Capítulo 53

Diles la verdad

Juego con la pluma estilográfica mientras decido con quien me divertiré hoy.

Aunque por algún motivo sus palabras se repiten en mi cabeza, como si se tratara de una de esas estúpidas canciones que salían antes en los anuncios y que luego no podías dejar de tararear durante todo el día.

Chasqueo la lengua disgustado conmigo mismo.

Que Connors dijera lo mismo que la Beth de mi sueño no significa absolutamente nada, solo fue pura coincidencia, y al ver que me afectaba siguió tirando del hilo.

Es mejor jugadora de lo que pensaba, he de reconocerlo.

Bajo los pies del escritorio y me levanto de la cómoda silla del director para mirar por la ventana, los muertos se agolpan abajo porque de alguna manera pueden oler a mis prisioneros.

Pero no son para ellos, no de momento.

La cadena que rodea las muñecas de Carol tintinea cuando se mueve, -dime, ¿con quién crees que debería entretenerme hoy? Tengo para elegir.- Cuando me giro hacia ella esquiva mi mirada.

Sonrío para mí, en parte me sorprende lo fácil que ha resultado convertirla en un animalillo asustadizo de nuevo.

-Parece que tú tampoco lo tienes claro.- Se echa hacia atrás cuando me acerco a ella.

-Daryl no,- susurra dejando que las lágrimas se derramen de sus ojos. –Por favor.- Me suplica.

-¿De verdad no disfrutaste ni por un solo segundo?- Pregunto con genuina curiosidad incapaz de comprenderla.

Al fin y al cabo ver morir a Connors fue lo que quiso durante mucho tiempo. Yo me he limitado a darle la oportunidad que deseaba.

-No,- niega sorbiéndose la nariz, lo que me impulsa a rodear su garganta con mi mano, hay algo muy íntimo en estrangular a alguien, sientes justo en la palma de tus manos como la vida le abandona.

-No me mientas.- Le ordeno serio.

Trata de decir algo pero la presión que ejerzo sobre su tráquea es demasiada para que pueda lograrlo.

La suelto solo cuando sus ojos se ponen en blanco.

-Eres una inútil.- Digo pateando sus piernas antes de dejarla ahí tirada, ya recobrará el conocimiento más tarde o más temprano.

-Jefe,- como siempre Chin está puntual como un reloj al lado de mi puerta cuando salgo, listo para obedecer mis órdenes por terribles que le puedan parecer.

-¿Dónde están los nuevos?- Le pregunto imaginándome como sus sesos adornarían la pared que tiene detrás si le disparase ahora mismo.

-Los dejamos en el quirófano tres, tal como nos pidió.-

-Bien.- Digo dirigiéndome hacia allí. – ¿Algo interesante que deba saber sobre ellos?-

Como un perro obediente me sigue, aunque lo hace manteniendo una prudente distancia de un metro entre los dos.

-No dejan de hablar sobre una cura.- Comenta con cierto tono de molestia en la voz.

-¿Qué?- Me detengo en seco.

-Hay uno con un corte de pelo horrible que dice que es capaz de crear una cura si llega a unos laboratorios de no sé qué en Washington.-

-Interesante.- Digo sonriendo divertido.

-Los militares que le acompañan parecen muy convencidos.- Comenta Chin con el ceño fruncido.

-¿Y tú qué opinas?-

-Yo no sé nada de curas.- Dice sin querer mojarse en esa cuestión.

-Puede, pero sí que sabes de mentirosos, por ejemplo…- Saco mi pistola y se la apoyo bajo la barbilla, -si yo te digo que te mataré de una forma muy imaginativa si intentas ayudar a Petie-Pie a escapar, ¿crees que miento o que digo la verdad?-

-Que es sincero, Jefe.- Responde mirándome a los ojos, manteniendo la calma, sin hacer ningún tipo de movimiento.

-Bien,- me acerco a su cara sonriente, manteniendo mi dedo en el gatillo, -ahora dime lo que opinas de lo que ese tipo dice.-

-Que miente Jefe.-

-¿Ves? No era tan difícil.- Me separo de él en un movimiento rápido mientras me guardo el arma en la cartuchera. –Necesitas más confianza en ti mismo, parece que estos últimos días te esté fallando.-

-No estaba preparado para ver lo que he visto, lo siento.-

-Sí, tal vez me haya pasado un poquito, ¿estás bien?- Pregunto poniendo un puchero.

-Me adapto rápido.-

-Estupendo.- Reanudo mi camino. –Lo digo en serio, es fantástico escucharte decir eso, porque un mentiroso tiene que ser castigado y te quiero ahí para verlo.- Digo notando que se me pone dura solo de imaginar como de agudos serán sus chillidos.

-Puede contar conmigo Jefe.-

-Más te vale Chin, más te vale.- Digo sabiendo que empieza a tenerme miedo, miedo de verdad.

Y ya se sabe que cuando la gente está asustada… Bueno, hace auténticas estupideces.

..

Después de varios días finalmente aparece el líder de este maldito lugar sea el que sea.

Sin disimular mi desprecio le estudio sin fiarme, es joven, no tendrá más de veinticinco.

-Bienvenidos al infierno, ¿estáis incómodos?- Nos pregunta burlándose ya que todos estamos en el suelo, encadenados con las manos a la espalda a una especie de yunques, cada uno separado de los demás por un metro.

-¿Quién te crees que eres para interrumpir nuestra misión?- Le pregunto furioso.

-Uh, una misión,- se acerca hasta mí comportándose como si fuera un modelo de pasarela. –E imagino que será muy, pero que muy importante, me atrevería a decir que el destino de lo que queda de la humanidad depende de ella.- Comenta poniéndose en cuclillas ante mí.

-Sí ya lo sabes suéltanos, no tenemos tiempo que perder con un niñato como tú.- Según le digo eso él se ríe como si le hubiese contado el mejor jodido chiste del mundo. -¿Qué es tan gracioso?-

-Pues que creas que os voy a soltar solo porque me gruñas, viejo- se levanta y pisa mi tobillo con fuerza, pero no me permito ni siquiera hacer una mueca de dolor.

-¿Eso es todo de lo que eres capaz, niño?- Le cuestiono sin amilanarme, es entonces cuando el chico me dedica una sonrisa macabra que me hace dudar de la primera impresión que he tenido de él al verlo.

-Dentro de muy poco desearás no saber exactamente de lo que soy capaz, te lo aseguro.- Ladea la cabeza y se retoca la camisa quitándose una mota de polvo invisible. –O quizá me lo agradezcas, la gente a veces es imprevisible.-

-Estás loco.-

-Puede, aunque yo me considero más bien un visionario.- El hombre que nos ha estado cuidando se encarga de liberar a Eugene para sentarlo a una silla, atándole a la misma mediante unas bridas, las manos sobre los apoya brazos y los tobillos a las patas.

.

En cuanto Chin tiene lista a mi cobaya de indias ignoro por completo al pelirrojo, solo es un bocazas con demasiada testosterona como para que sea sano para él que ande por ahí fuera matando caminantes, seguro que es los que no usan protecciones para evitar mordiscos.

-Hola,- digo clavando mis ojos en los asustadizos del hombre ante mí.

Esto va a ser ridículamente fácil, pero igualmente divertido.

-Hola.-

-Yo soy Ethan Ford, ¿cómo te llamas?-

-Eugene Porter,- traga saliva nervioso mirando tras mi espalda, yo sigo la dirección que sus ojos han tomado y veo a la mujer latina, curioso que sea a ella a quien mire en busca de valor en lugar de al action man pelirrojo. -¿Qué va a hacerme?- Pregunta temblando.

-Si te lo cuento no podría sorprenderte.- Digo dejando que Chin le cubra los ojos con un trozo de tela negra.

-Para,- dice la mujer, -tienes que saber quién es él, tu hombre ha tenido que decírtelo.-

-Oh sí,- digo divertido ante la tensión evidente en su cuerpo, ella sabe que no va a aguantar. –Me lo ha dicho.- Me paso la lengua por el labio superior, saboreando la expectación.

-Jefe.- Chin deja lo que voy a necesitar en una de las tantas mesitas de metal que hay en este edificio.

-Eugene aguanta.- Le anima ella. –Puedes hacerlo ¿vale? Saldremos de esta.-

-No le mientas,- digo percibiendo la respiración acelerada de él a causa del miedo que siente, es entonces cuando hago un par de cortes a cada lado de la uña del dedo pulgar para que mi tarea me sea más fácil, él apenas se estremece con ello ya que se los he hecho con un bisturí afilado. –Esto es por engañar a tus amigos.- Digo arrancándole la uña con unas tenazas.

Necesito un par de tirones para separar la uña de la carne, pero al fin y al cabo es la primera vez que hago esto, las demás serán más fáciles, pienso mientras él chilla.

-Déjale, no le toques- me dicen sus amigos a mi espalda, veremos si siguen tan indignados por lo que le estoy haciendo cuando acabe y él diga la verdad.

-Pare,- me pide cuando nota los cortes en el dedo índice, -por favor.-

-No quiero.- Respondo arrancándole otra uña, obteniendo así otro maravilloso grito, este tío es genial, es tan cobarde que ya se ha meado en los pantalones y eso que solo acabo de empezar.

Tomándome mi tiempo, uña a uña le arranco todas las de las manos.

Haciendo mi trabajo sin dejarme distraer, ni por suplicas, ni por insultos.

Cada grito es un tesoro, me lo paso tan bien que incluso me da un ataque de risa, después de eso ya solo se nos escucha a Eugene y a mí en el quirófano.

Él gritando, y yo riendo.

Así hasta que la última uña cae de sus pies cae –oh, eso ha sido divertido,- digo desde mi posición en el suelo. -¿Tú te lo has pasado bien?-

No responde.

-Eugene no contestar a tu anfitrión cuando te hace una pregunta es de muy mala educación.- Digo golpeándole con las tenazas sobre la carne tierna sin uña del dedo meñique del pie derecho.

Vuelve a gritar provocándome otro ataque de risa, en serio, el tío es fantástico, no intenta hacerse el valiente, ni encararme, es como desenvolver justo el regalo que más quieres la mañana de Navidad.

-Contesta,- digo cuando comienza a jadear nervioso.

-N… No puedo decir que haya sido una experiencia satisfactoria.- Miro a Chin asombrado antes de tirarme de espaldas al suelo.

-¿En serio los sacaste del Tanatorio? ¿Pero que hacíais con esos idiotas?- Me pongo de pie y apoyo mi mano en su hombro, -te lo digo de corazón amigo, eres de oro.-

-Si tan bien te cae deja de hacerle daño.- Intenta razonar conmigo la mujer.

-Eres graciosa, empiezo a creer que más que otra cosa vosotros tres eráis cómicos antes de todo.- Le quito la tela de los ojos a Eugene y él parpadea aturdido.

Chin lo observa todo apoyado desde una pared, sobretodo se concentra en el pelirrojo, por lo que me dijo él fue quien más problemas les ha dado estos días a él y a Pete.

-¿Qué quiere?- Pregunta sin atreverse a mirarme, pero yo le obligo a hacerlo cogiéndole de la barbilla con mis dedos.

-Diles la verdad.- Digo en un tono cantarín, pensado para irritar aún más a los otros dos.

-¿Qué verdad?- Pregunta su líder, la mujer solo se queda callada, estudiándonos.

-No puedo.- Se lamenta gimoteando.

-Lo entiendo, ¿qué diente prefieres que te arranque primero? Venga, te dejo elegir, me has caído bien.-

-¿Cómo esperas que te diga la verdad sobre nada si no le has hecho ninguna pregunta?- Me cuestiona de nuevo el pelirrojo deseando destrozarme con los puños.

Sin lugar a dudas se llevaría bien con el viejo Merle.

Lástima que nunca vayan a conocerse.

-Mentí,- dice Eugene tensando el ambiente. –Este hombre sádico que en algún momento pudo ser alguien socialmente adaptado a su medio tiene razón.-

-Eugene, ¿de qué narices hablas? Tú eres incapaz de mentir.- El comentario de la latina me arranca una risotada.

-Se avecina el bombazo informativo, venga, tú puedes.- Le animo imaginando como los rostros de preocupación se retorcerán hasta el odio más visceral que hayan sentido hasta ahora.

-No soy científico,- confiesa llorando. –Yo… Mentí, no soy científico,- repite con una voz de niño pequeño arrepentido que casi me hace doblarme de nuevo de la risa. Pero no, es un momento de sinceridad, he de mantener la compostura. –No sé pararlo, no soy científico.- Las caras de incredulidad de Rosita y Abraham si no recuerdo mal sus nombres son espectaculares, ni yo mismo podría haberles provocado esa reacción por mucho que les hubiera torturado.

-Sí que lo eres, he visto las cosas que haces,- le contradice su amiga no queriendo aceptar la realidad, cosa que me hace poner los ojos en blanco, porque en fin, con tanta gente suelta antes por el mundo así, ¿cómo no iba a terminar yéndose al infierno?

-Solo sé cosas.- Dice lloriqueando cada vez más fuerte. –Soy más inteligente que la mayoría, sé me da bien mentir y necesitaba llegar a la capital.-

-No lo entiendo, ¿por qué?- Insiste ella incapaz de comprenderlo.

-Porque creo que es donde mayores probabilidades hay de sobrevivir, y quería sobrevivir.- Gimotea.

Yo estoy a punto de aplaudirle orgulloso por su táctica rastrera, eso es un superviviente y los demás solo mojigatos llorones.

En serio, me parece realmente sensacional, mintió a la gente para conseguir que diesen la vida por él. Ni siquiera a mí se me ocurrió algo así.

Insisto, era simplemente un plan fantástico, con pocas fisuras todo hay que decirlo, por desgracia para Eugene no contó conmigo como variable.

-Sigue amigo, vas por buen camino,- digo palmeando su hombro, él se estremece, Abraham parece estar empezando a reaccionar aunque muy lentamente.

Un tipo duro de mollera, de verdad, sería el amigo perfecto para Merle.

-Pensé que si engañaba a alguien para que me llevara… Bueno… Me imaginé que le estaría haciendo un favor considerando lo peligroso que era todo en Houston.- Abraham niega una y otra vez con la cabeza ante las palabras de su hasta ahora protegido.

-¿Cómo has podido?- Le pregunta Rosita dolida, -ha muerto gente intentando llevarte, todo porque creían en ti.-

-Ya lo sé, recuerdo sus nombres, Stephanie, Warren, Pam, Rex, Ronda, Josh, Virgil, Leah y Bob… Según avanzábamos perdía el valor. Soy un cobarde,- se encoge de hombros lamentándose de sí mismo. –Y la idea de llegar a nuestro destino y descubrir lo que ocurría se volvió algo aterrador…- Traga saliva nervioso, -por eso intenté ralentizarnos haciéndonos volver atrás cuando Glenn nos lo pidió para encontrarse con los suyos, para así poder perfilar mi plan antes de llegar.- Un sollozo le interrumpe aunque se obliga a recomponerse al sentir que comienzo a apretar el lóbulo de su oreja izquierda con la tenaza.

-Dilo amigo, termina y te sentirás mucho mejor.- Le animo.

-Lo siento, estaba entre la espada y la pared, sabía que no tenía las actitudes físicas necesarias para llegar a mi destino y os utilice, espero que podáis perdonarme.-

-Te mataré,- comienza a susurrar Abraham. –Te mataré.-

Eugene le mira aterrorizado.

-Te mataré.- Le repite esta vez más alto hasta que… -Te juro por Dios que te mataré.- Le dice chillando amenazante, luchando contra sus esposas para liberarse desesperadamente, dándole igual si se hiere así mismo en el proceso.

Y luego yo soy el loco, que mundo este.

Al verle tan alterado me pongo de nuevo en cuclillas ante él. –Dime, ¿te gustaría que te soltase para que pudieras matarle a golpes?-

-Sí, sí, sí.- Chilla descontrolado.

-Wow, tienes graves problemas de ira.- Digo en un tono frío.

-¿Vas a soltarme o no?-

-Pues fíjate que no,- respondo dándole una patada en la mandíbula al levantarme. –Me lo hubiese pensado de no haber sido tan chulito conmigo antes, pero ahora…- Niego sonriendo. –La verdad es que Eugene me cae de puta madre, así que tengo una idea mejor, aunque a ti no te va a gustar tanto como a mí, estoy seguro.-

-No pienses ni por un solo segundo que voy a suplicar ante alguien como tú por mi vida.- Me dice orgulloso.

-Aunque lo hicieras no te serviría de nada.- Le aseguro sonriendo. –Si te lo ahorras es mejor para los dos.- Dicho eso a continuación salgo del quirófano seguido de Chin.

-¿Pasa algo Jefe?-

-Me falta algo para darle un toque más dramático a la situación, ya me conoces, lo simple no me va salvo que sea necesario.-

Sin entender que es lo que quiero pero sin discutirme me acompaña hasta la puerta principal en la que se agolpan los podridos deseando poder entrar para hincarle el diente a alguien.

A una señal mía, sin replicarme aunque no le gusta la idea ni lo más mínimo, Chin abre la puerta dejando que pasen unos cuantos caminantes antes de que vuelva a cerrarla para evitar que le superen y entren todos en tropel, costándonos la vida.

Los que consiguen entrar en concreto son cinco, por desgracia para ellos yo solo necesito a uno. Así que sin dudar aprieto el gatillo una y otra vez hasta que estoy frente al rostro de la muerte que camina, voraz, despiadada, insaciable… Torpe.

De una patada en el pecho tiro a la adolescente de vaqueros desteñidos al suelo haciendo que caiga patéticamente de espaldas.

-Córtale la cabeza.- Le ordeno a Chin que se ha mantenido al margen pero cerca para ayudarme si lo necesitaba.

Con un movimiento rápido y fluido separa la cabeza del resto del cuerpo, esta gira chasqueando los dientes con más fuerzas incluso que antes, como si estuviese furiosa por no poder moverse.

Lo que me hace preguntarme si tal vez… Deshecho el pensamiento antes de que termine de surgir.

-Buen trabajo.- Digo satisfecho de haber obtenido lo que quería sin perder demasiado tiempo.

No es necesario que le diga a Chin que la lleve por mí, él la coge por el pelo con actitud decidida, asegurándose de mantener los dientes chasqueantes a una distancia segura de su cuerpo.

En el camino de vuelta al quirófano vemos a Pete cruzando un pasillo llevando en sus manos un montón de bollos, supongo que habrá vuelto a asaltar la máquina expendedora para terminar de vaciarla completamente.

Cuando su mirada se cruza con la mía por accidente se estremece como si le atravesase la misma ola de excitación que a mí, haciendo que por un segundo me sienta tentado de parar y arrastrarle al juego, pero… No, no le quiero ahí todavía.

Tengo algo planeado para él, algo lento.

Distraído con ese pensamiento entro en el quirófano donde me esperan los ex-salvadores del mundo.

-¿Crees que eso me asusta?- Pregunta Abraham enderezándose al ver como Chin deja la cabeza de la caminante apoyada en el suelo al lado de la puerta, comportándose como todo un valiente listo para la muerte, pobre idiota.

-¿Y tú crees de verdad que voy a hacer esto rápido?- Le cuestiono divertido de vuelta.

Él frunce el ceño, pero al no saber lo que planeo no me responde, evitando así seguirme el juego.

-No, por favor, no lo hagas.- Me pide Rosita desesperada al ver como saco del cinturón de Chin su machete, ella realmente tiene unos labios llenos y sensuales, no sé si rompérselos a puñetazos o sí sería mejor cortárselos con un bisturí.

Tantas decisiones, tan difíciles.

Pero lo primero es lo primero.

-Es la hora de chillar.- Digo limpiando con meticulosidad la sangre que manchaba la hoja con un paño.

-Espera sentado.- Dice Abraham queriendo mantenerse altivo hasta el mismo final.

-Lo haré, gracias por tu consideración.- Digo viendo como el rostro de Rosita se llena de lágrimas al ver como la hoja se hunde en el vientre del pelirrojo como si fuera mantequilla.

Mi mano es firme de manera que el corte es regular y cuando saco la hoja sus tripas se esparcen por el suelo en cascada, primero lentamente, como si se resistiera a su destino. Después todo cae de golpe, salpicándome los zapatos de sangre.

Los ojos de la mujer se abren en horror mientras su rostro se empapa en lágrimas, Eugene llora y gime de miedo sin duda pensando que será el siguiente en recibir ese trato.

Se equivoca, al menos por el momento.

-Eso es todo lo que sabes ha… Hacer.- Me reta Abraham consiguiendo sorprenderme, ya que pese a lo que acabo de hacerle se esfuerza por mantenerse tan recto como le es posible.

-En realidad.- Digo cogiendo la cabeza de mi caminante con cuidado, -se lo estoy haciendo más a ellos que a ti, pero me alegra que tengas la fuerza de voluntad necesaria para seguir consciente pese al dolor que debes de estar soportando, enhorabuena, héroe.- Digo irónico, colocando a la podrida de lado en el suelo para que empiece a devorar las tripas esparcidas.

-N…- Lo que sea que fuera a decir Rosita muere opacado por las arcadas que la asaltan al contemplar esa escena digna de una pesadilla de la que es imposible escapar despertando.

Ya sea por la imagen de la cabeza de la caminante devorando los intestinos de su protector, tal vez por el olor del vómito de Rosita o bien por puro terror, Eugene imita a su amiga esparciendo el contenido de su desayuno sobre sí mismo quedando empapado por el.

-Esto,- digo con voz clara y calma, -es lo que sé hacer, ¿te gusta?- Abraham no me responde, el dolor o el trauma no se lo permiten, así que se concentra en mirar hacia el frente, disociándose de sí mismo y de la situación que está viviendo.

Por desgracia sus amigos no son capaces de lograrlo, y aunque cierran los ojos para no tener que mirar lo que le está sucediendo, no pueden dejar de escuchar el sonido de las mandíbulas masticando carne de militar prepotente.

-Aquí ya hemos acabado.- Digo dejándolos así, rodeados de muerte, vísceras y contenido estomacal a medio digerir.

-¿No quiere quedarse hasta que muera?- Me pregunta Chin extrañado por mi falta de interés.

-Eso me da igual.- Respondo encogiéndome de hombros. –Ahora mismo es más divertido dejarles macerando en su propia repulsión por lo que están pasando que estar allí viéndolo.-

-Cómo usted prefiera Jefe.- Dice cogiendo el machete con seguridad cuando se lo devuelvo, cosa que me hace tener una idea bastante entretenida.

-Ve a donde están los Rhee, enciende una pequeña hoguerita y deja tu juguete dentro del fuego.-

-¿Podría usar el de Pete en lugar del mío?-

-Oh, claro, de quien sea la hoja que voy a utilizar no es lo importante, sino lo que voy a hacer con ella.-

Sin hacerme ni un solo comentario más Chin va rápido a cumplir con mis órdenes, el hombre es realmente útil.

Haciendo que me sienta complacido de permitirle seguir viviendo como mi secuaz a pesar de mis impulsos, sí, sin duda ser condescendiente con él es una buena decisión.

Ya que, en fin… Podría hacerlo todo yo por supuesto, pero entonces tardaría mucho más en llevar a cabo mis planes. Lo que ciertamente sería un inconveniente.

Subo la escalera que lleva a mi despacho sin prisas porque la verdad es que estoy cansado y necesito comer algo.

Lo que es normal después de tanta actividad como he tenido torturando a esos tres, física y psicológicamente.

Además aún tengo trabajo que hacer esta tarde, así que he de reponer fuerzas y descansar, ¿a quién escogeré?

Maggie o Glenn, Glenn o Maggie.

Pobres y patéticos estúpidos.

No son más que un par de idiotas enamorados.Pienso con asco al recordar cómo se comportaban en la prisión.

Esos dos se desviven repitiéndose la palabra amor cuando no tienen ni idea de lo que significa, de lo que implica.

La usan como si fuera un juguete que no les preocupase romper.

Bien… Yo les enseñaré cuáles son sus auténticos sentimientos.

Y entonces veremos si son capaces de seguir diciéndose las mismas palabras de adoración cuando descubran lo que es el verdadero dolor.

Aunque también podría decidirme por la chica nueva que está con ellos, sí, tal vez empiece por ella para que sepan lo que les espera.

Sea como terminé siendo, lo pasaré genial a costa de oírles gritar por una piedad que nunca llegará, salvo que sus propios corazones colapsen a causa del más puro terror.

Pero no pienso presionarles hasta ese extremo, si lo hiciera todo terminaría demasiado rápido y yo me quedaría sin diversión.

Sonrío abriendo la puerta de mi despacho encontrándome con Carol, la pobre, pobre Carol, que tan lista como se creía ha terminado convirtiéndose de nuevo en una completa imbécil…

Aunque, ahora que le doy vueltas al asunto, tal vez podría darle lo que siempre ha querido, incluso más que la muerte de Connors, ya que al parecer eso no la satisfizo. Sí…Quizá le haga ese último favor antes del final.

¿Por qué no?

13*/*/*

Hola almas corsarias

Gracias en a Poty90, gracias por tu apoyo cielo.

Gracias en por comentar y votar en el anterior capítulo a Kisalifibaeni, a are221099 y a Debie_Daryl.

No me voy a enrollar mucho este viaje porque esta última semana está siendo un poco regulera por motivos personales. Solo deciros que de verdad valoro mucho que estéis al otro lado de la pantalla.

Como siempre espero que el capítulo os haya gustado, besototes for all