Capítulo 52
El cuchillo en la oscuridad
Llevo encerrada en este armario mucho tiempo, he intentado revisarlo a pesar de que estoy completamente a oscuras para ver si lograba encontrar algo que me pudiera servir como arma para defenderme, pero no hay nada, nada aparte de una estantería vacía.
Desde que desperté con la boca pastosa solo me han abierto la puerta un par de veces para traerme unos cubos en los que hacer mis necesidades y darme unas galletas rancias con un poco de agua para poder tragarlas.
El hombre era alto y serio pero no me parecía alguien capaz de pegarme un tiro. ¿Aunque hoy en día quién sabe de lo que es capaz realmente nadie?
Aparte de él no he tenido contacto con nadie más, no sé si Carl, el tío Ale, Merle, Karen y los demás siguen vivos o sí los han matado.
No puedo pensar en eso, no puedo dejarme llevar por el pánico, el armario en el que estoy metida mide poco más de un metro y medio de largo por un metro de ancho, si hubiese algún conducto de ventilación tal vez podría…
Mis músculos se tensan e instantáneamente en un acto reflejo llevo mis manos a mis caderas para sacar mis cuchillos del cinturón, pero obviamente antes de meterme aquí me los quitaron, incluso los que suelo llevar en las botas.
Al otro lado terminan de correr el cerrojo y la puerta se abre, me echo hacia atrás cuando me apuntan con una linterna directa a los ojos.
-Vaya, vaya, ¿mira lo que he encontrado?- Mi corazón se acelera por el miedo dentro de mi pecho al reconocer esa voz.
-Ethan.-
-Venga, admite que en el fondo no te sorprende.- Aprieto mis puños con fuerza, conteniéndome para no lanzarme contra él a ciegas.
-Creí que habías muerto en la caída de la prisión.- Digo sin ocultar la rabia que me produce el haber estado equivocada.
-Siento desilusionarte.- Dice riéndose de mí.
-Eso tiene fácil solución, pégate un tiro y asunto arreglado.- Digo ácida.
-Así que me quieres muerto.- Su voz se vuelve peligrosa, es como un gato jugando con un ratón. Detesto sentir que yo soy el ratón.
-Más de lo que tú me quieres muerta a mí, eso seguro.- Digo imitando su tono, no pienso dejar que me intimide.
-Y dime, ¿esa sed de sangre a que se debe? ¿A qué la tía Kate me quería más a mí que a ti? ¿O a qué la quemé viva?-
-Hijo de la mierda,- chillo sujetándome a la estantería que tengo tras mi espalda para controlarme y no golpearle. Porque eso es lo que él quiere, lo sé, hacer que pierda la perspectiva. –Te odio, te odio, te odio.- Repito una vez y otra mientras lloro, eso no consigo evitarlo. –Ojalá hubieras muerto tú aquel día en lugar de papá y mamá, eres un monstruo.-
Con la rapidez de una serpiente me agarra del brazo izquierdo sacándome del armario de un tirón brusco haciendo que me estampe contra el suelo, apenas sí me da tiempo de apoyar las manos para evitar que mi cara se golpee cuando le noto tras mi espalda.
Me giro justo en el momento en el que él se agacha para rodearme el cuello con una de sus manos.
-No tienes ni idea de la clase de monstruo que soy hermanita.- Dice con esa sonrisa que tanto odio.
-Sí que lo sé, por eso sé que no mereces vivir.- Digo como puedo a pesar dela fuerza con que me aprieta.
Recordando las clases de Merle le meto mis dedos índice y corazón en los ojos para cegarle momentáneamente, él grita aflojando el agarre lo suficiente como para que me suelte después de asestarle un golpe seco en la muñeca.
En cuento estoy libre corro por el pasillo para terminar siendo bloqueada por el hombre de los cubos.
-Es escurridiza.- Dice reteniéndome.
-Vas a desear no haber hecho eso.- Me asegura mi hermano con una sonrisa tan odiosa que consigue que se me ponga la piel de gallina debido al miedo, pero no pienso dejar que él lo perciba.
Así que me concentro en lo que me es más útil ahora mismo y eso es mi ira. –Te odio.- Repito deseando tener uno de mis cuchillos a mano.
-Puede,- me coge de la barbilla apretándome demasiado fuerte con los dedos para obligarme a alzar la cabeza. –Pero me tienes más miedo todavía.-
Se equivoca, no sabe cuánto, antes solo con mirarme conseguía que me dieran ganas de llorar, pero eso ya pasó a la historia precisamente gracias a todo lo que él me ha hecho durante estos años.
Así pues, ¿si él prefiere engañarse creyendo que no soy más que un ratoncito asustado, quién soy yo para para sacarle de su error?
No digo nada mientras el hombre que me ha atrapado me arrastra por el pasillo sin inmutarse ante mi resistencia más bien pobre debido a lo poco que he comido últimamente.
Mientras avanzamos observo la espalda de mi hermano que nos precede al entrar a una habitación, y en ese momento no puedo evitar pensar que ya veremos quien sobrevive a quien.
Porque Ethan se cree que es el amo del juego pero se engaña, aunque el construyera esta trampa está tan atrapado en ella como yo, precisamente por eso, antes o después su arrogancia se volverá contra él.
Me pregunto si será capaz de seguir sonriendo con el mismo desprecio mientras muere bajo el filo de uno de mis cuchillos.
…..
No soporto mirar a Mika, las moscas revolotean sobre su cadáver y el olor de su cuerpo en descomposición es cada vez más desagradable.
Estiro mis brazos intentando no mirar aquello de lo que soy responsable, al fin y al cabo fui yo quien tomó la decisión.
Por mucho que me diga que fue por su bien no puedo negar que su muerte recae sobre mí.
Un horror más con el que tendré que cargar en mi conciencia hasta el final, -joder,- me quejo, los brazos me duelen un horror de tenerlos esposados a la espalda, da igual como intente ponerme para reducir la molestia, no lo aguanto.
Al menos los cortes del abdomen dejaron de sangrar, supongo que es lo único bueno de esta situación.
-Hola chicos, ¿me echabais de menos?- Nos pregunta Ethan pavoneándose.
Ni Merle ni yo contestamos, aunque en nuestras caras se puede ver el asco que él los nos produce.
-Me tomaré eso como un sí,- chasquea los dedos y a continuación entra Gin maravillosamente viva aunque sujeta del brazo por Chin, no logro comprender cómo ese hombre puede obedecer tan ciegamente a Ethan como lo hace.
Sin remordimientos ni dudas.
-Tío Ale,- para mi sorpresa ella se revuelve consiguiendo pegarle en las pelotas al perro de Ethan, y al quedar libre corre hacia mi enganchándose a mi cuello.
-Peque, ¿estás bien?- Quiero echarle un buen vistazo para asegurarme, pero ella me abraza con todas sus fuerzas.
El sonido de un arma cargándose nos tensa a los dos. –Ginny ¿sé una buena niña quieres?- Poco a poco ella se aleja de mí, -Chin llévate esa basura, apesta.- Dice refiriéndose a Mika
-Si Jefe,- responde listo para deshacerse del cadáver, en cuanto la desata de la silla la mete en una bolsa de plástico negra, después para asegurarse de que no se rompa en el traslado mete esa bolsa dentro de otra.
Desde luego parece acostumbrado a desempeñar este tipo de tareas.
Gin observa a Ethan con los puños apretados ignorando a Chin cuando este abandona la habitación con el cadáver de su amiga a cuestas, eso consigue que me tense. Un carácter tan rebelde contra otro tan intransigente solo puede acabar en desastre.
-No pareces impresionada,- dice él colocando una mesita de metal delante de su hermana.
-¿Debería?- Esa pregunta consigue provocarle una carcajada. Los dos se comportan como si estuvieran jugando una partida de ajedrez y las palabras fueran las piezas.
-Oh, y todos pensando que yo soy el peligroso de los dos, que actitud tan fría hermanita.- Responde ácido.
-No tenía ni idea de que las niñas te la ponían tiesa,- le provoca Merle adrede, queriendo que desvíe su atención de ella.
-Dime viejo, ¿quieres que le cosa los labios a Ale? Además de ser doloroso moriría de hambre.- Eso hace que mi amigo se calle en al acto no queriendo exponerme a ese riesgo.
-Los tratos te gustan, hagamos uno.- Le propongo manteniendo la calma.
-Verás, por mucho que tu propuesta me tiente.- Chasquea la lengua, -ya tengo planes para esta pequeña bestia escurridiza, solo la he traído aquí por mi propia diversión, quiero escucharos gritar a los tres.-
-Pareces muy seguro de eso.- Dice ella sin moverse ni un ápice.
-Lo estoy,- del bolsillo trasero de sus vaqueros saca un martillo. –Pon la mano sobre la mesa y por tu propio bien no la muevas demasiado.-
-Ethan haré lo que quieras, incluso meterme en una puta bañera de ese líquido, pero déjala marchar.- Le suplico con el corazón latiéndome más rápido que nunca en mi vida.
Antes de que él tenga ocasión de responder alguien llama a la puerta para avisar de que va a entrar. Y quien irrumpe en la habitación seguida de Pete es nada menos que Carol Peletier.
Pero ella no tiene cadenas, ¿qué está pasando aquí?
-Oh, eso,- Ethan sigue mi mirada confundida, -ahora es de los míos.-
-No, Carol tú viste lo que le hizo a Mika.- Digo aturdido.
-¿Para qué me has traído aquí?- Le pregunta ella ignorándome.
Bajo la cabeza intentando encontrarle un sentido a su comportamiento. Porque está claro que aquí ha pasado algo que yo no sé, pero… ¿Qué puede haberla llevado a ayudarle? Desde luego está claro que no la promesa de no causarle ningún otro daño al resto de niños, de lo contrario Gin no estaría aquí.
¿A quién trata ella de proteger entonces? Porque tiene que tratarse de eso, estoy convencido.
-Te voy a necesitar, eso es todo lo que hace falta que sepas por el momento.- Le asegura tranquilo. –Ahora Ginny, la mano sobre la mesa.- Le exige.
-¿Por qué haría eso?- Pregunta ella tragando saliva, evitando mirarnos para no perder valor.
Él no le responde, no hace ningún movimiento, solo se queda mirándola en silencio, esperando.
La respiración se me corta cuando un par de latidos después ella pone su mano derecha sobre la mesita, como si aceptase el reto.
-Ethan,- él levanta el martillo, -no lo hagas, por favor.- Le ruego.
Gin chilla de dolor cayendo de rodillas manteniendo pese a todo la mano sobre la mesa, el sonido del hueso roto aun resonando en mi cabeza mientras maldigo mi estampa por no poder hacer nada que la libre de ese dolor, ni del que está por venir.
Porque con Ethan siempre hay dolor por venir justo a la vuelta de la última herida que ya se estaba volviendo cicatriz.
-Bastardo.- Le insulta Merle, pero Ethan no se detiene, continua hasta que consigue que Gin vomite bilis debido al tormento por el que la está haciendo pasar.
-Sujétala.- Le ordena a Pete al ver como su hermana se derrumba.
-Carol haz algo.- Le digo ahora que tiene una posibilidad, pero ella no me mira, solo se queda ahí, paralizada por el miedo. –Reacciona de una jodida vez, eres fuerte y lo sabes, puedes con esto.- Le recuerdo tratando de hacer que se oponga a lo que está pasando de la manera que sea.
-Tío Ale, cállate de una vez ¿quieres?- Me dice Ethan pasando a romper otro de los dedos de Gin.
Al escucharla gritar de nuevo, me uno a ella lleno de rabia, porque eso es todo lo que tengo, rabia y cadenas.
Las lágrimas se deslizan por el rostro pálido de Gin a causa del dolor mientras Pete la sostiene con sorprendente delicadeza.
Ese chico no es como Chin, él no sigue a ciegas a Ethan, dudo que le guste nada de esto, tal vez por eso le utiliza menos, porque no confía en él.
Eso puede ser bueno, tal vez Pete pueda ser nuestra salvación aunque él mismo lo ignore por completo.
-Carol acércate,- ella lo hace despacio, su cara se descompone al mirar a la mesa. –Hershel te enseñó algunas cosa, ¿si le corto lo que ha quedado de sus dedos puedes coserle el muñón?-
-Sí, no sería fácil, pero puedo hacerlo.-
-Excelente,- se gira hacia mí agachándose en cuclillas, -hace no mucho querías hacer un trato ¿sigue en pie?-
-Lo que sea,- digo mirándole a los ojos, él me tiene en sus manos y a mí solo me queda mi palabra.
-Bien, Carol va a inyectarte un poco de Ketamina,- eso hace que me tense, llevo años limpio no quiero esa mierda en mi sistema de nuevo. –La otra opción es negarte, estarías en tu derecho,- dice de manera razonable. –Pero entonces por supuesto yo dejaría que a mi hermanita se le gangrenase la mano.-
-Está bien,- digo sospechando que pese a mi adicción ese es un precio pequeño por salvarle la vida. A no ser que me meta alguna otra cosa en las venas en lugar de lo que me ha dicho.
-¿Así? ¿Sin más? Pensé que estar limpio significaba más para ti.- Dice cínico.
-Tal vez tú no lo entiendas, pero hay personas que son más importantes que uno mismo.-
Ethan se ríe en mi cara como si le hubiera contado un chiste. –Tiene gracia que te hagas el honorable, ¿no será que lo que quieres es chutarte y estás escudándote en el bienestar de Ginny para hacerlo sin sentirte culpable?-
-Insisto, es normal que alguien como tú no lo entienda.- Digo no dispuesto a caer en su lucha dialéctica.
Al darse cuenta de que no voy a seguirle la corriente se levanta y me da una patada en la mandíbula en cuanto está de pie.
-Solo eres escoria, deja de hacerte el héroe.- Dice asqueado.
-Es que resulta que eso es exactamente lo que es, ¿no será que le tienes envidia niñato?- Arremete Merle contra él para defenderme, consiguiendo emocionarme porque en fin, si buscase una palabra para definirme desde luego no escogería esa.
Que él piense lo contrario aunque no me lo merezca es bonito.
-Oh por supuesto, mi sueño es que un viejo verde me empotre en cuanto me descuide,- sonríe de forma cruel hacia Merle cuando dice eso, pero hay algo más, como si se le hubiese ocurrido una idea nueva.
Eso me hace temblar, porque nada de lo que pueda pasar por esa mente puede ser bueno.
Ni si quiera por accidente.
Gin cabecea luchando por no perder el conocimiento, Carol prepara la dosis y se acerca a mí. –Lo siento…- Me mira culpable. –Tengo que hacerlo.-
-Tú ayúdala cuanto puedas por mí,- le pido.
Ella me mira con duda pero asiente, después me inyecta en la pierna la Ketamina.
Enseguida me siento relajado y con la sensación de que nada me importa, el dolor de los brazos remite haciéndome suspirar de alivio, mis preocupaciones flotan a mi alrededor desvaneciéndose lentamente.
Joder, echaba de menos esta sensación de ingravidez que da la Ketamina más de lo que pensaba.
Así… Sintiéndome cada vez más relajado termino por cerrar mis ojos y dejarme llevar por una suave marea calma de olvido.
…
Encadenado, a Merle no le queda más remedio que ver preocupado como el cuerpo de Ale se relaja hasta que su cabeza cae hacia atrás mientras sonríe, como si al fin estuviese en paz consigo mismo al no tener que seguir luchando por mantener a raya a sus demonios.
Sin poder evitarlo traga saliva al fijarse demasiado en su cuello, en lo fuerte que parece. En cómo podría recorrerlo con besos largos y lentos.
Besos que él no le ha dado a nadie en su vida.
Enfadado consigo mismo por esos pensamientos tan lascivos en un momento como ese, niega y se obliga a enfocarse en otra cosa. Para su asombro Ethan saca una sierra quirúrgica del mueble que está al lado de la puerta, ¿es qué en ese lugar hay de todo?
Puto Grimes, debió limpiar ese sitio para que viviera el grupo en lugar de la prisión, otra cagada atribuible al señor pelotas de plata guion mi mierda no apesta.
-Eres un hijo de puta.- Le insulta cuando apoya la sierra sobre lo que queda de los dedos de su ratita, porque sí, esa pequeña curiosa es tan suya como de Ale.
-No me toques los cojones Dixon, podría pedirle a Pete-Pie que violase a tu amorcito y con el colocón que lleva encima ni siquiera se enteraría, pero tú tendrías que mirar de principio a fin, ¿eso es lo que quieres?- Le pregunta sonriéndole con soberbia, consciente de que Merle dejaría que le cortase la otra mano antes que permitir que le hiciese algo así a Ale.
Un gruñido rabioso se le escapa ante la impotencia de no poder soltarse para matarle y así librar a todos de la amenaza que él es.
Ojalá hubiese creído al español cuando trato de avisarle, de ser así, no le habría impedido matarle de una paliza aquel día y ahora todo sería diferente.
Cuando Ethan comienza a serrar con una sonrisa de auténtico placer ante el sufrimiento de su hermana, la pequeña ratita chilla.
La visión de ese rostro disfrutando de esa manera es tan obscena que a Merle le revuelve las tripas.
Antes de que acabe ella se queda inconsciente, pero el sonido de la sierra contra lo que queda de sus huesos es algo que Merle sabe que no podrá olvidar fácilmente.
Por suerte la pequeña es ambidiestra, piensa para sí, dentro de lo malo que es que haya quedado mutilada seguirá pudiendo defenderse, eso si es que consiguen salir de ahí.
Cosa que cada hora que pasa le parece más imposible.
Cuando ese pequeño bastardo termina le mira burlón y le saca la lengua con descaro, como sí en lugar de torturar a su hermana hubiese dejado que su perro se mease en la rueda trasera de su coche porque es gracioso.
Puto crío.
¿Es qué su ansia de dolor no tiene límites?
-Mantenle la mano en alto- le pide Carol a Pete comenzando a limpiarle a Gin la sangre que le mana de la herida que ha sufrido.
Como puede desde su poca experiencia en asuntos como estos y llevándole un laborioso trabajo Peletier consigue coserle la herida, al escuchar el suspiro de alivio que da Merle se atreve a mirar el resultado.
Dándose cuenta entonces de que la pequeña conserva el pulgar, el índice y el corazón. Cosa que de no tener a Ethan delante le haría sonreír, porque conservando esos dedos una vez que ella se adapte al nueve equilibrio que tendrá que utilizar podrá usar bastante bien la mano para lanzar sus cuchillos, aunque desde luego se manejará mejor con la izquierda.
-Pete-Pie, llévatela.- El chico poco más y se caga encima de felicidad ante la idea de poder alejarse de Ethan.
Carol mientras tanto no deja de mirarse las manos manchadas de sangre, por lo que no es capaz de prever el golpe que va a recibir para defenderse.
Ethan le asesta tal bofetón justo en el oído derecho que la tira al suelo dejándola aturdida. –No vuelvas a hablar con ellos, ¿son como los ratones de un experimento? No puedes cogerles cariño.-
-No he hecho nada.- Se lamenta ella lloriqueando, haciendo que Merle se pregunte dónde demonios está la mujer que le advirtió que le mataría cuando ingresó en la prisión si se atrevía a poner en riesgo a Daryl por sus decisiones estúpidas.
Viéndola comportarse así, igual a como lo hacía con su marido casi parece que no hubiera existido nunca.
Pero Merle sabe que no se la imaginó, ¿así que donde está esa Carol Peletier con dos cojones y un cuchillo bien afilado listo para rajar gargantas?
No lo sabe, pero por su propio bien espera que aparezca pronto.
-Si te acercas a mi hermana sin mi permiso le pondré un abrebocas a Daryl y le meteré una cascabel por la garganta.-
-No,- le ruega ella agarrándole de la pernera del pantalón. –Lo siento, no haré nada por Gin, lo prometo.-
-¿Le estás ayudando para mantener a salvo al capullo de Daryl?- Pregunta el mayor de los Dixon asqueado.
-Sí,- responde buscando comprensión en él.
–Sí Daryl supiera que te has limitado a mirar mientras torturaban a Gin para protegerlo te escupiría en la cara.-
-Oh, él ya quiere hacerle cosas mucho peores a Carol,- le asegura Ethan con su sonrisa ladina, -veras, ella ha estado jugando con Connors, aunque diría que ninguna de las dos se ha divertido demasiado.-
-¿Qué le has hecho a la rubita?- Ladra furioso el mayor de los Dixon.
-Yo nada,- señala a Carol con un gesto infantil. –Ya te lo he dicho, ha sido ella.-
-Puta, te mataré, y a ti te…- Ethan le mira esperando que cometa ese error, pero se calla y mira a Ale con el corazón en los ojos, no piensa dejar que le toquen por culpa de su jodida bocaza.
-Mucho mejor, pese a la creencia popular he de decir que eres más listo que tu hermano.- No se deja llevar por esa pulla, Ale sigue en su mundo de fantasía sonriéndole a la nada.
Sin molestase en despedirse, Ethan se va llevándose consigo a la traidora de Carol, sinceramente Merle espera que sea a ella a la que le meta la puta serpiente por el coño.
Una vez más el mayor de los Dixon tira de su esposa en un vano intento por soltarse, al menos lo que dure el viaje de Ale él estará lejos del miedo.
Lo malo será el aterrizaje, el bajón después de tanto tiempo sin consumir va a ser cojonudo.
Eso le hace pensar hasta caer en la cuenta de lo que Ethan puede estar tramando con todo eso, ¿y si quiere volver a convertir al canario en un adicto para tenerle comiendo de su mano y que haga lo que él le ordene?
Eso asusta a Merle porque conoce lo que un yonqui desesperado es capaz de hacer con tal de conseguir su dosis, y a pesar de la fuerza de voluntad del español el plan de Ethan, si es que es ese, podría llegar a funcionar.
-Joder,- Merle maldice furioso sabiendo que tiene qué encontrar la manera de salir de ahí ya, porque el tiempo comienza a agotarse para todos.
….
Sé que me llevan en brazos, pero la sensación que tengo es como si flotara.
Todo es confuso, pero contra ese cuerpo que me sujeta me siento bien, segura.
-Tranquila, te traeré algo de comer y con suerte unos calmantes para el dolor, tú aguanta.- Me dice el hombre dejándome con delicadeza en el suelo del armario.
No entiendo porque es tan amable conmigo si está ayudando a mi hermano igual que ese tal Chin.
¿A qué se creerá que está juega este peón?
-¿Cómo te llamas?- Pregunto dividida entre las ganas de vomitar, y las de dejarme llevar por la oscuridad que acecha en los bordes de mi visión.
-Pete,- dice cerrando la puerta dejándome en penumbras, otra vez.
A lo mejor si sobrevivo a esto termino con visión infra roja.
Cansada me llevo la mano derecha el pecho y la cubro con la sana en un intento de aislarme del dolor.
De protegerme de lo que he dejado que Ethan me hiciera.
Él me ha mutilado y ha disfrutado con ello cada segundo que ha durado.
La bilis me sube con rapidez desde el esófago haciendo que la acidez me provoque escozor en la garganta.
De haberme negado, de no haber puesto mi mano sobre esa mesa me habría entregado a los caminantes para que me devorasen, no hizo falta que él lo dijera, lo vi en sus ojos tan claro como aquella vez.
Aceptar su reto me ha hecho ganar tiempo para buscar una salida, más que eso, en realidad creo que he ganado una oportunidad con ese tal Pete.
Ahora solo tengo que aprovecharla.
En algún punto me quedo inconsciente, superada por el agotamiento y el trauma, pero aun así el dolor no se desvanece por completo, obligándome a mantener mi cuerpo en una tensión constante.
Lo que no es del todo malo a pesar de que no me permita descansar, ya que ahora mismo permanecer alerta es mi mejor baza para enfrentarme a lo que se pueda avecinar cuando esa puerta vuelva a abrirse.
…
Me escurro en el laboratorio en el que suelo refugiarme para dormir habitualmente y reviso el cajón en el que pone analgésicos, me meto dos pastillas en el bolsillo delantero del pantalón antes de coger tres bollos que saqué de la máquina expendedora de la sala de espera esta misma mañana.
Sé que son para perros pero después de lo que Ethan le ha hecho ya, que los calmantes no sean per sé para humanos no puede empeorar su estado mucho más.
Sin molestarme en cerrar porque ese sádico tiene todas las llaves de este lugar vuelvo sobre mis pasos hacia el armario en el que está la niña, dudando al ver plantado a Chin justo ante la puerta.
-Ya me olía yo que ibas a hacer alguna estupidez,- se acerca para amedrentarme con su altura, -¿se puede saber que te pasa por la cabeza últimamente? Primero querías matar a la bebé para no traerla aquí, no te creas que no me di cuenta de eso, y ahora quieres ayudar a esa niña.- Sus manos son como garras en mis hombros, -piensa muchacho, ¿qué crees que te hará el Jefe si se entera?-
No respondo, solo me quedo ahí, dejando que me ahogue con su miedo que es tan líquido y frío que me entumece la lengua.
Frustrado por mi actitud se lleva una mano a la cara, -intento ayudarte a mantenerte de una pieza.-
-Pues no lo estás haciendo demasiado bien,- digo levantando mi camisa, dejando que vea los apósitos que me cubren el torso.
-Eso es nuevo.- Dice incapaz de mirarme a los ojos, -creí que se había centrado en lo de quemarte los brazos.-
-Se ha dado cuenta de que lo tolero bien, ahora ha empezado a cortarme trozos de carne y a dárselo de comer a los caminantes tirándolos por la ventana.- Digo sin ninguna entonación especial en mi voz al recordar como un caminante obeso con media cara desgarrada se tragaba mi pezón sin siquiera masticarlo.
Le cayó justo en la boca mientras la habría.
-Chico…-
Niego, no interesándome ya lo que tenga que decirme, porque sea lo que sea solo se trata de un engaño dirigido hacia sí mismo.
-Vamos a morir todos, lentamente así que…- Me encojo de hombros, -haga lo que haga a estas alturas no va a empeorar realmente mi suerte.-
Culpa, la culpa que siente es amarga y me pesa sobre la espalda obligándome a agachar la cabeza.
-Tú sabrás lo que haces.- Dice marchándose por el pasillo dejándome solo.
Porque esta vez no se trata de que yo sea débil y no me atreva a defenderme, se trata de que Chin se niega a admitir aquello de lo que está empezando a darse cuenta.
Que por bien que trabaje no podrá mantenerse fuera del radio de caza de Ethan para siempre.
Y que al contrario que las muertes de Quinn y Rob la suya no será tan rápida como un tiro a la cabeza, supongo que eso es lo que le pone los nervios de punta, pero ya es demasiado tarde para que se eche atrás.
En realidad, es demasiado tarde para que ninguno de los dos cambiemos de opinión. Después de lo que hemos dejado que le hiciera a la otra niña y a esta no es posible que haya redención para nosotros, no en esta vida al menos.
No nos la merecemos.
-Que va, no tengo ni idea.- Digo en un susurro que se pierde en el pasillo ahora vacío, -pero tú tampoco la tienes.- Dejo que las lágrimas me caigan por la cara sin molestarme en apartarlas… He perdido a mi único amigo y eso duele.
Ya no me queda nadie, estoy solo.
Lo que me lleva a pensar que a pesar de que sea tarde para mí…. ¿Lo es también para salvar aunque solo sea una de las vidas atrapadas aquí?
Abro la puerta del armario y la niña se sobresalta echándose hacia atrás, hasta topar con la pared.
La determinación que emana de ella cuando sus ojos se encuentran con los míos me atraviesa como una cuchilla respondiendo a mi pregunta no pronunciada en voz alta.
No, no es tarde para ella, ni mucho menos.
….
Pete me sonríe tranquilizador antes de lanzarme tres bollos, evitando acercarse, supongo que para no asustarme.
-Necesitas tener el estómago lleno antes de ingerir estas.- Me dice amable metiendo las manos en su bolsillo. –Tomate ahora una y otra cuando venga Chin más tarde.-
Para su sorpresa estiro mi mano izquierda y cojo las pastillas directamente de su palma, él se queda quieto mirándome de una forma que no se ubicar.
-¿Por qué lo haces?- Pregunto con mis dedos aún en contacto con su palma, intentando recordar donde he visto antes esa expresión.
Esa especie de necesidad.
-Tú me haces querer arriesgarme.- Su respuesta sigue sin tener sentido para mí, así que termino con el contacto entre nosotros y me tomo una de las pastillas con esfuerzo al no tener agua que me ayude a tragarla.
Después empiezo a comerme despacio uno de los bollos sin quitarle la vista de encima, recordando las palabras de mi hermano sobre lo que algunos hombres estarían dispuestos a hacerme si tuvieran la oportunidad y yo estuviera indefensa.
Pero no, no parece que se trate de eso, aunque no tenga experiencia en lo que a chicos se refiere en ese sentido, me atrevería a decir que se trata de otra cosa.
-Que aproveche.- Dice amigable.
De haberle conocido en la prisión él realmente me hubiese caído bien. Pero las circunstancias por desgracia para los dos son muy distintas a lo que sería necesario para que eso fuese posible.
-Gracias,- digo sabiendo dos cosas sobre nosotros sin ninguna duda mientras él se pone de pie para cerrar la puerta de nuevo, mirando con precaución sobre su hombro, imagino que para asegurarse de que Ethan no ande cerca. –Oye Pete.-
-¿Sí?- Me pregunta animado.
-Llámame Ginny,- le digo con lo que espero que sea una sonrisa agradable.
Él expande su pecho con una respiración profunda mientras asiente con la cabeza satisfecho y cierra la puerta de mi jaula en silencio.
Lo que sé sobre nosotros es que él me ayudará aunque todavía no entiendo el motivo, eso y que yo le mataré en cuanto tenga la ocasión por el daño que va a permitir que le haga mi hermano a los demás.
Puede que sea un pensamiento cruel.
De acuerdo.
Puede no, lo es, rotundamente. Más que eso, es un pensamiento malvado.
Pero ser amable conmigo no le redime de no aprovechar el machete que tiene colgado de la cintura para matar a Ethan y salvarnos a todos.
Pete es tan culpable de lo que le ha pasado a mi mano como lo son mi hermano, Carol y Chin.
Todos son un atajo de cobardes que no hacen más que escudarse tras un montón de máscaras distintas para así no verse obligados a reconocer lo que en realidad son.
Haciendo que tengan que ser otros los que tomen la responsabilidad de sus acciones.
Pues yo no soy así, de momento solo soy una superviviente, una cría, pero pronto seré más que eso, seré una cazadora, seré el cuchillo en la oscuridad que mantendrá a salvo a mi familia, me cueste la sangre que me cueste derramar, incluida la mía.
Los protegeré.
16*/*/*
Hola almas corsarias
Ya está subido el Three-shot GOODCAT, de como se conocieron Ale y Merle.
Gracias en Fanfictió por comentar en el capítulo anterior, de verdad que ya sea el comentario más largo o más cortito me emociona porque es como hey, hay alguien al otro lado a quien le gusta lo que hago, así que gracias por eso.
Gracias en por comentar en el capítulo anterior a Kisalifibaeni, a Debie_Daryl y a are221099.
