Disclaimer: Los personajes son de Rumiko Takahashi. La trama me pertenece en entereza, aunque a ustedes no les parezca.
Capítulo 51.
El hombre que su esposo había llevado a la casa aún no despertaba. Lo único que había pasado repitiendo mientras lo ponían en el sofá era «Sango, Sango», «Perdóname» y «Fue Yura». Lo repetía como poseso.
Shinto estaba en la cocina preparándole un café cargado para cuando despertaste. Dijo que era cliente del bar desde hacía varios años y le tenía mucho aprecio a él y a sus amigos. No recordaba el nombre, pero ese pobre muchacho se veía devastado.
Lo escuchó quejarse y fruncir el ceño mientras trataba de balbucear algo.
—Vaya, ya despertó.
—Sa…Sango… ¿Eres tú?
Pegó un grito cuando el extraño la agarró de la mano y la llamó por aquel nombre.
—¡Suéltame!
—¡¿Qué sucede?! —Apareció por fin su esposo, llevando la taza—. Señor Miroku. Sayō, ¿estás bien?
La mujer asintió.
Miroku sintió que su cabeza le dolía como el infierno y mientras olvidaba a aquella mujer que acaba de llamar «Sango» se preguntó en dónde rayos estaba y por qué le dolía tanto todo el jodido cuerpo.
—Señor, ¿se encuentra bien? —Le dijo Sayō y él se incorporó del mueble.
—¿Shinto?
No aceptó el café y tampoco agua. Respiraba hondo y sentía que su cuerpo necesitaba algo de alcohol. Buscó con la mirada algún minibar en el departamento y no encontró nada. Estaba en la casa de un bartender, cómo que no tenía algo de beber.
—Les agradezco mucho su hospitalidad, pero me tengo que ir. —Se levantó como pudo, tocándose los bolsillos y agradeciendo por no haber perdido nada.
La pareja lo observó con preocupación, ¿tan mal se veía? Caminó con torpeza hasta la puerta y pensó en que debería comprarse una botella y quedarse en algún hotel.
—Señor Miroku —escuchó la voz femenina— lo escuché varias veces repitiendo el nombre de Sango y espero que todo salga bien.
Él sintió que el mundo se le caía a pedazos con eso y quiso llorar otra vez. No parecía haber más cosa en este mundo que lo hiciera olvidar aquello, que el alcohol. Asintió suavemente, dio las gracias y se fue.
Era ya el tercer día que no salía de su cuarto y no se había comunicado con nadie en el mundo. Ni siquiera con Kagome. Afuera todo podía irse al diablo, pero él seguiría en un shock completo.
Pasaba mirando a la nada y la única persona que entraba a dejarle alguna cosa de comer era Kyō y lo agradecía, ya que ella no preguntaba nada. Sus padres habían dejado de insistir en el día 1, así que sentía que la soledad era la única compañía.
—¡InuYasha!
—¡Déjame en paz!
Ese grito había sido para su hermana. Escuchó que sus pasos se alejaban de su cuarto y suspiró. No quería saber de nadie. Absolutamente nadie. Y era extraño que la gente no lo entendiera. Aunque, claro, sus papás no iban a decir cuál era el motivo de su aislamiento.
Desde el día de su accidente, sentía que había cambiado por completo. Quizás se debía a que le había entregado el Kotodama a Kagome, o que tuvo una nueva oportunidad para vivir, pero si eso se trataba de una nueva vida, habría preferido fallecer.
Se había enterado de algo que le costaba trabajo procesar. En realidad ni siquiera podía entenderlo. No sabía cómo ver a sus padres desde ese momento. Nuevamente sentía mucha ira. Toda su vida había sido una mentira. El llanto de su, bueno, madre, le había irritado; e incluso el de su padre.
Cuando Midoriko le había confesado aquello, sintió todo su mundo derrumbarse. Su tío Sesshurō, la muerte de sus abuelos, sus raíces… acerca de todo le habían mentido. Había crecido toda la vida pensando que Kagome era su hermana. Y claro, aunque no era hija de su madre, sí que habían sido engendrados por el mismo hombre.
Todo tan retorcido.
Aquellos cabellos blancos de sus pesadillas, todo aquello tenía sentido. El nombre de su madre biológica resonaba en su mente una y otra vez. Midoriko y Tōga le pidieron que por favor no le contara nada a Kagome. No lo haría, ya que, en algún momento, la verdad tendría que salir a la luz.
La primera noche de la confesión, estaba en su etapa de negación. No podía ser, de ninguna manera podía ser posible lo que ellos le habían estado diciendo. Sentía asco y miedo de ellos. Pero sobre todo sentía miedo y pensaba en lo mucho que le dolía que todos esos años, le hubiesen estado mintiendo con respecto a su propia putísima identidad.
Aunque ahora ya no sentía eso, estaba un poco más tranquilo con respecto a sus cavilaciones. Si bien sus padres le habían dado buenos argumentos para justificar sus actos, no tenía entera certeza de que todo hubiera pasado así. Cómo era posible.
«Por favor, perdóname, InuYasha»
Escuchaba en su mente las palabras de su madre. Bueno, Tōga también le había pedido disculpas, pero sentía que Midoriko demostraba más culpabilidad.
Cuando se levantó y buscó entre sus cosas encontró álbumes de cuando era pequeño. Se observó a sí mismo, a su hermana y a sus papás. Una pequeña sonrisa se le escapó y quiso llorar, por primera vez desde que se había enterado de todo eso, quiso llorar.
Recordó todo lo que había hecho en su vida y se puso a pensar que no era nadie para juzgar a sus padres, sin embargo, había sólo una persona en la vida que podía confirmarle la versión de sus papás.
Y esa persona era Hakaku.
No podía creer que realmente Sango estuviera el día lunes en la editorial. El domingo se habían reunido junto con Kikyō para hablar acerca de Sango y Miroku. Kagome les había contado todo lo que sabía. Aunque en esa reunión no se mencionó absolutamente nada de la ruptura de InuYasha y Kikyō, Hishā se veía bastante decaída.
Habían acordado no decirle nada a nadie para no extender más la bomba de que Sango estaba embarazada y ahora también, su novio la había dejado. Para Kikyō habían sido dos tragedias sentimentales juntas. Aunque nadie creyera, quería mucho a su amiga Sango y el hecho de enterarse de que le habían roto el corazón, y aparte estaba embarazada, la ponía muy triste.
Kagome, por su parte, no entendía qué estaba pasando en su familia, pero ya harta de toda esa situación, decidió no preguntar y centrarse en la situación de su mejor amiga.
—¿Cómo sigues? —le inquirió Kagome, mientras le pasaba una mano por los hombros—. ¿Estás bien? Nadie ha sabido nada de Miroku.
Tanaca se encogió de hombros y asintió.
—Estoy bien, Kagome.
De repente todos regresaron la vista hacia su jefe, que, tomado de la mano junto con su novia, pasaba a la oficina. Yura las miró de soslayo y se sentía impaciente por saber qué había sucedido con la imbécil de Sango. Vio que Kagome le lanzó una mirada de asco y ella se la devolvió.
Después de un par de segundos, se escuchó la voz de la recepcionista gritarle a alguien que por favor espere. Kōga se puso alerta, también, antes de abrir la puerta de su oficina, así que giró junto con Yura, al igual que el resto de los trabajadores en la sala.
—¡Aquí estás, maldita!
Lo que vieron, los dejó en shock: Miroku lucía terrible y el olor a alcohol etílico inundaba todo el lugar. Se veía despeinado, cansado y trasnochado. Sango evitó mirarlo a toda costa y quiso llorar en ese instante. Kagome estaba muerta de los nervios, ¿qué demonios hacia ese tonto ahí?
—Miroku… —susurró Kōga, con un aire de exasperación. De qué estaba hablando. ¿Por qué apuntaba a Yura?
La vio de reojo y ella estaba sonriendo apenas.
Qué.
—¡Tú acabaste con mi vida! ¡Acabaste mi relación con Sango!
—¡Cállate ya, Miroku! —Irrumpió Kagome, con los nervios de punta.
—¡Yura, tú intentaste acostarte conmigo y no pudiste! —Soltó una risotada que dejó mudos a todos. Sango, sin pensarlo demasiado y con un semblante oscuro, caminó hacia él y lo tomó por los brazos. Temblaba—. Sa-Sango.
—¡Eres un infeliz!
Lo siguiente que resonó fue la bofetada que Tanaca le dio. Hubo tanto odio ese gesto, que lo tumbó al instante. Todos se quedaron en silencio, sin entender una sola palabra. La castaña regresó despacio hacia su escritorio y se sentó, escondiendo la cabeza entre sus brazos. Kagome fue hacia ella al instante.
—¡¿Qué esperan todos?! ¡Vuelvan a trabajar! —Ordenó Kōga, exasperado por la reciente escena. Tomó a Yura por el brazo y le metió a su oficina—. Vas a tener que explicarme todo esto.
Ella le sacó la mirada: por primera vez se sintió acorralada con respecto a eso.
Kōga caminó con calma hacia el cuerpo estropeado de su empleado y lo levantó de un tirón, dirigiéndolo hacia el corredor. Después de todo, era el mejor amigo de InuYasha y de seguro sabía todos sus secretos, así que tenía todas las de perder.
—Nunca he tenido nada contra ti, pero esta vez has hecho que sienta asco.
—Mejor date cuenta de que mujer tienes a lado. —Se atrevió a decir, sin importarle una mierda.
—Quiero que te largues ahora mismo sin hacer escándalo. Para mañana tendrás la liquidación en tu correo.
Había tomado una mochila y en ella, contenido prendas básicas para permanecer uno o dos días. Sin avisar, bajó las escaleras y al toparse inevitablemente con el cuestionamiento de sus desesperados padres, lo único que pudo decirles fue que iría a buscar respuestas.
—¡InuYasha, vuelve!
Fue un shock terrible haberse enterado de que Sango albergaba vida en su vientre. Esa idea aún daba vueltas en su cabeza y no saber cómo rayos no se había dado cuenta, era lo que más le perturbaba. Supuso que siempre había estado tan pendiente de sus cosas, que jamás prestó atención a sus amigas y eso la puso aún más triste.
Se abrieron las puertas del ascensor y ella siguió caminando, perdida en sus pensamientos. ¿Por qué todo le caía de golpe? ¿Por qué, InuYasha? ¿Por qué, Sango? Lo siguiente que haría, era hablar con su primo Kōga para advertirle que aquella perra que tenía por novia, era la causante de todo eso.
—¡Hey!
—Cómo lo siento. —Se agachó de inmediato y ayudó a recoger el desastre que había ocasionado al chocarse con…—. ¿Doctor?
Bankotsu la miró directamente y sonrió al instante, reconociendo aquel particular rostro serio.
—Vaya, eres tú, Kikyō.
La aludida sacó la vista de inmediato, notándose roja como una manzana. ¿Cómo era posible que recordara su nombre? Lo escuchó soltar una ligera risa y volvió a verlo, asombrada.
Se levantaron con los papeles en los brazos.
—Lo lamento.
—No recuerdas mi nombre, Kikyō, lo sé: soy Bankotsu Yamada, me presento de nuevo. —Le extendió la mano y ella accedió después de un par de segundos, aún sonrojada.
—Doctor Bankotsu, lamento en serio todo esto, iba hacia mi cita, pero estoy algo distraída. —Excusó, ya más avergonzada por haberse chocado con él y arruinado los documentos, que por otra cosa. Le entregó los papeles de la forma más ordenada que pudo.
—No te preocupes, si vas a venir seguido por aquí, deberíamos tomar un café. —Lo dijo tan natural que ni siquiera pareció una invitación—. Debo irme, nos vemos pronto.
Kikyō lo vio irse y por un momento sintió algo extraño dentro de ella. La enorme talla de ese hombre aún se veía andar por los pasillos y aquella invitación tan extraña no supo cómo hacerla sentir.
Suspiró confundida y siguió su camino.
Sí, tal vez algún día debería salir a tomar un café.
Continuará…
No sé si les interesa el destino amoroso de Kikyō, pero yo ya le di el suyo owo
Ah, cómo les parece. Las cosas van así, toda esta carga emocional para nuestros chicos. El capítulo siguiente es de mis favoritos por los lazos de amistad que reflejan InuYasha para Miroku y Kagome para Sango y eso me hace feliz.
Laurita Herrera: ¡Así es! Ya va siendo hora de que las cosas se sepan. InuYasha y Kagome juntos lo veo difícil. Mil gracias por estar aquí desde que volví a esta historia, te llevo en mi corazón.
Abrilquintana1904: Eres lectora nueva, ¿no? Qué maravilla. Bienvenida. Eres de las pocas lectoras que se enfoca en el MirSan de la historia, lloro. Espero disfrutes, a los chicos les queda sufrir igual.
Chechy14: ¡Antes que nada gracias por pasarte por mi fic reciente! Eres un sol. Gracias por tus reviews. Me cuentas qué tal te fue en la historia de los padres. Te hiciste tremenda película del fic, Dios mío JAHAJAJA, No odies a mi Kikyō, ámala, está hecha casi por mí JAJAKA. Ámalos a todos. Actualizaré pronto. Mil gracias por seguirla.
Elyk91: siempre es un gusto hablar contigo más de cerca. Aunque no quieres spoilers, muero por decírtelos todos HAHAHA. Ya ves cómo lo toma. Debe seguir y dejar de hacerse pendejo. Tú eres fan de mis avances. Tu firma es mandar al diablo a Yura.
July: amo verte por aquí, hermosa. La verdad es que ya se acerca, estoy muy emocionada. JAJAJAJAAJ me reí mucho con tu comentario diciendo que no le habías tomado atención, pero no sabes lo bien que me hace saber que valió la pena el tiempo que le dedicaste a leer a ese fic corto, está lleno de detalles y hecho con mucho amor. Todos odian a Yura, LOL. Por favor escríbeme a Messenger :c
AIROT TAISHO: Kikyō quiere venganza. Sí, mejor que lo dijo en un momento donde estaba solo, a InuYasha le habría dolido. Mira nada más, creo que fui en contra de tu suposición, amé escribir la escena de Miroku en la editorial. Cuéntame por Messenger qué te pareció la historia de los papás.
Tuttynieves: HAHAHA AMO TUS COMENTARIOS. Así es a veces esto, no te desanimes, hermosa. Con que te guste a ti está bien.
Gaby: ¡Pero, por favor! ¡cómo no te voy a responder! Es todo un honor que te pases por aquí. Gracias por tus hermosas palabras. Es que InuYasha no sabe la verdad, ya habría rodado sangre. Prepárate para todo.
Zoe1610: ¡Bienvenida, por favor! Mil gracias por animarte a leer, me emociona tanto cada vez que alguien se integra a la lectura de mi historia. Me alegro de que te encante. Llegas en una época donde no te toca esperar demasiado por las actualizaciones.
Y a todos los demás, gracias, esta historia tiene más de 58 mil visualizaciones, es toda una locura.
En el próximo capítulo:
«—Ya he tenido suficiente estos días. —Entró al instante, buscando a Yura con la mirada. Kōga, por otro lado, solo roló los ojos—. No fue suficiente con que InuYasha me haya pedido que anuláramos el matrimonio civil, sino que también…
—¡Qué dices! ¡¿Esa bestia terminó contigo?!
[…]
—Vine por mi Kotodama. —Fue claro, ni siquiera la saludó. Ella tampoco mostró alegría o algo parecido, únicamente caminó hacia su habitación para traerlo.
[…]
—¡Pero qué diablos te pasa, tonta! —Reaccionó muy mal. Se sentía tan extraño, había algo en él que no estaba bien.
[…]
—Oh, InuYasha, buen amigo… ¿Vienes a darme malos consejos otra vez?»
