Capítulo anterior.

¡Maldito! ¡Maldito! ¡Maldito! —siguió refunfuñando la insatisfecha Astrid, con un gran deseo de venganza.

¡ASTRID! ¡NECESITO AYUDA!

Sin embargo, no había tiempo para berrinches, pensó entristecida al volver su vista hacia donde estaba el dragón humano y su querido e inconsciente Hiccup.

Conteniendo todas sus emociones, volvió a Sky a su interior, dio media vuelta y corrió para acudir con ellos, ignorando tanto al desmayado ayudante, así como a Dagur y a su compañero que, apenas llegando a la zona, avisaron rápida y alarmantemente a los demás que, elementos de su equipo, se encontraban heridos.

Capítulo 49.

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Sentimientos reprimidos.

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Las puertas de la sala de emergencia se abrieron abruptamente ante la llegada de una víctima de disparo y otra persona que se encontraba inconsciente. Tras las camillas que, eran empujadas por los paramédicos, corría una desesperada Astrid y un preocupado Dagur, sin embargo, a mitad de su recorrido ambos fueron interceptados por el personal del hospital quienes les pidieron retroceder cuando a Hiccup lo ingresaron a la sala de operaciones y a Skipy lo llevaban a otra área.

—Lo siento, pero no pueden pasar. —fue lo que les dijo la enfermera en turno, para después encaminarlos a la sala de espera.

Astrid se desesperó más, del bolsillo de su chaqueta salió el pequeño dragón Toothless, quien para confortarla se posó sobre su hombro y restregó su cabeza contra su mejilla, de alguna forma quería decirle que todo estaría bien, pero ni él mismo estaba seguro.

Después del incidente tanto Toothless como Astrid quisieron llevar a Hiccup por su propia cuenta al hospital, pero Dagur se los impidió y los convenció de que lo mejor era esperar por una ambulancia que ya había llamado. Afortunadamente, el campo en el que se encontraba se prestó para que acudiera una ambulancia aérea y en menos de 10 minutos un helicóptero arribó y se llevó a ambos heridos a Dagur y a su acompañante.

Astrid por otra parte, por sugerencia del detective se retiró de la escena junto con Toothless (no sin antes borrarle la memoria a Gustav) de tal manera que no se vieran implicados en un interrogatorio. De mala gana lo hizo y cubriendo con su magia sus manos y ropa ensangrentadas se fue detrás del helicóptero en compañía de Toothless.

Cuando finalmente llegaron al hospital, sólo se apresuró a donde llevaban a los heridos, tal cual una esposa, o en su caso, "novia" que recién había sido informada de los lamentables hechos.

—Tranquila Astrid, vas a ver que se repondrá. —le consoló Dagur.

Pero la cabizbaja hechicera no hacía más que inhalar y exhalar profundamente mientras que sus piernas no podían dejarse de mover con insistencia, al igual que sus manos que ya se encontraban pegajosas por la sangre.

—Ya vengo, quisiera lavarme —fue lo único que le respondió.

Y sin dar más explicaciones se levantó de su asiento en busca de un sanitario.

Toothless no se le despegó en ningún momento, conocía muy bien las explosivas emociones de la compañera de Stormfly, por lo que se mantuvo en su forma original para hacerle de su apoyo para cualquier cosa que necesitara.

Encontrando posteriormente un sanitario, ambos se encerraron para impedir que alguien más entrara, Toothless aprovechó el momento para transformarse y lavarse también mientras que Astrid comenzó a lavarse con insistencia las manos. Fue desesperante para ella el momento en que el agua que caía por debajo de sus manos se tornó roja y como si no quisiera que fuera así, se talló con más desesperación que casi parecía como si se quisiera arrancar la piel.

No fue hasta que una mano rasposa se posó sobre la de ella para calmarla.

—Tranquila, respira. —le pidió Toothless.

Astrid, con la respiración entrecortada obedeció y volvió a inhalar y exhalar primero muy rápido y después de algunas repeticiones con la misma frecuencia se volvió más tranquila.

—Hiccup es fuerte, verás que se pondrá bien, ya verás.

Astrid con ojos cerrados y aún respirando lentamente asintió, tratando de creerlo también.

—Por cierto, Astrid…

Ella abrió los ojos y se volvió al dragón humano, al cual apenas veía que se encontraba tan preocupado como lo estaba ella, pero la diferencia es que él se mostraba más sereno, sólo en su postura, pero probablemente muriéndose también por dentro de la angustia.

—¿Sí?

Toothless bajó la cabeza apenado.

—¿Tú sabías que pasaría esto? Y si la respuesta es sí ¿cómo?

Astrid se mordió los labios.

—No sabía exactamente que esto pasaría, fue más bien como un presentimiento. —trató de explicar. —Un presentimiento que surgió a partir de un sueño.

—¿Un sueño? ¿Una premonición acaso?

—No sabría decirte si fue una premonición como tal, en ese sueño todo estaba oscuro y sólo pude escuchar dos explosiones que, ahora que lo pienso, sonaban como el disparo de un arma de fuego.

—Entonces sí se trató de una premonición. —concluyó Toothless melancólicamente. —Ni Hiccup ni tú son exentos de tener esa clase de sueños, su naturaleza mágica los hace acreedores a tener ese tipo de habilidad.

La hechicera lo pensó y concordó con el guía, ciertamente tener premoniciones no era para nada inusual en el mundo oculto, conocía personas que habían tenido uno o dos en su vida y había algunos que incluso trataban de forzar dichas premoniciones para ver el futuro, pero no era algo que se pudiera desarrollar con estudios simplemente llegaba de la nada y dependía del soñador el cómo interpretarla, en su caso, ni siquiera le encontró forma a su sueño, simplemente sólo sirvió para angustiarla y advertirle (muy tarde) que un ser querido estaba en peligro.

—Es mi culpa. —susurró con melancolía. —Si hubiera sabido interpretarlo.

—Ay, Astrid. —posó Toothless una mano sobre su hombro. —Para nada es tu culpa, esas cosas son inexactas, más bien te agradezco porque si no lo hubieras tenido, quien sabe que hubiera pasado con Hiccup. Ese chico controlado pudo haberlo matado de a tiros.

Sin embargo, Astrid siguió negando con su cabeza y no soportando tanta incertidumbre se apoyó en el dragón humano.

Toothless la abrazó, ya que podía sentir la intensidad de los sentimientos de Astrid y el esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo para poder controlarlos.

—Ya, ya… no te angusties, pronto esto pasará.

—¿Y qué le diré a mis hijos si su papá se llega a morir?

—No pasará, no te adelantes a lo que aún no ha pasado.

—Es que siento que se me destroza el corazón de solo pensar en Zephyr y en Nuffink y en lo angustiados que estarán cuando les diga y también a Alúmini y a Stormfly.

Toothless apretó los dientes, ni el mismo supo qué decir, pero tal como Astrid retenía sus emociones él también lo hizo, aunque ganas no le faltaban para echarse a llorar como un pequeño crío.

—Será mejor que volvamos, tal vez ya nos tienen noticias —dijo para terminar con la angustiosa conversación.

Astrid se separó de él y volvió a asentir, le permitió volver a su forma original y una vez que Toothless se volvió nuevamente dragón, ambos salieron del sanitario.

Cuando llegaron a la sala de espera, les sorprendió ver a una conocida junto con el detective que, en ese momento, parecía no poder atenderla pues también tenía alguien al teléfono.

—¿Dra. Atali?

—¡Oh, Astrid! —exclamó esta al verla.

—¿Qué hace aquí? ¿Sabe algo de Hiccup? —preguntó angustiada.

—Lo siento Astrid, lamentablemente no sé nada, no es mi área, estaba pasando por aquí y vi a Dagur, lo saludé y este me contó lo ocurrido.

—Oh…

—¿Cómo te encuentras? Te veo pálida. —la analizó. —Si quieres puedo llamar a un médico de urgencias para que te revise.

—Yo estoy bien, sólo quisiera saber cómo está mi Hiccup.

—Te entiendo, sin embargo, no se sabe en estos casos, pero no te preocupes, vas a ver que estará bien.

—¡Ah, Astrid! —las interrumpió Dagur. —Tengo a la loca de mi hermana al teléfono, me está preguntando si sé algo pues de…—insinuó viendo hacia donde se habían llevado a Hiccup. —Y puedo escuchar al resto de tu familia gritando detrás de ella.

La hechicera sintió como si le quisiera estallar la cabeza.

—¿Qué les digo?

—Esto no es algo que se pueda ocultar tan fácilmente. —soltó decepcionada.

—¿Entonces…

—Dile… que me pase a Stormfly, por favor. Quiero hablar con ella.

Dada la orden, Dagur habló unas cuantas palabras con Heather y enseguida le pasó el teléfono a Astrid.

¡¿Astrid?! ¿Qué está pasando? —le preguntó rápidamente la guía.

Pero esta no tuvo el valor de hablar, en especial cuando pudo escuchar a sus hijos del otro lado de la línea, ambos le pedían a la guía hablar con ella.

Con las palabras atoradas en la garganta, le dio la espalda al detective y la doctora y se alejó unos cuantos pasos. Conforme más permanecía en silencio, más le insistía Stormfly a que hablara.

Llegó un punto en donde se acobardó completamente, por lo que Toothless, aún en su forma de dragón y posado en su hombro, se movió hacía el micrófono del teléfono y en su idioma original, le contó la verdad a su amiga.

Al terminar, sólo pudo imaginarse la cara de estupefacción que de seguro tenía la nadder; sin embargo, pese a todo le dio una serie de instrucciones. La principal era que les explicaran a los niños sutilmente lo que había pasado, pensó que era lo mejor, no tenía caso engañarlos, ellos se darían cuenta cuando ninguno de sus padres llegara a la casa.

No te preocupes, yo lo hago. Tú cuida mucho a Astrid y a Hiccup, por favor. —fue lo último que le dijo la nadder antes de colgar.

—¿Le dijiste que les dijera la verdad? —intuyó Astrid al escuchar a aquello último.

El dragón asintió y se iluminó.

Astrid a pesar de no entender lo que había dicho con aquel fulgor, se dio una idea y concordó con él.

—Es lo mejor.

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En la casa Haddock – Hofferson.

—Stormfly… ¿qué te dijo Astrid? —preguntó la preocupada Alúmini, quien tenía en brazos al angustiado Nuffink.

Mientras que Zephyr, aguardaba impaciente aún lado de Heather.

—No hablé con Astrid, sino con Toothless. —aclaró la nadder, acercándose a la sala, donde todos esperaban.

La albina sintió un brincoteo en el pecho, con esa simple frase al menos sabía que Toothless se encontraba bien.

—¿Y qué te dijo? —preguntó Heather.

La nadder tomó asiento en el sofá individual, aún con el teléfono de Heather en manos.

—Les diré, pero prométanme que no se alterarán.

—¡¿Por qué?! —gritó inmediatamente Zephyr exaltada, pero al ver que había hecho lo contrario a lo que había dicho la guía volvió a su asiento y guardó silencio, aguantándose en la garganta toda la angustia que sentía.

La nadder esperó el momento indicado para hablar, sin embargo, con el pasó de los segundos vio que se acrecentaba más la angustia en los presentes, entonces habló.

—Astrid, Hiccup y Toothless están en el hospital.

Alúmini tragó saliva y se angustió de inmediato, y más cuando Nuffink se aferró más a ella, pero como todo niño valiente también se aguantó tal cual su hermana lo hacía. Mientras que de lado de Zephyr y Heather, la mayor sólo abrazó a la menor por los hombros para de alguna forma poder consolarla para lo que sentía que se aproximaba.

—Astrid y Toothless están bien. —aclaró la nadder. —Pero… Hiccup… —titubeó. —él… tuvo un accidente y… lo están operando en este mismo momento.

Los angustiosos chillidos comenzaron a sonar en los dos niños, que ya no aguantando comenzaron a soltar lagrimitas de entre sus ojos.

—Por favor, no lloren… —pidió la nadder lo más sutil que pudo. —Su papá estará bien, ya verán

Y que el dios del rayo la partiera en dos si eso no pasaba, pensó la angustiada Stormfly, viendo como los pequeños se quebraban en brazos de sus "tías".

"Hiccup, más vale que te recuperes" pensó angustiada, imaginándose el dolor que también debía estar sufriendo su amiga, y no sólo ella, Toothless e incluso Alúmini que se había quebrado de sólo escuchar a Nuffink.

—¡¿Podemos ir al hospital, Stormfly?! —preguntó Zephyr entre lágrimas.

—Los niños no pueden entrar, pequeña. —le respondió esta con una tenue sonrisa.

—¿Yo podría ir? —se escuchó de repente de lado de Nuffink.

La nadder se giró y vio la angustia plasmada en el rostro de la luminosa, y la comprendía, ella después de todo también era una guía de Hiccup.

—Bueno es que…

—¡Por favor! —rogó esta. —Hiccup es mi amo adoptivo y quisiera estar a lado de él, así como de Toothless y de Astrid.

—¡Sí! ¡Que vaya Alúmini, Stormfly! ¡por favor! —pidió Zephyr de repente. —Al menos para que ella pueda estar cerca de papá, mamá y Toothless.

—Oh… pero ¿cómo irás?

—Yo la puedo llevar, si quieres. —se apuntó Heather de inmediato.

La nadder resopló, pero no podía negarles ese derecho a los mayores.

—Está bien. Sirve que llevas algo de ropa para Hiccup y Astrid, lo que sea que necesiten, me imagino que será igual a cuando Astrid estuvo internada.

—Eso creo. —musitó la albina esperanzada, siguiendo a su amiga, la cual pronto comenzó a preparar unas mudas de ropa para Hiccup.

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En la sala de espera aún no recibían noticias de Hiccup; algo que Atali les dijo que podía ser normal en esos casos. Después de que la doctora se fue, otra persona llegó con ellos: el capitán Lenny que, después de enterarse de lo sucedido, fue a ver a sus subordinados.

Al llegar al lugar y ver que Dagur esperaba con la posible viuda de Haddock, pidió hablar con el detective primero para interrogarle por los pormenores. Astrid y Toothless ni siquiera les prestaron atención, sus mentes sólo estaban enfocadas en la sala de operaciones donde se imaginaban a Hiccup tendido sobre una cama y siento intervenido por un grupo de doctores.

—¿Sra. Haddock?

Astrid levantó la mirada y se encontró con la de aquel hombre que había conocido la noche de karaoke.

—Mis más sinceras condolencias.

—¡Mi ESPOSO aún no se muere! —gruñó esta rabiosa con la osadía de ese hombre.

E incluso Toothless gruñó desde su hombro, encendiendo su lomo con un fulgor azul.

—Ah, perdón… erré en mis palabras. Me refería a que siento mucho lo sucedido.

—Gracias. —respondió Astrid hipócritamente y volvió a bajar la cabeza, no deseaba hablar con él.

—¿Cree que podríamos hablar en la cafetería?

Astrid gruñó para sus adentros, el sujeto le comenzaba a resultar fastidioso.

—No, preferiría esperar aquí hasta que alguien me diga algo acerca de mi marido.

—Me informaron que se encuentra estable.

Esa información sobresaltó a Astrid, y levantó nuevamente la vista hacia el jefe de Hiccup.

—Si me acompaña a la cafetería con gusto le diré más.

"Que insistente" —pensó. —¡Está bien!

Se levantó de mala gana.

—¿Dónde está el detective Deranged?

—Lo mandé a revisar al otro chico, si es gentil de ir hacia este lado. — le señaló el lado contrario a donde Dagur se había ido.

—Sí, claro.

Pero no dejaría a Hiccup sólo, con una seña de cabeza le pidió al que aguardaba en su hombro quedarse, este acató su orden, solamente esperó a que los humanos caminaran unos cuantos pasos, cuando pasaron por un pasillo vacío se retiró del hombro de la hechicera, volvió a su forma humana y regresó a la sala de espera.

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—¿Le apetece un café? ¿O algo de comer? —preguntó Lenny en cuanto consiguieron mesa en la cafetería del hospital.

—Lo que sea. —respondió Astrid sin ganas, dejándole a su acompañante ordenar por ambos.

El menú del hospital no era tal cual la de un restaurante, por lo que sólo les sirvieron un par de tazas de café y llevaron unos sándwiches de pan integral que estaban envueltos en cajitas de plástico.

—Le juro Astrid… ¿Le puedo decir Astrid? ¿Y le importa si la tuteo?

Astrid rodó los ojos con fastidio, pero igualmente asintió a su petición.

—Gracias, igual tú me puedes llamar Lenny si lo deseas.

—¿Qué me estaba diciendo capitán? —preguntó esta para retomar la conversación.

—Oh sí. —carraspeó este. —quería decirte que haré todo lo que sea posible para castigar al que ocasionó todo esto.

—Ah, ¿sí? ¿Alguna sospecha? —preguntó Astrid sin interés, mientras preparaba su café con algo de leche y azúcar.

A como Dagur se las había ingeniado, le echarían la culpa a un ficticio cazador furtivo.

—Al principio se pensó que era el causante de los recientes sucesos extraños que han ocurrido en el bosque y que, de hecho, estábamos investigando.

—¿Investigando sucesos extraños? —repitió Astrid, con el entrecejo fruncido. —¿No estaban en el bosque ahuyentando animales?

Lenny negó con su cabeza.

—No, estábamos en un operativo por algunos sucesos que nos han reportado. Algo confidencial.

"No tan confidencial si se trata de algo extraño." Pensó Astrid mientras revolvía el café, comenzando a sentir una pequeña ira interna hacia su novio.

—Supongo que el detective Haddock te mencionó otra cosa, pero está bien, como te digo era una investigación confidencial.

Astrid sólo sonrió no muy satisfecha con su excusa.

—Entonces… ¿cree que estos "Sucesos" vengan de la persona que hirió a mi marido?

—Como te dije, al principio sí pensé eso, pero hace unos momentos los peritos que se asignaron para hacer la investigación determinaron que el arma que disparó proviene de una de las que usan en nuestro departamento.

—Oh… ¿entonces?... —tragó saliva disimuladamente, presentía un posible problema.

Lenny sólo le sonrió y para sorpresa de Astrid, este posó su mano sobre la suya.

—No te preocupes, yo lo resolveré, aún si el detective Haddock muriera llegaría al fondo de esto.

El tono insinuante utilizado para decir aquello, ofendió de sobremanera a Astrid pues ese hombre no sólo se le estaba insinuando de manera descarada, también proyectaba un destino fatídico para su Hiccup.

—¡¿Cómo se atreve?! —se zafó con rudeza de su agarre y se levantó de su asiento.

—No, espera, no lo malinterpretes…

No dispuesta a seguir escuchando estupideces, se alejó del jefe de su novio; sin embargo…

—¡No, Astrid! ¡Espera! —la detuvo Lenny, sosteniéndola nuevamente de la mano.

—¡No me toques! —gruñó esta, expulsando una fuerza que para los presentes se sintió como una brisa dentro de la cafetería, pero que invisiblemente quebró algo dentro del capitán, el cual quedó estático y en silencio.

Astrid aprovechó su impresión para alejarse, mientras que los comensales de la cafetería se preguntaban confundidos que era lo que habían sentido.

Segundos después, Lenny reaccionó y viendo confundido a su alrededor, se sobresaltó asustado y se preguntó así mismo: "¿Qué hacía en ese lugar?"

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Tratando de olvidar el mal momento que le había hecho pasar ese hombre, Astrid caminó apresurada hacia la sala de espera, esperando poder ya tener noticias sobre Hiccup, sin embargo, con lo que se encontró a unos cuantos pasos de ella fue algo diferente.

Toothless, a quien creía que estaría esperando solo, se encontraba fuertemente abrazado a una entristecida Alúmini que venía en compañía de Heather. Sintió una presión en el pecho y sus emociones casi sucumbían ante dicha escena, sin embargo, respiró profundo para que no pasara pues, a diferencia del dragón, ella podría derrumbar toda esa sala. Así que, lo más tranquila posible caminó hacia donde estaban.

—¡Astrid! —exclamó Heather al verla acercándose.

Los dragones humanos se separaron abruptamente para portar una compostura que era totalmente fingida.

—Lo siento Astrid, pero no podía quedarme en casa y…

—No tienes porque disculparte Alúmini, lo comprendo. —respondió esta gentilmente. —¿Stormfly se quedó con los niños?

La albina asintió.

—Están muy afligidos, pero Stormfly les confió que Hiccup se repondrá. Porque así es. ¿verdad? —preguntó insegura.

Astrid sonrió a como pudo.

—Por supuesto. ¿Verdad Toothless? Nuestro Hiccup es muy fuerte. —dijo, dándole una palmada en la espalda al lloroso muchacho, quien, avergonzado, vio que los papeles se habían invertido.

—Por supuesto. —aseguró este aun con sus ojos brillosos y mejillas enrojecidas.

—¿Y tú cómo estás Astrid? —preguntó la preocupada Heather. —Toothless nos contó más o menos lo que pasó.

El sonriente rostro de Astrid se descompuso a uno de angustia; sin embargo, pronto lo compuso con una expresión más seria, pero a la vez falsa y reprimida para aquellos que la conocían.

—Estoy bien. —respondió dando después un suspiro. —Lo que me irrita es que nadie me da información de cómo se encuentra.

—Ya veo. —susurró la cabizbaja Heather.

—¡Oye, Astrid! —escucharon de repente a lo lejos.

El grupo al girarse vio que se trataba de Dagur que con alguna señas le hablaba a la hechicera.

—Esperen aquí. —susurró a sus amigos.

Toothless a pesar de querer ir, obedeció, esperando esperanzado de que ya se tuvieran noticias de Hiccup, lo mismo pasando con Astrid que en cuanto llegó con Dagur preguntó si ya se tenían noticias de su novio, pero no, Dagur negó saber aún algo, pero igualmente se la llevó hacia otra sala.

Para sorpresa de Astrid, este la llevó a donde reposaba el practicante, quien ya se encontraba en una habitación privada con la cabeza vendada y collarín en cuello.

—¿Cómo se encuentra? Eh… ¿Skipy? ¿verdad? —preguntó Astrid preocupada, sintiéndose culpable por lo que le había hecho al joven.

—Por suerte no lo mataste, su cabeza dura sirvió de algo y a pesar de su aspecto es bastante resistente, pero eso sí, se orinó encima así que el golpe que le diste debió ser realmente fuerte.

Astrid enrojeció ante aquel comentario que se le hizo estaba demás y que la hizo sentir más culpable.

—Lo importante es que está vivo. —dijo para evadir lo antes dicho.

—Sí, sólo que hay un pequeño problemita. —mencionó Dagur un poco inseguro.

—¿La investigación? —dedujo Astrid, después de lo que había pasado con Lenny.

—Sí, los que investigaron el área del crimen encontraron un casquillo de bala la cual concordaba con la arma que se le asignó a él. Se volvió sospechoso y Lenny ya mandó a unas personas para que lo custodien.

Astrid se mordió los labios.

—No te preocupes por eso, yo lo arreglaré, les meteré ideas en la cabeza tal cual Hiccup lo hace así no tendrá problemas y…

—¡Astrid, Dagur! —interrumpió de repente una agitada Heather.

La hechicera sintió un sobresalto en su pecho, pues su amiga, aunque se veía agitada tenía plasmada una sonrisa esperanzadora.

—¡Ya tenemos noticias de Hiccup!

Novia y amigo sin dudarlo se apresuraron a seguir a la jardinera, quien los condujo de vuelta a la sala de espera, donde un médico, vestido aún con traje de cirugía hablaba con un lloroso Toothless y una feliz Alúmini.

—¿Toothless, Alúmini qué pasa?

—¡Buenas noticias, Astrid! ¡Buenas noticias! —respondió la albina dando unos saltitos emocionados.

—¿Son familiares del Sr. Hiccup Haddock? —preguntó el médico confundido con los recién llegados, ya que a Dagur le vio la placa de policía.

—Ah, yo soy su novia, digo esposa. —respondió Astrid apresurada. —¿Cómo está mi esposo?

—Oh, le comentaba al hermano del señor, que su esposo se encuentra estable.

—¡Y que podemos ir a verlo! —interrumpió el lloroso Toothless. —¿Por dónde señor doctor?

El médico, viendo muy peculiar su forma de hablar le indicó la ruta a seguir.

Con el debido permiso de Astrid y presentes Toothless se fue en compañía de Alúmini a buscar a su amigo, mientras que la hechicera aguardó un momento, pues quería preguntarle al médico cómo se encontraba Hiccup y si se recuperaría rápido.

—Perdió algo de sangre, pero logramos estabilizarlo a tiempo. —explicó este. — por suerte los impactos no tocaron órganos importantes. Sufrió algunas rasgaduras musculares, pero se repondrá a su tiempo.

—¿Extrajeron las balas, doctor? —preguntó Dagur, entrando en su papel de detective.

—La bala del hombro la extrajimos sin problemas, pero curiosamente no encontramos la bala o extractos de esta en la herida que le hicieron entre el abdomen y el pecho, mi personal revisó el chaleco "antibalas" que llevaba puesto y tampoco encontraron rastros, eso sí, al hacer la limpieza de la herida encontramos partículas de un material extraño.

—¿Material extraño? —se preguntó Dagur confundido.

Astrid estaba igual que él, sin embargo, lo único que podía pensar es que el titiritero le había disparado a Hiccup con otra clase de bala.

—No se preocupe detective, si me permite realizar mi informe, con gusto le haré llegar más completa esta información que les comento.

—Sí, claro. —aceptó este sin saber qué pensar.

Para Astrid lo importante era que su Hiccup estaba fuera de peligro, lo que alegró enormemente su corazón, pero no del todo, aun le faltaba verlo, por lo que se apresuró a ir a donde Toothless y Alúmini se habían ido una vez que el médico se retiró.

Llegando a un área que se parecía mucho a donde ella había estado internada, tuvo que esperar unos minutos más, ya que por órdenes del doctor no permitía a más de una persona dentro de la habitación.

Toothless era el que había entrado y Alúmini después le acompañó en su forma de dragón, pero Astrid si tuvo que esperar. Aprovechó aquel tiempo en esa otra sala de espera para hablar con Stormfly y sus hijos, y casi se le partía el corazón cuando los escuchó llorar, pero, de la emoción que sintieron al saber que su padre ya estaba fuera de peligro.

"Dile a mi papá que lo amo". —le gritaba Zephyr al teléfono.

"Y yo también, que quiero que vuelva pronto" —le gritó su pequeño.

Se alegraba por ellos que sí podían expresar su sentir a todos los vientos, al igual que Toothless y Alúmini que sólo se reprimían para no caer en la desesperación, pero que en la menor oportunidad eran libres de sacar todo aquello que los acongojaba, a diferencia de ella.

—Astrid.

Levantó la mirada y vio que era la sonriente Alúmini, en su forma humana de nuevo.

—Ya despertó.

De un momento a otro se vio caminando a un lado de la albina quien le explicó que Toothless había esperado a que Hiccup despertara para poder hacer el cambio de visitas.

—Está medio atontado, pero si capta lo que le dice uno. —advirtió Toothless con una ancha sonrisa.

Astrid asintió y viéndose con la libertad de estar a solas con su novio entró a la habitación. Inicialmente pensó que, al verlo, saltaría de la emoción; pero sintió nuevamente su corazón desmoronarse al verlo tendido sobre la cama, con parte de su cuerpo rodeado de un vendaje.

—¿Astrid? —llamó este débilmente. —¿Eres tú?

Ella reaccionó y se acercó a él.

—sí, aquí estoy.

Hiccup la observó, se sentía un poco azorado por la anestesia, pero fue capaz de ver el dolor que reflejaba su Astrid en ese momento.

—perdón…

—¡Eres un imbécil! —le reprochó esta, sentándose en la orilla de la cama para tomar de su mano.

El hechicero se dio una idea de porque estaba siendo regañado.

—No quería involucrarte. — se excusó con voz ronca.

—Y mira cómo terminaste, ¡grandísimo imbécil!

Hiccup pudo sentir como la mano de Astrid temblaba sobre la suya a pesar de los regaños. Se estaba reprimiendo y bastante.

—Perdóname.

Astrid ya no dio respuesta para aquello y desvió su molesta mirada de la de él. Hiccup, en cambio, sólo la miró con arrepentimiento, no le gustaba verla así y menos ser el causante.

—Si… quieres… llorar… hazlo. —le dijo pausadamente, pero con mucha ternura. —Ya sabes… que yo te protejo.

El temblor en ella se intensificó al escuchar aquellas palabras y más cuando a pesar de las heridas y de su debilidad física, él extendió una capa de egni alrededor de ellos.

No soportando todo lo que se estaba guardando, Astrid se dejó caer sobre el hombro sano de Hiccup y expulsó todo el dolor y la angustia que había reprimido desde que lo vio herido.

—Perdóname. —suplicó Hiccup al verla quebrada.

—¡Cállate imbécil! —se reincorporó Astrid entre lágrimas para encararlo. —¡Más vale que no te mueras! Porque ¡Escúchame bien! ¡si te mueres juro que te odiaré toda mi vida! ¡Así que ya deja de hacer estupideces!

Hiccup se entristeció más, no por la amenaza sino por lo que sus decisiones provocaban.

—Te amo, Hiccup. Te amo mucho.

Escuchó de repente. Su pecho brincó emocionado, aunque también dolió, pero fue soportable, pues fue como si una luz resplandeciente lo hubiera iluminado, su expresión antes triste irradió de felicidad al escuchar aquellas palabras de su compañera.

Por parte de Astrid, sintió un enorme alivio y a la vez una inmensa felicidad al decirle por fin a Hiccup lo que su corazón decía a gritos. Ya no tenía más dudas. Amaba a Hiccup con todo su corazón y no permitiría que nadie lo separara de ella.

—Yo también te amo, Astrid.

Astrid sonrió al escucharlo y pensó que lo que más amaba de él, era que ese sentimiento era total y sinceramente recíproco.

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Horas más tarde.

Después del cariñoso despertar, por órdenes del doctor a cargo del caso, Hiccup se vio obligado a descansar. No tardó mucho en dormirse con los medicamentos que le suministraron, además que se había agotado por retener el poder de Astrid entre el suyo para que esta pudiera desahogarse.

Cuando Astrid lo vio descansando tranquilamente, regresó a la sala de espera para reunirse nuevamente con los guías y los Deranged. Estos últimos al saber que su amigo se encontraba a la perfección optaron por retirarse pues Dagur tenía aún pendientes en el trabajo y Heather se ofreció a ayudar ahora a Stormfly con los niños.

Una vez que se quedaron solos la hechicera y los guías, Astrid aprovechó el momento para hablar de un tema serio con Toothless y Alúmini, así como un plan que ideó de un momento a otro.

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Entre sueños Hiccup escuchaba algunos cuchicheos a su alrededor, pero le costaba trabajo despertar y también moverse, pues ahora sin una pierna, con el abdomen y hombro lastimado ahora sí se sentía paralítico.

Pero conforme se fue removiendo y alguien más lo ayudó a reincorporarse fue que pudo despertar del letargo que lo envolvía.

—Hey, amigo… que bueno que ya despertaste.

Vio que lo saludó su amigo muy animado, era quien lo acompañaba a su costado y frente a su camilla se encontraba Alúmini y Astrid, ambas viéndolo con una sonrisa. Por lo visto habían hecho trampa para que los tres pudieran estar ahí al mismo tiempo.

—¿Te despertamos? —preguntó Alúmini con sutileza.

Hiccup negó con la cabeza, le costaba hablar con la boca reseca.

—¿Quieres beber agua? —ofreció Astrid, yendo del otro lado de la cama en donde habían dejado una jarra con un vaso.

—Por favor. —respondió con dificultad, y ayudado tanto por su amigo como su novia, refrescó su garganta. —¿De qué tanto hablaban? —preguntó una vez que estuvo hidratado, aunque incomodo por el dolor que sentía en los músculos.

—¿Nos escuchaste?

—No en realidad, sólo percibía ruidos.

—Oh… ya veo. —musitó Astrid con una actitud un poco reservada.

—¿Pasa algo? —comenzó Hiccup a confundirse.

—Pasa amigo, que estamos hartos de esta situación. —habló Toothless.

—¿Situación?

—Sí, Hiccup… esta situación. —le siguió Alúmini de brazos cruzados. —Este titiritero ya no podemos dejarlo hacer lo que se le venga en gana.

—Hiere a nuestros amigos, a inocentes, ¡A nuestros hijos! Casi te mata, Hiccup. —gruñó Astrid furiosa. —Me tiene harta, no quiero esperar más a que aparezca, quiero ir a buscarlo para acabar de una vez por todas con él, y no importa para nada si es Viggo Grimborn, el maldito ese ya no es tu amigo.

Hiccup apretó las sábanas de la cama.

—¿Y qué se supone que harás, Astrid? ¿enfrentarlo sola? ¡De ninguna manera!

—No irá sola, amigo. —intervino Toothless. —Stormfly y yo iremos con ella.

—y creo que bastará con nosotros. —aseguró Astrid. —Hiccup, por el momento tú no podrás pelear, no estás en condiciones de hacerlo, hablé con el médico y al menos quiere que te quedes unos días reposando aquí, y luego volviendo a casa tendrás que incapacitarte por algún tiempo.

Hiccup gruñó para sus adentros y negó con su cabeza.

—Lo siento, amigo, pero ya lo decidimos… —le advirtió Toothless. —Ahora es nuestro turno de cuidarte.

—¡Pero puede ser peligroso!

—Lo sabemos y aceptamos el riesgo, tal cual tú lo tomaste al aventurarte a ese bosque sin refuerzos. —recordó Astrid.

Hiccup sintiendo aquello como una especie de karma, sabía que no los haría cambiar de opinión; sin embargo, también les daba la razón, no sabía cuando sería capaz de moverse con agilidad y él enemigo tampoco lo esperaría a que se recuperara.

—Sé que a estas alturas es tonto intentar detenerlos, en especial a ti, Astrid. —dijo, viendo fijamente a su amada. —Porque eres una irritable chica muy terca.

Esta no se ofendió con su comentario, sabía que se lo decía con cariño.

—Pero antes de que intentes cualquier cosa, Astrid, quiero pedirte que hagas algo primero.

—¿Qué cosa? —musitó esta, confundida.

Hiccup la tomó de su mano y con angustia reflejada en su rostro respondió:

—Quiero que te hagas una prueba de embarazo.

Continuará.

Notas de autor: ¡Ahhh (gritos de satisfacción) pensé que no terminaría, pero si lo hice Uhu!

Comentarios:

Mispy: así es, como apenas van empezando y jamás tuvieron algo así también entonces si temen perderlo, pero pues igual al momento de los fregadazos deben estar atentos.

2Sonic1808: ¿jajaja lo sé, y ahora qué tal?

DlyDragon: Así es, pero bueno ya van por él, eso te lo aseguró. Saludos.

A los seguidores, favoritos y anónimos, nos seguimos leyendo. Saludos.

14 de diciembre de 2020