Nota: No tengo nada para decir que justifique una ausencia de 2 años excepto que los fracasos laborales repetidos deprimen a uno muy feo y no tienes ganas de nada, sobre todo cosas creativas como escribir.
En cambio los éxitos laborales te suben mucho el ánimo al ganar tu propio dinero pero no tienes tiempo para casi nada, sobre todo cosas creativas como escribir.
Ahora que obtuve mis primeras vacaciones dejé a la inspiración tomar el control y FINALMENTE terminé esto (El acto 4 de 5, claro). Espero que lo disfruten... si es que aún siguen allí ÓwÒU
(Y no los culpo de no ser así, un hiatus de 2años es demasiado ~ )
Nevermore, Ohio; Marzo de 1853:
La senseless city oscilaba constantemente entre ser de grad pero eso pasaba totalmente desapercibido para sus habitantes y su familia no sería la excepción, no durante unos años más. El señor Richard Lynchfast —alto, castaño cenizo, cojera en la pierna derecha que lo obligaba a usar bastón, alta estamina— y la señora Michelle Crowley —mediana, ojos verdes, pulmones delicados, vista aguda— eran un matrimonio joven y próspero, dueños de una de las 3 fábricas textiles en Nevermore (La suya hacía tela de lana junto con la 2da y la 3ra trabajaba con algodón). El nacimiento de Lenore en la casa Lynchfast aquella primavera fue una celebración.
Heredó los ojos azules de su padre y el cabello rubio de su mamá. En aquella existencia estaba totalmente "limpia", es decir, su alma había pasado por el proceso de purificación de manera correcta y no tenía recuerdo alguno sobre su vida anterior; justo como el necronomicón dictaba que debían ser las cosas de preferencia.
Sus primeros años de vida fueron de lo más normal. Creció, caminó, habló y al mismo tiempo exploró el mundo que la rodeaba, observándolo con mucha atención. Desde muy pequeña desarrolló un profundo interés por los animales, interés que la hacía querer aventurarse más allá de los límites de la pequeña mansión en que vivía.
A partir de que la llevaron al parque por primera vez luego de aprender a correr sin caerse iba detrás de cualquier criatura no humana que captara su atención sin importar que tan grande o pequeño fuera pero su madre nunca la dejaba ir muy lejos.
Al desarrollarse su uso de la razón con los años se dio cuenta que sus padres deseaban con muchas ganas tener a otro bebé y no lo lograban ¿Por qué? No lo sabía en el momento, aun asi la sola idea no le gustaba.
Cuando no estaba tratando de acercarse a los animales que tanto la fascinaban miraba a su madre preparar la comida. A pesar de su buena situación económica y tener servidumbre en la casa preferían hacer algunas cosas por si mismos, cocinar era algo que la señora Crowley amaba hacer así como el señor Lynchfast ayudaba con el jardín. La pequeña solía observar a su madre manejando los cuchillos y el fuego con destreza, embelesándose por como transformaba cada ingrediente en algo nuevo y delicioso.
No encontraría algo en común con su padre hasta años después.
1859:
Su padre empezó a leerle antes de dormir, los libros de aventuras eran sus favoritos. Cuando tenía 6 años comenzó a leerle "Las mil y una noches" y las escenas de pelea la cautivaron de tal forma que un día tomó sin que la vieran una de las espadas de la colección de su padre. Jugó con ella fingiendo que era un caballero en medio de una importante cruzada para recuperar un pergamino mágico; su pequeña fantasía hubiera terminado sin ningún incidente de no ser porque le quitó la funda. En uno de sus saltos de un sillón al otro terminó haciéndose un corte en la mano. Su padre la regañó sin embargo, al escuchar sus motivos se ablandó un poco al respecto.
—Lenore, usar armas no es un juego; es un arte muy serio —decía mientras la vendaba—. Pero si realmente tienes tantas ganas de usar una…
— ¿Me enseñarías?
Su sonrisa le dio la respuesta. Michelle se negó rotundamente al principio, cambió de parecer sólo cuando su esposo prometiera que no usarían espadas de verdad hasta que tuviera 13, ni siquiera las de esgrima. En cuanto su corte sanó empezaron con la postura inicial y los movimientos de bloqueo, luego siguieron con los ataques.
La niña avanzaba rápido en sus lecciones, llegó a la escuela sabiendo lo básico del arte de la espada, algo poco común para una mujer en la época, sin embargo la magia de la Senseless City (Que ahora oscilaba entre 3.2-3.5) evitó que la gente lo viera como algo más que inusual; su interacción con los otros niños no se vio entorpecida por su interés en aquella disciplina. De ser por ella hubiera avanzado un poco más rápido pero después de todo su padre padecía de una pierna y no podía estar de pie mucho tiempo sin su bastón.
— ¿Crees que algún día yo pueda pelear contra piratas y bandidos como en las mil y una noches? —le preguntó una tarde de otoño.
— ¿Aquí? Lo dudo mucho pero… ¿Sabes? —Se arrodilló para estar a su nivel— cuando tu madre y yo éramos niños había un vampiro rondando por Nevermore.
— *Gasp* ¿De veras?
—Sí, se llamaba… —pausa dramática— Ragamuffin.
— *Pffft* ¿En serio? —reprimió una risa.
—Lo sé, nombre raro para un ser así. No obstante esa palabra no era cuestión de risa hace 30 años, se encontraron muchos cadáveres destrozados de formas tan bestiales que tenían que examinar bien lo que vestían y buscar lo que traían en los bolsillos para tan siquiera lograr identificarlos.
La Lenore del presente, puesta en el trance de la cortina roja, al llegar a ese recuerdo se preguntó cómo podía contar algo tan sangriento en un tono tan calmado a una niña pequeña.
—Oh cielos… ¿Y crees que vuelva?
—No lo sé —dijo reincorporándose y tomando su arma—. Pero si ese vampiro vuelve ¿Qué es lo que harás?
— ¡Atravesarlo con mi espada! —rió mientras comenzaban a luchar otra vez.
El señor Lynchfast tuvo mucha suerte que Lenore reaccionara así en vez de asustarse y llorar, su esposa lo hubiera regañado. Pronto se hizo de noche y así pasaron varias tardes, 4 a la semana. Al llegar el invierno tuvieron que cambiar su arena para práctica del patio al ático, un lugar que ella no solía frecuentar debido a la oscuridad; fue sólo después de que su padre pusiera muchas lámparas alrededor en que accedió a subir.
— ¿De quién es este baúl? —preguntó un día de enero al final de sus práctica.
—Oh! Es de tu madre, son algunos de sus viejos tesoros de antes que nos casáramos. Puedes verlos pero ten mucho cuidado —le pidió mientras secaba el sudor de su frente.
— ¿Tú también tienes uno?
—Sí, es ese de allá —señaló un rincón detrás de él.
Siguió observando con detenimiento cada una de esas cosas y las sujetaba con cuidado al moverlas: libros desgastados, piedras con formas inusuales, bonitas plumas de aves, botellas finas de perfume vacías. Sin embargo lo que más le llamó la atención fue el muñeco que encontró al fondo de la esquina inferior izquierda. Tenía una grande cabeza con estambres rayados a la derecha de esta, ojos saltones, rayas gruesas en el torso y extremidades cortas.
— ¿Y esto?
— ¿Ese? Ah, es un muñeco que tu madre se encontró en la calle cuando era niña.
Una sensación corrió por sus manos, como si una briza de aire frio pasara por debajo de su piel.
—Es muy raro —dijo, atribuyendo la sensación a su cansancio y sudor.
—Sin duda, pero según ella le trajo suerte en su infancia. Me contó que cuando se contagió de varicela de niña lo tuvo con ella todo el tiempo y las ronchas se le quitaron en sólo 4 días.
— ¿De veras?
—Eso me dijo. Si quieres ve a preguntarle, de seguro tiene más historias al respecto.
Encontró a su madre haciendo un bordado en la sala de estar. Al mostrarle el muñeco varias memorias llegaron a ella. Le contó cómo lo encontró en la calle afuera del hotel Le Yum.
—Había un charco de sangre al otro lado de la calle, frente al hotel; sin duda alguna víctima del vampiro. Como ningún policía encontró algún muerto cerca de allí y las morgues no recibieron a nadie fallecido esa noche de seguro la persona se pudo resguardar en el hotel —le contó sin saber que en realidad la bruja Ruth Williams se llevó el cadáver de su hermana para intentar hacer necromancia con él antes de que alguien más lo viera.
—Vaya, esa persona tuvo mucha suerte.
—Lo mismo pensé yo. Y como este muñeco estuvo cerca entonces la suerte debió habérsele pegado… —miró tiernamente al peluche, para luego dárselo a su hija—. Creo que es hora de pasar esa suerte a alguien más.
— ¿De veras puedo quedármelo?
—Claro, es todo tuyo.
—Gracias mamá —dijo dándole un abrazo.
Esa misma noche:
Tuvo una pesadilla con lo que su madre le contó del incidente frente al hotel, un sueño terrible donde la pobre persona no logró escapar y el vampiro la alcanzaba. Vio en sueño como aquel ser —que su mente interpretó como una silueta oscura— se aferraba a su torso y sacaba sus intestinos cual animal salvaje. En un instante pasó de ser sólo un testigo invisible a parte de la escena, la figura oscurecida se giró a su dirección repentinamente y se abalanzó hacia ella.
Se despertó empapada en sudor. Una parte de Lenore quería ir al cuarto de sus padres pero se contuvo. Ella tenía el sueño muy pesado y nunca se despertaba por nada a menos que fuera una noche tormentosa; por lo tanto jamás había escuchado las conversaciones nocturnas de sus padres, ellos solían dormirse hasta las 10, una de las muchas cosas que tenían en común los esposos era el insomnio.
Su curiosidad infantil le picó la nuca, haciéndole querer saber las cosas que los grandes solían discutir en la noche. La pequeña aprovechó su reciente falta de sueño causada por la pesadilla y caminó de puntitas por el pasillo hasta estar justo al lado de la puerta del cuarto de sus padres.
— ¿Por qué estás tan vehemente en que aprenda a pelear? —preguntó la mujer apartando la vista de su libro.
Luego de una larga pausa el hombre contestó apretando los puños.
—Porque no sé si la maldición también se transmita a ella.
"¿Maldición? ¿De qué está hablando?"
— ¿De veras sigues creyendo en eso? *Sigh* Richard…
—Ya han habido muchas muertes trágicas en mi familia por generaciones como para pensar que son sólo coincidencias, Michelle.
Esa ira contenida en su voz hizo que se le erizaran los vellos en la espalda; el hombre que veía a la luz de la vela del cuarto no era para nada aquel con quien vivía salvo por su apariencia.
—Bien, eres libre de creer lo que quieras. Pero no le hables a Lenore sobre esto, no quiero que la sugestiones.
El hombre dio un largo suspiro, apagó la vela del buró junto a la cama y se unió a su esposa para dormir. En cambio, la pequeña experimentó su primera noche de insomnio, imaginándose lo que podría ser la maldición. Pasaron unas 10 noches así hasta que logró olvidarlo por el momento.
1860:
En ese mundo había distintas y marcadas maneras en que la magia podía manifestarse en una persona nacida de humanos comunes —hecho totalmente desconocido para Lenore— y los dones eran una de ellas, también conocidos como "cuando hay chispas de magia". Escuchar o ver lo que los demás no, sentir el peligro aunque tus otros sentidos te digan lo contrario, visiones del futuro (Squee, capítulo 7), "sentir la esencia viva" (Tom, capitulo 49), ver fantasmas… sanación.
Era un día de mayo a sus 7 años cuando ocurrió aquello que cambiaría su vida. Estaba practicando ella sola sus movimientos con la espada ya que su padre se encontraba en casa de un amigo cuando el sonido de algo golpeando la ventana del ático la asustó.
Asomó la cabeza afuera y vio que se trataba de un azulejo que se había estrellado contra el vidrio. Bajó las escaleras a toda velocidad y salió de la casa; el pobre pájaro seguía en donde lo vio caer, moviéndose desesperadamente tratando de volar pero algo se veía mal con él. Temblaba de una forma extraña. Lo tomó con cuidado y fue a donde a su madre, segura de que ella sabría qué hacer.
— ¿Va estar bien?
—Bueno, parece que se dio un buen golpe en la cabeza. Y sin duda el ala izquierda se rompió —la examinó con cuidado.
— ¿Puedes curarlo?
—Mmm… bueno…
— ¿Puedes? —suplicó.
—*Sigh* Voy a vendarle el ala y vamos a observar si mejora o no con los días.
Luego de colocarle la venda puso al azulejo en una caja. La pequeña se quedó a su lado el resto del día —menos mal a su padre no le molestó— y al llegar la noche se la llevó a su cuarto, permaneció en el mismo punto del suelo sin dejar de tocar la caja. "Por favor… por favor…"
Soñó extraño de nuevo, pero esta vez con luz; luz saliendo de la punta de sus dedos, luz cálida en apariencia y refrescante al tacto como un día soleado de primavera con viento frio. También palabras, palabras que no entendía; susurraban en sus oídos como si danzaran y sus labios trataban de seguirles el ritmo.
En la mañana fue despertada por el trinar del ave. Se incorporó con dificultad, estaba mareada —y además la noche en el piso le hizo mal a su espalda—, talló sus ojos y vio sorprendida que lucía perfecta; se movía normalmente, ya no temblaba, su patas estaban firmes ¿Y el ala?. Lenore se arriesgó y quitó la venda de su extremidad, acercó el ave a la ventana y se fue volando como si nunca estuviera herida. Bajó al 1er piso desbordando de felicidad a contarles todo a sus padres. Como cualquier otro adulto en su posición, ellos creyeron que tal vez el pájaro no se encontraba tan herido realmente mas Lenore estaba 100% convencida que había sido ella.
A partir de ese día se llevaba consigo a todos animales heridos que llegase a encontrar: aves, ranas, lagartijas, ratones, ardillas e incluso gatos y perros callejeros. Dependiendo de su tamaño sanaban pasando d noches con ella; claro, durante el día los escondía en el sótano para que no los notaran en la casa. Sentía que era su deber con el mundo ayudar a las creaturas que lo habitaban.
Claro, cuando se trataba de perros y gatos deshacerse de ellos era más complicado ya que se encariñaban con ella así que al estar bien se fugaba fuera de su casa junto a ellos, se quedaba en algún punto de un parque o bajo un puente a esperar que el animal se durmiera y huir caminando de puntitas.
Sus padres no supieron de todo eso por lo menos hasta el año siguiente.
Octubre de 1861:
Nadie con afiliación al gobierno o la policía tanto del Mundo Mágico como del Inframundo podían entrar a las Senseless Cities pero al enviar a voluntarios civiles a cambio de alguna suma monetaria (los cuales no fueron muchos) pudieron recopilar información de lo que ocurría y supieron que dentro de sus límites había tanto cosas horribles únicas del lugar —locura en distintos grados, el desacato al azar de las leyes de la física— así como la existencia nula de cosas horribles provenientes del exterior.
La magia contaminada de una Senseless City anulaba cualquier situación bélica en sus interiores como un mecanismo de autopreservación y protección, también eliminaban cualquier causa que pudiera originar conflictos armados en su interior —(Nota: por lo menos entre sus habitantes, recuerden al episodio de Ultra Pepe de Invasor Zim)—. Todo, desde las memorias de las personas, sus trabajos, sus hogares y las construcciones en las ciudades se modificaron de tal manera que no hubiera rastro de aquello que pudiese causar una guerra.
Pero afuera las cosan seguían igual que antes y en Estados Unidos la guerra civil había estallado en abril de 1861 y nadie en Nevermore supo de ella hasta 5 meses más tarde.
Fue un día de septiembre en que el señor Richard Lynchfast iba de cacería otra vez con su amigo, partieron en el alba y no regresaron hasta 5 días después. Los encontraron a las orillas de un rio cerca de las afueras; con ropas rasgadas que no eran las suyas, cortadas en la piel, manchas de sangre, apestando a pólvora. Se encontraban en un profundo estado de shock, no pudieron decirle nada a la gente que los encontró, nada a los doctores en el hospital, nada a sus familias.
El señor Lynchfast logró salir del shock al amanecer del 4to día; lloró por horas. Al terminar permaneció en silencio de nuevo, volvió a hacer cosas el día siguiente y no estaba inmóvil mirando al vacío mas seguía en silencio.
El periodo de tiempo que siguió fue muy estresante para todos en la casa, tal vez no tenían que preocuparte en lo económico ya que su socio se encargaba de la fábrica mientras el señor Lynchtast no estaba, pero verlo así y no saber porque era alarmante.
Lenore trató de establecer una charla con él mas sólo se limitaba a verla, como si no debiera hablar, como si guardara dentro de él flechas de saldrían disparadas si abría la boca. Tampoco dormía lo suficiente, se quedaba en el estudio de la casa a altas horas de la noche leyendo, tratando de llenar sus pensamientos con la palabra escrita, huyendo de sus sueños.
Michelle le puso un alto a todo aquello el 9no día. Era fin de semana y la servidumbre no trabajaba esos días por lo que todos estaban con sus familias, era de noche y el señor Lynchfast se encontraba leyendo su libro favorito en la sala y su esposa le arrebató el ejemplar para luego amenazarlo con arrojarlo al fuego de la chimenea. El hombre le suplicó con señas toscas que se lo devolviera, cosa que la exasperó más.
— ¡Ya fue suficiente! ¡Basta de silencio, de tus noches en vela! ¡¿Tienes idea de lo preocupados que estamos?! ¡¿Sabes lo preocupada que está Lenore?!
Lenore vio desde su escondite como la mujer temblaba —era mucha frustración contenida— y como el rostro de su padre reflejó una preocupación mayor a la que tuvo cuando Michelle acercó su libro al fuego, casi rayando en el pánico.
—La verdad… AHORA…
—…
—…
—Hay guerra allá afuera.
— ¿Qué?
Sí, "Qué" era la palabra perfecta para lo que Michelle y Lenore sintieron al escuchar eso, de haber una guerra Nevermore tuvo que haberlo sabido desde hace meses y no sólo el inicio de la guerra en sí, sino también las tensiones políticas y sociales que darían el inicio de una.
—Todo este tiempo… el límite de la ciudad era una ilusión. Un espejismo era lo que marcaba el límite de Nevermore —comenzó a contar caminando erráticamente en la sala mirando a todas direcciones excepto a su esposa— cuando lo cruzamos vimos una ciudad del otro lado ¡Tenemos una ciudad vecina de la que no sabíamos!
—Richard…
— ¡Lo sé! Lo sé… parece imposible pero te juro que es cierto. Nos adentramos yo y Mark al lugar… sus ropas eran tan diferentes —ni él ni Lenore lo sabían pero estaban 4 décadas atrasados en moda— preguntamos a algunas personas si no conocían Nevermore y pensaron que estábamos bromeando… luego fuimos a conseguir un mapa y… ¡DEMONIOS! —Golpeó la pared al lado de la chimenea tan fuerte que los retratos sobre ella cayeron al piso y se rompieron— No lo encontramos… ¡No estábamos! ¡Nevermore… no aparecía en el estado de Ohio!
Ambas, madre e hija, permanecieron inmóviles con los ojos bien abiertos. La niña pudo ver desde as escondite que, a juzgar por la expresión en su cara, su madre creía que el hombre perdió su cordura.
—Nos hospedamos allí en la noche y luego tratamos de volver por nuestra cuenta pero no encontrábamos el camino de vuelta a Nevermore… olvidamos si partimos desde el este o el norte en nuestra tarde de caza… No nos atrevimos a volver a esa ciudad por miedo que nos creyeran locos y nos encerraran si seguíamos insistiéndoles a los pueblerinos con Nevermore.
Hizo una pausa para recuperar el aliento…
—Viajamos sin rumbo por 2 días, sin encontrar civilización hasta que nos topamos con una caravana de soldados… los seguimos desde lejos para ver si en una de esas pasaban cerca con algún camino que llevara a otra ciudad pero… se… se toparon con el enemigo y… y… —comenzó a llorar, temblaba— demonios, Michelle… ¡DEMONIOS!
Desde que había dicho que Nevermore no se encontraba en el mapa del estado que vieron no dejaba de sentir un vacío en el pecho, este aumentó al ver a su padre llorar. Todo aquello que decía, real o no, fue sin dudas demasiado terrible para él.
—Huimos y tardamos otros 2 días en volver… ya sabes el resto…
El silencio que se formó al terminar su explicación era tan tenso que podía cortarse con un cuchillo.
— ¿No me crees verdad? —susurró con la mirada baja.
—Richard…
—Sabía que no lo harías tan fácil, por eso pensé mucho en cómo hacerlo. Pero un pensamiento me llevó al otro y lo supe ¡LO SUPE!
— ¿De que hablas?
— ¡Me refiero a que nadie viene a esta ciudad! Y nunca me di cuenta hasta que salí de ella ¿No te has dado cuenta que nadie que conocemos ha sido visitada por las supuestas familias que tienen fuera de Nevermore?
Se quedó en silencio con los ojos y la boca bien abiertos por la revelación —y Lenore también—. En siglos venideros eso cambiaría con la introducción de medios de comunicación masiva pero por el momento las cosas eran así. Lenore pensó en todos aquellos familiares que según tenían en todo el país, jamás había visto a ninguno de ellos, ni siquiera los que vivían en estados vecinos como Indiana y Pennsylvania.
— Todo este tiempo… —dijo la mujer sin aliento, dejando caer el libro al piso— ¿Cómo es que no…?
—Ni idea, quien sabe cuántos más me crean y cuantos más no… pero es mejor no hacerlo —advirtió a su esposa aponiendo la mano sobre su hombro—, algo malo podría pasar.
La mujer afirmó con la cabeza aun visiblemente preocupada.
—Pero a pesar de todo *sigh* debo volver a salir.
— ¡¿Estas demente?! ¡¿Por qué diablos querrías volver a ese infierno?!
—La maldición.
El recuerdo de esa noche en que los escuchó hablar de aquello volvió a ella.
—Con tu cojera nunca te dejaran unirte al ejército y lo sabes.
—Debo intentarlo… quiero poder entregar a mi hija en el altar, Michelle… —murmuró apretando los puños, tratando de ser fuerte.
Lenore se fue en silencio de allí y después salió de su casa escabulléndose por un barrote flojo en la cerca; corrió y corrió hasta llegar un rincón apartado del parque central. Así que por eso su padre le fascinaba tanto las armas y estilos de pelea, todo tenía sentido. Seguía sin entender de qué se trataba la maldición exactamente, deducía que sin dudas tenía que ver con muerte y un impedimento para evitarla era la cojera de su padre. "No… ¡Debe haber algo que se pueda hacer!"
Y su cerebro hizo—en términos actuales— click. Claro ¡Los animales! Ella podía curar animales con sólo su presencia y contacto constante ¿Acaso funcionaría con humanos? Antes debía que esperar un poco, todo ese asunto estaba demasiado fresco.
Dos días después:
Aparentar que no sabía nada le costó mucho. No fue hasta esa tarde en que su madre fue de visita a casa de una de sus hermanas en que se decidió a hacerlo. Comenzó a llover muchísimo, pasaron las 9 de la noche y aun no volvía, sin dudas iba a pasar la noche con ella. Era su oportunidad.
Sabía cuáles eran los escondites favoritos de los ratones y atrapar uno no fue difícil, en cambio lo que tuvo que hacerle al pequeño mamífero le costó muchísimo. Llegó a la sala donde su padre leía cargando al ratón chillando de dolor en una caja, le había roto la pata trasera derecha.
—Lenore ¿Qué es esto?
—*sigh* Padre… los espié a mamá y a ti el otro día, sé sobre la maldición.
Su rostro empalideció de inmediato. Estuvo a punto de decir algo y Lenore lo interrumpió con algo que lo dejó boquiabierto.
— ¿Qué pensarías si te dijera que sé cómo curar tu pierna?
La dejó explicarle todo desde el principio con el azulejo del ala rota, en cualquier otra ocasión no le hubiera hecho caso pero lo que vio fuera de Nevermore cambió totalmente su perspectiva de las cosas. No obstante seguía siendo un hombre de ver para creer. Pasaron toda la noche en la sala, Lenore durmió al lado de la caja y Richard permaneció despierto, observándola. La chica despertó ante la maravillada cara de su padre, volteó rápidamente a ver la caja —la cual seguía en contacto con su brazo—, y justo como ocurrió con todos esos animales el ratón estaba sano.
— ¿Quién más sabe de esto?
—Nadie.
El hombre se arrodilló junto a ella, tomó sus manos y dijo:
—Le contaremos a mamá y sólo a ella. Nadie más debe saberlo ¿De acuerdo?
Decidieron hacer su 1er intento esa misma noche aprovechando que surgieron unos asuntos en la familia Crowley los cuales su madre tenía que atender por lo que se quedó con su hermana. Lenore durmió junto a su padre esa noche tomados de las manos, atándolas juntas con un listón para que no se separasen mientras dormían.
A pesar de que en la mañana su pierna seguía igual no se desanimó, ya había visto lo que su hija podía hacer y dedujo que sólo necesitaban tiempo o hacer algo en específico. Lo que si cambió fue que se sentía más mareada y cansada a comparación de las noches que pasó junto a los animales.
—Antes de ir a desayunar debes saber algo. Voy a contarte finalmente sobre la maldición de nuestra familia.
Se sentó en la cama con las piernas crusadas y su padre igual.
—Escucha con atención Lenore… hace muchos años, poco después de que se descubriera este continente, nuestra familia solía vivir en Gales. Los detalles exactos se perdieron en el tiempo pero el punto es que un ancestro nuestro que era soldado entregó a un brujo a la inquisición inglesa y nos maldijo mientras ardía en la hoguera…
Su mente se llenó de horrendas imágenes, la muchedumbre con antorchas y horquillas, los gritos del brujo, la madera tronando por el fuego.
—Condenó a todos los que llevaran su sangre y que hubiesen terminado la pubertad a siempre participar en al menos una guerra si estallaba una en la tierra que estuviéramos habitando… y aun si nos fuéramos a vivir a otro lado tendríamos que hacerlo o si no… moriríamos cuando nuestros primogénitos llegaran al final de la pubertad…
Pausó para recuperar el aliento, estaba olvidando respirar entre sus frases.
—Todos los que llevamos su sangre estamos en peligro incluyendo las mujeres… durante generaciones ellas han tenido que disfrazarse de hombres para poder entrar al ejército; por eso mi familia ha procurado engendrar por lo menos un varón en cada generación para que este pueda cubrirle la espalda sus hermanas y no las descubran…
—Por eso me enseñaste a luchar.
—Así es.
—Y también por eso quieren que tenga un hermano menor ¿Verdad?
—Sí, en caso que vuelva a estallar una guerra luego de que tu cuerpo termine de madurar; necesitas que te cubran la espalda —sujetó sus manos—. Tu bisabuelo se enfermó gravemente durante la guerra de independencia y su hermana fue sola al ejército, la descubrieron y la devolvieron a casa justo el día en que su hijo cumplió 16 años y de la nada su corazón se detuvo.
Las manos de Lenore comenzaron a temblar bajo las de su padre.
—No quiero dejar a tu madre y a ti solas, mucho menos sin haberte dado antes un hermano. No quiero que vayas sola al altar el día de tu boda, no quiero que mueras sin antes ver a tus hijos crecer —Le acarició el rostro melancólicamente—. Tenemos que encontrar la forma de que tu… tu don funcione en humanos.
3 meses después, Enero de 1862:
Se necesitó lastimar a otro ratón y otra noche en vela para convencer ahora a Michelle que Lenore decía la verdad. Y aunque les creyó decidió mantenerse apartada de todo ello.
—Sólo no hagan cosas que los puedan lastimar —les advirtió.
Iniciaron con probar si lo que necesitaban era más tiempo en contacto. Lenore durmió en medio de sus padres durante tres semanas y no hubo cambio alguno, la pierna de su padre seguía igual así como su cansancio y mareos matutinos. Comenzó a anotar lo que hacían cada noche en caso de que algo cambiara la mañana siguiente; lo que comía, lo que hacía desde hace un par de horas antes de dormir, en donde estuvo durante el día.
Lenore se cansó de despertar tan mal cada mañana después de la 13ra noche, trató de convencer a su padre en volver a su cuarto y él reaccionó mal ante ello; era la primera vez que lo veía así de molesto con ella y se asustó. No fue hasta la semana 3 en que su madre le puso un alto a aquello, el maestro de Lenore habló con ella al terminar las clases y le dijo como sus calificaciones habían bajado mucho esos días.
El señor Lynchfast llegó a la conclusión de que necesitaba más fuerzas si era la resistencia de su cuerpo lo que la limitaba. Decidió someter a Lenore al mismo entrenamiento riguroso que el abuelo de la chica le impuso a él desde pequeño, uno que lo prepararía para la acción del ejército.
Claro, aun con el aire lleno de magia contaminada la sociedad de Nevermore no veía tan bien que las mujeres hicieran ciertas actividades y aunque eran menos las restricciones que ellas tenían en comparación a sus contrapartes en el resto del mundo lo que tenía pensado hacer haría hablar a los vecinos por lo que compró otra casa.
— ¿No puedes decirle algo para que no lo haga? Por favor, mamá. —le insistía.
—Vas a ir todavía a la misma escuela con tus amigos, no te preocupes.
—Pero…
—Sin peros, esto es por el bien de la familia ¿De acuerdo?
—… bueno…
A Lenore no le gustó nada ecambiarse del centro de la ciudad a las afueras pero creía que en cuanto sanara a su padre y volviera de la guerra las cosas serían como antes. El entrenamiento fue más duro de lo que pensó. Cambiaron el horario de la servidumbre y empezaban en cuanto se iban por la tarde, Lynchfast no quería que nadie más se enterara, ni un alma. Durante esos meses de invierno movían la mesa del enorme comedor quedando el espacio libre para ellos.
— ¡Vamos, más rápido!
—No puedo… *gasp* el pecho… me quema *cough*…
Su resignación no quería decir que no se permitiera quejarse de vez en cuando. Cargar peso era una cosa, correr era otra; pero correr mientras cargaba peso era algo muy distinto.
— ¡Yo hacía más que esto a tu edad, así que apúrate!
—Está bien…
Durante casi un mes la entrenaba y luego pasaba tres días en la cama de sus padres para ver si ocurría algún cambio en el señor Lynchfast. Sus días de entrenamiento se enfocaban a mejorar su condición física, la cantidad de musculo no le importaba tanto como aumentar su resistencia. Una vez por semana contaba minuciosamente el tiempo que le tomaba en cumplir las metas que el entrenamiento exigía y pasaba el resto de la semana enfocándose a mejorar sus tiempos.
Dormía con el viejo muñeco de su madre (Ragamuffin) durante esas noches, suplicando internamente que le transmitiera algo de la suerte que tenía a ella, suplicando por pequeños milagros para poder cumplir con las metas del entrenamiento sin tener que sufrir tanto.
—Por favor… por favor…
Lenore tenía pesadillas cada vez que dormía con él, pesadillas similares a las que tuvo la noche que escuchó sobre la maldición por primera vez; mas lo consideró un pequeño precio a pagar por la suerte.
Mayo de 1862:
Lynchfast llegó a la conclusión que también debía entrenar su don al igual que su cuerpo, que necesitaba más prácticas con animales. Al preguntarle a Lenore que fue lo mayor que había sanado ella contestó que un perro callejero cuya estatura apenas rebasaba su rodilla.
—Es hora de llevarlo a mayores alturas —dijo un día.
En la tarde siguiente supo a qué se refería cuando llevó a la casa a un perro café de pelo corto más grande del que le describió, con la pierna trasera lastimada.
— ¿Dónde lo encontraste?
—Por allí. Ya sabes que sigue.
Durmió al lado del animal sobre el piso de la sala desde el atardecer, la chica no conciliaba el sueño tan fácil a esas horas así que su padre le dio a beber algo de Brandy para adormilarla; quería que durmiera las más horas posibles sin que los sirvientes la vieran cuando llegaran en la mañana.
Cuando amaneció la pata del perro estaba mejor pero seguía rota.
— ¿Por qué no funcionó? ¿Qué hiciste durante el día anterior?
—Yo…
— ¿Comiste algo extraño? ¿Estuviste con otros animales? ¿Usaste alguno de los perfumes exóticos que tiene tu madre? —su voz se elevaba con cada pregunta.
—No, n-no hice nada de…
— ¿Estuviste jugando demasiado? ¿Te cansaste? —La sujetó de los hombros— ¿Sientes fiebre o algo así?
—No…
— ¡¿Y por qué no funcionó?! ¡DIME QUE HICISTE!
— ¡No sé qué pasó, de veras no lo-! ¡Aaahh!
El hombre la soltó en cuanto gritó. Aparecieron manchas de sangre en sus mangas, había apretado tanto sus uñas que atravesó su piel; el hombre salió de la sala cubriéndose la boca. Al quedar completamente sola Lenore comenzó a llorar silenciosamente, por primera vez experimentó lo que sus libros de aventura y romance contaban: cuando una herida en el corazón dolía más que una herida de la carne. El perro comenzó a lamer sus lágrimas y la niña lo abrazó, desahogó una parte sus penas acumuladas junto al animal.
Su padre volvió unos 20 minutos después antes de que llegara la servidumbre, curó y vendó sus heridas, la obligó a jurar que no le diría ni una palabra a nadie. Una noche más de dormir con el perro al fin logró caminar normal otra vez.
— ¿Te duelen todavía las cortadas en tus hombros?
—Sí…
La mente del señor Lynchfast llegó a una peligrosa conclusión. Para lograr perfeccionar su don necesitaba: endurecer su cuerpo, aumentar el uso de su don exponencialmente y agregar algo de dolor.
Meses más tarde:
En cada semana de esos meses rotaba su tipo de entrenamiento para mejorar aspectos distintos de su físico. Largos paseos en bicicleta —de las antiguas con la rueda enorme al frente— lo más rápido que podía para la resistencia cardiaca . Tardes de nadar contracorriente en el rio para aumentar el musculo. Clases de ballet para la flexibilidad —eso sí le gustó—. Esgrima y más técnicas de lucha con espada para afilar sus reflejos. Su padre siguió usando la misma rudeza en su entrenamiento; no lo suficiente fuerte como para dejarle marcas permanentes, sí lo suficiente para darle cansancio y dolor que permanecía con ella por horas. "Necesito suerte".
Una noche en que su padre había traído otro perro intentó dormir junto con él y el muñeco de su madre pero el animal huía del peluche, como si le temiera. Trató de forzarlo a tocarlo y viera que no tenía nada que temer pero terminó mordiéndola en el brazo para poder alejarse.
Ocultó su herida, temía que su padre se fuese a desquitar con el pobre animal, agradeció profundamente no haber gritado cuando ocurrió o no hubiera tenido tiempo de esconder la evidencia.
En más de una ocasión quiso hacer el intento de hablar con su madre al respecto, ver si con su ayuda podía hacer que su padre la dejara descansar más. Sin embargo se retractaba antes de hacerlo; en su ingenuidad infantil se sintió egoísta por intentar darle prioridad a su dolor sobre la protección de la línea de sangre de los Lynchfast.
También por eso calló sus deseos de tener al menos 2 tardes libres a la semana, en cuanto terminaba con sus tareas entrenaban y en consecuencia no veía a sus amigos fuera de la escuela, se consolaba diciendo que en cuanto todo terminara las cosas serían como antes.
El orden de las actividades en el mes era: 1 semana de entrenamiento, 2 días sanando animales pequeños, otra semana de entrenamiento, 2 días sanando animales medianos, 2 días sanando perros, una última semana de entrenamiento y una noche en la cama de sus padres. Al llegar invierno lo máximo que logró fue que su padre pudiera permanecer de pie sin bastón por una par de minutos, y ni de broma podía caminar.
No siguieron el entrenamiento esos meses fríos porque Lenore sufrió una fractura en el pie; descubrió entonces que no se podía sanar a sí misma. Al pasar aquella navidad en paz con su familia pensó en lastimarse a propósito cuando eso pasara mas lo descartó de inmediato.
Lo que se llevó el premio del mejor momento del invierno fue que, al tener tiempo para estar sola, tranquila y pensar se dio cuenta de lo que estuvieron haciendo mal.
Abril, 1863, vacaciones de primavera:
Su pie había terminado de sanar por completo hace una semana. Salió a escondidas de su casa para ir a la mansión más cercana a ellos en las afueras de la ciudad; la casa de la familia Hale, cuyo hijo Robert era uno de sus compañeros de escuela.
Descubrió que todo ese tiempo estuvo arreglado seres heridos y su padre nunca lo estuvo, él nació con esa pierna débil.
Hace dos días antes de esa noche escuchó a su amigo de la clase hablar sobre el potrillo cojo que tuvo la yegua de su familia y supo que era la oportunidad perfecta; si podía curar a un animal de ese tamaño sin dudas podría con un humano. Además, escuchó también entre sollozos del niño que el señor Hale tenía planeado sacrificar al pobre animal ese fin de semana y no iba a permitirlo mientras pudiera hacer algo al respecto.
Después de abrir silenciosamente la puerta en donde estaba usó la tonada de silbido que su compañero le contó que usaban con sus caballos para despertarla, no quería que la yegua se agitara al ver a alguien extraño. Al estar totalmente alerta sacó el frasco de mermelada de manzana —el bocadillo favorito del animal— de la canasta pequeña que llevó consigo, puso una porción pequeña en un enorme cucharon y se lo acercó con cuidado. Justo como Robert le contó la yegua se la comió en un parpadeo, ya habiéndose ganado su confianza se acercó a su potrillo y allí se quedó junto a él toda la noche sin importarle el olor del lugar "Hice bien en ponerme dos capas de ropa"
A la mañana siguiente:
Los movimientos de la paja cerca de ella la despertaron, no tardó en sentir el mareo ahora acompañado de dolor en su columna. El potrillo se encontraba de pie, tomando leche de su mamá. Guardó su entusiasmo, aún tenía que ver si también podía caminar.
Al terminar de comer comenzó a andar por la cuadrilla como cualquier otro "Lo hice… LO HICE!" Justo antes de poder levantare y celebrar su éxito su amigo abrió la puerta de la cuadrilla, a juzgar por sus ojos estaba listo para darle un último adiós al animalito pero su rostro se iluminó de inmediato al verlo sano.
— ¡Blizzard! ¡Estás bien, puedes caminar! —Abrazó al potrillo— ¡Qué alegría, ya no van a…! —se calló al verla en la esquina de la izquierda, no la había notado al principio— ¿Lenore? ¿Qué haces aquí?
—No tengo idea… —Fingió confusión— ¿Cómo es que llegué tan lejos esta vez?
— ¿Esta vez?
—Es que soy sonámbula, me visto por las noches y a veces camino… pero nunca me había salido de mi casa.
—Oh Cielos, mejor vayamos con mi papá —la ayudó a levantarse de la pila de heno.
Al entrar a su casa y llegar con los padres del chico justificó su presencia en el lugar diciéndole lo mismo que a su hijo. El señor Hale lo creyó por completo; aunque se volvió una experta para engañar en todos esos meses mintiéndole a la servidumbre y su madre atribuyó aquello a su buen humor por ya no tener que sacrificar al animal.
Se quitó la capa de ropa extra que tenía en el baño de la casa —la cual por suerte no quedó tan impregnada a caballeriza pero no quería incomodar a la familia Hale— y desayunó con ellos. El señor la llevó a su casa con gusto y cuando sus padres escucharon la explicación ellos le siguieron el juego con lo del sonambulismo.
Al irse el hombre en su carruaje sus padres pasaron de amables a furiosos y antes de que pudieran decirle algo ella anunció:
—Estoy lista.
— ¿Qué?
—Dame hasta el viernes para recuperar mis fuerza y te juro que en sábado podrás quemar tu bastón.
4 días más tarde:
El resto de la semana hizo la menor cantidad de actividad posible para reservar energía, era una lástima con el hermoso clima de la primavera en Nevermore… mas la promesa del regreso al estatus quo después de que su padre volviera de la guerra, o incluso a una vida familiar mejor ahora con su pierna en buen estado, la mantuvo optimista. Durante todas esas noches durmió junto el muñeco de su madre sin importarle las pesadillas, aunque tenía más confianza después de haber sanado a un potrillo nunca estaba de más la buena suerte.
Finalmente llegó la noche del viernes, la niña durmió en medio de sus padres, pidiendo silenciosamente que las cosas marcharan bien.
Despertó muy temprano más ansiosa que en cualquiera de las navidades que había tenido. Sacudió a su padre para despertarlo sin perder ni un segundo, al despabilarse un poco y recordar la situación arrojó las sabanas lejos de la cama. Sintió la forma de su pierna bajo el pantalón de su pijama, la pantorrilla estaba un poco más firme y la rodilla se movía con mayor facilidad ¿Pero serían capaces de sostenerlo? Lenore y su madre vieron atentas como se sentaba al borde de la cama, preparándose mentalmente para lo que iba hacer "Por favor… por favor…"
Se quedaron sin aliento al ver como se puso de pie él solo y luego dio un paso seguido otro y así, lento pero seguro, llegó al marco de la puerta.
—Richard… —susurró Michelle con los ojos húmedos.
Sin avisar el hombre dio media vuelta y corrió hacia la cama, lanzándose a ella para darles un abrazo a ambas. Entre risas y lágrimas terminaron llamando la atención de la servidumbre quienes se quedaron boquiabiertos al verlo levantarse otra vez. Tal era su regocijo que tomó al mayordomo y empezó a bailar con él aun en pijama.
Gracias a la magia en el aire de la ciudad los sirvientes consideraron aquello un milagro sin cuestionarlo, claro, de la clase de milagros que era mejor guardar en secreto.
Su padre empezó a entrenar lo más que pudo, quería llegar a la guerra con al menos un poco de condición física, todos esos años con la pierna mala le evitaron desarrollar todo su potencial. Fueron los 3 mejores días que la casa Lynchfast tuvo en años, la felicidad y la calma volvieron a reinar. Lenore pudo descansar tanto física como emocionalmente después de tanto.
—Gracias, gracias, gracias por la suerte —le dijo Lenore al muñeco, dándole un beso en la frente.
Al amanecer del 4to día inició la fatiga, al día siguiente la tos y la fiebre, por último fueron las náuseas y la dificultad para respirar lo que hizo que sus padres la llevaran directo al hospital, claro, con su padre fingiendo aun tener un poco de cojera. Al final de la revisión el doctor dio su diagnóstico.
—Es neumonía, sin duda.
No entendían como podía ser, Lenore siempre fue una niña muy sana en esa vida, su sistema inmunológico se debilitó de la noche a la mañana. El primer antibiótico —la penicilina— no sería descubierto hasta 1897, lo más que pudo hacer el doctor fue recetarles medicina para los síntomas, instrucciones de cómo tratar la fiebre y esperar lo mejor.
Sus padres permanecían a su lado el mayor tiempo que pudieran a una distancia segura, leyéndole cuentos para tratar de hacerla sentir aunque fuese un poco mejor. La fábrica de tela ya había pasado mucho tiempo sin su jefe principal así que el señor Lynchfast era quien más se ausentaba de los dos.
Aun con el reposo y haciendo todo lo que se les indicó los síntomas no hicieron más que empeorar con el paso de los días. A pesar de todo lo que más le preocupaba a Lenore era su padre, se veía tan ansioso; más no sabía que tanto era por ella y cuanto se debía a querer ir a la guerra de una buena vez. No lo culpaba si su prioridad era lo segundo pero deseaba que no fuese así.
—Necesito el muñeco de la suerte, por favor —le pidió a una de las sirvientas.
—Lo siento, señorita, pero sus padres nos dijeron que alejáramos cualquier fuente de humedad y el material de ese muñeco la acumula muy fácil, en especial con el clima tan lluvioso que ha habido los últimos días.
—Bueno… cuando el sol vuelva me lo da.
Las nubes y la lluvia no cedieron así como sus síntomas y por último se les sumó uno más: la desorientación. Luchaba lo más que podía para mantenerse lucida, intentaba no dejar de pensar ni por un segundo apoyándose de los libros de la casa. Cuando los ojos se le cansaban pedía a la sirvienta más joven que se quedara con ella para conversar de lo que sea.
Entonces una noche se decidió a curarse a sí misma, debía de haber una forma de conseguirlo. Dedujo que la fractura de pie que sufrió el año pasado no se curó porque debía hacer algo distinto. Luego de meditarlo toda la mañana del día siguiente llegó a la conclusión de que debía aplicar lo que hacía en los animales a la inversa, lo que sea que hacía para sanarlos era llevado de adentro hacia afuera, tenía que encontrar la manera de que se quedara adentro.
Recordó la primera vez que sanó algo, aquel lindo azulejo; en sus sueños había escuchado algo… palabras ¿Y si eran palabras mágicas o algo así? "Debo lograr oírlas despierta"
Antes de que la sirvienta más joven se fuera en la tarde le pidió que el día siguiente le trajera una trampa para ratas, no de las que las mataba, si no de las que las dejaba encerradas.
— ¿Para que la necesita?
—Es un secreto… *cough* sólo tráigamela, por favor.
Se durmió muchas horas antes de lo habitual de forma que se despertara muy temprano y sintiera el llamado del sueño antes del atardecer al día siguiente acompañado de las palabras si tenía suerte. Quería intentar aquello antes de la noche para que pudieran llevarla sin demora al hospital en caso de que algo saliera mal.
En la mañana la sirvienta le llevó la trampa advirtiéndole que no hiciera nada malo con ella, no quería que la despidieran. Lenore le aseguró que no sería así y la joven se retiró. Tomó el pedazo de pan del desayuno que ocultó bajo su almohada, lo puso en la trapa, la colocó bajo la cama y esperó. Nada cayó hasta pasadas las 6:00 PM, era una rata gris.
No le gustó volver a romperle la pata a un animal de nuevo pero se consoló al pensar que sería la última vez que lo haría siempre y cuando no fallara. Puso al animal en la trampa de nuevo y aguardó.
Pasó como una hora y comenzó a sentirlo, una peculiar y agradable sensación bajo su piel como un día soleado de primavera con viento fresco. Luego le siguieron las palabras, muchas palabras susurrantes en varios idiomas que no distinguía —excepto por el latín— caminando en su cabeza como sombras, dichas por una voz masculina. Entonces, como por inercia, empezó a decirlas.
Mientras recitó las palabras vio pequeños trozos de instantes ajenos a sus memorias, un hombre extraño en medio de luz morada con una flecha en la cabeza, explosiones de luz naranja en paisajes lejanos. De repente sintió como si una parte de ella se enganchaba a algo, al aire. Todo ese fue muy extraño pero no se detuvo.
Al ver como la rata se despertó y comenzó a mover un poco la pata supo que era el momento. Rápidamente puso la jaula en el buró para que su don no tuviera algo externo en que trabajar y se quedara dentro de ella, sanándola. Siguió recitando las palabras sin interrupción. Ese vano intento se llevó lo último de sus fuerzas, hubiera vivido un par de días más de no haberlo hecho.
Lenore Lynchfast aprendió por las malas que, cuando se trataba de magia sanadora, uno nunca debía intentar enmendar defectos de nacimiento en personas porque el costo de tener éxito era la vida misma.
Varias horas más tarde:
Nada, no sentía absolutamente nada. Al "despertar" la sensación de los límites físicos de su cuerpo y el peso de estos en la realidad se habían ido; sólo estaban ella y su conciencia dentro de aquel lugar extraño. Era como una versión retorcida y macabra del mundo con muy poca luz. Se movía pero sin caminar, como si flotara. Era arrastrada por la ciudad sin tener ni una pisca de control en lo absoluto. "¿Estoy muerta?"
Partió de su casa y recorrió muchas calles hasta llegar a un lugar en el que permaneció inmóvil. Había un hombre allí, o más bien la sombra de uno que se acercaba y alejaba con utensilios extraños. Entonces, mientras se encontraba lejos, empezó a ver otras cosas, una especie de aves raras hechas de niebla aferrándose a ella con sus patas, estas empezaron a jalarla hacia arriba. "No… ¡No, no, NO!" no podía permitirlo, tenía que haber algo que podía hacer para evitar que se la llevaran.
"¡QUIERO QUEDARME!"
Al gritar eso volvió a sentir que una parte de ella se enganchaba al aire. Justo como Ǎḇaddōn lo haría con esas 5 almas poco más de un siglo más tarde, Lenore trató de permanecer aferrada a ese plano de la realidad… pero de lo que no sabía fue que se sujetó de la magia misma de Nevermore. Por instinto comenzó a recitar las palabras que recordaba de cuando intentó sanarse a sí misma; ellas la ayudaron con todos esos animales y a su padre, alguna debía poder ayudarla a ella. Se dio cuenta que entre más recitaba más le costaba a las aves seguir elevándola: surgían más ganchos.
Así que siguió sin parar hasta que sintió como si su alma estuviese bordada en el aire. Las aves ya no pudieron alzarla… y se fueron. Con su ausencia la sensación de sus límites físicos volvieron a ella junto con su vigilia.
Al abrir sus ojos fue recibida por la imagen de una figura encapuchada totalmente negra a excepción de sus ojos morados y las rayas del mismo color en sus cuernos —(Nny, capítulo 42 del fanfic)—, la cual desapareció luego de un instante. Observó boquiabierta el tubo insertado a su torso lleno de líquido embalsamador. En los siguientes segundos llegó lo demás de golpe: el frio en sus extremidades, la palidez de su piel, la abertura que tenía en el torso hecha con escalpelo, la ausencia de dolor en esta… su desnudes.
Eso último fue lo que su mente tomó como prioridad, rápidamente se cubrió con la sabana en la que su cuerpo estaba cubierto. "Tengo que salir de aquí". Olvidó sacar el tubo de su torso al bajar, cuando sus pies tocaron el piso terminó jalando el contenedor del líquido embalsamador y este cayó al piso rompiéndose.
— ¿Pero qué…? —El sonido alertó al embalsamador del turno nocturno y al llegar a la puerta se cayeron todos los instrumentos que tenía en brazos igual que su mandíbula cuando la vio— ¡AAaaAaaHHhhh!
Y se desmayó. Lenore se quedó congelada ¿De veras hizo a alguien gritar así?
— ¡¿Está bien señor?!
Era el ayudante dirigiéndose hacia allí, quitó el tubo de su torso y se cubrió toda con la sabana, era lo suficiente traslucida para ver a donde iba. Pasó velozmente al lado del joven que ni tiempo tuvo de reaccionar. Salió por la puerta trasera dejando tras de sí huellas hechas de líquido embalsamador y un rastro de gotas de sangre los cuales fueron disminuyendo conforme corría refugiándose en el manto de la noche.
Al estar lo suficiente lejos se dio cuenta de más cosas; no estaba tan cansada como lo ameritaba una carrera repentina así, no sentía que sudaba ni le faltaba el aire, tampoco escuchaba su corazón palpitándole en las orejas.
Eso ultimó la hizo frenar de golpe en medio de un callejón. Con las manos temblorosas llevó sus dedos a los costados de su cuello para buscar su pulso… nada. "No…" todas esas señales comenzaban a encajar entre sí pero se negaba a creerlo, no sin verlo completamente.
Forzó las puertas traseras de ese callejón y encontró una que no había sido cerrada correctamente. Entró al lugar con mucho sigilo y pronto se encontró en la cocina de un restaurante. Guiándose con la poca la luz de luna que iluminaba el lugar buscó alguna vela y una caja de cerillos. Al tener ambos objetos encendió la vela y la puso en la mesa, abrió con cuidado el gabinete de la vajilla y tomó la charola.
La alzó poco a poco, su imagen fue recorrida desde la abertura en su pecho hasta su mentón, de allí avanzó aún más lento. Primero se reflejaron sus pálidos labios antes rosas cual peonias, luego sus mejillas sin rubor adornadas por cabello opaco cual paja seca en vez de hilos dorados, la nariz ennegrecida… y por ultimo sus ojos hundidos sin brillo rodeados por negras ojeras.
Gritó desde el fondo de sus pulmones primero con horror que pronto se convirtió en agonía acompañada de lágrimas y la sensación de su corazón hundiéndose hasta su estómago.
Muerta, muerta, MUERTA.
— ¡¿Quién anda allí?! —se escuchó la voz de un hombre mayor en el piso superior.
Eso la sacó del shock. Volvió a salir corriendo a toda velocidad del lugar ahora con un objetivo en concreto: el bosque.
Durante esa segunda carrera su corazón desbocó todas esas emociones que el hombre interrumpió con su voz. La desolación —nunca iba crecer, jamás se casaría, no podría tener hijos—, la ansiedad — "¡Debo correr más rápido! ¡Alguien va a verme! ¡NO DEBEN VERME!"— y sobre todo el MIEDO. ¿Qué iba a pasar con ella ahora?
De haber habido alguna iglesia en Nevermore (en aquel entonces) Lenore habría ido allí alguna vez y por lo tanto hubiera estado rezando en su mente con todas sus fuerzas pero no, para toda la población de esa Senseless City sólo estaban ellos y la incertidumbre de lo que pasaba después.
Llegó al bosque aun con el huracán de sentimientos haciendo estragos dentro de ella y de repente algo se hizo paso en él demandando ser escuchado: era dolor físico. Pronto ubicó la fuente del dolor en su pie derecho. "Pero… los fantasmas no sienten dolor ¿O sí?" Levantó el pie dándose cuenta que una espina de algún arbusto se le había encajado en el talón, lo cual quería decir que…
—Soy sólida… *GASP* Este es mi cuerpo… ¡Aun lo tengo!
¿Pero por qué? ¿Cómo? Se suponía que las almas de los muertos se iban, no se quedaban dentro de sus cadáveres. Hizo reminiscencia a un libro de mitos y leyendas en el estudio de la casa mientras retiraba la espina, concentrándose para recordar una criatura en especial.
—*GASP* Un Gjenganger…
Los muertos que volvían junto a su cuerpo a diferencia de los fantasmas pero sin necesidad de chupar sangre como los vampiros. Tener una respuesta no le dio paz a su alma en lo absoluto, todo lo contrario: esa noche a la tierna edad de 10 años conoció el verdadero significado de la desesperación.
Su alma se hundió completamente en ella, dejó que esta llenara cada rincón pero no era suficiente, se desbordó en forma de un grito más desgarrador que el de hace rato y un llanto más amargo. Siguió así hasta que se quedó seca tanto por sus lagrimales como sus reservas de fuerza, estaba exhausta... "Quiero descansar" ¿Pero dónde? Su mente infantil sólo pudo concebir un lugar. Su casa.
Llegar allí no fue problema, juntar el valor para tocar a la puerta de su casa le tomó varios minutos, casi una hora. Claro, no respondieron al primer golpe. Tocó muchas veces hasta que escuchó pasos dirigirse a la entrada. Nada hubiera podido prepararla para el grito de horror que el señor Lynchfasta dio al verla ni como cayó hacia atrás.
Ya de por sí tenía una piel muy clara, había empalidecido al punto en que su piel parecía estar hecha de papel. También temblaba y respiraba agitadamente cual persona que casi se ahoga en un lago durante el invierno. Ser la causante de ello le dolió tanto.
—Padre… —susurró deseando aun tener lágrimas que derramar en ese instante.
La expresión que pasó por su rostro le hizo saber que reconoció su voz.
—… ¿Le… Lenore? ¿Eres tú?
Con temor acercó una mano a su cara y ella apoyó el rostro sobre su palma; el hombre la retiró de inmediato al sentirla tan fría, cuando la acercó de nuevo uso sólo dos dedos en su cuello. Tragó saliva duramente al no sentir su pulso.
— ¿Qué demonios…?
—Creo que soy un gjenganger…
Aceptó aquello con más rapidez de la que esperó —se lo adjudicó al ya haber sufrido un impacto similar en su psyche cuando descubrió lo que pasaba con Nevermore y sus habitantes— pero se le notaba que parte de él seguía en shock. Las cosas fueron menos fluidas con su madre, ella se desmayó al verla aunque su padre se tomó el tiempo de explicarle lo que pasaba antes de dejarla entrar a la habitación y al despertar sufrió de un colapso nervioso. Pasaron horas para que se calmara.
Poco antes del amanecer, el señor Lynchfast se decidió a que cuidarían de Lenore hasta que su alma al fin abandonara su cuerpo y descansara en paz.
Los primeros días fueron de silencio, de recuperarse del impacto y sobretodo de pensar; mucho pensar de parte del padre. Al cabo de una semana sumergido en su cabeza llegó a la conclusión de que Lenore debía tener algún asunto pendiente que completar para dejar el plano mortal. Se sentaron juntos en la noche para hablar de ello en busca de alguna pista, por desgracia la niña sólo recordaba querer quedarse, nada en específico, así que hicieron una larga lista de cosas que no logró experimentar en vida para tal vez dar con la indicada que le permitiría estar en paz una vez que la completase.
5 meses más tarde:
Ocultarla de los sirvientes fue un reto, permanecía en el ático de lunes a viernes y lo cerraban con llave excepto cuando tenían que limpiarlo, entonces iba sótano. Odiaba cada hora que permanecía encerrada allí, aunque los libros la mantenían entretenida nunca era suficiente. Era poco lo que podía ver desde la ventana y una de esas cosas era la ciudad muy a lo lejos, cosa que sólo acrecentaba su melancolía y habría sido más de no ser porque se deshizo del espejo de cuerpo completo guardado allí, no podía soportar verse a sí misma.
Durante esos meses también probaron los límites de su cuerpo. Podía pasar días sin comida ni agua, ya no sentía hambre ni sed —su sistema digestivo sólo se ponía a funcionar cuando ingería alimentos, no le exigía nada—; aun así seguía comiendo a la hora de la cena por costumbre. En cambio sí necesitaba dormir sus 8 horas como cualquier persona, no podía escapar del cansancio.
La mayoría de las cosas en la lista podían hacerse en la noche y había otras pocas—como ganar uno de los premios más grandes en la feria de otoño— que sólo podían llevarse a cabo en el día, esas las dejaron al último. Planearon maquillarla lo mejor que pudieran, ponerle una peluca y hacerla pasar por un pariente lejano cuando se diera la oportunidad.
De haber sido por ellos lo hubieran hecho en octubre del mismo año de su muerte pero la guerra civil podía terminar en cualquier momento, el señor Lynchfast debía participar en ella aunque fuese algunos meses para librarse de la maldición. Una noche a mediados de septiembre el hombre empacó sus cosas para salir de Nevermore y alistarse en el ejército de La Unión.
— ¡Por favor! ¿No puedes reconsiderarlo?
Lenore escuchaba todo asomando su cabeza al pasillo.
—Tal vez no haya otra guerra después, además, Lenore ya cumplió 11…
—Richard, ella está muerta, nunca va a iniciar la pubertad y la maldición no tendrá efecto.
— ¿Cómo estás tan segura? ¡¿Cómo sabemos si a la maldición le importará y no me tomará el año en que ella se supone iba a madurar de no haber muerto?! —Gritó— No voy a arriesgar la línea de mi familia. Dejaré el negocio encargado con mi socio, diremos a la gente que me tomaré un descanso de…
— ¡No me puedes dejar sola con esa… esa cosa!
Esas palabras las sintió como dagas. Esperó a que su padre la defendiera y en vez de eso…
—Volveré. Además, no estarás sola.
Una semana más tarde supo que no se refería a ella cuando dijo eso. Llovió mucho una mañana, tanto que la servidumbre tuvo que ausentarse y pudo andar a gusto por la casa, fue ese día en que pudo escuchar su malestar matutino: su mamá estaba embarazada y no se lo habían dicho.
Meses más tarde:
Su cumpleaños pasó sin ser recordado ni mencionado, sabía que era debido a la tensión y los nervios de parte de su madre —el bebé tal vez podía adelantarse en el 7mo mes—, no obstante, le fue imposible negar su enojo y este se reflejó en el silencio que le dio durante una semana. La mujer lejos de preguntarle que ocurría y preocuparse por ella estuvo de lo más calmada, incluso hasta contenta.
Lenore se decía a sí misma que aquello se debía a su apariencia de muerta "No es que no quiera estar contigo o que lo haga por obligación, sólo se pone triste al recordar que moriste… sí, eso es… tiene que ser eso" pensaba tratando de no llorar.
Pasaron unas 9 semanas y el bebé nació a principios de Mayo de 1864, fue un varón a quien llamó George como ella y su esposo habían acordado.
Esos primeros 3 meses de vida del bebé fueron todo un martirio para Lenore; pasó todo ese tiempo encerrada en el ático, con su padre en la guerra la hermana mayor de su madre se mudó a la casa Lynchfast por un tiempo para hacerle compañía y cuidarla, salir de su escondite no era posible. Para empeorar el asunto Michelle no pudo ni siquiera subir el colchón al ático por lo delicada que se encontraba por el parto, viéndose obligada a dormir en el piso.
Lo peor fueron las últimas lluvias de primavera, hubo goteras en el techo y para que no subieran a repararlo tomó todo aquello que pudiera servir como recipiente y los puso debajo de ellas. Como no fueron suficientes tuvo que omitir las goteras que caían sobre el segundo cuarto de huéspedes "No es como si alguien lo usara" pensó.
El silencio a veces llegaba a enloquecerla y los llantos del bebé que alcanzaba a escuchar cuando este se encontraba en el segundo piso la fastidiaban a más no poder… pero eran los ecos de las risas y el bullicio lo que menos soportaba, resonancias de felicidad que no podía compartir, ni siquiera presenciar. Hubo muchas veces en que sentía ya no poder más con ello y pensaba en derrumbar la puerta o salir por la ventana frontal del ático y trepar por el techo hasta uno de los balcones. El pasar de los días hacía más difícil resistirse a sus impulsos.
Sólo había dos cosas que la mantenían atada a su sanidad y su compostura; la esperanza de ver a su padre una vez más y su imaginación. Más seguido que no la imaginación se encontraba con su añoranza y se ponía a jugar silenciosamente a que estaba en la escuela, acomodaba las cajas y los objetos como si fueran el salón de clases y pasaba horas y horas interpretando distintos papeles; a veces era el maestro, a veces sus amigos.
Al final llegó el día que tanto aguardó, en una tarde a principios de agosto miró desde la ventana como su tía se iba en carruaje con todas sus maletas "Ya se va… ¡Voy a salir!" Se sacudió el polvo de su ropa a toda prisa y peinó su cabello con un cepillo viejo que estaba guardado allí, quería estar presentable para cuando su madre la viera, esperó hasta que escuchó pasos acercándose a la puerta y el cerrojo girando.
— ¡Mami! —exclamó corriendo hacia ella.
Lo que recibió cuando su madre extendió los brazos no fue lo que esperaba sino un empujón que la tiró al suelo. Tardó muchos segundos en levantarse, recuperándose del impacto que su espalda tuvo con la madera, fue muy doloroso.
— ¿Por qué hiciste eso? —preguntó temblando.
—Lo siento, me asustaste. No te he visto en mucho tiempo.
No escuchó ni una pisca de arrepentimiento en su voz, sólo una formalidad fría.
—E-Está bien —se terminó de poner de pie, adolorida—… ¿Y mi hermano?
La llevó al dormitorio principal, se alegró mucho que tuviera la cuna allí en vez de haber remodelado su habitación para dársela al bebé "Aun me quiere. Sí, aun me quiere" trató de convencerse. Se acercó a la cuna y en cuanto miró por primera vez al niño no la invadió la ternura sino el pesar. Ahí, dormido pacíficamente sin ninguna preocupación en su pequeña cabeza estaba el reflejo de todo lo que había sido arrebatado de ella; los latidos de su corazón, el color de su piel, el aliento en sus pulmones, los años que le quedaban por vivir.
—Es precioso —Una vez más supo ocultar su tristeza.
1865:
Su padre volvió a casa a mediados de abril. Lo miró llegar corriendo desde la ventana del ático, estaba lleno de cicatrices y tenía mucho más musculo que antes; a pesar de que ahora tenía una nueva cojera en el pie opuesto —tal vez un hueso roto en batalla que sanó un poco mal— no parecía importarle en lo absoluto, con tal de ya haber luchado en una guerra.
Entonces se detuvo en seco a medio camino al ver como se acercaba su esposa cargando a su nuevo hijo. Cuando lo abrazó fue golpeada por una envidia de enormes proporciones, los tres se veían tan felices… más felices de lo que jamás habían estado con ella; claro, con excepción del día en que sanó su pierna. Pero aquello fue una celebración por un logro, su simple presencia nunca los había puesto así de contentos.
Era viernes así que esperó como siempre a que la servidumbre se fuera por el fin de semana, fue el señor Lynchfast quien abrió la puerta del ático y ella corrió a sus brazos; como él no la empujó como hizo su madre aquella vez estalló en lágrimas las cuales su padre adjudicó a que lo extrañó mucho.
—Oh, mi niña hermosa, debiste pensar tanto en mí.
—No tienes idea… ¿Y bien? ¿Quién ganó? —preguntó emocionada.
—Nosotros, el Norte —sonrió—: ganamos los buenos.
Aquella noche se fue a la cama con un buen sabor de boca por primera vez en mucho tiempo; habían cenado todos en familia, su padre les contó sus anécdotas de guerra que eran aptas para la mesa —incluyendo el porqué de su nueva cojera: una bala de cañón que golpeó rozando su pantorrilla baja— y la arroparon para dormir con la promesa de que a partir de ese momento todo el tiempo que no fuera dedicado al trabajo o al bebé lo usarían en ella para encontrar una forma de darle paz a su alma.
5 meses después, Octubre de 1865:
Ya casi estaban por completar la lista de cosas posibles que a Lenore le faltaban por hacer, tenían que realizar el resto lo más pronto posible ya que ahora con 1 año y 5 meses el pequeño George ya había dicho sus primeras palabras que no fueran mamá o papá y una de esas fue su nombre. Además, hace un mes que ya caminaba y siempre que ponía a andar en el 2do piso él iba en dirección a las escaleras del ático.
Los niños pequeños no pueden guardar secretos y en cuanto más hablara más podría poner en evidencia la presencia de Lenore en la casa. Aunque le insistieran a la servidumbre que no era más que la imaginación del niño tarde o temprano alguno de ellos podría curiosear y encontrarse con ella.
—Muy bien, la feria de otoño empieza en una semana —anunció el padre una noche en la sala—. Lenore, si tienes más cosas que agregar en la lista tienes todo este tiempo para hacerlo.
Esos 7 días la niña casi no durmió de la emoción, puso en papel todo lo que ella esperaba de un día perfecto de otoño y todo aquello que siempre quiso hacer o lograr en la feria. Llegó el sábado y por primera vez en más de 2 años Lenore salió de su casa.
Contuvo su llanto de alegría con todas sus fuerzas, no debía dañar el pesado maquillaje que tenía puesto para darle vida a su piel; lo mismo con sus ganas de correr y jugar con las hojas, aunque la peluca pelirroja que traía estuviera bien sujetada no quería tentar su suerte. Su familia también estaba disfrazada menos George, a él lo dejaron con su tía.
Los siguientes dos días los sintió como el paraíso en la tierra: fue un edén envuelto en un aura de tonos cálidos lleno de juegos, comida, espectáculos, música y sobre todo gente. Cumplió cada sueño y antojo escritos en la lista e incluso un poco más, su corazón desbordaba felicidad cada momento; excepto cuando tenía que evitar pasar muy cerca de sus viejos amigos, por suerte fueron muy pocas veces.
Se despidió de todo la noche del domingo sintiéndose satisfecha y se fue a dormir esperando que su espíritu se sintiera igual, esperando despertar en lo que sea que había después de morir… cual no fue su aflicción al abrir los ojos y encontrarse con el techo del ático.
Los días que le siguieron a eso fueron totalmente lo opuesto a la semana anterior, la situación se puso tan tensa que podía cortarse con un cuchillo. El padre se tomó 2 semanas libres del trabajo para pensar, ya fuese en su estudio o subiendo al ático con Lenore para hacerle preguntas en voz baja buscando alguna pista.
Pensaron en cada una de las posibilidades y a cada una le dedicaron horas fuese juntos o separados; cuestiones filosóficas, físicas, conceptos mitológicos sobre los seres como ella en diferentes folclores y todo lo disponible que tenían sobre la espiritualidad dentro de una senseless city como Nevermore. Su madre, en cambio, trataba de hacer como si nada malo estuviera ocurriendo; le dedicaba todo su tiempo al bebé.
Pero aun al poner toda su atención y tiempo en él había veces en que tenía que dejarlo y una de esas fue su baño del miércoles. Lenore y su padre estaban reflexionando una vez más en cómo hacerle para que cruzara al otro lado cuando escucharon al bebé llorar justo a unos metros de la puerta.
La niña se asustó y desconcertó al principio pero pudo deducir fácilmente lo que pasó en pocos segundos. El pequeño George se levantó de su siesta antes de lo que estaba acostumbrado —en lo que la sirvienta que lo cuidaba fue por algo, quien sabe que— y trepó sobre los barrotes de su cuna, saliéndose de ella. Había aterrizado suavemente en el piso, el mueble era de la altura perfecta para que un bebe de su edad bajara solo. Entonces se puso a caminar hacia las escaleras del ático y esta vez no hubo nadie que lo detuviera, al llegar a los escalones debió haber gateado hasta llegar arriba y de allí siguió de pie hasta que se cayó o vio un insecto que lo hizo llorar o lo que sea; el punto es que estaba llorando a pocos metros de ellos.
— ¡MALDICIÓN!
El señor Lynchfast salió velozmente por la puerta y a causa de un tablón flojo en el piso se tropezó en medio del pasillo.
"¡Padre!" se alarmó Lenore yendo con él.
El rebote de su cabeza contra el piso lo hizo dar un quejido audible y lo aturdió el tiempo suficiente para que la sirvienta que estaba cuidando a George volviera al segundo nivel de la casa, subiera al oír la conmoción…
— ¡Señor Lynchfast! ¡¿Está bien?!
… y viera a Lenore antes de que ella pudiera volver al ático. El grito que dio desde el fondo de sus pulmones retumbó en sus oídos, en cuanto este comenzó a extinguirse la joven se desmayó. Su padre logró incorporarse y le hizo una señal a Lenore para que se escondiera en el armario del ático; logró encerrarse allí poco antes de que más miembros de la servidumbre llegaran.
Abrazó sus piernas y se mordió los labios para no llorar mientras escuchaba a todos irse, la mirada de horror de la chica se quedó grabada en su mente y la acompañó el resto de las horas pero el lugar que aquello abarcaba en su mente iba a ser reemplazado por algo peor: lo que escuchó decir a la joven —a quien de seguro le dieron el resto de la semana libre— desde la ventana de ese piso cuando se fue esa noche.
— ¡Se los juró que la vi! ¡Era espantosa, pálida como muerta y…!
No quiso escuchar más. Se encerró una vez más en el armario con aquella palabra resonando en su cabeza —Espantosa, espantosa, espantosa — hasta quedarse dormida.
Dos días después:
Su padre no volvió al ático el jueves ni el viernes. Se levantó muy temprano esa mañana, como los otros fines de semana fue a abrir ella misma la puerta, sintió sus entrañas hechas nudo al darse cuenta de que el picaporte se hallaba cerrado con llave.
—No… ¡No, no, NO! ¡Es sábado! ¡Hoy puedo salir!
Golpeó y pateó la madera, gritó lo más fuerte que pudo, trató de abrir un agujero en la superficie con lo que tenía a la mano más sus intentos fueron fútiles. La imagen de los ojos aterrorizados de la sirvienta atormentó a Lenore una vez más mientras lloraba acostada sobre el piso ¿Acaso ese era un castigo por no haber sido más rápida? ¿Le estaban dando recordatorio de lo delicada que era su situación actual?
—Perdón… perdón…
Permaneció en el mismo punto por horas pensando, preguntándose por qué… hasta que llegó un punto en que pasó del ¿Por qué? Al ¿Por qué a mí?
¿Qué había hecho para merecerse eso? Aun sin la presencia de la religión en Nevermore durante ese siglo había un sentido de la moralidad y ética guiado por la ley de causa y efecto —cosechar lo que se siembra—, y todos esos años viva nunca le hizo un mal nadie, de hecho su peor acción en esa vida fue romperle la pata aun par de roedores. Comparado con todo el bien que hizo —sanar a esos animales, sanar al potrillo de Robert Hale, sanar a su padre además de ser buena hija y amiga— esas 2 acciones no eran nada ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
No escuchó pasos subir al ático hasta pasado el mediodía, era su padre:
—Tenemos que hablar.
El tono con el que lo dijo no le gustó para nada. Bajaron al comedor del primer piso tomaron asiento en lados opuestos de la mesa, la última vez que lo vio así de serio fue cuando iniciaron a planear la sanación de su pierna. No obstante, además serio se veía en conflicto.
—Lenore… escucha, lo que pasó el Miércoles…
— ¡No volverá a pasar! ¡La próxima vez que tengas que abrir la puerta conmigo adentro me iré a esconder rápido al-!
—Déjame terminar *sigh* George crece cada día y una cosa es que un niño diga el nombre de su hermana… muerta, es normal que padres en duelo hablen mucho de sus hijos que ya no están; pero que una persona ajena a la familia vea a dicha hermana no como un espectro borroso sino algo sólido… es alarmante ¿No crees?
— ¿Qué quieres decirme con esto?
—Será mejor para todos esconderte en otro lugar.
— ¿Hablas de… la fábrica? ¿El almacén de lana de la fábrica?
—No, no es buena idea tenerte tan lejos. Hablo de un lugar en la casa más inaccesible, un sitio en donde nadie entra más que yo.
Se puso a recorrer mentalmente toda la casa de arriba hacia abajo hasta que dio con el lugar del que hablaba: la habitación de su reservaba secreta de vino oculta en el sótano. Su piel habría perdido su color de aun tenerlo.
—No.
—Sólo yo sé en dónde está la llave de la puerta y nadie…
— ¡No! —Se puso de pie— ¡Está bajo tierra! ¡Allí no hay ventanas, no podré ni siquiera mirar el cielo!
—Te compraré libros nuevos cada mes, no te vas a aburrir y…
— ¡No, no, no! ¡No quiero! —enterró sus dedos en sus cabellos.
—Será lo mejor para todos, es el mal menor de…
— ¡¿El mal menor?! —él nunca usaba esa expresión, pero sabía quién si— Madre…
Corrió cual gacela, subiendo los escalones de tres en tres al segundo piso hasta dar con ella, estaba en el nuevo cuarto del bebé que antes era la otra habitación de huéspedes.
— ¡Fue tu idea! ¡¿No es así?! —exclamó hirviendo en rabia, también habría llorado pero como no había tomado agua desde el miércoles su llanto de la mañana la dejó sin lágrimas que dar.
—Lenore…
— ¡A papá nunca se le hubiera ocurrido algo tan cruel! —Sí, perdió el control algunas veces durante sus entrenamientos en vida y terminó goleándola, sin embargo no era un sádico— ¡¿Cómo pudiste tan siquiera pensar algo así?!
— ¡No te atrevas a levantarme la voz! ¡George está creciendo, pronto hablará mejor, ya no debe verte!
— ¡¿Acaso olvidas que también soy tu hija?!
— ¡Michelle, Lenore; por favor, cálmense! —dijo Richard al llegar al cuarto con ellas.
— ¡Y como hija tienes que hacer lo que te digo, no eres más que una niña! —gritó despertando al bebé quien comenzó a llorar.
— ¡No soy una niña, recuerda que tendría más de 12 y medio ahora, estaría a menos de 4 años de ser una mujer!
Le dolió tanto decir eso y pensar rápidamente en todas las cosas hermosas que habría disfrutado en su fiesta de dulces 16 y de camino a ellos; comprar vestidos en la sección de damas, usar sombrero, su primer corset, empezar a ser cortejada por algún guapo joven, su primer beso.
— ¡Ya basta, están asustando a George!
— ¡¿Qué no ves que es lo mejor para todos?! ¡¿Por qué estas siendo tan DIFÍCIL?!
— ¡Porque esto no es JUSTO! —gritó dando un golpe a la pared con la misma fuerza que su voz.
Y un pedazo del techo cayó justo encima de la cuna, pedazo en el que estaba el candelabro de la habitación. El niño tuvo mucha suerte de que el mueble era largo, la estructura de metal y pedazos de madera sólo rozaron sus pies; no obstante, eso no evitó que su madre diera un grito mayor al que la sirvienta hace 2 días.
Su yo actual supo que se debió al asunto con las goteras cuando pasó esos meses en el ático mientras su padre fue a la guerra, además de haber estado caminando en círculos por horas tratando de aliviar sus ansias; aquello había hecho que la madera se debilitara, una explicación razonable y lógica.
Mas en aquel entonces no pudo hacer la conexión entre los datos, no halló que hacer más que correr hacia su viejo cuarto mientras su madre sacaba al niño de la cuna medio destrozada, cerró la puerta con seguro desde adentro y se ocultó bajo la cama. Sólo fue una coincidencia, la clase de ser que ahora era no tenía esa clase de habilidad, pero ella no lo sabía y sus padres mucho menos.
Aguardó por el momento en que alguno de sus 2 progenitores abriera la puerta con la copia de sus llaves y entrara furioso, gritando desde el fondo de su pecho… mas no pasó, sólo hubo un silencio sombrío por horas hasta que tocaron delicadamente a la puerta en los últimos minutos del atardecer. No se atrevió a responder, escuchó un suspiro seguido de la llave girando el picaporte.
—Lenore, sé que estas bajo la cama: puedo ver parte de tu vestido —dijo su padre.
Buscó en su voz algún indicio de ira, disgusto o cualquier cosa negativa que pudiera llevar a una acción agresiva pero no encontró nada; su voz estaba inquietantemente neutra.
—Te juro que yo no lo hice, el techo debió estar débil, no fue…
—Está bien, lo entiendo.
— ¿De veras?
—Sí, uno nunca sabe cuándo la madera va a hacer cosas como esas. Ahora sal de allí y lávate las manos, vamos a cenar. Hazlo en este baño, el lavabo del primer piso se dañó ayer.
Aun temerosa, la chica salió de su escondite, volviendo a buscar algo ahora en la cara de su padre y de nuevo no halló más que neutralidad. "Algo está mal"
—Voy por mientras a mi cuarto, no tardaré.
Normalmente podía oler la comida desde el baño del segundo piso, esa noche no logró captar nada "Tal vez ya perdí el olfato" Pero al lavarse las manos pudo oler la lavanda que despedía el jabón, ese aroma que siempre la relajaba ahora no tenía efecto alguno en ella. "Muy bien, cálmate… tuviste mucha suerte de que papá fuera tan comprensivo, debió convencer a mamá de calmarse… ¡Pero no quiero estar en el sótano! Debo convencerlo de dejarme en la fábrica ¿Pero cómo?" ¿Qué podría hacer para ganarse una reconsideración así?
Solía usar el baño del primer piso —donde no había espejos— antes de cenar por lo que se sorprendió al verse cuando elevó su mirada del lavabo. Era la primera vez que observaba su reflejo desde que fueron a la feria de otoño. No pudo evitar levantar su mano para tocar el espejo, cualquier rastro de negación que aún había en Lenore parecía ya haberse esfumado con el paso del tiempo, esa era ella lo quisiera o no y jamás dejaría de serlo mientras su alma estuviera allí. Sin embargo, esa aceptación no quería decir que dejara de abominar su estado.
"Las personas que desean ser siempre jóvenes no saben de lo que están hablando" suspiró en su mente bajando la mirada, quedándose así un corto rato.
Lenore no los escuchó entrar, ya que lo hicieron sólo con calcetines y la puerta del lugar era lo suficientemente amplia. Cuando volvió a alzar su cabeza vio a sus padres detrás de ella, las expresiones en su rostro no le daban buena espina, sobre todo la de la mujer.
—Mamá —dijo a media voz.
Sus venas parecieron congelarse cuando vio al hombre y la mujer sacar de la nada una hacha y un cuchillo respectivamente, levantándolos en el aire. Gritó agachándose justo cuando los bajaron repentinamente —listos para darle en la cabeza— logrando salir intacta.
Rápidamente, aun de cuclillas, tacleó a su padre golpeando en su nueva cojera y lo hizo caer. Al estar ambos en el piso su madre intentó apuñalarle de nuevo y ella dio un giro en el piso pasando sobre su padre y el cuchillo terminó clavado en el muslo del hombre. Se incorporó veloz mientras él gritaba.
— ¡Richard!
— ¡Sólo toma el hacha! —Exclamó mientras Lenore salía por la puerta.
Corrió hasta escaleras y de allí se deslizó por el pasamanos para ganar más tiempo. Su madre intentó hacer lo mismo pero ella al pesar más no pudo balancearse bien y terminó cayendo al frente a medio camino dándose de bruces con el pasamanos del lado opuesto mas eso no la detuvo, siguió yendo hacia ella con la boca ensangrentada.
La puerta del frente estaba cerrada con llave —y algo le decía que habían hecho lo mismo con las demás— así que salió a toda velocidad hacia la sala y, cubriéndose el rostro, atravesó la gran ventana de allí tomando vuelo desde la chimenea. Aterrizó en el pasto lleno de vidrios, gracias a su ropa no la cortaron más que en las manos; se levantó y caminó a pasos grandes sin abrir sus parpados hasta sentir que el vidrio dejaba de caer desde su cabeza —no quería que alguno le cortara los ojos—, de allí volvió a correr.
Corrió y corrió por el bosque sin detenerse con su respiración retumbándole en los oídos al estar su pulso ausente, suplicando en su mente que sus piernas no le fallaran. En ningún momento se atrevió a mirar atrás, temiendo encontrarse con la imagen de su madre blandiendo el hacha con la sangre recorriendo desde su boca hasta el cuello. Aun cuando sabía que ya no podía estar persiguiéndola ella continuó; como si pudiera dejar atrás todo lo que pasó y todas las marcas que dejaron en su corazón si se alejaba lo suficiente físicamente.
Estuvo así por un par de horas hasta que vio a los lejos las luces de otra ciudad. Nunca antes había visto otro lugar que no fuera Nevermore, pero lejos de ser una vista asombrosa y nueva para ella era fue algo tan desconocido, tan extraño, tan incierto, tan frio… la gran prueba de que ya no tenía nada: ni casa, ni familia, ni amigos, ni vida… ni siquiera lágrimas.
Deseó con todas sus fuerzas que estuviera lloviendo para que al menos las gotas de lluvia pudieran contar sobre su rostro el dolor que había dentro de ella a la oscuridad de la noche que de ahora en adelante sería su única compañía y protección.
—Te suplicaría que me llevaras ahora, dulce muerte… pero ya dejaste bien en claro que mi alma no te importa.
Diciembre de 1899:
Durante más de 3 décadas estuvo vagando por todo el país, refugiándose a las afueras de las ciudades donde los animales salvajes no pudieran alcanzarla, durmiendo durante el día y yendo a las zonas urbanas de noche donde buscaba en los botes de basura algo no tan descompuesto para no olvidar el sabor de la comida o algún libro desechado con el cual entretenerse durante algunas semanas.
Tuvo que aprender por su cuenta como abrir cerrojos (y con qué) para entrar a las tiendas de ropa y robar vestidos y/o zapatos cuando los suyos ya estaban desgastados, entrar a las casas vacías por jabón, shampoo o cepillos y, sobre todo, para entrar a las bibliotecas. La palabra escrita era lo más precioso para ella, cuando se sumergía en las páginas olvidaba lo que era y su "vida" aunque fuese por un par de horas, perderse en historias nuevas y emocionantes que dentro de muchos años serían considerados clásicos literarios.
Trataba de hacer todo aquello alrededor de las 2 de la mañana y entre semana, donde las probabilidades de ver a otra persona despierta eran casi nulas no sólo por sentido común: detestaba estar cerca de la gente; tan llenos de vida, tan despreocupados, tan libres de dolor.
Era inevitable que de vez en cuando alguien la divisara a lo lejos, de ahí la razón por la que iba a espiar las conversaciones ajenas en casas situadas en las afueras una vez por semana; en cuanto escuchaba que había rumores sobre una "niña fantasmagórica" rondando por allí que coincidían con su imagen partía a otro lugar. El mayor tiempo en que se quedó en un sitio fueron 4 meses.
La primavera y los otoños eran apacibles, los veranos se las pasaba lo más al norte posible para evitar el calor, seguía odiándolo a pesar de que ya no sudaba. Respecto al invierno, aunque pasarlo en las praderas era la mejor opción en esos ecosistemas no había suficientes árboles y arbustos donde refugiarse. Durante muchos inviernos tuvo que esconderse en el frio, sintiéndolo penetrar en sus huesos, noches sin sueño debido al dolor.
Y en todo ese tiempo nunca se atrevió a volver al oeste de Ohio, Nevermore seguía allí. Ni idea si sus padres seguían allí pero sus memorias aun lo estaban y eso era razón suficiente para no volver. En el último invierno del siglo las cosas dieron un giro de 180° que nunca esperó.
Habían pasado un par de días desde navidad, Lenore se encontraba en una pequeña ciudad llamada Crestfallen. Esa noche le dio un vistazo a aquella casa a las afueras, se encontraba vacía: un blanco perfecto... o eso creía. Se escabulló adentro forzando el cerrojo metal, no contó con que había trampas inusuales allí; al pisar cierto trazo de gis en camino a la cocina una red de cuerda apareció de la nada bajo sus pies, se elevó en un parpadeo y la aprisionó contra el techo. "¡¿Pero qué pasó?!" la red no cedió en lo absoluto por más que se sacudió y pateó fuertemente. Estuvo así por casi una hora aun después de cansarse, debía evitar a toda costa ser vista.
De haber tenido un corazón latiente se abría acelerado cuando la luz de una linterna iluminó su rostro. Era el fin, la iban a masacrar por ser una abominación contra la naturaleza, se despediría de ese mundo en la forma más brutal posible… o eso creyó hasta que la persona bajó la linterna y dejó ver su rostro, era una mujer muy vieja llena de canas y arrugas pero con unas ropas de lo más inusuales, como si hubiera salido de un libro de fantasía.
—Vaya, un zombie —dijo sin mucho asombro, cosa que dejó a Lenore perpleja—, obra de algún idiota jugando al necromante.
Procedió a encender las luces de su casa con sólo aplaudir "Una bruja… ¡Sí, debe ser una bruja!"
—Bueno, niña, no te preocupes. En pocos segundos volverás al Saṃsāra.
De repente invocó una espada y se dispuso a atravesarla.
— ¡NOOO!
La anciana retrocedió soltando el arma y sujetándose el pecho sobre el corazón. Logró sujetarse de una pared antes de caer
—Tú… ha-hablas…
— ¡Sí! ¡Por favor, no lo haga! Sólo buscaba algo comer, no iba a robarle sus cosas.
— ¡¿Cómo es que hablas?! ¡No eres un zombie nacido en el inframundo! No deberías… pensar…
—N-No sé cómo o porque me volví… esto… ¡Pero por favor, no me lastime, señora bruja! —Suplicó al borde de las lágrimas— Es una bruja ¿Verdad?
Se quedó pensativa unos segundos y desapareció la red, haciéndola bajar con telequinesis suavemente.
—Sí.
Una charla con té y galletas más tarde:
Lenore le contó todo sin entrar mucho en detalles, no quería abrir viejas heridas. La anciana volvió a quedarse pensativa ahora contemplando su taza de té, esta vez tardó minutos antes de volver a hablar.
—Dices que cuando abriste los ojos en la morgue una figura de negro con ojos purpura y cuernos a rayas estaba mirándote ¿Verdad?
—Sí, eso dije.
—Parece que un shinigami no pudo segarte.
— ¿Un qué?
—Emisario de la muerte. Parece que tú "don" y la mezcla de factores que precedieron tu muerte sumados a la verdadera voluntad te dejaron así —suspiró agriamente—. Felicidades, hiciste necromancia en ti misma sin querer, venciste a la naturaleza.
—Aguarde ¿Vencí a la naturaleza? ¿La voluntad? ¿De qué está hablando?
—La magia funciona con la experiencia, fuerza física y voluntad espiritual del usuario. Pero se cree que existe algo llamado la verdadera voluntad. Es un fenómeno de lo más extraordinario y algunos no creen que existe debido a que no hay casos registrados de ello, otros creen que es como el azar y la suerte, algo tan sutil y raro que nunca estas seguro si realmente fue aquello… y unos otros dicen que es el Diablo concediendo favores gratis anónimamente para entretenerse pero lo dudo mucho, él sólo responde a aquellos que lo llaman.
Lenore ladeó la cabeza cuando mencionó a ese ser, no tenía conocimientos de religión en aquel entonces.
— ¿Pero que dice la mayoría sobre la verdadera voluntad? ¿Qué creen que es?
—Dicen que es algo más poderoso que el desear, dicen que es cuando toda tu alma y tu mente gritan inconscientemente con todas sus fuerzas al universo, algo que no muchos logran, y este decide responderte… como dije, no es algo seguro ya que no hay manera de probar si algo que parece un milagro fue obra de la verdadera voluntad.
— ¿Por qué?
—Porque podría tratarse de algún factor mágico que no se notó. A veces la magia es más arte que ciencia, hay fenómenos que no se pueden reproducir como en un laboratorio; sólo tenemos las guías generales del funcionamiento de la naturaleza y el conocimiento dejado por gente mágica que experimentó en el pasado, a veces a costa de sus vidas, dejándonos los hechizos que conocemos hoy en día… —suspiró.
—De acuerdo —masculló un poco confundida—. Y respecto a los factores de los que habló y la necro-
—Ah, eso —la interrumpió—. Tener un don para sanar, estar usándolo en ti misma al momento de morir y encontrarte en una ciudad contaminada de magia corrompida se juntaron haciendo un hechizo necromante accidental que ató tu alma a tu cuerpo muerto. Y al poder pensar en ese estado tal vez pudiste invocar a la verdadera voluntad que te concedió el control de tu cuerpo, permitiéndote "quedarte" como habías deseado.
— ¿De veras fue eso? —dijo sintiendo que le estrujaban el pecho ¿En serio todo ese sufrimiento y dolor fueron consecuencia de una obra suya?
—No afirmo que sea la verdad absoluta, podría equivocarme, no estuve allí después de todo. Pero es la conclusión más acertada que tengo respecto a tu caso, pequeña.
Una solitaria lágrima recorrió su mejilla derecha.
— ¿Y ahora qué debo hacer? ¿Cuánto debo esperar hasta morir realmente?
—Ni idea, si no te ha segado un shinigami en este punto nunca lo harán, su labor es su prioridad y si no te han llevado es que por alguna razón no pueden tomarte. Mas no quiere decir que seas inmortal, no eres un… vampiro —dijo esa última palabra con repulsión y cólera—. Supongo que te quedaras en este estado hasta que tu cuerpo termine de decaer a menos que te maten antes.
— ¡¿QUÉ?!
—Y no hay forma de saber si los factores provocarían un exorcismo si te mataran—divagó hablando más para sí misma—; de ser ese el caso, podrías terminar en el plano de las almas perdidas…
—No puede ser… —cubrió su rostro con las manos— yo fui embalsamada ¡Tardaré décadas, siglos incluso si mi cadáver se momifica! —Rompió en llanto— No… no puedo seguir así… pero tampoco quiero que mi alma se pierda como usted dijo… no quiero… yo…
No pudo seguir hablando, no fue capaz, era demasiado desconsuelo.
—Bueno… sé de algo que puede ayudarte-
— ¡¿Qué podría ayudarme en esto?! ¡¿Qué después de todo lo que viví?! ¡¿Qué cosa podría evitarme sufrir estando atascada en esta… esta… prisión de carne embalsamada?!
—Locura.
— ¿Eh?
—Existe un hechizo para volver "loco" a quien lo ejecuta, las memorias serían borradas de tu cabeza y su mente se retorcerá, no acabaras como los maniáticos que están en los asilos mentales, sino que "vivirás" en una excéntrica ignorancia e inocencia mientras sigas en ese cuerpo. Nada podrá hacerle daño a tu corazón.
— ¿Y qué hay de la gente? No les gustará ver a una niña muerta andando por allí.
— ¿Recuerdas lo que dije hace poco de estar en una ciudad llena de magia corrompida? Hay muchas como Nevermore. Es una larga historia pero también puedo tatuarte un sello para que utilice la misma magia que hay en la ciudad generando un aura que te rodeará, un aura para que la gente no note nada raro en ti ni en aquello que este cercano a ti; no tendrías que esconderte nunca más mientras permanezcas allí.
—Pero el costo es mi cordura.
—Así es.
Suspiró pesadamente. Locura, una palabra tan cargada de incertidumbre. ¿Qué tipo de loca sería? ¿Delirante, obsesiva, temerosa, violenta? ¿Y si terminaba haciéndole daño a alguien? La posibilidad de lastimar a otro ser viviente la aterró… pero entonces recordó que ya antes lo había hecho.
Las memorias de los animales heridos estaban conectadas a su padre y al pensar en él aquella pregunta que se hizo en el ático luego del incidente de la cuna fue traída de vuelta a la superficie de su psique: ¿Por qué a mí?
¿Por qué tuvo que nacer en un linaje maldito? ¿Por qué tuvo que ser ella la portadora de un don sanador? ¿Por qué tuvo que sacrificarse ella por gente que no estaba dispuesta a hacer una fracción de lo que hizo por ellos? Y finalmente la pregunta fue transformada en una diferente: ¿Por qué a mí y no a otro?
Sí, ya estaba harta de pensar en otros antes de que en ella misma; eso fue lo que la llevó a su miseria actual. Al demonio con los demás, el mundo le debía mucho y ahora iba a cobrar.
—Adelante.
Una hora más tarde:
Para que todo funcionara bien Lenore tenía que hacer el ritual de los hechizos ella sola en Nevermore, al final escogió la ciudad de su nacimiento como futura residencia con la vengativa esperanza de que en su locura llegara a lastimar a alguien de su familia "George ya debe de tener esposa e hijos" pensó.
—Recuerda, trata que no haya nadie cerca mientras lo haces, de lo contrario dicha aura de protección podría transmitirse a otro ser y no quieres que exista alguien que haga uso de ello sin locura incluida ¿Cierto?
—No… ¿Puedo preguntarle algo? —Al ver que afirmó con la cabeza prosiguió— ¿Dónde aprendió esto?
—Se aprenden una cosa o dos al tener casi 100 años, además de un par de experimentos que hice con los libros de cierto bastardo infeliz después de salir de prisión hace unos 4 años.
No se atrevió a preguntar cuál fue su crimen. La bruja le había dado los materiales necesarios, le escribió detalladamente las instrucciones de lo que tenía que hacer y lo colocó todo delicadamente en un morral con compartimentos que se ajustaron mágicamente para sujetar bien las cosas y evitar que temblaran.
—A partir de ahora todo depende de ti. Buena Suerte. —le deseó acomodando con telequinesis los cajones y libros que abrió hace rato.
—Gracias, pero antes de que me vaya… aun no me ha dicho su nombre.
La vieja pausó su labor para sonreírle perezosamente.
—Ruth Williams, cariño.
—Muchas gracias por todo, señora Williams.
Así, partió de la casa en medio de la nevada con una misión en mente.
Enero de 1900, Nevermore:
La actividad nocturna había aumentado un poco las décadas que estuvo afuera, ahora había más gente afuera pasado el atardecer, por suerte no demasiada como para ser vista moviéndose entre las sombras. La tecnología no había cambiado demasiado excepto por algunas cosas como el alumbrado público en las avenidas principales.
Pudo divisar a varios conocidos a lo lejos, ver de nuevo a algunos de sus amigos de la escuela ahora como adultos a principios de sus 40's —comenzando a tener sus primeras canas y arrugas ligeras— caminando amorosamente por la calle con sus parejas o sus hijos con más años de los que ella tenía al morir fue una daga en el corazón: eran lo que ella jamás tendría, lo que le fue arrebatado por sanar a un hombre que intentaría matarla.
Llegó a la mansión Lynchfast a eso de las 1 de la mañana, quería ver que había sido de su antiguo hogar. Esos años de allanar lugares buscando comida y refugio temporal fueron muy útiles a la hora de infiltrarse en el viejo lugar. Planeó con cuidado en que puntos pasar para no hacer ruido pero al entrar no hubo necesidad de eso; el polvo, las telarañas y el fuerte olor a humedad le anunciaron que ese lugar había estado vacío por años.
Se sorprendió al ver que todo estaba en su lugar, quizás sus padres pensaron que si se llevaban alguna de sus cosas la esencia de la vieja mansión viajaría con ello y así tendría una forma de encontrarlos y terminar lo que empezó con George… o sólo no querían cerca nada que les recordara a ella. Cual fuese el caso le sorprendía que todo estuviera intacto, o ya no había ladrones en Nevermore o los que había eran muy, muy supersticiosos "De seguro la sirvienta que me vio esparció el rumor y quizás algún fisgón con un telescopio me vio por la ventana del ático hace años…" *sigh*
Recorrió toda la mansión una vez más, era la última vez que miraría el lugar y todo lo que había en él estando cuerda, tenía que disfrutar cada buen recuerdo que llegara a su mente. Se esforzó en pensar solamente en las fiestas de cumpleaños, las visitas de amigos, cuando regresaba de la feria de otoño y contaba los dulces que ganó, las tardes de juegos con su familia.
En cambio, al llegar al segundo piso nada feliz volvió a su mente, lo que había ocurrido allí —en el baño— opacó a todo lo demás. Decidió omitir esa parte e ir directamente a su cuarto. También estaba justo como lo recordaba.
No se atrevió a acostarse en su vieja cama, no hasta que estuviera loca, después de todo había muerto justo allí. Prefirió ver sus juguetes y ponerse a recordar cuales les fueron regalados por sus amigos… entonces vio de nuevo al peluche extraño que le dio su madre, ese pequeño con el torso a rayas, ojos saltones y estambres rayados en la cabeza. Una ola de rabia llegó a ella y la redirigió al objeto que ahora había en sus manos.
—Se suponía que ibas a darme suerte.
Abrió la ventana y alzó al muñeco lista para arrojarlo a la noche y dejar que la naturaleza lo reclamara, que la inclemencia del clima y el exterior desgastaran su piel de felpa y consumieran su relleno de algodón deshaciéndose así del último lazo material entre ella y su madre… pero no pudo. Sólo era un objeto, no tenía la culpa de nada realmente, aquello sería sólo destrucción sin sentido.
Además, había algo raro en sus ojos… como si le estuviera suplicando silenciosamente que no lo hiciera.
—*sigh* tienes suerte, muñeco.
Lo guardó en el baúl, poco sabía que volvería a verlo 83 años después. Ya habiendo terminado con su paseo por la nostalgia quitó la alfombra de la sala se estar y barrió el piso, hizo el pentagrama con los materiales que la bruja le dio y empezó primero con el hechizo de protección. Un símbolo extraño se grabó con luz en su pecho y luego se desvaneció, quedando en su alma como decía en las instrucciones.
Procedió con el hechizo de la locura, al final había una advertencia de que no tenía que traer ningún objeto consigo más que la ropa en el momento del ritual ya que podría surgir un efecto desconocido además del hechizo deseado. La Lenore de aquel entonces creyó no traer nada pero la actual, quien estaba recordando todo gracias al toque de la cortina roja supo que de hecho traía un cuchillo dentro de un bolsillo oculto en su ropa que cosió ella misma para tenerlo cerca en caso de emergencia o maleantes, se encontraba tan ansiosa que se le olvido que aún lo cargaba.
Para el segundo ritual necesitó encender más velas, borrar unos símbolos y cambiarlos por otros, poner diferentes hierbas y rocas en las puntas del pentagrama y recitar unas frases en latín.
A cada palabra que decía sentía que una aguja era clavada en su cerebro —"No hay vuelta atrás, sigue"— y una luz anaranjada surgía de uno de los nuevos símbolos alrededor del pentagrama. Los segundos parecían arrastrarse como minutos, minutos cargados de luz y agonía—"Nada importará cuando esto termine"—; pero la voluntad de su alma venció al dolor, recitó cada palabra sin titubeo alguno.
Al terminar cada trazo brilló tan resplandeciente como el sol y el pentagrama junto a todo lo que había sobre él fueron consumidos. Sabía que eso era todo, su nueva "vida" en la ignorancia y la locura iba a iniciar; la persona que era muy pronto terminaría perdida en el olvido, como si nunca hubiera existido… mas no se arrepentía en lo absoluto "Adios"
Cuando la oscuridad volvió a cubrirlo todo ella cayó inconsciente en medio de la sala donde no había rastro alguno de lo que había hecho, todo recuerdo fue bloqueado de su mente consiente y esta fue retorcida y moldeada a la forma de la locura, dejando intacta sólo una cosa: su nombre.
El frio despertó a Lenore luego de un rato, había dejado abierta la ventana por la que entró antes de llevar a cabo el ritual, estuvo tan concentrada en hacer todo al pie de la letra que se olvidó de ella. Se levantó con la mente en blanco hasta que se preguntó dónde estaba.
—Es una casa… y estoy adentro… entonces debe ser mía. Sí, eso debe ser —dedujo— *Brrr* ¡Ay, que frio!
Cerró la ventana y pronto fue a buscar unos cerillos en la cocina para encender la chimenea. Ya avivada la llama Lenore buscó una manta y se acurrucó en el sillón frente al fuego.
—Sería genial tener un poco de té, pero no había nada en la cocina… creo que mañana voy a ir de compras.
En un cuarto de hora se quedó dormida pacíficamente sin tener ni idea de todo lo que había pasado para llegar a estar allí en esos momentos.
Estuvo las siguientes décadas sola, "viviendo" un día a la vez en la completa ignorancia constante, tanto de su pasado como de su situación actual y la gravedad de sus actos; todo concepto complejo de lo moral brillaba por su ausencia en ella, sólo hacía lo que tenía o quería hacer sin pensar en lo que podría desencadenar.
Nunca tuvo que preocuparse al respecto, el sello que le dio la bruja funcionaba a la perfección, nadie notaba que estaba muerta y a nadie se le hacía raro que una niña de su edad anduviera sola por allí. Cuando se le acababa la comida solo iba por más a la tienda más cercana, tomaba lo que quería y se iba sin ser notada por nadie gracias al sello.
Por otra parte su don para alargar la vida de los seres vivientes a través de la sanación fue corrompido y sellado traduciéndolo en una especie de maldición que mezclada con su nueva ignorancia la hacía matar inconscientemente a los animales que tenían la desgracia de terminar en sus manos. Otra cosa en la que su don se tradujo fue el que los cuervos —si estaban cerca— se pusieran a volar a su alrededor cuando ella bailaba ballet en exteriores.
Lo único que logró perturbarla esos años fue la llegada de una extraña persona-cadaver-cosa rara con una bolsa en la cabeza llamada Mr. Gosh. Llegó un día a su casa mientras cuidaba del jardín diciendo que la había visto antes en la ciudad y cautivó su corazón, declarando sus intenciones de cortejarla. En respuesta le paso encima con la cortadora de césped. Volvió una vez más, en esa ocasión Lenore le encendió fuego y lo enterró en su patio de atrás.
Su ritmo de "vida" se mantuvo por años hasta que un día a principios de los 80's se puso a buscar en el fondo del baúl de sus juguetes, encontrándose de nuevo con el peluche de felpa que le regaló su madre. Al notar que tenía una rasgadura en el brazo fue por un kit de costura y se dispuso a arreglársela, pero se pinchó el dedo por un desliz con la aguja y la gota de sangre cayó sobre él, trayéndolo a la vida.
Se presentó a sí mismo como Ragamuffin, the eternal vampire scourge. Luego de contarle su historia —y de que ella se quedara dormida en medio de ella— le agradeció por "romper" el hechizo de la bruja e intentó chuparle la sangre, no pudo hacerlo al aun ser un muñeco. Resultó que su sangre embalsamada sólo lo reanimó pero lo dejo atascado en esa forma. Para consolarlo le ofreció la habitación de huéspedes de su casa y aceptó.
Él fue el primero de más amigos que tendría.
Un día llegó ese hombre con cabeza de venado embalsamado llamado Taxidermio, le pidió cuidar a su mascota y resultó ser más difícil de lo que pensó, afortunadamente pudo someter a la desastrosa creatura con ayuda de Ragamuffin antes de que rompiera más cosas.
El monstruo muffin sólo llegó un día al Nevermore y les ofreció unos deliciosos muffins de chocolate, ganándose un lugar entre sus amigos.
Restando a todos esos animales que mató por accidente, los ataques de monstruos —como el que salió del inodoro y el "hada de los dientes"—, la bola de pelos que se le quedó pegada unos días y la matanza de gnomos-hada que hizo aquella vez, la "vida" fue muy pacífica y alegre para ella en esos años de locura e inocencia… hasta que un día a finales de marzo de 1995 se empezó a sentir muy mal.
Fueron al doctor como si nada, después de todo aún tenía el sello y, ahora que lo recordaba después de haber sido tocada por la cortina roja, Ragamuffin sin duda supo de él en algún momento ya que anduvo muchas veces con ella afuera y nunca nadie notó algo raro con un muñeco parlante que se movía a voluntad. No obstante, el doctor que la atendió si pudo notar algo raro en ella al tener un contacto directo y físico cuando le hizo el chequeo médico; no escuchar latidos en alguien y ver una rata dentro de alguien con los rayos x no eran cosas fácil de ignorar.
Y entonces llegó ese tipo que se la llevó al inframundo atrayéndola con juguetes.
Ahora se dio cuenta de que allá se le borró el hechizo. Con el pasar de los días su locura se desvaneció poco a poco pero no por ello sus recuerdos regresaron; menos mal, esa situación ya había sido lo bastante mala como para sumarle a ello el cargar de nuevo con su vida anterior.
El resto pasó en cámara rápida dentro de su mente. La fuga, lanzarse del edificio, caer sobre el auto de ese tal Beetlejuice, ir al tren, reencontrarse con el niño de la sala de espera, subir al tren juntos…
Todos esos sueños extraños que tuvo en su nueva vida como Lenore Poe cobraron sentido, eran fragmentos de su vieja existencia. Y ahora allí estaba, había vuelto a la ciudad donde empezó todo gracias a que la empresa en la que trabajaba su nuevo padre había tenido la idea de abrir una nueva sucursal en Nevermore y le dieron al señor Poe la tarea de formar nuevas relaciones públicas en el lugar además de algunas cosas administrativas.
Pero no tenía sentido ¿No se suponía que la ciudad repelía todo aquello que viniera fuera de ella? Era tan confuso… Bueno, confuso o no fue gracias a ello que conoció a sus nuevos mejores amigos. Lydia, Serenity, Kelton, Gaz, Todd y Dib.
Dib Membrana, quien resultó ser su casi hermano —nacido en el mismo hospital, la misma noche, la misma hora—, quien sin dudas era el chico que la consoló en la sala de espera —eran tan parecidos, no podía ser alguien mas.
Y Ragamuffin… oh, Ragamuffin… finalmente sabía quien era —vampiro, muñeco, guardián, compañero de juegos, amigo, vampiro otra vez y amigo otra vez—, pero sobretodo finalmente supo el motivo detrás de sus acciones, de su enojo la vez que su padre la obligó a rechazarlo, de la fiesta que hizo especialmente para ella: recuperar a su amiga.
Sin embargo, esta hermosa revelación fue opacada, ahora ya recordaba todo lo que vivió en el siglo 19 y esta vez no podría olvidarlo.
NOTA DE LA AUTORA:
Sé que se supone que Lenore debía haber encontrado a Ragamuffin y no su madre pero les seré franca: la intersección de la caída de la casa Lynchfast con la guerra civil estadounidense se me ocurrió unos 3 años después de iniciar el fanfic.
Lo vi como una oportunidad de explorar más a fondo la naturaleza de las Senseles Cities y lo que pasaría si alguien saliera de sus parámetros sin "dejar su mente atrás" como lo hizo el Profesor Membrana (recuerden el capítulo 7, él no recordaba que el cielo era rojo donde vivía). Pero como ya había escrito en el capítulo 34 que Ragamuffin lo maldijeron en los 1830's —y la guerra civil fue en los 1860's— cambié ese detalle del canon porque no quería hacer un RETCON sobre eso en la historia, no me habría sentido bien haciéndolo…
Otro detalle fue el que las Senseless City estuvieran atrasadas en cuestión de moda respecto al mundo exterior —como en la ciudad donde BJ vivía—, Lenore soñó en el capítulo 24 con sus últimos días de su 1ra vida y pensó que eran inicios del siglo por la ropa pero en realidad ya se encontraban en la segunda mitad… espero que no les haya molestado eso, mis queridos lectores.
Mas no es como si fuese el único gran cambio en el canon que he hecho, la historia de Serenity Rose así como su protagonista son muy distintas por mucho en el comic original. Pero como en el fanfic el mundo de la magia se mantiene en el anonimato eso cambió drásticamente la personalidad de Sera ya que no tuvo la presión de la fama a tal grado como en el comic, nunca conoció a Maddie y el incidente traumático del autobús escolar a sus 16 años nunca pasó.
Y en respuesta a los reviews de hace 2 años:
Kurenai: Perdón por tanto gore pero simplemente no pude evitarlo, estamos hablando del pasado de Ragamuffin: un vampiro que destripaba en la calle XD Pero si, admito que me dolió mucho escribir la muerte de Tom, hasta lloré poquito cuando lo hize (En serio, no miento) Si estás leyendo esto espero me perdones por el hiatus más largo en la historia del fandom de Lenore y dejarte esperando tanto. Pero ahora que estoy en una situación emocional (y económica) más tranquilizada y estable creo que con suerte no tardaré más de un año más en escribir el resto de la historia, ya que, fue tal mi inspiración en estas vacaciones que incluso escribí 20 páginas del siguiente capítulo mientras completaba este : )
Ahora sí… FINALMENTE terminé el 4to acto después de estar escribiéndolo casi 6 años… POR FIN PODRÉ VOLVER A NERVERMORE DEL SIGLO 21! Ya extrañaba escribir con todos los personajes adolescentes juntos.
En serio, no puedo creer que en septiembre de este año cumplí una década con este proyecto, jamás había sido tan persistente a terminar algo a pesar de todos los largos hiatus que tomé. Parece que esta obra será un monumento a mi perseverancia y obstinación.
Bueno, continuaré con el último acto. La hora a llegado… la hora de escribir el comienzo del fin.
