Capítulo 50

Yo… Te quiero

Sonrío disfrutando al ver que por fin mis pensamientos más oscuros podrán hacerse realidad.

Los he encadenado y separado para que no puedan encontrarse, solo escucharse gritar los unos a los otros desde lejos.

Sí, definitivamente me siento feliz, más que eso, satisfecho.

Acaricio con suavidad el pelo de Mika esperando que Ale se despierte pronto, voy a jugar con todos por supuesto, pero con él voy a tomarme mi tiempo, antes de matarle voy a destrozar todo lo que él es hasta que no quede nada más que un cobarde babeante en el suelo.

Al fin y al cabo, él fue el único capaz de ver a través de mi máscara, por eso mismo se atrevió a tratar de poner a mi tía en mi contra, y además consiguió apartar a mi hermana de mí.

Él, un puto ex drogadicto miserable, osó golpearme.

Así que tiene que pagar caros cada uno de esos intentos infantiles por quitarme el control, porque es que, joder, es ridículamente evidente, aquí, él único que tiene derecho a hacer daño, soy yo.

Precisamente por eso voy a ser yo, Ethan Ford, y no otro quien los reduzca a todos a un montón de gritos desesperados y a sangre coagulada en el suelo.

…..

Me despierto sintiéndome aturdido y notando un sabor pastoso en la boca.

¿Qué carajos ha pasado?

Estaba con Merle haciendo guardia, eso lo tengo claro, pero de pronto es como si mi cerebro hubiese fallado fundiéndose en negro como en las películas antiguas.

-¿Ale?- Hay tensión en la voz de Merle cuando me llama. –Ale joder, espabila.- Me gruñe y yo lo intento, lucho por levantar la cabeza aunque me pesa una tonelada para poder mirar a mi alrededor.

Y lo que veo me congela la sangre en las venas a pesar de que no lo entiendo del todo.

-Buenos días tío Ale.- Me saluda sonriente Ethan, mientas acaricia el pelo de Mika como si fuera una jodida golden retriever.

Un par de metros a la izquierda veo a Carol atada a una camilla retorciéndose, intentando liberarse de las correas que la mantienen sujeta para tratar de ayudar a la pequeña.

Es entonces cuando me doy cuenta de que tengo las manos esposadas a una especie de yunque.

-¿Qué?- Contengo una arcada a duras penas.

Joder, no echaba nada de menos la resaca que deja un mal colocón.

-Tranquilo, no te esfuerces, has tenido un mal viaje,- me aconseja Ethan, pero no escucho el veneno que sale de sus labios porque a mi derecha, justo a mi lado, está Merle.

Eso consigue que me relaje un poco al menos, si es tan idiota como para dejar a un Dixon conmigo es solo cuestión de esperar al momento oportuno para neutralizarle.

Sea como sea y cueste lo que cueste.

-¿Recuerdas que te dije hace mucho tiempo que te arrepentirías de no haberme matado cuando me encontraste hablando con Gin?- Su sonrisa se expande de forma grotesca cuando mis ojos se entrecierran al hacer memoria de lo que pasó aquél día, realmente deseé matarle al escuchar cómo se atrevía a amenazarla de esa manera tan obscena. –Me alegro,- chasquea la lengua divertido, -de verdad, porque hoy comienza tu arrepentimiento.- Me asegura llenando un cuenco de cristal con un líquido transparente que estoy convencido de que no es agua.

-Ethan.- Le llamo tenso.

-Ssshhh, disfruta del espectáculo, al fin y al cabo esto es para ti.- Dice llevando el cuenco hasta una de las manos atadas de Mika, ella nos mira asustada y en cuanto su piel entra en contacto con esa cosa sustancia comienza a chillar de una manera que sé que jamás podré olvidar mientras viva.

Mi visión se vuelve roja, roja como la rabia que siento, roja como la sangre que bombea mi corazón, roja como el dolor que nunca he podido evitar que le hagan a los demás.

Con mi mundo teñido de ese color intento llegar hasta Ethan mientras los gritos de Mika me taladran los oídos.

-Ale,- me llama Merle pero le ignoro, porque aunque no pueda tengo que llegar hasta él, tengo que matarlo como en el fondo siempre supe que debí hacer. –Ale cojones para.-

No le entiendo ¿qué pare yo?

¿Yo?

¿En serio?

Es Ethan quien tiene que dejar de hacerle daño a Mika, ¿es que no lo ve? Lo que a mí me pase no importa.

-No te escuchará Dixon, porque no puede evitarlo, es autodestructivo, es un hábito, ¿no es cierto? Te has pasado toda la vida llenándote de mierda las venas porque no soportas la verdad, y la verdad es que no eres lo suficientemente fuerte para proteger a los demás, como a mi tía Kate por ejemplo.-

-Sácale la mano de ahí ya.- Chillo desesperado, ignorando su puto psicoanálisis, con el pecho subiendo y bajando con fuerza a causa del pánico cuando Mika se desmaya.

Y Ethan entonces como si fuese un mago en plena actuación le saca la mano del cuenco con una floritura para dejarnos ver los resultados de lo que le ha hecho.

-Su mano…- En el silencio que se ha impuesto en la habitación el susurro de Carol parece un plañido ensordecedor.

La mano izquierda de Mika está literalmente desecha, en algunas partes la carne está roja e hinchada de forma grotesca, como si estuviera saturada de sangre, mientras que en las falanges la carne se ha desprendido completamente dejando el hueso al descubierto.

-Sí, es desagradable de ver y de oler,- dice Ethan con una sonrisa, una puta sonrisa. –Casi tan desagradable como algunos secretos pueden llegar a ser, ¿no te parece Merle?-

Aturdido, con las muñecas sangrando a causa de los tirones que he dado en vano, y sin desviar la mirada de la mano diluida de Mika, hago lo único que puedo hacer aunque no sirva de nada.

Hablar.

-Déjale en paz.- Digo en un tono bajo que en mis propios oídos suena demasiado parecido al que empleaba mi padre antes de que se quitase el cinturón para darnos una señora paliza, a mi madre, a mi hermana mayor, o a mí.

-Se me olvidaba, Merle no se toca, porque es un gilipollas pero es tu mejor amigo.- Hace una pausa que consigue captar mi atención hacia él, pero Ethan está enfocado en el mayor de los Dixon. –Dime Merle, ¿seguirá pensando lo mismo después de que sepa tu sucio secretito?-

Extrañado de que Merle no le mande a cagar me giro para mirarle, es entonces cuando me doy cuenta de que tiene los hombros encorvados, como si tratase de desaparecer, y la vista totalmente enfocada en las baldosas del suelo.

-Averigüémoslo, ¿te parece?- Dice ese pequeño cabrón como si fuese un tiburón blanco saboreando la sangre de un ballenato.

Y por primera vez en mi vida, escucho algo que jamás pensé que fuera posible. –No… Por favor, no.- A Merle Dixon suplicando.

El corazón se me resquebraja al verle así, porque sencillamente él no puede romperse, es Merle Dixon, el mamón está hecho de cocaína, pólvora y cerveza. Joder, si hasta se arrancó su puta mano en Atlanta para escapar de la azotea en la que creía que le habían dejado tirado.

Así que no, esto no puede estar pasando.

Él es el hombre más duro que conozco, así que no puede estar doblegándose ante este jodido niñato sádico.

Me niego a creerlo aunque lo esté viendo en vivo y en directo.

-El secreto es que Merle Dixon, el macho duro de pelo en pecho y picha empinada ante las primeras tetas que pasan, es más gay que una mariquita hecha de purpurina.- Ethan tira el líquido teñido de rojo con la sangre de Mika por el desagüe de un fregadero que no me había dado cuenta que había en la habitación. –Pero eso no es lo mejor ¿verdad Merle?-

-Cállate,- al fin reacciona y levanta la mirada, las venas de su cuello están tensas como si fueran las cuerdas de un contrabajo. –No se te ocurra decir ni una puta palabra más.- Dice furioso mientras yo les miro a ambos como si estuviera en un partido de tennis.

-Lo mejor,- sigue Ethan regodeándose ante la impotencia de mi amigo, -es que está enamorado de ti.-

Noto la tensión de Merle, sus hombros están completamente rígidos por el esfuerzo que hace para ignorarme. –Bueno ¿y qué? Aparte del hecho de que contra todo pronóstico este mamón tiene buen gusto en cuanto a tíos se refiere no entiendo a qué viene tanto espectáculo, ósea, no es como si hubieras descubierto la panacea precisamente.- Digo controlando mis ganas de echarme a reír ante lo absurdo de la situación.

Porque… En fin, ha torturado a Mika solo para conseguir que todos estuviéramos más tensos antes de la gran revelación, que en realidad ha resultado ser una noticia vieja, y digo vieja aunque yo me enterase solo unos pocos días antes.

Creo que está a punto de darme un ataque de histeria.

-No, no, no,- empieza a decir Merle consiguiendo que me centre en él y que aparque por el momento mi ansiedad. –Yo no soy un maricón de mierda,- niega escupiendo en dirección a Ethan, acertando a darle en la rodilla izquierda de sus pantalones, menuda potencia tiene el colega. –Este gilipollas es mi amigo, nada más, a mí no me la pone dura ni nada parecido.-

Joder, ¿de verdad está a punto de echarse a llorar?

Tiene que haberlo pasado fatal guardando todo eso dentro, intentando que no me diese cuenta y yo le seguí la corriente, aunque hubo veces en las que lo sospeché… Supongo que no quise verlo, no porque me molestase el hecho de que yo le gustase, sino porque me daba miedo que nuestra relación cambiase, no quería que se alejase de mí al rechazarle.

Simplemente no quería perder a mi mejor amigo y fui egoísta con sus sentimientos, aunque en mi defensa diré que nunca creí que yo significase tanto para él.

-Muy curioso, ¿seguirías diciendo lo mismo si meto la otra mano de Mika en este cuenco?- Pregunta llenándolo de nuevo, la pequeña aún sigue inconsciente.

-Eso es coacción.- Digo asqueado de toda la situación.

-Puede, pero es efectiva.- Al ver que está dispuesto a cumplir su amenaza me giro hacia Merle.

-Ey, mírame,- él no lo hace, -joder mamón échale huevos, eres un Dixon no un gatito asustado,- eso consigue molestarle lo suficiente como para que me haga caso, bien, al menos no está completamente cagado encima por culpa de la puta vergüenza. –Mira siento si he sido un gilipollas y no me he dado cuenta antes de…- Carraspeo nervioso, -de tus sentimientos, pero necesito que seas mejor que yo, hazle frente y simplemente dilo.-

Ethan nos estudia con atención, fijándose en cada una de mis palabras, en nuestro lenguaje corporal. Y eso hace que me pregunte algo, ¿una vez que consiga que Merle reconozca la verdad que hará él a continuación con nosotros?

El mayor de los Dixon aprieta la mandíbula con fuerza, tanta, que oigo como le rechinan los dientes a pesar de que está a un metro de distancia de mí.

Merle agacha la cabeza hasta apoyarla contra las baldosas, luchando consigo mismo por sacar las palabras de su garganta.

-Decídete Merle, me estoy cansando de sujetar el cuenco,- dice Ethan para meterle presión, sabiendo que el hombre a mi lado se encuentra en una encrucijada emocional brutal entre la persona que Will Dixon le enseñó a ser y quien realmente es.

-Es cierto.- Dice con voz ahogada.

-¿Qué es cierto?- Sigue presionándole Ethan.

-Todo,- gruñe él en respuesta.

-Todo es algo muy ambiguo, sé más concreto, vamos.- Realmente está disfrutando de verle humillado, eso hace que se me llene la boca de bilis.

-Soy un maricón,- su respiración es demasiado acelerada, si sigue hiperventilando así terminará desmayándose.

-¿Y qué más?- Continua apretándole como un perno.

-Y…- Me mira por un segundo de reojo sin levantar la frente del suelo. –Yo… Te quiero.- Dice cerrando los ojos con fuerza, como si no soportase mirarme.

Por mi parte no pienso permitir que Ethan se salga con la suya en esto, no voy a permitir que Merle se sienta mal consigo mismo por sentir lo que siente.

-Yo también a ti cariñosito,- Merle abre los ojos incrédulo, -puede que no de la misma manera y lo siento por eso, pero te quiero un mogollón aunque a veces seas como una muela cariada.-

-Eres tan idiota.- Dice con una pequeña sonrisa sorprendida en su cara. Supongo que en el fondo tenía tanto miedo como yo sino más, a que dejáramos de ser el equipo que somos solo por unas palabras dichas en voz alta.

-Idiota y todo te tengo en el bote.- Digo guiñándole un ojo picarón.

-Basta.- Chilla Ethan perdiendo la compostura.

-No nos cortes el momento coño, quiero que lo sepa, para mí, nada ha cambiado.- Le digo a Merle lo último ignorando al psicópata que tenemos en frente. -¿Amigos?-

-He dicho basta.- Ethan me da un puñetazo que me lanza la cabeza hacia atrás, provocando que me golpee contra la pared que hay justo ahí.

-Ale,- oigo a Merle gritar mi nombre de lejos, es como si me hubiese caído a un pozo profundo, muy profundo. –Ale.-

No puedo contestarle, no soy capaz de encontrar mi garganta para hacerlo, -Ale,- la voz de Carol se suma, pero yo cada vez los escuchó más y más lejos, hasta que por fin la oscuridad me traga por completo.

.

-Hijo de puta.- Grita Merle queriendo levantarse para acercarse a Ale y asegurarse de que está bien, solo para hacerse daño en la muñeca con la esposa que le retiene, ya que igual que el otro hombre está encadenado a una especie de peso. –No le toques,- la saliva se le derrama por las comisuras de la boca debido a la rabia que siente. –No te atrevas a volver a ponerle la puta mano encima pedazo de bastardo.-

Ethan sonríe cogiendo un bisturí antes de acercarse al cuerpo inconsciente de Ale, -no lo entiendes ¿verdad?- Merle se retuerce queriendo patear su cara de estúpido arrogante.

¿En qué cojones pensaron sus padres para no usar condón en aquel polvo?

Hasta él sabe que la gomita es importante ponérsela, joder.

-No tengo nada que entender salvo que tú estás fatal de la cabeza.- Le ladra furioso.

El filo del bisturí se apoya en la carótida de Ale consiguiendo que Merle se calle en el acto.

-Así, mucho mejor, verás, yo tengo el control de esta situación porque todos vais a morir, aunque lo dolorosa que sea esa muerte dependerá en mayor o menor medida de vosotros.-

-¿A qué demonios te refieres?- Merle no puede desviar la vista de ese filo, un solo corte justo donde está y perderá a Ale para siempre.

-Pues a que si tú hubieras seguido chillándome yo le habría degollado y hubiese dejado que os devorara.- Dice como si estuviera hablando de los distintos sabores de chicle que le gustan.

-Tú nos has manipulado todo el tiempo.- Le acusa Carol atrayendo hacia ella la atención de Ethan.

-No lo digas así querida, te recuerdo que siempre sacabas algo a cambio de nuestros tratos.- Dice haciendo girar el bisturí entre sus dedos. –Bienvenidos al trozo de infierno en la tierra en el que soy el rey, espero que lo disfrutéis.-

Para sorpresa de Merle después de haberle amenazado se toma la molestia de vendar las muñecas heridas de Ale, aunque en el fondo supone que tiene sentido, si quiere jugar con ellos igual que lo haría un gato con un ratón el hecho de que el español se desangre le restaría diversión al asunto.

-Si dices una sola palabra haré algo peor que lo que estás a punto de ver.- Sin tener ni idea de a que se refiere ese jodido enfermo ni querer tenerla en realidad, no le queda más remedio que observar en silencio como le corta la camisa a Ale con unas tijeras dejando su pecho al descubierto, para después volver a coger el bisturí y justo en el abdomen bajo sobre la línea de los pantalones ver como el bastardo de Ethan escribe su nombre, marcando al canario como si fuese ganado.

-Todo lo que está pasando, y lo que os pasará, es culpa tuya.- Le dice aún agachado sobre el cuerpo de Ale, -estás enfermo, le deseas pero como no podías tenerle yo era tu desahogo, y cuando él me dio esa paliza tú le detuviste, no por el bien de su alma, sino por lo podrida que está la tuya al querer a otro hombro, él mismo hombre del que me salvaste y al que voy a destrozar, aunque a lo mejor si te comportas quizá le deje vivir más que a los demás.-

Le amenaza divertido consiguiendo que Merle sienta como la podredumbre de la que habla le sale por los poros.

Y es que tiene toda la jodida razón, si hubiese dejado que Ale hiciese lo que tenía que hacer ahora todos estarían de camino a Washington en busca de la cura imaginaria de Eugene, pero no.

Necesitaba a Ethan para hacer con él lo que nunca podría hacer con Castillo, Merle tiene ganas de vomitar al recordar como esa boca que escupe veneno se la chupó haciéndole disfrutar como un maldito perro en celo.

Sus ojos se desvían del español hacia Mika cuando Ethan se le acerca, pero él se limita a tomarle el pulso pareciendo satisfecho al darse cuenta de quesigue viva, viva y mutilada, todo por culpa de Merle, porque es un enfermo que no sabe controlarse, un puto monstruo despreciable, Ethan tiene razón en cuanto a él.

Se merece ese infierno, pero no los demás, y desde luego no Ale, no por su debilidad, -no le hagas nada más.- Le suplica Carol, -solo es una niña.-

-Precisamente, cuanto antes comprenda que la vida es sufrimiento mejor para ella, así no se hará ilusiones innecesarias en cuanto a que el mundo pueda llegar a ser un sitio mejor.-

-¿Por qué?- Le pregunta Carol, -¿por qué haces esto?-

-Porque me gusta jugar con el dolor de los demás, y porque nadie puede pararme, de ser así ya sería un caminante hace tiempo.- Responde con una sonrisa macabra.

Merle no entiendo como a pesar de esa actitud complaciente con él, no vio al monstruo que acechaba debajo.

Maldición.

Debió hacerlo.

O mejor, debió escuchar a Ale cuando trató de advertirle, debió creerle, ahora por desgracia ya es demasiado tarde.

Sus ojos se clavan sin poder evitarlo en el nombre grabado sobre la piel del español y vomita en el suelo incapaz de soportar la responsabilidad que tiene sobre todo eso.

Will Dixon tenía razón, siempre la tuvo, Merle no está hecho para amar, porque daña lo que ama, su hermano es sin duda el mejor ejemplo de ello. Por mucho que lo intentó, la cagó una y otra vez con él.

Aun así, se atrevió a querer a Ale pensando que mientras el otro no lo supiera todo estaría bien, que ellos se cubrirían las espaldas mutuamente, y que con eso sería suficiente.

Pero Merle falló, traicionó la confianza de Ale con Ethan y ahora lo están pagando todos.

-Bueno, despertemos a los bellos durmientes.- A Mika le inyecta algo y vuelve en sí con un alarido horrible, que es seguido de otro al ver el estado de su mano. –No se te ocurra volver a desmayarte.- La amenaza con el bisturí.

La niña llora y gime, es Carol quien intenta consolarla como puede desde la camilla, -no mires lo que él te ha hecho Mika, mira las flores, ¿recuerdas qué se lo decías a Lizzie para que se calmara? Haz tú lo mismo, mira las flores de mi blusa, concéntrate en ellas, en nada más.-

Merle ha de reconocer algo, la cría es valiente, más de lo que nadie podría pensar al verla, ya que como puede a pesar de su dolor Mika hace un inmenso esfuerzo por concentrarse en las palabras de Carol, y lentamente empieza a contar las flores de la blusa de la mujer, aunque su cuerpo no deja de sufrir espasmos debidos al dolor.

-Y ahora…- Cogiendo impulso Ethan le tira un cubo de agua a Ale, consiguiendo que por un segundo el corazón de Merle se paralice temiendo que sea algún tipo de ácido que le queme la piel.

Por suerte solo es agua, el juego a fin de cuentas apenas está empezando.

.

Algo choca contra mí empapándome, tengo la sensación de que estoy a punto de ahogarme en mitad del mar, miro a mi alrededor confundido esperando encontrar a Karen y que todo lo anterior haya sido solo una maldita pesadilla, pero no… Son los ojos de Merle los que se encuentran con los míos antes de que los aparte, como si se sintiera culpable.

-Bienvenido, te pongo al día, aquí tu amigo ha comprendido una cosa esencial, no quiere cabrearme.-

-¿Eso qué significa?- Me siento y muevo los hombros intentando relajar mis brazos tensos por estar encadenado desde hace a saber las horas.

–Que no va a interrumpirme mientras te cuento el secreto más jugoso de todos.- Apoya sus manos en los hombros de Mika y ella tiembla de terror pero no dice nada.

-Ponle al menos una venda por el amor de Dios.- Digo viendo como la sangre se desliza por el brazo de la silla hasta caer al suelo.

-Dios no está en este edificio, y en caso de que lo esté, le gusta lo que ve, de lo contrario me lo impediría, ¿no crees?-

Me mareo y me cuesta mantener la vista fija, puede que tenga una conmoción, aun así me las apaño para sostenerme tan recto como puedo en un desafío mudo.

-Lo que sé fuera de toda duda es que hay un rincón reservado especialmente para ti en el infierno.-

-Bueno, tú vas a vivir en el tuyo antes de morir, considéralo un regalo.- Dice colocando una silla de plástico frente a mí, -hablando de todo un poco, ¿te acuerdas de qué a veces no encontrabas a Merle y de que cuando volvía a aparecer te esquivaba?-

No le respondo, tampoco creo que él espere que lo haga, está demasiado complacido con el sonido de su propia voz.

-Cuando tu amigo desaparecía era para que hiciéramos un intercambio, por ejemplo gracias a él conseguí una pistola y un fusil, las balas las conseguí de Carol.- Frunzo el ceño sin comprender a dónde demonios quiere llegar. -¿Qué crees que le daba yo a cambio?-

-¿Sinceramente?- Me encojo de hombros. –No se me ocurre nada.-

-Vamos, inténtalo,- me anima a probar.

-¿Le hacías los turnos nocturnos en la torre?-

-No, prueba otra vez.-

-Yo que sé, tú no solías salir a por cosas, así que desde luego cerveza no le dabas.-

-¿Quieres saberlo?-

-No, pero me lo dirás igualmente.- Lo qué desde luego no pienso decirle es que ha conseguido picar mi curiosidad.

-Íbamos al cuarto de calderas, él cerraba con una palanca para evitar que alguien pudiera entrar por accidente a pesar de que nadie iba nunca por allí.- No me gusta por donde parece que va esto. –Y entonces se bajaba la cremallera de los pantalones, la mayoría de las veces que me llevaba allí él ya estaba empalmado porque tú te le habías restregado encima, o le habías dicho alguna guarrada.- Trago saliva sintiéndome culpable por haberle alterado así, no era mi intención, para mí solo eran bromas.

-Así que yo se la chupaba, a él le encantaba llevarme la mano a la cabeza para que me quedase quieto y me follaba la boca hasta que sentía que me iba a ahogar, no tenía ningún cuidado, solo quería desfogarse de lo que le hacías sentir… Porque sí, me lo hacía a mí, pero a quien quería cerrarle ese… ¿Cómo lo llamabas? Ese piquito de oro canario con su cipote americano, era a ti Ale.-

Merle se remueve pero no dice nada, ¿qué cojones ha pasado mientras estaba fuera de combate para que se comporte así?

-Y joder, como gritaba tu nombre cuando se venía, como si se estuviera muriendo y tú fueras su salvación, era patético en serio. Luego esa cosa que tiene entre las piernas de la que está tan orgulloso se arrugaba y se quedaba flácida, cosas de la edad.-

Merle no replica, no se caga en sus muertos, no hace nada.

-Pero siempre volvía a buscarme, antes o después para que yo fuese su Ale durante unos minutos.-

-Cállate joder.- Digo harto de ver como Merle me da la espalda incapaz de mirarme.

-¿No te gusta escuchar lo que tu gran amigo quiere hacerte?-

-La mierda que vomites a mí me la suda por delante y por detrás, es él quien no quiere escucharte, así que cierra tu jodida boca ahora mismo, para empezar nadie te ha pedido que la abras puto cabrón- digo furioso por la sumisión que muestran Carol y Merle ante él.

-Ya bueno, el caso es que ahora entiendes porque me defendió cuando me diste aquella paliza, porque si me partías la boca él se quedaría sin sitio donde meterla.-

Me acuerdo perfectamente de aquello y de lo traicionado que me sentí sin necesidad de que él me lo eche a la cara, pero eso es precisamente lo que le gusta.

El poder, el dolor, la humillación, es su triada de control.

A riesgo de provocarle de nuevo y que esta vez me dé una buena tunda en lugar de simplemente un puñetazo me vuelvo hacia Merle.

-Perdóname, si yo no… Si no fuera tan sobón tú no habrías recurrido a esta rata inmunda.-

-Oh Merle, tienes permiso para contestarle.- Esas palabras me revuelven el estómago, él no es un puto perro obediente, él es un jodido Dixon.

-Nada es culpa tuya, soy yo, soy un enfermo.-

¿Qué cojones…?

Ethan se ríe satisfecho consiguiendo que la sangre me hierva en las venas.

-Tú no eres un enfermo, eres un mamón ingobernable y mi jodido mejor amigo en cualquier infierno en el que demos a parar.- La risa de Ethan se corta al ver como Merle se gira para mirarme.

-Has escuchado lo que le hice,- me quedo sin palabras al ver que está llorando, porque en fin, es Merle, él nunca se derrumba. –Lo que quiero hacerte a ti, que tú me abrazases no tenía nada que ver, habría recurrido a él aunque ni si quiera me hubieses mirado porque te deseo, te deseo en formas que de no estar encadenado a mi lado te harían salir corriendo.- Dice furioso consigo mismo.

Mika cada vez llora más fuerte debido al dolor, pero hasta que Ethan no consiga lo que quiere de esta conversación se dedicará a ignorarla.

-¿Bueno y qué? Nunca me metiste mano que recuerde. ¿Sabes por qué? Porque aunque opines lo peor de ti mismo, tú me respetas.- Al fin parece que me escucha, hay duda en sus ojos, -él único enfermo de esta habitación es Ethan. ¿Pero tú…? Tú eres un tío cojonudo, eso sí, él día que te eches novio formal yo tengo que darle el visto bueno, es lo único que exijo.-

-No vais a salir de aquí, no enteros y desde luego no vivos.- Me dice Ethan rompiéndome la ceja izquierda de un puñetazo, algo he reconocer a mi pesar, tiene un buen derechazo el hijo de su maldito padre.

-Ya lo veremos,- le reto dispuesto a resistir sabiendo que esto es una guerra de voluntades, cuanto más nos resistamos más daño nos hará, pero también hay una cosa cierta sobre eso, cuanto más aguantemos el dolor más tiempo nos mantendrá vivos, y cuanto más tiempo vivamos más posibilidades tendremos de matarlo.

Y en mí no tan humilde opinión eso es razón suficiente para pelear como un cabrón.

-¿Jugamos a verdad o atrevimiento? Yo escojo, Ale te toca atrevimiento,- se levanta de la silla para ir hasta la puerta de la habitación. Tras abrirla entran por ella dos hombres, uno asiático más mayor y otro caucásico que apenas tendrá los veinte.

-¿Qué tengo que hacer?- Le cuestiono viendo como el más joven se acerca a mí y se me queda mirando el abdomen de forma extraña antes de desviar la mirada incómodo.

Bajo mi vista y me doy cuenta de lo que ha llamado su atención, Ethan me ha marcado con su nombre, -¿te gusta tu nueva modificación corporal?- Pregunta con curiosidad.

-Puedo vivir con ella, no has contestado a mi pregunta.-

-No sé porque todo el mundo te encuentra tan gracioso, conmigo siempre tienes cara de culo.-

-Ya, eso es porque no hueles a algodón de azúcar.- El chico joven me mira horrorizado, como si no creyese que nadie pueda encarar a Ethan.

Evidentemente no sabe que soy idiota.

-Mika va a morir, aquí y ahora, depende de tu atrevimiento lo corta o lo rápida que sea esa muerte.-

-¿Por qué no me matas a mí en su lugar? Es a mí a quien odias.- Le digo queriendo salvarla.

-Cállate Ale.- Me gruñe Merle.

-Oh, podría hacerlo, pero sé que así sufrirás más.-

-No quiero morir,- gime Mika, -Carol, Ale, Merle, ayudadme por favor,- nos ruega. –Por favor, no dejéis que me mate, aunque haya perdido una mano puedo seguir siendo útil.-

Desde luego Ethan me conoce bien, es cierto, así sufriré mucho más que si se cebase conmigo, las suplicas de Mika se me clavan como navajas muy adentro.

-Guarda silencio,- le dice él al oído, -me estropeas la diversión, ¿quieres que te corte la lengua?- Mika chilla y trata de apartarse de él sin conseguirlo al estar encadenada a la silla.

-¿Qué tengo que hacer para que sea rápido?- Pregunto nervioso al verla en ese estado.

-Fácil, besa a Merle.-

-¿Qué?- Preguntan Carol y Merle a la vez.

-Olvídalo.- Gruñe el mayor de los Dixon.

-Sí Ale no te besa como si te quisiera empotrar contra la pared de aquí al final de sus días yo destriparé a la dulce Mika, tardará horas en morir, después naturalmente se convertirá en una caminante y traeré aquí a Judith para que sea su primer aperitivo, ¿os parece eso mejor a todos?-

-No,- Mika chilla y se retuerce, -eso no,- se gira hacia el hombre asiático, -por favor, por favor, paradlo, vosotros podéis hacerlo,- le suplica, -paradlo.-

-No lo harán preciosa, ¿y bien?- Me pregunta con genuino interés por mi respuesta.

-De acuerdo, yo lo hago y tú le pegas un tiro en la cabeza.- Digo sabiendo que lo único que puedo hacer por ella es conseguirle un final lo más limpio posible.

-Que te den Ford.- Le gruñe Merle.

-Ethan por favor, no le hagas más daño a Mika, ¿es que no tienes compasión?- Le pregunta Carol con la cara descompuesta.

-Querida, es evidente que no la tengo.- A una señal suya el más joven de sus hombres me libera del peso manteniendo mis manos tras mi espalda con las esposas, mientras el otro se coloca frente a Ethan para protegerlo apuntándome con una pistola a las rodillas en caso de que decida lanzarme sobre él.

Si estuviese solo no lo dudaría, pero sé que si hago cualquier cosa que no sea exactamente lo que me ha dicho, Mika y Judith pagarán las consecuencias en mi lugar.

Y eso no pienso permitirlo.

Nadie sufrirá por mi culpa, no mientras pueda evitarlo.

..

Merle no puede creerse el descaro que tiene Ethan de usar lo que siente por Ale contra él.

-Lo quiero con lengua, a ver si consigues que se empalme.- Le dice divertido, como si fuera un juego, aunque para él es exactamente eso.

-Mírame y olvídate de ese gilipollas,- le dice el español, y cuándo lo hace al mayor de los Dixon se le corta la respiración.

Porque en fin, joder… Es Ale de pie ante él sin camiseta, le ha visto así más veces de las que su autocontrol es capaz de resistir, pero de alguna manera nunca le ha mirado como ahora.

Con la libertad de recrearse la vista a pesar de la situación, porque él ya lo sabe y no tiene que esconderse, pero es algo más que solo eso.

Con la ceja partida, sin la camiseta, las manos esposadas a la espalda, la sangre cayéndole por los cortes… Ale se ve jodidamente sexy. Totalmente en control de su cuerpo aunque ahora mismo sea poco más que un entretenimiento y un prisionero.

De repente se le sienta a horcajadas sobre las piernas, pegando su pecho al suyo íntimamente como si no quisiera dejarle escapar.

Definitivamente hay algo depredador en Ale en esos momentos, algo que le inquieta y le hace tragar saliva con fuerza.

-Me lo he pensado mejor, si no se empalma el tiro será en la garganta.- Dice Ethan con tanta diversión patente en la voz que a Merle se le revuelven las entrañas.

Puede notar como Ale aprieta la mandíbula pero no hace ningún otro signo para demostrar que le ha escuchado.

Merle está nervioso, muy nervioso, no puede creer que el hombre del que está enamorado vaya a besarle, pero pensar en porque va a hacerlo le hace odiarse más así mismo de lo que ya lo hace si eso es posible.

-Ey,- dice Ale pasándole la nariz por la línea de la mandíbula en una caricia lenta, dejando que sus labios se detengan en su oído. –Te he dicho que te olvides de ese gilipollas, no pienses en nada, tú solo siénteme.- La respiración de Ale es pesada, alterando con ella de alguna manera la suya propia.

Y esa voz, él nunca le ha escuchado esa jodida voz, suena como alguien recién follado pero que sin embargo aún tiene ganas de más.

-Mándalo todo al carajo y disfruta esto.- Dice atrapando el lóbulo de su oreja para morderlo suavemente, provocándole más placer que dolor con eso.

El cabronazo sabe lo que se hace, lo sabe muy bien.

El corazón de Merle parece una locomotora y aún no le ha besado.

Atado, con las manos en la espalda comienza a mover sus caderas contra las suyas en un ritmo incitante que le hace sentir que cada centímetro de su piel está ardiendo.

-Ale.- Gime sintiendo que el aire a su alrededor se ha vuelto pesado, eléctrico, -hostia santa,- normal que las mujeres se enganchen a él como sanguijuelas.

La sensación de ser el centro de ese magnetismo animal es adictiva.

Sus ojos se encuentran y Merle se queda atrapado por ellos, como si un felino estuviese decidiendo si va a convertirlo o no en su cena.

Y joder, Merle espera que sí, espera que le devore hasta el alma misma si eso es lo que el otro quiere.

Pero Mika llora y por un momento la burbuja se rompe.

Ella es la razón por la que Ale está haciendo todo eso, no es una fantasía es un infierno, y a pesar de todo Merle está más duro que una piedra.

Es un ser miserable, lo sabe, no debería estar disfrutando de nada de eso, pero las caderas de Ale siguen moviéndose y… –Merle- él le llama por su nombre con esa puta voz.

Así que vuelve a mirarle y cuando lo hace el español pasa su lengua suavemente sobre su labio superior, pidiendo permiso, se da cuenta, para acceder a su boca.

Y Merle se lo da sin imaginarse lo que ese beso va a hacerle.

Ale se aprieta más contra su cuerpo, como si quisiera fundirse con él a través de la ropa, su lengua es dulce, no hay otra forma de definirla, es jodidamente dulce y flexible.

Sus lenguas entrelazadas bailan lentamente, no es un beso brusco, ardiente, es un beso pensado para incendiar el corazón a fuego lento hasta hacerle estallar en llamas.

Ale se separa lo justo de él sin llegar a soltar sus labios, convirtiendo el contacto en un pico inocente antes de volver a invadirle la boca como un saqueador.

Entonces Merle cae en la cuenta, no es un puto beso y ya está, Ale Castillo se lo está follando con la boca.

El mayor de los Dixon gime en el beso sintiendo que sus huesos se vuelven de mantequilla, se olvida de todo y con el brazo metálico, el que tiene libre porque no pueden encadenarle ya que le falta la mano rodea la cintura de Ale, le necesita más cerca.

Mucho más cerca y con mucha menos jodida ropa encima.

Mientras tanto la lengua de Ale recorre su boca, un baile lento, suave pero profundo que somete la voluntad de Merle y lo reduce a un montón de gemidos guturales.

Aun así, a pesar de la suavidad con que le trata el beso de Ale es dominante, haciendo que gire la cabeza hacia donde él quiere, en el momento en el que él lo quiere sin que Merle se resista en lo absoluto, no solo porque esto sea lo que siempre ha deseado, sino porque está disfrutando dejándose llevar.

Sus caderas aceleran contra las de Ale, no se había dado cuenta de que también las estaba moviendo, el calor, hace tanto calor, y están tan cerca pero a la vez no lo suficiente.

Es tan feliz que quiere gritar, Ale le muerde el labio inferior catapultándole con eso a su orgasmo, consiguiendo que se corra en sus calzoncillos mientras mantiene los ojos cerrados y trata de tomar el aire que siente que el otro le ha robado de los pulmones, átomo a átomo.

-Joder, tú eres de los que hacen las cosas bien o no las hacen ¿verdad?- Dice Ethan burlón antes de disparar a Mika en la frente cumpliendo así su parte del trato.

Devolviendo a Merle dolorosamente a la realidad.

El mayor de los Dixon mira a Ale, quien a su vez mira a Ethan con un odio tan brillante como el filo de uno de los cuchillos de Gin, es entonces cuando se da cuenta de que Ale no se ha empalmado, todo lo que ha hecho, lo ha hecho por Mika y para que Merle lo disfrutase.

Pero él no ha sentido nada con todo eso.

El mayor de los Dixon estaba tan concentrado en lo que el canario le hacía, en cómo se movía, que no se había dado cuenta hasta ahora de ese detalle.

-Pete-Pie.- Sin necesitar ninguna indicación más el chico que está sonrojado y cachondo por lo que deja ver el campamento levantado de sus pantalones, tira de los hombros de Ale para ponerlo de pie y devolverlo a su sitio. –Vamos hombre, no me mires así, al menos has conseguido que Merle lo disfrutase de lo lindo.-

-Sé que no crees en ella, pero hay justicia en este mundo y antes o después te encontrara.- Le advierte serio.

-Lo que tú digas tío Ale, lo que tú digas.- Ethan chasquea los dedos antes de salir por la puerta, ante eso sus secuaces reaccionan y se llevan la camilla en la que está atada Carol.

-No, ¿a dónde te la llevas? Ethan,- Ale chilla pidiendo respuestas, pero lo único que consigue es una puerta cerrada y el cadáver de Mika con la cabeza echada hacia atrás a causa del disparo.

Merle se pregunta si la dejará pudrirse con ellos mientras los mata de hambre, desde luego sería muy del estilo del capullo de Ethan.

Pasamos horas en silencio, yo porque me siento demasiado culpable por no haber podido hacer nada por Mika salvo conseguirle un tiro en la frente en lugar de que sus tripas acabaran desparramadas por el suelo.

Y Merle…, no sé, tal vez esté cabreado conmigo por haberle calentado hasta el punto de hacer que se corriese en los pantalones.

Lo cierto es que si es el caso está en su derecho.

-No tenías porque hacerlo.- Me dice de repente Merle cortando mis pensamientos. –No así me refiero…- Parece tan incómodo, trata de mirarme, pero no puede. –De todas maneras, gracias.- Dice finalmente haciendo que me relaje al saber que no la he cagado por hacerle traspasar sus límites.

-De nada,- me echo hacia atrás apoyándome en la pared. –Espero haber estado a la altura de tus expectativas.- Digo sin esperar que me responda dado lo cohibido que parece.

-Oh, puedes estar seguro de que las has superado,- eso a mí pesar me saca una sonrisa, me alegra que al menos haya tenido una buena experiencia. -¿Tú…?- Lucha con las palabras, -tú no te has empalmado ¿verdad?-

-No soy de piedra y con el fregoteo se me ha puesto semi dura, pero no, no he llegado a empalmarme, como tú solías gruñirme, los tíos no me van- digo intentando bromear para finalmente decir. –Lo siento.-

-No tienes porque, ha sido…- Parece buscar la palabra. –Bestial.-

-Ten cuidado, me subirás el ego y ya lo tengo bastante crecidito.- Le advierto burlón.

-Si esa mentira fuese verdad nunca me habrías comprado mierda.- Me replica molesto.

-Cierto,- reconozco, -pero me miento a mí mismo por mi propio bien.-

-Pues ojalá te lo creyeses de verdad.- Me dice tironeando de la esposa que le rodea la muñeca.

-Merle,- le llamo conteniendo un bostezo.

-¿Qué?- Me pregunta a su vez con voz cansina.

-Estamos hablando de sentimientos.- Digo fingiendo horror.

-Ya,- al fin me mira y sonríe negando con la cabeza, -estamos en la mierda.-

-Eso no te lo discuto.-

-¿Crees que mi hermano y la rubita están vivos?- Me tenso cuando me pregunta eso.

-Sinceramente,- le miro sin poder ocultar mi miedo al imaginarme a Rainbow en manos de ese cabrón, –por su propio bien espero que no Merle.-

Él traga saliva y asiente. –Te sacaré de esta.- Me promete, -no sé cómo, pero después de cómo has conseguido que me corriera es lo mínimo que te debo.-

Niego, -no me debes nada por eso, pero lo de salir de aquí suena bien.-

-¿Tienes algún plan sobre cómo te gustaría que lo hiciese?- Me pregunta mientras yo cierro los ojos, estoy demasiado cansado para mantenerlos abiertos.

-Solo resistir y esperar que cometa algún error que podamos aprovechar.- Digo respirando hondo, intentando encontrar una postura cómoda para echar una cabezada.

-Vale, hasta que se me ocurra algo mejor nos quedamos con eso.- De nuevo gracias a él vuelvo a sonreír.

Puede que salgamos de aquí, pero en caso de lo consigamos lo haremos hechos pedazos y con pesadillas a cuestas, eso es de lo único de lo que por desgracia no tengo ninguna duda.

Buenas almas corsarias.

Os cuento, hace dos noches se cayó la estantería que tengo encima de mi cama, mientras veíamos jurassic world, y en serio que mi abuela en el cielo me estuvo cubriendo las espaldas, porque llega a pasar cuatro horas más tarde y haberme matado no, pero haberme roto una pierna como poco y haber terminado con la cara rajada por los cristales de los puzles que tenía colgados en la pared y que se rompieron con la estantería, pues sí.

Pero en serio no dejo de pensar en mi abuela, que la llamábamos Madre en modo capitán américa diciendo, familia reuníos.

A todo esto, Feliz Mabon, equinoccio de otoño a todas.

¿Qué os ha parecido el beso de Ale y Merle? Sé que no era en las circunstancias que lo queríais pero… Os lo he dado.

Gracias en por comentar en el anterior capítulo a Potty90

Gracias en Wattpad por comentar y votar en el anterior capítulo a Kisalifibaeni, Debie_Daryl y are221099.

Como siempre espero que el capítulo os haya gustado. Besototes for all.