Sobre las seis y cuarto de la tarde, Nia Azgeda se presentó en la puerta de Octavia Blake a por su nieta.
Octavia se apartó de la puerta y la hizo pasar al salón de su casa para momentos después comenzar a debatir con ella acerca de la situación en la que se encontraban Echo y la propia Kaylee.
Nia culpaba a Bellamy de la decadencia que atravesaba su hija, y no podía evitar proyectar en cierta forma su frustración con Octavia por no hacer a su hermano entrar en razón.
Sabía por experiencia que era mejor no discutir o enfrentarse demasiado a aquella imponente mujer de fuerte carácter y aires dominantes porque todo el que lo hacía de un modo u otro acababa perdiendo, así que después de recoger algunas de las cosas de Kaylee dejando algunas otras para cuando la tuviese ella allí, las acompaño al coche para asegurarse de que la pequeña se fuese bien con ella, y le pidió que cualquier cosa que pasase con la niña o con Echo la avisase.
En unos días la volvería a ver, y mientras se mensajearía con continuamente con Nia para ver como se encontraba Kaylee a su cuidado.
No es que desconfiase de ella ni de su capacidad para cuidarla, pero Octavia quería a esa niña y quería comprobar que estuviese bien en lo que Echo se recuperaba.
Nia le había dicho que había tardado en pasar a recoger a Kaylee porque había internado a Echo esa misma tarde en la Clínica de Rehabilitación Etherea, la misma clínica en la que había estado ingresada anteriormente gracias a un antiguo amigo suyo el cual la había ayudado con ello.
Echo comenzaría el tratamiento de desintoxicación cuanto antes y esta vez, Octavia confiaba en que fuese el definitivo.
Ella apreciaba y quería mucho a Echo, tanto así que fue de las primeras en advertirle que hacía mal fijándose en Bellamy.
Siendo honesta consigo misma, siempre consideró a su hermano una mala influencia para ella desde el primer momento en que iniciaron aquella toxica e inestable relación y con el tiempo, no se equivocó.
Bellamy no era ni de lejos la persona que ella imagino que sería cuando ambos creciesen, y sorprendentemente siempre estaba a la búsqueda de nuevas formas de decepcionarla.
Quizás si su madre aún viviese las cosas entre ellos serían muy distintas o quizás no.
Sinceramente, ahora mismo prefería no pensar demasiado en ello y centrarse en otras preocupaciones.
En cuanto Octavia se despidió con la mano viendo el coche alejarse calle abajo, regresó rápidamente al interior de su apartamento. Nada más cerrar la puerta y subir las escaleras se dirigió a la habitación de Bellamy para comprobar como seguía Lexa.
Seguía durmiendo bajo el confortable y mullido edredón envuelta aún en las toallas con las que la había dejado.
A Octavia le preocupaba un poco el hecho de que ni con la voz de Nia resonando por todo el piso de abajo Lexa se hubiese despertado, pero supuso que el exceso de cansancio, el agotamiento acumulado y los vestigios de la noche anterior eran lo que la mantenían tan profundamente dormida.
Octavia llevo el dorso de la mano suavemente a su frente y luego a su cuello comprobando que no tuviese fiebre y que su pulso estuviese normal, y después salió de nuevo al pasillo cerrando la puerta no del todo para dejarla dormir.
Los lunes...
Joder, ¿qué tenía Lexa los lunes por la noche cuando no coincidía con ella en el club?
Pasándose las manos por el rostro algo saturada, Octavia lo recordó y suspiro, dirigiéndose a su habitación a por su móvil para poder mensajear a Monroe y pedirle si ella o alguna otra podrían cubrir a Lexa en el turno de la noche aquel día.
Después de un par de minutos de llegarle la afirmativa contestación, Octavia se relajo un poco más y se levantó de la cama para dirigirse al baño.
Aún le quedaban algunas horas para entrar a trabajar en el club así que aún debía ducharse, con suerte cenar algo y prepararse para llegar a tiempo y no faltar más al Red Sky sabiendo que Becca le querría dar los detalles acerca de mañana por la noche.
Continuara...
