraba.

Sin embargo, la reacción de su guía fue completamente otra cosa.

—¡Ay, Astrid! ¡Qué emoción! —Saltó emocionada y se abalanzó para abrazarla ante la atónita mirada de ambos varones.

—¿No estás enojada? —preguntó Astrid igualmente confundida.

—No, claro que no. —se separó Stormfly de ella. —Era algo que sospechaba, bueno, primero con Hiccup, que era el más obvio —señaló al castaño que se enrojeció ante su comentario. —Luego, cuando te vi confundida después de la fiesta de compromiso de Heather supuse que estabas en la misma situación, pero eres tan terca que opté porque resolvieras esa situación por tu cuenta.

—Entonces… ¿tú lo sabías, Stormfly? —preguntó Hiccup.

—Bueno, que yo me haya dado cuenta sola, pero…—suspiró. —Fue Rorik quien… con un comentario que hizo el día de la familia me hizo ver lo que sucedía.

—Oh, ya veo. — musitó Hiccup, mientras que Astrid sintió melancolía al escuchar hablar sobre la persona que su guía quería.

El único que seguía sin comprender muy bien era Toothless, se encontraba realmente confundido.

—A ver, déjenme entender. Entonces… ¿Ustedes dos se quieren?

Ambos hechiceros asintieron en silencio.

—Y… ¿por qué no nos lo dijeron?

—Creo que precisamente para ahorrarnos está conversación. —respondió Hiccup con sarcasmo. —Me tienes un sermón. ¿verdad?

—Por supuesto. —respondió el furia con obviedad. —Es que… no me cabe en la cabeza. Hace unos meses tú la odiabas a ella y ella a ti… ¿eso se acabó? ¿Así de la nada?

—Ya no más, amigo, tal como lo escuchas. —admitió Hiccup con seguridad. —Y créeme que no fue de la nada, realmente lo pensamos, tuvimos conflictos internos, pero al final, sólo lo aceptamos, no hay marcha atrás.

—Ok, pero también hace unos meses…cuando yo te dije que pensaba que te estabas enamorando de ella, tú lo negaste. ¿Recuerdas?

—Sí, y hasta cierto punto no te mentí, y… creo que fue precisamente tu comentario el que cambió la perspectiva en que veía las cosas; y posteriormente todo lo que yo era cambió cuando comencé a sentir todo esto que ahora siento por Astrid.

—Lo cual explica por qué maduraste, Toothless —interrumpió Stormfly.

—¿Cómo dices? —preguntaron ambos varones, así como Astrid.

—Sí, no sé ustedes, pero yo creo que el motivo por el cual Toothless y yo maduramos, es porque ustedes lo hicieron. —señaló la nadder a ambos hechiceros. —Creo que cada ser vivo madura de diferente forma y en su caso, llegaron al máximo cuando comenzaron a tener sentimientos que nunca habían tenido por otra persona, es decir, nunca se habían enamorado realmente de otra persona y aquellos sentimientos nos envolvieron a nosotros como guías. —se señaló, así como a su compañero. —Por eso nosotros también sentimos diferentes cosas antes de llegar a nuestro máximo nivel de maduración, aunque eso no le quitó lo despistado a Toothless. —dijo burlonamente. —Pero qué puedo decir, si Hiccup está igual.

—Totalmente de acuerdo. —se burló Astrid igualmente.

Hiccup enrojeció de la pena, mientras que Toothless hizo un berrinche.

—Ay, ya… ¿pues qué esperabas? Cuando Hiccup me dijo que no le interesaba a Astrid yo me quedé con esa idea, no tenía por qué pensar otra cosa cuando supuestamente todo estaba "aclarado". —se justificó.

—Sí, lo sé. Lo mismo pensaba yo, pero como les dije, hasta que Rorik me lo dijo fue cuando comencé a ver lo que realmente pasaba.

—Stormfly…—musitó Astrid al escuchar nuevamente ese nombre.

Pero su guía sólo negó con la cabeza y le sonrió.

—Descuida, no pasa nada. Me alegra que por fin hayas encontrado la felicidad.

Astrid suspiró realmente conmovida y Hiccup para apoyarla la abrazó por los hombros, a Toothless aún se le hacía increíble de ver todo eso, pero suponía que tendría que acostumbrarse.

—¿Y ahora qué? ¿Ahora sí seguirán con sus roles de esposos o se volverán a casar o que tienen pensado hacer? —preguntó curioso. —¿Cuándo les dirán a sus hijos la verdad?

—Ah…—musitaron ambos hechiceros abochornados y nuevamente se separaron.

—Ay, no puede ser. —se sobó el guía el entrecejo. —¿Acaso piensan seguir ocultándoselo?

—Toothless, comprende. —pidió Hiccup. —Todo esto ha sido muy repentino. ¡Todo lo que nos ha SUCEDIDO ha sido muy repentino! Hemos hecho cosas que no debimos hacer y…

—¿Qué cosas? —interrumpieron los guías curiosos.

Ambos hechiceros se sonrojaron.

—¡Ay, dioses! ¡Ya durmieron juntos! ¿No es así? —dedujo Toothless por su cuenta, y Stormfly ahora sí se mostró enrojecida.

—¡No porque quisiéramos! ¿O sí? —se justificó Astrid viendo a Hiccup.

—¡Es que es a lo que voy! —exclamó este exaltado. —Toothless, Stormfly… una parte de nuestras vidas ya fue manipulada, ahora lo que más queremos Astrid y yo es tratar de enmendar los errores del pasado, así como vivir lo que antes no pudimos, de hecho, Astrid…

—Eh… ¿sí? —respondió esta sonrojada, cuando Hiccup se concentró nuevamente en ella.

—El motivo por el que te traje a ti es porque quería saber si querías salir conmigo, que tuviéramos una cita.

—Oh, así que era eso…

Los guías al ver aquella interacción los observaron curiosos.

Astrid al sentirse observada ya no pudo siquiera responder por la pena, aunque su respuesta era evidente un "sí, sí quiero salir contigo", pero pensaba que no era apropiado hacerlo en ese momento, cosa que creía que también pensaban que le dirían sus guías, sin embargo...

—¡Ay, ya Astrid! ¡Dile que sí! —la motivó Stormfly. —Es lo que quieres ¿no?

—Oye, Stormfly, pero…

Los dedos de la nadder silenciaron la boca de Toothless, para darle a Astrid la oportunidad de responder.

—Es que... yo... sí quiero. —respondió esta finalmente. —Pero… creo que no es el momento adecuado.

—¡Exacto! —exclamó Toothless, zafándose del agarre de la nadder.

—Sí, comprendo. —musitó el decepcionado Hiccup.

—Lo siento.

—Descuida.

—¡No, no! —replicó Stormfly al ver que se darían por vencidos. —¡Toothless, no puede ser tan egoísta!

—¡¿Qué?! ¿Yo egoísta? ¡Yo sólo me preocupo por ellos!

—Lo sé, pero ¡es que no te das cuenta! —gritó ella más fuerte, haciendo que el furia retrocediera un poco asustado. —Dioses…—suspiró. —¿No te has dado cuenta de que los han manipulado casi desde que nacieron que por primera vez de lo que llevan viviendo quieren tomar las riendas de sus vidas? Porque así es ¿verdad?

—Cierto. —asintió Hiccup.

—Ahora más que nunca debemos darles nuestro apoyo y no sólo eso, también toda nuestra confianza, porque nuestros amos por fin maduraron. Ya no necesitan más de nosotros, son capaces de pensar y concientizar por su cuenta.

—Pero…

—Y son muy fuertes juntos, si te preocupa el enemigo, Toothless. Es sólo una noche en la que saldrán, no se irán para siempre.

Escuchándolo de esa manera, el furia reflexionó las palabras de su amiga y lo consideró, sabía que Hiccup y Astrid ya no eran los mismos de antes y que se merecían tener una relación como cualquiera, aunque hubieran empezado de la manera incorrecta; sin embargo, para él, sólo había algo que también tenía que arreglarse de una vez por todas.

—Está bien. —aceptó. —Hiccup, Astrid… acepto todo esto que está pasando, más que nada porque no me queda de otra y porque los respeto a ambos.

—Gracias, amigo…

—¡Pero! —interrumpió. —Hiccup, Astrid… prometo ya no involucrarme en las decisiones que tomen a partir de ahora, siempre y cuando…

—¿Qué? —lo incitó Hiccup a seguir.

—Les digan la verdad a sus hijos.

Los hechiceros se sobresaltaron, en especial Astrid, la cual se mostró preocupada.

—Toothless, por favor, eso...

—Por favor, Hiccup. —pidió nuevamente. —Así como ustedes van a tener el derecho de hacer lo que quieran con sus vidas, les pido por favor que hagan lo mismo con la vida de sus hijos, ya no les oculten más la verdad, ellos realmente siguen esperando por sus padres.

—Chicos, en esto sí concuerdo con Toothless. —opinó Stormfly. —Ellos también merecen saber la verdad.

—Yo… sí quiero decirles. —dijo Hiccup, desviando levemente su mirada a la cabizbaja Astrid.

—¿Y tú, Astrid? —preguntó Stormfly.

—Es que… ¿y si los lastimamos más? —musitó levemente. —¿Y si lo de Hiccup y yo no funciona? —se cuestionó preocupada.

—No serían los primeros niños con padres divorciados. —respondió Toothless con obviedad. —¿Verdad, Hiccup?

—Ah, así es. —respondió este nostálgico.

—Ay, Astrid… pero ¿Por qué piensas eso? La verdad no creo que lo de ustedes no vaya a funcionar, porque, sinceramente veo que Hiccup te ama e increíblemente tú a él. —comentó Stormfly con una sonrisa.

Pero Astrid siguió mostrándose insegura.

—¿Qué más necesitas para poder decirles la verdad a esos niños?

—¡Es que! ¡Es todo! —exclamó la rubia exaltada. —¡Sí, Zephyr y Nuffink son nuestros hijos, hijos que muy apenas y recordamos cómo los parimos! ¡Ni siquiera puedo recordar cómo fue tenerlos en mi vientre! Hasta hace unos meses ni siquiera sabíamos cuándo cumplían años, tuvimos que preguntarles. El decirles la verdad implicaría también decirles que no los recordamos del todo. ¿Cómo creen que se sentirían al saber que sus padres no los recuerdan?

—Astrid. —musitó Hiccup al notarla inquieta y rápidamente acudió con ella para consolarla, ahora más que nada comprendía el porqué de la negación de ella para decirles la verdad, nunca había considerado esa parte.

—Te entendemos, Astrid. —comentó Toothless, viendo con una sonrisa como su amigo la protegía, seña de que realmente la quería. —pero, quisiera que consideraras algo…

Con sutileza se acercó a la pareja y viendo directamente a los ojos de la hechicera dijo:

—Sus hijos no son tontos, de hecho, son muy inteligentes más que ustedes dos juntos, ellos sabrán comprender.

—Así es, Astrid. No subestimes a tus hijos. —concordó Stormfly con una sonrisita nostálgica. —Díganles la verdad.

La angustiada Astrid a pesar de que tenía los sentimientos revueltos entendió lo que sus guías decían, levantó la mirada para aquel que la tenía abrazada y que con una leve y a la vez angustiosa sonrisa sólo asintió, estando igualmente de acuerdo.

—Llegó la hora.

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En la casa Haddock — Hofferson los menores de la casa se encontraban viendo atentamente por la ventana que estaba anexa a la sala principal, se habían quedado tan inquietos por la repentina huida de los mayores y los guías que ni siquiera podían prestarle atención a las tareas o actividades que les habían encargado.

Alúmini y Heather, quien se había quedado para ayudar, se limitaron sólo a hacer la cena y a esperar que los demás regresaran sanos y a salvo.

—Zephyr, Nuffink… La cena ya está lista ¿quieren que les sirva? —preguntó gentilmente la albina.

Los niños se retiraron un poco de la ventana, realmente no deseaban comer si los demás no estaban, pero tampoco querían desairar los esfuerzos que Alúmini hacía para cuidarlos, por lo que se dispusieron a ir con ella, cuando repentinamente, el escudo protector que rodeaba su casa resplandeció de tal manera que hizo volver su mirada rápidamente hacia la ventana, donde con una enorme sonrisa vieron que los demás habían llegado.

—¡Ya llegaron, ya llegaron! —saltaron ambos emocionados y corrieron hacia la puerta para poder recibirlos.

En cuanto Alúmini, sintió un gran alivio en su interior y felizmente también se apresuró a la puerta para recibir al resto de la familia.

En la entrada principal, se hizo un gran escándalo en cuanto se abrió la puerta, los niños se lanzaron como de costumbre hacia Hiccup y Astrid, y estos, como siempre cargaron a cada uno entre sus brazos: Hiccup a Zephyr y Astrid a Nuffink.

—Ush… ¡vaya! Hasta que regresaron. —regañó Heather a ambos. —Ya estábamos pensando lo peor.

—Perdón, pero es que teníamos mucho de qué hablar. —dijo Hiccup, disculpándose.

—Ah, ¿sí? ¿Sobre qué? —preguntó Alúmini curiosa, y más al ver que Toothless y Stormfly parecían estarse secreteando entre ellos.

—De lo mucho que cambiarán las cosas a partir de ahora. —respondió Astrid. —Pero, será mejor que todos nos sentemos para poder explicarles.

—Ya me imagino de qué se trata, y creo que es algo muy privado de lo que hablarán y que compete sólo a la familia, así que me retiro. —dijo Heather con una sonrisita, pues al igual que Dagur ya también estaba muy enterada de lo que sucedía con la nueva relación. —Como quiera mañana si pasa algo más me cuentas con más detalles ¿sí? —pidió a su amiga.

—Claro. —asintió Astrid. —Nos vemos mañana.

Dando toda la familia un adiós para la jardinera, esta se retiró con una enorme sonrisa, emocionada por lo que creía que pasaría.

Mientras tanto, los demás integrantes acudieron a la sala. Alúmini aún se mostraba un poco resentida más que nada porque Toothless y Stormfly no se separaban, más trataba de no pensar negativamente y sólo creer que era porque necesitaban apoyar a sus amos en lo que fuera que tuvieran que decir.

En cuanto a Hiccup y Astrid, estos se sentaron en el sofá (cama de Hiccup) con cada niños sobre su regazo.

—¿Y qué nos van a decir? —preguntó la curiosa Zephyr.

—Ah…eh…—a Astrid se le atoraron las palabras e incapaz de seguir, se volvió a Hiccup pidiendo un desesperado y mental grito de ayuda.

A Hiccup le latió rápidamente el corazón en ese momento, pero, viendo que su lady lo necesitaba se armó del valor necesario y habló entrecortadamente.

—Ah… Zephyr, Nuffink…—suspiró. —¿Recuerdan que… hace mucho… les dijimos que… sus padres habían… desaparecido?

Alúmini con tan sólo escuchar esa pregunta, se volvió a su pareja y amiga para confirmar si lo que estaba sucediendo era real. Los guías al verla sólo asintieron con una sonrisita orgullosa, algo que conmovió por completo a la albina, que silenciosa, comenzó a sentir emoción en su interior.

—Sí… acaso… ¿ya los encontraron? —preguntó Zephyr inocentemente.

—Ah…

Por algún motivo, Hiccup no pudo responder, y en lugar de eso se le empezaron a llenar de agua los ojos.

—¡Sí! —respondió Astrid por él, y en ese momento, sintió que perdió el aliento y que no podría recuperarlo hasta decir todo, pero…

—Son ustedes ¿verdad? —dijo el pequeño Nuffink, mirando atentamente a los ojos de la rubia.

Hechiceros y guías se quedaron boquiabiertos, sorprendidos.

—Si son ustedes ¡¿verdad?! —exclamó igualmente la inquieta Zephyr, viendo atentamente a los ojos de su padre.

Cuando una lágrima cayó de los ojos de Hiccup, este recuperó nuevamente la movilidad y con un sutil movimiento de cabeza, afirmó el cuestionamiento de la pequeña, quien igualmente conmovida también se le llenaron de lágrimas los ojos.

Lo mismo pasando con Nuffink, que, con una sonrisita feliz, llevó sus manitas a las mejillas de Astrid.

—¿Eres tú? ¿mami?

Astrid, con todas las fuerzas de su egni se reprimió para no caer en llanto, y con lo que le quedó de fuerza, sólo asintió un par de veces a su pequeño.

—¡Lo sabíamos, lo sabíamos! —gritó de repente la llorona y feliz Zephyr, echándose en el pecho de su padre. —¡Sabíamos que eran ustedes! ¡por fin nos recuerdan!

—¡Los extrañamos mucho! —lloró igualmente Nuffink, abrazándose a Astrid.

Ambos hechiceros apretaron a sus hijos entre sus brazos para consolarlos, arrepentidos por haberlos hecho sufrir, pero también intrigados por sus palabras.

—¿Cómo que ya sabían, Zephyr? —preguntó Hiccup entre lágrimas, mientras mecía a su llorona hija.

Tanto Zephyr como Nuffink se separaron un poco de sus padres, el menor poniendo especial atención a su hermana mayor.

—Sólo… lo sabíamos, creo… que siempre lo supimos —respondió la niña con simpleza, evitando mencionar a hermanito, ya que así se lo habían prometido. —Sólo que no estábamos muy seguros, pero ahora sí, y me alegro de que ya hayan vuelto. —dijo abrazándose de nuevo a su padre. —Los extrañamos mucho.

—¿Ya les podemos decir papi y mami otra vez? —preguntó Nuffink con su carita entristecida.

—¡Aww! Por supuesto, cariño. —respondió Astrid, volviéndolo con ella para apretarlo entre sus brazos. —Somos sus papás después de todo.

—¿Y ya todo volverá a ser como antes?

Ante aquella pregunta, Astrid nuevamente trató de reprimirse, pero no lo logró del todo y se reflejó en una pequeña sacudida que dio la casa.

—Astrid, tranquila. —le susurró Stormfly para consolarla. —trata de respirar.

—No, déjala, Stormfly. —pidió Hiccup. —Astrid, desahógate, recuerda, estoy aquí.

—¿Por qué? ¿Qué pasa mami? —se separó Zephyr de su papá, para poder ir con su mamá.

—¡ES QUE NO LOS RECORDAMOS! —soltó Astrid entre llantos y con una energía vibrante que contuvo Hiccup a duras penas con su magia. —Lo sentimos mucho.

Los niños no sabían realmente de lo que hablaban; sin embargo, tanto Zephyr como Nuffink se abrazaron a Astrid hasta que esta finalmente se calmó.

Después de contener nuevamente todas sus desbordantes emociones, tanto Astrid como Hiccup procuraron explicarles a sus hijos lo que había pasado. Desde su enemistad siendo apenas unos niños, hasta el día en que fueron hechizados. Se sinceraron con ellos, revelándoles que realmente los tuvieron bajo la influencia de un hechizo, algo que fue un tanto difícil en especial cuando Nuffink preguntó cómo se hacían los bebés.

Dejando el tema de la reproducción, por un lado, y sólo explicando con leves insinuaciones el cómo se hacían, tanto Astrid como Hiccup les aclararon lo mucho que ahora los amaban y que eso ninguna magia lo cambiaría.

En cuanto a Nuffink, él sólo se quedó con la duda de cómo se hacían los bebés, para todo lo demás su inocente mentalidad dejó todo como una historia de fantasía, mientras que Zephyr, siendo la mayor comprendió un poco mejor las cosas, aunque no todas; sin embargo, se conformaba con que sus padres estuvieran ahí y los siguieran amando como siempre.

—Hechizados o no, yo como quiera los amo. —dijo abrazándose a Astrid, ahora era ella quien la tenía sobre su regazo.

—¡Yo también los amo, papi, mami! —exclamó el energético Nuffink, brincando en el sofá. —¡Y mi papi me va a enseñar a usar la espada!

—Claro que sí… pero ¿qué te dieron? ¿chocolate? —preguntó el divertido Hiccup al verlo hiperactivo.

—¡No! ¡Sólo estoy feliz! ¡Ya tengo a mis papis! ¡Y mis papis se quieren!

—¡Cierto! —se exaltó la sonrosada Zephyr también, pues entre las cosas que platicaron, Hiccup y Astrid revelaron ante todos que se amaban y ya eran una pareja. —¡A mi papi le gusta mi mami! ¡A mi papi le gusta mi mami! —comenzó a canturrear emocionada. —¡Se besan… en los labios!

—¡Debajo de un árbol! —le siguió juguetonamente Nuffink, comenzando a bailar junto con su hermana.

—Y eso que todavía no comen. —los observó el feliz Toothless. —¿Y entonces qué? ¿Verdad que se sienten mejor?

Tanto Hiccup como Astrid exhalaron profundamente.

—Mucho mejor. —dijo Hiccup. —Gracias, amigo… chicas.

—Gracias Toothless, Stormfly y Alúmini. —agradeció igualmente Astrid a cada uno de los guías.

—No hay de qué. —sonrió Stormfly orgullosa. —pero ¡Hey! —exclamó llamando la atención de todos. —¡Niños! ¿Adivinen qué?

—¡¿Qué?! —exclamaron estos emocionados.

—Papi y mami son novios ahora y tendrán… ¡UNA CITA ROMÁNTICA! ¡MAÑANA!

—¡¿Qué?! —gritaron los enrojecidos hechiceros.

—¡ ¡ ¡ AHHHHHH! ! !—gritaron los emocionados niños.

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"¿No se podía ser más feliz?"

Pensaba el feliz y recién bañado Hiccup mientras conducía de vuelta a su hogar.

Después de una noche de celebración familiar el día anterior, había llegado la hora de su cita a solas con Astrid. Con una sonrisa que casi le iba de oreja a oreja, recordó el alboroto que se armó después de que Stormfly lo anunciara a sus hijos, ni qué decir de Alúmini que rápidamente se apuntó con la nadder para hacerle un arreglo personal a Astrid, mientras que Zephyr, emocionada incluso dijo que no iría a las clases de canto con tal de ver cómo su mamá se arreglaba para la cita.

Toothless, Nuffink y él parecieron quedar excluidos de la charla entre chicas, hasta que estas tomaron a su hijo y le dieron el honor de opinar si su mamá se veía bonita o no, el pequeño cambió de bando entonces, quedando como una especie de juez delegado. Toothless, por otra parte, sólo se comprometió a traer a los niños sanos y a salvo de la escuela y se sintió aliviado de no tener que esperar hasta que terminara el ensayo de coro.

Mientras que, a él, Alúmini y Stormfly prácticamente lo corrieron de la casa, no en la noche, si no después de que salió para el trabajo en la mañana. Su guía adoptiva le prohibió rotundamente volver hasta que llegara la hora de la cita, le empacó un par de prendas en una pequeña maleta y le ordenó bañarse en otro lugar. Así que no le quedó de otra más que usar las regaderas de la estación y ahí mismo se arregló con la ropa que su guía le dio, un poco formal ahora que lo pensaba e incómoda para lo que tenía pensado hacer.

—Espero que a Astrid le guste. —se detuvo a un par de casas antes de llegar a la suya, para sacar unos boletos de entre sus ropas.

"Tributo a las mejores bandas de los 80´s y 90´s"

Después de pensarlo detenidamente tomó en consideración el concierto que uno de sus compañeros le sugirió más que nada porque le dio curiosidad, no creía que fuera a ser como los espectáculos que hacía Astrid y pensó que sería agradable escuchar música más antigua a la que actualmente tocaban en esos tiempos. Si el plan era revivir momentos que no vivieron que mejor que un concierto de música de generaciones pasadas.

Estando muy seguro con su decisión, retomó la marcha y se dirigió hacia su hogar.

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—Ay, Astrid… te ves preciosa. —chilló la emocionada Stormfly.

—Es un poco exagerado. ¿No crees? —replicó Astrid, viendo su reflejo en el espejo.

Las guías entre toda la ropa que tenía optaron por ponerle uno que correspondía a su yo hechizada, uno de color azul con corte en V y cuya falda tenía olanes que la hacían ver un poco esponjada, por suerte y para el gusto de Astrid la habían dejado ponerse medias oscuras, y eso nada más porque comenzaba a sentirse frío por las noches. Como zapatos, llevaba unos tacones altos y de color negro, un tanto incómodos pero que iban muy bien con el vestido y como accesorio le pusieron un collar que tenía como dije un pequeño cristal.

Para arreglarle el cabello, sus guías la llevaron con profesionales: los Thorton, ahí, increíblemente Tuffnut le arregló muy bien el cabello, dejándolo con media cola y algunas ondulaciones en la parte inferior. Mientras que la gemela a regañadientes le arregló las uñas a bajo costo, pues las guías llevaron el cupón que meses atrás le había regalado.

Astrid por su parte, no le quedó de otra más que someterse a las guías, en primer lugar, porque quería verse bien, segundo lugar porque quería que Hiccup la viera bonita y en tercero porque Heather se fue sin ella para hacer las entregas por lo que tenía mucho tiempo libre.

—¡A Hiccup le va a encantar! —opinó Alúmini con una sonrisita.

—¡Te ves muy hermosa, mami! —concordó igualmente Nuffink, el pequeño juez que opinaba que su mami era hermosa antes de todo el arreglo.

—¡Pareces una princesa! —opinó Zephyr ensoñada.

Astrid se volvió hacia ellos sonrosada, le daba pena recibir tantos halagos; sin embargo, sintió que era un poco exagerado, parecía como si fuera a ir a una boda o a una fiesta de ese estilo.

—¿Y a dónde irás con papá, mami? —preguntó su pequeña, animadamente acostada en su cama.

—No lo sé, por eso creo que esto es un poco exagerado. —se señaló el vestuario.

—Ay, Astrid, claro que no. —disintió Alúmini. —Hiccup es del tipo chico romántico, creo que te llevará a un lugar elegante o eso creo.

—¿Eso crees? —repitió Stormfly desconfiada.

—Bueno, al menos es lo que trataba con la… — se silenció rápidamente.

Pero era demasiado tarde, Astrid la había escuchado y sabía a lo que se refería lo que la hizo sentir una pequeña ira interior.

—Pero ahora está conmigo y es diferente. —comentó tratando de no mostrarse molesta, y empeñada en sobresalir por sobre ese antiguo amor de su novio, dejó de quejarse de la ropa y seguir adelante.

Apenas se disponía a practicar el cómo caminar con más naturalidad con los tacones, cuando alguien tocó la puerta de la habitación.

—¡Oigan, chicas! —era Toothless. —Hiccup ya está aquí.

A Astrid se le dobló el tobillo de sólo pensar que había llegado la hora de reunirse con él.

.

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En la planta baja, Hiccup esperaba al pie de la escalera, tal cual un graduado que esperaba a su cita. Incluso sintió que la ropa iba acorde a una graduación o a una boda, nada que ver con el concierto al que pretendía llevar a su lady.

Y tal parece que todo el mundo había pensado que la llevaría algún lugar sumamente elegante, al ver a su lady bajando las escaleras (con la ayuda de Toothless) arreglada elegantemente con ese vestido corto. Quedo anonadado pues jamás la había visto tan arreglada, ni siquiera en la fiesta de compromiso de Heather la había visto así, vio que se había esmerado mucho y si su propósito era sorprenderlo, realmente lo había conseguido.

—Sr. Hiccup… su dama. —bromeó Toothless, entregándole dramáticamente a Astrid como lo hacían en las películas. —La quiero devuelta a más tardar a las 11:00 p.m. —exigió burlonamente como un padre regañón.

A Hiccup no le pareció gracioso y sólo lo miró feo, pero olvidándose de su guía se concentró de nuevo en la mujer que tenía frente a él.

—Te ves…—suspiró y la sonrisa se le hizo más ancha. —Te ves preciosa.

—Gracias. —respondió la apenada Astrid a su halago.

Y el curioso Toothless en medio de ellos, sólo veía todo muy entretenido.

—Pero que bárbaro Hiccup, es la primera cita y ni flores le trajiste.

—¡Toothless! —riñó este entre dientes, realmente apenado, y para colmo vio que tenía razón.

—Descuida. —trató Astrid de armonizar el ambiente, sabía que Toothless sólo quería jugar con su amo, y para hacerle ver que por el momento "sobraba" entre ellos le dio un indirecta mirada para que se retirara.

El guía al sentir la pesada mirada de Astrid sobre él sólo dio otra risita y se fue corriendo escaleras arriba.

—Está bien, está bien… sólo unos consejos. —gritó al borde del penúltimo escalón. —No se embriaguen, recuerden que hay un enemigo al acecho.

—Ya lo tenemos contemplado, amigo, no pasará.

—No dejen que nadie raro se les acerqué. —siguió enumerando el guía.

—Cualquiera que se nos acerque haré que reciba una pequeña descarga. —dijo Astrid, habiendo planeado muy bien qué hacer si iban a un lugar aglomerado.,

—Ok, no acepten nada tampoco de extraños, si les ofrecen dulces, no los acepten.

—¿Cuántos años crees que tenemos? —rio Hiccup.

El guía se encogió de hombros.

—Nunca se sabe, pero bueno, asegúrense de que nadie ponga algo raro en sus bebidas o comida.

—De eso si nos cuidaremos. —aseguró Hiccup. —¿Algo más?

—Nada más, amigo. Que se diviertan. —finalizó Toothless sin ninguna pizca de burla.

—Gracias amigo y por favor…

—Sus niños estarán bien, veremos películas hasta que se duerman, así que disfruten sin remordimientos.

Dicho aquello, el guía con una sonrisita nostálgica subió el último escalón y se fue hacia la habitación en donde estaban los demás.

—¿Estará bien? —preguntó Astrid, al percibir un poco extraño el final de la conversación.

Hiccup sonrió.

—Sí, estará muy bien. No te preocupes.

—Bien, entonces… ¿ya nos vamos?

El entusiasmo de Astrid era notorio, tanto que contagió inmediatamente a Hiccup, el cual le ofreció su brazo para escoltarla. Con grandes sonrisas reflejadas en sus rostros, ambos salieron de la casa y risueños subieron al auto; sin darse cuenta de que tenían a unos cuantos espectadores que veían todo desde la ventana de la habitación principal.

.

..

—¡ahhh!... Algún día yo también me quiero enamorar como mis papás. —suspiró Zephyr ensoñada.

—Algún día lo harás, pequeña. — le susurró Alúmini con una sonrisa.

—¿Yo también? —preguntó Nuffink.

—Sí, aunque digas que no, algún día te pasará. —le sacudió Toothless el cabello, viendo de reojo a su querida compañera, la cual seguía alentando a Zephyr mientras peinaba su cabello.

Sin embargo, luego desvió su mirada a Stormfly, y encontró en ella que estaba haciendo una mueca muy similar a la que ponía Astrid cuando se reprimía, mientras veía atentamente como sus amigos se iban, supuso que era debido a que estaba pensando en esa persona especial para ella.

—¡¿Verdad que es cierto, Stormfly?! —exclamó de repente Alúmini, llamando la atención de ambos guías.

—Eh… ¿qué? ¿Qué pasa?

—¿Verdad que Zephyr algún día encontrará a alguien que la ame tanto como su papá ama a su mamá?

La nadder sonrió conmovida y con ojos lagrimosos.

—¡Por supuesto!

—¿Qué? ¿Qué tienes, Stormfly? —preguntó Zephyr al verla llorosa.

Esta sólo negó con su cabeza y siguió sonriente.

—Nada, es sólo que… — miró hacia la ventana. —Me puse a pensar en alguien.

—Oh, Stormfly… yo no…

Pero antes de que Alúmini pudiera continuar y Toothless se siguiera lamentando mentalmente, la nadder sólo negó con su cabeza

— También pensaba en lo mucho que han crecido Astrid y Hiccup, parece que fue ayer cuando eran unos críos a los que teníamos que estar separando. ¿Lo recuerdan?

Aquel comentario, sobresaltó al furia nocturna, pues era justamente eso lo que había pensado cuando finalmente dejó a su amigo y a Astrid a solas.

—Claro, ¿cómo olvidarlo? Pero ese tiempo, por fin terminó y ahora son muy felices juntos. —respondió la albina feliz—¿Qué opinas tú, Toothless?

El dragón humano se restregó el brazo por los ojos y dio un suspiro para deshacer el nudo en su garganta. Hasta ese momento ni Alúmini ni Stormfly le habían puesto atención, pero veían que ciertamente estaban pasando muchas cosas por la cabeza del guía.

—También lo creo y eso me pone feliz —dijo con la voz entrecortada. —Porque nuestro Hiccup… —sonrió viendo a la albina —y Nuestra Astrid. —dijo mirando a la nadder. —Por fin han crecido.

.

.

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Lejos de la casa Haddock— Hofferson, la recién pareja de novios seguía a bordo del automóvil, él manejando hasta cierto destino, ella desconociendo a donde se dirigían y sintiendo incomodidad en los pies por los zapatos tan altos que llevaba.

—Y… ¿a dónde piensas llevarme, Haddock? —preguntó burlonamente cuando se detuvieron en un semáforo en rojo.

Hiccup que, hasta entonces sólo había estado manejando por inercia y pensando en lo bella que se veía su novia, recordó el lugar a donde iban.

—Ah… a un concierto. —reveló enrojecido, viendo nuevamente atentamente el vestuario tan elegante que llevaba su compañera.

—Oh… —musitó Astrid, un concierto ciertamente no era lo que había imaginado, no al menos con la ropa que llevaba puesta.

—¡Ay, dioses! Lo arruiné ¿verdad? Debí decirte a dónde iríamos o debí preguntarte a donde querías ir. Lo siento. Pero si quieres podemos…

—¡No! —interrumpió ella.

Hiccup frunció el entrecejo, confundido; sin embargo, como el semáforo cambió de color no le dio la oportunidad de seguir la conversación, por lo que se orilló para poder hablar con más tranquilidad.

—Quiero ir al concierto. —continuó Astrid, cuando Hiccup estacionó el auto.

—¿En serio?

—Suena divertido. Un concierto no es como los espectáculos que yo hago ¿O sí?

Hiccup sonrió.

—Bueno, según un compañero del trabajo que me recomendó ese concierto dice que va mucha gente y la música está a todo volumen, yo pensé que te gustaría ¿en serio quieres ir? O ¿si quieres podemos ir a un restaurante que otra compañera me recomendó? aunque tendría que usar un poco de magia ya que no pude conseguir reservación.

Astrid negó con su cabeza y sonrió.

—El concierto me parece mejor. Mis pies me matarán, pero prefiero ir a ese lugar.

—Ok. —suspiró Hiccup aliviado y disimuladamente bajó su mirada a los pies de su compañera y se espantó con tremendo zapatos.

—¿Qué?

—Mmm… nada, pero… creo que haré una parada antes de ir al concierto.

—Ok, yo te sigo, Haddock. —aceptó Astrid burlona. —¡vámonos!

—Lo que ordenes, Hofferson.

Y dando una vuelta contraria hacia donde iban, cambiaron de destino hacia la zona comercial de Berk.

Dentro del centro comercial, Hiccup dejó a Astrid esperando en una banca, mientras que él entró a una tienda departamental de ropa. Bastaron sólo algunos cuantos minutos cuando finalmente salió, modelando para ella otro atuendo totalmente más cómodo al que llevaba y por supuesto más informal y adecuado para el lugar a dónde iban.

—¿Y qué opinas, Mi lady? —preguntó mientras giraba sobre su eje, presumiendo su nueva chaqueta negra de cuero, su camisa blanca que decía "Rock&Roll" en el centro y pantalones azul oscuros que tuvo que ajustar a su prótesis, en su pierna completa llevaba un sencillo tenis color blanco.

La sorprendida Astrid observó que su novio hasta el cabello se había revuelto como usualmente lo llevaba y le pareció tonto que llevara lentes de sol cuando ya había oscurecido, pero dejando ese detalle a un lado, lo vio bastante bien.

—Mmm… —fue su única respuesta, mientras se lo comía prácticamente con la mirada. —Nada mal.

Hiccup se quitó los lentes de sol y dejó de tontear con su ropa y se acercó a ella con unas bolsas que llevaban su anterior ropa y algo más.

—Te compré algo.

—¿En serio? — se burló esta. —¿Me compraste flores?

Hiccup respingó al recordar como su guía lo había regañado por ese otro detallito.

—No, pero… —se hincó frente a ella y de una de las bolsa sacó una caja. —¿Qué tal esto?

Astrid ahogó un grito al ver el contenido y sonrió como tonta, pues se trataba de nada más ni nada menos de unos tenis color negro que se veían muy cómodos.

—Para que sus pies no sufran, mi lady. —coqueteó este burlonamente.

—Mis pies y yo se lo agradecemos, Mi lord. ¡Muchas gracias! —los tomó Astrid emocionada e inmediatamente se quitó los incómodos tacones para cambiarlos por el otro calzado.

—También te compré una blusa y un pantalón, por si quieres cambiarte de ropa. La chica de la tienda me dijo que podías entrar a cambiarte y también cambiar las tallas por si no te quedan. —le entregó Hiccup otra bolsa.

Astrid tomó la bolsa que le ofrecía, viendo que en el interior había una blusa blanca con la misma leyenda que la de él, mientras que el pantalón parecía hacer juego con la chaqueta de cuero que él llevaba.

—No quisiera desairar los esfuerzos que hicieron nuestras guías para arreglarme. —susurró levemente. —Pero, creo que este vestido se podría dañar si lo llevamos a un concierto. ¿verdad?

—Probablemente y está muy bonito y te ves preciosa con él, sería una lástima que se arruinara.

—Entonces… —se levantó Astrid coquetamente. —Creo que por esta ocasión lo guardaré, ya lo volveré a usar en otra ocasión especial.

Y dando saltitos con sus tenis nuevos, se dirigió a la tienda de ropa para cambiarse.

Fue el turno de Hiccup en esperar a que saliera, y cuando por fin lo hizo, quedó igualmente fascinado a como cuando la vio con ese vestido, en pocas palabras lo que le encantaba era la mujer y no los atuendos que llevaba.

—¿Y cómo me veo? —preguntó Astrid, haciendo los mismos pasos ridículos que él había hecho y zafando la liguilla de su cabello para dejarlo completamente suelto.

Aquel movimiento le resultó particularmente excitante a Hiccup.

—Te ves… preciosa.

La rubia sonrió enaltecida, y dejando los juegos atrás, tomó la mano de su novio y lo apuró para ir pronto al concierto.

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El concierto tributo a los 80's y 90's no era más que varias bandas haciendo covers de leyendas de la música de generaciones anteriores, dicho evento se estaba llevando a cabo en un sitio que también era en parte bar y restaurante por lo que los hechiceros se sorprendieron cuando vieron que había una barra con todo y barman.

Como había advertido anteriormente Hiccup, el lugar estaba repleto y la música a todo lo que daba, por lo que Astrid y él optaron por apartarse un poco del tumulto y permanecer juntos cerca de la barra, mientras escuchaban todas esas canciones "clásicas".

A pesar de todo, se la estaban pasando bien con todo el bullicio y aprovechaban lo poco iluminado que estaba el lugar para estar abrazados.

—¿Aún no te aburres? —le susurraba Hiccup al oído para que pudiera escucharlo.

—¡NO, ME GUSTA MUCHO LA MÚSICA! —gritó Astrid para poder ser escuchada, mientras se mecía junto con él desde su asiento.

Ambos estaban en la barra, ella sentada en una de esas sillas altas y él cuidándola y abrazándola por un costado; sólo habían pedido un par de bebidas sin alcohol para ambientarse con el resto de la gente.

—¡¿POR QUÉ? ¿YA TE QUIERES IR?!

—¡NO! También me fascina la música. —respondió Hiccup, aunque también deseaba poder hacer otra cosa que permanecer sentados.

Tímidamente veía como otras parejas lejos del tumulto bailaban algunas canciones y ciertamente quería hacer lo mismo con su lady, pero le daba pena preguntarle si quería bailar. Llevaba así casi desde que había empezado el concierto y no se decidía, hasta que…

— "QUERIDO PÚBLICO, CON USTEDES UNA DE LAS CANCIONES MÁS FELICES DEL MUNDO"

La gente comenzó a enloquecer cuando la banda comenzó a tocar en el piano una melodía en especial.

—¡Wow! ¿Qué está pasando? —observó Astrid como todos se alborotaban.

—No sé… —lo mismo se preguntó Hiccup y se volvió a otra persona que estaba aún lado de él con su pareja, haciendo el mismo escándalo. —¡Oye, amigo! ¿Por qué el alboroto!

—¡Es "NO ME DETENGAS AHORA" Una de las canciones más felices del mundo! —gritó este eufórico, abandonando la barra junto con su pareja.

"Está noche voy a pasármelo muy bien"

"Me siento vivo"

"Y al mundo lo pondré al revés"

"Estoy flotando ahora en éxtasis"

"Así que…"

"No me detengas ahora"

"Me la estoy pasando bien, ¡Me estoy pasando bien"

Las luces del lugar parecieron estallar en mil colores cuando la música repentinamente se hizo más rápida; y era tan contagiosa que el cuerpo de Hiccup comenzó a moverse involuntariamente al ritmo de esta.

—¡Es muy buena! ¡Vamos! —se bajó Astrid del asiento y sin preguntárselo si quiera lo tomó de la mano para poder acercarse un poco al tumulto que ya se encontraba saltando, bailando y moviéndose de todas formas ante la melodía.

Al ver todo el movimiento, Hiccup se decidió a invitar a su novia a bailar; sin embargo…

—¡¿QUIERES BAILAR?! —le gritó Astrid, quien ya se encontraba incluso saltando.

Hiccup sólo rio al ver que ella había tenido más agallas que él y por supuesto asintió.

—¡APENAS TE IBA A PREGUNTAR!

—¡TE GANÉ! —rio ella, tomándolo de la mano y comenzando a bailar a como creía que podía bailarse esa canción.

En realidad, no había algo que dictaminara cómo debían bailar, cada persona lo hacía a su estilo, brincando, de un lado a otro, con las manos en alto y en el caso de ellos, dando vueltas como tontos como si de un vals se tratara.

"No me detengas ahora"

"Me la estoy pasando bien"

"No me detengas ahora"

"Sí, me la estoy pasando bien y no me quiero detener"

A Hiccup le sorprendió lo bien que se movía Astrid, en especial cuando se le juntaba mucho y parecía hacer un baile sensual para él o algo por el estilo, para después pasar a los saltos energéticos y movimientos sin sentido, mientras que él, aprovechaba cualquier momento para tomarla de las manos y darle vueltas tal cual un experto de baile (o eso creía él). Sin darse cuenta, comenzaron a acercarse al tumulto y cuando finalmente la canción terminó, ellos terminaron lentamente y muy abrazados, dándose un par de besos a pesar de todo el público presente.

Sin embargo, el espectáculo aún no terminaba, enseguida de esa canción el sonido de una batería retumbó tal cual un corazón acelerado, y en seguida una mezcla espumosa cayó sobre todos los presentes que, emocionados, comenzaron a jugar con esta.

Hiccup y Astrid se sorprendieron, aquello no lo habían esperado, pero igualmente les gustó y alzaron sus brazos y manos para seguir divirtiéndose.

— Querido público, ahora para los que están enamorados: "Nada nos detendrá ahora" —anunció el cantante en turno, antes de comenzar con la canción.

Los hechiceros al escucharlo se vieron a los ojos, se sonrieron y dejándose llevar por la melodía comenzaron a bailar. Ella recostada sobre su hombro y él con su cabeza recostada sobre la suya, mientras que alrededor todos los demás parecían ignorarlos y era perfecto, y así como decía la canción: nada los detendría, no importaba que los tomaran como locos.

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Aún con todas esas canciones resonando en su mente y con las gargantas afónicas los risueños Hiccup y Astrid caminaban presurosos por las concurridas calles que estaban por alrededor del lugar del concierto y que, a altas horas de la noche, seguían ofreciendo servicios.

—¿Tienes hambre? Si quieres ahora sí podemos ir a un restaurante. —ofreció Hiccup.

—No. —dijo esta, olfateando algo a su alrededor. —De hecho, algo huele muy bien.

Y cuando detectó de dónde venía el aroma, vio que contra esquina de donde se encontraba había un puesto de comida callejera.

—¡Vamos a ese lugar! —lo estiró energéticamente hacia el puestecito que ofrecía "Taquitos".

Ver a Astrid de pie, comiendo tacos en un puesto callejero, con su cabello completamente alborotado e incluso pegajoso por la espuma que les habían arrojado era algo nuevo para Hiccup; definitivamente ella no era como aquellas chicas vanidosas con las que había tratado en el pasado, mucho menos era como Raizel, a quien estúpidamente siempre trató de complacer por un poco de atención.

Que tonto había sido, pensaba, por no haber visto lo maravilloso que era Astrid, por no haber seguido creyendo que era una niña hermosa como cuando la vio por primera vez. Lamentaba todo lo que había sucedido entre ellos, pero de entre todo lo malo que tenía el hechizo, agradecía de una forma u otra que hubiera pasado.

Era tonto, pero era lo que sentía.

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Pasaba más de la media noche y la cita aún no terminaba.

Tomados de las manos, ambos hechiceros caminaban por los alrededores de un parque que se encontraba en completo silencio, sólo había una que otra pareja por ahí escondida, dándose de besos y arrumacos.

Cada vez que Astrid se topaba con uno de estos sentía un poco de vergüenza, pero a la vez se imaginaba haciendo algo similar con su novio.

Su novio, se le hacía raro decirle así a alguien a quien prácticamente había odiado casi toda su vida y que con tan sólo unos meses de convivencia le hizo cambiar por completo la perspectiva de cómo veía las cosas y que entró en su corazón como ningún otro hombre lo había hecho.

¿Cómo era posible que hubieran terminado así? Se seguía cuestionando, al mismo tiempo que imaginaba el qué hubiera pasado si aquel día en el jardín de niños él no le hubiera cortado el cabello y ella no lo hubiera empujado, pero sobre todo ¿qué hubiera pasado el día de la exhibición? ¿Ella le habría cortado la pierna? ¿él habría lastimado su alma? Eran preguntas inútiles que se hacía, pero que no podía evitar hacerse cuando lo pensaba demasiado.

Sin embargo, sobre todas esas cosas algo tenía muy claro y es que estaba muy enamorada de Hiccup Haddock, tanto, que se podría decir con palabras más fuerte, que lo amaba con todo su corazón. Hiccup ya le había dicho que la amaba un par de veces, pero ella, hasta el momento, no le había respondido de la misma manera, al inicio porque pensaba que era tonto decirlo cuando apenas habían empezado, pero conforme más tiempo pasaba con él, más sentía necesidad de expresarle con sinceras palabras que lo amaba.

—¡Mira, ese es el lugar que quería enseñarte! —interrumpió Hiccup sus pensamientos.

Astrid reaccionó a tiempo para ver lo que este señalaba, lo cual no era más que un campo de beisbol en donde al parecer se podía practicar.

—¿Quieres intentarlo?

—Pero está cerrado.

—Eso nunca nos ha detenido ¿o sí? —bromeó Hiccup, estirándola hacia el sitio.

Viendo que habría un poco de magia involucrada, Astrid se dejó llevar por él y en menos de lo que un dragón se transformaba ya se encontraba frente a la máquina que lanzaba pelotas y con un bate entre sus manos.

—¿Estás lista? —preguntó Hiccup, a un lado de la máquina.

—¡Cuando quieras! —respondió esta, lista para golpear la pelota.

Pero cuando esta salió, ni siquiera la tocó y terminó estrellándose con la malla trasera.

—Mala suerte, mi lady. —se burló Hiccup.

—¡Cállate y lánzame otra! —bufó esta molesta.

Hiccup así lo hizo, pero el resultado fue el mismo, 20 pelotas saliendo consecutivamente y ningún acertó la hechicera. Harta de los resultados y de la risita burlona de su novio, soltó el bate e invocando a Sky golpeó la pelota número 21 con tanta fuerza que terminó destrozada.

—¡Oye! ¡Eso es trampa! —riñó Hiccup.

Pero la respuesta que recibió fue la pelota número 22 que casi lo golpea y le arranca la cabeza.

—Astrid. — susurró asustado.

—Esto es más divertido, Mi lord. —respondió esta burlonamente, golpeando con Sky la pelota número 23.

Hiccup a como pudo apagó la máquina casi al mismo tiempo que evocaba a inferno para usarlo como bate y repeler el golpe de Hofferson. Afortunadamente la espada soportó la fuerza y devolvió la pelota a su lanzadora.

Astrid al ver que la pelota regresaba a ella, nuevamente la golpeó comenzando inesperadamente un juego de ping pong (muy violento). Tanto Haddock como Hofferson golpearon incesantemente la pelota casi sin dejarla caer, puesto que cuando caía, le hacían un hoyo al campo.

Esto sólo sucedió un par de veces más y cuando finalmente Hiccup perdió un pase por el cansancio el juego oficialmente terminó.

—¿Ahora qué piensas? —preguntó Astrid, vanidosamente.

El agotado Hiccup se dejó caer en el césped.

—Me rindo, tú siempre ganas.

—Sabías con quien te metías. —le sonrió Astrid desde lo alto, cuando inesperadamente Hiccup se incorporó sólo para tomarla de las manos y tumbarlo con ella.

—¡Ush! ¿Qué haces? —replicó esta al ver como había quedado llena de tierra.

Pero Hiccup sólo le sonrió y la juntó más con él.

—Sólo quería verte de cerca.

Esos comentarios que le aceleraban el corazón, Astrid dejó la competencia de lado y le sonrió a su agotado compañero. Verlo ahí tirado y agitado la hizo creer que ya había llegado el momento de decirle con plenitud lo que sentía por él.

—¿Crees que se den cuenta de que alguien estuvo aquí? —interrumpió Hiccup nuevamente sus pensamientos.

Astrid, olvidándose momentáneamente de sus sentimientos y de lo que quería decir, levantó la cabeza y una mueca de horror se dibujó en su rostro.

El campo de beisbol casi había quedado desecho, había pelotas por todas partes y hoyos adornando el césped. Definitivamente los encargados del lugar se darían cuenta de que alguien estuvo ahí si lo dejaban así, pero como no podían lamentablemente tendrían que limpiar su desorden.

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Pasaban más de las 3 de la mañana cuando por fin terminaron de arreglar el campo de beisbol, Astrid se sentía agotada, pero cuando Hiccup le pidió ir a un último lugar, no se pudo negar.

Dicho lugar era la torre de Berk, el lugar en donde alguna vez enfrentaron al cerberus y en donde se podía apreciar la plenitud de toda la ciudad.

Ambos se encontraban viendo el panorama de alrededor, así como todas las luces de la ciudad. Un par de refrescos, así como una bolsa de papas fritas vacías los acompañaban, después de haber hecho ejercicio y haber limpiado el campo, el hambre nuevamente les había llegado. Cuando terminaron con las botanas, sólo se abrazaron para calentarse mutuamente y para admirar juntos el paisaje.

Había sido la cita perfecta, pensaba Astrid, acurrucándose junto con Hiccup, a pesar de llevar la chaqueta de él no podía dejar de temblar, pero una parte de ella se rehusaba a irse y a terminar con la cita.

—¿Y qué tal estuvo? ¿disfrutaste de nuestra cita? —preguntó Hiccup abrazándola con fuerza.

—Me divertí mucho. —respondió ella con una leve sonrisa. —Creo que nunca me había divertido tanto en mi vida como ahora.

Hiccup se sintió extasiado con su respuesta.

—Realmente te lo agradezco. —dijo Astrid, separándose un poco de él para verlo frente a frente.

—No fue nada, yo… te amo. —sinceró él con una tierna sonrisa.

Astrid enrojeció de la pena y sintió como el bochorno se concentraba en sus mejillas.

—Hiccup… —balbuceó tímidamente.

—¿Sí?

—Yo quiero decirte…

¿Por qué se le complicaba decirle? Astrid se sintió hervir por dentro cuando aquellas dos pequeñas, pero tan poderosas palabras no quisieron salir de su boca.

—¿Sí? —volvió a cuestionar Hiccup.

—Yo quiero decirte. —repitió ella nuevamente. —Que desde que siento esto por ti, ya no he vuelto a sentir que me quemo.

No era precisamente el "Te amo" que quería decir; sin embargo, lo que había dicho tampoco era mentira y quería que lo supiera.

—¿En serio? —sonrió Hiccup sin creerlo y también aliviado de saberlo. —Entonces crees que…

Ella negó con su cabeza.

—Dudo que mi alma esté curada del todo, pero creo al menos que sí, este sentimiento sigue vivo, es decir, lo que siento por ti, algún día mi alma quedará sanada. En pocas palabras, Hiccup, tú eres mi cura. —sinceró con una tierna sonrisa.

Hiccup apretó los labios, totalmente conmovido, pero a la vez sintiendo arrepentimiento puesto que él en primer lugar era el que había puesto en peligro el alma de su novia.

—Perdóname, Astrid. —susurró involuntariamente.

—¿Eh? ¿Por qué?

—Porque yo te hice ese daño.

—Fue un accidente, más daño te hice yo, porque haga lo que haga no podría recuperar tu pierna.

—No es tan grave. —sonrió él. —Y.… me veo más apuesto ¿no? —bromeó.

Astrid rodó los ojos.

—Si quieres disculparte por algo, mejor discúlpate por haber cortado mi cabello.

—¡¿Qué?¡—gritó Hiccup espantado. — ¿Sigues con eso?

Astrid asintió fingiendo indignación.

—Pues aquí te van tus disculpas. —se echó Hiccup sobre ella y la comenzó a llenar de besos y cosquillas.

—¡Ya basta! Tus labios saben a papas fritas

—¡Los tuyos también y a refresco de manzana!

—¡idiota! ¡Ya!

Reía Astrid debajo de él, hasta que Hiccup finalmente se detuvo y con más delicadeza comenzó a besarla lentamente en los labios, de arriba abajo tomando en cada turno cada labio para saborearlo.

—Ni creas que llegarás a tercera base, amigo. Es nuestra primera cita. —le advirtió ella entre suspiros, cuando los besos comenzaron a ser más apasionados y las caricias comenzaron a hacerse más ardientes.

En ese momento, Hiccup se detuvo y puso una falsa mueca de decepción.

—Entiendo, entonces… mi lady, creo que ya es hora de volver a casa, su padre me pidió que la regresara a las 11 y pasan más de las 4. —dijo jugando

—Mi lord, me entristece terminar con nuestra cita, pero creo que es necesario porque también se está congelando.

—Ay, es cierto… ya no aguanto. —se sobó Hiccup sus descubiertos brazos, estando a un lado de Astrid no lo había resentido hasta que se separaron.

Así que, sin más, ambos se levantaron de su sitio, recogieron su basura y de un salto mágico, bajaron de la torre de Berk para retomar el camino a casa.

..

.

.

Como en toda cita, el caballero escoltó a la dama hasta su domicilio o en el caso de ellos, Hiccup escoltó a Astrid hasta su dormitorio.

—En serio, Hiccup, me divertí mucho. ¡Muchas gracias! — le agradeció, dándole un beso en la mejilla.,

—¿Aún no puedo dormir contigo? —jugó él con la misma pregunta que le hacía desde que habían empezado su relación.

Pero como en todas las ocasiones anteriores, Astrid le negó esa posibilidad, así como batallaba para decirle que lo amaba, algo también le impedía aceptar dejarlo dormir con ella y darle acceso no sólo a la habitación sino a todo lo que era ella.

—Comprendo. —rio Hiccup ante la habitual negación. —Entonces, no la molesto más Mi lady, que duerma bien.

Un último beso y adiós, Hiccup se retiró de la habitación con pasos silenciosos, mientras que Astrid se quedó observándolo hasta que finalmente este desapareció en las escaleras.

Entró a su habitación y con el corazón latiéndole con fuerza gruñó molesta.

—Tonta Astrid… ¿por qué no puedes decirle que lo amas? — se auto regañó. —¿Qué rayos necesito para decirle?

Suspiró.

Valor, pensó que era precisamente lo que necesitaba mientras se echaba en la cama completamente agotada. No entendía como sí tenía el valor para otras cosas (como robarle besos e invitarlo a bailar) pero no para decir "Te amo". Era tonto, pero era lo que le pasaba, sólo esperaba que con el paso del tiempo se abriera más a esa nueva experiencia que estaba viviendo para poderle decirle a Hiccup Horrendus Haddock III que ella, Astrid Hofferson, lo amaba con todo su corazón.

Continuará.

Notas de autora: Muchas gracias por su impaciencia o paciencia XD. Espero que les haya gustado. Para el siguiente capítulo creo que tardaré también en publicarlo, por lo que les pido que no desesperéis, estaré informando de cualquier manera en mi cuenta de Facebook.

Canciones del fic. "Dont stop me now de Queen" y "Nothing is gonna stop us now de Starship"

Agradecimientos especiales a: Mispiy, Nina, DlyDragon1, Maylu Liya.

A los favoritos, seguidores y anónimos, nos seguimos leyendo.

Hasta la próxima.