No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Olivia Cunning. Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

Menos de seis horas más tarde, Edward estaba sentado en una terminal de aeropuerto sujetando la mano de Isabella mientras esperaban para abordar su vuelo a Oranjestad en Aruba.

—Estamos perdiendo nuestra ventana de oportunidad —dijo ella—. Mi óvulo probablemente está muriendo mientras hablamos.

—Pensé que querías escaparte. Sólo nosotros dos.

—Así es. Es sólo que no esperaba viajar hoy—dijo ella.

—Esa agente de viajes hizo un milagro para nosotros. Llamó a cada resort de cinco estrellas en la isla y fue lo suficientemente afortunada de encontrarnos una suite de penthouse durante lo más alto de la temporada.

—Tienes razón. Lo siento. Siempre está el próximo mes. —Ella frunció el ceño—. Excepto que volverás a estar de gira para entonces.

—Quizás quedaste embarazada esta mañana —dijo él, frotándole la espalda alentadoramente. Quería darle el mundo a esta mujer, y tenía los medios económicos para hacerlo. Así que, si hacía falta que pasaran por el largo y costoso proceso de quedar embarazada con la ayuda de una clínica de fertilidad, por lo menos no tendrían que preocuparse por el costo—. Le daremos un año, y entonces veremos a un médico para averiguar si algo está mal.

—Sé que la mitad del problema es querer tan desesperadamente que suceda —dijo ella—. Pero no puedo evitarlo.

—Yo también quiero que ocurra. A veces, estas cosas llevan tiempo.

—No tenemos tiempo ilimitado, Edward. Yo ya estoy en mitad de mis treinta. Debiste haberte casado con alguien más joven —murmuró ella con el ceño fruncido.

Sus palabras lo hirieron. ¿Pensaba que la única razón por la que se había casado con ella era porque haría los bebés más hermosos en el planeta? Y ya era bastante malo que su madre pensara que Isabella era demasiado mayor para él; estaba seguro como el demonio de que no necesitaba que Isabella parloteara las mismas tonterías.

—Isabella, no quería casarme con alguien más joven. Quería casarme contigo. Sabes que me importa una mierda tu edad.

—No puedo dejar de pensar que, si fuese diez años más joven, esto no sería un problema. Habría quedado embarazada al instante de dejar la píldora.

—Sólo hemos estado intentando por pocos meses —le recordó él—. No es mucho tiempo.

Ella se mordió el labio y asintió, la mirada desenfocada. No podía soportar verla así. Quizás se sentiría mejor si utilizaban su estrecha ventana de oportunidad mientras esperaban su vuelo. Él se inclinó cerca de su oído y le susurró.

—Podríamos encontrar algún rincón apartado e intentarlo de nuevo ahora mismo. —Deslizó una mano sobre la tela de su vestido, sonriendo cuando su muslo se tensó bajo su exploratoria caricia.

Ella miró a su alrededor, y él supo que lo consideraba. Mierda, su esposa rockeaba su mundo.

—Está demasiado abarrotado —dijo ella, la voz apagada por la decepción.

La polla de Edward se sacudió en sus pantalones. Necesitaban llegar a su hotel en Aruba inmediatamente.

—¿Cuánto dura el vuelo?

Ella revisó su comprobó su tarjeta de abordaje.

—Siete horas y media.

Eso definitivamente no era inmediatamente. Él gimió. Ella le palmeó el muslo, y su polla se sacudió de nuevo.

—Deja de pensar en sexo —sugirió ella, la mirada en el creciente bulto en sus pantalones.

—Tú comenzaste —dijo él.

—Por desgracia, no puedo terminarlo en este momento. Quizás pueda hacerte una paja a hurtadillas bajo una manta en el avión.

Él sonrió y sacudió la cabeza.

—Me hiciste excitar a propósito.

Ella parpadeó, intentando lo mejor que podía para lucir inocente.

—¿Quién yo?

Él simplemente estaba feliz de que ella hubiese dejado de estar abatida. Si eso significaba un enorme caso de bolas azules para él, con mucho gusto haría el sacrificio.

Unos minutos más tarde, una auxiliar de vuelo hizo un anuncio de sonido poco claro por el intercomunicador para iniciar el proceso de embarque. Isabella verificó sus números de asiento y sacudió la cabeza.

—Esos no somos nosotros.

Él trazó patrones en el dorso de su mano con la punta de un dedo mientras esperaban. Y esperaban. La terminal estaba prácticamente vacía cuando su sección fue llamada. Edward llevaba el equipaje de mano de ambos mientras Isabella maniobraba su enorme bolso a través de la menguante multitud. Mientras estaban en la fila conversando sobre recordar apagar la cafetera y cerrar la puerta y si él recordó empacar esto o aquello, Edward notó la conversación detrás de él.

—Ése es él —dijo un sujeto.

—No, no lo es —devolvió una mujer—. ¿Qué haría en Kansas City? ¿Y embarcando en un vuelo comercial a Aruba? No lo creo. Estaría en un jet privado o algo así.

—Sí es él. Lo he visto en el escenario cerca de mil veces.

Edward hizo una mueca y fingió no saber que hablaban de él.

—¡Master Cullen!

Isabella inmediatamente volteó para ver quién había dicho el nombre de Edward. Maldición. Era difícil fingir que no había oído cuando su esposa le tiraba de la manga y asentía hacia la pareja detrás de ellos.

Él no tenía deseo alguno de ser una celebridad mientras estaba de vacaciones; sólo quería ser Edward. Se volteó y ofreció un cortés asentimiento hacia el sujeto veinteañero detrás de él. El bajo y fornido hombre de cabello oscuro en una desteñida camiseta negra de Exodus End tenía casi tantos tatuajes como Edward.

—Sabía que eras tú —dijo el tipo con entusiasmo, mostrando un conjunto bastante torcido de dientes—. Lo sabía. ¿No te dije que era él, Heidi? Dije ése es el condenado Edward Master Cullen justo en frente de nosotros. ¿No es así, Heidi?

—Sí, eso fue lo dijiste —dijo su muy alta, muy delgada, muy rubia acompañante.

—¿Estás de vacaciones? ¿Vas a Aruba? Me enteré del choque del bus en Canadá. Me alegra que nadie resultara herido.

—Nuestro ingeniero de sonido ahora está paralizado —dijo Edward secamente.

—Bueno, me alegra que nadie importante resultara herido. Entonces, ¿por qué vas a Aruba?

Laurent era muy importante y no sólo porque era un increíble ingeniero de sonido. Era un buen sujeto en todo sentido. Isabella tomó el brazo de Edward y tiró de él hacia la mujer que comparaba los documentos de identidad con los pasajes.

—Luna de miel atrasada —dijo Edward.

Se volvió, intentando sacarse al tipo de la cabeza. Edward había querido alejarse justamente de este tipo de cosas, y maldición fuera si no lo seguía al maldito avión.

—Oh. ¿Ésa es tu esposa? Pensé que era tu secretaria o algo así. Supuse que una estrella de rock como tú estaría casado con alguna sexy rubia de diecinueve años con grandes tetas. —El tipo rió histéricamente, terminando con un fuerte resoplido.

Isabella se encrespó, y Edward reprimió el impulso de darle un puñetazo al hombre en la parlanchina boca. Por desgracia, el tipo continuó quejándose detrás de la cabeza de Edward todo el camino hasta el túnel de embarque e incluso dentro de la cabina del avión. Edward se presionó la frente con un dedo, con la esperanza de evitar un amenazador dolor de cabeza.

—Heidi y yo nos vamos a casar esta semana —dijo el sujeto—. En la playa en Aruba.

—Eso es bueno.

—Nos encantaría que vinieras. E incluso podrías llevar a tu esposa si quieres. Oye, ¿ustedes por casualidad hacen intercambio de parejas?

—No —dijo Edward, metiendo sus equipajes de mano en el compartimiento sobre sus asientos.

Se arriesgó a mirar a Isabella, que había tomado el asiento de la ventana e intentaba abrir un agujero en la garganta de su indeseado compañero con la mirada.

—Qué mal. A Heidi le gusta follar guitarristas.

Heidi soltó una estridente risita ante esto, lo que convirtió el amenazador dolor de cabeza de Edward en una violenta punzada detrás del ojo derecho.

—Eso está bien —dijo Edward.

—Sin embargo, realmente nos gustaría que asistieras a nuestra boda. ¿Vendrás?

—Tenemos otros planes —dijo Edward con tanta cordialidad como pudo reunir.

—Oh —dijo el sujeto de forma inexpresiva—. Bueno, soy Mike. En todo caso, fue realmente impresionante conocerte.

—Encantado de conocerte también —dijo Edward, dándole a la húmeda mano de Mike una sacudida para finalizar su interacción.

Edward se dejó caer en su asiento y se volvió hacia Isabella, entablando una conversación sin sentido con la esperanza de disuadir a Mike de acampar en el pasillo al lado de él.

—Se fue —dijo Isabella después de varios tensos momentos.

—Detesto ser un imbécil con un fan, pero no estoy de humor para ser fastidiado esta semana.

—Fue bastante insultante —dijo Isabella, colocando las manos bajo sus perfectos pechos y levantándolos.

—Puedo ir a darle un puñetazo en la boca si quieres.

Ella sonrió.

—Tanto como me gustaría ver eso, sólo lograrías que nos echaran del avión por amenaza terrorista.

—Quizás más tarde, entonces —dijo él.

—¿Le contaste a los chicos que vamos a dejar el país? —preguntó Isabella.

La banda estaba en una especie de modo de crisis en ese momento, así que probablemente querrían saber adónde había ido su guitarrista principal.

—Llamé a Garrett. Amenazó con unírsenos —dijo Edward con una sonrisa.

Parte de él echaba de menos los buenos días de antaño en que se metía en problemas y bajo faldas con su mejor amigo, pero la mayor parte de él locamente feliz de haberlo dejado todo para poder pasar el resto de su vida con la mujer que le había robado el corazón, el alma y toda su atención.

—¿Cómo le convenciste de lo contrario?

—Le dije que nos íbamos mañana.

—Edward. —Ella sacudió la cabeza hacia él.

—¿Querías que viniera? Estoy a favor de ello. Sabes que todavía espero que accedas a otro trío.

—¿Cuándo no estoy tomando las pastillas anticonceptivas?

El cuerpo de Edward se sacudió.

—Sí, con mi suerte, él te dejaría embarazada en un instante. —Frunció el ceño ante la dirección de sus pensamientos.

—No me importa cuán bien se sienta, Edward. No le quiero de nuevo en nuestra cama.

—Sí, te oí las primeras veinte veces.

Él todavía no entendía por qué Isabella estaba tan en contra de otro trío. Estaba completamente abierta a cualquier cosa en el dormitorio, cualquier cosa, así que ese límite en particularmente lo sorprendía. Era casi como si estuviera celosa de Garrett. Pero eso no tenía ningún sentido para Edward. ¿De qué tenía que estar celosa? ¿No le había demostrado una y otra vez que ella era la persona más importante de su vida? Mierda, había estado tan obsesionado con ella cuando se casaron que ni siquiera se había dado cuenta de que Garrett se había vuelto adicto a los analgésicos.

Edward no había reconocido el peligro hasta que Jazz prácticamente secuestró a Garrett para limpiarlo en la habitación en un motel de mala muerte. Edward aún estaba enfadado con Jazz por haber usado la fuerza bruta en la situación en lugar de conseguirle a Garrett ayuda profesional, pero estaba aún más enfadado consigo mismo por estar más interesado en follar a su mujer que en apoyar a su mejor amigo. Garrett le había necesitado, y Edward le había fallado.

A Isabella le había parecido perfectamente bien que fuera Jazz quien ayudara a Garrett cuando estaba en crisis. A veces, Edward se preguntaba si ella realmente comprendía cuán importante Garrett era para él. Otras veces se preguntaba si de hecho ella quería que él se distanciara de su compañero de habitación de tanto tiempo.

Edward podía sentir la brecha entre él y su mejor amigo ensanchándose con cada día que pasaba, y no sabía qué hacer al respecto. Entendía que estar casado significaba que Garrett y él jamás serían tan cercanos como lo habían estado alguna vez. Ahora que ya no vivían juntos, apenas se veían cuando no estaban de gira. Sobre todo, desde que Edward acabó pasando la mayor parte de su tiempo en Kansas City, donde Isabella aún trabajaba.

Él sólo esperaba que Garrett pronto encontrara a alguien a quien querer. La idea de Garrett solo en el apartamento que una vez habían compartido lo hacía sentirse culpable. Lo suficientemente culpable para preguntarle a Isabella si Garrett podía mudarse con ellos. Planeaban comprar una casa después de que Isabella renunciara a su trabajo y de que se instalaran en el sur de California en algún momento en el próximo año.

Edward estaba seguro de que podían encontrar un sitio lo suficientemente grande para los tres. Sin embargo, ella había aplastado la idea inmediatamente.

—Él tiene que encontrar una vida sin ti en algún momento —había dicho ella—. Que te aferres a esto de esta manera no es justo para él. Déjalo que avance.

Él todavía no estaba completamente seguro de a qué se refería ella con eso. No se aferraba a Garrett, ¿verdad? No, eso era ridículo. No había nada a qué aferrarse excepto quince años de estrecha amistad. No era como si ellos hubieran estado involucrados románticamente o algo así. A veces, la manera en la que funcionaba la mente de su mujer lo desconcertaba completamente.

—Deberías llamar a Jazz cuando lleguemos a Aruba —dijo Isabella, sacando a Edward de sus turbulentos pensamientos—. Hacerle saber dónde estamos. Sabes que Garrett se olvidará de decirle.

—¿Por qué a Jazz? —preguntó Edward—. ¿Por qué no a Emmett o a Benjamin?

—Porque Jazz está a cargo, ¿no es así?

—No, simplemente piensa que lo está.

—Y todos los demás también lo piensan.

—Yo no —dijo Edward.

—Eso es porque tú, mi amor, estás en negación.

Él rió. La mujer nunca ocultaba su opinión sobre nada, la cual era una de los trillones cualidades que él amaba de ella.

—De acuerdo —dijo—. Llamaré a Jazz. Y a Garrett. No quiero que aparezca en nuestra puerta en la mañana con una maleta en la mano sólo para descubrir que ya nos hemos marchado sin él.

—Él realmente no vendría con nosotros, ¿verdad?

Edward rió entre dientes.

—Ama la playa tanto como yo.

—¿En serio? —dijo Isabella—. Me imaginé que sería más bien un amante de las piscinas.

—Estoy seguro de que ha sido amante junto a la piscina —dijo Edward con una sonrisa amplia—. Y en la playa.

Isabella retorció los dedos, observando el movimiento de sus manos en lugar de mirarlo a él.

—¿Alguna vez ha tenido una relación seria?

Edward se mordisqueó el labio inferior, pensando en la larga lista de mujeres, y hombres, en el pasado de Garrett.

—¿Consideras una orgía de fin de semana una relación seria?

—No. —Isabella rió—. Aunque nosotros empezamos así.

Y qué fin de semana había sido.

—Entonces, no, él nunca ha estado en una relación seria. No creo que se de ese tipo.

—Lo es —dijo Isabella—. Tiene tanto amor para dar. Creo que simplemente está enamorado de alguien.

—¿De quién podría estar enamorado? —Edward no podía pensar en una sola conquista de Garrett en la que su amigo hubiera pensado dos veces.

Isabella le tocó la mejilla con suaves dedos.

—Eres tan despistado a veces.

—Aparentemente lo soy —dijo Edward—. Garrett nunca se enreda emocionalmente con la gente en la que pone su polla.

—Quizás nunca puso su polla en este enredo emocional en particular.

Edward continuó pensando en los amantes de Garrett.

—Está ese tipo Felix que conocimos en Portland. Pero diría que es él quien está enamorado de Garrett, no a la inversa.

—Con suerte lo averiguarás algún día —dijo Isabella—. Así que... ¿Qué vamos a hacer en Aruba?

A él le alegró cambiar de tema, porque las pequeñas y raras pistas que ella le daba sobre algo que él no podía descifrar lo confundían.

—¿Además de tener mucho sexo?

Ella rió.

—Podríamos tener un par de horas libres el jueves.

—Holgazanear en la playa me parece un buen plan.

—¿Dónde está tu sentido de la aventura?

—Lo dejé en mis otros pantalones.

Ella produjo un encantador mohín.

—Maldición.

—¿Qué quieres hacer?

—Pensaré en algo. ¿Prometes acceder a mis locos caprichos sin importar dónde nos lleven?

El estómago de él se tensó de los nervios al pensar en saltar de acantilados a aguas poco profundas y luchar con tiburones, pero dudaba mucho que ella les pusiera en peligro.

—Tus locos caprichos todavía no me han llevado por el mal camino.

—Entonces yo elegiré una aventura y tú elegirás otra, algo que siempre hayas querido hacer, pero nunca tuviste la oportunidad o las agallas para intentarlo.

Edward espió con aire despreocupado alrededor del asiento frente a él y observó especulativamente la puerta del cuarto de baño. Estaba esta cosa que siempre había querido hacer, y no necesitaban dejar el avión para hacerlo.

—Trato —dijo. Ella se acercó a su oído.

—Ya sé lo que quiero hacer —dijo, la voz baja y ronca de deseo. Su polla latió con interés.

—¿Qué?

—Unirme al mile-high club.

Él rió y le apretó la rodilla hasta que ella saltó.

—Bueno, vas a tener que pensar en algo más creativo que eso —dijo—. Porque es lo que iba a sugerir.

—Las grandes mentes piensan igual —dijo ella antes de deslizar una cálida mano entre las piernas de él.

No tocaba su polla que se engrosaba rápidamente, pero eso no significaba que él no imaginara que ella la liberaba de sus pantalones para poder inclinarse sobre su asiento y tomarlo en su talentosa boca.

Para cuando el avión estuvo en el cielo, Edward estaba tan obsesionado con la puerta del baño como un entusiasta borracho lo estaba en el último sitio de una fila para el baño de un kilómetro y medio.

.

.

.

Wow, wow, wow! ¿Qué onda con el fan raro? Jajaja todo mal con esos dos!

No se olviden de dejar un lindo comentario y pasarse por 'Twilight Over The Moon', nuestro hermoso grupo de Facebook.

¡Nos leemos pronto!